domingo, 22 de febrero de 2026

Desde una charla con el músico Carlos Solís Bravo

 El jueves de la semana pasada nos visitó en La Gaceta el músico Carlos Solís Bravo, acompañado del poeta Alberto Sicilia. Desde las palabras de presentación, francamente amigables, la conversación derivó hacia las diversas actividades culturales que en la actualidad se desarrollan en Tampa y el rol que desempeña Tampa Lector en su fortalecimiento.

 Comentamos acerca de la reciente exposición de arte del pintor Vicente Castro y sobre la Feria del Libro cuya segunda edición será el próximo noviembre. Pero más que contarle quisimos saber de él, no solo de su origen cubano, sino de su temprana inserción en la cultura estadounidense, lo que le llevó a fundar su propia banda de música –nombrada Solís Bravo– y con ella recorrer todo el país, componiendo y cantando, contribuyendo no solo a la alegría, sino también a la sanación, la fe y la esperanza.

Carlos Solís Bravo

 Por eso le comento: quienes han escuchado la música que haces, incluidas letra y melodía, coinciden en encontrar en ella emoción y esperanza, de modo que trasciende el disfrute del instante. Lo afirmo y le pregunto, ¿cómo valoras esa percepción hacia tu labor artística? La respuesta es segura y concisa, como si las verdades necesitaran pocas palabras:

-Uno de mis objetivos ha sido conmover a la gente y hacer que sintieran algo positivo al escuchar mi música. Si eso sucedía, cumplía con mi deber como músico.

–Saliste de Cuba, tu país de origen, siendo apenas un niño y te asentaste en Miami por muchos años. Sin embargo, a pesar de que allí la música cubana y el idioma español tienen tanta difusión, te inclinaste hacia el soft rock, la bossa nova y el jazz latino, componiendo esencialmente en inglés –le digo, porque quiero saber: ¿Cómo lo explicas?

–Siempre me ha gustado la música suave; escucho a James Taylor, Kenny Rankin y muchos otros. A principios de los 70, conocí a Carlos Oliva y los Sobrinos del Juez, donde recuperé mis raíces latinas. Mi plan era una mezcla de sonidos con un toque latino.

–Con todo, ¿sientes alguna influencia de la música cubana en tu repertorio?

–Sí, siento y amo la música cubana, especialmente la salsa, pero no sé componer en español. Sin embargo, son mis raíces y trato de incorporarlas a la percusión, dándole un toque cubano.

–También hay en ti mucha alma de viajero, lo que se siente en el lema de la banda Solís Bravo que fundaste: Música y viaje a través de América. ¿Cómo has vivido esa experiencia con esa compañía musical?

–Quería viajar por Estados Unidos principalmente por mis padres, que no pudieron hacerlo. Pienso en ellos cada vez que viajamos. Viajar me inspira a componer y luego voy a Miami con la banda a grabar.

–Me dices que en medio de la epidemia del Covid-19 suspendiste la actuación de la banda que dirigiste varios años. Aunque sigues haciendo música, ¿que significó para ti interrumpir el grupo y los continuos viajes?

 –Tocar es muy difícil, especialmente con una banda de diez integrantes; requiere mucho tiempo y coordinación. A medida que envejezco, se vuelve más difícil. Prefiero componer, viajar y grabar.

¿Qué recibes de la música que haces?

 –Creo que el simple hecho de que la gente aprecie la buena música y, con suerte, pueda conmoverlos me llena de gratitud.

–También es conocido el aporte que haces a la comunidad, más allá del reflejo de ese servicio en tus propias ­canciones.

–Creo que siempre debemos retribuir a este maravilloso país, ya que nos dio la oportunidad de ser libres y empezar una nueva vida; por lo tanto, debemos retribuirlo a nuestra comunidad. Prefiero dar que recibir.

–En breves palabras, ¿qué es para ti la música, la familia, la amistad?

–Dios, la música, la familia y los amigos son la clave de la salud y la felicidad. Me resultaría difícil no tener estas cosas conmigo a diario.

En La Gaceta, durante la visita de Solís el pasado 12 de febrero.

En la charla, en la que Sicilia también pregunta y comenta, sabemos que ahora Carlos Solís Bravo vive en Clermont, donde ofrece conciertos gratuitos a la comunidad. Mientras se dirige a Alberto pongo su nombre en Google para saber algo que no ha dicho: Ha recibido muchos reconocimientos, entre ellos del Hospital South Lake, donde sirvió con distinción durante trece años. Hombre de familia, ha sido honrado como Ciudadano del Año en Clermont y con la Gema de las Colinas, distinciones que también ha recibido su esposa, ambos considerados ejemplos de su comunidad. La información señala: “Estos galardones son un testimonio de su generosidad, liderazgo y el profundo impacto que han tenido en la vida de quienes los rodean”.

Al saberlo, le estrecho la mano con simpatía y le agradezco la visita de la que nos despedimos con amistad. Más tarde, oyendo una de sus canciones –Back to You–, percibo que en Carlos Solís la pasión por la música es tan grande como el amor por la vida y los seres humanos.

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