Cuando Pequeño dobló por tercera, supo que no le faltaría una sola palabra para llegar quieto al home. Desde mirar las letras bien alineadas en el campo de su tablero, entendió que todos sus párrafos volarían la cerca editorial hasta caer en el guante abierto de sus lectores.
De alguna manera, en el campo de béisbol también se cumple
la metáfora de esa circularidad que se corona al pisar el plato donde se
originó el batazo, el libro, la historia, la vida. Contar ese tránsito en que se mezclan la realidad y la ficción, con la emoción verbal
que lo hizo el narrador deportivo Felo Ramírez, lo ha conseguido el escritor
José Manuel Fernández Pequeño en la novela Y la noche doblaba por tercera,
publicada en Miami por Ediciones Furtivas en 2025.
La evaluación más legítima de la calidad narrativa se aprecia en la recepción, lo que se cumple ejemplarmente en este doble juego. En Felo, el aplauso hasta el último out; sobre Pequeño, ya lo han confesado varios lectores de esta novela: que no pudieron separarse del libro hasta la última palabra. En ambos casos, disfrute y aprendizaje se equilibran en una historia donde sus autores han puesto a prueba una profesión tan apasionadamente elegida.
Disfrute porque es la primera ilusión con que se asiste a un lance deportivo o se busca una obra literaria que es también desafío. Aprendizaje, pues deviene cátedra la sagacidad con que en medio del inning el narrador incorpora historias, anécdotas, noticias, enriquecidas con la imaginación y el tono de voz con que lo hizo el narrador bayamés durante más de setenta años. Y, suerte de elegidos, si al final de su vida aparece un escritor, bayamés como él, a contar en una novela el tránsito biográfico, humano y profesional que lo llevó al Salón de la Fama, la narración literaria alcanza la exquisitez de la deportiva, para ambas reunirse en la cúspide de una realización estética y didáctica que las convierte en trascendentes.
Y la noche doblaba por tercera nos permite recorrer la vida
de Felo Ramírez –Mello Domínguez en la
novela– desde su niñez en Bayamo hasta su muerte en Miami a los 94 años. Pero,
a la vez que el destino de un hombre, cuya voluntad y talento lo elevaron a
paradigma, la novela transita por la historia del béisbol aficionado y
profesional durante el siglo XX y primeras dos décadas del XXI y, muy
especialmente, el mundo de la narración en la radio y televisión desde sus
mismos orígenes. La obra literaria es eso y mucho más: es el latido que aflora
en los atrevimientos, miedos, pasiones, entregas, glorias y soledades del ser
humano, en el amor ocasional y en el amor eterno, en el valor de la amistad, en
las dudas profundas ante la certidumbre de la inevitable finitud.
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| Felo Ramírez |
Pequeño contó con todas las herramientas para ello: oficio
de escritor de una larga trayectoria avalada por la crítica –y mejor, aplaudida
por los lectores–, conocimiento amplio sobre el protagonista y proverbial
imaginación para vertebrar una trama donde lo real y lo ficticio se empalme en
un relato creíble sobre lo que fue y lo que pudo ser; o mejor, sobre lo que fue
porque pudo ser, en fin, una recreación de la vida destinada a
embellecerla. Lo ha hecho muy bien
Fernández Pequeño en este juego en el que, desde doblar por tercera, avizora el
emotivo final.
El estilo narrativo, donde los que han conversado con el
autor identifican frases, giros, acentos, inmerso en una prosa a cuya calidad
hemos asistido en sus libros precedentes, suma esta nueva novela a su ya amplia
biobibliografía, a la que ingresa retazos de su propia vida y, en culto a la
amistad, hasta de amigos que ha querido le acompañen en su perenne fiesta
literaria.
Próximamente, tendremos la ocasión de tener en nuestra
ciudad a Fernández Pequeño, donde su novela volverá a doblar por tercera, esta
vez rumbo a la gloriosa goma donde lectores tampeños le esperan, tan
entusiastas del deporte como de la buena literatura, ambas tan bien servidas en
esta ocasión.

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