viernes, 25 de enero de 2019

Horatio Rubens, un neoyorquino amigo de José Martí


Por Gabriel Cartaya

En Líneas de la memoria queremos recordar a un estadounidense que hizo mucho por la independencia de Cuba y por las buenas relaciones entre los dos países. Cuando, en nuestro tiempo, apreciamos la labor de hijos de este país que pugnan por eliminar los conflictos que alejan a dos naciones tan cercanas en la geografía, la historia y la cultura, pensamos en aquel antecesor que se llamó Horatio Seymour Rubens.
A 77 años de su muerte,  para muchos puede ser un nombre desconocido, aunque quienes se han detenido en el  proceso  de  preparación de  la Guerra de Independencia de Cuba, y a su curso entre 1895 y 1898, seguramente se han encontrado con este nombre en algunas de sus páginas.
Leer ese nombre en la misma línea en que aparece José Martí, ha sido probablemente la primera referencia sobre el  neoyorquino que fue amigo de Cuba. Al menos, es donde yo lo encontré muy temprano, cuando en las cartas del Apóstol  a sus más cercanos colaboradores en el Partido Revolucionario Cubano (PRC), menciona al abogado estadounidense en más de una ocasión, especialmente durante los días difíciles del fracaso de las expediciones en Fernandina,  la segunda semana de enero de 1895.

En el instante en que todo parece perdido, cuando son apresados los tres barcos que debían llevar a Cuba  a los hombres –sus más grades líderes incluidos– con los recursos necesarios para dar inicio a la Guerra de Independencia, José Martí, desde un hotel en Jacksonville donde está de incógnito, envía un cablegrama a Nueva York para que vengan enseguida Gonzalo de Quesada y Horatio Rubens, quien como abogado se encargaría de pelear en las cortes la devolución de las propiedades incautadas.
¿Cómo Rubens había ganado tan absoluta confianza  en quien presidía el Partido Revolucionario Cubano?  En realidad, desde 1893, cuando Quesada se lo presentó,  venía siendo el asesor legal de la organización independentista y había acompañado a su líder a Tampa y Cayo Hueso en los días en que fue necesario defender la causa de tabaqueros cubanos. Fue muy meritoria su labor en enero de 1894, al producirse en Cayo Hueso una crisis de consecuencias incalculables, a partir de una componenda entre dueños de fábricas de tabacos (estadounidenses y españoles) con el gobierno español en Cuba, para sustituir a los obreros que habían participado en una cadena de huelgas pidiendo mejoras salariales.
En el fondo, el gobierno español pretendía quitarse de encima la efervescencia independentista que prevalecía en los tabaqueros cubanos, mientras muchos dueños de fábricas podrían poner fin a las huelgas sin atender las demandas de los trabajadores.
En el marco de aquella tensión, Martí vino hasta Tampa con Rubens, a quien envió al Cayo a defender a varios cubanos que habían sido apresados o expulsados de su trabajo. El abogado no sólo se enfocó en defender  a los detenidos,  sino también en probar la ilegalidad de una contratación de obreros que dejaba sin empleo a los ya establecidos allí. Su actuación se destaca en un escrito del periódico Patria, el 20 de enero de 1894: “El Departamento del Tesoro espera que las pruebas ya recogidas se completen por las declaraciones que han de prestar los señores Rubens y Marino, quienes se han nombrado como Comisión por los residentes cubanos en Cayo Hueso para venir a Washington y protestar contra la entrada de obreros españoles en los Estados Unidos”.
Entonces, el abogado Rubens, quien fue compañero de estudios de Gonzalo de Quesada en la Universidad de Columbia, era un joven de 25 años, pues  nació en Nueva York el 6 de junio de 1869.
Sobre la cercanía, amistad y apoyo que tuvo Martí de parte de Rubens hay múltiples referencias. Sin embargo, se ha hecho menos énfasis en su obra durante el curso de la  guerra que se extendió hasta 1898, cuando era Abogado Consultor General de la Junta Revolucionaria Cubana. Estuvo muy cercano a la labor del PRC y de la representación en el exterior del gobierno de la Republica en Armas,  ambos bajo la dirección de Tomas Estrada Palma. El abogado jugó un rol muy meritorio en la defensa de patriotas detenidos por organizar expediciones hacia Cuba, entre ellos Carlos Roloff y los hermanos Carrillo.
El mismo Rubens, en un libro que dio a conocer en 1932 con el título Liberty: The History of Cuba, recordó: “Mucho se ha hablado de la benevolencia de las autoridades americanas respecto a las expediciones filibusteras, como se las llamaba. Nada más lejos de la verdad (…) La cantidad de arrestos y juicios, y el número fenomenal de reclamaciones contra barcos y armamentos prueban la gran diligencia de las autoridades americanas”.
Por sus servicios a la independencia,  la Junta Revolucionaria Cubana le otorgó de manera honorífica el cargo de Coronel del Ejército Libertador.
Durante la intervención militar norteamericana, Rubens se desempeñó como comisionado de revisión de Código y Leyes, de Finanzas y de Elecciones. Trabajó activamente a favor de la candidatura de Estrada Palma para la presidencia de la República y, a partir de su creación, en 1902, se quedó a vivir en la Isla, aunque no se vinculó a la política directamente, sino a intereses económicos propios y de compañías estadounidenses, señaladamente en la naciente empresa Cuba Railroad Company, de la que llegó a ser presidente.
Ya siendo un hombre de negocios, se construyó una mansión en el Mariel, cerca de La Habana, que se conserva como parte del patrimonio de esa localidad.  Aquella obra ecléctica, con arcos y columnas donde los motivos moriscos y de palacios medievales llamaron la atención, fue la residencia durante muchos años del abogado amigo de José Martí, quien era atendido en las ciudades de Cuba que visitaba como un Veterano de la Guerra de Independencia. Después de la caída de Gerardo Machado, donó la propiedad del Mariel al gobierno, quien la convirtió en sede de la Academia Naval en el Mariel. En su último viaje a Cuba, en 1938 (tres años antes de morir en Nueva York), se hospedó en el lujoso Hotel Nacional, lugar aun predilecto de los estadounidenses que visitan La Habana,  donde tal vez encuentran en el espíritu de aquel antecesor, para bien,  una luz hacia las positivas relaciones entre dos pueblos que requieren, más que sus gobiernos, la amistad que enriquece.



viernes, 18 de enero de 2019

La fiesta de género, una nueva celebración


     Desde el fondo de los tiempos matrimoniales, el embarazo de la mujer ha provocado distintos momentos de celebración. Ya en la época védica de la antigua India, la familia celebraba una fiesta a la que llamaban seemantha, hacia el octavo mes de la gestación de la mujer, en la que acercaban música al vientre de la madre, pues sabían que ya los oídos del feto estaban preparados para oírla.
Felices jóvenes madre y abuela
Con el avance científico técnico de nuestro tiempo, asistimos a la aparición de nuevas ceremonias, que en la medida en que se repiten y extienden, van convirtiéndose en  costumbre. Si la repetición de los actos, individuales o colectivos, van definiendo el conjunto de las tradiciones que caracterizan a una familia, un barrio, una nación, una cultura –hasta que su arraigo lo hace ser un componente de su definición–, asistir al nacimiento de los mismos ofrece la particular satisfacción de sentirse inmerso en el ambiente de su creación.
 Eso sentí al participar, por primera vez, en una fiesta que en mi infancia era imposible imaginar. Se le ha dado por nombre, en inglés, gender party, que en su traducción literal significa “fiesta de género”. Aunque parece ser hermana gemela, preámbulo o alternacia del conocido baby shower (alusión a un baño de regalos), nacido en Estados Unidos y ya extendido a varios países, éste es posible por el conocimiento de la ecografía, que emplea el ultrasonido para crear imágenes bidimensionales o tridimensionales. Esta técnica, sin el riesgo de los rayos X, al permitir a los médicos fotografiar los más mínimos detalles del feto, ofrece, casi con exactitud, la evidencia  de que la madre tendrá hembra o varón.
 Si al divertido baby shower no le es imprescindible ese detalle –aunque útil para adecuar los regalos al género de la criatura por venir–, al gender party es quien le justifica. La idea de su celebración no se relaciona con los regalos que se dedicarán al recién nacido,  sino con la noticia a la familia y amistades cercanas de que quien va a nacer será niño o niña.
 Sin lugar a dudas, en una u otra festividad, el componente de la mercadotecnia es fuertemente influyente, pues con su filosofía de identificar los requerimientos del consumo, construye también nuevas necesidades que lo compulsen a satisfacerlas.
 En los tiempos en que llegamos al mundo los que hoy sobrepasamos el medio siglo, cuando todavía las cigüeñas eran convocadas para encargar al bebé, la magia de nueve meses se rompía con el alumbramiento, instante en que se levantaba al recién nacido de frente, con las piernas abiertas, para que el mundo supiera  si su nuevo integrante sería hombre o mujer. Desde hace algunas décadas el ultrasonido ha determinado la buena nueva –también al baby shower–, pero sólo en los últimos años viene acompañada de una fiesta de anunciación que se empieza a incorporar a las costumbres posmodernas de una aldea global que tiene en este país un innegable faro.
 En estas cosas estuve pensando cuando fui invitado, junto a mi esposa, a un gender party dedicado a Érica Marina, la hija mayor de un matrimonio de viejos y queridos amigos: Eric de la Cruz y Gretel Sánchez. Fue en el atardecer del viernes pasado y al entrar a la sala de su casa, adornada con globos azules y color de rosa, sentí en la contagiosa alegría con que familiares y amigos rodeaban a la joven embarazada, una hermosa justificación para la festividad. Apenas ­traspasamos el umbral de la casa, su primera dama nos preguntó a  qué apostábamos: –Hembra, respondió mi esposa; varón, dije yo–, por lo que fuimos marcados con un adorno de diferente color en las solapas.
Entonces, yo creía que los únicos en no saber el género de la criatura guardada en el interior de Érica Marina éramos los amigos, pero al intentar seducir a quien se estrenará de abuela con una información adelantada, mi vanidad periodística tropezó con una inesperada confesión: –Ni la madre lo sabe. 
 Acto seguido me explicó que el médico, quien ocultó a los padres el resultado del pesquisaje, había entregado un sobre sellado que ocultaba el diagnóstico. En toda la familia hubo una sola excepción, a quien le encargaron  la preparación de un globo cuyo color negro impedía mirar a su interior, donde se ocultaron cientos de partículas cuyo color, al reventarse, revelaría cual de los dos bandos sería el ganador.
 Mientras esperamos por el instante de la verdad, que cada quien creía tener, hubo comida, brindis y charlas perfumadas con atisbos de adivinación. Cuando se advirtió que el globo iba a ser perforado, todos rodeamos a la joven pareja, y entre risas y augurios  era difícil descifrar en quiénes la emoción era mayor, si en los que se estrenarían de abuelos o de padres. Al fin, Julio –joven progenitor que suma el ala puertorriqueña de su origen a la cubana de Érica Marina–, con un golpe bien medido quebró el globo y se expandió a toda la sala una lluvia azul de múltiples fragmentos y una voz repetida: varón, varón, varón. 
 Al final, vencida la presunción con que los ganadores miramos a las víctimas rosadas que se sumaron a la felicitación, todos ganamos con una fiesta de amistad y sumamos un nombre a las costumbres que va imponiendo nuestro tiempo.
                   



La visita a Tampa de Juan Gualberto Gómez



    Cuando supe que el nombre de Juan Gualberto Gómez había sido uno de los elegidos por el urbanista Ariel Quintela para bautizar a uno de los ocho edificios que él, junto a otros inversionistas, están remozando en Ybor City, me pregunté por los vínculos que el conocido patriota cubano pudo tener con esta ciudad, más allá de sus méritos como político, intelectual y cercano colaborador de José Martí, para esa preferencia.  Sobre los nombres seleccionados para otros edificios –José Martí, Fernando Figueredo, Pedroso, Socarrás–, es bien conocida su presencia en  Tampa. Al conocer los nombramientos,  me  pregunté por qué no se pensó en Carbonell, por el peso que tuvieron padre e hijo (Néstor Leonello y Eligio), no sólo en la primera visita de Martí a Tampa, sino en toda la obra realizada desde Ybor City por el desarrollo de este pueblo y por la independencia de Cuba. Pero seguramente nuevos lugares recibirán este nombre, como sería justo también que el de Carolina Rodríguez “La Patriota”, Ramón Rivero  y el de otros guías luminosos de su tiempo, sean grabados en un sitio que perpetúe su ejemplo.
Juan Gualberto Gómez
Ahora, quiero exponer algunos elementos que justifican plenamente el haber pensado en Juan Gualberto Gómez para que, con su nombre en uno de los edificios que darán vigor a la urbanización renovada de Ybor City, se rinda homenaje permanente a su memoria. Sabemos que en él José Martí depositó toda su confianza y lo designó  máximo representante del Partido Revolucionario Cubano (PRC) dentro de la Isla, y le dirigió la Orden de Alzamiento cuando se consideró llegado el momento del levantamiento simultáneo en varios lugares de Cuba, el 24 de febrero de 1895.
El que Juan Gualberto recibiera en el fondo de las capas de un tabaco la orden de iniciar la guerra con el olor a Tampa en su envoltura, es ya, por sí misma, una razón para que el nombre de aquel matancero, que nació del vientre de una esclava, luzca en el portón de uno de los hermosos edificios que ahora están renaciendo en la histórica ciudad floridana.
Pero es bueno saber que Juan Gualberto también anduvo por las calles de Tampa, durante una visita que realizó en 1898. Ese año llegó a Nueva York, acabado de salir de la cárcel de Ceuta, en España, donde estuvo desde que lo aprisionaron al alzarse en armas el 24 de febrero de 1895.
Desde su llegada a Estados Unidos se mantuvo alrededor de Tomás Estrada Palma, quien fungía como Delegado del PRC desde la muerte de Martí, siendo, a la vez, el máximo representante de la República en Armas en el exterior. En el mes de julio de 1898, cuando se produce la derrota de España en la batalla naval de Santiago de Cuba y es inminente el fin de la guerra,  Estrada Palma envía a Juan Gualberto a Tampa, con el interés de conocer detalles sobre la comunidad cubana en esta ciudad, cuando muy pronto se va a producir el regreso de una parte de sus integrantes  a la Isla y cuyo ordenamiento es preocupación de la máxima dirección revolucionaria en la emigración. El periódico Patria, en su edición del 9 de julio de ese año, da a conocer que Juan Gualberto está en Tampa “desde hace ya varios días”.
En el número siguiente –29  de julio– Patria informa: “Juan Gualberto Gómez está  a punto de terminar satisfactoriamente los trabajos que le encomendara la Delegación cerca de los cubanos residentes en Tampa”.
Cuando se produjo la visita de Juan Gualberto Gómez a Tampa, aunque sólo tenía 44 años, ya acumulaba un largo historial de lucha por la independencia de Cuba. Nació libre en Sabanilla del Encomendador, en la provincia de  Matanzas, porque su madre logró ahorrar dinero para, al salir embarazada, impedir que su hijo naciera esclavo.
Además de libre, Juan Gualberto nació con una inteligencia prodigiosa, lo que le  abrió el camino a estudios en La Habana. El talento le hizo ganar el apoyo de maestros y personas con recursos económicos, y en 1868, ya iniciada la guerra de los Diez Años, pudo ir a Francia, donde ingresó en una escuela preparatoria de ingenieros. En París se produjo su primer vínculo con los líderes independistas cubanos, sirviendo de traductor a Francisco Vicente Aguilera en su labor de recaudación de fondos para la guerra.
En 1875, Juan Gualberto abandona Francia y se radica en México. En 1878, regresa a La Habana, casi en el mismo tiempo en que lo hace José Martí desde Guatemala. Se conocen ese mismo año y comienzan una amistad que duró hasta siempre. Juntos comienzan a conspirar por el reinicio de las hostilidades. Cuando el 17 de septiembre de 1879 detienen a Martí, lo hacen en la casa de su amigo Juan Gualberto, quien ya está publicando el periódico La Fraternidad. Después lo  encarcelan y deportan también a él.
Tenía mucha historia a favor de la libertad el afrocubano ejemplar cuando Martí funda el Partido Revolucionario Cubano. Había vivido un largo tiempo en Europa, regresando por segunda vez a Cuba en 1890, preparado para la alta responsabilidad que le asignó su amigo. Ambos coincidían en la necesidad de una contienda bélica rápida y eficaz que abriera el camino  a una república moderna y justa.
Martí no pudo llegar a su fundación, pero su amigo fue uno de los más fieles defensores de su  ideario en el intento de ordenarla. Su labor como miembro de la Asamblea Constituyente de 1900, su papel en la Cámara de Representantes (1914-1917) y en el Senado (1917-1925), pero especialmente en sus notables  escritos,  son prueba de ello, aun cuando no pudiera contener los rumbos que se apartaban de la verdadera república martiana. Pero fue su defensor, hasta los 78 años con que murió, el 5 de marzo de 1933.
Aquel fiel defensor de la igualdad racial, de la libertad de pensamiento y la fraternidad humana, un día caminó por las calles de Ybor City y West Tampa. Debió ser honda su emoción al mirar la fábrica de tabacos de O’Halloran, donde el buen Fernando Figueredo debió contarle los detalles secretos del día en que cubrieron en las  capas profundas de un tabaco  el edicto enviado a él, para que avisara la hora del alzamiento. Su nombre, que lo lleva hoy el pueblo donde nació,  también lo veremos al frente de un hermoso edificio de Ybor City.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Nace Ediciones Surco Sur con El camión verde y otros pasajes

    Estas líneas no aspiran a ser una reseña del libro de poesía El camión verde y otros pasajes, aunque incluyan un comentario breve sobre él. Contienen, sí, la doble noticia de que, con tan hermoso poemario, sale también a la luz Ediciones Surco Sur, como extensión de la revista que con el mismo nombre venimos publicando hace algunos años.
    Al inaugurarse Ediciones Surco Sur, pretendemos –desde Tampa– compaginar dos métodos de publicación que en nuestros días pugnan por el mercado del libro, especialmente en su tradicional soporte de papel,  que en contra de lo que muchos afirman, no será ahogado por su competidor digital. De esos dos procedimientos, las editoriales tradicionales y el autofinanciamiento del libro, si aquellas gozan de la autoridad de contar con especialistas en el reconocimiento de la calidad de las obras que seleccionan, el prestigio de sus autores y el estudio de mercado que garantiza las utilidades  de la inversión, el segundo método tiene como padecimiento principal el hecho de devenir de la voluntad y recursos del autor, en el que la calidad puede zozobrar por la autoevaluación desmedida,  la vanidad posible y el nivel económico de su creador. Estas razones han permitido que libros de muy poca calidad maltraten el idioma y el arte de escribir a niveles incluso vergonzosos, circulando en Amazon o en otras plataformas de comercialización, lo que daña la imagen de vehículo cultural con que durante siglos los libros se han reverenciado.
     El peligro en que el autofinanciamiento –“modelo destructivo de la autoedición”, le ha llamado el crítico español José Antonio Santana– ha situado la aparición y circulación del libro en nuestro tiempo, no significa, en sí mismo, que no hayan sido publicadas buenas obras por esta vía. Excelentes autores han sido desconocidos por las grandes editoriales y sus obras desplazadas por la de escritores cuyo prestigio se ha impuesto en la selección, aun cuando la calidad de una propuesta suya pudiera haber sido inferior.  En muchos de estos casos, el autofinanciamiento ha sido el camino encontrado por obras de calidad, aunque, casi siempre, han tenido el tino de buscar buenos editores, correctores, diseñadores.
     Ediciones Surco Sur se sitúa en un  punto medio: no es la editorial con una base económica que le permita fungir como aseguradora de la selección, corrección, edición, diseño, diagramación, impresión y distribución del libro, por lo que requiere de un pago mínimo del autor para cubrir esos requerimientos; pero sí es responsable de la calidad integral de la obra publicada. Para ello se aleja de una decisión individual, al contar con un equipo editorial formado por especialistas en el idioma español, crítica literaria y artes gráficas, cuyos nombres aparecerán en los créditos de cada obra que se publique.
    El proyecto de Ediciones Surco Sur, que hemos concebido con miembros del mismo consejo editorial de la Revista Surco Sur –la Dra. Madeline Cámara, el poeta Alberto Sicilia, el diseñador Edgar Jerez y quien escribe estas líneas, entre otros–, se acaba de hacer realidad con la salida de su primer libro, que no por azar, sino por  fuerza simbólica, pertenece al género expresivo con que nació la palabra: Poesía.
   El libro ya está en Amazon, con su nombre El camión verde y otros pasajes, ampliado el título con que el poeta Alberto Sicilia publicó en Cuba, en 1994, su primer poemario. Ahora, una selección de aquel texto temprano, más algunos que fueron incluidos en tres libros sucesivos y otros poemas inéditos, conforman esta obra, de la que la profesora Madeline Cámara ha expresado en una luminosa introducción: “He aquí El camión verde y otros pasajes, un poemario que nos habla de Cuba, su gente, sus saberes subversivos, pero también entra en los paisajes interiores del hombre que supo aprovechar la oportunidad de reflexionar sobre su entorno y sobre sí mismo…”.
    Con suma agudeza supo ver la Dra. Cámara estos dos ángulos, que no son los únicos sobre los que llama la atención. Reflexionar sobre el entorno es una mirada constante del autor en los 64 poemas que se juntan en este volumen. Si en el primero de ellos,  “al chofer que mira/ en el silencio alucinante de la carretera”, se condensan ambas, el poeta-chofer y la carretera, desde lo intra y extraliterario de la voz lírica, en el último se ha detenido en un parque de la ciudad en que hoy habita, desde donde observa “al hombre caminar de prisa”, un hombre que “sueña que camina sobre el agua/ y se hunde”. Quién sabe qué temores afloraron al subconsciente del poeta cuando el agua, entorno secular amado y doloroso  de la Isla, fue reencontrada en un parque tan cercano al mar que lo acerca y aleja de su Cabaiguán cubano.
    En todo El camión verde y otros pasajes habita una legítima lírica, donde, por momentos, el tono se hace reflexivo, filosófico, penetrante, proveniente de siglos de incursiones del pensamiento sobre la existencia humana, como “persiguiendo a Ariadna por este laberinto”, pero desde otra pertinencia. “Yo no soy Zaratustra, ni Zoroastro, ni Heráclito”, integra la exégesis de su propia obra, parecida a todas y a ninguna de la que es, por eso mismo,  verdadera poesía. 
    El camión verde y otros pasajes es, como corresponde al género, un  poemario de amor. Si esta declaración no arriesga un peligro de cursilería, es porque los poemas que lo componen expresan a un nivel elevado el sentimiento más legítimo y arraigado que acompaña al ser humano y justifica su vivir.
     Ediciones Surco Sur ha nacido en un momento de Navidad y entra al Año Nuevo con la promesa de dar a conocer nuevos ejemplares y dispuesta a recibir propuestas que le enriquezcan. Y como es una fecha de felicitaciones y obsequios,  ofrece a los amantes de la lectura y la poesía la posibilidad de adquirir, disfrutar y también regalar un libro en cuya portada luce un dibujo creado y regalado al autor por Fayad Jamis –ese grande poeta, aunque muerto, nunca desaparecido– y donde puede leerse, dedicado a Cuba, este enigmático poema de trece –13– versos, como nacido de un pincel infinito:
      Isla curvada
     Oblicua en el ojo del marino:
     Arco para no disparar,
     Arco sin flecha.
    Ola gigante que vigila al norte
    Guardando al sur.
    Isla rumbo a la espuma
    Verde con azul,
    Cielo con montaña,
     Lenguaje de arena si confluyen,
     Isla y ola
     Amargas,
     Misteriosas.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Tampa en la Guerra Hispanoamericana


  Si en una década (1886-1896) Tampa se convirtió en la capital mundial de la elaboración de tabacos –con cientos de fábricas y miles de obreros que dieron impulso al crecimiento de esta ciudad–, en 1898 pasó a ser un escenario de carácter marcadamente militar. Otra vez, en este momento de su historia, Cuba vino a ser la razón que determinó alcanzar aquella condición temporal, con el arribo a sus calles de miles de uniformados.
     Todo giró en torno a la terminación de la Guerra de Independencia cubana, que había encontrado en Tampa el primer momento de su organización con la llegada a ella de José Martí en noviembre de 1891. A partir del 25 de abril de 1898, cuando Estados Unidos declaró la guerra a España con la explicación nunca probada de que en el puerto de La Habana le explotaron al “Maine”, Tampa fue destinada a servir de concentración y salida de las tropas estadounidenses que irían a pelear contra el ejército español en la isla de Cuba.
  En los meses siguientes, por las calles tampeñas caminaban más militares que civiles y la ciudad fue centro de noticias en todos los diarios de la época, tanto locales como nacionales.  Basta con leer algunas de las notas publicadas en importantes periódicos de entonces, para calibrar la dimensión que cobró Tampa en el marco de los acontecimientos que pusieron fin a siglos de dominación española en América.
  El New York Times publicó el 17 de abril de 1898, cuando faltaba una semana para la declaración de guerra, el titular ‘Tampa se prepara para las Tropas’, en que describe:
  “Tampa se prepara para la llegada del Séptimo Regimiento de las tropas, reportadas para llegar aquí. Lo que es bien sabido es que positivamente se van a encontrar en Tampa por algún tiempo indefinido. Lo importante es encontrar áreas convenientes para los campamentos, lo que se ha convertido en una tarea principal para las autoridades. Hay tres áreas disponibles, cercanas a las líneas ferroviarias, las estaciones, al agua potable y a las comunicaciones. Una es un punto alto en la bahía de Hillsborough, conocida como Ballast Point. El segundo lo es el Fuerte Brooke, el que hasta los pasados meses fue propiedad del gobierno, y bajo la presente situación será usada como cuarteles para las tropas. Esta facilidad también cuenta con acceso a las vías ferroviarias de la Central y Peninsular Railroad, las cuales son las líneas principales desde Tampa hacia el norte.
  El tercer sitio disponible lo es el área del Parque De Soto, al norte del pueblo a una milla aproximadamente y el cual posee también agua y rieles. La llegada de la comandancia es esperada en cualquier momento, y cuando la selección sea aprobada se pasará a ocupar inmediatamente por los soldados. Fotógrafos representando los diferentes periódicos se encuentran ocupados tomando fotos del área”.
  El 23 de abril, el mismo diario informa, bajo el título ‘Tampa se convierte en campamento’:
  “Tampa ha cambiado de un callado y productivo pueblo civil en un asentamiento militar. Por donde quiera se pueden ver los uniformes y las medallas. Las calles y todos los rincones del pueblo como los hoteles, clubes y cafés están abarrotados de soldados y oficiales. La comunidad de habla hispana se ha inundado de clientes de habla inglesa. Durante toda la noche han ido llegando los trenes con tropas procedentes del Oeste, Norte y Este; hasta ahora han llegado unos 3 mil hombres bajo el mando del General Wade,  quien junto a sus oficiales se han localizado en el Tampa Bay Hotel, como centro de operaciones. Hasta ahora se cree que ni el General Wade sabe por cuanto tiempo permanecerán las tropas en Tampa”.
  El 28 de abril, señala el New York Times, en ‘Con las tropas en Tampa’:  “Los oficiales militares, quienes están cerca de las fuentes de información oficial, aún no saben por cuanto tiempo las tropas calculadas en unos 20 a 30 mil hombres entre regulares y voluntarios permanecerán en Tampa. Sí se sabe que muchas más tropas llegarán en las próximas semanas”.
  El 3 de mayo, describe el diario neoyorquino: “Hoy en la noche todas las mulas, carretas y equipaje pesado de los campamentos, han sido ordenados a mudarse hasta el Puerto de Tampa; para que esté listo y conveniente para el envío a Cuba. Esto no es conocido fuera de los campamentos. A las autoridades ferroviarias, quienes están a cargo del transporte, se les ha dado instrucciones estrictas de no divulgar ninguna información.
Miles de tropas, artillería e infantería han llegado a Tampa en las pasadas veinticuatro horas y el pueblo se ha convertido en una fortaleza militar con miembros de todas partes de la unión, y todos con la expectación de una temprana invasión a la isla de Cuba. Bien se sabe que unos 200 cubanos que se enlistaron calladamente en Nueva York por el General Julio Sanguily, llegaron a Tampa esta noche. Ellos formaran parte del regimiento de caballería bajo el mando de este famoso general cubano y quienes desembarcarán en Cuba junto a las tropas americanas”.
Soldados en Tampa, en 1898, dispuestos a salir para Cuba
      En 1898, toda la sociedad tampeña se vio envuelta en un ambiente militar, el que alcanzó también a las manufacturas tabacaleras, donde una gran parte de los operarios eran cubanos. Según la publicación “Tobacco Leaf”, del 12 de mayo de 1898: “El enlistamiento de soldados cubanos esta semana ha causado revuelo en las factorías de tabacos. Cerca de unos 300 hombres solteros, se han enlistado y unos 600 a 700 más deben llegar de Nueva York, Cayo Hueso, Jacksonville y otras ciudades. Ellos van a acampar en West Tampa y esperarán ordenes. La mayor parte de ellos son tabaqueros y sus  puestos en las  fábricas se llenaron rápidamente, según se supo su salida”.
  Un impacto especial debió derivarse de la llegada a Tampa de  la flamante caballería conducida por Theodore Roosevelt, quien pocos años después fue presidente de Estados Unidos. El 3 de junio, reportó el New Yor Times: “Theodore Roosevelt y sus ‘Rough Riders’ han llegado a Tampa hoy (…) El regimiento se encuentra en perfecto espíritu de lucha. El coronel Wood y el teniente coronel Roosevelt junto a otros oficiales se encuentran ansiosos por su próxima expedición militar a Cuba. La llegada de los ‘Rough Riders’ causó sensación entre los residentes permanentes de Tampa”.
  Fue un tiempo  breve, entre abril, mayo y junio de 1898, pero Tampa fue centro de las noticias del acontecimiento universal que marcó un cambio de época, con el afloramiento de la fase imperial que extendería la presencia de Estados Unidos en el continente y que lo haría unas décadas más tarde la primera potencia mundial.
  La presencia en Tampa de tropas estadounidenses tuvo también influencia en la vida económica de la ciudad. Según José Rivero Muñiz, en su obra Los cubanos en Tampa, en mayo de 1898 los  soldados acampados en esta localidad recibieron su primer salario, el que ascendió a más de 175 mil dólares, dinero que estimuló el comercio de la ciudad. Dice Muñiz: “Corría el dinero a manos llenas y las ganancias de los mercaderes sumaron miles y miles de dólares”. De hecho, aunque de forma temporal, la avalancha de una población móvil durante algunos meses, marcó la dinámica mercantil, nocturna y aún recreativa de la ciudad.
  Al término de un conflicto bélico que determinó profundas transformaciones en el ordenamiento planetario, Tampa también sufrió significativos cambios. Así lo interpretó  Tobacco Leaf,  cuando el 14 de junio de ese año advirtió, bajo el título ‘Las hostilidades han cesado y un futuro nuevo en Tampa’:
  “La era de exilio voluntario ha llegado a su fin y la oportunidad de regresar a Cuba abre dolorosas alternativas. Muchos han convertido a Tampa en su hogar, lugar de nacimiento de sus hijos y un sitio donde poder tener su casa propia y un lugar de trabajo. De igual forma, este nuevo cambio afectó a los manufactureros tabacaleros y a su vez la economía local por casi seis meses. El viejo estilo de manufactura, usualmente en manos de españoles o cubanos, se va a eclipsar por las corporaciones del norte y los conglomerados tabacaleros, los que están ansiosos por abrirse paso en Tampa. Hoy día la industria tabaquera en Tampa emplea unas 20 mil personas y cuenta con unas 149 fábricas entre los centros laborales de Ybor City y West Tampa”.
  Habría que estudiar hasta dónde la advertencia que hizo el articulista del Tobacco Leaf se hizo realidad en la ciudad, que en las primeras décadas del siglo XX vería eclipsarse el esplendor que alcanzó con su pujante manufactura tabacalera.
  Al término de la guerra, desde el protocolo de paz firmado el 12 de agosto, cientos  de cubanos –especialmente los profesionales (médicos, abogados, periodistas…) regresaron con sus familias a Cuba. Algunas de las personalidades más sobresalientes de la comunidad de emigrados cubanos en Ybor City y West Tampa, se apresuraron en viajar hacia La Habana, a tomar parte del proceso de reorganización de la Isla en aras de la creación de una república, una vez terminara el período de ocupación de Estados Unidos. Así lo hicieron Néstor Carbonell, Ramón Rivero, Fernando Figueredo –algo más tarde–  y muchos más.
  Es verdad que, en los primeros años del siglo XX, decepcionados con la creación de una república que no atendió al “con todos y para el bien de todos” que preconizó José Martí, muchos regresaron a vivir a Tampa, que fue para cientos de familias cubanas –aún lo es– como  una prolongación de la patria.




jueves, 15 de noviembre de 2018

Conversación con Braulio en el Festival Conga Caliente


Conversación con Braulio en el Festival Conga Caliente

Por Gabriel Cartaya

Entre los regalos que el Festival Conga Caliente ha hecho durante 15 años a la ciudad de Tampa, uno de los más emotivos es la presentación de artistas famosos que, sin este evento, miles de personas no hubieran podido disfrutar en vivo.
Por un lado, porque el carácter popular, abierto y gratuito que ofrece permite a todos acceder a un escenario asequible a  todos y, por otro, porque el alto nivel de apoyo logrado por este festival permite sufragar los gastos que emanan del traslado a Tampa de tan importantes artistas.
Si el año pasado disfrutamos el son y la salsa con Oscar D’Leon, figura cumbre de estos ritmos, en 2018 tuvimos al que alcanza esta estatura en el merengue, el célebre Johnny Ventura, por sólo poner dos ejemplos.
Este año, también nos visitó uno de los grandes exponentes de la canción romántica de las últimas décadas, a quien millones de personas en el mundo identifican cuando se dice solamente Braulio, aun sin saber que detrás del brillante cantautor hay un excelente ser humano, de pensamiento alerta a la sociedad donde vive, que responde al nombre Braulio Antonio García Bautista, nacido en 1945 en Santa María de Guía, Gran Canaria, España.
Como los organizadores del ya imprescindible festival han tenido la meritoria idea de organizar una sala de prensa para que los periodistas podamos dialogar brevemente con los artistas invitados, tuve la dicha de estrecharle la mano a Braulio y sentarme frente a él a conversar un instante, lo que preferí a un cuestionario preconcebido, cuando él terminaba de conmover al público en medio de una tarde de excesivo calor.
Hablo con Braulio sobre Cuba y Canarias
Naturalmente, el primer comentario que le hice fue sobre mi país, pues la canción suya dedicada a su padre, “Mi viejo y Cuba”, alude a las añoranzas que por aquella tierra  tuvo siempre quien lo trajo al mundo. Había leído que en alguna ocasión él confesó haberle prometido que un día iría a conocer aquel pedazo de la Isla donde vivió una parte de su familia paterna. De hecho, quise saber si cumpliría aquella promesa.
–Claro que sí –me dijo–. Con una sonrisa, me comentó que debía apurarse en hacerlo y que, si se creaban las condiciones, iría con mucho gusto, que le interesaba mucho poderlo hacer.
Después hablamos sobre el momento histórico en que se produce la transición de la dictadura a la democracia en España, porque coincidió –comento– con el instante en que él comenzaba a ser famoso como cantante. Dijo que, al igual que todos los españoles, estuvo inmerso en aquel acontecimiento. “Fue un momento muy convulso –recordó–. Hubo un momento en que no se sabía lo que iba a pasar. Había diferentes tendencias, incluso las amenazas de ETA.  Indirectamente, hay que agradecerle algo a los etarras y es que al sentir la acción de ellos, nos unimos más. Habría que darle las gracias, entre comillas, pues muchas fuerzas se unieron ante su amenaza. En realidad, le dimos una lección al mundo y se construyó la democracia”.
–¿Ya habías dado a conocer  “Canto a Canarias?
_Sí, lo hice en el 75 y tuvo mucho que ver con lo que estaba pasando en ese lugar. Fue censurado y,  en parte,  por eso vine para América.
Le comento sobre la expresión de nacionalismo que hay en “Canto a Canarias”, poniéndolo en relación con una confesión suya de no ser independentista, con relación a su tierra natal, claro.
–Yo soy un nacionalista no independentista –afirma Braulio con convicción–. Considero que si Canarias fuera independiente tardaría dos minutos en caer en las garras de Marruecos. Nos tiene en el mapa de sus apetencias. Mi nacionalismo es reivindicativo de nuestra autoctonía, de nuestras raíces, de nuestra idiosincracia. Pero podemos pertenecer a España. Hay autonomías que son muy autóctonas, valga la redundancia. Tenemos un marco de libertades bastante amplia. Si vemos ahora lo que pasa en Cataluña y las divisiones. Porque en Cataluña no todo el mundo es independentista y hay más, digamos, españolistas.
Nosotros tenemos otra posición, otra historia. Si fuera por la geografía, podríamos decir que Canarias tiene más razones para la independencia. Estamos más lejos de Madrid y más cerca de África.
Yo me siento feliz con el estado que tenemos en Canarias y soy nacionalista. En Canarias tenemos que ser nacionalistas. Hay dos partidos hegemónicos en España: el Partido Socialista y el Partido Popular. Si nosotros estuviéramos manejados por ellos, estaríamos manejados desde Madrid, o sea, esperando a que nos llegaran determinadas prebendas. Por eso necesitamos un partido nacionalista canario, que aún no está decidido. Pero tenemos peso, exigimos, votamos, y ganaríamos con eso.
–Lo importante es la gente, que la gente viva mejor –dice Braulio con convicción.
Siento la sinceridad en sus palabras y el compromiso con su tierra natal. Le recuerdo una anécdaota contada por él, sobre la necesidad de ir siempre   a Canarias, y que cuando recorre su tierra baja los cristales de la ventanilla del coche para respirar aquel aire, a riesgo de un resfriado. Se ríe y dice: –Me acaba de pasar.  Los amigos me dicen: te vas a resfriar. Pero necesito respirar ese aire.
Estaría más tiempo conversando con este extraordinario artista, cuyas canciones siempre disfruto, pero otros colegas esperan su turno y me despido de él, convencido de conocerle más por la sinceridad de su expresión y el amor a sus raíces, a su cultura, al ser humano, lo que es menos conocido –y más importante– que los temas a los que no hubo tiempo de mencionar: los premios, las glorias y la fama que ha ganado con su talento y su voz.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Con Odette Figueruelo está en buenas manos la herencia hispana


     Cuando se eligió a Odette  Figueruelo  para la dirección de La Herencia Hispana de Tampa Inc. (THHI, por sus siglas en inglés), el acierto fue inmenso. Por un lado,  su formación y ejecutoria profesional como maestra le confieren el tino pedagógico con que una organización de este carácter debe instruir en el conocimiento y defensa de nuestras raíces y, por otro, muestra una  sensibilidad muy aguda hacia la cultura que esta entidad sin fines de lucro representa desde su nombre. Al conversar con ella y percibir la pasión, seguridad e inteligencia con que conduce esta  asociación,  se  siente   la correspondencia entre el nombre de la entidad y el quehacer de su directora.

  Tampa Hispanic Heritage, Inc., que tiene una historia de ya casi 40 años, está reconocida como una de las instituciones de mayor fuerza en la comunidad hispana de la bahía de Tampa. ¿Qué ejecutoria le ha hecho merecer esa visibilidad?

  Conocía sobre la labor de THHI mucho antes de unirme formalmente a la organización. Cuando me incorporé a ella en el año 2013, me fascinó conocer la historia, la trayectoria de la organización a través de los años. Hoy en día, con un liderazgo nuevo, podemos ver que la misión y la visión siguen siendo las mismas. Lo que quizás haya variado sea la manera de llevar la organización como una corporación. En los últimos dos años, con la llegada de miembros más jóvenes, el trabajo más difícil de la directiva ejecutiva ha sido mantener el equilibrio entre la esencia de la organización creada décadas atrás y nuevas tendencias de trabajo, como el uso moderno de los medios sociales. La labor es hacer que dos o incluso tres generaciones sigan trabajando arduamente, respetándose mutuamente. Con ello, la explosión de THHI en los medios sociales han sido, sin duda, el mayor reto, pero también ha sido una gran satisfacción.

  ¿Qué papel le atribuyes a la educación en la defensa de la comunidad hispana?

  Afortunadamente, vengo de un entorno familiar donde la formación académica era una prioridad. Crecí totalmente convencida de que los estudios son la vía para alcanzar un futuro mejor. Hoy en día, como educadora por más de veinte años, mi inspiración para la labor en la comunidad son los jóvenes, los estudiantes que tengo en mis clases, los estudiantes a quienes ayudamos en THHI. La educación rompe barreras, crea vínculos, abre puertas. Para poder mantener viva nuestra cultura es imprescindible crear oportunidades de estudio para aquellos que no puedan pagarlos por sus propios medios. Como bien decía José Martí: “Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza de mundo”.

  Me llama la atención que, siendo el idioma el principal vehículo para la defensa de una cultura, en THHI se use el inglés más allá de la documentación que requiera su existencia legal. ¿No crees que la organización debería mencionar herencia hispana con mayor frecuencia?

  Este es un tema muy interesante y que siempre crea cierto debate. Siendo profesora de español, para mí es de suma importancia el uso correcto del idioma. Pero otro aspecto que siempre les hago ver a mis estudiantes es que la comunicación es lo más importante, o sea, aunque no lo hagan perfecto tienen que seguir intentándolo y arriesgándose a cometer errores, que luego los llevarán a una mejora. Y ¿cómo transfiero estas ideas a la Herencia Hispana de Tampa?
  Normalmente hacemos todos los comunicados de prensa en los dos idiomas. En los medios sociales sí debemos mejorar y ser más constantes en plasmar los mensajes en español también. Algunas veces, por ser consistentes con el “trade mark” o la marca para propósitos de promoción, nuestro departamento de comunicación ha preferido dejarlo en inglés, es decir, Tampa Hispanic Heritage, Inc.  
  La dificultad viene en que, a pesar de que todos hablamos y escribimos español, no todos se sienten con la seguridad de escribir correctamente en ese idioma. Muchos de los miembros jóvenes no han tenido ninguna instrucción escolar en español y, por ende, quizás se sientan más cómodos con el inglés. Aquellos que pueden desenvolverse mejor con la escritura en español quizás en momentos puntuales donde haga falta traducir algo, están desempeñando otra labor. Recordemos que todos somos una junta de voluntarios con trabajo, familia y otras responsabilidades. Para mí, es tan importante el conocimiento del idioma como ese querer profundo que viene del alma de estar orgullosos de ser hispanos, y de unirse a una organización como la nuestra, precisamente buscando esas raíces e incluso buscando mejorar su dominio del español. Parte de nuestra misión es de crear líderes en nuestra juventud hispana. Darle a los jóvenes la ­oportunidad de desarrollo y liderazgo en nuestra organización, aunque no hablen o escriban un español perfecto, es otro medio de apoyo a esa misión.

  En todos estos años la máxima dirección y casi toda la junta directiva de THHI ha estado en manos femeninas. Aprovecho esta observación para que me hables sobre el comportamiento de la diversidad en la organización, no solo de género, sino también de edad y representación de los diversos pueblos que conforman la hispanidad.
Odette, al centro, con estudiantes que han recibido una beca de THHI

  Como una de mis iniciativas, incluso antes de entrar en una posición de liderazgo en la organización, comencé a reclutar personas con diferentes experiencias y talentos. Considero que sumando a cada uno de nuestros talentos innatos podremos avanzar. Ahora podemos decir que el proceso ha variado y se acercan a nosotros para entrar en la organización. La explosión que mencionaba antes sobre el uso de los medios sociales ha hecho que la comunidad sepa mejor quiénes somos y qué hacemos. También, hemos hecho cambios para poder integrar mejor esa población de profesionales jóvenes que tenemos en Tampa. Ahora tenemos quizás un 30% de hombres en la organización y ese número  se incrementará el año que ­viene. En nuestra junta directiva tenemos representadas muchas nacionalidades: cubanos, puertorriqueños, ecuatorianos, peruanos, colombianos, mexicanos, venezolanos y dominicanos. Entre nuestros voluntarios permanentes hay panameños y españoles; hay jóvenes, personas de edad media y personas mayores. Esa diversidad aporta mucha riqueza a la organización.

  Háblame de tus orígenes hasta convertirte en la presidenta de THHI.

  Nací en Cuba. Viví cinco años en Madrid. Desde que tengo 15 años vivo en Estados Unidos. Matriculé Estudios Internacionales porque quería trabajar en una embajada. Después de terminar un Máster en la Universidad del Sur de la Florida comencé a enseñar a adultos y fue entonces cuando descubrí mi vocación de maestra. He enseñado en todos los niveles, desde secundaria, primaria, intermedia y nuevamente en un College.
Desde pequeña, mis padres y abuelos me dieron el buen ejemplo de servir a la comunidad. Después de recibir una beca supe que yo quería hacer exactamente eso: ayudar a otros a lograr sus objetivos a través de la formación académica. Estuve en la directiva de Hispanic American Inter-cultural (TICH). En 2013 me uní a THHI y este es mi segundo año en la presidencia.

¿Cómo está celebrando THHI el mes de la hispanidad de 2018?

En realidad, estamos celebrando nuestra herencia todo el año. Es parte de nuestra visión. Tenemos cinco eventos que nos ayudan a conmemorar nuestra herencia y a recaudar fondos para las becas. Hacemos la competencia de escrittura para jóvenes de escuelas intermedia y secundaria, la competencia del póster, tenemos el Kick Off, tenemos “Leadership Award”, donde reconocemos a líderes en diferentes campos. Cerramos el año con broche de oro con la Gala donde reconocemos al Hombre Hispano y la Mujer Hispana del año.
 
¿Qué se proponen para el cuarenta aniversario de THHI?

Para celebrar el cuarenta aniversario de THHI, los directores de cada evento harán su conmemoración pertinente a dicho evento. Por supuesto, en la Gala haremos algo especial para celebrar estos cuarenta años de compromiso con la comunidad. Celebraremos cuatro décadas dedicadas a festejarnuestra rica herencia y a esa meta de seguir enseñándole a la nueva generación nuestra cultura e idioma. 
Como proyecto a largo plazo, nos gustaría poder tener una sede para nuestra organización, quizás un sitio donde podamos tener hasta una tienda y vender productos de la Herencia Hispana de Tampa para recaudar más fondos para nuestro objetivo de las becas. En esta sede podríamos impartir talleres para la comunidad, quizás clases de español, o de arte, o hasta tener un pequeño museo. ¿Quién sabe que más pudiéramos hacer? ¡Todo es posible, y un sueño puede pasar a ser realidad en cualquier momento! ¿verdad? Martí dijo “Hacer es la mejor manera de decir”.