Eduardo Yero fue un destacado periodista y patriota cubano nacido en Bayamo en 1852. Fundó en Santiago de Cuba el semanario El Triunfo, en apoyo al independentismo. Contribuyó a la preparación de la guerra de 1895. Perseguido, emigró a Nueva York en 1896 y colaboró con el periódico Patria y las labores del Partido Revolucionario Cubano (PRC), convirtiéndose en secretario de Tomás Estrada Palma.
La carta de Ramón Rivero ofrece valiosa información no solo sobre la vida de quien fue Presidente
del Cuerpo de Consejo del PRC en Tampa, sino sobre las publicaciones que desde
aquí dirigió y del trabajo revolucionario desarrollado en la ciudad a favor de
la independencia de Cuba.
Esta carta, inédita,
es parte de la correspondencia de Ramón Rivero que encontramos en el
Archivo Nacional de Cuba y que estamos preparando para su publicación.
Tampa, 4 de enero de 1897.
Sr. Eduardo Yero, Nueva York.
Mi estimado amigo y compañero:
Su grata del 31 del pasado diciembre ha llegado a mi poder.
Héchome cargo de su contenido, paso a contestarla.
Agradezco en cuanto vale la buena opinión que disfruto en
esa respetable Delegación y el acuerdo tomado en vista de mi solicitud respecto
al apoyo material para dar cima, cuanto antes,
a mi propósito de publicar tres
veces a la semana mi periódico, reconocido por la voluntad de los
correligionarios de Tampa como órgano oficial de nuestro Partido en esta
circunscripción. Pero así como es mi deber agradecer el acuerdo de la
Delegación en favor de este propósito patriótico, útil, si no necesario, en una localidad tan heterogénea y especial como esta; también tengo la obligación, como patriota y
como hombre honrado, de hacer a Ud.,
para que a su vez tenga la bondad de transmitir a quien corresponda, algunas
observaciones que estimo pertinentes al objeto de mi solicitud.
Es ello indicar que no se trata en mi reclamo
de remuneración alguna por mi trabajo periodístico, que vale bien poco y
al cual he estado consagrado desde hace más de diecisiete años; mi vocación por
la faenas del periodismo en defensa de los ideales patrios y de la clase
humilde de los desheredados de la fortuna, constituyen en mi algo así como una
segunda naturaleza. Quiero decir que tanto en Key West a donde me llevó mi madre
de edad de dieciséis años, arrancándome de la escuela; como en Tampa, cuya población
vine a formar con Don Vicente Martínez Ybor he procurado sostener periódicos
devotos de esos principios a los cuales he sido fiel ya que, por faltarme una
pierna y tener catorce personas cuya subsistencia depende de mí trabajo en el
taller donde funjo como lector, me han privado de la honra que a otros ha
cabido, de derramar la sangre por mi Patria.
De acuerdo con esto debo decirle que este periódico “Cuba”
que antes tuvo distintos nombres, fue fundado por mí el año 1886, cuando la fe
estaba entibiada, el patriotismo adormecido y no se vislumbraba asomo alguno de
revolución.
Cuando en la emigración no había otro órgano revolucionario
que “El Yara” de Key West, era solo este
periódico mío el que, con el nombre de
“Revista de Florida”, que usted recibía en Santiago de Cuba y que muchas veces
supo elevar su nombre a la altura que merece, la única voz de los hijos del
trabajo que se levantaba para reanimar los espíritus llamando a la Patria a
reivindicar sus derechos.
La labor no fue infecunda: constituimos clubs, liceos,
sociedades revolucionarias, hasta llamar
a esta a Martí, donde se echaron los cimientos de nuestro Partido que supo
organizar, unir, encender la hoguera
purificadora de nuestras libertades y consumar la revolución.
Lea Ud., querido Sr.
Yero, el libro de Trujillo últimamente publicado, libro al que yo no
califico, pero el cual tiene páginas honrosas para mí, cual es la de haber propuesto contra la
voluntad de muchos que temían a los autonomistas la fundación del Partido que
más tarde fue formado por el talento de José Marti, y cuyas resoluciones
propuestas por mí y por mí defendidas ha consignado Trujillo en su libro.
Esto quiere decir que yo soy emigrado desde el año 69, que
siempre he procurado, como Ud., y otros cubanos de Cuba y de le emigración,
cumplir con mi conciencia, sin esperanza de recompensa alguna.
Pero al haber aquí una colectividad a la que es preciso
alentar constantemente; al tener que
contrarrestar cierta corriente anarquista que puede perjudicar los
intereses de la revolución; al ver en
este pueblo la lucha que existe entre el capital y el trabajo, de lo cual se
derivan grandes males para nuestra causa; teniendo que el “Cuba” se sostiene
con los sacrificios pecuniarios míos, pues fuera de Tampa el periódico es
enviado gratis a Cuba, Puerto Rico,
Santo Domingo y a todos los centros de emigración cubana; por todo
esto, y de acuerdo con el parecer de
ilustrados compatriotas es que intenté publicar mi periódico trisemanal, creyendo llenar así una
importante misión. No tenía recursos y he apelado a esa Delegación, no
solicitando un sueldo para mí, sino un apoyo material para el órgano más
antiguo después del Yara de la causa de Cuba en el extranjero que, me figuro
yo, ha de dar a los fondos de la revolución, con sus trabajos, más cantidad de
dinero que aquella ínfima cantidad por mi solicitada para ayudar a cubrir más
de sesenta pesos semanales que importa el presupuesto de gastos, en el caso de que hubiera sido negada en
concepto de hacer economía.
De lo dicho debe deducirse que es mi intención aceptar con
agradecimiento lo acordado por esa Delegación; pero como premio a mis pobres
servicios que no creo que valgan cosa alguna, sino como un gasto útil en
servicio de la patria, cuyo periódico en Tampa, pobre como su fundador, y redactor, necesita para hacer menos embarazosa su situación, de ese pequeño
apoyo que solo por llenar mejor un deber político se ha atrevido a solicitar.
Ahora bien, yo no sé si mi propósito se podrá realizar con
ventaja y si llegaré a la meta de mis aspiraciones, pero lo que sí me figuro es
que no se perderá el tiempo. Solo deseo de Ud., y demás personas de esa
respetable Delegación que pesen mis razones, estudien mi plan y hagan las
debidas deducciones, para dejar sentado que el auxilio que he pedido no ha de
perderse para la causa, sino que ha de ser en extremo beneficioso.
Usted me indica que esos quince pesos semanales serán con
carácter temporal, hasta que se encauce la marcha de la publicación.
Debo decirle respecto a este asunto la verdad y ella es que,
lejos de vislumbrar en esta ciudad un mejoramiento económico inmediato, se
siente cada día el malestar por la falta de trabajo constante en las fábricas,
merced a la escasez de ramas con motivo de la orden de Weyler y lejos de
mejores tiempos, todo indica la aproximación de tiempos calamitosos.
De esto mi petición, de aquí mi súplica pidiendo apoyo; que
si yo tuviera la esperanza de salir airoso con mis propios esfuerzos no habría
molestado a esa Delegación, ni distraería a la Patria una cantidad que, aunque
pequeña, hiciese falta para pólvora y balas.
Así, pues, yo le
ruego, Sr. Yero, a Ud. que es antiguo
periodista, que sea intérprete con el Sr. Estrada Palma de estas razones, para
que quede sentado de un modo claro que si pido es para sostener o ayudar a
sostener este órgano de Cuba libre, y no para que se me remuneren mis servicios
y que si la subvención es temporal, desearían saber qué máximo de tiempo se
fijaría para ello, para entonces, de acuerdo con su respuesta inmediata, dar
comienzo a la publicación del trisemanal y cuando no pudiera continuar volver
al semanario, el cual, mientras yo trabaje en el taller, no dejará de
publicarse tan humilde como hasta aquí, pero sin ceder en patriotismo al que
sea más patriota y más ilustrado.
Le ruego una respuesta inmediata.
Sin más le desea prosperidad su adicto S.S.
Ramon Rivero y Rivero.









