miércoles, 29 de marzo de 2023

Sotero Figueroa, tan puertorriqueño como cubano

 Cuando se habla de la contribución de Puerto Rico al proceso independentista cubano en el siglo XIX, generalmente se piensa en algunas figuras que ocuparon altos cargos en el Ejército Libertador, como es el caso del general Juan Rius Rivera, el coronel  Guillermo Fernández Mascaró o el teniente coronel Modesto Tirado, por solo mencionar algunos de los más de 300 boricuas que se incorporaron a las tropas que peleaban por la libertad de Cuba.

Sin embargo, esta vez quiero referirme al periodista puertorriqueño Sotero Figueroa, quien no fue miembro de las fuerzas armadas libertadoras, pero desde Nueva York apoyó la organización del  estallido armado en Cuba bajo la conducción de José Martí, de quien fue amigo  y uno de sus más cercanos colaboradores.

Figueroa llegó a la gran urbe estadounidense en 1889, con 38 años de edad, siendo ya una figura reconocida de las luchas puertorriqueñas frente al despotismo de la metrópoli española. Nació en Ponce,  pobre y con piel mulata por su ascendencia afroamericana. Ya joven, aprendió el oficio de tipógrafo, profesión que le abrió el camino al periodismo, desde el que manifestó sus opiniones políticas a favor de cambios en el régimen de dominación española en Puerto Rico. En 1887, su nombre aparece entre los fundadores del Partido Autonomista de su  país, creyendo –como el autonomismo cubano–  que esta vía podría facilitar reformas socioeconómicas y políticas a favor de la Isla.


En 1888, escribió una obra titulada Ensayo biográfico de los que más han contribuido al progreso de Puerto Rico, de gran importancia hasta nuestra fecha para el estudio de diversas figuras que marcaron momentos significativos de la historia de su pais. Sin embargo, después de su llegada a Nueva York  se entrega a la lucha por la solución independentista que en la gran urbe estadounidense están planteando juntos cubanos y puertorriquenos. En ese movimiento, del que es José Martí el guía supremo desde la fundacion del Partido Revolucionario Cubano (PRC), Sotero ocupa  un lugar cimero, al lado del Apóstol cubano. Desde estas filas, en 1892, fue uno de los principales organizadores del Club Borinquen, el primero de varios clubes puertorriqueños que fueron integrándose al PRC, en cuyos  estatutos se incluía fomentar la independencia de la isla hermana.

Desde ese momento, Figueroa está al lado de los principales líderes del partido martiano y aunque prestó servicios importantes en toda su actuación,  es en el marco editorial donde más sobresalieron sus aportes. Desde sus primeros tiempos en Nueva York fundó la Imprenta América, donde se publicaron importantes periódicos  –El Americano y  El Porvenir, entre otros–, pero vino a ser la edición del periódico Patria, fundado por Martí el 10 de abril de 1892, donde su colaboración al proyecto independentista antillano cobró mayor relieve histórico.   Es precisamente en Patria donde Figueroa publicó su ensayo “La verdad de la historia”, donde ubica las aspiraciones emancipadoras del pueblo puertorriqueño  en el marco de la unidad antillana.

La labor de Figueroa como editor e impresor de Patria le ofrece un sitial de honor al lado de José Martí, quien lo consideró un verdadero amigo. Hay muchas cartas del cubano al ilustre puertorriqueño, pero hay dos que quiero citar.

La primera, del 12 de diciembre de 1890, porque es entre poetas. El entonces presidente de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en Nueva York, le  escribe al puertorriqueño: “Mi amigo y  mi poeta, de seguro nos juntamos mañana y le he dicho a los pocos que se han de reunir que usted llevará versos nuevos en el bolsillo”. La otra, fechada en octubre de 1893, ofrece la profunda reflexión política que comparten: “Valgámonos a tiempo de toda nuestra virtud, para levantar, en el crucero del mundo, una república sin despotismo y sin castas”.

Después de la muerte de Martí, Figueroa se mantuvo como editor de Patria. Después de terminada la guerra, cuando Puerto Rico transita de la dependencia española a la estadounidense y en Cuba se abre el camino  al establecimiento de una pronta República, Figueroa decide vivir en la mayor de las Antillas. Fue recibido con beneplácito en el país al que tanto aportó y al crearse la Gaceta Oficial de la República fue designado su  director. Además de su trabajo en este medio, dio a conocer sus escritos en diferentes periódicos, los que tal vez un día puedan agruparse en un libro que reúna su obra. También publicó poemas y artículos dedicados a su país de origen, muchos de los cuales aparecieron en  la revista  semanal Puerto Rico Ilustrado, entre 1911 y 1915.

El 5 de octubre de 1923, a los 72 años de fructífera existencia, se extinguió la vida de Sotero Figueroa en La Habana. Sus restos descansan en la necrópolis de la ciudad, donde otros puertorriqueños también sienten la paz que envuelve el espíritu de las dos islas allegadas.

 

 

viernes, 17 de marzo de 2023

Cuba y Puerto Rico son...

 Cuando se habla de la relación entrañable entre Cuba y Puerto Rico, casi siempre se recuerdan los versos Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas. Los octosílabos felices fueron escritos por una mujer que nació en Puerto Rico y murió en Cuba, por lo que, en ella, las dos islas amadas sostuvieron espiritualmente el vuelo hacia lo alto de su creación.

La poetisa Dolores Rodríguez de Astudillo y Ponce de León está inscrita entre las principales figuras de la literatura puertorriqueña. El apellido Tió vino de su esposo, porque el suyo materno –Ponce de León–, viene desde el conquistador español que en 1508 llegó por primera vez a la isla que llamó San Juan de Puerto Rico. Ella nació en San Germán, el 14 de septiembre de 1843. A los 20 años se casó con Bonocio Tió Segarra, con quien tuvo dos hijas. Pero lo que hizo trascendente a Lola fue su inclusión en las letras, vida cultural y política de su patria desde  la juventud. Su oposición declarada al gobierno español que dominaba la Isla determinó que fuera desterrada más de una vez. La primera fue a Venezuela y la segunda a Cuba, donde vivió la primera vez entre 1889 y 1895, año en que tuvo que marcharse al declarar su entusiasmo con el reinicio de la Guerra de Independencia.

Se trasladó a Nueva York, donde se insertó en el apoyo a la revolución independentista cubana y puertorriqueña, como había establecido José Martí desde la creación de un partido que también concebía la liberación de la patria natal de Lola Tió. Allí la nombraron Presidenta Honoraria del Club Rius Rivera, nombre de un comandante puertorriqueño que peleaba en la Guerra de Independencia de la mayor de las Antillas. Asimismo, entre 1895 y 1898 fue secretaria del Club Caridad, enfocado en el socorro a los combatientes cubanos y que, a su vez, fue un firme apoyo en la organización de la Cruz Roja.

En 1899, ya terminado el conflicto bélico, la poetisa regresó a La Habana, donde fue nombrada Inspectora de Escuelas Públicas.

En las primeras décadas del siglo XX, la puertorriqueña fue una figura importante en la vida cultural cubana. En 1910, la nombraron miembro de la Academia de Artes y Letras de Cuba. En 1915, visitó su Isla del Encanto, donde se le prodigó tan entusiasta recibimiento que muchos lo consideraron un acontecimiento nacional. Pero regresó a La Habana, a ese segundo país que en su corazón estaba junto a Puerto Rico. En 1924 enfermó y murió el 10 de noviembre de ese año. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio Colón, en la capital cubana, donde  descansan sus restos.

En la obra literaria de Lola Tió, la presencia de Cuba fue muy temprana, como lo muetra su poema “La borinqueña”, dedicado al momento en que casi coinciden los dos levantamientos independentistas: el de Lares en Puerto Rico –el 23 de septiembre de 1868–,  y el de La Demajagua en Cuba, el 10 de octubre de ese año.  Su bello poema canta: “Bellísima Borinquen /a Cuba hay que seguir”.

Pero es el poema “A Cuba”, el más famoso de Tió, tal vez más conocido que ella misma, pues muchos de los que lo citan no lo  identifican con su nombre. Lo dio a conocer en 1895, al recitarlo en el Teatro Tacón de La Habana. De hecho, el poder colonial percibió el mensaje (reciben flores o balas, sobre el mismo corazón), por  lo que tuvo que abandonar la Isla.

           A Cuba

¡Cuba, Cuba, a tu ribera

llego triste y desolada,

al dejar la patria amada

donde vi la luz primera!

¡Sacude el ala ligera

la radiante inspiración,

responde mi corazón

en nobles afectos ricos,

la hija de Puerto Rico

lanza al viento su canción!

 

¡Mas las nieblas del olvido

no han de empañar los reflejos

del hogar que miro lejos

tras de los mares perdido!

 ¡Otro aquí vengo a formar

y ya no podré olvidar

que el alma llena de anhelo,

encuentra bajo este cielo

aire y luz para cantar!

 

¿Cómo no darme calor

la hermosa tierra de Tula,

donde al horizonte azula

y da a los campos color?

¿Cómo no encontrar amor,

para colmar el poeta

las ansias de su alma inquieta,

aquí, donde esplende el arte

y en abundancia reparte

las tintas de su paleta?

 

¡Nieble pléyade cubana

que entre sombras centellea!

¡Dulce musa de Zenea,

flor que se agotó temprana!

Tras de la estela lejana

mi inspiración adivina,

la figura de Cortina

que con acento vibrante

dice a tu patria: ¡Adelante!

¡No te detengas! ¡Camina!

 

Yo no me siento extranjera:

bajo este cielo cubano

cada ser es un hermano

que en mi corazón impera.

Si el cariño por do quiera

voy encontrando a mi paso,

¿Puedo imaginar acaso

que el sol no me dé en ofrenda,

un rayo de luz que encienda

los celajes de mi ocaso?

 

¡Vuestros dioses tutelares

han de ser también los míos!

Vuestras palmas, vuestros ríos

repetirán mis cantares…

Culto rindo a estos hogares

donde ni estorba ni aterra

el duro brazo que cierra

del hombre los horizontes…

¡Yo cantaré en estos montes

como cantaba en mi tierra!

 

Cuba y Puerto Rico son

de un pájaro las dos alas,

reciben flores o balas

sobre el mismo corazón…

¡Que mucho si en la ilusión

que mil tintes arrebola,

sueña la musa de Lola

con ferviente fantasía,

de esta tierra y de la mía

hacer una patria sola!

 

¡Le basta al ave una rama

para formar blando lecho;

bajo su rústico techo

es dichosa porque ama!

¡Todo el que en amor se inflama

calma en breve su hondo anhelo;

y yo plegando mi vuelo,

como el ave en la enramada,

canto feliz, Cuba amada,

tu mar, tu campo y tu cielo!

 


lunes, 27 de febrero de 2023

Conversación con el poeta Javier Campos

 No siempre las ciudades se benefician con el aumento de sus políticos, pero siempre se enriquecen cuando se les suman poetas. Por ello, los aires de la bahía de Tampa se han favorecido con la mudanza a Spring Hill del poeta Javier Campos, nacido en Chile, único país de América que cuenta con dos premios Nobel de Literatura, gracias a la grandeza de su poesía. Si Gabriela Mistral y Pablo Neruda prestigiaron su país a partir de sus versos, ahora Campos reafirma con la excelsitud de los suyos el hondo legado lírico de sus orígenes.

Antes de conversar con él, ya sabía que el escritor es profesor universitario jubilado, ha publicado varios libros en los géneros de poesía, novela, cuentos y ensayo y ha merecido diversos premios por sus letras. Asimismo, ha sido un excelente traductor al español de la obra del prestigioso poeta ruso Yevgueni Yevtushenko, de quien fue un buen amigo. Pero este introito necesario se limita a solo algunos elementos de presentación, para que sea Javier quien, al responder brevemente a nuestras interrogantes, nos hable un poco de su obra. 

¿Qué motivos impulsaron al escritor, profesor y ensayista chileno Javier Campos a mudarse a un pequeño poblado floridano llamado Spring Hill?

Fue el jubilarme de la universidad en Connecticut donde enseñaba. Podría haber seguido enseñando más tiempo, pero la pandemia motivó querer cambiar de vida. Enseñar vía online fue también motivo del cambio. Además, quería un clima cálido y más sol cada día.

Confieso que aprendí sobre la historia del tango gracias a tu libro El tango en el Río de La Plata, publicado en Buenos Aires en 2019. ¿Cómo llegó el chileno a una historia profundamente argentina?

Es una historia que, en cierta manera, y ficticiamente, está narrada en mi novela El bailador de tango (Casasola, Washington, 2018). Hace mucho tiempo deseaba aprender a bailar tango (yo ya bailaba música caribeña antes) pero el tango es otra cosa. Debes tomar clases para poder bailarlo porque el tango es un cuerpo con cuatro piernas. Es un baile caminado de dos personas abrazadas al compás de una música generalmente nostálgica. Por allí empecé a entrar en su historia, en el mundo de baile de bailarines, cantores y orquestas de tango. Además, ser académico me estimuló el deseo de saber más y querer investigar esa manifestación cultural popular que solo nace en El Río de la Plata, especialmente en Buenos Aires, Rosario y Montevideo. Los orígenes están bien explicados en ese libro que mencionas El tango en el Río de la Plata. Conversaciones con Osvaldo Natucci.  Estando en Buenos Aires, tomando clases de tango, conocí a un erudito autodidacta que tenía una información impresionante sobre el tango. Fue Osvaldo Natucci. Le propuse que todo eso que él sabía lo hiciéramos un libro. Él estuvo de acuerdo porque antes le había ofrecido una periodista hacer aquello, pero no se pudo. Entonces tuvimos una conversación que grabamos por 12 horas durante varios días en su casa de Buenos Aires. Todo eso lo transcribí, pero tuve que pasar dos veranos investigando para justificar todo eso que decía Osvaldo. Fue un trabajo doble: transcribir y a su vez hacer una investigación académica en bibliotecas, también en librerías de libros usados en Buenos Aires. Finalmente, tuve la suerte que el manuscrito fuera aceptado por una de las conocidas editoriales de BA, Corregidor, que también se ha especializado en publicaciones sobre el tango. Esto es en forma muy sintética mi respuesta a tu pregunta. Y es cierto, soy el primer chileno que escribió una historia del tango y publicado el libro en el mismísimo Buenos Aires.

Recibo en mi casa, con una copa de vino, al poeta Javier Campos

¿Cómo viviste en tu país, siendo ya un joven con inquietudes literarias, el tránsito entre el gobierno izquierdista de Salvador Allende y la dictadura militar de Augusto Pinochet?

Es una respuesta que llevaría horas conversarla, como te pasaría a ti mismo si tuvieras que explicar tu viaje desde tu Cuba a vivir en este país. Pero aquí va en forma muy sintética mi experiencia.

Para empezar, a mí, como a miles de jóvenes en América Latina, me tocó vivir la década de los 60, 70, 80, que fueron décadas muy conflictivas en el plano histórico, político, social. Los que creímos que la Revolución cubana sería la respuesta a las desigualdades en el continente. Vivimos gobiernos de derecha, supimos la presencia norteamericana en las economías latinoamericanas, las propuestas populistas, la llegada de dictaduras militares en el Cono Sur, las guerrillas centroamericanas, la caída de casi todo el socialismo real, la llegada de la globalización y con ella el mundo digital. Todo eso lo viví como miles de jóvenes desde los 15 años más o menos. Todos esos cambios fueron en cierta medida experiencias que están de alguna manera en el escritor/a de nuestro continente. O sea, yo sigo pensando que fui un pasajero que cruzó todas esas experiencias. Y lo mío no es único, yo represento a miles de artistas que vivieron lo mismo. Pasar de un gobierno de tres años que quería hacer una revolución a la “chilena”, decía Allende, a una dictadura militar represiva que quería aplastar el comunismo. Era “una guerra fría” que estaba vigente, asunto que muchos de nosotros, jóvenes idealistas en ese entonces, no entendíamos muy bien. Existió mucho el voluntarismo juvenil, y yo me incluyo, de que los países de América Latina en ese entonces debían seguir el ejemplo de una sociedad ideal o utópica que se estaba construyendo en Cuba. Pero la historia dijo otra cosa.

¿Te sientes parte de la diáspora intelectual chilena que no regresó al país después de restablecerse la democracia?

Creo que sí, porque fui parte de escritores y escritoras que vivíamos fuera y estábamos en contra de la dictadura militar. Pero no me considero un exiliado sino uno que como miles salió de su país porque no había posibilidades de crecer profesionalmente, especialmente los que nos dedicamos a las humanidades. No fui un perseguido político en mi país ni estuve preso ni fui torturado como miles que sí pasaron por situaciones horribles sólo por ser dirigentes políticos o acusados de querer llevar el país “al comunismo”, como decía Pinochet. No regresé a Chile luego de la restauración de la democracia porque ya me había doctorado aquí en EE.UU. y había conseguido trabajo de profesor en universidades de este país y porque no había lugar inmediato en universidades chilenas para los que enseñábamos literatura.

¿Qué ha significado Estados Unidos para tu vida profesional?

Debo decir y lo he dicho públicamente que este país me dio la oportunidad de estudiar en una universidad (la Universidad de Minnesota) y lograr un título de doctor que habría sido imposible en mi país bajo la dictadura. Este país fue generoso conmigo. Me ofreció becas, me dio la oportunidad a través de sus universidades de poder investigar, viajar a conferencias en distintos países. Me ofreció computadoras para escribir mis poemas y trabajos académicos, papel para imprimir esos trabajos, ayuda para publicar algún libro. Llegué   a este  país  con 40  dólares  en el bolsillo y una maleta de plástico barata con pocas cosas y algunos libros. La Universidad de Minnesota me envió los boletos de avión a Chile porque no tenía dinero y luego yo pagué esos pasajes de a poco, mes a mes. Se puede decir mucho de EE. UU., pero que las oportunidades te las da este país sí son reales. Además, la libertad de opinión y escribir lo que quieras, y puedes criticar a este gobierno también. Eso lo experimenté en mis trabajos en la universidad, en los cursos que ofrecí. Jamás ninguna universidad me censuró ni lo que publicaba ni menos los contenidos y libros y ensayos que debían leer mis estudiantes en mis cursos. Hay académicos y escritores/as, artistas latinoamericanos a los que jamás han reconocido cuánto este país les ayudó a ser lo que son académica o artísticamente.

Aunque has publicado novelas como Los saltimbanquis, El bailador de tango y La isla del fin del mundo, libros de cuentos y varios ensayos, la mayor parte de tus volúmenes atesoran poemas, género en que has merecido diversos lauros, como Premio Internacional “Juan Rulfo” de Radio Francia Internacional. ¿Cómo te salva la poesía?

Eso pensaba hace unos días. Y concluía que ­escribir poesía me ayuda a vivir sin estrés ni hacerme la vida ­complicada. Creo que la poesía me mantiene en un estado por lo general de paz interna. Pero debo aclarar qué entiendo por poesía. Para mí es ver la “otra realidad” qué hay detrás de las cosas y situaciones humanas. Es estar siempre en ese estado contemplativo porque lo que observo me lleva a otras cosas a través de conexiones que hace mi imaginación. Una vez dijo Picasso que el pasaría buen tiempo mirando volar a unas moscas. Yo hago mía esa frase del pintor. Para alguien que vea a una persona pasarse el tiempo mirando a unos gatos dormir panza arriba puede ser una pérdida de tiempo realmente o que uno puede ser medio tonto. Ese estado de contemplación es la materia prima de lo que he escrito en poesía. Y también en narrativa, yo creo. Una vez dijo Neruda que a él le gustaba “pajarear”. Otra manera de expresar lo mismo que dijo Picasso. El artista en general es contemplativo y de allí se desarrolla su imaginario y saldrá algo que se llama poesía, novela, cuento, cuadro, escultura, por ejemplo. Aunque, como dijo Octavio Paz, no todo producto artístico es necesariamente una obra de arte.

Tu traducción de la obra de Yevgueni Yevtushenko, fue una gran contribución al conocimiento de la creación  del poeta, cineasta y profesor ruso en diversos países. Además de la amistad, que es el mayor beneficio, ¿qué te aportó trabajar con sus textos?

Yo a los 16 años leí a ­Yevtushenko en un diario del partido comunista chileno, El siglo. Publicaron varios poemas. Justo una vez llegó Neruda con un joven poeta ruso a mi pueblo en el sur de Chile. Y ese poeta era el gran ­Yevgeny Yevtushenko. Y desde entonces lo leía donde pudiera encontrarlo. 40 años después en un encuentro internacional de poesía en Guatemala me dicen que está invitado el poeta Yevtushenko. No podía creerlo. Y allí nos hicimos amigos en cosa de unas horas. Era porque yo era chileno y él había sido gran amigo de Neruda y Salvador Allende. Ese mismo día me dijo: Javier, ¿te atreves a traducir al español un poema que tengo en inglés que se publicó en un libro y que quiero leer aquí en este festival en Guatemala? Yo dije inmediatamente, puedo intentarlo. Y él dijo, vamos inmediatamente a trabajar la traducción en mi hotel. Allí partimos y luego de 2 horas quedó traducido el poema que se llama en español “Libros robados”. Un poema para mí muy hermoso que forma parte de las 6 ediciones en diferentes países que luego hicimos juntos de cerca de 48 poemas traducidos por mí desde el inglés al español. Traducción que hicimos juntos pues él leía muy bien español. Fuimos amigos por 10 años hasta su muerte en 2017. Creo que fue una de las grandes amistades que tuve, y nada menos que con ese inmenso poeta querido por toda Rusia. Conversamos mucho en 10 años, aprendí mucho de lo que fue la URSS, estuve en su casa en Rusia, me atendió allí como a un hermano. Viajamos juntos a Chile, España, Cuba, Colombia, Rusia, Nicaragua.  Es algo único traducir la obra de un gran poeta trabajando con él. Creo se puede captar más el imaginario del poeta. Porque cuando estábamos trabajando de repente me comenzaba a relatar una historia conectada al poema, de allí pasaba a hablarme de su madre que tocaba el piano. O a contar unos chistes que le contaba su tío sobre Stalin. Debo decir que conservaba una memoria impresionante para su edad. Sentí mucho su muerte como si fuera un padre que nunca tuve.

En tu último libro Las sombras del amor (2022) los poemas Vieja fotografía, Nosotros los de entonces, En medio del viaje de nuestra vida y otros, ¿la nostalgia oprime al poeta, o el poeta doma la nostalgia?

Yo creo y eso está en muchos artistas, escritores/as, pintores, etc. que, a cierta edad, cuando ya sabemos que nos queda poca llama de vida, el tema del paso del tiempo viene a ser un tema en muchas obras. Así que en eso sigo esa nostalgia milenaria porque es parte de nuestra condición humana. Quizás esa situación se dé más en el artista hombre que en la artista mujer. En el poema “Nosotros los de entonces” quizá el tema no sea original, pero creo el tratamiento puede ser diferente. Es el sueño de una generación que quiso la vida utópica pero no fue posible. Y que nuevas generaciones seguirán quizás insistiendo en buscar esa vida utópica. Es una condición humana que arranca desde los comienzos de la humanidad yo creo. Los versos finales dejan abierta la posibilidad que sigamos buscando la vida sin problemas. Me acuerdo y releo ese gran poema de “Coplas por la muerte de su padre” de Jorge Manrique. Y también la bella película “El artista y la modelo” del director español Fernando Trueba. El paso implacable del tiempo.

¿Con qué mundo sueña el poeta y profesor en los atardeceres de Spring Hill?

Solo te digo que después de vivir con tanta nieve en los inviernos de Minnesota, Ohio, West Virginia, Connecticut, Nueva York, los cielos azules por casi 12 meses del año, y mucha luz y sol, estar en el noroeste de la Florida es un paraíso que nunca pensé iba a vivir. Y al lado del inmenso Golfo de México, que tanta historia tiene del Nuevo Mundo y del mundo precolombino, no puedo pedir más. Es un lugar hermoso para leer y seguir imaginando. Es cierto que al final de nuestras vidas, muchos buscan algún lugar de la naturaleza para contemplar ese misterio que es el mar, los ríos, los bosques, las montañas. 


viernes, 3 de febrero de 2023

Recordar al padre de José Martí en el 136 aniversario de su muerte

 Este 2 de febrero se cumplen 136 años de la muerte de un hombre inscrito  con agradecimiento en la historia, por haber sido el padre de uno de los seres “más puros de la raza humana”, según palabras de la poeta chilena Gabriela Mistral. Sin embargo, aunque siempre se recuerda cada 28 de enero el natalicio del hijo –José Julián Martí Pérez– no se menciona la efemérides del progenitor. Se ha escrito más de la madre, Leonor Pérez Cabrera, que de aquel buen español nacido en Valencia el 31 de octubre de 1815.

Como curiosidad para los tampeños, puede observarse que el padre de Martí nació en el lugar donde casi tres años después llegó al mundo Vicente Martínez Ybor. De aquellos dos valencianos, a uno le correspondió ser fundador de Ybor City y al otro engendrar a quien, en esta ciudad,  inició la unificación de los cubanos en aras de un proyecto que hiciera libre a su patria.

Cuando Martí abrazó a Martínez Ybor en su fábrica de tabacos, mirando sus cabellos blancos, seguramente recordó  a su padre, fallecido lejos de él casi un lustro atrás y cuyo dolor expresara a su amigo Fermín Valdéz Domínguez con palabras conmovedoras: “Mi padre acaba de morir, y gran parte de mí con él. Tú no sabes cómo llegué a quererlo luego que conocí, bajo su humilde exterior, toda la entereza y hermosura de su alma”.

Mariano de los Santos Martí Navarro

Mariano de los Santos fue hijo de Vicente Martí  Guillot y  Manuela Navarro Beltrán, un matrimonio de españoles pobres, trabajadores y honrados. No se sabe mucho sobre sus primeros años, aunque algunos historiadores sostienen que aprendió el oficio de sastre y cordelero, como su padre. De joven ingresó en el Cuerpo de Artillería de Valencia y en 1850 lo destinaron a La Habana como sargento primero en La Cabaña.

En la capital cubana conoció a la joven canaria Leonor Pérez y, el 7 de febrero de 1852, contrajeron matrimonio. El 28 de enero de 1853 recibe a su primer hijo, nombrado José Julián y en los años siguientes nacen siete hembras. Mientras crece la prole, Mariano se desempeña como artillero, después policía celador de barrio, luego capitán de partido, aunque entre uno y otro empleo padeció de temporadas dsempleado y penurias en el hogar. En uno de esos momentos viajó a España (1857) con la esposa embarazada y tres hijos –en Valencia nace María del Carmen–, pero no encuentra acomodo y regresa a La Habana.

Hay al menos dos momentos en que viajan solos el padre y el hijo: los días que, en 1862, se acompañan en Hanábana (Matanzas) y cuando viajan a Belice en 1863.

Cuando Pepe venció los primeros grados escolares, Mariano lo inclinó a un trabajo de dependiente que permitiera un ingreso más a la familia pobre. Fue una suerte que Rafael María de Mendive, admirando las cualidades de su alumno, convenciera al padre para que le permitiera seguir a la segunda enseñanza, cuyos costos él cubriría. En ese colegio, el San Pablo, estaba Martí cuando estalló en el oriente cubano la Guerra de los Diez Años. El adolescente  saludó en un poema inflamado su simpatía con la rebeldía de la Isla, mientras su padre intentaba en vano frenar el entusiasmo evidente en el hijo.  Al año siguiente, se lo encarcelan por infidencia y lo ve partir, con 16 años, con entereza de hombre hacia su destino.

Hasta entonces, el hombre de carácter firme, hosco a veces, recio ante el hijo que quiso educar sin asomo de debilidades, había sido él. Temeroso a que la más mínima delicadeza dañara el temple de hombre en que quiso educarlo, se privó de las ternezas con que pudo mimarlo. Ahora, sin embargo, el hombre fuerte era el hijo, como probó en la cárcel donde fue a verlo. La escena, descrita por Martí en El Presidio político en Cuba, no puede ser más estremecedora: “Y ¡qué día tan amargo aquel en que logró verme, y yo procuraba ocultarle las grietas de mi cuerpo, y él colocarme unas almohadillas de mi madre para evitar el roce de los grillos, y vio, al fin, un día después de haberme visto paseando en los salones de la cárcel, aquellas aberturas purulentas, aquellos miembros estrujados, aquella mezcla de sangre y polvo, de materia y fango, sobre que me hacían apoyar el cuerpo, y correr, y correr! ¡Día amarguísimo aquel! Prendido a aquella masa informe me miraba con espanto, envolvía a hurtadillas el vendaje, me volvía a mirar, y al fin, estrechando febrilmente la pierna triturada, ¡rompió a llorar! Sus lágrimas caían sobre mis llagas; yo luchaba por secar su llanto; sollozos desgarradores anudaban su voz, y en esto sonó la hora del trabajo, y un brazo rudo me arrancó de allí, y él quedó de rodillas en la tierra mojada con mi sangre, y a mí me empujaba el palo hacia el montón de cajones que nos esperaba ya para seis horas. ¡Día amarguísimo aquel!”.

Hasta esa fecha, José no había descubierto la enorme ternura del padre y no la olvidaría nunca más. Por gestiones de él y de su madre, la condena de seis años fue rebajada a seis meses, aunque condicionada al destierro. Se va a España y cuando regresa a América en 1875, en México lo estaban esperando Mariano, Leonor y sus hermanas. Había tristeza en el hogar, porque acababa de fallecer su hermana Ana. Otras dos habían fallecido pequeñas (Dolores y María del Pilar). Es él quien presenta a Manuel Mercado al hijo que llega con dos títulos universitarios de España.

 El joven Martí se abre camino en el país azteca y los padres regresan a La Habana. Mariano vuelve a verlo en 1879, cuando el hijo regresa a la Isla, ya casado y con la mujer embarazada. Esto le hace creer que se dedicará a la familia. Se equivoca. Se mezcla enseguida en una conspiración que intenta reiniciar la guerra en Cuba, es detenido y deportado otra vez a España. En 1880, llega a EE.UU. y, exceptuando unos seis meses en Venezuela ese mismo año, vive en este país hasta enero de 1895.

Si el padre  llevaba al hijo de viaje cuando éste era un niño, de hombre es el hijo quien lleva al padre a que le acompañe. Así, vemos a Mariano llegar a Nueva York con 68 años, en junio de 1883. Estuvo al lado de su ­primogénito durante un año y debió ­admirar el valor con que ­seguía entregado a la causa de la ­independencia de su país, ocupando altas responsabilidades en ese empeño. También pudo estar en el cuarto cumpleaños de su nieto Pepito y apreciar el prestigio de su hijo como escritor.

No volvió a ver al hijo amado. Al regresar a Cuba, el 18 de junio de 1884, fue a vivir con su hija Amelia, porque las relaciones con Leonor no andaban bien. Hay una hermosa carta de Martí a su hermana, donde le dice: “Ese anciano es una magnífica figura. Endúlcenle la vida. Sonrían de sus vejeces. Él nunca ha sido viejo para amar”. Cuando José García, el esposo de Amelia, dio al hijo ausente la noticia de la muerte del padre, éste le respondió desde Nueva York, como a un hermano:  

“¡No he podido pagar a mi padre mi deuda en la vida! Ya ¿dónde se la podré pagar? No es que haya muerto lo que me entristece, sino que haya muerto antes de que yo pudiera pregonar la hermosura silenciosa de su carácter, y darle pruebas públicas y grandes de mi veneración y de mi cariño. Pero ¿qué falta le hice, si lo tenía a Vd.? Juntos, José, Vd. y yo, iremos a visitarlo algún día”.

Pero el hijo no pudo cumplir la promesa que hiciera al cuñado de ir juntos un día a su tumba, pues la muerte lo alcanzó en Dos Ríos, sin poder volver a su Habana.

 

 

viernes, 27 de enero de 2023

Fragmentos de mi libro Luz al universo

 En el año 2006, la editorial Gente Nueva, de La Habana, publicó un pequeño libro que dediqué a las relaciones de José Martí con su madre, la canaria Leonor Pérez Cabrera. En el texto, intitulado Luz al universo, a través de cartas y otros testimonios asistimos al drama de amor intenso entre la madre y el hijo, marcado por desencuentros, ausencias, reclamaciones, promesas, cuando el único vástago varón de un hogar pobre se enfrenta a un destino que lo abraza a la patria y a una muerte temprana.

Ahora, en ocasión de cumplirse el 170 aniversario del nacimiento del Apóstol cubano, extraigo unos fragmentos aislados de ese  texto, como homenaje a ambos: la madre que dio a luz aquel 28 de enero y el ser universal que ella trajo al mundo.

Fragmentos del libro Luz al universo

La Habana, claro, la del amor con su papá. Le contaba [al hijo] del nerviosismo al conocerlo, cuando lo sorprendió mirándola fijamente en un salón de baile, creía que en el Escauriza, y por su culpa de no apartar los ojos a tiempo, él se animó a acercarse y  dirigirle la palabra, escueta, pero nítida y segura, que la electrizó.

Ella tenía entonces veintitrés años y estaba linda, con su vestido blanco apretado en el talle, y él era un hombre que le llevaba en edad; trece años le adelantaba, lo supo enseguida, y le pareció imponente con ese color trigueño, alto, fuerte y fibroso, con un bigote negro y espeso, y de una pulcritud que hacía creer al instante en su palabra. Por la compostura intuyó que era militar, y cuando él se lo confirmó, con la noticia de ser Sargento Primero del Real Cuerpo de Artillería en La Cabaña, ella tuvo la sospecha de que podía conocerlo su papá, recientemente jubilado de aquella misma plaza, con la ventaja de que estimaría, a la primera mirada, los merecimientos del pretendiente valenciano.

Y no se equivocó. Claro que al hablarse de boda ella sabía más cosas de él que las contadas de sí misma. Es que era más preguntona, y del continuo inquirir conocía no solo que era soltero y sin descendencia, sino también que había nacido el 31 de octubre de 1815, en Valencia, de la unión de Vicente y Manuela Navarro, quienes tuvieron diez hijos además de él, y esto la hizo temer por el riesgo de que Mariano resultara tan fértil como su padre. Dijo que el llamado a quinta para ingresar en el Ejército de Su Majestad en servicio obligatorio, lo condujo al uniforme militar, y que se alegraba mil veces de haber extendido el tiempo de cumplimiento, porque fue quien le abrió el camino a La Habana, donde había tenido la suerte de conocer a la más bella de todas las canarias.

Con los escalofríos inconfesados de aquellos halagos, ¿cómo iba a esperar por la mayoría de veinticinco años para casarse? Los padres de la novia otorgaron la licencia para el matrimonio, y entonces empezó la carrera de los trámites y los preparativos. A Mariano lo representaron sus superiores, una vez apuntada la formalidad de que la prometida era tan limpia de sangre, vida y costumbres, como cumplidora de los deberes cristianos. Entonces le pidieron depositar la suma de quinientos pesos para la dote, y cumplidas todas las diligencias, decidieron que el día 7 de febrero de 1852, conforme a las leyes de los hombres y a las de Dios, tendrían a bien bendecir su primera noche de amor completo. Que fue pleno, cuando al fin, después de rezar, comulgar y consentir, dejaron atrás la iglesia de Monserrate, a los presbíteros don Francisco de Paula Gispert y don Tomás de Sala que oficiaron la ceremonia; a los padrinos don José María Vázquez y doña Marcelina Gutiérrez; a los testigos don Esteban Aguado y don Pedro Nolasco; a los amigos y a la familia, para encerrarse, por fin, en la casa número 41 de la calle de Paula, en La Habana intramuros, donde empezaron a vivir.

Con ningún otro parto experimentó aquel desgarramiento, ese rompimiento de volcán; no sabía  si porque los otros siete alumbramientos fueron de hembra, o porque el destino la marcó para parir un hombre que desde su irrupción tenía fuerza de mundo, por quien la iban a conocer. Porque desde pequeño la asombró. ¿Qué más pedían ella y Mariano, humildes y honrados, a la vida, que el hijo les saliera bueno? Esto es, cariñoso, obediente, trabajador. Pero tenía unas ensoñaciones frente al horizonte, sobre todo cuando contemplaba el sol cayendo en la bahía, y una mirada tan fija ante cada detalle de la cotidianidad más exigua, que la asustaba más lo inquirido por el hijo con la vista perdida en la distancia, que las preguntas atrevidas para las que ella no tenía respuestas.

También eso le pasaba a su papá, y un domingo regresó de un paseo por el puerto con un comentario que la alteró: el niño se había contraído al mirar que golpeaban a un negro, como en otras ocasiones había mostrado turbación por el atropello a cualquier infeliz. El padre, aunque era poco comunicativo, se ­desahogó con ella: que no se extrañaría de verlo alguna vez defendiendo la libertad de esta Isla. La alarma no era infundada, pues este pedazo de tierra había empezado a inflamarse con Apontes, Plácidos, Agüeros, y vaya a saber cuánto nombre de negro y blanco, muertes, cárceles y destierros, como para quitarle la tranquilidad a cualquier madre…

 




viernes, 20 de enero de 2023

Presentación del libro Chungas y no chungas

 

El próximo 26 de enero –a las 5.30 de la tarde, en el Círculo Cubano de Tampa, ubicado en Ybor City– será presentado el libro Chungas y no chungas, una selección de artículos escritos por Victoriano Manteiga en su columna homónima durante las décadas de 1930, 1950 e inicios de la siguiente.

En los apuntes que escribía diariamente en el periódico que fundara en 1922, hay una diversidad de temas en los que expone el acontecer local, nacional e internacional. A través de ellos, con fino humor, seriedad analítica y visión periodística aguda, informa acerca de los acontecimientos económicos, sociales, políticos y culturales que eran requeridos por sus lectores y, a su vez, da a conocer su pensamiento democrático con claridad y coherencia.

A  partir  de  ese  amplio abanico de contenidos tratados en “Chungas y no chungas”, en este libro privilegiamos un tema, dirigido a identificar la posición de Manteiga en torno a las luchas políticas de su tiempo. Para ello, elegimos tres momentos en que él se entregó con mayor pasión a defender la causa de la democracia frente al peligro de gobiernos dictatoriales.

Con ese propósito,  después de una amplia introducción que constituye un primer estudio acerca de su pensamiento, dividimos el libro en tres capítulos, cada uno de los cuales reúne varios textos del periodista acerca de un hecho histórico en el que no es un simple informador, sino un aliado incondicional y valiente del lado donde se defiende la democracia y la libertad: con el pueblo de Cuba –que es el suyo de origen– en su lucha frente al gobierno de Gerardo Machado (1925-1933); con la República Española cuando se debatía en una cruenta guerra contra los militares apoyados por el fascismo entre 1936 y 1939; y, otra vez, con las fuerzas democráticas cubanas cuando se levantan contra el gobierno militar impuesto por Fulgencio Batista con el golpe de estado del 10 de marzo de 1952.

Leer los artículos de Victoriano alrededor de estos acontecimientos –lo que puede hacerse en el libro que ahora proponemos, tanto en español como en la primera traducción de estos textos al inglés– tiene varios beneficios: desde una perspectiva histórica  nos lleva a hechos ocurridos hace  más de medio siglo y en sus páginas emergen figuras, lugares, fechas, que nos revelan a nuestros antepasados cercanos; contribuye  a entender los factores que determinaron los posicionamientos  en campos beligerantes; nos acerca a giros y expresiones lingüísticas del autor y la época en que se escribieron y –probablemente el servicio mayor– ofrece ejemplos que contribuyen a la comprensión de la actualidad.

Ese fue el credo de Victoriano Manteiga, como puede apreciarse en el libro que ahora presentamos y en cuyo epílogo apuntamos:

 Si estas páginas motivan a estudiantes, profesores, investigadores, a buscar en La Gaceta la obra escrita por el cubano-tampeño –la que reserva un amplio caudal de contenidos propicios para tesis de investigación, artículos o novedosos ensayos–, sería un buen camino el de este sencillo libro. Pero, si al término de la lectura solamente se aprecia que Victoriano Manteiga de los Ríos fue un hombre inteligente, valiente y de buen corazón, no habrá sido inútil el tiempo dedicado a presentarlo a través de algunas de sus singulares “Chungas y no chungas’”.

 

 

 

viernes, 16 de diciembre de 2022

Gabriel Raúl Cisneros da brillo a la escultura cubana

 Al ver el nombre de Gabriel Cisneros en una noticia sobre una exposición de arte en Madrid, recordé a un buen amigo cubano que bautizó al hijo con  su mismo nombre.

Le escribí y, efectivamente, el joven escultor que desde La Habana está llamando la atención de la crítica por la calidad de sus esculturas es el primogénito de mi amigo biólogo y profesor.

El artista, graduado del Instituto Superior de Arte de La Habana, en 2015, ha alcanzado en pocos años un prestigio que ya desborda las fronteras nacionales, como observamos en exposiciones suyas en Madrid, Panamá y otros sitios. Asimismo, la crítica comienza a asomarse con vivo interés a una obra que, en cada nueva pieza, serie o instalación, construye un canon propio desde  ingredientes  clásicos o contemporáneos donde se depura un estilo propio pletórico de significados que convocan a la participación del atento espectador.

Sin razón, sin aliento y sin nada, 2015. Autorretrato en resina de Gabriel
Cisneros a tamaño natural.  El autor utilizó esta obra como texto de graduación,
 invitando  a los participantes a romper la pieza para entender la tesis. Con ese acto,
 se  convirtió en el primer estudiante que logró el título sin defender
la fundamentación teórica de su propuesta. 

Siendo un escultor muy joven –apenas 32 años–, ya has tenido importantes reconocimientos y tu obra comienza a tener visibilidad en varios países como EE.UU., España, México, Panamá, e incluso países del Medio Oriente como el Líbano. ¿Qué ha significado la formación académica en tu comienzo como artista?

En Cuba, la enseñanza de las artes plásticas tiene dos niveles, medio y superior; el nivel medio lo cursé en mi provincia natal, en la Academia Profesional de Artes Plásticas de Las Tunas, y el nivel superior en la capital, en la Universidad de las Artes, más conocida como ISA.

En el nivel medio tuve mi primer acercamiento a la escultura, tuve muy buenos profesores. El claustro de esa escuela estaba muy nutrido de excelentes escultores. La academia me formó principalmente en la técnica. Mis metas de ese momento se concentraban en dominar correctamente el dibujo y el modelado académico. En los últimos dos años, participé en un excelente taller que nos enseñó a explorar zonas de la creación que iban más allá del dominio técnico, sería sin dudas el espacio pedagógico que prepararía el camino que me permitiría ingresar posteriormente al ISA.

Ya en la universidad, el enfoque estaba mucho más dirigido a una profundización teórica, aquí la técnica ya no sería protagonista de la pedagogía sino la crítica, un espacio de debate en el cual en torno a una propuesta de obra los integrantes del grupo intercambiaban criterios y puntos de vista, teniendo como profesores a algunos de los artistas más destacados del medio nacional.

Gabriel Cisneros. Ocio, 2021. Resina. 15x 15x65cm.

El ISA, sin demeritar al nivel medio, fue muy enriquecedor, no sólo por colocarme en un espacio donde compartía experiencias con estudiantes de todas las manifestaciones del arte, sino también por ser la plataforma que me abrió las puertas al mundo de las artes plásticas en Cuba. Desde la universidad, los alumnos podíamos ir poco a poco insertándonos en el medio, facilitándosenos el intercambio con galerías, instituciones y artistas que sin lugar a dudas se convirtieron en parte indispensable de nuestra formación como futuros creadores.

¿A qué concedes mayor fuerza en el proceso de creación, a la percepción o la reflexión?

Si algo me enseñó la universidad es que una está indisolublemente ligada a la otra. Un artista no es un mero productor de imágenes, su producción está íntimamente ligada a su intelectualidad. Hay obras en las que pareciera que la fuerza expresiva se concentra en uno de estos dos extremos, pero no creo que el fin último de una obra de arte se enfoque en ninguno de los dos. Una obra de arte es más ambiciosa, y la reflexión o la percepción son sólo el medio para un fin. En mi caso particular, encontramos objetos muy preocupados por mostrársenos estéticamente agradables, pero están enrarecidos de tal manera que inevitablemente invitan a la reflexión, es precisamente en ese juego formal donde encuentran su razón de ser. Es esa extraña inquietud que nos despiertan lo que los convierte en arte. Por tanto, creo están en un intermedio, ni lo uno ni lo otro, o más bien, sin lo uno no hay el otro. Como artista, propongo una experiencia visual que inevitablemente se trasforma en una experiencia racional, pero mi blanco no es la mente sino el ánimo, considero a las obras efectivas si son capaces de generar en el espectador alguna emoción, ese para mí es el fin último del arte.

En la feria de arte contemporáneo Art Madrid, presentaste las obra El ocio y La embestida. Háblame del contenido de esa serie y lo que representó para ti exponer allí.

En Art Madrid realmente mostré las versiones más pequeñas de dos obras de mayor escala que en ese momento se encontraban en producción. Actualmente, se están mostrando en una expo transitoria organizada por el Museo Nacional, titulada “Elocuencia del Silencio, Escultura Cubana Contemporánea”. La embestida y Ocio son las dos primeras obras de una serie de trabajos que irán viendo la luz en lo adelante. En esta serie, me apropio de la visualidad de los monumentos conmemorativos que colmaron nuestras plazas antes de la aparición de las vanguardias. Mi motivación no es reproductiva, voy creando personajes propios, pero empapados del espíritu y la visualidad de otra época. Una de sus particularidades es que, a diferencia de sus predecesoras, éstas no terminarán sobre un pedestal. Ven la luz siempre primero en esculturas de pequeño formato, las cuales me facilitan explorar todos los perfiles y posiciones posibles en búsqueda de nuevas calidades expresivas de un objeto que antaño sólo pretendía perennizar las hazañas de algún conmemorado. Me fascina la manera en la que un simple giro en la postura o la puesta en escena de un objeto pueden generar en nosotros emociones y significados muy distantes del sentido original de una pieza.

Art Madrid fue una experiencia nueva en muchos sentidos, fue mi primera feria en Europa, y la primera vez que mostraba estas obras, que sin alejarse de mi trabajo anterior develan nuevos matices en mi producción. Las ferias siguen siendo para mí un terreno poco explorado, en el que he de ganar experiencia. Sus dinámicas son muy distintas al trabajo en galería, y me ­confieso inexperto aún en esos terrenos. Art Madrid es una puerta que se abre.

En Cuba, ¿qué atención de la crítica ha recibido tu obra?

Mi obra ha sido divulgada en varios medios de prensa, pero la crítica especializada no se ha mostrado demasiado interesada. Su aparición en los medios ha estado más asociada a la promoción que al análisis profundo de sus luces o sombras. No puedo decir que estos han sido inexistentes, pues han contado con muy buenas reseñas, sobre todo de jóvenes que se inician en el medio.

           Gabriel Cisneros. Yunta, 2021. Resina .48 x 27 x 51 cm

¿Cómo vez la escultura cubana en la actualidad?

Yo diría que si vamos a hablar de escultura en Cuba hoy, no podemos ceñirnos estrictamente al género en sus formas más conocidas. La tridimensionalidad en el arte cubano actual se ha desdoblado en un sin fín de variantes que no se conforman con el concepto más tradicional de escultura, si bien me atrevo a decir que los grandes conjuntos escultóricos de hace algunas décadas hoy son casi un imposible; su ausencia se ha visto muy bien sustituida por un número muy satisfactorio de grandes instalaciones que, si bien no gozan de la perennidad de sus predecesoras, han dejado muy buen sabor en bienales y exposiciones en disímiles lugares de la Isla y que protagonizan un momento muy sui generis para la escultura cubana. Si bien su enfoque es muy diverso y distante de la idea tradicional de escultura, nunca antes en nuestro contexto se había mostrado tanta diversidad a la hora de enfrentar el espacio.

 ¿Con que sueña el joven escultor Gabriel Cisneros?

Recién estoy regresando de mi segunda expo en el extranjero, con toda seguridad puedo decirte que mi enfoque en lo adelante estará dirigido a promocionar y exponer mi trabajo no sólo dentro sino también fuera de Cuba. Explorar las posibilidades expositivas y la experiencia de producir obras en otros sitios minan mi curiosidad; nuevos materiales, nuevas técnicas, quizás hasta visualidades y enfoques a la hora de enfrentar la producción son posibilidades que imagino para mi futuro como creador. La diversidad de puntos de vista que uno descubre en dependencia de los lugares y los contextos que visita son infinitas, el cómo adecuar o insertar tu obra en esos nuevos sitios sin dudas son experiencias que enriquecen tu formación como artista visual.