La presencia de Tampa en el Archivo Nacional de Cuba ocupa un lugar significativo, mayoritariamente relaciona-do con el lugar que ocupó esta ciudad floridana en la organización y desarrollo de la Guerra de Independencia de la Isla, entre 1895 y 1898.
Es ampliamente conocido el papel desempeñado por Tampa en el
proyecto revolucionario cubano guiado por José Martí, quien, desde llegar por
primera vez a Florida en noviembre de 1891, encontró en esta ciudad una
comunidad cubana dispuesta a seguir el camino trazado por un líder que no
solo convocó a sus compatriotas a
independizar su país de la metrópoli española, sino a fundar una república
democrática “con todos y para el bien de todos”.
Alrededor de ese proyecto, impulsado a través del Partido
Revolucionario Cubano (PRC) y desde la representación del Gobierno de la
Republica en Armas durante la guerra, se escribieron en Tampa cientos de
documentos, cartas, proclamas, páginas periodísticas, actas de clubes
revolucionarios y Cuerpos de Consejo del PRC, convocatorias…, donde se refleja
el nivel de entrega de la comunidad cubana de Tampa a la causa de su país, así
como las aspiraciones, conflictos, soluciones, mentalidad y expectativas en torno
a la guerra y república aspirada.
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G. Cartaya, Denis Rey y James López en el Archivo Nacional de Cuba. |
Al terminarse la guerra en 1898, Tomas Estrada Palma, quien
fungía como Delegado del Partido Revolucionario Cuban y, a la vez, como máximo
representante del Gobierno de la Republica en Armas en el extranjero, solicitó
a los líderes de ambas organizaciones que enviaran a Nueva York la
documentación que habían atesorado durante los años de preparación y desarrollo
del conflicto armado. Así, llegaron allí varias cajas repletas con la papelería
correspondiente a Tampa. Después, fueron enviadas a Cuba y cuando, nacida la
república en 1902, se organizó el Archivo Nacional –continuidad de lo que había
sido Archivo General de la Isla de Cuba–, allí fue a parar ese enorme caudal de
documentación histórica, donde prevalecen inéditas miles de páginas que
confirman la historia de la centenaria relación entre Tampa y Cuba.
Estuve en esa institución
el pasado 10 de marzo, acompañado de los profesores de la Universidad de
Tampa James López y Denis Rey, quienes participan en un proyecto encabezado por
la Universidad de Houston encaminado a rescatar, preservar y difundir la herencia literaria hispana en Estados
Unidos. Desde otro interés investigativo, yo había clasificado hace varios años
la presencia de Trampa en dos fondos del principal archivo cubano –Delegación
del Partido Revolucionario Cubano y Gobierno de la Revolución de 1895– lo que
facilitó la búsqueda relacionada con la prensa hispana publicada en Estados
Unidos, que es el interés central de los investigadores aludidos.
La emoción que vive todo historiador al encontrarse con el documento que persigue es comparable a la del buscador de tesoros que desentierra un cofre de oro. Lo vi en el gesto de James y Denis cuando de una de las cajas envejecidas en la soledad de un estante brotó El Patriota, un periódico publicado a fines del siglo XIX por los cubanos de Tampa. Después, uno a uno, fueron saliendo de otra caja varios números de la revista Cuba, aquella publicación fundada por Ramón Rivero Rivero que fue considerada órgano del Partido Revolucionario Cubano en Tampa. La alegría compartida con esos y otros hallazgos –algunos de otras ciudades estadounidenses– tuvo momentos de cierta pena al constatar el abandono en que han vivido tantas páginas a las que nadie se ha acercado en más de un siglo y cuarto, así como el estado de lógico deterioro que las ha ido carcomiendo. A tal grado de fragilidad han llegado muchas de ellas que más de una vez coincidimos en expresar el temor de que tal vez seamos los últimos en verlas.
Aún así, quiero creer que todavía puede digitalizarse esa
rica documentación y ponerla al servicio de la historia. Allí están decenas de
cartas inéditas escritas en Tampa por Fernando Figueredo, Ramón Rivero, Néstor
y Eligio Carbonell, Teodoro Pérez, Serafín Bello y muchos patriotas cubanos que
reflejaron en ellas la enorme contribución que hizo Tampa a la independencia de
Cuba.
Finalmente, quiero agradecer públicamente a los trabajadores
del Archivo Nacional de Cuba la gentileza con que nos atendieron. Asimismo, a
los profesores Jaime López y Denis Rey por la sensibilidad y profesionalismo
mostrado en la búsqueda y manejo de los documentos y la exquisitez del
compañerismo mostrado en este apasionante trabajo a favor de la conservación de
tantas letras que, desde el pasado, explican el presente e iluminan el futuro.