viernes, 20 de marzo de 2020

El Dr. José Molé nos habla del coronavirus


El Dr. José Molé nació para ser médico. Se graduó en Cuba, donde ejerció la profesión algunos años, además de ser prestigioso profesor de estudiantes de Medicina. Al llegar a Estados Unidos, se planteó y logró revalidar su título, cuya legitimidad se expresa cada día en el desempeño de su noble profesión y en el estudio permanente. En la actualidad tiene su clínica privada en 2931 W Hillsborough Ave, Tampa, FL 33614, donde recibe de lunes a viernes a decenas de pacientes –mayoritariamente hispanos– quienes  de la consulta salen agradecidos por su atención profesional, sensibilidad y jovialidad en el trato. Asimismo, a muchos he oído expresar el significado que ha tenido para ellos ver llegar al Dr. Molé a la sala del hospital donde han sido atendidos.
Ahora, cuando crece la preocupación por la rápida expansión del Covid-19, las respuestas del Dr. Molé a las preguntas que le hice sobre lo que ya es considerado una pandemia, son de notable interés para toda la comunidad.
Dr. José Molé
Hace sólo unos meses, nadie pronunciaba la palabra Coronavirus y hoy está en los labios de todo el mundo. ¿Cómo surgió esta enfermedad y se extendió tan rápidamente por todos los continentes?
Se cree que el Coronavirus (COVID 19) originalmente fue un virus presente en el reino animal, es decir, tiene un origen zoonótico, particularmente en los murciélagos. En febrero del 2020, los investigadores chinos  encontraron una mutación en este virus aislado en los pangolins (es un animal parecido al armadillo) que parece ser el hospedero intermediario entre los murciélagos y los seres humanos. Los pangolins son altamente apreciados en China pos su carne y también por las escamas que se utilizan en la medicina tradicional. Todo parece indicar que la epidemia se origina en un mercado de productos frescos (vegetales, carnes, pescados y animales no domésticos) en Wuhan, China.
El virus es altamente contagioso y se trasmite por medio  de las vías respiratorias, particularmente a través de las microgotas de saliva que son expelidas con el estornudo o con la tos. Como era totalmente desconocido se trasmitió de manera exponencial de persona a persona, quienes no sabían que estaban enfermos o que eran portadores de este virus. La gotas permanecen suspendidas en el aire sólo por un corto tiempo pero permanecen contagiosas en las superficies metálicas, el vidrio o el plástico.
 ¿Cuáles son los síntomas del Covid-19 y cómo diferenciarlos de una gripe o una alergia común?
Los síntomas del Covid-19 no son específicos y las personas infectadas pueden estar incluso asintomáticas o desarrollar los mismos síntomas de un resfriado común: fiebre, tos, malestar general, fatiga, falta de aire y dolores musculares.
¿Por qué el coronavirus es más peligroso –aunque no exclusivo- en las personas de la tercera edad?
Las personas jóvenes tienen un sistema inmune más ­potente, las personas mayores son más vulnerables porque tienen menos defensas. Además, si tienen otros padecimientos crónicos los riesgos son aún mayores.
¿Qué medidas podemos tomar para evitar el contagio?
Las medidas de prevención están basadas en buenas prácticas de higiene, lavarse bien las manos con jabón, evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca sin haberse lavado antes las manos. Al toser o estornudar hay que ­cubrirse la boca con papel higiénico e inmediatamente desecharlo. Si la persona está infectada con cualquier virus respiratorio deberá usar una máscara en los  lugares públicos. Se aconseja el distanciamiento social y evitar las aglomeraciones.
El auto aislamiento en casa se ha recomendado para aquellos que son diagnosticados con el COVID 19 y para quienes están bajo ­sospecha de contagio.
¿Qué respuestas está dando la ciencia a la amenaza de esta nueva pandemia?
No existe actualmente un medicamento antiviral específico pero se está trabajando en el desarrollo de posibles medicinas. Todo lo que podemos hacer por ahora es prevenir las trasmisión.
Hay varias compañías privadas e institutos de investigación que están desarrollando vacunas. Hay también un programa internacional de cooperación y 3 posibles vacunas ya en desarrollo. Lamentablemente, los ensayos clínicos no estarán disponibles antes del 2021.
Ustedes, los médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud, están siendo los héroes principales en la batalla contra este enemigo común de la humanidad y ya se reportan varios casos de fallecidos enfrentando este peligro. ¿Cómo valora este servicio?
En realidad, los trabajadores de la salud son los verdaderos héroes frente a esta epidemia, enfrentando los riesgos de contaminación y hasta la posibilidad de morir. Los que escogemos esta profesión lo hacemos sabedores de que nuestro compromiso es curar al prójimo en cualquier circunstancia; el compromiso del médico es actuar siempre en beneficio del ser humano, y no perjudicarlo.
Dr. Molé, ¿qué significó para usted poder revalidad su título de Dr. en Medicina en Estados Unidos y ejercer la profesión a la que ha dedicado su vida?
Para mí fue un gran reto, un enorme desafío. La grandeza de este país es que te da la oportunidad de revalidar tu título. Todo depende del empeño y la perseverancia, de horas y más horas de estudio y dedicación para enfrentar los exámenes y después entrar al sistema de especialización. Pero después tienes la enorme satisfacción de integrarte al sistema y poder atender a nuestra comunidad, porque no hay dudas de que la comunidad hispana prefiere atenderse con un médico que hable el castellano para que la barrera idiomática no sea un impedimento a la hora de comunicarse con el médico.
¿Qué significa Tampa para usted?
Establecerme en Tampa me ha resultado muy gratificante, esta es una ciudad que está históricamente ligada a mi país, Cuba. Llegar a Tampa y ver en Ybor City los murales con los próceres de la independencia y poder visitar los lugares donde estuvo José Martí me ha resultado emocionante.
Yo vivo enamorado de esta ciudad que crece y se desarrolla vertiginosamente. Estoy infinitamente agradecido a nuestra comunidad por la confianza que depositan todos los que ponen en mis manos el cuidado de su salud.
Nota: El Dr. José Molé acepta casi todos los seguros médicos. Si usted está interesado en ser paciente suyo, puede llamar al teléfono 813-930 0930.






lunes, 24 de febrero de 2020

Entrevista a Nelson Gudín, comediante, poeta y escritor cubano


El poeta, escritor y comediante cubano Nelson Gudín nos visita en Tampa esta semana.  Tuvo el gesto de llegar hasta La Gaceta, donde hemos podido conversar con amplitud. Prácticamente todos los cubanos lo conocen por sus programas humorísticos en la television isleña, extendidos al mundo a través de Youtube y las modernas redes sociales. Muchos lo consideran uno de los mejores comediantes del  país, por la naturalidad, agudeza  y gracia con que ex- presa, casi con la inocencia campestre que proviene de sus orígenes, los problemas más complejos de la sociedad en que vive. Comienzo preguntándole por el seudónimo artístico con que hoy todos le conocen.
     Hoy la gente conoce más al Bacán de la vida que a Nelson Gudín.  ¿Qué te inspiró a elegir el nombre que más te identifica como  comediante?
En La Gaceta, Tampa. Foto de David Morales 
     No elegí el nombre, fue impuesto por el público. En mi pueblo existe la costumbre de apodar a ciertos personajes pintorescos: locos, borrachos consuetudinarios, mentirosos, cornudos, políticos, etc. Así se va insertando uno en el imaginario popular. Lo bueno de que un apelativo lo cree un grupo de personas, así, de forma espontánea, es porque han advertido en ti, instintivamente, un sello de autenticidad. Si eres igual a los demás, pasas inadvertido.
     Antes del  Bacán de la vida, ¿quién era Nelson Gudín?
     Un niño de campo lleno fantasías; había pocos niños en Durán: una aldea retirada de la Sierra Maestra, sin electricidad en aquel entonces. Después un adolescente común en Sevilla arriba: otra comunidad campesina hacia donde se fueron a vivir mis padres, con una vida social un poco más activa. Nada importante que contar. Y por último Bayamo. Allí fui con 14 años a estudiar, y tuve mi primer vínculo con la ciudad. Sin embargo, no podía desprenderme de ese aire retraído que todavía me acompaña. Por las características del trabajo que ejerzo, siempre me ha tocado enfrentarme a la soledad. Ando de pueblo en pueblo, en ciudades ajenas. Desde joven vivo como un extranjero, incluso en mi propio país. Bayamo, Camagüey, Sancti Spíritus, La Habana, Miami, etc.
     Durante los tiempos duros del llamado período especial en Cuba, tú andabas con tus proyectos literarios y teatreros itinerantes de la región oriental del país. ¿Qué fue lo más difícil para quienes intentaban hacer arte en aquellas condiciones?
     Lo más difícil fue salvarse. Y no hablo de la salvación física. Hablo de salvarse de los instintos más primarios que son los que afloran y, a veces, vencen. ¿Quién salva a Nelson Gudín Benítez? El poeta, el narrador, el hombre lleno de preocupaciones, de cuestionamientos éticos, filosóficos, políticos, morales... Me salvaron los libros, los míos y los de otros.
     El humor ha jugado un papel crítico con el poder político establecido en todos los regímenes, desde la antigüedad hasta hoy. Desde el entretenimiento, ha contribuido al pensamiento y mejoramiento de la sociedad en que actúa. ¿Cómo ves tu trabajo desde esta perspectiva?
     Siempre he tenido muy claro, como escritor y como humorista, que somos seres históricos y que la historia la mueven los políticos. Entonces, somos entes políticos. Yo cumplo con reflejar mi tiempo: sus contradicciones, sus ilusiones, frustraciones, aciertos. Y el futuro me va a juzgar por eso. Las culpas de nuestro mundo, de nuestra época, no la tendrán los cómicos, ni los pintores, ni los cantores. No me preocupa lo que puedan pensar los contemporáneos sobre mi papel o roll como artista. No me preocupan los críticos ni los poderes.
     En las últimas dos décadas, tu trabajo en la televisión cubana te ha convertido en una figura pública. ¿Qué espacios televisivos te han producido mayores satisfacciones?
     Todos,  los de Cuba y los de Miami. Asumo el trabajo con la mayor disciplina, respetando las políticas editoriales de los espacios para los que he tenido la oportunidad trabajar.
     ¿Qué papel has jugado en el Festival Nacional de Humor Aquelarre?
     He sido jurado en múltiples ediciones y también he participado como concursante.
También eres poeta y escritor. Háblame de tu obra literaria, tal vez menos conocida que tu labor de comediante.
     Mi literatura es mi vida. Yo soy lo que está en mis libros. Mis personajes humorísticos responden a una intención más inmediata de trasmitir una idea, o mover (con gracia) el pensamiento hacia ciertas zonas que la política deja al margen; pero mi literatura es una dimensión más elaborada de mis preocupaciones humanas. Hago poesía, narrativa, literatura para niños. Y he tenido la suerte de publicar algunas de mis obras.
     Sigues viviendo en Cuba, pero en Estados Unidos  te has creado también un público, esencialmente de origen cubano. ¿Qué significan para ti los viajes a Miami, Tampa y otras ciudades estadounidenses?.
     Tal vez deba responder con palabras del Maestro: “ Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy”. En Miami, y en los Estados Unidos en general, está la comunidad cubana más numerosa en el extranjero. Hay amigos, familiares, colegas. Yo disfruto mucho siempre que vengo, porque la gente me trata con mucho cariño y respeto. Y hablamos de literatura, de política, de los vivos y los muertos, de chismes de acá y allá. Siempre es una gran fiesta mi estancia en Houston, en Tampa, en Miami. Y también una guerra, porque no voy a todos los lugares que quisiera.
     ¿Qué otra experiencia internacional tienes?
     Aunque hay cubanos hasta en Singapur o Chipre, no he viajado mucho. Creo que los productores deberían explotar más esa ventaja que tenemos los cubanos de estar regados por medio mundo y crear una plataforma que nos permita llegar a la mayor cantidad de comunidades. He viajado poco, sólo a EE.UU., Dominicana y Venezuela. En los próximos meses tengo presentaciones en España e Italia y de seguro alguien se envalentona y me pide llegar a otras partes de Europa.
    ¿Qué piensas de las llamadas dos orillas de la cubanidad actual?
    ¿Dos orillas? Eso es un invento, una guerrita entre dos poderes, una conveniencia política, un negocio. Cubano es uno solo y no lo define nadie por ideología, raza, preferencia sexual o religiosa. La cubanidad está en los gestos, los hábitos, hay mucha historia desde que un español se revolcó con una aborigen, o una esclava, y hasta con su propia esposa y le nació el chama con carita de jodedor, para que venga alguien a hablar de orillas. Los más ilustres cubanos de la colonia vivieron y se formaron en Europa; después, en los Estados Unidos y más tarde, hasta en Rusia. ¿Y quién los cuestiona? Cuba lo que tiene es costas, no orillas.



jueves, 13 de febrero de 2020

El recuerdo de una habitación (cuento)

  El hombre es el recuerdo de una habitación, dijo el doctor Carlo Fell y en una tarde de ron palabrero me pareció mejor que lo del bípedo implume del griego, porque la ubicación en el ascenso biológico fue remitida a la compleja combinación cerebro-corazón, donde no puede caber gato por liebre si un sofista te muestra un pájaro encuero, con la ocurrencia de que ese es el hombre de Platón. Yo, atrapando el concepto, intenté despejar la abstracción abriendo rumbos al filosofar y dios sabe cuántas tesis etílicas habríamos armado, si al canto no hubiera estado el profesor Valentín Gutiérrez. Pero estaba allí, decidor, con su alegría contaminante y más que al tratadismo, se inclinó a la confirmación existencial. Dígame, doctor, ¿usted tiene una prueba para tan atrevida sentencia?, ¿no estará sobredimensionando la experiencia de un cuarto?
  La interrogante dio en el clavo. ¿Era su secreto lo que quería contar el doctor Carlo Fell?, ¿o la circunstancia lo atrapó al descubierto, creándole por primera vez la atmósfera de destapar un viejo recuerdo? Porque quedó pensativo, como desembrujando la aparición más sobrecogedora de un sueño que despertaba en la realidad. Y todavía, por la agudeza con que aquietó algún tabú, al decir en voz baja: de todos modos, la santa ya está en el cielo. Entonces cobró fuerzas para contarlo.
  Su nombre era Gregoria. Llegó a Manzanillo con treinta y un años de estreno, en una de las primaveras más milagrosas del milenio. Tal vez, por eso,  en muchas tardes aparece hasta en el agua de tomar. Nada es mejor, para una conquista de mujer, que un aguacero prolongado. Yo me echaba a la lluvia desde que reventaba la primera nube y ese día habría seguido hasta la última gota, si mis ojos no se hubieran encandilado con el relámpago de aquella diosa. Ella apenas se había humedecido, porque el cántaro de agua la encontró en un atrio vacío. Parecía una gacela acorralada, con el cuello estirado y la mirada temerosa, pidiéndole al cielo que escampara.  Salté a su lado, con las palabras ¡qué aguacero!, en el lugar donde albergaba ¡qué mujer!
“La tormenta” (1880). Pierre Auguste Cot
  Tres horas después, cuando la lluvia de palabras había sobrevivido a la del agua y  sabía una parte de su vida, caminamos, salpicándonos en los charcos de la calle, yo ansioso, nerviosa ella, a la habitación 322 del hotel Casa Blanca. Llevo tres días hospedada, dijo, con el argumento de estar cerrando la compra de una casa en la ciudad. Desde el zaguán, yo venía admirándola, deteniéndome en su estatura mediana, delgada, en la piel arisblanca, en los ojos de mar y el pelo largo tendido a pocos centímetros de las nalgas redondas, dibujadas hasta la adivinación detrás de la tela negra del vestido; en la redondez de los muslos, las curvas del pubis, los senos de punta detenidos por el sujetador, la boca grande, toda Gregoria, que fui envolviendo de palabras, miradas, ganas,  mientras ella abría más pedazos de su camino:  que venía de la costa,  por la orilla del mar, donde diez años atrás se había casado con amor; que el flechazo de entonces tuvo la fuerza de desviarle la vocación, renunciando a una escuela normalista donde se  habría hecho maestra. Pero yo, más que en el sentido de las palabras iba fijándome en la horma jugosa de su boca, cuando ella  atajó mi primer impulso en la escalera hacia la habitación.
  El desenfado con que cerró la puerta no supe acoplarlo con la confesión aún caliente: en mi alma ha existido un solo hombre y lo traigo conmigo. Contuve la agudeza ¿y en tu cuerpo?, pues la evaluaba con el machismo de la tierra, por alcanzarme un aguacero  –largo, verdad– para rendirla. El final de la confesión resultó más inquietante, pues en lo de traerlo consigo flotaba un peligro inminente, cuando el adulterio se espantaba a machetazos. Desmandé, al vuelo, mi deje natural a lo hipotético: lo había traído a la ciudad y aprovechando una ausencia temporal, me colaba en el lecho.  Alea jacta est, me animé y ya iba a aflojar el pantalón, por la espina del poco tiempo, cuando cerró mi gesto y abrió, sin miedos, la ventana del balcón, respirando un chorro de aire húmedo, con cuya fuerza dijo: Dios sabe cuánto lo quise. Levanté la hipótesis errada y permanecí acechante, mirándola embelesada, con sus ojos no atentos a la tarde en fuga, ni a mis ojos buscándola,  sino a la mesa del cuarto donde tenía un neceser cuadrangular y un búcaro de príncipes negros.
  Bloqueándola con la mirada,  armé la segunda conjetura:  lo traigo conmigo remitía su presencia al espacio del alma, con lo que quedaba  desechado el posible adulterio. Disipado el riesgo de los triángulos, respiré hondo, alabando el campo abierto a la posesión, sin peligros cuando nos perdiéramos en la cama, donde llegamos con la luz del anochecer.
  Ningún ser nacido ha definido las palabras exactas que definen el tempo feliz. Fue aquella habitación,  el summun  del acoplamiento, el espasmo de la penetración, el intercambio de la posesión. No voy a  contar la sensación de verla desnudarse con mis manos, perdiéndonos en la boca del cielo, ovillada a mi cuerpo al tenderla en el reino de la sábana blanca. Todos los nervios, sangre, músculos, células y poros de los cuerpos sumados, hechos órgano penetrante y penetrado, engarzados en el delirio de venirse arriba, de venirse abajo, con las palabras, escalofríos, temblores, suspiros, mordeduras, mugidos, torcedura, ternezas y estiramientos del derramamiento desbravador.
  Cuando la respiración volvió a su lugar, percibí el primer ataque de ese brujo inapresable que se llama amor. Lo adiviné cuando las yemas de mis dedos rebasaron la ruta tibia de su espalda, queriéndola absolutamente para mí. ¿Será únicamente mía?  ¿Alguien más podría dibujarla? Sin cachazas para la duda, desaté el nudo de la garganta: ¿Por que dijiste, amor, que al hombre de tu vida lo traes contigo? Me miró compasiva,  se oprimió los ojos con la punta de los dedos, como exorcizando la visión de un espíritu en la madrugada. Entonces los fijó otra vez en la mesita del cuarto, donde un rayo de luna semejaba el capricho de una forma humana en la tapa del neceser. Entonces dijo, muy despacio: ¿Ves ese cofre sobre la mesa, forrado de tela gris?  Es mi marido. Murió hace tres años y no quise dejarlo en el cementerio de allá. Y, como al fin presiento que no me iré de esta ciudad, en cuanto amanezca lo llevo al Campo Santo, a que descanse en paz.
  *Tomado de mi libro De ceca en meca. Editorial Betania, Madrid, España, 2010. Si desea obtener un ejemplar, puede conectarse con el autor (gcartaya@lagacetanewspaper.com).

martes, 31 de diciembre de 2019

¡Feliz 2020 a todos!


     Probablemente el vocablo más reiterado durante la Navidad y advenimiento de un nuevo año sea el sustantivo abstracto felicidad, sea en singular, plural u otra de sus variantes gramaticales (feliz, felicitar, felices, felicitación).
     Para la academia de la Lengua Española esa voz indica el “estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien”, sin especificar si el mismo es de índole material o espiritual, seguramente porque el nivel de satisfacción adquirido a que remite el “mataburros” corresponde a la naturaleza de cada quien. La Academia agrega otras acepciones como experimentar gusto, contento, satisfacción, suerte, gozo, identificadas con la sensación de felicidad, aunque tampoco define su temporalidad.
     Es evidente que el alcance de una meta deseada produce en el ser humano una especie de regocijo que se identifica con la felicidad, especialmente cuando el objetivo cumplido tiene un relieve personal y mejor si conlleva un alcance colectivo.
Jan Havicksz. La familia feliz
     A pesar de estas digresiones generales, en la conceptualización de una palabra que en su origen latín se pronunciaba felicitās-ātis,  según la asunción de cada quien hay tantas variantes como personas. Para algunos la felicidad no existe, sino solamente momentos felices. Otros tocan el extremo de no reconocer siquiera la posibilidad de esos instantes.
     De la multiplicidad de opiniones, han surgido refranes para avalarlas. “La felicidad es como un eco, contesta pero no viene a nosotros”, dicen algunos, incapaces de aprehenderla. Otros, más cuidadosos, han comparado a la felicidad con los relojes, al creer que “los menos complicados, son los que menos se estropean”.
     Aunque no hay sabios con poder suficiente para determinar si existe o no la felicidad, es oportuno oír la voz de figuras relevantes del pensamiento universal, al pronunciarse sobre esta condición. La sagacidad de Aristóteles fue grande al afirmar, hace más de 23 siglos,  que “sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego”. Benjamin Franklin entró al siglo XIX entendiendo que  “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.
     Filósofo al fin, Jean Paul Sartre sintetizó esta cualidad con un inteligente juego de palabras: “Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”. Parece que Voltaire no tenía claro dónde encontrarla, pero sabía que existía, por lo que la comparó con aquellos borrachos que no encuentran su casa, “sabiendo que tienen una”. Albert Camus fue más perspicaz, al hacerla depender de uno mismo: “Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero si no hacemos nada, no habrá felicidad”.
     Con todo, me quedo con la profundidad insustituible de los poetas y grandes escritores. “Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad”, nos advirtió José Martí, quien también identificó el ser feliz con la apropiación cultural y el ejercicio de la libertad del individuo. Gabriel García Márquez, con la belleza poética de su prosa y buceo insondable del ser humano, comprendió que “no hay medicina que cure lo que no cura la felicidad”.
     No existen recomendaciones para ser feliz, pero si  me fuera dable sugerir algún atajo que nos acercara a ella, no dudaría en afirmar que en las relaciones interpersonales positivas descansa su fuente de mejor caudal. Sé que algunos han alcanzado el capital monetario que se propusieron, sin conseguir la armonía dentro del hogar; que otros han subido al carro del poder político sin la sinceridad de un amigo, que aquel llegó al estrellato farandulero sin un verdadero amor y, al final, dinero, poder y fama se desvanecieron, sin legar algo trascendente siquiera a la familia y la amistad.
   Sé, y agregaría a la sugerencia, que en la lectura de un poema, en la arena y el sol, en la noche profunda y el silencio, en la bulla del gentío, en la espuma de una cerveza, en la risa y la meditación, en la mano extendida y el abrazo, abunda la felicidad.
   Felicidades a todos en el veinte veinte que ya está con nosotros y en el que, obrando bien, se hace espacio a la dicha.




jueves, 26 de diciembre de 2019

Conversación con el antropólogo mexicano Andrés Latapí Escalante


Esta semana nos visita en Tampa Andrés Latapí Escalante, profesor de Antropología Médica en la Universidad Nacional Autónoma de México. El profesor Lapatí tiene una larga experiencia en la enseñanza y aprendizaje de la Antropología Aplicada en su país y ha realizado investigaciones y publicaciones relevantes sobre las comunidades campesinas e indígenas mexicanas.
    Asimismo, el académico mexicano cultiva una vertiente posmoderna de esta ciencia, relacionada con una nueva mirada a las obras de arte desde la perspectiva antropológica, lo que ha determinado su interés en la creación pictórica y escultórica del artista Carlos Arturo Camargo Vilardy. Al expresarle nuestro interés en una entrevista para esta columna, accedió con gentileza a nuestro deseo.
En La Gaceta, conversando con Lapatí y Camargo

¿Qué le motivó a visitar Tampa?
Me he dedicado a la difusión cultural durante muchos años. Un día un amigo pintor me invitó a una de sus exposiciones. Al presenciarla, quise ver lo que el pintor no había podido decir. Entonces, en el momento en que empezaban a salir los personajes del creador, comencé a darles otra vida. Ese trabajo le gustó mucho a los pintores. Entonces me propuse venir a Tampa, pues tenía conocimiento de la obra del pintor Carlos Arturo Camargo Vilardy y me propongo darle otra interpretación, desde la perspectiva antropológica, de lo que a partir de sus cuadros sucede en Tampa, o en su Barranquilla colombiana. Esa perspectiva cultural nos ayuda a sentir la misma esencia del arte.
¿Es una tendencia nueva dentro de la Antropología?
Sí, es una tendencia posmodernista de la Antropología, a la que algunos llaman antropología de ficción. Es considerada como ontología, desde la perspectiva de cómo se ven las cosas desde la mirada del otro. O sea, nosotros analizamos cómo vemos nosotros a  las comunidades indígenas y sobre cómo ellas nos ven a nosotros. Hacemos una especie de síntesis sobre cuáles son los puntos de convergencia y de divergencia en esa relación.
¿Qué experiencias de trabajo tiene usted con las comunidades indígenas de México?
Conozco todo mi país. Conozco prácticamente todos los grupos. He trabajado mucho con las comunidades de Oaxaca, con los zapotecos, con los grupos de matlazincas.
¿Algunos de esos grupos se expresan únicamente en sus lenguas nativas?
La mayoría de esos grupos ya tienen conocimiento del español, aunque muchas de esas comunidades conservan sus lenguas originarias, como los otomís, por ejemplo.
¿En qué parte de México?
En el centro. El grupo más grande es el de los nahuas. Hablan su lengua nativa y son alrededor de 2 millones, así es que mira su dimensión. También hablan sus lenguas propias los zapotecos y los mixtecos.
Como antropólogos, nuestra responsabilidad es ofrecer la parte conceptual sobre cómo nos entendemos, cómo entendemos al otro. Nos enfocamos en nuestros grupos indígenas, que son 69. Para cualquier clasificación, lo primero es saber cómo hablan, piensan y sienten,  las organizaciones sociales que tienen la herencia, la relación familiar, el matrimonio.
¿Qué objetivo central se plantean al estudiar las comunidades indígenas?
Ahora es un reto importante entender a los grupos indígenas y su manera de pensar. Por ejemplo, comprender cómo piensan en el tema sobre el uso del agua y sus rituales  de sacralización alrededor de ella. El agua es un problema muy serio, de agotamiento, contaminación y de cambio de fuentes. Hoy existe una preocupación que genera lo que se conoce como estrés hídrico, que se extiende a varias regiones del mundo.
¿Cómo afecta la violencia a las comunidades campesinas e indígenas?
Hay mucha presión determinada por la enorme desigualdad. No hay oportunidades para muchas comunidades. A los antropólogos nos corresponde contribuir a abrir espacios culturales  y de todo género en ellas, lo que disminuiría la violencia.
¿Y la violencia sobre la mujer?
Sí, hay una terrible violencia sobre la mujer y ha sido difícil erradicarla. Todavía prevalecen muchas conductas de machismo e intolerancia. En estamentos de la sociedad se cree todavía que la mujer debe trabajar en la casa, en la cocina, no en la calle. Pero yo creo que la sociedad va cambiando, tomando conciencia y la nueva generación será más justa, también con la mujer. Ahora mismo,  yo tengo más alumnas que alumnos, tenemos directoras, lo que es muy prometedor.
En la cancionística tradicional mexicana, especialmente en los corridos, hemos visto esa expresión de violencia y machismo…
Claro, los cantares siempre han expresado lo que está sucediendo en una sociedad, es una forma de comunicar lo que está ocurriendo. Entonces, la gente se entera por las canciones, especialmente en la radio donde no se lee mucho y prevalece la oralidad, de lo que está ocurriendo. Pero también tenemos extraordinarias canciones de amor y del ser amistoso y solidario de los mexicanos.
¿Existen programas con apoyo estatal e institucional encaminados a la solución de esos problemas?
No los suficientes como quisiéramos. Está el Instituto Nacional Indigenista y de Antropología, pero no tiene la fuerza necesaria para incidir en todas las comunidades. En el país somos hoy cuatro mil antropólogos, distribuidos en más de diez universidades, especialmente dedicados a la antropología académica.
¿Cuál es su campo de investigación en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México?
Hacemos antropología vinculada a la salud humana, sobre las diferentes formas de entender la salud, desde los mitos alrededor de ella, hasta el autocuidado o el uso de las plantas medicinales. Es entender el concepto que tenemos sobre el ser humano. Los médicos tienen un concepto relacionado con el funcionamiento del cuerpo, mientras los antropólogos nos preocupamos por la evolución del mismo, su historia, su sicología, actitud, comportamiento, en fin, su historia. Podemos apreciar los cambios del cuerpo cuando es sometido a una situación diferente y observamos como la cultura se relaciona con la salud.
Cómo antropólogo, ¿cómo  aprecia la situación política de México en la actualidad, cuando el presidente Manuel López Obrador habla de ampliación de los programas sociales?
Bueno, México es un país con muchas contradicciones.  Ahora hay una coyuntura muy interesante para el trabajo del antropólogo y es, primero, observar cómo se están dando los cambios. Creo que se están abriendo oportunidades que pueden influir en cambios estructurales. Todavía no se aprecian financiamientos que influyan en las comunidades, pero se están creando condiciones que podrían facilitarlos.
¿Cómo ve el futuro de la humanidad ante tantos desafíos?
Es difícil, pero lo veo con esperanza. Yo creo que las nuevas generaciones tienen la voz para los cambios estructurales necesarios. Tengo esperanzas porque veo a los jóvenes con mucha capacidad para enfrentar los nuevos retos. Hoy las comunicaciones han logrado que todos nos veamos la cara diariamente y eso tiene que dar un resultado positivo.
Volvamos a la razón de su visita a Tampa. ¿Cómo aprecia la obra del pintor y escultor Carlos Camargo?
La obra de Carlos tiene mucha soltura y, sobre todo, hay algo en ella que me atrae: esa relación entre el vacío en sus dibujos, en  sus mares y peces, da la impresión de que la pintura se está creando a sí misma. Tiene un gran manejo del color, de la parte figurativa y expresiva. La levedad del círculo de los equilibristas da la impresión de que podemos mantenernos en el vacío del que nunca nos caemos. Nos está diciendo como artista, lo que él quiere que veamos.
Me propongo publicar un folleto con una visión antropológica sobre la obra de Camargo, con una interpretación cultural de la ficción. Me entusiasma lo que hizo Ray Bradbury desde el género fantástico, desde la ciencia ficción. Yo creo que la antropología puede tener esa capacidad de ver hacia adelante, como la ficción de Bradbury, sintiendo que es el arte el que nos permite avanzar, vislumbrar y construir el futuro.
¿Qué le ha parecido Tampa?
Primera vez que vengo y me encanta. He hecho estudios sobre el Golfo de México y desde que vi la bahía de Tampa en los mapas de los cartógrafos españoles, me pareció extraordinaria. Ahora estoy disfrutando lo que más me gusta que es su gente. De Ybor City, me parece extraordinario el proyecto de reconstrucción que están desarrollando y el intento de recuperar su estética original.
                                     Publicado en La Gaceta, Tampa, 27 de diciembre, 2019.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Despedida a David A. Straz Jr.


El pasado lunes, 18 de noviembre, la población de Tampa recibió una triste noticia, cuando diferentes medios de comunicación anunciaron la muerte de un relevante hijo adoptivo de la ciudad, el conocido filántropo David A. Straz Jr.
Su apellido, grabado en la alta fachada del edificio que ocupa el centro de artes escénicas más grande de la localidad, lo hace permanentemente visible a los miles de tampeños y visitantes que pasan por el imponente lugar.
En los meses pasados, también el nombre de David Straz estuvo en cientos de carteles distribuidos por Tampa, porque el ejemplar ciudadano fue aspirante al cargo de Alcalde de la ciudad y resultó ser el segundo candidato más apoyado por la población electoral. Straz habría sido un eficaz conductor político de nuestra ciudad.
En todas las noticias que han registrado el inesperado óbito de Straz, a los 77 años de fecunda existencia, la palabra filántropo acompaña los titulares, como indicando un rasgo de su personalidad muy distintivo. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se sintetiza la filantropía como “amor al género humano”, reconociendo en quienes lo practican su servicio a la comunidad. Es lo que se corresponde con la vida y la obra del hombre que ahora culmina su trayectoria física en la tierra y la sensibilidad del pueblo lo ha captado con el merecido calificativo.
Aunque no nació en Tampa, David Straz Jr. la sintió su ciudad y en las últimas cuatro décadas contribuyó extraordinariamente a su florecimiento material, cultural y espiritual. Por ello su nombre queda, no sólo en el centro de artes escénicas que lleva su nombre en gratitud a la elevada donación financiera que hizo a su favor, sino también en el Straz Hall, una residencia de la Universidad de Tampa, en el Centro de cuidado de manatíes David A. Straz Jr., situado en el  Lowry Park, así como toda contribución, incluyendo la de una sonrisa, que hizo en vida para la felicidad de los demás.
Conocí personalmente a David Straz Jr. en las afueras de la sala Morsani del Straz Center, cuando me lo presentó Albert Fox. En ese instante, terminábamos de disfrutar una obra presentada magistralmente por la Compañía del Ballet Nacional de Cuba y acudíamos al brindis dedicado al flamante elenco artístico. Todos sabíamos, entonces, que la presencia de esa alta muestra del arte cubano fue disfrutada porque David Straz Jr. lo hizo posible. Unos meses atrás había estado en La Habana, animado con el avance de las relaciones entre los dos países que estaba impulsando el entonces presidente Barack Obama. Straz invitó a  Alicia Alonso y, aunque la mejor encarnación de Giselle no pudo asistir porque, a su avanzada edad, la salud ya no la acompañaba, tuvimos en Tampa su compañía danzaria. Cuando le di la mano, sentí en la suya el calor de un hombre bueno, no la de un millonario.
El hombre que a los 25 años de edad compró un banco en Wisconsin para iniciar su carrera en los negocios, fue el mismo que en 2009 donó varios millones para el  Centro de Artes Escénicas de la bahía de Tampa. El mismo hombre que a los 75 años quiso ser Alcalde de la ciudad, no para vivir de ella sino para servirla, acaba de morir. Pero Straz vivirá eternamente entre los hijos agradecidos de esta ciudad que hizo suya y en las múltiples huellas, materiales y espirituales, que nos ha legado.  ¡Gloria eterna al benemérito David Straz Jr.!





viernes, 15 de noviembre de 2019

La Habana cumple 500 años


Esta semana se está celebrando el 500 aniversario de la fundación de La Habana, una de las más míticas y hermosas ciudades que surgieron en América con la conquista española del Nuevo Mundo.
A los festejos asisten los Reyes de España, como un símbolo de lo mejor que incorporó la nación europea a la capital de la mayor de las Antillas, que se expresa en la cultura, el idioma y la idiosincracia como uno de los elementos principales de la cubanía. Ello, y no los conflictos que enfrentaron a los dos países a fines del siglo XIX, ni los que pudieran existir entre modelos políticos distintos, es lo trascendente.
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Desde esta columna, nos sumamos a la celebración publicando algunos poemas dedicados a La Habana, porque nada como la poesía expresa la sensibilidad con que la ciudad queda en quienes la conocen, la sienten, la viven.
Muchos opinan que el primer poema conocido que se dedicó a la capital cubana fue escrito por José Martín Félix de Arrate y Acosta (1701-1765). Arrate, quien nació en esa ciudad, está considerado uno de los primeros historiadores de la Isla, por su obra Llave del Nuevo Mundo. Antemural de las Indias Occidentales, escrito a mediados del siglo XVIII, cuando era Regidor perpetuo del Ayuntamiento de La Habana. Su poema es el siguiente:
Aquí suelto la pluma ¡oh patria amada
noble Habana, ciudad esclarecida!
pues si harto bien volaba presumida,
ya es justo se retire avergonzada.
Si a delinearte, patria venerada,
se alentó de mi pulso mal regida,
poco hace en retirarse ya corrida,
cuando es tanto dejarte mal copiada.
Más si aun así ha logrado desairarte,
pues si tanto hijo tuyo sabio y fuerte
en las palestras de Minerva y Marte
te acreditan y exaltan, bien se advierte
que donde han sido tantos a ilustrarte,
no he de bastar yo solo a oscurecerte.
Gabriel de la Concepción Valdés "Plácido" (1809-1844), uno de los poetas más importantes del Romanticismo en Cuba, enamorado de su ciudad natal, le dedicó el bello poema al que llamó “La Habana”:
    Mirad La Habana allí color de nieve,
gentil indiana de estructura fina,
Dominando una fuente cristalina,
Sentada en trono de alabastro breve.
Jamás murmura de su suerte aleve,
Ni se lamenta al sol que la fascina,
Ni la cruda intemperie la extermina,
Ni la furiosa tempestad la mueve.
¡Oh, beldad!, es mayor tu sufrimiento
Que este tenaz y dilatado muro
Que circunda tu hermoso pavimento;
Empero tú eres toda mármol puro,
Sin alma, sin calor, sin sentimiento,
Hecha a los golpes con el hierro duro.
Claro que cientos de poetas han dedicado conmovidos versos a La Habana. Hemos visto una muestra del siglo XVIII y otra del XIX. En el siglo XX, uno de los más grandes poetas nacidos en esa bella ciudad,  José Lezama Lima,  dedicó muchas páginas a ella. El poema que elegimos para sumarlo a esta celebración, él lo nombró “Bahía de La Habana”:
Al pie de las murallas
el aire tartamudo
desliza sus sirenas,
plata mansa sin hoy
mana sus lunares
entre lunas cansadas
sin balcones. ¿Qué será,
qué será? bajo el arco
y pestañas, la tarde,
-codorniz de ceilán-
rompe en flechas sus co
lores.
Descuidas las islas
pie ligero y concha reciente,
de sonrisas y flautas,
sobre faldas tan lindas
pasajeros con cintas
y mañanas redondas!
verdinegros incógnitos
los celos de la noche
¿qué será, qué será?
el alfiler del rocío
redobles del aire tierno,
se extingue en ay, ay, ay, ay.
La sorpresa de la rosa en el
agua,
vida entre vidas,
la rechazan las olas
con heridas sin gritos.
Las estrellas se mecen
al compás que no existe
del agua amanecida,
y así puede mecer
a los niños de Arabia,
con heridas y gritos.
Y loca entre balcones
la tarde recurvando,
empina entre algodones
su voz que ni se escucha
perdida entre latidos:
¿qué será, qué será?