viernes, 15 de septiembre de 2023

Tantas razones para odiar a Emilia, una novela de Fernández Pequeño

 Acabo de leer la novela Tantas razones para odiar a Emilia, última obra del escritor José Manuel Fernández Pequeño. En estas breves notas sobre la novela, no pretendo emitir un juicio crítico de alcance literario, sino algunos comentarios desde la impresión como lector, eludiendo que la amistad que durante muchos años sostengo con el autor influya en la opinión sobre el texto.

Comienzo por el título, el que me llamó la atención desde conocerlo, cuando Ediciones Furtivas lo dio a conocer en el verano de 2021. ¿De dónde habría sacado Pequeño razones para el verbo del título, si lo conocemos como un ser altruista, buena persona? ¿Qué mensajes disimulaba el autor detrás de un nombre de mujer que se está haciendo amar por miles de lectores? Si en los polos extremos los opuestos se juntan, ¿puede el amor, desde ese linde, entrar al territorio del odio?

José M. Fernández Pequeño

Pero tal vez el antónimo de amor no sea necesariamente odio, como generalmente creemos, sino miedo. Así me parece al leer la novela, en cuyo protagonista se adivina el temor de amar a una mujer casada  y provocativamente bella que, sin embargo, desafía las reglas de un machismo caribeño que desaprueba el sometimiento a la voluntad femenina. Entro en las páginas buscando explicarme la tirria a Emilia, que la sospecho dueña de la mayor parte de la trama que como un artífice de la palabra construye el autor;  y no descubro el odio, sino un miedo innombrable, más que a ella, a traspasar los códigos del orgullo, toda vez que aparece como una femme fatale que controla y dosifica la entrega.

Pero, más que Emilia, permanece en la novela Marcos Soria Creek, creo que el personaje central del texto después de Osvaldo Bretones, artista contemporáneo cubano residente en Santo Domingo, con ingredientes de alter ego del autor. Así me parece, porque en el nudo dramático que ejemplarmente se construye, el lector se envuelve en la solución de su conflicto, entre sorpresas que llegan a tan apasionante ­desenlace que, en un momento, el autor advierte de un peligro telenovelesco que, astutamente, vence el narrador. 

Es alrededor de Soria que se construye el desarrollo de la historia, cuya personalidad ha de ser objeto de estudios literarios, tanto por la diversidad de matices reales y ficticios que comporta, como por los mensajes que se derivan de una ­actuación desde diferentes estamentos sociales, marcando alegorías que interpretan el laberinto humano caribeño.

A esa complejidad se asoma Pequeño en esta obra con muchas razones. Conoce los sistemas mágico-religiosos de esta región del mundo como el que más, por los años en que estuvo, junto a Joel James, en la Casa del Caribe de Santiago de Cuba. Entonces, entre los médiums espiritistas, babalaos,  haitianos practicantes de voudou, en el palo monte, y en cuanta expresión viva de herencias religiosas sobreviven en el Oriente cubano, aprehendió el autor los componentes que desde esas raíces desfilan en esta novela. Por ello, desde que nos encontramos con el personaje de Migdio Limones, nos visita esporádicamente un ser del ‘más allá’ que puede aliviar los tormentos de la realidad. Como el de Migdio, hay muchos guiños desde este mundo fantasioso en la novela, dotados de un humor paladeado desde la exquisitez de la palabra.

Al contenido de la novela, el autor imbrica su experiencia personal, a través del protagonista Osvaldo, bien entre artistas en Terre du Soleil, en un evento donde se confronta el pensamiento europeo, estadounidense y caribeño, en el marco de una exposición de arte donde los criterios estéticos ceden paso, por momentos, a la realidad sociopolítica y mentalidad de la que provienen, incluida la postura de una cubana sujeta a una rígida directriz oficial.

Con todo, República Dominicana –donde vivió varios años el escritor cubano y ejerció, entre otros,  el oficio de gerente cultural– es el espacio esencial de la novela, y de este ambiente incorpora el vocabulario popular cargado de gracejo, picardía, inteligencia, donde muchas veces identificamos el propio cimarronaje palabrero que acostumbra Pequeño entre amigos, como sabemos los que hemos compartido con él unos cuantos vasos de ron entre cuentos de relajo, serias disquisiciones existenciales o temas políticos escabrosos.

Me ha llamado la atención en Tantas razones… un recurso narrativo que no he visto tan desafiantemente explícito en otro autor, al proponer una sorprendente relación entre el protagonista, el narrador y el autor. La malicia con que el autor interrumpe al narrador, pidiéndole permiso para advertir al protagonista, es como la aparición de un duende muy bellaco que sorprende al lector desprevenido. Ese recurso (técnica, tal vez) merece estudio de los críticos literarios y, quién sabe si un día, en justicia, venga a ser un pequeñismo.

Pero me estoy apartando de la promesa de referirme a mi impresión como lector, que ahora debo minimizar por imperativos del espacio: Tantas razones para odiar a Emilia me ha regalado el deleite de leer una verdadera obra literaria, donde la propuesta estética del escritor Fernández Pequeño emerge a tan alto nivel como el conocimiento que aporta, seria y divertidamente, al cosmos antropológico de la diversa y compleja idiosincrasia del Caribe.

Tantas razones para odiar a Emilia es fruto de varios años de trabajo de un autor empecinadamente serio hasta en el abordaje del relajo, quien ha publicado 16 libros entre crítica literaria, ensayo, narrativa y literatura infantil. Entre otros lauros, recibió el Premio Nacional de Cuento en la República Dominicana en 2013.

Finalmente, al no aparecer motivos para odiar a Emilia (¡una mujer!), emergen muchas razones para amarla. Tantas, como razones para leerla.

Nota: La novela Tantas razones para odiar a Emilia, puede adquirirse en Amazón.

Aviso: En la Feria del Libro de Tampa, en marzo de 2024, tendremos a Fernández Pequeño. Y a Emilia, claro está.

 

 

viernes, 8 de septiembre de 2023

Víctor Muñoz, lector de tabaquería en Tampa

 Cuando se habla de quienes ejercieron el oficio de lector de tabaquería en Tampa, sobresalen algunos nombres que quedaron registrados en la historia por la trascendencia de su obra. Entre ellos, sobresalen José Dolores Poyo, Ramón Rivero Rivero, Bonifacio Byrne, Wenceslao Gálvez, Victoriano Manteiga.

Sin embargo, apenas se menciona en Tampa el nombre de Víctor Muñoz Riera, tal vez quien mayor impacto tuvo a fines del siglo XIX como lector en esta ciudad, antes de alcanzar en Cuba un enorme prestigio como periodista, al ser reconocido entre los mejores cronistas deportivos de su tiempo.

En los escasos artículos en que se rememora la figura de Víctor Muñoz, se le menciona como lector de tabaquería en  Cayo Hueso y Tampa, de donde se incorporó a la Guerra de Independencia de Cuba hasta su terminación en 1898. Pero, esos escritos se detienen a recordarle fundamentalmente por dos hechos en los que sobresalió: sus crónicas deportivas (sobre el béisbol, en primer lugar) y por ser uno de los que animó con más fuerza la celebración del Día de las madres en Cuba, por lo que muchos lo consideran fundador de esta efemérides en la Isla.

Víctor Muñoz, a la edad en que fue lector de tabaquería en Tampa.

En reconocimiento al empeño de Muñoz hacia la exaltación de la maternidad, el Ayuntamiento de La Habana, instauró, en septiembre de 1945, el premio periodístico “Víctor Muñoz” al mejor artículo o crónica, mejor reportaje y mejor información gráfica publicadas en la prensa nacional con la temática del Día de las madres. 

Fue tan grande su influjo en esta celebración que, muchos años después de su muerte, en 1945, el Ayuntamiento de La Habana instauró un premio periodístico con su nombre, entregado a la obra que mejor tratara el tema sobre la maternidad. Actualmente, una sala del hospital materno América Arias lleva su nombre, así como una escuela secundaria en Guanabacoa. En su tumba, en el habanero cementerio Colón, el escultor Fernando Boada esculpió una figura que representa a una mujer con las manos en el regazo, como pidiendo paz para su espíritu.

Con relación a sus notas beisbolísticas, fueron famosas en las dos primeras décadas del siglo XX sus crónicas en el periódico El Mundo, que lo tuvo entre sus mejores periodistas. Allí, con diversos seudónimos, entre los que sobresalieron Attaché, Vitoque, Castelfullit y otros, con fino ingenio, humor y conocimiento del béisbol, incorporó a su narración escrita frases que perduraron mucho tiempo en el argot de ese deporte, como “besalamano”, significando que el batazo iba directo a las manos del pícher; para un jit que salía sin fuerza y nadie podía capturar decía “un jit de faldeta y maruga”. Fue Víctor –quien era un buen conocedor del inglés y hacía las traducciones para ­­El Mundo–, quien españolizó términos del béisbol, al llamar jonrón al homerun, o sustituir hit and run por bateo y corrido.

Además de las continuas crónicas sobre los juegos de béisbol, nos legó obras como Baseball: fundamentos, técnica, estrategia; la novela adaptada del inglés Mac, el pitcher, la serie Junto al Capitolio (croquis de la vida americana) y un libro de contenido histórico: La última expedición de Emilio Núñez, de la que fue uno de sus miembros. Estas obras se encuentran en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, en La Habana.  

El espacio es insuficiente para destacar la extensa obra de Víctor Muñoz, o comentar sus columnas periodísticas “La semana”, “Junto al Capitolio”, y otras que publicó en El Mundo, donde también incorporó un espacio de Muñequitos. Pero, baste recordar que un pensador del calibre de Manuel Sanguily dijo de él: “El estilo de Víctor Muñoz cuando escribe, revela la misma facilidad y gracia picaresca que cuando habla, y en todo caso es claro, fácil, sobre todo preciso, que es lo que más maravilla”. Por su parte, el filósofo cubano por excelencia, Enrique Jose Varona, quien prologó uno de sus libros, lo consideró “un sembrador de ideas”.

Víctor Muñoz solo vivió 49 años. Nació en La Habana, el 1.° de enero de 1873 y murió el 25 de julio de 1922, en Nueva York, donde había viajado a atender complicaciones de salud derivadas de su obesidad. De su vida, entregó a Tampa los días en que fue lector de tabaquería, lo que hizo con tanta eficacia que Wenceslao Gálvez, también lector en la misma época, lo consideró el mejor de todos los lectores.

Sirvan las siguientes palabras de Gálvez como colofón a este intento de recuperar a la memoria tampeña una página magnífica de su historia: la de los lectores de tabaquería que contribuyeron a forjar su identidad.

“Me refiero a D. Víctor Muñoz, conocido por el abogadito, genio de la lectura (…)  Cierta vez el periódico The World habló de él encomiándole o, mejor dicho, haciéndole justicia, pues cuando un lector adquiere la fama por él adquirida, es señal de que es fama legítima.

Es alto y delgado, de un timbre de voz muy agradable, y eso es uno de sus éxitos; llena perfectamente la más amplia galera, hiriendo los tímpanos de manera grata. Habituado a leer, de una ojeada lee un párrafo entero y lo recita espaciando la mirada por todo el taller, que admira atónito este prodigio de retentiva. Traduce del inglés con tanta facilidad que parece que lee en castellano, sin titubeos ni vacilaciones, y presenta las frases traducidas con la corrección castellana más acabada. Todo esto ha hecho de él un tipo popular, y no hay en la Florida un tabaquero que no hable con encomio del abogadito. No es abogado ni le hace falta serlo, es lector, mejor dicho, es el lector privilegiado que se disputan todos los talleres. Es una delicia encontrar quien instruya deleitando, como aconsejaba Horacio”.

 

viernes, 1 de septiembre de 2023

A 60 años del discurso “Yo tengo un sueño”

 El pasado lunes se cumplieron 60 años del discurso “Yo tengo un sueño”, pronunciado por Martin Luther King, el 28 de agosto de 1963, en el marco de la Marcha sobre Washington, donde más de 200 mil personas clamaron por el derecho al empleo, la justicia, la libertad, ­enfocándose especialmente en los derechos civiles a favor de los afroamericanos.

Dos días antes de este aniversario, en Jacksonville, un joven blanco abrió fuego contra clientes de piel negra en una tienda de la ciudad, provocando la muerte de tres de ellos. El arma, un fusil R-15, había sido adquirida legalmente por un hombre de 21 años, quien dejó escrito el propósito de aniquilar a personas que tuvieran ese color de piel. Fue un crimen de odio, 60 años después del discurso en que King ­expresara la esperanza de que todos los hombres y mujeres disfrutaran en paz de los mismos derechos, sin diferencias raciales.

El joven, que culminó la acción criminal suicidándose, fue también víctima del odio inyectado por un supremacismo blanco que sustenta, en el siglo XXI, una ideología racial que el sueño de King no ha alcanzado todavía destruir totalmente y que, en los últimos años, parece afirmarse impulsada por la polarización política alimentada por figuras con más ínfulas de poder personal que de justicia y paz.

El pasado 23 de agosto, considerado por la ONU como “Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y su Abolición”, el presidente de este organismo, António Guterres, afirmó: “Se puede trazar una línea recta que une los siglos de explotación colonial y las desigualdades económicas y sociales de hoy. Y podemos reconocer los clichés racistas popularizados para racionalizar la inhumanidad de la trata de esclavos en el odio supremacista blanco que resurge hoy”.

El reciente crimen en la ciudad floridana de Jacksonville es una prueba de ello. Este penoso resurgimiento al que se refiere Guterres, en el marco de la violencia política animada por nefastas ambiciones de poder, puede provocar agresiones de incalculables consecuencias en el país que se jacta de haber creado y sostenido la democracia más avanzada del mundo.

Por ello, el mensaje pacifista de Martin Luther King expresado en el discurso referido, cobra una dimensión de enorme significación para nuestro tiempo. Si el líder de las masas históricamente más oprimidas de la nación, quienes padecieron por siglos la brutalidad de la esclavitud, postuló que la venganza y la violencia no son el camino hacia una sociedad de justicia y progreso, hoy es oportuno a todos –blancos, negros, mestizos– buscar en el contenido de su más conocido discurso un modelo teórico que, para enfrentar el mundo de hoy, contiene claves más necesarias que las que emanan de las peligrosas alocuciones de candidatos a la presidencia de la nación. Así lo muestran los siguientes fragmentos de aquel discurso cuyo sexagenario recordamos:

“Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física.

Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que, a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño ‘americano’.

Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, ‘Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antecesores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad’”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”.

 

 

 

jueves, 31 de agosto de 2023

A propósito de una fiesta de reunificación familiar

 Creo que no hay tema más recurrente en la literatura, el teatro, el cine, la fotografía, la pintura y en todas las artes, que el de la familia, especialmente la de naturaleza consanguínea, aun cuando el término se extiende a la religión, el terruño, la política, el deporte y toda forma de agrupación humana, desde cuyo referente se expande al mundo animal, vegetal, mineral e incluso astral.

En la antigua Grecia, además de la esposa, los hijos y parientes cercanos, la familia incluía a los esclavos domésticos, tal vez porque saciaban el hambre en la misma casa. En Roma, donde la palabra viene del latín famulus, también comprendía a los sirvientes y se vincula con fames (hambre), de modo que los que se alimentaban bajo  el  mismo techo, con vínculo consanguíneo o no, pertenecían a esa familia.

Desde entonces, el concepto de familia ha atravesado por diferentes interpretaciones y actitudes acorde a la cultura a que corresponda, pero ha prevalecido el que sintetiza la Real Academia de la Lengua Española en que nos basamos: conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje.

Independientemente del nivel de relaciones que existan dentro de este conjunto humano consanguíneo, hay una frase popular que expresa un nivel de compromiso entre sus miembros: la familia es la familia, significando que más allá de las diferencias posibles en el proceder de cada miembro, nada le separa de su condición familiar.

En Cuba, la conformación de la familia es una mezcla de sangre española, africana, asiática, árabe y, en menor medida, taína, con rasgos fisonómicos y culturales sincretizados en una identidad nacional que nos aproxima. Y, aunque no es un comportamiento privativo de la cubanía, el sentimiento de familiaridad tiene una fuerza que desborda la consanguineidad.

En la tradición cubana, la familia se mantuvo en la Isla durante los siglos en que se fue formando. Generalmente, el cubano no emigraba a otro país y aun cuando se separaba del barrio, el municipio, la provincia, se reunía en cumpleaños, días feriados como el consagrado a la madre, Navidades, o por algún motivo luctuoso.

Sin embargo, a partir de 1959 se inició una continua emigración que llega hasta nuestros días, lo que llevó a una separación de la familia que duele como una herida sin cicatrizar en la nación. Si a ello agregamos la política de alejamiento familiar dentro de la propia Isla, provocada por becas distantes para estudiantes, servicio militar y ubicación laboral innecesariamente alejada (alguien de Matanzas a cortar caña a Camagüey y el de Camagüey a cortar caña en Matanzas; un maestro de Manzanillo a dar clases en Guantánamo y el de Guantánamo a Manzanillo). Asimismo, ha pasado con las llamadas misiones internacionalistas: el esposo a un país y la esposa a otro, mientras los hijos quedan con los abuelos.

Pero la más fuerte separación de la familia cubana ha sido la emigración. Casi todas  tienen algunos de sus miembros en Estados Unidos, España, Latinoamérica, Asia, África y en las más remotas esquinas del mundo. En la década de 1960 y bien entrada la de 1970, apenas hubo relaciones entre ellos, fuera por las dificultades de la comunicación o, incluso, porque en el discurso político del país se consideraban enemigos –a veces con vocablos ofensivos emanados de los más altos dirigentes– a quienes optaron por el derecho humano de elegir otro lugar donde vivir.

Hoy, sin embargo, los familiares del exterior se han convertido en una tabla de salvación para la parentela de la Isla. Por un lado, por el apoyo monetario, en alimentos y medicina y, también, porque el sueño perenne de reunificación no se plantea con el regreso a la tierra en que se nació, sino con traer a los padres, hermanos, esposo(a), hijos, a vivir en el sitio extranjero donde se han ubicado. En este intento, es en Estados Unidos donde las condiciones son más favorables, especialmente en las últimas décadas, gracias al programa de reunificación familiar.

Aylicet entre sus padres, Miguel y Cecilia

La mayoría de mis amigos cubanos en Tampa han sido beneficiados con este programa y han podido traer a algún familiar a su lado. He asistido al aeropuerto más de una vez a recibir a familiares de esos amigos, siendo testigo de los abrazos, lágrimas, palabras, generadas por una emoción que pude aprehender con la llegada de mi hijo, su esposa y dos hijas. El sábado pasado llegó Cecilia Fernández, esposa de uno de mis grandes amigos desde la infancia, en cuya casa nos sentamos muchas veces a compartir la comida, lo que seguimos haciendo en Tampa, donde su hija, al llamarme tío, asume esta pertenencia al fámulo.

En la fiesta de bienvenida a Cecilia, su esposo Miguel, su hija Aylicet, un grupo de amigos y yo, con mi esposa, hijos y dos nietas, estuvimos varias horas disfrutando de comestibles, bebidas, música cubana, baile y abrazos, celebrando lo que miles y miles de cubanos hacen cuando les llega este día: festejar la reunificación de la familia porque, como sentencia nuestro idioma, se ha logrado “volver a unir lo que antes estuvo junto”.

Mientras tanto, la voz reunificación se me escapa en las palmas, esas “novias que esperan”, como desde Tampa las llamó Martí.

viernes, 18 de agosto de 2023

Camargo, un artista de Tampa expone en Andorra, invitado por la UNESCO

 El artista plástico Carlos Arturo Camargo Vilardy fue invitado por la UNESCO a participar del evento que, bajo el título Colores para el planeta, se celebra en Andorra cada dos años desde su inauguración en 2014. Camargo, conocido en La Gaceta por entrevistas anteriores y gracias a textos esporádicos de su autoría, fue uno de los 30 artistas del mundo que esta vez fueron convocados al país europeo, donde cada uno de los participantes debía realizar tres obras para ser donadas a la UNESCO y que esta entidad llevará a múltiples exposiciones a través del planeta, en su afán de promover la cultura y la paz. El escultor y pintor colombiano, radicado en Tampa, accedió a respondernos algunas preguntas, con el fin de compartir esta rica experiencia de connotación universal.

Participaste recientemente en el   encuentro entre artistas plásticos Colores para el planeta, ¿qué representó para ti esta invitación?

Fue una de las más bellas y profundas vivencias que he tenido en mi vida de artista, por el nivel creativo del evento, la calidad de los artistas y el ambiente afectivo que se desarrolló más allá de la exposición de clausura, porque se creó un grupo de whatssap en el que continuamos comunicándonos, compartiendo intereses conceptuales, amistad y relaciones internacionales con galerías de arte, lo que abre futuras posibilidades de exponer.

¿Qué objetivos se propone este encuentro entre pintores de diferentes regiones del mundo?

El objetivo de la Unesco es buscar la paz, la protección, la unidad en el mundo, reconociendo las culturas y estimulando los aportes del arte hacia la creación de una cultura superior, por esa razón la convocatoria y selección de los artistas se hace entre los cinco continentes, exaltando los valores multiculturales a partir del lema “ Colores para el planeta”.

La convocatoria para la edición de ArtCamp Andorra indica que “tendrá lugar en el marco del Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas (2023-2032) declarado por la UNESCO y se centrará en temas estratégicos como la promoción de una cultura de paz y el desarrollo sostenible”. Cómo participante del encuentro, ¿cómo apreciaste en las obras y los diálogos entre los artistas la presencia de este propósito?

El escultor y pintor Camargo muestra las obras presentadas en Andorra

El artista por su naturaleza intrínseca y su sensibilidad educada o evolucionada es un humanista, un protector y embellecedor del planeta y la vida. por lo tanto, los artistas dentro de su libertad creativa están conscientes y comprometidos con el desarrollo sostenible, que es una de las grandes responsabilidades del mundo contemporáneo. Por eso, la Unesco fue la organización creadora y difusora de preservar los valores culturales y las tradiciones que enaltezcan a la humanidad.

En el diálogo multicultural en el ArtCamp, cada artista tuvo un tiempo indicado para presentar a su país y sus características geográficas, culturales, etc.

¿Cómo valoras la relación que se estableció entre los artistas participantes en el evento de Andorra?

Camargo (segundo de iz. a der., segunda fila), juntoal grupo de artistas
que expusieron en Andorra 2023.
La relación que se estableció entre los artistas participantes fue absolutamente extraordinaria. Se dieron varios niveles que fueron creciendo al ritmo del evento en su desarrollo durante doce días.

Desde el arribo al hotel donde nos alojaron a todos, la relación se fue dando espontáneamente, en la medida de la llegada y los encuentros casuales, con intercambios de nombres personales y país de origen.

En los encuentros en el comedor, que desde un principio fueron muy cálidos entre los recién conocidos, poco a poco afloró el sentido del humor que genera la expectativa de un encuentro nuevo.

En el estudio de trabajo colectivo, con buen espacio, luz, temperatura agradable, el aporte de los materiales requeridos y el acompañamiento permanente e insuperable de los miembros de la Unesco: Jeas Michel Aritengol, directivo de esa entidad; Janin Mir, coordinadora del evento, el escultor Faust Cam, el fotógrafo Alain Montane y otros.

Luego tuvimos la visita de la directora General de la Unesco: Audrey Azoulay, quien vino desde su oficina en París para hacer con su presencia la apertura oficial del ArtCamp, imprimiéndole un carácter de integración, unidad y alegría al evento. Con ella, se compartió un almuerzo en un espléndido lugar al aire libre.

En el desarrollo individual de las obras se respiraba un ambiente de trabajo como el de las facultades de arte cuando uno es un estudiante. Los diálogos, las expectativas creativas, los conceptos, la euforia de colores, etc, nos fueron introduciendo en un vibrante estado de ánimo permanente que estrechamos lazos afectivos, sin ningún celo artístico. todos admirados mutuamente de la riqueza y calidad de técnicas que iban surgiendo.

Háblame de tus obras creadas allí y del destino que tendrán esas pinturas.

Las obras creadas allí que en total fueron tres, son propiedad de la Unesco. Las mismas serán exhibidas durante un año en distintos lugares de Andorra y luego estarán itinerando por los países pertenecientes a la Unesco.

¿Qué presencia hispanoamericana hubo en ArtCamp Andorra 2023?

Fuimos únicamente tres artistas suramericanos: Claudio Ramírez, de Brasil; David, de Guatemala, y yo, colombiano.

¿Qué mensajes quisieras compartir de esta experiencia artística y humana?

Esta experiencia definitivamente deja huellas en uno como artista, independientemente de la trayectoria o edad que tengas, por las múltiples enseñanzas y vivencias emocionales; es como estar en una Bienal, sin el espíritu competitivo, sino en el goce del arte como creación.

El mensaje humano que quiero compartir es que la experiencia multicultural en el arte no solo ayuda a entendernos y respetarnos, sino también a amarnos. Este propósito de la Unesco lo viví en Andorra y deberíamos multiplicarlo en el mundo con todas las diciplinas estéticas.

martes, 15 de agosto de 2023

Conversación con el periodista, escritor y editor Pablo Socorro

 Entre el 6 y el 23 del pasado mes de julio, se celebró en Cartagena de Indias, Colombia, la sexta Feria Latinoamericana del Libro, en la que dos editoriales independientes de Florida –Primigenios y Lunetra– tuvieron una activa participación. Para conocer acerca de su presencia en este evento, conversamos con Pablo Jesús Socorro, escritor cubano que conduce Lunetra y quien actualmente vive en Spring Hill, al norte de la bahía de Tampa.

Pablo se graduó de periodismo en la Universidad de La Habana y ejerció esa profesión en su país, esencialmente como periodista deportivo. En 1996, se mudó a Miami y, dos años después, comenzó a trabajar como corresponsal de la agencia France Press con sede en Los Ángeles, California, lo que hizo hizo hasta retirarse en 2017.  En su rica trayectoria periodística, ha cubierto seis Olimpiadas, tres Mundiales de Fútbol, varios Juegos Panamericanos y otros eventos deportivos, así como algunas Cumbres Iberoamericanas, elecciones en Estados Unidos, premios Oscar y Grammys, desastres naturales como el huracán Katrina, etc.

Socorro ha publicado varios libros, entre ellos Hablar en cubano (Crónicas, relatos 2017),  Crucero Adonia: La vuelta a Cuba en una semana (novela 2017), Ruge el estadio (crónicas deportivas 2019), Las Miercolinas de Pablo: antídoto contra las epidemias (humor 2020), La memoria de las uñas (crónicas, cuentos 2022). En la Feria del Libro de Cartagena presentó El almendrón azul, que gira ingeniosamente entre el cuento y la novela. Pero que sea él quien mejor nos cuente de este feliz momento.

Pablo Socorro presenta El almendrón azul

La Feria Latinoamericana del libro Cartagena de Indias no tiene una larga historia, pues creo que se inició en 2018 y este año acaba de realizar su sexta edición, en la cual pudiste participar. ¿A tu parecer, qué dimensión ha alcanzado en este tiempo ese evento de escritores, editores y lectores?

La Feria de Cartagena es aún joven en relación con otros eventos similares en Latinoamérica, y por ello aún no se ha asentado en el circuito de Ferias de la región, pero es indudable que en estos seis años sus organizadores, y principalmente su promotor, el escritor Walter Caicedo, han trabajado incansablemente para que cada edición sea superior a la anterior. Pese a contar con escaso apoyo de las instituciones de gobierno locales y nacionales, Walter ha llevado adelante el sueño de colocar a su ciudad de Cartagena como vitrina para la cultura del libro, y sobre todo para la difusión de la lectura y la literatura colombiana. Vimos con qué entusiasmo participaban en las presentaciones de libros los niños y jóvenes de las escuelas cartageneras y público en general y lo importante que fue para los autores colombianos llegados de los recónditos lugares del país este contacto de la gente con su obra. Y eso es hermoso, sobre todo en una época en que los tik tok, reels y otras yerbas digitales están imponiéndose a la lectura del libro.

No obstante, y sin que ello demerite el fruto de esta VI Feria, en lo personal creo que deben tener una visión más internacional y comercial de su proyecto para que puedan crecer. Para ello se necesita mayor promoción en los medios de prensa locales y nacionales, invitaciones a periodistas para que entrevisten a los autores más reconocidos, dedicar la Feria a un país determinado, y contar con personal capacitado en el conocimiento de los autores que participan para darles una debida promoción y atención. Este año, por ejemplo, se invitó al escritor cubano Leonardo Padura, premio Princesa de Asturias de las Letras, pero se obvió que en la Feria participaban también, con la presentación de sus más recientes libros, otros autores de fuste como los cubanos residentes en Miami Sindo Pacheco, premio Casa de las Américas, y otros multipremiados como René Fuentes, Manuel Vázquez Portal y el gran poeta Efraín Riverón.  La criatura de Walter y sus colaboradores ya camina sola. Ahora solo necesita fortalecer sus pies con esos pequeños detalles para encontrar su propio rumbo.

¿Qué participación tuvo Ediciones Lunetra, que tu fundaste y diriges, en esta Feria del Libro que acaba de culminar en Cartagena?

Asistimos por primera vez a esta Feria por invitación de los organizadores y acompañando a la Editorial Primigenios, del escritor Eduardo Casanova Ealo. Lo hicimos con una amplia muestra del catálogo de 30 autores con que cuenta Lunetra desde su fundación como Casa Editorial en noviembre de 2019. Aunque en estas Ferias las ventas casi nunca compensan la inversión para asistir a las mismas, los resultados fueron buenos, tomando en cuenta que vendimos casi todas las existencias de algunos títulos como la novela El mar de los caníbales, de Fernando Velázquez Medina, parte de cuya trama de piratas y corsarios se desenvuelve en la Cartagena de Indias de 1586, y los libros de cuentos Villa Encantada, de José Hugo Fernández y El almendrón azul, de mi autoría. También hicimos donaciones a las bibliotecas de tres escuelas cartageneras y el último día de la Feria las Editoriales Primigenios y Lunetra entregaron a uno de los organizadores, el periodista Fernando Tatis, una donación de cerca de 100 libros para las bibliotecas de las instituciones educacionales de Cartagena. También firmamos un acuerdo de intención comercial con la Red de Editoriales Universitarias RedBooks para la impresión y distribución en Colombia de los libros de Lunetra y Primigenios y representaciones mutuas en las Ferias del libro que participemos las tres empresas.  

Como autor, presentaste tu libro El almendrón azul, cuyo título debió ser llamativo. ¿Qué acogida tuvo entre el público? 

El almendrón azul lo presentamos el segundo día de la Feria en una sala de la Universidad de Cartagena casi repleta, y tuvo una gran acogida. Se trata de una obra de ficción que se mueve entre el cuento y la novela, con un lenguaje muy cinematográfico, sobre la inevitable realidad cubana y las peripecias de siete personajes de carne y hueso, y el fantasma de Camilo Cienfuegos como catalizador, todos dentro de un auto americano de 1959. Más que la historia de un grupo de cubanos que buscan escapar de un régimen que los ahoga, es la historia de todos aquellos que se ven obligados a emigrar de su país en busca de sus sueños. La lectura del primer cuento causó tal impacto que me vi obligado a leer un segundo, y hubiera leído el libro entero si no es que, en medio de la presentación, una señora se paró y dijo: “¡Ay, hijo! Con este gobierno que cargamos ahorita vamos a necesitar muchos almendrones como el tuyo”. Lamentablemente, solo llevé 10 ejemplares que se agotaron en la misma presentación, por lo que en el resto de la semana tuve que decir a los interesados que podían comprarlo en Amazon.com. Sinceramente, nunca esperé que el libro causara tal impacto, al extremo que la dramaturga Myriam de Lourdes hará una adaptación teatral del libro para estrenarse en la primera jornada de la Feria de Cartagena de 2024. 

Miami tuvo una importante participación en la Feria del Libro de Cartagena de Indias, con ediciones Primigenios, dirigida por Eduardo Casanova y con autores del prestigio de Sindo Pacheco. ¿Cómo aprecias la relación del público con autores y obras de origen cubano?

El estand Lunetra-Primigenios fue uno de los más visitados de la Feria, pues además de contar con casi 600 títulos, pusimos en las paredes del recinto, una al lado de otra, las banderas de Cuba y Estados Unidos, y alternábamos música de ambos lugares. Tuvimos el privilegio de contar con autores como Sindo, Vázquez Portal, Fuentes, cubano residente en Uruguay, Riverón, el doctor José Antonio Trespalacios, y los costarricenses Juan Carlos Gómez  y  Alana  Quesada, la autora más joven, quien, con 15 años, presentó su libro de cuentos bajo el sello de Primigenios. La presentación del libro del doctor Trespalacios, La sexualidad que nos debemos, causó tal interés que fue invitado a dar dos conferencias magistrales sobre el tema en universidades locales.

De izq. a derecha los escritores Juan Carlos Gómez (Costa Rica),

Manuel Vázque Portal, Alana Quesada Obando  y Johaska Obando (CR),

Efraín Riverón, Nadia Gómez (CR), Pablo Socorro y Sindo Pacheco.


Entre los autores cubanos que viven en la Isla estuvo presente Leonardo Padura, uno de los escritores de ese país más conocidos de nuestro tiempo. ¿Hubo otros autores que viven en Cuba? Más allá de la ficción, ¿aprecias diferencias entre los temas que abordan los autores cubanos de la Isla y los que viven fuera de ella?

Salvo Padura, que asistió invitado por los organizadores del evento, no hubo participación física de otros autores residentes en la Isla, pero si muchos de ellos estuvieron representados con sus obras gracias a las gestiones de Primigenios y Lunetra. Nuestras editoriales han permitido a los escritores y poetas que no son publicados en Cuba, sacar sus obras al mundo y exponerlas no solo en la gran plataforma de Amazon, sino en Ferias del Libro como esta y la de Miami, además de tertulias y otros eventos que regularmente realizamos en el sur de Florida.

No creo que hay mucha diferencia en los temas que toca la literatura en ambos lados del estrecho de la Florida. Según Faulkner, solo hay tres grandes temas en la literatura: el amor, la muerte y el odio. Si Faulkner hubiera nacido en La Habana Vieja, Ciego de Ávila o Baracoa, diría que solo hay un gran tema que resume los tres anteriores, y se llama Cuba. Tanto en la literatura del exilio como en la del insilio, la Isla es un sujeto presente o inmanente en la mayoría de la creación literaria de los últimos 70 años de ese desastre sociopolítico mal llamado revolución cubana. Es mi opinión que buena parte de la producción cubana de estos años se mueve entre lo kafkiano, lo macondiano y un realismo sucio cargado de desesperanza.  El tema es amplio, y ha sido tratado a profundidad por estudiosos más preparados que este simple periodista que empezó muy tarde su carrera de contador de historias, y que para ganar tiempo se ha montado encima de un almendrón lleno de fantasmas y mitos.

¿Qué satisfacciones apuntas a tu ya rica biografía con este viaje a Cartagena de Indias?

 La Feria de Cartagena de Indias no solo sirvió de vitrina para nuestro trabajo, sino que pudimos pulsar cuáles son las preferencias de los lectores latinoamericanos, y las tendencias editoriales y tecnológicas que se mueven en la región.

Amazon ha masificado la creación literaria con el surgimiento del editor independiente, el autor que ya no necesita de una gran casa editorial para dar a conocer su obra. En Latinoamérica han surgido cientos de autores jóvenes con una gran calidad e interesados en temas tan viejos como el amor, o tan nuevos como el cambio climático o las diversidades sexuales y de género.

Entre las tendencias tecnológicas que ganan terreno cada día están los formatos digitales y de audiolibros, los podcast y la inteligencia artificial, apuntando a sustituir al editor por el big data.

La Feria también nos sirvió para concretar con el escritor y pedagogo cubano-uruguayo René Fuentes un proyecto en el que venimos trabajando desde marzo último, en homenaje al 145 aniversario del nacimiento del gran escritor uruguayo Horacio Quiroga. Se trata de tres libros que publicaremos en la segunda mitad del año, los cuales recogen los cuentos y relatos más selectos de Quiroga. René será nuestro delegado consejero ante las autoridades culturales de Uruguay para la presentación de estas obras en diferentes escenarios de ese país.  Es un proyecto ambicioso, pero hemos contado con la ayuda de la entidad HoracioQuiroga.org, que ha puesto a nuestra disposición todo el fondo gráfico y escrito que atesora sobre Quiroga, y el beneplácito del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay.  

-Muchas gracias.

 

 

viernes, 28 de julio de 2023

La sangre de Santa Águeda, un libro valioso

 La semana pasada, mi amigo Antonio Bechily me envió un libro intitulado La sangre de Santa Águeda, con un subtítulo en el que incluye las tres figuras centrales al que está dedicado: Angiolillo, Betances y Cánovas. Por el peso de cada uno de estos protagonistas en la obra, pienso que el orden al anotarlos en la portada pudo haber sido: Cánovas,  Angiolillo y Betances, pues es alrededor de los dos primeros que se centra el acontecimiento a que nos remite el título.

La obra del autor Frank Fernández fue publicada por la Editorial Universal, de Miami, en 1994. Sin embargo, no conocía este libro ni tenía referencias acerca del autor, a pesar de haber escrito El anarquismo en Cuba (2000), de referencia necesaria para conocer la evolución de esta corriente ideológica no solo en la Isla, sino también en Europa y en el continente americano. Probablemente, la pertenencia del autor a una postura que se opone tanto al capitalismo como al comunismo haya influido en que tenga menos visibilidad, en una época en que los llamados libertarios han perdido espacios en la sociedad a nivel global debido, entre otras razones, al uso de métodos terroristas al enfrentar el poder.

No obstante, encuentro en La sangre de Santa Águeda la obra de un profundo historiador, quien hace aportes analíticos respaldados por una amplia y seria documentación, no solo en torno al tema central que trata –el asesinato del  presidente del gobierno español, Antonio Cánovas del Castillo, en 1897, cometido por el anarquista italiano Michelle Angiolillo–, sino también en torno a los acontecimientos en que ambos personajes estuvieron envueltos y, especialmente, en relación con el destino de  los países en los que aquel acto tuvo repercusión. Igualmente, esclarece muchos aspectos relacionados con la actuación del puertorriqueño Emeterio Betances, reivindicando en muchos aspectos la figura de uno de los más grandes antillanistas del siglo XIX.

El análisis que hace Fernández sobre la evolución política de España a fines del siglo XIX es objetiva, desentraña los resortes, intereses y comportamientos que determinaron el sostenimiento del poder entre dos fuerza políticas que se complementaban: los conservadores y los liberales, sustituyéndose en el gobierno después de la restauración monárquica de 1874, cuando Alfonso XIII  y después la regente María Cristina ocuparon la Corona. Si bien el autor  se centra  en la figura política española mayor de esta época, también valora agudamente el papel desempeñado por Práxedes  Mateo Sagasta –presidente del gobierno español al producirse el desenlace de la guerra con Cuba–, en las motivaciones y pretextos de la intervención de los Estados Unidos en el conflicto y en la pérdida de las posesiones ibéricas en ultramar.

No son desatinados, aunque hipotéticos, los razonamientos del historiador acerca de  una posible terminación diferente de la Guerra de Independencia Cubana, si ­Cánovas no hubiera sido asesinado en agosto de 1897. Esgrime dos razones básicas: probablemente, como político avezado que era, habría aceptado la independencia que exigía el Gobierno de la República en Armas al negarse a aceptar la autonomía tardía que España vino a ofrecer a partir del 1.° de enero de 1898, lo que pudo adelantarse a una intervención estadounidense que su olfato pudo haber detectado antes que nadie. De esta manera, seguramente  España habría perdido la Isla, pero con una compensación de unos 300 millones de dólares a cambio, lo que en un momento se discutió. Asimismo, habría mantenido la posesión de Puerto Rico y Filipinas un mayor tiempo. En segundo lugar, el prestigio de Cánovas ante los gobiernos europeos e inclusive ante el gobierno estadounidense, pudo haber influido en el comportamiento de este país.

Es sumamente interesante el análisis que hace Fernández sobre el momento en que España, ya con Sagasta al frente del Gobierno, intenta salvar la posesión de Cuba otorgándole finalmente un régimen autonómico. El autor valora la sustitución de Valeriano ­Weyler por Ramón Blanco como capitán general  de la Isla, ofrece un perfil objetivo de ambos y destaca la imposibilidad de que pudiera afirmarse un gobierno cubano, presidido por el autonomista José María Gálvez, bajo la tutela del susodicho Blanco. Las protestas en La Habana, la Circular del Ejército Libertador proponiendo la pena de muerte a quienes en sus filas defendieran otra opción que no fuera la independencia y los oídos sordos en España ante quienes, como el político Francisco Pi y Margall, insistían ante el gobierno para que considerara la independencia de Cuba antes que una vergonzosa derrota frente a Estados Unidos, crearon las condiciones favorables no solo para la intervención armada norteamericana, sino para el fin que, además de humillar a España, devino en un Puerto Rico y Filipinas como colonias estadounidenses, así como una Cuba con una independencia moldeada a los intereses del interventor.

Sobre otros hechos y alrededor de varias figuras, nos ofrece Fernández un inteligente análisis, sin que su propia ubicación en las filas del anarquismo perjudique la seriedad con que, como verdadero historiador, se posicione frente a los hechos que describe. Además de este extraordinario mérito, tiene este autor la excelsa cualidad de escribir bien, con un estilo ameno que nos atrapa desde el párrafo con que inaugura cada capítulo (cuasi un triller fílmico) hasta la frase final en que culmina este útil ensayo histórico.