La llamada República de Cuba, o etapa republicana como muchos le citan, no llegó siquiera a los 57 años, pues solo existió entre el 20 de mayo de 1902 y el 1.° de enero de 1959. Si a ello le restamos etapas en que una intervención extranjera o un golpe militar interrumpió el curso democrático habría que descontarle tres momentos:
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| Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República de Cuba (1902-1906). |
-Dos años y medio (29 de septiembre de 1906 a febrero de 1909) con la conocida segunda intervención militar de Estados Unidos.
-Dos años y nueve meses (entre el 12 de agosto de 1933 que
cae el gobierno electo de Machado y comienza la breve presidencia de Miguel
Mariano Gómez, elegido en las elecciones de enero de 1936)
-Dos años y ocho meses (desde el golpe de estado de
Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 hasta el 1.° de noviembre de 1954, fecha en que se
celebraron unas elecciones con el fin de legitimar al jefe militar en el
poder).
Son casi 8 años en que el gobierno cubano no devino de unas
elecciones. De manera que habría que dejar en 49 años la práctica electoral democrática del país, sin asomarnos a las sombras caudillistas,
de corrupción u otro de los signos que marcaron los comicios con que se cumplió la
secuencia presidencial como establecía la Constitución de la República de
Cuba.
La última elección que corresponde al ciclo electoral fijado
por la Carta Magna de 1901 y ratificado en la de 1940 –elecciones a cada cuatro
años y derecho a una sola reelección– fue la de noviembre de 1958, cuando las
tropas gubernamentales estaban a punto de ser derrotadas por la sublevación
armada dirigida por Fidel Castro.
Por ser la última, me detengo más en las elecciones del 3 de
noviembre de 1958. Constitucionalmente,
correspondían a inicios de ese año y aunque Batista restableció las garantías
constitucionales y bajo presión de Estados Unidos se comprometió a elecciones
libres, ya tenía perdido el control del país. Fuerzas políticas importantes
como el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) se negaron a participar. En las
regiones orientales la participación popular fue muy baja, en lo que influyó el
boicot decretado por el Ejército Rebelde y la amenaza a quienes participaran en
las elecciones.
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Andrés Rivero Agüero, electo presidente de Cuba en la elecciones de noviembre de 1958. No llegó a ocupar el cargo por el triunfo armado de Fidel Castro. |
A pesar de la intranquilidad ciudadana, hubo cuatro aspirantes a la presidencia: Andrés Rivero Agüero, de la alianza oficialista Coalición Progresista Nacional; el expresidente Ramón Grau San Martín, por el Partido Auténtico; Carlos Márquez Sterling, del Partido del Pueblo Libre y Alberto Salas Amaro, del Partido Unión Cubana. Aunque triunfó el candidato de Batista –Rivero Agüero– se extendió por todos lados la acusación de fraude, señalamiento que, con pruebas o no, ha sido común en los perdedores de Latinoamérica y amenaza peligrosamente a Estados Unidos en los últimos años. No sé si es suficiente, pero hasta el mismo mayor general Francisco Tabernilla, que entonces era secretario de Batista, confesó en sus Memorias (publicadas en 2009) que, de no haber existido trampas, la presidencia habría sido para Carlos Márquez Sterling.
De todos modos, Rivero Agüero no pudo sumar ni un
solo día a la experiencia democrática cubana. Batista, que aspiraba a
quedarse al frente de las Fuerzas Armadas bajo la presidencia de Rivero Agüero
–más o menos desde la posición que había gobernado el país a fines de la década
de 1930 mientras Laredo Bru ocupaba la silla presidencial– lo vio todo perdido
el amanecer del 1.° de enero de 1959 y prefirió, como Machado, irse de la Isla
insurgente en un avión, a salvo de una bala cubana. Ese día, desde el mando
rebelde se le prometió al pueblo unas prontas elecciones libres. Más de 67 años
después, aún las estamos esperando.


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