viernes, 19 de julio de 2024

Nos visita el pintor Nelson Domínguez

En el rico catálogo de la pintura cubana, el nombre de Nelson Domínguez ocupa un lugar distinguido. El artista, con una extensa obra en pintura, grabado, escultura y cerámica, se incluye entre quienes han realizado una mayor contribución al desarrollo del arte contemporáneo en su país.

Domínguez, quien recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2009, ha expuesto sus trabajos en todos los continentes. Asimismo, aparecen obras suyas en colecciones privadas de personalidades como  la reina de Holanda, Steven Spielberg, Robert Redford y otros.

Asimismo, Domínguez ha contribuido como profesor a la formación de destacados pintores cubanos. Esta semana tenemos su visita en Tampa, donde presenta la exposición Martí: monte de espumas (abierta el 18 de julio, a las  6 p.m. en  el 1624  E 7.° Avenida, Ybor City). Aprovechamos la oportunidad para solicitarle una entrevista, a la que accedió afectuosamente.

Con Nelson Domínguez, en la exposición
Monte de espumas, dedicada a José Martí

Estuve leyendo una entrevista que te hizo Amaury Pérez hace unos años y me llamó la atención el significado que le das a las primeras impresiones con la luz del sol, a la descomposición de la luz entre los árboles. ¿Qué impacto tiene en tu obra pictórica la infancia campesina?

En la realidad, el hombre piensa cómo vive y cómo vivió y la formación de la infancia es decisiva en el resultado final.  Por eso, todos tenemos formas diferentes de ver la vida y en cuanto abrimos los ojos empezamos a verla de un modo diferente y por eso también yo creo que no debemos tener temor como algunos nihilistas que piensan que el arte acaba.

No lo creo así, siempre que hay un cromosoma nuevo, un nacimiento nuevo, está la presencia del arte. A mí, en sentido general, la infancia no me golpeó nada, mi infancia fue muy libre, muy abierta, muy de correr desnudo bajo el agua, bajo la lluvia, de deslizarme por yaguas en las montañas, de montar a caballo al pelo, de meterme en el río, de pensar que existían los güijes en los ríos, de pensar que había unas brujas que chocaban con la antena del radio que estaba en el techo de la casa  de zinc y todo ese tipo de imaginación infantil fue conformando, aunque uno no quiera, toda la imaginería que posteriormente sale convertida en una obra.

Obra de Nelson Domínguez, en la exposición Monte de espumas

 A veces uno desconoce por qué esto, por qué lo otro, hasta el impacto del mundo africano. Me viene eso,  pues en la finca de mi padre recogían café alrededor de veintipico de haitianos. De ahí, de las fiestas vudú que hacían en los cafetales, de la riqueza de color… el color negro de ellos… de ahí me vienen a mí muchas cosas que aunque yo no lo quiera pasaron por mí y pasaron visualmente y conformaron una imagen que quedó grabada y esto creo que es una cosa fundamental, por eso creo que los primeros tiempos del ser humano  hay que cuidarlos mucho, a los hijos hay que cuidarlos mucho, la familia, porque toda la información, todo el archivo imaginario que nace para un artista no le viene solamente de su medio, de sus edulcoraciones personales, eso le viene de las sensaciones que recibió, fueron hechos que sucedieron y  que no se tomaron en cuenta de forma consciente.

Recuerdo que mi madre me decía, mijo, usted nació en el campo de pura casualidad, ella lo decía quizás por la forma de mis gustos, de las cosas, pero sí yo nací en el campo y de esa casualidad nacieron otras casualidades  y de esas casualidades nació mi paso por la escuela de arte donde estudié mi amor por la gran pintura cubana que siempre he dicho que en Cuba hay una gran pintura y  esa es justamente la que me alimenta y es que uno se alienta también de las vidas de otros artistas porque realmente el arte verdadero viene del arte.

¿Ves a la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, en el Caney de las Mercedes, como el primer salto al cielo de la creación artística?

Si se considera la enseñanza como parte de la formación y de la cultura como lo es, así mismo la ciudad escolar Camilo Cienfuegos sacó a un  niño de manejar el machete o la guataca a una escuela a estudiar,  a una escuela donde podía saber lo que era la música, lo que era la danza, lo que era el teatro, lo que eran las artes plásticas  y todo esos momentos y toda esa enseñanza que yo recibí pues, obviamente, formaron parte de esa etapa inicial y de saber que existían muchas cosas que yo en el campo las desconocía y las asumí de un modo muy personal y sencillamente me dediqué a leer, a estudiar, a intentar saber cosas, por ejemplo, sobre literatura. Todo aquello nació en esa ­ciudad ­escolar y mi ­segundo paso fue ir a la Escuela Nacional de arte a estudiar donde ya llevaba confirmado en mí un  grupo grande de inclinaciones que dan al traste con mi formación como pintor de Cuba.

¿En qué momento supiste que, definitivamente,  el mundo de las artes plásticas era tu mundo?

Exactamente cuando yo supe lo que quería y entro a la ciudad escolar Camilo Cienfuegos y paso después a la Escuela Nacional de Arte, ya había visto pintura, ya conocía la pintura mexicana, conocía a Leopoldo Méndez, a Siqueiros, a muchos pintores que obviamente fueron los primeros que vi y me interesaron mucho. Me pareció algo muy fuerte aquella pintura, la primera pintura que yo vi fue esa pintura dura, fuerte, pintura social y eso me llamó mucho la atención y después cuando como parte de los programas de la escuela teníamos que visitar los museos  a mí me llamaba poderosamente la atención la obra  de los pintores cubanos, la obra de Antonia Eiriz, la obra de Servando, es decir, la obra de grandes artistas cubanos que fueron grandes y que son grandes hoy día y que sus obras han quedado para la grandeza y para la cultura cubana.

Nelson Domínguez. Amor brujo

¿Cuánto debes a tu formación académica?

No me considero un pintor académico, ya que si analizo lo que es saber dibujar yo creo que no aprendí a dibujar en la escuela ni todavía sé dibujar mucho, pero yo tengo mis maneras de ver las cosas, no soy un pintor académico, me cuesta a veces hacer un retrato, aunque en los últimos tiempos me he dedicado a trabajar el retrato, a ver el cuerpo humano de otro modo. El tema de la Academia no es lo que me llama la atención,  pero sé que es necesaria porque solamente se puede hablar de lo que se sabe, no se pude hablar del cuerpo si no se conoce. Entonces, un artista debe tener un conocimiento importante sobre el dibujo. En la década del 20, ya en Cuba los pintores cubanos habían roto con el espíritu académico, ya Víctor Manuel había roto con ese espíritu académico y muchos artistas que vinieron de otros países a formar parte del claustro de profesores de la escuela se dieron cuenta de que en Cuba ya había pasado ese fenómeno que ellos pensaban que existía y sencillamente lo académico sirvió, lo académico sirve y servirá toda la vida.  Ahora, el salto sobre lo académico es la parte más difícil de un artista, como es tan difícil para un niño saber que existen dos universos: el real y el imaginado. Cuando ellos logran saltar eso, se asoman a otra realidad y son conscientes de eso. Más tarde, pueden quizás ser pintores, si no, el niño no dibuja más. Eso pasa con lo académico, es en las academias donde se aprende el arte, el oficio… eso es lo que se aprende. Después, vemos que muchos artistas han logrado hacer academia con su morfología y lo han logrado por la influencia que ejercen sobre los demás, pero es el caso de algunos artistas de manera especial, por la fuerza que tiene su obra, la influencia es lo normal. Retomo lo que decía, que el arte viene del arte, no hay un escritor que pueda escribir un libro si no sabe el abecedario; entonces, hay cosas que son abecedario para hacer arte y eso es la academia.

Mas allá de encasillamientos, que siempre son reductores, ¿en cuál o cuáles corrientes artísticas se inscribe tu obra?

En la realidad, es una pregunta que me cuesta un poco de trabajo, porque me molesta saber que un pintor o un artista solamente pueda aspirar a tener una sola forma de que su obra sea vista. Para mí, los ismos también son  parte de eso, no hablo de estilo, no confundirlo con el estilo, pero sí, los ismos son una manera también del sentimiento, ­ parte de eso. No hablo de estilo, no confundirlo con el estilo, pero sí los ismos son una manera también del sentimiento del hombre que va ajustando un sentimiento a formas de trabajo que corresponden a una corriente de arte que existe o ha existido y yo creo que el artista debe saber. Para mí el ejemplo máximo es Picasso, él tomó sin pena de todo e hizo su obra y pasó a la gloria con obras de él y de los demás. Yo creo que es el ejemplo fundamental y me sirve de estímulo la conducta de este artista como una forma de enfrentarse, porque hay que pasar por los ismos y hay que resumir los ismos y hay que evitar que el sismo de los ismos te mueva el piso.

Aunque en las diferentes disciplinas en que desarrollas tu obra  (pintura, grabado, escultura y cerámica) has alcanzado altos reconocimientos, generalmente se te ubica como pintor. ¿Es porque en la pintura están tus obras más conocidas o, simplemente, porque es un nombre más abarcador?

Tengo el criterio un poco renacentista sobre un artista. Un artista no es un dibujante, no es un pintor, no es un ceramista, no es un escultor, no es un diseñador, no es un fotógrafo, en fin… cuando yo pienso en esta manifestación de ser artista, yo pienso en alguien que tiene la capacidad o, al menos, el esfuerzo de presentarse y trabajar todos los soportes, porque un artista viéndose así, como un dibujante, es un artista limitado. Ese es mi modo de ver … y, claro, yo he sido muy curioso, muy  metiche, como dicen los mexicanos, de meterme en esto y en lo otro porque tengo un espíritu de estudiante, yo soy un estudiante del arte y de las cosas que desconozco. He hecho muchas cosas dentro de las artes visuales, pero en realidad lo que más he hecho es pintar, por eso muchos me consideran pintor; pero quizás otros me consideran mejor cocinero que pintor, porque también me ha dado la curiosidad de meterme en el mundo de  la cocina que también  es un arte, así que el hombre lo  que no puede perder nunca es esa ansiedad, esa necesidad de enriquecerse con lo que han hecho los demás.

Como exponente del arte cubano contemporáneo, ¿qué reconocimientos y difusión has tenido internacionalmente?

He obtenido algunos premios, aunque siempre he tenido mucha duda sobre los premios, porque a veces dependen del jurado… Cambia el jurado y cambia el premio, lo que no puede cambiar nunca es la necesidad del artista de ser su propio juez y pintar. Yo, en primera instancia, pinto para los artistas que son los que conocen del oficio, de morfología y otras cosas. Después que los artistas ven tu obra y te dan el visto bueno, pues la segunda persona para la que se pinta es para el público, para la gente  a la que tú puedes explicarle cosas y enseñarle cosas. Pero, básicamente, pinto por superación, pinto para los pintores amigos que están vivos y para los que están muertos. He estado pintando y mentalmente miro hacia atrás y he imaginado que me estará mirando Servando Cabrera o alguno de mis maestros. Eso lo he pensado muchas veces, no soy creyente, pero quizás sea cierto.

Háblame de la exposición que vas a presentar en Tampa.

Nelson Domínguez. Obra de la serie Monte de espuma.
Primero la palabra Tampa… Tampa es algo que para nosotros los cubanos tiene una importancia sublime, una importancia histórica, es como recordar a alguien que quisimos mucho y queremos y que esa misma persona a su vez vivió aquí y quiso mucho a este pedazo de tierra. Es a partir de aquí su filosofía de la vida, su filosofía de la defensa de su cultura… todo eso nació aquí. Aquí José Martí, que es de quien hablo, se estableció y fue hasta las capas de gente mas pobres, estableció con ellos relaciones, con los tabaqueros de Tampa. Y para un cubano es un honor y para mí también, obviamente, como cubano que soy es un honor tener la posibilidad de presentar mi obra aquí, en esta pequeña y silenciosa ciudad. 

 


viernes, 14 de junio de 2024

Máximo Gómez, en el 119 aniversario de su muerte

 El dominicano Máximo Gómez Báez pudo ser el primer presidente de la República de Cuba, inaugurada el 20 de mayo de 1902. Para las elecciones que siguieron a la Constitución aprobada en 1901, las fuerzas políticas de la Isla se organizaron en dos bandos principales:  el Partido Nacional Cubano y los Independientes, aunque otros partidos, como el Republicano de La Habana o  el Partido Federal participaron de la contienda. En aquellas circunstancias, cualquiera de aquellas agrupaciones que hubiera designado a Gómez como su candidato,  tenía las de ganar.

Buscando su parecer, un día los independientes enviaron a Bernabé Boza, quien había sido su jefe de Estado Mayor  durante la última guerra, y regresó con la respuesta definitiva:  ¿Qué daño le he hecho yo a usted ni a nadie para proponerme una corona de espinas?

Entonces le pidieron que apoyara a alguien, por el influjo que tendría su prestigio. Había sido el militar de más alto grado durante los 30 años de guerras independentistas. Su fama a través de las fuerzas libertadoras empezó desde el combate de Pinos de Baire, en noviembre de 1868, cuando emergió de las sombras al frente de un grupo de cubanos que, machete en mano, hizo huir a dos compañías españolas a pesar de que estas contaban con armas de fuego. La guerra estaba comenzando y los cubanos, aun los que habían recibido el grado de General tras el levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, no tenían experiencia militar.

Entonces le llegó la hora a Máximo Gómez. Había nacido el 18 de noviembre de 1836 en Baní, República Dominicana.  A los 19 años participó en la batalla de Santomé, donde  fuerzas dominicanas se enfrentaron a Haití por la independencia de su territorio. Se logró la independencia, pero en 1861 el presidente Pedro Santana  prefirió anexar el país a España, desatando otro conflicto armado. Esta vez, Gómez se equivocó de bando, combatiendo a favor de España. Pero en 1865 los dominicanos ganaron la guerra y el joven de Baní tuvo que huir del país. Se embarcó hacia el oriente cubano, junto a la madre y unas hermanas, estableciéndose en El Dátil, un pequeño barrio cerca de Bayamo.

Por ello, cuando estalló la guerra de Cuba contra España, Máximo Gómez estaba allí, dispuesto a incorporarse en el lado correcto. Se sumó a la tropa del bayamés José Joaquín Palma, quien le otorgó el grado de sargento. Desde ese día, se convirtió en un maestro de la guerra de guerrillas y en el uso del machete como arma de combate. Saltó todos los grados y en breve el presidente Carlos Manuel de Céspedes lo nombró Mayor General.

Los más grandes combates de la larga Guerra de los Diez Años tienen su nombre, bien porque los guiara  personalmente, como la batalla de Palo Seco (1873) y Las Guásimas (1874), como por haber forjado a los más capaces combatientes que, a su vez, dirigieron grandes combates y alcanzaron los grados más altos en el Ejército Libertador, como es el caso de Antonio Maceo. Al terminar la Guerra Grande, en 1878, Gómez era el único general independentista en Cuba que había dirigido todas las regiones y tropas participantes en la contienda bélica.

Cuando en 1878 comprendió que la guerra se perdía por el regionalismo, caudillismo y otros males entres los insurrectos, lo que dio paso a la Paz del Zanjón, prefirió irse de Cuba antes de inmiscuirse en los enfrentamientos en  las filas independentistas cubanas.  Comenzó, junto a su familia (ya casado con Bernarda Toro y con varios hijos nacidos en medio de la guerra), un largo peregrinaje que lo llevó a vivir en Jamaica, Honduras, Costa Rica y finalmente República Dominicana, su país. Pero, en ese tiempo, participó en los más importantes intentos de reiniciar la guerra en Cuba.

En septiembre de 1892, creado el Partido Revolucionario Cubano, José Martí fue a visitarlo a Montecristi, en República Dominicana, con el propósito de ofrecerle la dirección del ramo militar de aquella organización política que se proponía conquistar con las armas la independencia de Cuba y, por encima de todo, crear una república democrática en la Isla. Martí lo encontró en su finca La Reforma, con un arado en la mano. Fueron tres días de conversación y cuando Martí lo invitó al proyecto que lo alejaría de la paz del hogar, sin más nada que ofrecerle “que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”, aquel hombre de casi 60 años le respondió afirmativamente.

Después, junto a Martí firmó el Manifiesto de Montecristi, donde se definía el propósito de la guerra como medio para llegar a la república verdadera. Al lado del Apóstol, salió de su casa para Cuba. Desembarcaron juntos en Playitas, el 11 de abril de 1895 y juntos vivieron las alegrías, adversidades, compromisos y aspiraciones de aquella gesta. Caminaron a pie durante 14 días por elevadas montañas, ríos crecidos, enmarañados breñales. Después, a caballo, desde el 25 de abril hasta el 19 de mayo. Cuando cayó Martí en Dos Ríos, Gómez hizo todo lo posible por recuperar el cadáver. No lo logró, pero marcó con piedras del Contramaestre el lugar exacto donde murió el Apóstol.

Después, hizo toda la guerra, libró decenas de combates, enfrentó a la Asamblea de Representantes cuando perturbaba las operaciones militares. Finalmente, cuando desembarcaron las tropas estadounidenses y la guerra finalizaba con la victoria cubana, alertó de los peligros que se avecinaban: el excesivo control de Estados Unidos sobre la Isla, los excesos del caudillismo, personalismo y ambiciones en filas libertadoras.

Aprobada la Constitución de la República, se adhirió a ella con respeto a la ley. Apoyó a Tomás Estrada Palma en su candidatura por los Independientes a la presidencia e hizo campaña por él en diferentes lugares de la Isla. Todos lo aclamaban donde quiera que su cabello blanco  marcaba el sitio de la mayor dignidad. Tantos le daban la mano, una y otra vez, que descuidó curarse un rasguño en la derecha. La infección se agravó en junio de 1905. El día 12 fue   a verlo el general Emilio Núnez. El viejo general le susurró: Se va tu amigo. Núnez empezó a llorar y el moribundo lo consoló. Cinco días después, en su casa de  Quinta y D, en El Vedado habanero, rodeado de su familia y varios amigos, su corazón dejó de latir. Era 17 de junio de 1905. Todo el país se conmovió, en un duelo nacional que duró tres días. Mientras el cadáver del Generalísimo era velado en el Salón Rojo del Palacio Presidencial, el presidente Estrada Palma dio a conocer la siguiente proclama:

“El mayor general Máximo Gómez, General en jefe del Ejército Libertador, ha muerto. No hay un solo corazón en Cuba que no se sienta herido por tan rudo golpe; la pérdida es irreparable. Toda la nación está de duelo, y estamos todos identificados con el mismo sentimiento de pesar profundo, el Gobierno no necesita estimularlo para que sea universal, de un extremo a otro de la Isla, el espontáneo testimonio, público y privado, de intenso dolor”.

El martes, 20 de junio, al escucharse el toque de 21 cañonazos, el cortejo fúnebre fue  saludado por miles de personas, mientras se trasladaba del Palacio Presidencial a la Necrópolis Cristóbal Colón. La prensa informó que nunca se había visto en el país un entierro tan multitudinario. El ilustre dominicano lo merecía.

viernes, 7 de junio de 2024

Diálogo con la periodista colombiana Vanessa Márquez Mena

 Hace unos días, nos visitó en La Gaceta un grupo de jóvenes periodistas, magníficos representantes de la cultura afrocolombiana, cuando viajaban por diversas ciudades estadounidenses, intercambiando preocupaciones, vivencias y enfoques sobre las complejas realidades que enfrentan los medios de comunicación en el mundo de hoy y, en general, la sociedad, más allá de composiciones étnicas, religiosas, políticas, sociales, culturales.

Al terminar la conversación con ellos, le pedí a Vanessa Márquez Mena una entrevista a la que accedió cordialmente. Vanessa es directora de la revista digital Vive Afro, fundada por ella en 2014 y devenida un importante vehículo comunicacional con acento en la defensa de las raíces africanas en la cultura colombiana. Asimismo, ha sido directora de Comunicaciones y Prensa del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de su país, se ha desempeñado como directora y presentadora del Noticiero de la Cámara de Representantes y ha sido gestora étnica de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá. Por ello, creí sumamente valioso que compartiera con este medio algunas  opiniones:

Estuviste  recientemente  en La Gaceta, en medio de un viaje de jóvenes periodistas colombianos a Estados Unidos. ¿Cómo se organizó esta visita y con qué propósitos?

Bueno, la beca de liderazgo para visitantes internacionales nos fue otorgada a cinco periodistas de Colombia, mujeres afro e indígenas que desarrollamos proyectos y representamos liderazgos en nuestro país. Esta beca se nos otorgó por medio de la Embajada de Estados Unidos en Colombia. Es patrocinada por el Departamento de Estado y ha consistido en una serie de visitas, en una serie de reuniones, pero también en una serie de capacitaciones en diversos temas que incluyen el periodismo investigativo y todo el tema de Inteligencia Artificial aplicada al periodismo y sobre temas también de representación de las minorías étnicas. También ha consistido en conocer el trabajo de diferentes medios de comunicación que hemos visitado, así como de periodistas, editores y colectivos.

Ha sido muy interesante porque finalmente todo esto que estamos viviendo nos permite tener una mirada mucho más amplificada de cómo en este país los medios de comunicación están trabajando y están representando a las minorías étnicas o a los grupos étnicos. Entonces, el objetivo tiene que ver justamente con potenciar el liderazgo y trabajar hacia una verdadera inclusión en las salas de redacción de los medios. Este es uno de los programas insignias de la Embajada de los Estados Unidos. En este programa han participado incluso, diferentes expresidentes de Colombia, ministros, exministros, personas con un alto liderazgo en organizaciones también de la sociedad civil. Y, bueno, eso es un poco de lo que hemos venido a hacer a los Estados Unidos. Sobre todo, aprender a intercambiar conocimientos, a aprender también de la cultura de acá, de las formas de organización, de cómo las comunidades se organizan, exigen y cumplen sus derechos civiles.

Eres fundadora y directora de la revista digital Vive Afro, la que ha alcanzado visibilidad en tu país por la promoción y defensa de la cultura afrocolombiana. Háblame del surgimiento, desafíos y resultados de esta publicación que ya está en su décimo aniversario.

Yo creé la revista Vive afro como resultado de mi tesis de grado de periodismo. Soy periodista de la Universidad de Antioquia y en esa época, y siempre me han gustado mucho tres temas principales que son: los medios digitales, el periodismo, obviamente, y el emprendimiento. Quería una tesis de grado que combinara las tres cosas. Siempre he sentido una pasión muy importante por las revistas, por como las revistas trabajan diferentes enfoques y en esa búsqueda de la representación de lo afro no encontraba tampoco medios de comunicación con los cuales yo me pudiera identificar. Había algunos esfuerzos en el país de generar medios de comunicación enfocados en lo afro, pero lastimosamente esas publicaciones no eran constantes en el tiempo, no lograban sostenibilidad, funcionaban por algunos meses o un par de años y luego desaparecían. Para mí, ese ha sido incluso uno de los grandes desafíos de la revista, el poder tener un financiamiento y una sostenibilidad también a largo plazo, ya llevamos nueve años, este sería el décimo. En ese momento la revista estaba casi en una pausa obligada debido también a que personalmente he tenido algunos desafíos con cargos públicos y cosas que he querido hacer siempre en mi carrera, como la presentación, la dirección de noticias, la dirección de comunicaciones en el Ministerio de Cultura, etcétera. Todo eso ha llevado a una pausa necesaria, pero que ha sido una pausa también para repensarnos, para mirar hacia el futuro y encontrar nuevas maneras de sostenernos, de lograr la sostenibilidad y de lograr impactar a la comunidad. Sin embargo, en esta historia que hemos tenido, han sido unos resultados maravillosos. Nosotros podemos reconocer y podemos decir que creamos todo un ecosistema de comunicación en el cual han participado muchísimas personas, centrándonos sobre todo en el periodismo comunitario, en el periodismo colectivo.

El fortalecimiento de los corresponsales Vive Afro que están en diferentes regiones de Colombia y cuentan sobre lo afro desde estas regiones, el grupo de sus columnistas, ha logrado tener una publicación que pasó de ser mensual en nuestro sitio web a generar publicaciones diarias y lograr una constante publicación de contenido tanto en nuestra página como en nuestras redes sociales. Hemos logrado impactar también a la comunidad con la información, con las noticias, con las historias que sacamos, dándole enfoques totalmente diferentes a los que los medios de comunicación tradicionales nos han mostrado históricamente.

De esa manera, hemos logrado trabajos tan importantes como Cuerpos silenciados, una investigación que realizamos con cinco mujeres sobrevivientes del conflicto armado. Y cómo esa violencia y ese conflicto armado atraviesan los cuerpos de las mujeres, atraviesan sus mentes, atraviesan sus vidas y mostrarlo a través de una multimedia que, además de eso, logramos sacar un videoclip que, ha tenido también una importante visibilidad nacional e internacional en diferentes espacios en los que hemos podido estar. Ha sido de los resultados más satisfactorios que hemos tenido. Realmente, el desafío que se viene es que vamos a hacer un relanzamiento de Vive Afro. Nos estamos preparando para ello, para hacer un relanzamiento de marca, para incluir diferentes voces, para incluir diferentes enfoques, para hablar de diferentes temas. Creo que el nivel de conversación sobre lo afro en el país ya debe pasar a un siguiente nivel. Entonces, una de las perspectivas es que vamos a hablar de lo afro, no solamente en Colombia, sino que queremos hablar de lo afro a nivel mundial: qué está pasando en Brasil, en Estados Unidos, en Francia, etcétera. Ese es el gran desafío, empezar a tener esas conexiones.

¿Qué otra participación tienes en el periodismo colombiano?

Pues tengo muchas: soy columnista en el portal Nativo digital, Kienyke (Kienyke.com) y también en La silla vacía. Soy miembro de la Red SolidariLabs Afrocolombia, que es una iniciativa de Skylight, una organización de Estados Unidos con presencia en Latinoamérica. También he sido jurado en el Premio de Periodismo de Kienyke. Actualmente desarrollo y creo un podcast que se llama Pazcíficas, que realizamos con el Ministerio de las Culturas, las artes y los saberes de Colombia, en el que se presenta a mujeres que han aportado y aportan a la cultura desde diferentes áreas. Son conversaciones de vida, conversaciones donde podemos analizar y hablar a profundidad sobre sus historias. Asimismo, presento eventos y hago asesorías a múltiples entidades, especialmente en términos de estrategias de comunicación.

¿Qué ha significado en tu vida profesional ser directora de Comunicaciones y Prensa del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes?

Ser directora de Comunicaciones y Prensa del Ministerio de las Culturas es un paso importante en mi carrera profesional y estoy inmensamente agradecida con la vida, con mis orichas, porque fue entrar a un espacio soñado. Siempre soñé con trabajar en el Ministerio de Cultura. ¿Por qué? Tengo un eslogan y es que la cultura es mi vida y emprender es mi pasión.  Entonces,  llegar al Ministerio de Cultura se convierte en ese sueño, en esa posibilidad de derrumbar paradigmas porque nos han acostumbrado a que no podemos soñar, a que hay cosas ­inalcanzables, a que hay espacios en los que no podemos estar o en los que es muy difícil estar.

Poder llegar allí, poder trabajar por una comunicación donde todos los grupos étnicos se sintieran y se vieran reflejados desde los diferentes temas, poder tener un equipo muy amplio también, no solamente en cuanto a lo étnico, sino también en cuanto a su experiencia, en cuanto a las visiones, en cuanto a sus conocimientos, fue supremamente importante para poder potencializar esa comunicación en el ministerio, que lastimosamente había estado muy rezagada.

Cuando yo llegué recuerdo que en las redes sociales los comentarios eran supremamente negativos y en un término de tres meses logramos cambiar esa narrativa de un Ministerio que tal vez estaba un poco alejado de las comunidades por un Ministerio que trabaja de cara con los territorios y con las comunidades étnicas, con las comunidades diversas, con las comunidades campesinas, con la ciudadanía, artistas, gestores, etcétera.

Para mí ha sido muy significativo pasar por allí, además de la fortaleza también profesional que me deja este cargo. Ya no estoy en el Ministerio, en la oficina de prensa, como tal. Ahora estoy dirigiendo comunicaciones de la Asociación Nacional Sinfónica, que es una asociación mixta, tiene participación del Ministerio de Cultura, pero también una parte privada. Así, adentrarme también en un mundo que en mi caso había sido poco explorado, como es la música sinfónica, pero también con esta visión de llegar al territorio y de llegar a esas comunidades que no han tenido acceso a la educación en este tipo de músicas es fundamental para poderlo mostrar desde el periodismo y desde las comunicaciones. Son retos profesionales a los que me estoy enfrentando actualmente. Y bueno, como lo mencionaba, el paso por el Ministerio me deja estos grandes aprendizajes. Creo que contribuí en lo que menciono, sobre todo en poder mostrar esas diversas caras de nuestras comunidades y de todo lo que involucra la cultura.

¿Qué apoyo gubernamental reciben los proyectos enfocados en la defensa de la cultura afrocolombiana en que tanto te has destacado?

El apoyo gubernamental, pues yo creo que todavía hay muchos desafíos, porque los apoyos gubernamentales generalmente son por concurso y por convocatorias. Generalmente, estos proyectos tienen un tiempo de ejecución entre 4 a 6 meses como máximo. Creo que uno de los desafíos es poder que a nivel gubernamental se puedan desarrollar apoyos o convocatorias que puedan abarcar más en un rango de tiempo mucho más amplio.

Desde el Ministerio se logró hacer, o sea, desde el año pasado se hizo una convocatoria que es la lista bienal, entonces los proyectos ganadores reciben apoyo por dos años consecutivos y eso es lo que genera que realmente haya una sostenibilidad en el tiempo para encontrar también otras maneras de sostenerse, no solamente de los apoyos gubernamentales. Pero en particular creo que ese es uno de los desafíos. Aún estamos en un país donde digamos que no nos podemos dedicar del todo a la defensa de la cultura afrocolombiana. ¿Por qué? Pues los recursos son escasos y porque hay que encontrar otras maneras también de solventar el día a día y todo lo que involucra hacer tener una familia, ¿cierto? Para poder brindarles, esa calidad de vida necesaria.

Creo que falta, aunque se han hecho esfuerzos, por ejemplo, esa iniciativa que colocó el Ministerio me parece importante, pero que se debe expandir también a otras áreas, porque, por ejemplo, esta convocatoria es solo para eventos muy grandes del país, festivales y demás, entonces poderlo ampliar como otras esferas también de la cultura. Y que haya programas mucho más enfocados en la defensa de la cultura afrocolombiana, realmente, a pesar de que tenemos una vicepresidenta, negra, afrocolombiana, creo que aún falta muchísimo, sobre todo desde el Ministerio que ella lidera, que es el Ministerio de la Igualdad. Ahí también faltan unas líneas claras sobre ese tipo de proyectos y el apoyo a aquellos que visibilizan, que dignifican y que muestran lo que se hace, frente a una narrativa donde los medios tradicionales están acostumbrados a narrar lo que ocurre en las comunidades afro.

¿Cómo miras hacia Colombia, Latinoamérica y el mundo de hoy?

Bueno, a Colombia yo lo veo como un país con un amplio potencial en todos los aspectos, tanto culturales como económicos, como turísticos, sociales, con grandes retos, pero con un potencial enorme, como toda Latinoamérica. Pero creo que ese potencial primero nos lo debemos creer nosotros mismos, que ese potencial debe procurar por generar o que el país tiene que procurar generar mecanismos donde las personas puedan tener una educación de mayor calidad y tanto dentro del país como por fuera, pero garantizando que los que salgan regresen también para poder aportar esos conocimientos a nuestro país.

Aún hay grandes retos en materia del conflicto armado. Yo creo que la apuesta por la paz, por la reconciliación, por un mundo más pacífico, es supremamente necesaria, porque definitivamente el ­conflicto deja unas heridas que son profundas y que estructuralmente son difíciles de sanar e involucran también todos los aspectos: educativo, familiar, económico, territorial, creo que Colombia tiene que seguir haciendo muchas conexiones con el mundo, que ojalá cada colombiano lograra salir también del país, porque, por ejemplo, nosotras en este viaje nos hemos dado cuenta del enorme potencial que tenemos en nuestro país y llegamos valorando muchísimo más lo que tenemos, con ideas nuevas, con ideas renovadas.

En realidad, yo sí me sueño un país muy próspero, con unos niveles muchísimo más bajos de inequidad, donde la gente pueda tener esas condiciones básicas de vida, donde los derechos civiles sean reconocidos, protegidos, donde las poblaciones, todas las poblaciones, sin importar la etnia, puedan tener mayores oportunidades de trabajo, pero también educativas. La educación es el camino, definitivamente, para salir de esas brechas de desigualdad.

Creo que también hacen falta unos liderazgos muy potentes, unos liderazgos dentro de los diferentes escenarios de poder y de toma de decisiones, que tengan una conciencia muy profunda sobre las comunidades y sobre lo que necesitan las comunidades para poder aportar soluciones reales y concretas.

 

 

 

 

 

 

viernes, 24 de mayo de 2024

Saber de Froilán Escobar, un escritor profundamente martiano

 Cuando a principios de la década de 1990 leí Martí a flor de labios, acabado de publicar en Cuba, encontré al Martí que yo andaba buscando: a quien fue, en medio de su grandeza y genialidad, antes que un héroe, un ser humano.

Cuando muchos de los textos que se publicaban en Cuba presentaban al autor de La Edad de Oro como un héroe nacional insertado en un lenguaje estereotipado de servicio ideológico, o inmerso en el yeso intocable de innumerables bustos, vino el libro de  Escobar  a  traernos una  imagen menos sacralizada sobre aquel hombre inmerso en la complejidad de una guerra de la que fue el mayor organizador, pero también en la naturaleza íntima de su ser. De aquel texto, dijo Cintio Vitier: “Este libro es un suceso prodigioso (...) no conozco otro semejante”.

Después, apenas oí  hablar de Froilán en Cuba, aunque en 1997 apareció  una hermosa edición crítica titulada José Martí, Diarios de campaña, ricamente anotada e ilustrada, en la que su nombre aparece en segundo lugar, precedido por el de Mayra Beatriz Martínez, si bien quienes leen Martí a flor de labios adivinan en las notas la jerarquía del mismo autor.

Es ahora que he venido a saber que desde 1992 Froilán Escobar vive en Costa Rica, donde ha publicado varios libros, ha sido un reconocido profesor universitario, ha recibido premios nacionales de periodismo y literatura, así como una atención de la crítica que hace justicia a su riqueza y originalidad narrativa.

El motivo de la pesquisa sobre el escritor fue encontrarme con la novela La noche bella no deja dormir, publicada en Alemania por Ilíada Ediciones y con prólogo de Amir Valle. Desde identificar en el título una frase martiana del Diario de campaña, entendí que el autor de Martí a flor de labios nos entregaba novelada la travesía del héroe entre Playitas y Dos Ríos. Lo encontré en redes sociales, le escribí y antes de dos horas tuve la sorpresa de su llamada a mi teléfono, desde Costa Rica. Hablamos largamente, una, dos, tres veces, y la afinidad martiana nos convirtió en amigos, desde cuya cualidad le pedí responder a unas breves preguntas para La Gaceta:

Aunque sabía que pintabas exquisitamente con la palabra (lo percibí desde leer tu bello libro Martí a flor de labios), no conocía que también lo hacías con el pincel. Lo supe al ver tu nombre como autor de una obra que se presentará próximamente en una exposición en Creative Pinellas, en la bahía de Tampa. Háblame de esa pintura –Flora y fauna– y de tu creación como artista plástico.

Desde niño, como mi padre, hago ventanas. Él como carpintero las hacía para ponerlas en las casas. Yo las escribo, las pinto, las imagino, para ver el mundo. Es mi manera de asomarme, desde mí mismo. Avizoro así lo que me espera, me acerco a lo que me falta. Es así como hago para estar o para tener lo que está fuera de mí, o para encontrar lo que vive en mí.

Asomémonos a tu mundo literario, felizmente iniciado con el famoso curso délfico de José Lezama Lima. ¿Qué significó para un hijo de San Antonio de los Baños el enorme regalo de la amistad con el padre de Orígenes?

Corría el año 1962 cuando conocí a Lezama. Rondaba yo entonces los 18 años. Recién había llegado a La Habana desde San Antonio de los Baños, mi pueblo. Escribía mis primeros poemas y leía como un ­desaforado. Estaba descubriendo el Yin y el Yang de la literatura cuando, en una librería de segunda mano de la calle Neptuno, encontré dos cuadernos de poemas de Lezama que me sacudieron: Enemigo rumor y Aventuras sigilosas.

Entonces yo trabajaba como mensajero en una revista en la calle Trocadero y alguien de allí, que vio el nombre del autor, me dijo que Lezama vivía al cruzar la esquina, en la casa número 162.

Al salir del trabajo fui corriendo, toqué y quedé expectante, detenido ante la puerta. Cuando él salió, gordo, bamboleante, sin que mediara ningún preámbulo, le dije: Lezama, soy un joven poeta que encontró estos dos libros suyos y quiere conocerlo. Y sucedió lo inolvidable. Sonriente me respondió: “Que pase la poesía”.

Fue el comienzo. No paré de ir a verlo. Fui uno de los ­lectores de los textos de fundación que él prestaba en su Curso Délfico (Popol Vuh, Bhagavad Gita, I Ching, la Biblia, la Torá, el Chilam Balam, El Monte, de Lydia Cabrera, etc., para cerrar el revelador círculo con el Diario de Campaña de José Martí). Fuimos amigos hasta su muerte, en 1976.

Aunque no es tu primer libro, Martí a flor de labios (1991) provocó una fascinación en los lectores cubanos, no solo en especialistas de la estatura de Cintio Vitier, sino  en general en el amplio público martiano. ¿Hasta dónde te propusiste con esa obra una sincera y necesaria desmitificación del héroe más sagrado de los cubanos?

A finales de los años 60 trabajaba como periodista en La revista de Cuba y recorría la Isla queriendo descubrirla. Ya había leído, muchas veces, los diarios de campaña de José Martí y tenía conmigo una edición crítica donde, para mi sorpresa, por problemas de lectura en la transcripción del original, escrito a mano por José Martí, aparecían errores en nombres de lugares y quedaban vacíos en la transcripción (como en la noche del 18 de abril de 1895) que no se habían podido desentrañar, porque la fuente era, únicamente, el documento escrito. Entonces se me ocurrió hacer, como diría Cintio Vitier, “una lectura del Diario contra la vida”. Diario en mano, recorrí los casi 300 kilómetros que van desde Playita hasta Dos Ríos. Para mi sorpresa, descubrí que aún vivían siete de los campesinos a los que se hacía referencia en el Diario. Excepto uno (el hijo del prefecto Rosalío Pacheco), vivían en el mismo lugar donde Martí los había conocido. Hablé con ellos, los entrevisté, me detuve con minuciosidad en lo que decían, en sus casas y en los lugares donde los mambises hicieran campamento. Las entrevistas, después, se convirtieron en un libro: Martí a flor de labios, publicado por Editora Política, 1991, con un hermoso prólogo de Cintio.

Como salí de Cuba en 1992, la edición crítica que dejé armada, con prólogo y anotaciones de mis hallazgos, titulada José Martí, Diarios de campaña, quedó en manos de ­Mayra Beatriz Martínez, para ser publicada por la Editora Abril, la cual finalmente apareció en 1997 con el crédito de Mayra Beatriz y el mío (en las sucesivas ediciones que se han hecho, mi crédito ha sido borrado).

Creo que a partir de ese texto el resto de tu obra literaria la has escrito en Costa Rica, aunque los libros aparecieran en editoriales de Colombia, Argentina, España. En esos libros en que se entrelazan ficciones y realidades, ¿cuánto hay de Cuba?

Del lugar donde uno pasó su infancia y adolescencia no hay escape. No importa hacia dónde caminemos, Cuba está en nuestros pasos sin importar la estrella que nos espera o donde pongamos el pie.

¿Prefieres ser llamado cubano-costarricense, como te identifican algunos medios, o ser nombrado como un cubano que vive en Costa Rica?

El universo pasa por el patio de cualquier casa. Pero, para un cubano excomulgado, que ve críticamente la realidad que vive la Isla, es bueno irse a vivir al mundo, sin detenerse en cómo lo nombren.

¿Qué satisfacciones te ha traído tu labor docente en Costa Rica?

Hago lo mismo que hicieron conmigo Lezama, Cintio, Fina y Onelio. Reconozco. Motivo. Impulso. He sido profesor universitario alrededor de 30 años, especialmente de la crónica, en la carrera de periodismo. Actualmente imparto talleres, vía Zoom, sobre los posibles puntos de partida de la narración en el cuento y en la novela.

En tu último libro –La noche bella no deja dormir– vuelves a Martí, ofreciéndonos nuevamente un “exquisito trabajo de fabulación literaria e imaginación” como dice en el prólogo el escritor y editor Amir Valle. ¿Por qué, otra vez, Martí?

José Martí sigue en uno. Va con uno. Se teje con nosotros su urdimbre. Como dice Lezama: “Es un misterio que nos acompaña”.

¿Podrán los lectores cubanos disfrutar La noche bella..., como disfrutaron tu Martí a flor de labios?

Me gustaría, pero no creo que en Cuba se publique. No creo que se acepte que lo descubro de otra manera, fuera de los estereotipos, en relación con el amor y con la muerte, porque esa manera mía rompe con las estatuas en que lo hemos convertido.

 


viernes, 17 de mayo de 2024

Última página del Diario de campaña de José Martí

 El 17 de mayo de 1895 José Martí se encontraba en el campamento de La Vigía, en Dos Ríos. Como menciona en su Diario de campaña, ese día solo le acompañaban 12 hombres, a pesar de ser el máximo dirigente político de la Guerra de Independencia cubana y cuando todos sabían que las tropas españolas estaban detrás de los insurrectos.

Cómo se explica que una figura en quien recaía la mayor responsabilidad en el ordenamiento de un gobierno que encausara el país hacia la independencia estuviera  ese 17 de mayo con tan  inconcebible desamparo. Si entonces una avanzada española hubiera llegado a aquel débil campamento, se habría repetido la cacería inexplicable que sufrió Carlos Manuel de Céspedes en San Lorenzo.

La indefensión entre la ­jerarquía mambisa lo alcanzó dos días después, cuando acompañado únicamente por el soldado imberbe Ángel de la Guardia apareció a galope frente a los fusiles españoles que lo fulminaron. Estaba en la guerra y le sobraba el valor para morir combatiendo, pero estaba más atento a los otros que a sí mismo. Así lo apreciamos en la última página del Diario, cuando nos da detalles de quienes le acompañan y por cuyas líneas entraron a la historia.

También es incomprensible la demora inútil en Dos Ríos. La única razón de la acampada era la necesidad de sostener una reunión con el general Bartolomé Masó, como lo hicieron él y Máximo Gómez en La Mejorana con Antonio Maceo. Eran los dos generales con mayor mando en Oriente y si con el Titán de Bronce hubo fricciones en torno a la organización del gobierno, ellos esperaban que el Héroe de Bayate contribuyera a limarlas.

Sin embargo, aunque le convocaron en carta del 12 de mayo al llegar a Dos Ríos y el 15 repitieron el aviso, vino a ser el 18 por la noche que Masó apareció, rodeado de unos trescientos hombres a caballo. A esa hora, Martí estaba escribiendo una hermosa carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, quien nada tenía que ver con aquel lugar. Le estaba hablando de “sentimientos de tan delicada honestidad” cuando se oyó el tropel de los cascos. Por eso, no tuvo tiempo de escribir en su Diario el día 18, lo que tampoco pudo hacer el 19, pues lo impidió la muerte.

Al terminar de leer esas páginas del Diario de campaña que tanto impresionaron a María Zambrano, a José Lezama Lima y a tantos grandes escritores, nos quedamos con ese dulzor del higo, como hechizados con las palabras de aquel gran hijo de América.

Pintura de Esteban Valderrama, presentada en el
Salón de Bellas Artes de La Habana, en1918.

Última página del Diario: 17 de mayo de 1895

  Gómez sale, con los 40 caballos a molestar el convoy de Bayamo. Me quedo escribiendo con Garriga y Feria, que copian las Instrucciones Generales a los Jefes y Oficiales conmigo doce hombres, bajo el Teniente Chacón, con tres guardias, a los tres caminos; y junto a mí, Graciano Pérez. Rosalío, en su arrenquín, con el fango a la rodilla, me trae, en su jaba de casa, el almuerzo cariñoso: «por usted doy mi vida».

Vienen, recién salidos de Santiago, dos hermanos Chacón, dueño el uno del arria cogida antier, y su hermano rubio, bachiller y cómico, – y José Cabrera, zapatero de Jiguaní, trabado y franco, – y Duane, negro joven, y como labrado, en camisa, pantalón y gran cinto, y ... Ávalos, tímido, y Rafael Vázquez, y Desiderio Soler, de 16 años, a quien Chacón trae como hijo. – Otro hijo hay aquí, Ezequiel Morales, con 18 años, de padre muerto en la guerra. Y estos que vienen, me cuentan de Rosa Moreno, la campesina viuda que le mandó a Rabí su hijo único Melesio, de 16 años: “allá murió tu padre: ya yo no puedo ir: tú ve”.

Asan plátanos, y majan tasajo de vaca, con una piedra en el pilón, para los recién venidos. Está muy turbia el agua crecida del Contramaestre, – y me trae Valentín un jarro hervido en dulce, con hojas de higo.

 

 

viernes, 10 de mayo de 2024

Desde la última carta de Martí a la madre

 En ocasión de celebrarse el Día de las madres, felicitamos a todas desde La Gaceta, e incluimos en nuestra columna una de las cartas más hermosas enviadas por un hijo a la suya. Es la misiva enviada por José Martí a Leonor Pérez, cuando iba a salir hacia Cuba para incorporarse a la Guerra de Independencia. Cuando ella la tuvo ante sus ojos, él ya estaba en las filas del Ejército Libertador y no volverían a verse.

También, incluyo un fragmento de mi libro Luz al universo, en el que se plasman las relaciones de la madre con el hijo, miradas en retrospectiva a partir del instante en que ella está leyendo la carta.

Madre mía:

Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Ud. Yo sin cesar pienso en Ud. Ud. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Ud. con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre. Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de Ud., con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición.

Su, J. Martí

Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que Ud. pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca.

Leonor Pérez, la madre de José Martí, vivió en Tampa entre
el 11 de abril y el 28 de agosto de 1898.

Leyendo la carta del 25 de marzo, casi a la ida del sol, apretaba los ojos para sentirlo de nuevo, como en el alba de aquel 28 de enero, a los once meses de casada, cuando oyó el llanto de la criatura que nació de sus entrañas y levantó en vilo, ante los ojos felices de Mariano, para comprobar su condición de varón y, ya satisfecha, reconocerle la piel blanca, los ojos glaucos, las manos finas y la frente ancha, como de inteligencia y porvenir. Con ningún otro parto experimentó aquel desgarramiento, ese rompimiento de volcán.

De la tutela de Mendive lo vieron saltar a hombre sin apenas darse cuenta. Pero es que él se revolvió junto con el país, como si juntos hubieran cumplido la mayoría de edad. España empezó a perder a Cuba cuando la familia comenzó a perderlo a él. No se sabía bien cómo fueron engranándose los fermentos, pero después del 10 de octubre de 1868 no hubo hogar en Cuba que no conociera el nombre de Carlos Manuel de Céspedes, un infidente, un abogado bayamés que tuvo el atrevimiento de alzarse en armas contra el poder de Su Majestad de España, darles la libertad a sus esclavos para sembrar el ejemplo, y comenzar aquella guerra de tantos años, casi a machete, contra el Ejército Real.

Un día el hijo regresó de la escuela como iluminado, con un poema que evidenciaba su total adhesión al sentir de la patria: No es un sueño, es verdad: grito de guerra, / Lanza el pueblo cubano, enfurecido; / El pueblo que tres siglos ha sufrido / Cuanto de negro la opresión encierra.

 El niño había visto un esclavo ahorcado cuando estuvo con el padre en Hanábana, y se había jurado, en secreto que vertió en versos más tarde, lavar con su sangre el crimen. Solo tenía nueve años, y eso ya nadie lo pudo borrar de su mente. Después se supo que a partir del 10 de octubre el señor Mendive se acuarteló en su domicilio, entre un grupo de hombres donde permitían entrar a su hijo adolescente, a desplegar un mapa de la Isla para seguir el avance de los insurrectos.

Ya nunca más hubo calma. La Habana fue también un campo de batalla: tiros, gritos, panfletos, escándalos día y noche, y el colegio de Mendive hecho un hervidero.

Un día se apareció el hijo con un periodiquito estudiantil y más nunca, ni a ella ni al padre, entonces celador en Batabanó, se les quitó la preocupación. La verdad es que siempre llevó juntos los dos sentimientos, la adoración por la madre y el amor a la patria; aunque los deberes hacia lo que él llamó madre mayor –por el compromiso, no por quererla más–, le ocuparan la vida.

 Leyendo “Yo sin cesar pienso en Ud.” recordó el poema que le hizo el hijo cuando apenas tenía 15 años y ella cumplía sus cuarenta:

Madre del alma, madre querida, /Son tus natales, quiero cantar; /Porque mi alma, de amor henchida, /Aunque muy joven, nunca se olvida /De la que vida me hubo de dar.

Todavía lloraba recordándolos, pasando los ojos, casi sin poder leer, por ese “conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre”.

 

 



viernes, 3 de mayo de 2024

Ali Sánchez, una actriz llena de sueños viene a Tampa

 Aliani Sánchez es una actriz, modelo y humorista cubana que próximamente el público de Tampa podrá ver actuar en el espectáculo De Banao para el mundo, que se presenta como “la historia de una guajira, contada desde un auditorio”. Desde el título, apreciamos que con la obra la artista honra sus raíces, al presentar con gracia y sensibilidad el pueblito del campo cubano donde nació.

Ali, como es conocida la actriz, estudió en el Instituto Superior de Arte en La Habana y se dio a conocer en la televisión de su país en programas humorísticos de mucha aceptación como Sabadazo y Pateando la lata.

Como tantos artistas cubanos, emigró a Miami (2007) y en ese lugar ha enriquecido su profesión, actuando en  programas televisivos como  Sábado gigante y en la novela Alma indomable, de Venevisión. Asimismo, trabajó en obras teatrales como Oficialmente gay, Probation, Las Habaneras de hoyo colorao, Chamacos, Weekend en Bahía y otras.

Al saber que el  espectáculo Banao para el mundo, que ha sido muy aplaudido en  Miami, se presentará el próximo 26 de mayo en Tampa, solicitamos a la actriz una breve entrevista para La Gaceta, a la que accedió con prontitud y amabilidad.

¿Como una hija de Banao, en las montañas del Escambray, se convirtió en la talentosa actriz que conocemos hoy?

Con trabajo y sacrificio. Con enfoque, no importa de donde seas, la voluntad y constancia pueden llevarte a donde quieras llegar.

Para muchos actores cubanos ha resultado difícil reencontrase con su profesión en Estados Unidos. De hecho, algunos nunca lo han logrado a pesar de haber triunfado en su país en la televisión, el teatro, el cine. ¿Cómo explicas esta realidad y cómo te impusiste a ella?

Creo que me ha ayudado mucho mis ganas de crear, mi inquietud, el no quedarme tranquila, no conformarme, salirme de mi zona de confort y arriesgarme. He emprendido muchos proyectos que no me han funcionado, pero nunca he dejado que un fracaso me detenga, aprendo de ello, busco otros caminos y sigo sin jamás hacerle daño a nadie.

¿Por qué el tránsito hacia el humor?

El humor comenzó a ser mi camino principal en un momento donde todos estábamos muy necesitados de una risa, en la pandemia. Comencé a crear reels y vídeos para las redes durante la cuarentena y me sorprendió la cantidad de mensajes bellos que recibí de personas que me agradecían por haberles sacado una risa cuando estaban pasando por momentos difíciles.

Si el tiempo fuera manejable, ¿dónde lo habrías detenido un poco más, en Sabadazo o en Las Cazafortunas?

No detendría el tiempo en ninguna parte. Estoy muy agradecida por mi trayectoria y cada uno de mis capítulos, de todo he aprendido mucho y todo ha durado lo que ha tenido que durar.

Háblame de ti como actriz de teatro y de tu relación directa con los espectadores.

 El escenario siempre es la verdadera escuela. La actuación en general es un gran desafío. En el escenario no hay “corten, salió mal, repetimos”, en el escenario no hay segundas oportunidades, es tu verdadera conexión con el público, es tu capacidad de improvisar en caso de que sea necesario, es donde aprendes a controlar tus nervios. Mi prioridad es que los espectadores me vean justo como soy, sin filtros, sin ediciones, me gusta llegar a ellos con verdad y transparencia.

Creo que a fines de mayo estarás en la presentación de una obra en Tampa. Cuéntanos del grupo teatral, de tu actuación y de las expectativas con la presentación en una ciudad donde ya se te conoce. 

 El show  Banao para el mundo es para mí como desnudar mi alma en el escenario, es mi esencia. Estoy muy agradecida con todo el equipo, porque es realmente un “equipazo”.

Es un show donde se ríe mucho y también se llora, es un show que refleja no solo mi verdad, sino también la de muchos cubanos e inmigrantes que hemos llegado a este país llenos de sueños y ganas. Hacer esta presentación en Tampa me enorgullece mucho. Tampa siempre ha sido un lugar donde me he sentido como en casa y actuar allí me hace muy feliz.

Nota del editor: Agradecemos a Tampa Lector Consortium la conexión con la actriz Ali Sánchez. De Banao para el mundo se presentará en el Centro de Eventos Hard Rock, de Trampa, el 26 de mayo, a las 8 p.m.