viernes, 14 de agosto de 2026

Notas breves acerca de la experiencia democrática cubana

 La llamada República de Cuba, o etapa republicana como muchos le citan, no llegó siquiera  a los  57 años, pues solo existió entre el 20 de mayo de 1902 y el 1.° de enero de 1959. Si a ello le restamos etapas en que una intervención extranjera o un golpe militar interrumpió el curso democrático habría que descontarle tres momentos:

Tomás Estrada Palma, primer presidente de la
República de Cuba (1902-1906).

-Dos años y medio (29 de septiembre de 1906 a febrero de 1909) con la conocida segunda intervención militar de Estados Unidos.

-Dos años y nueve meses (entre el 12 de agosto de 1933 que cae el gobierno electo de Machado y comienza la breve presidencia de Miguel Mariano Gómez, elegido en las elecciones de enero de 1936)

-Dos años y ocho meses (desde el golpe de estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 hasta el  1.° de noviembre de 1954, fecha en que se celebraron unas elecciones con el fin de legitimar al jefe militar en el poder).

Son casi 8 años en que el gobierno cubano no devino de unas elecciones. De manera que habría que dejar en 49 años la práctica electoral  democrática del país, sin asomarnos a las sombras caudillistas, de corrupción u otro de los signos que marcaron los comicios con que se cumplió la secuencia presidencial como establecía la Constitución de la República de Cuba. 

La última elección que corresponde al ciclo electoral fijado por la Carta Magna de 1901 y ratificado en la de 1940 –elecciones a cada cuatro años y derecho a una sola reelección– fue la de noviembre de 1958, cuando las tropas gubernamentales estaban a punto de ser derrotadas por la sublevación armada dirigida por Fidel Castro.  

Por ser la última, me detengo más en las elecciones del 3 de noviembre de 1958.  Constitucionalmente, correspondían a inicios de ese año y aunque Batista restableció las garantías constitucionales y bajo presión de Estados Unidos se comprometió a elecciones libres, ya tenía perdido el control del país. Fuerzas políticas importantes como el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) se negaron a participar. En las regiones orientales la participación popular fue muy baja, en lo que influyó el boicot decretado por el Ejército Rebelde y la amenaza a quienes participaran en las elecciones.

Andrés Rivero Agüero, electo presidente de Cuba en la elecciones de
noviembre de 1958.  No llegó a ocupar el cargo por el triunfo armado
 de Fidel Castro.

A pesar de la intranquilidad ciudadana, hubo cuatro aspirantes a la presidencia: Andrés Rivero Agüero, de la alianza oficialista Coalición Progresista Nacional; el expresidente Ramón Grau San Martín, por el Partido Auténtico; Carlos Márquez Sterling, del Partido del Pueblo Libre y Alberto Salas Amaro, del Partido Unión Cubana. Aunque triunfó el candidato de Batista –Rivero Agüero– se extendió por todos lados la acusación de fraude, señalamiento que, con pruebas o no, ha sido común en los perdedores de Latinoamérica y amenaza peligrosamente a Estados Unidos en los últimos años. No sé si es suficiente, pero hasta el mismo mayor general Francisco Tabernilla, que entonces era secretario de Batista, confesó en sus Memorias (publicadas en 2009) que, de no haber existido trampas, la presidencia  habría sido para Carlos Márquez Sterling.

De todos modos, Rivero Agüero no pudo sumar ni un solo día a la experiencia democrática cubana.  Batista, que aspiraba a quedarse al frente de las Fuerzas Armadas bajo la presidencia de Rivero Agüero –más o menos desde la posición que había gobernado el país a fines de la década de 1930 mientras Laredo Bru ocupaba la silla presidencial– lo vio todo perdido el amanecer del 1.° de enero de 1959 y prefirió, como Machado, irse de la Isla insurgente en un avión, a salvo de una bala cubana. Ese día, desde el mando rebelde se le prometió al pueblo unas prontas elecciones libres. Más de 67 años después, aún las estamos esperando.

 

 


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