martes, 21 de enero de 2025

Diálogo con Jesús Puerto, un cubano de cuarta generación en Tampa

 Jesús Puerto, aunque pertenece a la cuarta generación de cubanos  que habitan en la ciudad de Tampa, tiene  la esencia de la cubanía metida en la sangre y en el alma, lo que se percibe no solo en lo que dice cuando recuerda sus orígenes, sino en la mirada que parece extenderse al cuerpo de la Isla cuando oye su nombre. Y si el nombre que oye –o dice– es Guanabacoa, entonces le brillan los ojos como si estuviera caminando por una de sus calles.

Mirando esas imágenes, me dijo que su bisabuelo, Santiago González, conoció a Martí, oyó su voz y colaboró con su causa hasta el logro de la independencia de su país. Se quedó en Tampa, enamorado de la ciudad y estuvo entre los fundadores de la asociación donde nos encontramos. De manera que sus abuelos, su padre y él mismo, han sido miembros de esta entidad patriótica durante 125 años. Con ese privilegio, ¿cómo no hacerle unas preguntas y compartir sus respuestas con los lectores de La Gaceta?

Converso con Jesús Puerto en una sala de la Unión Martí-Maceo.

¿Qué significa para ti haber crecido en Ybor City?

Sabía que al haber nacido y crecido en Ybor City con raíces cubanas, teníamos una cultura ligeramente diferente a la de nuestros vecinos cuando nos mudamos a East Tampa y diferente a la de la familia de mi madre, que es afroamericana. Esta diferencia era especialmente notable en la época navideña, cuando mi familia preparaba comida cubana para la celebración de la Nochebuena y esa reunión familiar se convirtió en reuniones comunitarias a medida que pasaban los años y todavía se practica hoy. Este año, en la casa de mi madre tuvimos más de 65 reuniones familiares y comunitarias en esa fecha.

 Fui criado en parte por la madre de mi padre, la abuela Luisa “Male” Gómez González, y las personas que no se crían como cubanas todavía aprecian la experiencia de la Nochebuena y la comida porque es algo diferente para ellos y les encanta el sabor y la experiencia. Es algo que en  nuestra familia estamos compartiendo, lo que sigue la tradición de hospitalidad que nos transmitieron nuestros antepasados.

Eres miembro vitalicio  de la  Unión Martí-Maceo e integrante de su directiva.  ¿Cómo  ella contribuye a mantener viva la memoria de esos dos héroes?

Pues sí, soy miembro vitalicio de la sociedad sindical Martí-Maceo, al igual que mi padre y sus hermanos, así como mi abuela y sus hermanos. He asistido a eventos comunitarios y familiares allí, en el 1226 E 7th Ave. en Ybor City, desde que tengo memoria. Mis bisabuelos y su comunidad fueron parte de los miembros fundadores de la junta directiva de la sociedad. La sociedad lleva el nombre de los héroes de la independencia de Cuba, José Martí y Antonio Maceo.

Muchos de los miembros fundadores de la sociedad habían sido exiliados de Cuba durante la década de 1890 debido a su participación en el movimiento independentista de Cuba contra España. Cuando llegaron a Tampa y se establecieron, muchos de ellos trabajaron en fábricas de tabaco, aunque mi bisabuelo horneaba pan cubano. Ellos compraron recursos (machetes, uniformes, medicinas) y los enviaron a Cuba para que los usaran los miembros del Ejército Libertador, los llamados mambises.

 En mi último viaje a Cuba, como parte de mi investigación, viajé con un grupo de antropólogos e historiadores a Matanzas y me mostraron un monumento y una placa con los nombres de los mártires que murieron entre 1895 y 1898 luchando por este movimiento. Vi varios apellidos que probablemente estaban relacionados con mi bisabuelo. Fue muy emotivo.

¿Qué expectativas tiene en la actualidad la Unión Marti-Maceo?

Bueno, además de mantener las cuentas pagadas y el edificio en buen estado, la dirección ejecutiva de la sociedad y sus miembros continúan protegiendo esta importante historia, así como los recuerdos creados en el emblemático edificio. Aunque poco conocida, es una historia por la que tanto y tantas vidas se sacrificaron,  para que un día Cuba fuera libre, independiente y que el amor y la igualdad estuvieran a la vanguardia de su funcionalidad.

Esta fue la visión de José Martí y el General Antonio Maceo. Por eso, hasta el día de hoy, después de más de 125 años, protegemos esta memoria para que nuestras futuras generaciones puedan estar mejor informadas de la contribución social hecha por quienes vinieron antes que ellos y abrieron camino para las oportunidades que existen para ellos.

Háblame sobre tu actividad profesional...

Lo hago en forma de una experiencia cultural en un restaurante, Soul de Cuba Café, que creé hace 20 años, donde incorporo el arte sacro cubano, la música y la comida cubana de nuestra familia y comunidad con las recetas que se remontan a más de 125 años de tradición que me han transmitido. Las paredes del restaurante están adornadas con recuerdos como etiquetas de cajas de puros y carteles del pasado de Ybor City. Las fotos datan de finales del siglo XIX de mis bisabuelos y miembros de su comunidad en Guanabacoa e Ybor City.

¿Cómo valoras las relaciones históricas entre Tampa y Cuba?

Durante más de 125 años, mis familiares han mantenido relaciones con nuestros familiares en Guanabacoa, Cuba. Incluso a través de los muchos años de desafíos y disfunción entre los gobiernos y las dificultades que afectan las líneas de comunicación, casi todos seguimos en contacto. Lo hacemos para que nuestros primos de ambos lados de la división conozcan su historia y mantengan los recuerdos y los transmitan a las generaciones futuras.

Además de organizar reuniones familiares, también dirijo intercambios culturales, presentando a los estadounidenses aspectos de la sociedad cubana con los que de otra manera nunca tendrían la oportunidad de conectarse. Hago este trabajo como parte de la contribución comunitaria de una fundación que creé llamada Cubanakoa.

Aunque mi trabajo comunitario internacional anterior comenzó en las islas del ­Pacífico en los años 90 ­cuando serví como voluntario del Cuerpo de Paz en Samoa, sigo participando en una forma de esos esfuerzos a través del voluntariado para Cubanakoa, construyendo puentes de amor, paz y entendimiento entre ciudadanos estadounidenses y cubanos.

¿Algo más sobre Ybor City?

Sí, quiero incluir un poema breve que escribí,  dedicado a mis antepasados:

Rosa blanca de la Séptima Avenida

El dios del tabaco me dijo: cuídate.

Al hombre negro de la Séptima Avenida en Ybor City le dieron la espina,

y al hombre blanco le dieron pétalos blancos,

y aunque juntos forman la rosa,

su paz atraviesa todas las almas.

–Muchas gracias.

 

lunes, 25 de noviembre de 2024

Tampa Lee, un nuevo espacio de lectura en la ciudad

 Como derivación de la Primera Feria Internacional del Libro –inaugurada en marzo de 2024–, el presidente de ese evento, el poeta Alberto Sicilia, ha propuesto la fundación de un espacio de lectura que ha denominado Tampa Lee.

Junto a los otros dos miembros de la presidencia de Tampa Lector Consortium, ha convocado para este 23 de noviembre a su inauguración en el Club Cívico Cubano.

Con el interés de dar a conocer los objetivos, características y aspiraciones de esta manifestación cultural de honda significación para la ciudad, pedimos a Sicilia responder a unas preguntas para esta columna. Asimismo, a través de este medio invitamos a la comunidad de Tampa a participar de este sueño realizable, sea a través de participar en sus tertulias literarias, con su membresía o, simplemente, como un lector que transmite su experiencia y anima a que se fortalezca el hábito de leer, un camino abierto a todos al saber.

En marzo de 2024, se desarrolló en Tampa la Primera Feria Internacional del Libro. A partir de esa actividad, has tenido la iniciativa de fundar un espacio cultural en la ciudad al que has nombrado Tampa Lee. ¿En qué consiste esa propuesta?

Tampa Lee pretende ser un club de lectores y autores patrocinadores. Tiene las características propias de un club de lectura, pero hemos introducido algunas novedades, como la participación sistemática de autores, la capacidad de coordinar nuevas formas de promocionar y distribuir las obras, el apoyo a escritores noveles y a eventos que coordina Tampa Lector Consortium, incluyendo la Feria Internacional del Libro de Tampa. Sus miembros tendrán beneficios significativos y podrán interactuar en comunidad para desarrollar sus propios intereses.


¿Qué vínculos se proponen establecer con las instituciones educativas de la ciudad y específicamente con las bibliotecas públicas?

Tenemos un plan de acciones que comienza por las instituciones más emblemáticas de la ciudad, para luego extendernos a las bibliotecas públicas y otras organizaciones que estén abiertas a participar en esta iniciativa. Uno de los objetivos es unir voluntades para restablecer la comunicación intergeneracional y salvaguardar la memoria histórica, la identidad cultural y el patrimonio lingüístico de los pueblos. Nuestra jornada inaugural está prevista para el sábado 23 de noviembre en la biblioteca del Club Cívico Cubano. Aprovecho esta oportunidad que nos ofrece La Gaceta para invitar a sus lectores y suscriptores a participar en el evento.

¿Cómo funcionaría Tampa Lee?

Estaremos coordinando un encuentro mensual de manera presencial, pero tendríamos una plataforma activa en redes para intercambiar ideas y proyectos, recibir a los nuevos miembros y anunciar los diferentes encuentros. A diferencia de otros clubes de lectura, y siempre que los espacios seleccionados tengan las condiciones requeridas, tendríamos la presencia de artistas invitados para culminar las sesiones con una especie de piano bar, donde puedan confluir la lectura de poemas o las presentaciones de teatro de pequeño formato, con música en vivo. De igual manera, artistas de la plástica podrían estar interactuando con muestras personales o colectivas. Será una oportunidad para que las personas que tengan interés en la lectura comentada puedan socializar, de manera opcional, en un ambiente multicultural y polifacético.

¿Ves a Tampa Lee como una biblioteca itinerante?

Sí, siempre soñé con la idea de la biblioteca imposible del gran escritor cubano José Lezama Lima, o con ese lugar ideal que me confiara el poeta Fayad Jamis, un sitio mínimamente iluminado, donde los poetas pudieran leer versos para un público en penumbras. Todo eso se mezcla con mi idea de un camión cargado de libros, que recorre los poblados y acoge en su interior la luz del conocimiento y la grandeza de la amistad.

¿Qué presencia habrá de los autores que radican en Tampa en este nuevo espacio de lectura y divulgación literaria?

Los autores locales están, de hecho, en la primera lista de invitados. Muchos ya han publicado sus libros por algunas casas editoriales radicadas en la ciudad y, en su momento, recibirán la correspondiente invitación para presentar sus obras a los lectores. Es importante que se valore el testimonio oral para conocer nuestras raíces, tener una comprensión cabal del presente y guías aproximadas para un futuro, que a muchos nos resulta incierto. Por eso queremos propiciar la revitalización de antiguos clubes de lectura, que vuelvan a renacer y mantengan su autonomía para que puedan participar en nuestros eventos con sus características e identidad. Hemos preparado algunos cuestionarios para, en la medida de lo posible, documentar en video un grupo de entrevistas a nuestros mayores, personalidades de la ciudad que forman parte de nuestra historia local. De hecho, uno de los objetivos del club es dar a conocer a nuevos escritores y motivar a aquellos que quieran contar sus historias y llevarlas a libro impreso.

¿Crees posible recuperar el hábito de leer en libros impresos que las nuevas tecnologías de libros electrónicos amenazan?

Cuando viajo por algunas regiones del país, me detengo a observar cómo los norteamericanos aún tienen el hábito de llevar sus libros y destinar tiempo para leer. Muchos factores determinan la formación del hábito de lectura que luego sufre interrupciones debido a la necesidad de sobrevivencia y a la velocidad del mundo moderno. Cada día, las nuevas aplicaciones de redes apuestan por la brevedad y lo superficial. Creo que es imperativo el intento de conceder un tiempo a los libros, sobre todo en las nuevas generaciones. El libro de bien te mantiene a salvo de la manipulación y la barbarie. Hay algunos proyectos en la ciudad que atesoran libros de uso y veo a muchos estudiantes intentando crecer.

¿Qué apoyo requiere el futuro de Tampa Lee?

Tenemos una pequeña cuota de membresía que permitirá comprar algunos materiales y ayudar en la preparación de los eventos, pero no se trata únicamente de cuestiones financieras, es importante que los funcionarios públicos y las personalidades representativas de la comunidad nos faciliten las vías para alcanzar nuestros objetivos. Tampa Lector Consortium demostró con la Primera Feria Internacional del Libro, en los espacios del Hillsborough Community College de Ybor City, que podemos desarrollar en la comunidad una alternativa sana para el disfrute de todos.

¿Cuándo será la próxima Feria Internacional del Libro de Tampa?

En distintas reuniones del Comité Organizador de la Feria Internacional del Libro hemos estado repensando las fechas y el alcance de la próxima Feria. El momento actual es de franca recuperación, no solo por los desastres naturales que han afectado toda el área de la bahía de Tampa, sino por la incertidumbre ante los cambios que se avecinan con la nueva administración del gobierno. La pasada Feria nos dejó muchas enseñanzas y hemos podido identificar la mayoría de los errores cometidos.

Para el 2025, en marzo también, estaremos haciendo una Feria de transición con características especiales. Tendrá un evento inaugural y estarán representadas casas editoriales y autores locales un día exclusivamente. En días consecutivos daremos continuidad al evento con la feria virtual, con autores y editoriales foráneas, además de otras actividades que se inserten en el programa de otras instituciones y centros de estudio. Los autores locales y algunos invitados especiales estarán haciendo presentaciones de libros, paneles teóricos, recitales poéticos y conferencias en algunas de esas instituciones patrocinantes. Cada una de estas acciones conlleva un plan financiero para incrementar el fondo de Tampa Lector Consortium en vista a la Feria Internacional del Libro 2026. Seguiremos convocando a los amigos y a las personas de buena voluntad, empresas y fundaciones que apoyaron nuestra primera Feria. Honraremos la memoria de Antonio Bechily como principal patrocinador de ese histórico evento y también de otras personalidades de la comunidad que han contribuido a su historia y cultura.

 

 

viernes, 18 de octubre de 2024

Una mirada positiva a los inmigrantes desde el artículo “Vindicación de Cuba”

 Hace 135 años, la prensa en Estados Unidos publicó un artículo ofensivo acerca de los cubanos, lo que me hace recordar   expresiones de Donald Trump sobre los inmigrantes que llegan de América Latina y otras regiones del mundo a ese país.

El artículo, publicado por el periódico The Manufacturer, de Filadelfia, y reproducido en el Evening Post de Nueva York, corresponde a  marzo de 1889, cuando se discutía en los círculos de poder estadounidenses la posibilidad de que Cuba fuera anexada.

En el artículo se afirmaba que los cubanos no serían capaces de establecer un gobierno propio, pues no solo eran inútiles, perezosos, cobardes, sino también afeminados. Con ello, no solo  intentaba justificar que al gobierno norteamericano no le quedaría otro camino que  gobernar aquel país, cuando ya había hecho ofertas a España (y las volvería a hacer) de comprar la Isla.

La ofensiva editorial, bajo el título “¿Queremos a Cuba?” resaltaba las ventajas geográficas que conllevaba poseer la Isla, pero insistía en las deficiencias de sus pobladores con evidente desprecio hacia su mestizaje, con un tono parigual al que hoy algunos políticos, siguiendo la retórica de Donald Trump, utilizan para referirse a los inmigrantes.

Conocemos aquel artículo  por la inmediata respuesta que le dio José Martí, quien entonces vivía en Nueva York. Lo hizo en una carta a   The Evening Post fechada el 25 de marzo de 1889, en la que primero aclara que no era el momento de discutir el tema de la anexión, ante la urgencia de reivindicar el verdadero carácter y virtudes de sus compatriotas.

En la misiva, José Martí no solo destaca el valor de los cubanos que viven en la Isla, sino el de los emigrados, lo que sirve hoy para valorar a los inmigrantes de todas nuestras tierras. Así, dice el cubano:

“Los cubanos, dice The Manufacturer, tienen aversión a todo esfuerzo, no se saben valer, son perezosos.  Estos ‘perezosos que no se saben valer’, llegaron aquí hace veinte años con las manos vacías, salvo pocas excepciones; lucharon contra el clima; dominaron la lengua extranjera; vivieron de su trabajo honrado, algunos en holgura, unos cuantos ricos, rara vez en la miseria; compraron o construyeron sus hogares; crearon familias y fortunas (…) Un puñado de trabajadores cubanos levantó a Cayo Hueso. Los cubanos se han señalado en Panamá por su mérito como artesanos en los oficios más nobles, como empleados, médicos y contratistas. Un cubano, Cisneros, ha contribuido poderosamente al adelanto de los ferrocarriles y la navegación de ríos de Colombia. Márquez, otro cubano, obtuvo, como muchos de sus compatriotas, el respeto del Perú como comerciante eminente. Por todas partes viven los cubanos, trabajando como campesinos, como ingenieros, como agrimensores, como artesanos, como maestros, como periodistas. En Filadelfia, The Manufacturer tiene ocasión diaria de ver a cien cubanos, algunos de ellos de historia heroica y cuerpo vigoroso, que viven de su trabajo en cómoda abundancia. En New York los cubanos son directores en bancos prominentes, comerciantes prósperos, corredores conocidos, empleados de notorios talentos, médicos con clientela del país, ingenieros de reputación universal, electricistas, periodistas, dueños de establecimientos, artesanos. El poeta del Niágara es un cubano, nuestro Heredia. Un cubano, Menocal, es jefe de los ingenieros del canal de Nicaragua. En Filadelfia mismo, como en New York, el primer premio de las Universidades ha sido, más de una vez, de los cubanos. Y las mujeres de estos ‘perezosos que no se saben valer”, de estos enemigos de “todo esfuerzo”, llegaron aquí, recién venidas de una existencia suntuosa, en lo más crudo del invierno: sus maridos estaban en la guerra, arruinados, presos, muertos: la “señora” se puso a trabajar: la dueña de esclavos se convirtió en esclava; se sentó detrás de un mostrador; cantó en las iglesias; ribeteó ojales por cientos; cosió a jornal; rizó plumas de sombrerería; dio su corazón al deber; marchitó su cuerpo en el trabajo; ¡éste es el pueblo ‘deficiente en moral!’”.

Únicamente me he fijado en algunos aspectos de este artículo martiano. Es extenso y debería leerse íntegro una y otra vez, no como escrito por un cubano, sino por un hispanoamericano, para que en él se sientan representados los emigrantes de toda nuestra América; y más, porque en él caben todos los emigrados del mundo, los millones de hombres y mujeres que han sido obligados por la miseria, las guerras, las dictaduras, los desastres naturales, a tener que irse del lugar en que nacieron que es en sí mismo un sacrificio, para esforzarse en la búsqueda de un futuro mejor a su familia. Hombres y mujeres que, en su mayoría y en casi todos los lugares donde han llegado, no solo han alcanzado sus propósitos familiares, sino que han contribuido, contribuyen, a hacer más prósperos los sitios donde han sido acogidos.

Que ahora algún político, con más insidia que razonamiento, encuentre en algún crimen cometido por un inmigrante un pretexto para condenar su condición de expatriado no es solo inhumano, sino profundamente  pernicioso  a la sociedad.

viernes, 4 de octubre de 2024

Se inaugura en Ybor City el edificio José Martí

 El pasado 27 de septiembre, quedó inaugurado en Ybor City un hermoso edificio que ha sido nombrado José Martí, un tributo merecido a quien es considerado con justicia uno de los grandes ­hombres de América.

La imagen y la palabra del prócer cubano –quien desde una tribuna a escasos metros del edificio que nace con su nombre convocó y organizó la última guerra hispanoamericana por la independencia–, resaltan en cada uno de los espacios interiores de esta obra que enriquece el rostro urbanístico de Tampa.

Obra del escultor Yoandy Orama 

En el momento de la emotiva inauguración, se destacó a quienes tienen el mérito de haber propiciado su nacimiento. Se agradeció a Darryl Shaw, un apasionado inversionista al que la ciudad de Tampa debe la construcción o remodelación de varios inmuebles  y obras como BluePearl Specialty & Emergency Hospital for Pets, reconocido a nivel nacional. Asimismo, se destacó la labor de Ariel Quintela, quien forma parta del equipo de inversionistas que están cambiando el rostro de Ybor City y a quien se le debe el bautizo de algunos inmuebles, remodelados o creados, con el nombre de patriotas cubanos que acompañaron a José Martí en su obra redentora de alcance universal.

Emiliano Salcines habla sobre José Martí. Al fondo, estatua
de José Martí creada por el escultor cubano Villa Soberón.

El mismo Ariel, en las palabras inaugurales se refirió con gratitud a quienes han contribuido a hacer realidad este edificio situado entre las calles 12 y 13 y 7.ª y 8.ª avenida, con 127 apartamentos modernos, cómodos y hermosos, así como un amplio espacio comercial cuyo destino pudiera ser un restaurante. A su lado, también quedó inaugurado otro  edificio con el nombre de Juan Gualberto Gómez, el patriota cubano a quien se le enviaría desde Tampa la Orden de Alzamiento firmada en Nueva York por José Martí para dar inicio a la guerra de independencia. Así, los dos hombres que entonces se unieron en búsqueda de una patria libre, en la libertad unen sus imágenes en estos edificios que les honran.

Sobre las 21 visitas de José Martí a Tampa

Desde entrar al edificio José Martí, se siente su presencia en todos sus recodos. En un amplio pasillo interior entre las dos torres que componen, sobresale una estatua a tamaño natural realizada por el escultor cubano José Ramón Villa Soberón, rodeada de un jardín donde prevalecerán las rosas blancas. Frente a ella, el honorable juez retirado Emiliano Salcines Jr., quien fue invitado a decir unas palabras sobre Martí –lo que hizo con la sapiencia y emoción que acostumbra– tuvo la inspiración de recordar aquellos versos: “Cultivo una rosa blanca/ en julio como en enero/ para el amigo sincero/ que me da su mano franca…”, lo que hizo, con una rosa de ese color en la mano.

Ariel Quintela en la inauguración del edificio José Martí

También allí, la compañía de teatro infantil La Colmenita, que vino de Cuba guiada por su padre, Carlos Cremata, entonó canciones con versos de Martí y dijo frases suyas, adelantándose a un momento en que, ya dentro del edificio, ofreció un momento artístico profundamente martiano. Ya caminando por su interior, se disfruta la presencia de aquel Maestro universal, en todo el entorno. Con un equilibrado sentido de los espacios, la diseñadora colombiana Carolina Crobo embelleció las paredes con imágenes y frases relacionadas con la obra de Martí en Tampa –señaladamente sus 21 visitas a la ciudad–. En la decoración interior, resalta el trabajo realizado por Yoandy Orama,  a quien se le debe una estatua de Martí (sentado con las piernas cruzadas) que llama la atención desde la entrada por la 7.ª avenida a esa sala convertida en una especie de museo martiano. También se distingue la fachada en relieve de la fábrica de tabacos de Vicente Martínez Ybor, realizada por Junior del Pozo.  Asimismo, una pintura de Martí, obra de Vicente Castro, contribuye al nivel artístico y educativo con que se honra “al hombre sincero/ de donde crece la palma” y a quienes, como él, dedicaron lo mejor de su vida a que la humanidad sea cada vez mejor.

Ante obras como esta que inauguramos en Ybor City, cada uno de los que contribuyó a su feliz realización –desde el primer inversionista hasta quien puso el último ladrillo– puede sentir que, como hombre  o mujer de su tiempo, está trabajando también por el mejoramiento del mundo. 

 

lunes, 23 de septiembre de 2024

En Tampa, Carlos Alberto Cremata y su Colmenita

 El próximo 27 de septiembre, en ocasión de la inauguración del edificio José Martí en Tampa, tendremos la oportunidad de disfrutar de la presentación de La Colmenita, la famosa compañía de teatro iInfantil de Cuba que dirige Carlos Alberto Cremata. 

Cremata, licenciado en Dirección Teatral en la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte de Cuba, ha recibido diversos premios en su profesión, pero es en el quehacer pedagógico y artístico de La Colmenita, con más de 30 años de labor, donde más ha vertido su talento y dedicación.

Previo a su visita a Tampa, la próxima semana, nos respondió gentilmente unas preguntas, cuyas respuestas  damos a conocer.

Para un cubano, y para muchos en el mundo, oír nombrar La Colmenita no representa una colmena de abejas pequeñas, sino la compañía de teatro infantil de la que eres fundador y director  hace más de treinta años. ¿Aprecias en esa obra tu consagración definitiva como director teatral?

Pues sí, La Colmenita no es solo mi consagración, es mucho más, es desde hace casi 35 años el sentido todo de mi vida útil. Siempre me he sentido en La Colmenita, en palabras de Martí, “como un niño que juega en la cuna con un rayo de luz”.

Creo que La Colmenita nace en el difícil momento de la caída del campo socialista y del llamado período especial en Cuba. ¿Influyó en su realización la crisis que se derivó de esos acontecimientos o fue una motivación para el crecimiento espiritual en el marco de un retroceso material?

Silvio Rodríguez, nuestro genial cantautor y poeta, dijo que “los períodos de crisis siempre generan fenómenos valiosos y necesarios, y quizás por eso se creó La Colmenita, en ese momento”, cuando se asomaba el Período Especial, aquella crisis material terrible de los noventa.

 Ante las catástrofes materiales, siempre nos salvó, nos salva y nos salvará el soplo de vida de la cultura, la infancia y la belleza. Martí advirtió: “Emplearse en lo estéril cuando se puede hacer lo útil; ocuparse en lo fácil cuando se tienen bríos para intentar lo difícil, es despojar de su dignidad al talento. Todo el que deja de hacer lo que es capaz de hacer, peca”.

Carlos Alberto Cremata rodeado de miembros de
La Colmenita durante varias presentaciones realizadas
en Nueva York en octubre de 2011
.

¿Cuáles han sido los momentos culminantes de La Colmenita?

Cuando visitamos con los grandes espectáculos colmeneros (estrenados en salas fastuosas), los sitios más recónditos de Cuba y el mundo, las sierras y montañas, las zonas de silencio, los barrios vulnerables, los pueblitos y barrios en desventaja social... y nos entregamos con la misma o quizás con más pasión que en el Teatro más encumbrado de París, New York, La Habana o Estambul... Es, en esos momentos, siempre mágicos, cuando nos sentimos más cerca de la esencia de Martí, para la que se creó La Colmenita...

Recordamos con entrañable cariño una función en La Bajada (Pinar del Río) donde éramos 21 niños sobre el escenario, y solo había 14 niñitos espectadores en aquella humildísima comunidad, pero eran todos los que vivían en esos parajes (o sea la totalidad de su población infantil), o en La Isabelita (muy intrincada en las montañas de la Sierra Maestra), donde el muy reducido número de pequeños espectadores no aplaudió nunca ni coreó las canciones, porque no pudieron salir tampoco nunca de una pose cuasi inmóvil de asombro gigantesco... o las innumerables veces que fuimos hechizados por los seres maravillosos que habitan la Ciénaga de Zapata. Siempre Martí: “el arroyo de la sierra, me complace más que el mar”.

¿Es la propuesta estética lo determinante en el prestigio alcanzado por esta Compañía de Teatro Infantil?

La visibilidad estética es solo la punta del iceberg, lo esencial, que, ya sabemos, “es invisible a los ojos”. Es el crecimiento ético, la educación en valores humanos, el intentar vivir con la sed y el hambre imperiosa de hacer el bien, todos los días, de manera consciente... Practicamos, como fe de vida, lo que le escribiera Pepe Julián a su carnal Fermín: “Aprieta un poco la garganta, pero da luz por dentro... y atúrdete haciendo el bien, que es ya, para nosotros, el único modo de vivir”.

Fuera de Cuba, ¿en qué espacios ha tenido La Colmenita mayor aceptación?

En los Festivales Mundiales de la Asociación Internacional de Teatro hecho por Niños (Japón 2000, Alemania 2002 y 2006, La Habana 2004 y Moscú 2008), donde se reunían cada dos años grupos y compañías de teatro de 21 países diferentes de los 5 continentes; también en Estambul y Ankara (Turquía) hemos reincidido por “la fascinación que despiden los cubanitos”, pero también en las Villas Miserias de Buenos Aires, en las Colmenitas de los 31 departamentos de la República de El Salvador y en todos los estados de la República Bolivariana de Venezuela, en la hermana Haití, en Vietnam y en Bangladesh...

¿Desde qué edad se inician los integrantes de La Colmenita y en cuáles alcanzan su mayor esplendor?

Se inician desde los 4, 5 y 6 años, y alcanzan ese esplendor desde los doce años hasta los dieciséis...

Sé que en el cine la actuación de miembros de La Colmenita ha sido relevante. Particularmente resultó impactante la actuación de algunos de sus miembros en el filme “Viva Cuba”, dirigido por tu hermano Juan Carlos. ¿En qué otros logros del séptimo arte hemos disfrutado a tus niños?

En los excelentes filmes “Habanastation” (de Ián Padrón) y en “Y sin embargo” (de Rudy Mora).  Además, en varios excelentes documentales, uno de los cuales –”Esencias” (de Roberto Chile)–, narra la histórica e inolvidable visita en el 2011 a Washington, New York y San Francisco.

Recuerdo que actuaron en Tampa hace unos años y recibieron grandes aplausos. ¿Qué esperas de esta próxima visita?

Fue en el 2013, junto a la Orquesta de Adalberto Álvarez. Pero ahora llegaremos más cerquita de nuestro Martí, porque estaremos junto a tantos buenos en la inauguración de ese nuevo edificio que nos sembrará más al Maestro en el alma. Porque José Julián Martí Pérez no es solo para los niños colmeneros de todas las edades el Héroe Nacional, es  “el hombre más puro de la raza” y el más universal de los cubanos.

 Lo hemos incorporado a nuestros melíferos corazones como un abuelo del alma, y tenemos dos razones que nos amparan, Gabriela Mistral dijo de él: “Era muy niño, el muy varón”... y él mismo profetizó en sus inmortales Versos Sencillos:

Yo sé las historias viejas

del hombre y de sus rencillas;

y prefiero las abejas

volando en las campanillas.

Y...

Duermo en mi cama de roca

mi sueño dulce y profundo,

roza una abeja mi boca

y crece en mi cuerpo el mundo.

 

 

viernes, 13 de septiembre de 2024

Sale a la luz el libro Carlos Camargo, de la línea instintiva a la obra de arte

 La semana pasada, la Editorial Classic Subversive, dirigida en Tampa por el poeta Alberto Sicilia, dio a conocer la publicación del libro Carlos Camargo, de la línea instintiva a la obra de arte, fruto de mi autoría con la colaboración de Lianny Sánchez y otros autores que aportaron breves reseñas sobre el quehacer del artista colombiano radicado en Tampa desde hace casi 20 años. A través de esta columna y como invitación a conocer un libro que contiene más de cien imágenes de escuturas, pinturas  y   dibujos  de  Camargo, damos a conocer el epílogo que intenta resumir el contenido de este texto.

ooo


La obra de Camargo Vilardy no ha sido estudiada suficientemente por críticos que justiprecien los valores que encierra, si bien Márceles Daconte, entre otros autores, la ha incluido en su libro Recursos de la imaginación. Las artes visuales del Caribe colombiano, destinado a relevantes exponentes de las artes plásticas en esa región. Asimismo, varios críticos de arte han ofrecido opiniones breves sobre algunas de sus series, los cuales en su mayoría han sido citados en este texto que constituye el primer esfuerzo por detenerse en la creación artística del escultor colombiano. Por consiguiente, precedidos de una anotación biográfica que permite conocer y contextualizar su origen y evolución, nos hemos asomado a su creación con el interés que despierta su diversidad, belleza y preeminencia.

En el esfuerzo hacia una visión crítica desde otra mirada, invitamos a la especialista de arte Lianny Lisett Peña a escribir unas cuartillas para este libro e incluimos anotaciones breves de algunos autores que han abordado un momento determinado de su trabajo, una serie específica o realizaron un examen sucinto de su creación. Asimismo, las opiniones del artista se hacen imprescindibles en este texto, por lo que se insertan confesiones autobiográficas y, al final, declaraciones artísticas que acompañaron sus exposiciones.

Cuando en el siglo III a.n.e. Plotino afirmó que “el ojo no podría ver el sol si no fuera un sol en cierto modo”, estaba enviando un mensaje al ojo del pintor de todos los tiempos y de él se ha posicionado Camargo al situarse frente al desafío de convertir el asalto de su imaginación en una obra de arte. Un milenio y medio después, Dante expresó en su Canzoniere: “Quien ha de pintar una figura, si no puede convertirse en ella no puede dibujarla”. En esta dualidad, en que el artista es el origen de la creación y, a su vez, se vierte en ella, se establece la correspondencia entre el credo y el ejercicio estético (espíritu y materia) por intermedio del dibujo, la pintura, la escultura y el grabado en los que este autor funde su entrañable quehacer en su realidad y su tiempo.

Es oportuno destacar que las diferentes series a las que se alude en este libro –Herederos de derrotas, De las aguas y los cielos, El Circo y Wayuu– no constituyen la totalidad de la creación de nuestro artista. Estas colecciones, a excepción de la primera, se han ido incrementando con trabajos posteriores y, seguramente, seguirán enriqueciéndose. Otras producciones, como los grabados, se suman a un horizonte inexplorado del ingenio creativo de Camargo Vilardy.

Mariposa de agua

Tal vez el azar, siempre pertinaz, quiso que al llegar al epílogo de este libro el artista hubiera concluido la escultura monumental Caracol, realizada en la Universidad de Tampa, como si quisiera afirmar el paso del tiempo y su eterna continuidad mediante la figuración de ese molusco gasterópodo cuyo caparazón representa también el resguardo de la vida. En esa preciosa obra, que exhibe su esplendor en la contraportada de este texto cómplice, podremos adentrarnos en esa espiral, ciclo, tiempo, fertilidad, resurrección, vida eterna o, según detecte el espíritu de quien se acerque a ella, transformarla en amuleto protector de la felicidad.

Debo confesar que este libro ha sido posible gracias a la constante colaboración del artista con la propuesta del autor. Las continuas reuniones de trabajo, aclaraciones, confesiones, muestras de sus obras y apuntes autobiográficos han resultado de impredecible valor para su culminación. Si el texto no consigue expresar todos los significantes que contiene su fructífera labor creativa es por las limitaciones de quien escribe, no por la riqueza de significados que atesora.

Si al contemplar una obra de nuestro artista, deteniéndonos en una línea, en la sugerencia de un rasgo, en la gama de colores que condicionan nuestras percepciones, en un fragmento de piel cobriza, en una espiral de elevación, sientes que –entre luces y sombras, entre el vacío y el espacio visiblemente ocupado, entre la forma figurada o abstracta de un ave, un pez, un mago, una amerindia desnuda, un ser real o imaginario– es parte de ti, entonces has llegado a la región más entrañable del artífice, de la manera que llega un amigo. Desde esa sencillez, descubrimos que su creación no nos propone mensajes herméticos con el fin de desafiar nuestro intelecto, más bien legitima la apertura del pensamiento hacia propuestas estéticas y conceptuales que enriquecen el conocimiento y comprensión del mundo. Definitivamente, cuando alguien se detiene frente a una obra de arte y desde el fondo de su espíritu murmura “es hermosa”, ha resumido en dos palabras todo lo que hemos querido expresar en estas páginas.

 


viernes, 30 de agosto de 2024

Ha muerto Rafael Martínez Ybor, quien sigue vivo en la memoria de Tampa

El jueves de la semana pasada, 22 de agosto, murió Rafael Martínez Ybor, un nombre que desde  pronunciarlo despierta admiración y respeto, porque nos remite al fundador del pueblo que lleva su apellido, aquel intrépido español que convirtió un terreno estéril en el hermoso pueblo que es Ybor City. Y también, por la dignidad con que vivió sus 95 años un hombre que, con su trabajo, servicio a la comunidad, integración útil a instituciones como el Club Rotario y esmerado cuidado a la tumba y la memoria de su bisabuelo,  ganó el cariño de todos los tampeños que apreciaron en él la presencia viva de su honorable estirpe.

Durante una visita de Rafael a La Gaceta

Conversé varias veces con Rafael, aunque no todas las que hubiera querido. Sé que en sus últimos meses de vida la tristeza lo fue arrinconando en su hogar, porque al morir su esposa, él comenzó a morir. Sin Cecilia Martínez Torres, que lo acompañara durante más de 60 años, creía que era  hora de acompañarla donde su espíritu, lleno de amor, le estaría esperando. Una vez me dijo, en La Gaceta, que debía llegar temprano a la casa, porque su novia lo necesitaba. Al faltar ella, no se animó a salir más, sino que prácticamente dejó de hacerlo, tal vez para no encontrase con el vacío al regresar.

Me gustaba oír a Rafael por la emoción con que hablaba no solo de su bisabuelo, de quien mucho se sabe, sino también por la delicadeza con que recordaba a su bisabuela Mercedes, de quien se habla menos. Pero  Mercedes de las Revillas fue una heroína cubana, en cuya casa atendió a decenas de expedicionarios cuando iban para la guerra de independencia en Cuba y prestó innumerables servicios a esa causa redentora.

También me hablaba de Rafael, el abuelo, igualmente un rostro sobresaliente en la memoria de Ybor City. Llegó con sus padres y hermanos en 1886, cuando apenas tenía seis o siete años. Jugó en las calles del pueblo recién fundado cuando aún eran de tierra, aprendió a leer y escribir, oyó hablar a los expedicionarios –muchas veces cenando en su casa–, en vísperas de partir para la guerra en Cuba.

Rafael podía hablar de su tía abuela Amalia Elena,  que se casó con un hijo del Mayor General Calixto García. En todas las charlas, desbordaba tanto orgullo por sus orígenes como  cuidado en que su comportamiento se correspondiera con ese honor. Y lo lograba a tan alto nivel, que por donde quiera que pasaba podía decirse: ahí va Martínez Ybor. Lo percibí muchas veces, como en una ocasión en que almorzábamos en el restaurante Columbia y más de uno se acercó a saludarle. Otros, le señalaban desde su mesa,  comentando a su acompañante:  es el biznieto de Vicente Martínez Ybor.

En algún momento, Rafael me llamó por teléfono a decirme que había leído esta columna, a veces con una felicitación desmedida. Otras veces me envió fotografías y escritos sobre sus ancestros y, también, más de una vez, me invitó a su casa para conversar y  mostrarme documentos relacionados con su familia. Ese propósito se interrumpió por el Covid que duró mucho tiempo; después, porque la enfermedad de su esposa   le consumía el quehacer del hogar. Ahora,  ha llegado la noticia de su muerte y por mucho que relacionamos su acercamiento con la longevidad, es siempre inesperada. Me queda transmitirle el respeto y  admiración que siento por él y, desde esta página, decirle que ese es el sentimiento de Tampa hacia él, hacia su familia, hacia su apellido, que es un apellido de la ciudad.

Paz eterna a Rafael Martínez Ybor en el edén donde ahora se reúne con su esposa y  con sus gloriosos antepasados.