viernes, 23 de enero de 2026

Homenaje a José Martí en el 173 aniversario de su natalicio

 Este 28 de enero se cumplen 173 años del nacimiento de José Martí, uno de los grandes hombres de América y cuya vida, interrumpida a los 42 años, sigue siendo un referente en el campo de las letras, el pensamiento, la pedagogía, la política y, esencialmente, un ejemplo de la plena correspondencia entre la palabra y la acción. En Tampa, donde estuvo tantas veces, se le recuerda con devoción y varias imágenes suyas lo eternizan en diferentes puntos de la ciudad. El miércoles, nos reuniremos a las 6 de la tarde en el Círculo Cubano de Ybor City, donde se depositará una ofrenda floral frente a un busto suyo y se pronunciarán algunas palabras de recordación. Asimismo, se presentará el libro Luz al universo, en el que intento mostrar las profundas y complejas relaciones del héroe con su madre, marcadas por la distancia, la pobreza y la promesa reiterada que llega hasta su última carta: “¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de Ud., con mimo y con orgullo”.

Aunque en una salida anterior de esta columna incluí unos fragmentos de ese libro, para esta elijo otros que se relacionan con la fecha que conmemoramos: el nacimiento de José Martí el 28 de enero de 1853.



 -La Habana, m’ijo, la del amor con tu papá.

 Entonces le contaba del nerviosismo el día en que lo conoció, cuando lo sorprendió mirándola fijamente en un salón de baile, creía que en el Escauriza, y por su culpa de no apartar los ojos a tiempo, él se animó a acercarse y dirigirle la palabra, escueta, pero tan nítida y segura que logró electrizarla. Ella tenía entonces veintitrés años y estaba linda, con su vestido blanco apretado en el talle. Él le llevaba en edad, trece años le adelantaba, supo enseguida, y le pareció imponente con ese color trigueño, alto, fuerte y fibroso, con un bigote negro y espeso, y de una pulcritud que hacía creer al instante en su palabra. Por la compostura intuyó que era militar, y cuando él se lo confirmó, con la noticia de ser Sargento Primero del Real Cuerpo de Artillería en La Cabaña, ella tuvo la sospecha de que podía conocerlo su papá, recientemente jubilado de aquella misma plaza, con la ventaja de que estimaría, a la primera mirada, los merecimientos del pretendiente valenciano.

No se equivocó. Claro que al hablarse de boda ella sabía más cosas de él que las contadas de sí misma. Es que era más preguntona, y del continuo inquirir conocía no solo que era soltero y sin descendencia, sino también las novias pasajeras de su vida y que había nacido el 31 de octubre de 1815, en Valencia, gracias al enlace legal de Vicente y Manuela Navarro, quienes tuvieron diez hijos además de él. La confesión del número de hermanos le advirtió el riesgo de que Mariano resultara tan fértil como su padre, pero no se amilanó. El hombre contó que había aprendido la manufactura de cordelería y algo de sastrería siendo apenas un niño, porque debía apoyar a la extensa familia, pero el llamado a quinta para ingresar en el Ejército de Su Majestad en servicio obligatorio, lo condujo sin vocación al uniforme militar. Y que se alegraba mil veces de haber extendido el tiempo de cumplimiento, porque esa eventualidad le abrió el camino a La Habana, donde había tenido la suerte de conocer a la más bella de todas las canarias. Con los escalofríos inconfesados de aquellos halagos, ¿cómo iba a esperar por la mayoría de veinticinco años para casarse?

Los padres de la novia otorgaron la licencia para el matrimonio, y entonces empezó la carrera de los trámites y los preparativos. A Mariano lo representaron sus superiores, una vez apuntada la formalidad de que la prometida era tan limpia de sangre, vida y costumbres, como cumplidora de los deberes cristianos. Entonces le pidieron depositar la suma de quinientos pesos para la dote y, cumplidas todas las diligencias, decidieron que el día 7 de febrero de 1852, conforme a las leyes de los hombres y a las de Dios, tendrían a bien bendecir desnudos su primera noche de amor. Que fue pleno, cuando al fin, después de rezar, comulgar y consentir, dejaron atrás la iglesia de Monserrate, a los presbíteros don Francisco de Paula Gispert y don Tomás de Sala que oficiaron la ceremonia; a los padrinos don José María Vázquez y doña Marcelina Gutiérrez; a los testigos don Esteban Aguado y don Pedro Nolasco; a los amigos y a la familia, para encerrarse, por fin, en la casa número 41 de la calle de Paula, en La Habana intramuros, donde empezaron a vivir.

Leyendo la carta del 25 de marzo, casi a la ida del sol, apretaba los ojos para sentirlo de nuevo, como en el alba de aquel 28 de enero, a los once meses de casada, cuando oyó el llanto de la criatura que nació de sus entrañas y levantó en vilo ante los ojos felices de Mariano, para comprobar, primero su condición de varón y, ya satisfecha, reconocerle la piel blanca, los ojos glaucos, las manos finas y la frente ancha, como de inteligencia y porvenir. Con ningún otro parto experimentó aquel desgarramiento, ese rompimiento de volcán; no sabía si atribuirlo a que los otros siete partos fueron de hembra, o si fue elegida por Dios para alumbrar a un predestinado que irrumpió de su vientre con fuerza de mundo.

Si es que desde pequeño la asombró. ¿Qué más pedían a la vida ella y Mariano, humildes y honrados, que el hijo les saliera bueno? Esto es, cariñoso, obediente, trabajador. Pero tenía unas ensoñaciones frente al horizonte, sobre todo cuando contemplaba el sol perderse en la bahía, y una mirada tan fija ante cada detalle de la cotidianidad más exigua, que la asustaba más lo inquirido por el hijo con la vista perdida en la distancia, que las preguntas atrevidas para las que ella no tenía una clara contestación.

También eso le ocurría a su pobre papá. Un domingo regresó de un paseo por el puerto con un comentario que la alteró: el niño se había contraído de dolor al mirar que golpeaban a un negro. En más de una ocasión, adelantó un paso infantil para oponerse al atropello de un infeliz. El padre, aunque era poco comunicativo, tenía en ella su único desahogo:

–No me extrañaría un día verlo defendiendo la libertad de esta Isla.

–¡Por Dios, Mariano!

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Nota: Luz al universo. José Martí desde Leonor,  de 96 páginas, ya está disponible en Amazón.

viernes, 16 de enero de 2026

Desde una conversación con el pintor Vicente Castro

 Vicente Castro Morales es un pintor y escultor experimentado, con una sólida formación académica y varios años ejerciendo su profesión artística. Tanto sus pinturas como obras escultóricas muestran no solo un alto nivel estético y técnico, sino también originalidad y pensamiento. Tanto en las que predomina el arte figurativo como el abstracto, hay claridad en la transmisión de ideas, perceptibles incluso en las de mayor contenido simbólico. 

Si bien en Cuba  Vicente es un artista conocido, con obras monumentales en diversos lugares públicos y premiaciones que le distinguen, en Tampa apenas se está dando a conocer. Sin embargo, el próximo 6 de febrero tendrá en Ybor City su primera exposición, en la que los tampeños podrán valorar por sí mismos el alto nivel del artista que, con su obra en ascenso, enriquece la cultura artística de la ciudad.

A manera de invitación a la muestra, les damos a conocer un breve diálogo con el artista, al que pueden conocer personalmente en la presentación anunciada.

Vicente junto a su obra El regalo de un secreto (48X30 pulgadas)

El próximo 6 de febrero se realizará en Ybor City una exposición de tu obra, creo que la primera que realizas en Tampa. ¿Qué significa para ti?

Esta exposición representa un momento muy importante en mi trayectoria. Es, por un lado, el cierre de un proceso largo de adaptación personal y artística desde mi llegada a Estados Unidos y, por otro, la apertura a un nuevo diálogo con el público de la ciudad donde hoy vivo. Exponer en Ybor City tiene un valor simbólico especial: es un espacio marcado por la historia, la mezcla cultural y la memoria colectiva, elementos con los que mi obra conecta de manera natural.

En tu formación como artista plástico, ¿qué te aportó la Escuela profesional de Arte en Holguín?

 La Escuela Profesional de Arte en Holguín fue fundamental en mi formación. Allí adquirí una base técnica sólida en dibujo, escultura, composición y estudio del volumen, pero también una ética de trabajo muy rigurosa. En Cuba, la formación artística exige disciplina, constancia y respeto por el oficio, y esa enseñanza ha marcado definitivamente mi manera de enfrentar cualquier proceso creativo.

¿Cómo se desarrolló tu vida profesional como pintor y artista en Cuba? Háblame de logros, tropiezos, expectativas.

 Mi vida profesional en Cuba estuvo marcada por el trabajo constante y la creación en condiciones complejas. Participé en exposiciones y desarrollé esculturas ambientales y proyectos vinculados al espacio público. Hubo logros importantes, pero también muchas limitaciones materiales y estructurales. Esas dificultades me obligaron a desarrollar soluciones creativas y a entender el arte como una práctica esencial, ligada a la vida cotidiana.

Entre tus obras realizadas en Cuba, veo que tiene un peso la escultura ambiental. ¿Es el encargo social o una sensibilidad hacia la naturaleza quien determina la propuesta artística?

 La presencia de la escultura ambiental en mi obra responde tanto a una realidad social como a una sensibilidad personal. En Cuba, el arte público tiene una fuerte carga social, pero en mi caso siempre existió también una relación directa con la naturaleza y el entorno. Me interesa que la obra dialogue con el espacio y no se perciba como un objeto aislado.

Obra en relieve Donde Ybor habita (48X96 pulgadas)

¿A que dificultades te has enfrentado en EE.UU. para desarrollar tu labor como artista?

 La principal dificultad en Estados Unidos ha sido comenzar de nuevo: adaptarme a otro sistema cultural, a un idioma distinto y a una dinámica artística muy competitiva. A esto se suma la necesidad de atender las exigencias de la vida diaria. Sin embargo, estas dificultades también han generado nuevas preguntas y han enriquecido mi mirada artística.

A pesar de los obstáculos, has creado diversas esculturas y pinturas de un alto nivel estético. ¿Cómo lo logras?

 He logrado mantener mi producción artística gracias a la disciplina y la constancia. Para mí, el trabajo creativo no depende únicamente de las condiciones externas, sino de una necesidad interior. Incluso en momentos de escasez de tiempo o recursos, siempre busco la manera de seguir investigando, produciendo y creciendo como artista.

Aunque tienes obras típicamente figurativas y otras donde prevalece el abstraccionismo, en muchas se juntan formas reconocibles e indefinidas. ¿Es una intención razonada o la subjetividad quien prevalece en el momento creativo?

Encuentro sin pasado (lienzo,48X30pulgadas)

 La convivencia entre figuración y abstracción en mi obra es una decisión consciente, aunque abierta al proceso. Me interesa ese punto intermedio donde la forma aún puede ser reconocida, pero comienza a transformarse. No busco una lectura cerrada; prefiero que la obra mantenga una ambigüedad que permita al espectador participar activamente desde su propia experiencia.

¿Qué movimientos artísticos y qué figuras han tenido mayor influencia en tu labor creativa?

 Me han influido el expresionismo, la abstracción y la escultura moderna y contemporánea. Más que referencias específicas, me interesan los artistas que trabajan desde la materia, el gesto y la emoción, y que conciben el arte como una experiencia física, espiritual y humana al mismo tiempo.

¿Cómo equilibras el color, la textura, la composición y la emoción en la producción de una obra?

 El equilibrio entre color, textura, composición y emoción surge durante el proceso de trabajo. En ocasiones es la textura la que guía la forma, en otras el color introduce una tensión emocional que transforma la composición. Trabajo de manera intuitiva, apoyado en una base técnica que me permite tomar decisiones conscientes sin perder espontaneidad.

¿Qué obras veremos en la exposición?

La exposición reúne una selección de pinturas y esculturas recientes que reflejan mi investigación actual sobre la figura humana, la abstracción y la materialidad. Son obras donde conviven la experiencia vivida, la memoria y una búsqueda constante de síntesis y expresión, marcando una etapa importante de mi trabajo actual.

Muchas gracias.

 

viernes, 9 de enero de 2026

Luz al universo, José Martí desde Leonor

 Recientemente, fue publicado por Classic Subversive mi libro Luz al universo, con un subtítulo que avisa su contenido: José Martí desde Leonor. Se trata de una reedición del ya publicado en 2006 por Gente Nueva, La Habana, con correcciones y adiciones del autor y, fundamentalmente, en un formato que posibilita adquirirlo en redes de distribución como Amazón, sea impreso o para leer en  dispositivos electrónicos.

El texto, escrito en la década de 1990, se propone entender  las  relaciones  entre José Martí y su madre, la canaria Leonor Pérez Cabrera. La comunicación entre ellos, a veces tensa sin perder la ternura, es la de dos seres profundamente sensibles, azotados por la distancia y por la entrega de él a un ideal que privó a los padres, en su pobreza, del apoyo material que esperaron del hijo.

El relato –entre el lenguaje novelado, biográfico e histórico–, viene a ser un híbrido narrativo que contiene, más que una clasificación de género literario, una mirada amorosa a esa relación madre-hijo, siempre conmovedora. Mediante la ficción, el texto arranca de un instante en que Leonor, en La Habana, está leyendo la carta de despedida que le envía el hijo desde Montecristi cuando va a salir para la guerra en Cuba. Aunque entrelaza diálogos posibles e imaginación, todo es biográfico, historia, vida.

He elegido el inicio y final del texto, como un adelanto para quienes se motiven a leerlo.

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Nunca sus ojos contuvieron más tristeza premonitoria que aquel día de abril de 1895, a sus sesenta y seis años, cuando, casi apagados, se afanaron en deletrear las líneas de despedida que le envió su hijo desde Montecristi, en vísperas del dramático viaje de entregarlo a la guerra. Repasarlas una y otra vez, mientras crecía la noche, era reconstruir la vieja historia de la relación entre ellos, nacida cuarenta y dos años atrás, en la madrugada del 28 de enero de 1853. Fue el día de su primer y único alumbramiento de varón, a quien bautizó, en sacras ceremonias, con el nombre que le abriría las puertas del universo: José Julián Martí Pérez, quien ahora le pedía, por última vez, la bendición.

Que sin cesar el hijo pensaba en ella, lo había sentido siempre, aun cuando la cólera del amor materno, enceguecido, lo zahiriera dolorosamente, en el inútil esfuerzo por apartarlo del sacrificio de su vida.

Lo inesperado de la carta fechada el 25 de marzo en ese Monte Cristo, como lo nombró Colón al impresionarse con un morro montañoso que se le pareció al Gólgota, lo justificaba apartando la mente de presentimientos invasivos, cuando podía legitimar la naturaleza heredada en la raíz canaria, española, ancestral, telúrica, que dieron savia, desde ella, al ser de él. Nací de Ud. era, entonces, el develamiento raigal de ambos. Si en Abdala se cumple la profecía del hijo, ahora ella, Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera, podría asumirse desde una visión insondable de Espirta: ¿cómo ahogar en el amor de madre, el amor a la patria?   Convertía la esterilidad del llanto retenido en resignación participativa, trascendente, ¡porque si nubias son, también son madres! Así, el gentilicio derivaba en sucesiones incluyentes hacia un horizonte mayor: nubia-canaria-cubana-humanidad. Entendiéndose, intentaba entenderlo: una vida que ama el sacrificio.

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El domingo 19 de mayo no salió el sol en la calle habanera donde ella aliviaba su dolor. Un sofoco adelantado, bajando del mediodía, la llevó al abanico. Al moverlo, el aire lo traía a él, al lado de los amigos que se lo obsequiaron donde el único calor fue el de los abrazos. Desde entonces, solo lo abría en días de cumpleaños, porque desde sus varillas salía la brisa de su voz. Sintió en la ventisca que no era día de santos y salió a la ventana buscando claridad. En la calle, repentinamente apenada, las voces se perdían entre rumores que no alcanzaba a descifrar, mientras sus dueños se apresuraban a guarecerse de una sorpresiva tolvanera que les envolvió. Sintió que la llamaban. Era la voz del hijo, su misma voz de la niñez. Fue un sacudimiento, un temblor que la abrazó en un relámpago que venía del oriente y se detuvo un instante para que ella lo despidiera. Pero ni a esa hora de soledad, ni nunca, le diría a nadie que lo vio  envuelto en aquella luz, elevándose, elevándola.

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El libro se encuentra en Amazón. También puede escribir al autor (cartayalópez@gmail.com o llamarle al 813-849 8113.

 Gracias.

jueves, 25 de diciembre de 2025

Rodolfo Alpízar sobre El secreto de la andaluza

 Gracias a la gentileza de su autor, acabo de leer la novela El secreto de la andaluza, de Gabriel Cartaya (ClassicSubversive Editions, 2025). Como expresión de mi agradecimiento por el gesto, he querido escribir estas notas.

No soy especialista en literatura, ni mucho menos; por tanto, no pretendo hacer un análisis narratológico del texto, ni nada parecido, sino, simplemente, dar mi opinión como lector no ingenuo. Digamos que haré una crítica intencionalmente impresionista. Por eso mismo, para no hacerle perder el tiempo a quien lea estas notas, comienzo por el final:

Me gustó mucho y la recomiendo.

Ahora bien, hago una aclaración: si no le interesa la historia de Cuba, si la figura de José Martí no le llama la atención, o si prefiere la lectura de novelas ligeras, de contenido fácilmente asimilable, cordiales, antes que leer una bien escrita y con mucho material que hace meditar, no se deje llevar por el título, pues esta no es ninguna novela de misterios, fantástica o policial. Es solo una novela histórica, así que no pierda su tiempo con ella.

Es solo una novela histórica situada en Cuba, desde finales del siglo XIX hasta buena parte del XX, no en la Europa de los tiempos medievales, con intrigas palaciegas y combates con espadas de rayos láser, como muchas al uso.

El secreto de la andaluza es solo una novela donde, desde el principio hasta el final, en presencia y en ausencia ­–pues está en esencia–, el gran protagonista se llama José Martí. Y José Martí, visto desde cualquier ángulo, es Cuba. La mejor Cuba.

Esta es una obra sobre Cuba, sobre el sueño martiano de construir, desde sus cimientos, la república “con todos y para el bien de todos” donde cada persona disfrute de la libertad de pensar y expresarse con honestidad, sin caudillos, salvadores eternos ni preponderancia de un individuo o un grupo sobre el resto de los ciudadanos.

Martiano y gran conocedor de la historia de su país, Cartaya nos presenta, siguiendo los cánones de la novela narrada en primera persona (si bien ocasionalmente el narrador da voz a otro personaje, ya usted verá cuál), una visión general de personas y acontecimientos que jalonaron la formación de la república, desde poco antes de la caída de Martí hasta finales de los años cincuenta del siglo XX, y nos regala, sobre todo en sus primeros capítulos, una visión humana del Maestro que todo lector que siga sus ideas seguramente agradecerá. Vemos en la narración, personalizadas, sus luchas políticas, su enfrentamiento al caudillismo, sus temores sobre el futuro de la república que habría de nacer, sus dudas, sus dolores físicos y morales, su condición de hombre enamorado; todo ello, y más, en ocasiones recreado desde la ficción literaria, pero también presentado en la propia voz del héroe de Dos Ríos, por la reproducción textual de extractos de sus escritos.

Con abstracción de otros aspectos positivos que se puedan señalar a la obra, pues tiene muchos, pienso que ha sido un enorme acierto desarrollarla a partir de uno de los hechos más polémicos de la historia nacional: el encuentro/desencuentro de La Mejorana, y el gran misterio que nos legó: las hojas perdidas del Diario de José Martí.

A los estudiosos les ha sido imposible, en mucho más de un siglo, descubrir quién arrancó esas hojas y, sobre todo, qué ocurrió con ellas. La gran pregunta sobre ese hecho seguirá siendo: ¿Y por qué?

Si el historiador no puede hacer más que mostrar o interpretar hechos y adelantar hipótesis a partir de datos comprobables, el narrador es libre de fantasear a partir de esos mismos hechos y datos, e incluso de crear algunos que no contradigan los conocidos. Y he aquí que Gabriel Cartaya se apropia literariamente del misterio y aprovecha para presentar una hipótesis tan válida (o tan indemostrable, si se quiere) como cualquier otra que un investigador pudiera adelantar.

Gracias a la ficción literaria, el lector es capaz de adueñarse de un conocimiento que el estudioso nunca alcanzará.

“Bueno, pero eso es fantasía”, puede impugnar a Cartaya quien se atrinchere en la cátedra. Cierto que lo es, pero, ¿y si un día se encuentra evidencia científica de que así ocurrió en la realidad? Las veinte mil leguas de viaje submarino fueron fantasía en su momento, así como los viajes al espacio; sin embargo, hoy nadie se asombra con ellos.

Por tanto, y puesto que a estas alturas nadie puede afirmar con certeza qué ocurrió con las hojas del diario, la “hipótesis no científica” que nos presenta Cartaya en El secreto de la andaluza es una ficción que, quién sabe, acaso se corresponde con la realidad. ¿Se imagina qué ocurriría si, un día de estos, se descubre un archivo que la corrobora?

A todas estas, ¿quién es esa andaluza cuyo secreto da título a la obra?

No voy a adelantar nada al respecto, sería robar una parte de la aventura de leer; solo deseo afirmar que, para mí, la creación del personaje de la andaluza ha sido una jugada maestra del autor. Y, ojo, la andaluza no nace de la nada, sino de los propios textos de Martí, en especial su Diario, y el poema que comienza “Para Aragón, / en España, tengo yo en mi corazón…”, y termina “Donde rompió su corola/ la poca flor de mi vida”, versos citados en la novela.

“Pero Aragón no es Andalucía”, objetará algún lector, “¿qué tiene que ver con la andaluza?”. Tiene mucho que ver, pero yo no voy a explicárselo, ya se enterará si tiene paciencia: la propia andaluza se lo explicará en su momento. Quizás sea un secreto de Martí que Cartaya nos descubre.

            

viernes, 19 de diciembre de 2025

De Tampa Lector nos habla Alberto Sicilia

De Tampa Lector nos habla Alberto Sicilia

En un tiempo en que se están impulsando proyectos de desarrollo urbanístico en Tampa, se renuevan edificaciones antiguas y se crean otras nuevas, crecen las vías de transporte y, en general, se amplían los componentes de su infraestructura económica, es lógico que también las manifestaciones culturales acompañen el sueño de recobrar el esplendor que en una época le dio fama a esta ciudad.

En ese marco se inscribe, entre otras, la fundación de Tampa Lector, entidad que ya se dio a conocer con la Primera Feria del Libro de Tampa en 2024 y ha continuado expandiendo su propuesta cultural hacia otras instituciones y propósitos. Por ello, creo importante dialogar con su fundador y presidente, nuestro amigo Alberto Sicilia, ya conocido por nuestros lectores. 

Alberto Sicilia en la apertura de la primera Feria
Internacional del Libro de Tampa, marzo, 2024.

Háblame de Tampa Lector: fundación, propósitos, obra realizada...

Luego de quedar inactivo Tampa Lector Consortium, decidimos fundar Tampa Lector Inc., una organización sin fines de lucro con objetivos más amplios y precisos. Nos enfocamos en convocar a un consejo asesor con mayor incidencia en la comunidad, integrado por representantes de instituciones con experiencia verificada y habilidades específicas. Entre otros aspectos, esta nueva orientación nos proporciona las herramientas necesarias para recibir fondos y destinarlos a programas culturales y educativos.

Definitivamente, en ambas organizaciones coincide el propósito de unir voluntades para consolidar eventos “entre ferias” y nuestro evento insignia: la Feria Internacional del Libro de Tampa. Ya hemos realizado acciones concretas, como presentaciones de libros y actividades en conjunto con otras organizaciones, apoyando el trabajo hacia niños y familias con necesidades especiales. Los espacios para presentaciones literarias y los festivales infantojuveniles han sido muy bien recibidos.

¿Qué pasos se están dando para la segunda Feria Internacional del libro de Tampa?

Hemos estrechado relaciones con la mayoría de las instituciones emblemáticas de la historia fundacional de Tampa, así como con negocios, medios de comunicación y personalidades de la cultura y las finanzas en la Bahía. Se ha redactado un proyecto riguroso, capitalizando la experiencia de la edición anterior. El Hillsborough College (HC) de Ybor vuelve a abrirnos sus puertas y, en esta ocasión, nuestras oficinas radicarán en el centro.

Estamos considerando expandir la Feria a otros campus del Condado, así como a las universidades y al instituto tecnológico de Tampa. Hemos puesto especial cuidado en la elaboración de la convocatoria para lograr un balance entre invitados de diferentes nacionalidades e idiomas. En este último aspecto, considero que Tampa Sister Cities aportará un valor fundamental con autores de las doce ciudades hermanas de nuestra comunidad..

¿Cómo se relaciona Tampa Lector con otras instituciones culturales de Tampa?

Como mencionaba antes, nuestro propósito es la unidad entre las instituciones icónicas de Tampa. Más allá de ellas, existe un número considerable de nacionalidades con una presencia sostenida en la ciudad. Tampa es multicultural, como la mayoría de las urbes estadounidenses, pero posee una magia especial y un potencial formidable de cara al futuro.

Nuestros vínculos incluyen al Círculo Cubano, el Centro Español, el Centro Asturiano, la Unión Italiana, la Sociedad Unión Martí-Maceo, el Club Cívico Cubano, la Fundación Nuestra América, la Universidad de Tampa (UT) y la Universidad del Sur de la Florida (USF) –especialmente su Departamento de Estudios de América Latina y el Caribe–, entre muchas otras. Hemos sostenido encuentros con representantes de todas estas entidades. Nos satisface ser una organización inclusiva, basada en el respeto a los estatutos ajenos, trabajando con un enfoque cultural y velando por la preservación del legado patrimonial, tanto tangible como intangible, para que Tampa se consolide como un referente mundial de desarrollo. 

Alberto Sicilia y Dafne Suárez junto a Alfred Goldberg (al centro),
presidente de Tampa Sister Cities Committee , Inc.


 Ahora se están desarrollando proyectos comunes entre Tampa Lector y la fundación Ciudades Hermanas de Tampa. ¿Qué significado tiene para ambos esa relación?

Son destacables las reuniones que hemos sostenido con la directiva de Tampa Sister Cities, especialmente con su presidente Alfred Goldberg y con los representantes del Comité Tampa-Barranquilla. El señor Fernando Falquez y demás miembros de la junta directiva están proyectando junto a nosotros actividades especiales que incluyen encuentros con escritores, viajes de intercambio, paneles didácticos, conferencias y exposiciones de artistas de ambas ciudades.

De esta colaboración podrían surgir nuevos hermanamientos; como es sabido, Tampa cuenta con comunidades muy disímiles que han aportado sus tradiciones, su literatura y una memoria viva que continúa creciendo. Desde Tampa Lector, brindamos programas orientados a la formación de escritores, publicación de libros, cursos de arte y peñas temáticas sobre cine documental, artes plásticas, clubes de lectura, patrimonio y arquitectura. Contamos con grupos de artistas y profesionales con formación pedagógica validada y un enorme deseo de participar en nuestras convocatorias. 

¿Algún mensaje de Tampa Lector a la ciudad de Tampa?

Sí, es un mensaje para los lectores de La Gaceta. Es una petición para compartir esta voluntad de unión que comenzó con un grupo de amigos preocupados por preservar la memoria histórica, escuchando los relatos de los ancianos de la comunidad y saboreando un café junto a los contertulios del querido Emiliano Salcines Jr., o recibiendo las valiosas investigaciones de Kenya Dworkin y las tuyas, amigo Gabriel.

En la primera Feria del ­Libro de Tampa, recibimos con satisfacción los buenos deseos de la Alcaldía y de muchas personalidades. Sin embargo, es necesaria una réplica constante y un apoyo permanente que facilite la logística y contemple este evento como una nueva bandera de la Bahía, visible ante el mundo como símbolo de historia, cultura, paz y amistad. Que los visitantes, al llegar al aeropuerto, además de escuchar la bienvenida de la alcaldesa Jane Castor, puedan ver imágenes del Lector y de la Feria Internacional del Libro de Tampa: una insignia de progreso y un faro del conocimiento que es sinónimo de libertad.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Entrevista al historiador y escritor Alfredo Antonio Fernández

 Mientras estoy leyendo la novela Dominó de dictadores, de Alfredo Antonio Fernández, he tenido la suerte de conversar con su autor, quien se desempeña como profesor en la Universidad de Prairie View A&M, en Texas.  Es de origen cubano y en su país, donde se graduó de Historia en la Universidad de La Habana,  publicó sus primeras novelas: El Candidato (1979) y La última frontera (1898), ambas muy bien reconocidas por la crítica.  Después vivió en México y allí hizo un Máster en Estudios Latinoamericanos en la UNAM.

En Estados Unidos, donde radica actualmente, obtuvo un Doctorado en Español en la Universidad de Houston. Además de su labor académica, ha publicado una extensa obra que incluye varias novelas, relatos, ensayos, periodismo.

Le propuse una entrevista para La Gaceta y, al responder positivamente, le envié estas preguntas a las que respondió con amabilidad. La presentación de Fernández requeriría mucho espacio y prefiero limitarlo a sus respuestas, las que aparecerán en más de un número de nuestra publicación.


En los casi cincuenta años que separan El Candidato (1978) de Míster Verde y la señorita Greene (2025) has publicado una gran cantidad de novelas y ensayos que te convierten en uno de los escritores cubanos más prolíficos. ¿Cómo has hecho para tanto escribir cuando, a la vez, has tenido que insertarte en otra cultura, idioma y convertirte en un profesor universitario de prestigio en Estados Unidos?

No es fácil resumir tanto tiempo de escritura creativa, pero algo haré. Hasta hoy (2025) he publicado 18 libros: 12 novelas, 4 ensayos, uno de relatos y otro de no ficción. Han sido publicados en    Cuba (6), México (1),  Estados Unidos (1) Francia (1) España (5) y cuatro en Alemania. Premios: El Candidato (1978, Premio Nacional de Novela Cirilo Villaverde, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba); La última frontera 1898 (1985, 1.ª Finalista al Premio de la Crítica, Cuba); Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso (Premio Razón de Ser, 1992 y Premio Novela Alejo Carpentier 1993); Dominó de dictadores (Premio Razón de Ser 1993 con título Dios y Trujillo), Adrift: The Cuban Raft People, (Rockfeller Foundation Fellowship at Florida International University, 1995); Bye, camaradas (Primer Finalista Premio Internacional Novela Marcio Veloz Maggiolo, New York, 2002 y Finalista Premio Internacional Novela La ciudad y los perros, Madrid, 2004) y Citizen Kane se fue a la guerra (1.ª finalista Hypermedia International Literature Prize, USA, 2020).

En realidad, no ha sido fácil ni en Cuba, ni en México ni en Estados Unidos, los tres países en los cuales he escrito libros, escribir y trabajar como profesor (Universidad de La Habana-Universidad Autónoma del Estado de México (Toluca Campus)-Prairie View A/M University (Texas). Por el horario de clases y actividades hace mucho adquirí ­hábitos de vampiro de escritura a ­deshoras –nocturnas y fines de semanas– en tierras, lenguas y culturas ajenas. Son retos a los que logré acostumbrarme más que superar, pero con sentimiento de extrañamiento. Cuando ocurre, trato de recordar un par de frases que sirven –si no a superarlos– a hacerlos llevaderos. La respuesta de Trotsky a la pregunta ¿Cómo se las arregla para escribir en el exilio? fue: “Con papel y lápiz a mano”. La frase que escuché al profesor universitario Juan Pérez de la Riva –prisionero en un campo de concentración nazi en la Francia de Vichy– antes de ser enviado a Cuba tras rodar por media Europa en la II Guerra Mundial: “La patria no se lleva en la suela de los zapatos”.

Repito, no es un consejo de vida, es un criterio personal basado en mi experiencia de vida profesional que no ­necesariamente funciona en otras personas en circunstancias similares.

¿Cómo un Licenciado en Historia de la Universidad de La Habana prefirió la literatura para expresar sus inquietudes históricas y, ya en Estados Unidos, optó por un doctorado en español?

Aunque parezcan de signo contrario entre sí, en mi experiencia personal he logrado con esfuerzo armonizarlas, lo mismo en Cuba que en Estados Unidos. En entrevista con Amir Valle –director de la revista cultural Otro lunes y de Ilíada Ediciones en Alemania– dije que en época de estudiante en la Universidad de La Habana –años sesenta– las diferencias entre Literatura e Historia eran flexibles, se armonizaban en la Facultad de Humanidades en la cual ambas disciplinas ocupaban pisos contiguos en la mañana y la tarde y se ejemplificaban en el profesor y escritor Alejo Carpentier –honra asistir a algunas de sus clases– quien con orgullo aseveraba sentirse “un historiador que escribía literatura” y otras “un músico que escribía novelas”. Así que, al graduarme de Historia, redondeé mi formación de Literatura Latina con Vicentina Antuña y seminarios de Rousseau y el Modernismo con Mirtha Aguirre y otros. Empecé a impartir clases de Historia Social del Arte y la Literatura con Enrique Sosa en el área de Historia –siguen juntas ambas disciplinas en mi experiencia personal– dando lugar a nuevas experiencias. Una de ellas –imbricación de “cultura clásica” y “cultura popular”– muy singular. Mi colega Enrique Sosa con más años y experiencia era aficionado a las culturas afrocubanas.

En los años setenta tenían fama los escritos de Umberto Eco que mezclaban literatura medieval –classic cult– con el cine de James Bond –pop cult– con eco en nuestro ámbito caribeño, latino y tropical de Cuba. ¿De qué tipo? El edificio de Humanidades quedaba en una intersección de vías, Zapata y Calle G, con árboles en las orillas, del lado opuesto, sobre una loma, una fortaleza colonial emblemática, el Castillo del Príncipe, sede de la cárcel más importante de Cuba. Al finalizar las clases, Sosa y yo hacíamos el recorrido desde Zapata y G al mausoleo del expresidente José Miguel Gómez (Tiburón). Nos deteníamos en los árboles de G ¿Por qué? Los familiares de los presos en el Castillo del Príncipe habían hecho de las raíces de los árboles un lugar de culto donde depositar ofrendas de amor (calderos) hacia sus parientes y de odio (ebos) a sus captores. Sosa y yo recogíamos los atados siguiendo el ritual con la mano izquierda para evitar que el “daño” cayese sobre nosotros. Luego, al llegar a la casa de Sosa abríamos y era una sorpresa saber qué ­contenían.

Hubo tardes en las que para estudio recolectaba monedas (kilos prietos, patas de gallinas, cabezas de gallos, patas de conejos, raspadura de coco, frascos con miel de abejas, corazoncitos de tela acribillados con alfileres, pañuelos de colores). ¿Crees que exista un ejemplo de sincretismo de classic cult con pop cult en el ámbito caribeño – en la vertiente preconizada por Umberto Eco–, mejor que recibir e impartir clases de cultura universal en las mañanas en un edificio de arquitectura modernista y en las tardes en las calles aledañas a un viejo edificio colonial, recolectar ofrendas y “brujerías” afrocubanas a las que acabo de relatar?  ¿Se precisa una experiencia de vida profesional mejor a la que te cuento para que me decidiera hace casi medio siglo por la narrativa histórica?

Además de tus hermosas novelas, donde el lenguaje es tan rico como el contenido, has publicado obras de crítica de cine que gozan de prestigio entre los especialistas y cinéfilos, como es el caso de A través del espejo: El cine hispanoamericano contemporáneo. ¿Cómo explicas la cercanía en el lenguaje cinematográfico y el novelístico?

El texto de cine que mencionas no es único, hay dos más: Buñuel In Memoriam, (2016) y Cine Latino de Humor Negro (2022), ambos publicados por la editorial El barco ebrio, en Madrid y en venta en Amazón.

Los capítulos de ambos textos fueron publicados en el magazín cultural Otro lunes (Berlín) entre 2009-2022. El resto de la respuesta a tu pregunta en parte la anticipé en las entrevistas (2021-2023) en Otro lunes: desde niño soy aficionado al cine pues iba con mi abuelo todas las noches durante los veranos a uno en la esquina de la casa y vi montones de comedias norteamericanas de El Gordo y El flaco y otro montón de comedias mexicanas de Cantinflas y Tin-Tan. Cuando leas una de las novelas de la tetralogía de Ilíada EdicionesCitizen Kane se fue a la guerra– verás cómo increíblemente en el inconsciente de mi mente por décadas quedaron grabados procedimientos artísticos de ambas géneros cinematográficos y culturas que muchos años después desarrollé creativamente en los capítulos de Estados Unidos y México en la revolución mexicana con las figuras de Pancho Villa, Ambrose Bierce, Stan Laurel, Oliver Hardy, etc. También en esas entrevistas explico como al pasar los años, y graduarme de Licenciado en Historia en la Facultad de Humanidades, paralelamente comencé a asistir a cursos de Apreciación Cinematográfica, Historia del Cine, Guiones, etc hasta que en 1982 me vinculé profesionalmente al Instituto del Cine (ICAIC) como guionista de la Dirección de Cinematografía, asesor del Centro de Estudios Cinematográficos y asistente a los Festivales Internacionales de Cine Latinoamericano sin dejar de enseñar en la Universidad Historia Social, Arte y Literatura y Cultura Latinoamericana. Y si aún quieres un dato más para dar respuesta a tu pregunta: “He visto, en textos tuyos, la cercanía en el lenguaje cinematográfico y el novelístico. ¿Cómo lo explicas?” Te responderé brevemente con la lección inaugural que recibí en el Curso de Guiones en el ICAIC. El profesor me dejó a solas por media hora en una salita de cine, al cabo regresó y me preguntó: “¿Qué viste?” Con dudas de si hablaba en serio o en broma, le respondí: “Ver no vi mucho, la pantalla en blanco”. Sonrío y me dijo: “Pasaste la lección. Eso es lo que debes ver, la pantalla, todo sucede allí. El trabajo de un guionista es ‘llenar’ esa pantalla en blanco con la narrativa de un texto visual. Esa es su meta, y en eso debe enfocarse. Lo demás no tiene interés. Todo pasa en la pantalla, nada fuera de la pantalla”. ¿Basta con esta lección aprendida hace ya mucho tiempo como respuesta a vuestra pregunta…?

¿Qué ventajas –y desventajas, tal vez– has encontrado en la emigración para escribir?

Interesante pregunta. Hay muchas clases de emigración, por mencionar  algunas: política, económica, religiosa y turística que es como decir fan del paisaje. Pese a las diferencias, hay coincidencias. Hay dos que vale la pena mencionar: la maleta en la que carga ropa y zapatos el emigrado y la cabeza donde guarda pensamientos y recuerdos. De las dos, la primera es efímera, la ropa y los zapatos se desgastan y es preciso cambiarlos, al hacerlo ni el color recuerdas. Pensamientos y recuerdos son otra cosa, no se desgastan, echan raíces, se fortalecen con el tiempo y cuando vienes a ver tienes una ceiba plantada en el cerebro. Salí de Cuba hace treinta años en un momento tan extraño y difícil que hasta al mismo gobierno se le hacía difícil nombrar, y ya se sabe por la filosofía de los antiguos “lo que no se nombra no existe, aunque persiste”. El término acuñado no podía ser más eufemístico: “período especial”. De ser sinceros, debió ser “período de la tristeza”, o “de la crueldad”. Palabras sagradas: eligieron la elipsis, la metáfora, el “ninguneo” socrático “solo sé que no sé nada” hecho “período especial in saecula saeculorum. Palabras ­profanas: mientras las cosas que preservaban la vida como la vivienda, los alimentos, el agua, las medicinas, el transporte, la electricidad, las escuelas y la creación cultural desaparecían sin remedio, se incrementaban la falta de vivienda, los derrumbes de edificios, la escasez de alimentos, el suministro de agua, los apagones eléctricos, la recogida de basura, las epidemias, la censura artística y la represión policial en calles y cuarteles. En resumen: lo peor no era el derrumbe en un día del bloque de países comunistas de Europa del Este, lo peor era la caída diaria de un pedazo del techo que nos cubría hasta quedar en el puro descampado. Si los pensamientos del emigrado pueden tornarse negativos, no ocurre igual con los sentimientos; si se trata de artistas emigrados, puede haber desenlaces que van de la esterilidad a la dinámica de la creación. En mi caso, quiero pensar que tras adquirir una Licenciatura en Cuba, un  Máster en América Latina (México) y un Doctorado en Estados Unidos, llegar a ser Associate Professor y escribir y publicar once (11) libros en treinta (30) años en México, Estados Unidos, España, Francia y Alemania, hice bien en optar por la dinámica de la creación y no la de la esterilidad.

En la literatura sobre los dictadores en Hispanoamérica, siempre se menciona a Yo el supremo, de Roa Bastos, a Alejo Carpentier con El recurso del método, a García Márquez con El otoño del patriarca y también aparece La fiesta del chivo de Vargas Llosa.  En esos ejemplos, sus novelas aluden a una dictadura especifica. Sin embargo, tu Dominó de dictadores abarca un espectro mayor, yendo al fondo de esa tragedia en Cuba, Santo Domingo, Alemania, y todo el escenario al que se expandió. ¿Qué te propusiste con una obra donde el novelista tiene tanta profundidad como el historiador?

Vamos por partes en la respuesta. Creo que fue el escritor cubano Antonio Benítez quien habló de Cuba como “la isla que se repite”. Una buena frase, irónica, como aquella de la dictadura de Machado –Cuba en sentido figurado– como “la isla de las cotorras”, o la de un amigo de la universidad que la definía como “la isla del tiquistiquis”. La historia de América Latina, pese a grandes diferencias tiene rasgos que se repiten: golpes de estado-dictaduras-revoluciones ad infinitum. Triste historia de la que se aprovechan políticos y militares y dicen que la democracia guía sus acciones. Los escritores que mencionas –de cerca o de lejos– pasaron por la experiencia de “vivir en dictaduras” de diferente intensidad y coloración: Carpentier-Machado, Roa Bastos-Stroessner, García Márquez-Rojas Pinillas. Hay muchos más, y es inevitable citar a Asturias con El señor presidente, un genial precursor. Las novelas del trío fueron calificadas por Benedetti como El recurso del Supremo Patriarca, las he leído y cada una me gusta por algo diferente: la de Carpentier por ser un potpurrí de las dictaduras de Díaz en México, Gómez en Venezuela y Machado en Cuba; la de Roa Bastos por apegarse a una visión historicista del dictador Rodríguez deFrancia y la de García Márquez precisamente por el hecho de ser criticada como “exagerada”, “caricaturesca” y ·desmedida”, pero que adoro. Te diría más, no es posible separar el trío de novelas del momento en que se escribieron –años setenta– vigentes aún las secuelas de las dictaduras militaristas y anticomunistas del Cono Sur en Bolivia, Brasil, Uruguay y Argentina. Debía tener en cuenta todos estos elementos a la hora de escribir la mía, de hecho, crecía en perspectivas y horizontes a medida que desarrollaba la investigación y la escritura. Primero se limitaba a la Era de Trujillo (1930-1961), como tal ganó el Premio Razón de Ser (1992) del Centro Cultural Alejo Carpentier. Me fui a México al año siguiente como Profesor Invitado, entre las clases en la universidad y la asistencia como estudiante al Máster en la UNAM, solo pude escribir un capítulo en 2 años, La Habana 1933, que publiqué en la Revista Coatepec de la universidad en la que trabajaba. Al año siguiente (1995), interrumpí al ganar una beca Rockefeller y trasladarme a Florida International University cinco meses investigando sobre la crisis internacional de los balseros, pero ya era consciente que daba para más que Trujillo y República Dominicana y debía ampliar a Cuba con Batista y Fidel y a Alemania con Hitler.

Al finalizar la investigación  en Florida me trasladé a Texas, a trabajar como Teaching ­Assistant mientras cursaba el Doctorado en Estudios Hispánicos y escribía Adrift: The Cuban Raft People. No fue hasta principios del siglo XXI que empecé a trabajar en Texas A & M University, tras graduarme, que retomé el escrito como Dominó de dictadores, y con ese título lo publicó Ilíada Ediciones en Berlín.

Si en una mochila de salvación solo pudieras poner tres libros tuyos, ¿con qué pretextos los elegirías?

Déjame primero tomar aliento y sonreír antes de responder. Me pones en la disyuntiva del padre que tiene varios hijos y debe elegir entre uno de ellos … Entonces, para evadir la decisión, si de salvar textos en una mochila se trata, iría antes a la tienda a comprar una más grande -mejor una maleta- para que cupieran más de tres y “salvar” a los que creo que conforman un ciclo histórico de más de un siglo en Cuba, las dos Américas y parte del mundo que pueda dar a los lectores del presente y del futuro una idea de quiénes fueron, cómo vivieron, amaron y odiaron los muchos personajes y situaciones que en ella aparecen. 

Mi lista incluiría en un orden que no tiene nada que ver con rankings jerárquicos -solo fecha de publicación- ni países de edición, a los siguientes títulos de novelas: El candidato, La última frontera 1898, Del otro lado del recuerdo, Los profetas de Estelí, Lances de amor, vida y muerte del caballero Narciso, Bye, camaradas, Aló, marciano, Dominó de dictadores, Citizen Kane se fue a la guerra, El condotiero, la domadora y el escritor, Míster Verde y la señorita Greene. Once, de un total de 18 publicados.  Si es necesario, con tal de cargar con todos ellos en la mochila y salvarlos, estaría dispuesto a pagar por exceso de equipaje.

Gracias, amigo Gabiel, por esta oportunidad de aparecer en La Gaceta de Tampa.

 

 

    

        

viernes, 21 de noviembre de 2025

El dichoso aventón

 Para mi hijo Julius, que me lo contó

Cuando Bartolo se acomodó el saco en el hombro, supo que no bajaba de un quintal, pero llevaba dos horas esperando que asomara un cacharro con ruedas que lo llevara hasta Pilón. Eran varios kilómetros y por mucho que, a sus setenta años, caminara con aquella carga, la noche lo iba a alcanzar antes de llegar a su casa. No le quedaba otro remedio. El transporte público había sido penosamente eliminado “por falta de combustible”, según dijo el jefe del poder popular. Cuando el dirigente agregó que la culpa era del imperialismo, a Bartolo le extrañó que los enemigos no hubieran bloqueado también los litros de gasolina destinados al Lada, donde ya apenas cabía la barriga del compañero.

Al mirar la carretera que viene llena de huecos desde Santiago de Cuba, angustiada entre las laderas gallardas que se encaraman en las lomas a mirar la grandeza del mar, Bartolo perdió la ilusión de que algún almendrón desperdigado pudiera darle un empujón. Ajustó el bulto con las dos manos, con más atención en la que cerraba la boca. Está bien sujeto, se dijo, al avanzar la pierna derecha hacia la caída del sol. Salir con la izquierda da mala suerte, pensó, lo que vino a comprobar con alegría cuando apenas había dejado atrás un kilómetro llano.  Primero fue un zumbido, como un panal de abejas escapadas de la colmena, pero enseguida se le hizo inconfundible el sonido contento de un motor.  Se detuvo en seco, como si hubiera chocado en sueños con una providencial aparición. Volvió la vista hacia la curva de Farallones y adivinó el resplandor del automóvil. Aguzó bien los ojos para cerciorarse de que no era un espejismo y al ver que se agrandaba a cada segundo, desmontó la carga y se dispuso a preparar una señal cariñosa para cuanto lo tuviera a pocas varas de distancia.


Todavía le dio tiempo para una elucubración: debe ser algún dirigentico que viene del hotel y si le ha ido bien con alguna secretaria estará muy feliz. Y si viene feliz me va a parar. Pero esos razonamientos manigüeros se le derrumbaron en un instante, al darse cuenta, cuando ya lo tenía arriba, que era un carro de policía.  No le dio tiempo a desmontar la señal del brazo, ante la rapidez con que se tiraron del auto los dos uniformados. Uno de ellos ni lo miró, al lanzarse con la voracidad de un cuervo sobre el saco agachado en la cuneta. Lo estrujó una y otra vez, por la garganta y la barriga, apretando los dedos con fuerza sobre los granos huidizos en su interior.

–¡Es café, carajos! –gritó con alegría, como si hubiera descubierto un tesoro largamente perseguido.

–Está detenido, ciudadano. Suba inmediatamente al carro –le dijo el otro oficial, en cuyos grados identificó a un sargento con ambición.

El viejo, sudoroso, fue a abrir la boca, con un tartamudeo que se le quebró antes de formarse la palabra. Quiso abrir los brazos en signo interrogativo, pero el sargento lo empujó con violencia hacia el asiento de atrás. El policía más simple se acomodó a su lado, con la mano derecha encima de la pistola y la otra en posición de alerta, con el puño cerrado. En el camino tampoco lo miró. De haberlo hecho, tal vez se habría alarmado con la tranquilidad de su rostro, con una pizca de satisfacción que le saltaba por el rabillo del ojo, o con un leve movimiento en la comisura de los labios que le atajaba un sonreír. Pero iba tan complacido con su captura, imaginando su ascenso con tanta vanidad, que apenas sintió el frenazo que los detuvo frente a la unidad de policía de Pilón.

¿Por dónde vendría yo?, se preguntó Bartolo, cuando le abrieron la puerta y lo empujaron hacia la última luz de la tarde para que oyera, bien clarito, la declaración.

–Capitán, capitán, aquí le traemos a este viejo cargado de café –anunció el sargento.

Al capitán se le abrieron tan desmesuradamente los ojos que hicieron tambalear al saco detenido en sus pies.

–¿No me diga? Vamos a ver, ciudadano. ¿Cuántos miles de pesos creyó que iba a ganarse con esa carga?

–No es para vender.

–¿Cómo que no es para vender? ¿Se iba a tomar usted solito todo ese café?

–Usted me perdona, Capitán. Se lo digo con mucho respeto, eso no es café.

Al Capitán se le inflamaron las venas de la garganta, como si, al desaparecer el delito, volara por los aires el polvo negro que tanto alegraba a su mujer. Dio dos golpes con rabia en la pared y, para más desconcierto, se cayó el Comandante en Jefe del venerado cuadro. Su índice despavorido equivocó el rumbo y, en vez de apuntar al saco, señaló al rostro del Máximo Líder deformado por los cristales rotos. Asustado con la prefiguración, gritó desaforado:

–Entonces, ¿qué es eso, desgraciado?

–Era el Comandante, Capitán.

–¡Qué Comandante, ni Comandante!, ¿qué carajos trae usted en ese saco?

–Palmiche, Capitán, palmiche pa’ los puercos.

El sargento estaba anonadado, sin atreverse a mirar al Capitán. Miró al saco boquiabierto, tomó un puñado de granos en las manos, los lanzó con fuerza al pecho de Bartolo y lo increpó lleno de odio:

–¿Por qué cojones usted no me lo dijo?

–!Ay, oficial! Si se lo digo allá, todavía estaría yo en la carretera.

–Váyase a la mierda, viejo infeliz.


          Nota (innecesaria a cubanos). La venta de café en Cuba está prohibida desde la década de 1960 y constituye un delito condenable a prisión. El estado vende unas escasas onzas  por persona al mes.