viernes, 8 de febrero de 2019

Stefano Guerrieri, un italiano en la historia de Tampa


En una reciente conversación con el poeta Alberto Sicilia, me preguntó si sabía quién fue Stefano Guerrieri. Al responderle que no, me contó que estaba investigando sobre la vida de este italiano radicado en Ybor City en las primeras décadas del siglo XX, de quien sabía parte de su historia a partir de una rica documentación que llegó a sus manos por una feliz casualidad. De no ser por la sensibilidad hacia la historia y la mirada perspicaz del poeta, se habría perdido para siempre una página hermosa de la historia cultural de la ciudad y del nutriente italiano en la conformación de su identidad.
Seguramente, en una próxima reseña podremos ofrecer apuntes biográficos más amplios sobre Stefano Guerrieri, un siciliano procedente de la provincia de Palermo, que llegó a Ybor City finalizando el siglo XIX y con 14 años se incorporó a trabajar en las fábricas de tabaco de la ciudad. Sin embargo, su fuerte vocación hacia la música, avivada con estudios  realizados, lo convirtieron en un notable compositor. Entre sus obras, llama la atención una ópera escrita en Tampa, cuya presentación en Nueva York, en 1919, despertó la atención de la prensa. Gracias a ello, presentamos las reseñas de algunos periódicos, cuya transcripción fue encontrada por Sicilia entre papeles, partituras y diversas muestras de la obra de Guerrieri.
Una ópera escrita en Tampa cantada en New York
Stefano Guerrieri, un italiano que estuvo empleado en la fábrica de tabacos de García y Hermanos y que es miembro de la orquesta de Charlie Heid, esta rápidamente alcanzando fama en el mundo de la música. Su ópera “Evandro” fue cantada recientemente en el teatro Madison Square Garden de New York, con gran éxito.
Esta ópera fue oída por primera vez en la residencia del Sr. John Turner, en Tampa, y gustó tanto que se hicieron los preparativos para presentarla en el teatro del Casino Español, con el objeto de levantar fondos para auxiliar a su autor a presentarla debidamente en la gran ciudad de New York. En el mes de julio fue Guerrieri a New York y el 23 de noviembre estrenó su ópera allí. Cuenta Guerrieri 24 años de edad, es un magnífico violinista y recibió educación musical en Palermo.
Sus padres y una hermana residen en Tampa y la familia se estableció aquí desde hace quince años. Durante un número de años, Guerrieri trabajó como tabaquero, dedicando sus horas de ocio al estudio de la música. La siguiente es una crónica del New York Tribune expresando una opinión crítica sobre el estreno de la ópera:
“Evandro, una nueva ópera italiana de extremado sabor realista, en un acto y varios cuadros, fue cantada anoche en el Teatro de Madison Square Garden. El libreto, hecho por Pietro Gori, relata la historia de una joven campesina cuyo primer amante encuentra que su pasión por ella se ha renovado en su corazón, precisamente el día después que la joven contrae matrimonio con un simpático y gallardo joven leñador. La dramática escena termina con un hacha ensangrentada en manos del marido, que ha vengado su honor. El joven compositor Stefano Guerrieri posee una fácil y sencilla técnica de la escuela de Mascagni, y lo que es más notable, un verdadero instinto dramático. Su talento natural no está bien cultivado todavía, pero brilla con fulgores esplendorosos. La obra fue cantada muy bien, con mucho fuego, por un grupo de artistas notables, y muy aplaudida por la colonia italiana de la ciudad”.
Sobre la ópera “Evandro, la revista Musical American, hace los siguientes comentarios: “Evandro, una ópera en un acto, producción del maestro Stefano Guerrieri, un joven italiano, fue puesta por primera vez en escena la noche del 23 de noviembre en el teatro Garden ante una gran concurrencia de compatriotas del compositor. El Sr. Guerrieri tiene 24 años y no hace mucho tiempo que llegó a este país. Hasta hace unos meses fue tabaquero en Tampa. Sin embargo, hemos sido informados de que recibió una extensa educación musical en Palermo. Dícese que el joven Guerrieri tiene vastos conocimientos del violín y que en este instrumento encontró los temas para sus abundantes arias, su intermezzo y el conjunto de números que componen la partitura de “Evandro”. El compositor tiene desarrollado el sentimiento melódico que todas las crudezas instrumentales de la orquesta no han podido apagar. El argumento de la obra está basado en un antiguo episodio dramático italiano. El cuadro: El primero de mayo, se desenvuelve en un brillante número de escenas muy naturales y realistas, tomando parte en él las cuatro voces principales y el coro. En síntesis, diremos que Evandro es un joven montañés que adora a Silvia, una joven campesina que ha sido engañada por un Marqués. El noble vuelve a sus pretensiones después del matrimonio de la enamorada pareja. Evandro se entera de esas antiguas relaciones por un amigo que una noche canta una serenata envolviendo en las notas de la canción la burla y la traición de que es objeto. A esto siguen escenas apasionadas de separación y reconciliación entre los esposos; el Marqués intenta otra vez perturbar la felicidad y la armonía del matrimonio, y por fin Evandro termina dramáticamente el incidente dándole muerte con un hacha en un rapto de pasión celosa y para vengar su honor. La ópera causó una excelente impresión en todos los que entendieron la naturaleza de su origen. Indiscutiblemente el Sr. Guerrieri tiene talento para la nueva carrera que ha escogido. Stella Morelli, una simpática y joven soprano, hizo el papel de Silvia; el tenor Ernesto Monteverde el de Evandro; Alan Turner, barítono, el del Marqués; y el tenor Dodovico Olivero el papel de Fosco, el amigo de Evandro. La ópera fue dirigida por el Maestro C. Nicosia.
Nota:  Stefano Guerrieri vivió en Tampa hasta su muerte, ocurrida el 25 de enero de 1963.  Su nombre ha de sumarse al de los italianos ilustres que contribuyeron a la cultura multiétnica que enorgullece a esta ciudad.


lunes, 4 de febrero de 2019

El parque “Amigos de José Martí”, este 28 de enero


       El pasado lunes, 28 de enero, se cumplieron 166 años del natalicio de José Martí. Tradicionalmente, en Ybor City se ha recordado la fecha visitando el parque que lleva su nombre, en la 8.ª Avenida, entre las calles 13 y 14. En años anteriores, al llegar a este significativo lugar, he encontrado un ramo de flores frescas dedicadas al más universal de los cubanos. Con ello, se expresa la admiración no sólo al organizador de la Guerra de Independencia, sino también al pensador, maestro, escritor, poeta, humanista y guía de un proyecto de república con un elevado sentido de justicia y libertad.
    Esta vez, Brailyn García, periodista del canal de televisión Telemundo, me llamó hacia las diez de la mañana, invitándome a que grabáramos para su programa algunas palabras sobre la significación del lugar donde sobresale la estatua del Apóstol cubano. Llegué unos segundos antes que él y, aunque el parque estaba abierto, no había en él una sola persona ni huellas de alguna reciente flor. Sabía que el parque está muy abandonado, pero me sorprendió el alto nivel de su deterioro, incrementado en los últimos años. Cuando llegó el joven periodista, motivado por la rica historia del lugar, hubo que mover el trípode más de una vez para encontrar un banco que, a si no limpio, al menos estuviera sano.
Primero conversamos sobre los hechos que determinaron que este lugar sea considerado histórico, recordando que exactamente aquí estuvo la casa en que vivió el matrimonio de Ruperto Pedroso y Paulina Rodríguez, afrocubanos que además de su trabajo en las fábricas de tabaco citadinas, habían fundado una pequeña fonda en la casa, en la que un cuarto servía de hospedaje eventual. Así es como aquella pareja descendiente de esclavos se ganaba la vida, como miles de emigrados que esperaban el tiempo en que su patria natal fuera libre para regresar a ella.
El parque "Amigos de José Martí, en Ybor City, Tampa
   Cuando, al anochecer del 26 de noviembre de 1891 asistieron al Liceo Cubano, casi al lado de su casa, y oyeron el discurso que pronunció el orador invitado de Nueva York, identificaron en las palabras “con todos y para el bien de todos” la patria que querían y se dispusieron a colaborar en lo que hiciera falta para conquistarla. A partir de ese instante empezaron a ver en aquel hombre de piel blanca a un hermano. Cuando un año después, en diciembre de 1892, dos desalmados comprados por el espionaje español le brindaron una copa de vino envenenada a quien habían elegido como Delegado del Partido Revolucionario Cubano, fue a la casa de Pedroso donde, al instante, acudió  a atenderle el doctor Miguel Barbarrosa. Salvado el trance con vomitivos y enjuagatorios inmediatos, Paulina le preparó un cuarto para que este fuera su hospedaje seguro, tanto para los días que entonces estuvo en Tampa, como para cada vez que lo necesitara en las visitas siguientes.
Después hablamos sobre la carta que, el 30 de enero de 1895, Martí le envía a Paulina con Gonzalo de Quesada, cuando se han perdido en el puerto de Fernandina los recursos suficientes para iniciar la guerra. El día en que sale Quesada para Tampa, Martí embarca hacia Santo Domingo a reunirse con Máximo Gómez, para de allí buscar la vía de desembarcar en Cuba. Cuando hace falta un esfuerzo sin límites, a Paulina y Ruperto Martí les pide el máximo sacrificio, el de empeñar la casa si fuera ­necesario. “Si es preciso, háganlo todo, den la casa. No me pregunten. Un hombre como yo, no habla sin razón este lenguaje”.
Ellos cumplieron con Martí, cumplieron con Cuba y, aunque no perdieron la casa, sirvieron a la independencia de Cuba hasta el triunfo de la guerra, a la que Martí sacrificó su vida. Ellos regresaron a su país en la primera década de una república que no se correspondía con la que el Mártir de Dos Ríos quiso hacer. La propiedad  tuvo otros dueños y en la década de 1950 fue adquirida por el coronel retirado Manuel Quevedo, dueño de una aerolínea que se sensibilizó con la historia oída al historiador Tony Pizzo sobre la vieja casa de madera donde más de una vez durmió José Martí.
En 1956, Quevedo y su esposa Mercedes donaron la propiedad al gobierno cubano, entonces presidido por Fulgencio Batista, quien prometió 25 mil dólares para su restauración. La casa estaba en muy malas condiciones y no sobrevivió a un incendio cuando estaba llena de termitas.
A fines de la década de 1950, cuando en Cuba se producían los acontecimientos que dieron lugar a la entronización del régimen comandado por Fidel Castro, en Tampa la comunidad cubana fue reuniendo los fondos para convertir en un parque –al principio se pensó en un museo–  el sitio en que estuvo la casa del matrimonio Pedroso, inaugurado en 1960 con el nombre “Amigos de José Martí”.  Muchos se preguntan si es una propiedad de Cuba.  Seguramente, existen los papeles de la donación al gobierno cubano, que no era el gobierno actual. Otros dicen que al ser confiscadas propiedades estadounidenses  por el gobierno cubano, se perdieron propiedades de éste en Estados Unidos. 
No creo que lo importante ahora sea dilucidar de quién es la propiedad –ojalá de todos y símbolo de hermandad–, sino los sentimientos que nos acompañan hacia la historia que guarda. El dueño de la historia subjetiva es el dueño del título objetivo, porque la tinta del corazón es intransferible. Si para campañas políticas, de uno u otro bando,  se toma un lugar sagrado que es de todos –no sólo de los cubanos– pierde sentido el legado de “patria es humanidad” con que Martí, desde este lugar, puso los cimientos en defensa de un concepto de libertad que está más allá de las clases, razas, religiones, ideologías y el modo propio de pensar a que tiene derecho todo ser humano. Cuando unos  estaban incitando a  los blancos contra los negros, y viceversa, Martí puso su brazo blanco sobre el hombro negro de Paulina y se paseó por Ybor City, mostrando que los sentimientos humanos no tienen raza. 
Pero como es necesario que alguien represente, renueve, atienda y haga útil el espacio público, ojalá y el parque “Amigos de José Martí” esté en manos de quien tenga los recursos, talento y sensibilidad para restaurarle toda su dignidad. Falta hace que alguien, con la urgencia que requiere el lamentable estado en que se encuentra, emprenda su restauración, sustituya una estatua deformada por el tiempo y maltrato, enriquezca sus espacios –necesariamente con una sala de atención al público– y embellezca su entorno; alguien que lo haga renacer como el lugar sagrado de la independencia y libertad americana que es.







viernes, 25 de enero de 2019

Horatio Rubens, un neoyorquino amigo de José Martí


Por Gabriel Cartaya

En Líneas de la memoria queremos recordar a un estadounidense que hizo mucho por la independencia de Cuba y por las buenas relaciones entre los dos países. Cuando, en nuestro tiempo, apreciamos la labor de hijos de este país que pugnan por eliminar los conflictos que alejan a dos naciones tan cercanas en la geografía, la historia y la cultura, pensamos en aquel antecesor que se llamó Horatio Seymour Rubens.
A 77 años de su muerte,  para muchos puede ser un nombre desconocido, aunque quienes se han detenido en el  proceso  de  preparación de  la Guerra de Independencia de Cuba, y a su curso entre 1895 y 1898, seguramente se han encontrado con este nombre en algunas de sus páginas.
Leer ese nombre en la misma línea en que aparece José Martí, ha sido probablemente la primera referencia sobre el  neoyorquino que fue amigo de Cuba. Al menos, es donde yo lo encontré muy temprano, cuando en las cartas del Apóstol  a sus más cercanos colaboradores en el Partido Revolucionario Cubano (PRC), menciona al abogado estadounidense en más de una ocasión, especialmente durante los días difíciles del fracaso de las expediciones en Fernandina,  la segunda semana de enero de 1895.

En el instante en que todo parece perdido, cuando son apresados los tres barcos que debían llevar a Cuba  a los hombres –sus más grades líderes incluidos– con los recursos necesarios para dar inicio a la Guerra de Independencia, José Martí, desde un hotel en Jacksonville donde está de incógnito, envía un cablegrama a Nueva York para que vengan enseguida Gonzalo de Quesada y Horatio Rubens, quien como abogado se encargaría de pelear en las cortes la devolución de las propiedades incautadas.
¿Cómo Rubens había ganado tan absoluta confianza  en quien presidía el Partido Revolucionario Cubano?  En realidad, desde 1893, cuando Quesada se lo presentó,  venía siendo el asesor legal de la organización independentista y había acompañado a su líder a Tampa y Cayo Hueso en los días en que fue necesario defender la causa de tabaqueros cubanos. Fue muy meritoria su labor en enero de 1894, al producirse en Cayo Hueso una crisis de consecuencias incalculables, a partir de una componenda entre dueños de fábricas de tabacos (estadounidenses y españoles) con el gobierno español en Cuba, para sustituir a los obreros que habían participado en una cadena de huelgas pidiendo mejoras salariales.
En el fondo, el gobierno español pretendía quitarse de encima la efervescencia independentista que prevalecía en los tabaqueros cubanos, mientras muchos dueños de fábricas podrían poner fin a las huelgas sin atender las demandas de los trabajadores.
En el marco de aquella tensión, Martí vino hasta Tampa con Rubens, a quien envió al Cayo a defender a varios cubanos que habían sido apresados o expulsados de su trabajo. El abogado no sólo se enfocó en defender  a los detenidos,  sino también en probar la ilegalidad de una contratación de obreros que dejaba sin empleo a los ya establecidos allí. Su actuación se destaca en un escrito del periódico Patria, el 20 de enero de 1894: “El Departamento del Tesoro espera que las pruebas ya recogidas se completen por las declaraciones que han de prestar los señores Rubens y Marino, quienes se han nombrado como Comisión por los residentes cubanos en Cayo Hueso para venir a Washington y protestar contra la entrada de obreros españoles en los Estados Unidos”.
Entonces, el abogado Rubens, quien fue compañero de estudios de Gonzalo de Quesada en la Universidad de Columbia, era un joven de 25 años, pues  nació en Nueva York el 6 de junio de 1869.
Sobre la cercanía, amistad y apoyo que tuvo Martí de parte de Rubens hay múltiples referencias. Sin embargo, se ha hecho menos énfasis en su obra durante el curso de la  guerra que se extendió hasta 1898, cuando era Abogado Consultor General de la Junta Revolucionaria Cubana. Estuvo muy cercano a la labor del PRC y de la representación en el exterior del gobierno de la Republica en Armas,  ambos bajo la dirección de Tomas Estrada Palma. El abogado jugó un rol muy meritorio en la defensa de patriotas detenidos por organizar expediciones hacia Cuba, entre ellos Carlos Roloff y los hermanos Carrillo.
El mismo Rubens, en un libro que dio a conocer en 1932 con el título Liberty: The History of Cuba, recordó: “Mucho se ha hablado de la benevolencia de las autoridades americanas respecto a las expediciones filibusteras, como se las llamaba. Nada más lejos de la verdad (…) La cantidad de arrestos y juicios, y el número fenomenal de reclamaciones contra barcos y armamentos prueban la gran diligencia de las autoridades americanas”.
Por sus servicios a la independencia,  la Junta Revolucionaria Cubana le otorgó de manera honorífica el cargo de Coronel del Ejército Libertador.
Durante la intervención militar norteamericana, Rubens se desempeñó como comisionado de revisión de Código y Leyes, de Finanzas y de Elecciones. Trabajó activamente a favor de la candidatura de Estrada Palma para la presidencia de la República y, a partir de su creación, en 1902, se quedó a vivir en la Isla, aunque no se vinculó a la política directamente, sino a intereses económicos propios y de compañías estadounidenses, señaladamente en la naciente empresa Cuba Railroad Company, de la que llegó a ser presidente.
Ya siendo un hombre de negocios, se construyó una mansión en el Mariel, cerca de La Habana, que se conserva como parte del patrimonio de esa localidad.  Aquella obra ecléctica, con arcos y columnas donde los motivos moriscos y de palacios medievales llamaron la atención, fue la residencia durante muchos años del abogado amigo de José Martí, quien era atendido en las ciudades de Cuba que visitaba como un Veterano de la Guerra de Independencia. Después de la caída de Gerardo Machado, donó la propiedad del Mariel al gobierno, quien la convirtió en sede de la Academia Naval en el Mariel. En su último viaje a Cuba, en 1938 (tres años antes de morir en Nueva York), se hospedó en el lujoso Hotel Nacional, lugar aun predilecto de los estadounidenses que visitan La Habana,  donde tal vez encuentran en el espíritu de aquel antecesor, para bien,  una luz hacia las positivas relaciones entre dos pueblos que requieren, más que sus gobiernos, la amistad que enriquece.



viernes, 18 de enero de 2019

La fiesta de género, una nueva celebración


     Desde el fondo de los tiempos matrimoniales, el embarazo de la mujer ha provocado distintos momentos de celebración. Ya en la época védica de la antigua India, la familia celebraba una fiesta a la que llamaban seemantha, hacia el octavo mes de la gestación de la mujer, en la que acercaban música al vientre de la madre, pues sabían que ya los oídos del feto estaban preparados para oírla.
Felices jóvenes madre y abuela
Con el avance científico técnico de nuestro tiempo, asistimos a la aparición de nuevas ceremonias, que en la medida en que se repiten y extienden, van convirtiéndose en  costumbre. Si la repetición de los actos, individuales o colectivos, van definiendo el conjunto de las tradiciones que caracterizan a una familia, un barrio, una nación, una cultura –hasta que su arraigo lo hace ser un componente de su definición–, asistir al nacimiento de los mismos ofrece la particular satisfacción de sentirse inmerso en el ambiente de su creación.
 Eso sentí al participar, por primera vez, en una fiesta que en mi infancia era imposible imaginar. Se le ha dado por nombre, en inglés, gender party, que en su traducción literal significa “fiesta de género”. Aunque parece ser hermana gemela, preámbulo o alternacia del conocido baby shower (alusión a un baño de regalos), nacido en Estados Unidos y ya extendido a varios países, éste es posible por el conocimiento de la ecografía, que emplea el ultrasonido para crear imágenes bidimensionales o tridimensionales. Esta técnica, sin el riesgo de los rayos X, al permitir a los médicos fotografiar los más mínimos detalles del feto, ofrece, casi con exactitud, la evidencia  de que la madre tendrá hembra o varón.
 Si al divertido baby shower no le es imprescindible ese detalle –aunque útil para adecuar los regalos al género de la criatura por venir–, al gender party es quien le justifica. La idea de su celebración no se relaciona con los regalos que se dedicarán al recién nacido,  sino con la noticia a la familia y amistades cercanas de que quien va a nacer será niño o niña.
 Sin lugar a dudas, en una u otra festividad, el componente de la mercadotecnia es fuertemente influyente, pues con su filosofía de identificar los requerimientos del consumo, construye también nuevas necesidades que lo compulsen a satisfacerlas.
 En los tiempos en que llegamos al mundo los que hoy sobrepasamos el medio siglo, cuando todavía las cigüeñas eran convocadas para encargar al bebé, la magia de nueve meses se rompía con el alumbramiento, instante en que se levantaba al recién nacido de frente, con las piernas abiertas, para que el mundo supiera  si su nuevo integrante sería hombre o mujer. Desde hace algunas décadas el ultrasonido ha determinado la buena nueva –también al baby shower–, pero sólo en los últimos años viene acompañada de una fiesta de anunciación que se empieza a incorporar a las costumbres posmodernas de una aldea global que tiene en este país un innegable faro.
 En estas cosas estuve pensando cuando fui invitado, junto a mi esposa, a un gender party dedicado a Érica Marina, la hija mayor de un matrimonio de viejos y queridos amigos: Eric de la Cruz y Gretel Sánchez. Fue en el atardecer del viernes pasado y al entrar a la sala de su casa, adornada con globos azules y color de rosa, sentí en la contagiosa alegría con que familiares y amigos rodeaban a la joven embarazada, una hermosa justificación para la festividad. Apenas ­traspasamos el umbral de la casa, su primera dama nos preguntó a  qué apostábamos: –Hembra, respondió mi esposa; varón, dije yo–, por lo que fuimos marcados con un adorno de diferente color en las solapas.
Entonces, yo creía que los únicos en no saber el género de la criatura guardada en el interior de Érica Marina éramos los amigos, pero al intentar seducir a quien se estrenará de abuela con una información adelantada, mi vanidad periodística tropezó con una inesperada confesión: –Ni la madre lo sabe. 
 Acto seguido me explicó que el médico, quien ocultó a los padres el resultado del pesquisaje, había entregado un sobre sellado que ocultaba el diagnóstico. En toda la familia hubo una sola excepción, a quien le encargaron  la preparación de un globo cuyo color negro impedía mirar a su interior, donde se ocultaron cientos de partículas cuyo color, al reventarse, revelaría cual de los dos bandos sería el ganador.
 Mientras esperamos por el instante de la verdad, que cada quien creía tener, hubo comida, brindis y charlas perfumadas con atisbos de adivinación. Cuando se advirtió que el globo iba a ser perforado, todos rodeamos a la joven pareja, y entre risas y augurios  era difícil descifrar en quiénes la emoción era mayor, si en los que se estrenarían de abuelos o de padres. Al fin, Julio –joven progenitor que suma el ala puertorriqueña de su origen a la cubana de Érica Marina–, con un golpe bien medido quebró el globo y se expandió a toda la sala una lluvia azul de múltiples fragmentos y una voz repetida: varón, varón, varón. 
 Al final, vencida la presunción con que los ganadores miramos a las víctimas rosadas que se sumaron a la felicitación, todos ganamos con una fiesta de amistad y sumamos un nombre a las costumbres que va imponiendo nuestro tiempo.
                   



La visita a Tampa de Juan Gualberto Gómez



    Cuando supe que el nombre de Juan Gualberto Gómez había sido uno de los elegidos por el urbanista Ariel Quintela para bautizar a uno de los ocho edificios que él, junto a otros inversionistas, están remozando en Ybor City, me pregunté por los vínculos que el conocido patriota cubano pudo tener con esta ciudad, más allá de sus méritos como político, intelectual y cercano colaborador de José Martí, para esa preferencia.  Sobre los nombres seleccionados para otros edificios –José Martí, Fernando Figueredo, Pedroso, Socarrás–, es bien conocida su presencia en  Tampa. Al conocer los nombramientos,  me  pregunté por qué no se pensó en Carbonell, por el peso que tuvieron padre e hijo (Néstor Leonello y Eligio), no sólo en la primera visita de Martí a Tampa, sino en toda la obra realizada desde Ybor City por el desarrollo de este pueblo y por la independencia de Cuba. Pero seguramente nuevos lugares recibirán este nombre, como sería justo también que el de Carolina Rodríguez “La Patriota”, Ramón Rivero  y el de otros guías luminosos de su tiempo, sean grabados en un sitio que perpetúe su ejemplo.
Juan Gualberto Gómez
Ahora, quiero exponer algunos elementos que justifican plenamente el haber pensado en Juan Gualberto Gómez para que, con su nombre en uno de los edificios que darán vigor a la urbanización renovada de Ybor City, se rinda homenaje permanente a su memoria. Sabemos que en él José Martí depositó toda su confianza y lo designó  máximo representante del Partido Revolucionario Cubano (PRC) dentro de la Isla, y le dirigió la Orden de Alzamiento cuando se consideró llegado el momento del levantamiento simultáneo en varios lugares de Cuba, el 24 de febrero de 1895.
El que Juan Gualberto recibiera en el fondo de las capas de un tabaco la orden de iniciar la guerra con el olor a Tampa en su envoltura, es ya, por sí misma, una razón para que el nombre de aquel matancero, que nació del vientre de una esclava, luzca en el portón de uno de los hermosos edificios que ahora están renaciendo en la histórica ciudad floridana.
Pero es bueno saber que Juan Gualberto también anduvo por las calles de Tampa, durante una visita que realizó en 1898. Ese año llegó a Nueva York, acabado de salir de la cárcel de Ceuta, en España, donde estuvo desde que lo aprisionaron al alzarse en armas el 24 de febrero de 1895.
Desde su llegada a Estados Unidos se mantuvo alrededor de Tomás Estrada Palma, quien fungía como Delegado del PRC desde la muerte de Martí, siendo, a la vez, el máximo representante de la República en Armas en el exterior. En el mes de julio de 1898, cuando se produce la derrota de España en la batalla naval de Santiago de Cuba y es inminente el fin de la guerra,  Estrada Palma envía a Juan Gualberto a Tampa, con el interés de conocer detalles sobre la comunidad cubana en esta ciudad, cuando muy pronto se va a producir el regreso de una parte de sus integrantes  a la Isla y cuyo ordenamiento es preocupación de la máxima dirección revolucionaria en la emigración. El periódico Patria, en su edición del 9 de julio de ese año, da a conocer que Juan Gualberto está en Tampa “desde hace ya varios días”.
En el número siguiente –29  de julio– Patria informa: “Juan Gualberto Gómez está  a punto de terminar satisfactoriamente los trabajos que le encomendara la Delegación cerca de los cubanos residentes en Tampa”.
Cuando se produjo la visita de Juan Gualberto Gómez a Tampa, aunque sólo tenía 44 años, ya acumulaba un largo historial de lucha por la independencia de Cuba. Nació libre en Sabanilla del Encomendador, en la provincia de  Matanzas, porque su madre logró ahorrar dinero para, al salir embarazada, impedir que su hijo naciera esclavo.
Además de libre, Juan Gualberto nació con una inteligencia prodigiosa, lo que le  abrió el camino a estudios en La Habana. El talento le hizo ganar el apoyo de maestros y personas con recursos económicos, y en 1868, ya iniciada la guerra de los Diez Años, pudo ir a Francia, donde ingresó en una escuela preparatoria de ingenieros. En París se produjo su primer vínculo con los líderes independistas cubanos, sirviendo de traductor a Francisco Vicente Aguilera en su labor de recaudación de fondos para la guerra.
En 1875, Juan Gualberto abandona Francia y se radica en México. En 1878, regresa a La Habana, casi en el mismo tiempo en que lo hace José Martí desde Guatemala. Se conocen ese mismo año y comienzan una amistad que duró hasta siempre. Juntos comienzan a conspirar por el reinicio de las hostilidades. Cuando el 17 de septiembre de 1879 detienen a Martí, lo hacen en la casa de su amigo Juan Gualberto, quien ya está publicando el periódico La Fraternidad. Después lo  encarcelan y deportan también a él.
Tenía mucha historia a favor de la libertad el afrocubano ejemplar cuando Martí funda el Partido Revolucionario Cubano. Había vivido un largo tiempo en Europa, regresando por segunda vez a Cuba en 1890, preparado para la alta responsabilidad que le asignó su amigo. Ambos coincidían en la necesidad de una contienda bélica rápida y eficaz que abriera el camino  a una república moderna y justa.
Martí no pudo llegar a su fundación, pero su amigo fue uno de los más fieles defensores de su  ideario en el intento de ordenarla. Su labor como miembro de la Asamblea Constituyente de 1900, su papel en la Cámara de Representantes (1914-1917) y en el Senado (1917-1925), pero especialmente en sus notables  escritos,  son prueba de ello, aun cuando no pudiera contener los rumbos que se apartaban de la verdadera república martiana. Pero fue su defensor, hasta los 78 años con que murió, el 5 de marzo de 1933.
Aquel fiel defensor de la igualdad racial, de la libertad de pensamiento y la fraternidad humana, un día caminó por las calles de Ybor City y West Tampa. Debió ser honda su emoción al mirar la fábrica de tabacos de O’Halloran, donde el buen Fernando Figueredo debió contarle los detalles secretos del día en que cubrieron en las  capas profundas de un tabaco  el edicto enviado a él, para que avisara la hora del alzamiento. Su nombre, que lo lleva hoy el pueblo donde nació,  también lo veremos al frente de un hermoso edificio de Ybor City.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Nace Ediciones Surco Sur con El camión verde y otros pasajes

    Estas líneas no aspiran a ser una reseña del libro de poesía El camión verde y otros pasajes, aunque incluyan un comentario breve sobre él. Contienen, sí, la doble noticia de que, con tan hermoso poemario, sale también a la luz Ediciones Surco Sur, como extensión de la revista que con el mismo nombre venimos publicando hace algunos años.
    Al inaugurarse Ediciones Surco Sur, pretendemos –desde Tampa– compaginar dos métodos de publicación que en nuestros días pugnan por el mercado del libro, especialmente en su tradicional soporte de papel,  que en contra de lo que muchos afirman, no será ahogado por su competidor digital. De esos dos procedimientos, las editoriales tradicionales y el autofinanciamiento del libro, si aquellas gozan de la autoridad de contar con especialistas en el reconocimiento de la calidad de las obras que seleccionan, el prestigio de sus autores y el estudio de mercado que garantiza las utilidades  de la inversión, el segundo método tiene como padecimiento principal el hecho de devenir de la voluntad y recursos del autor, en el que la calidad puede zozobrar por la autoevaluación desmedida,  la vanidad posible y el nivel económico de su creador. Estas razones han permitido que libros de muy poca calidad maltraten el idioma y el arte de escribir a niveles incluso vergonzosos, circulando en Amazon o en otras plataformas de comercialización, lo que daña la imagen de vehículo cultural con que durante siglos los libros se han reverenciado.
     El peligro en que el autofinanciamiento –“modelo destructivo de la autoedición”, le ha llamado el crítico español José Antonio Santana– ha situado la aparición y circulación del libro en nuestro tiempo, no significa, en sí mismo, que no hayan sido publicadas buenas obras por esta vía. Excelentes autores han sido desconocidos por las grandes editoriales y sus obras desplazadas por la de escritores cuyo prestigio se ha impuesto en la selección, aun cuando la calidad de una propuesta suya pudiera haber sido inferior.  En muchos de estos casos, el autofinanciamiento ha sido el camino encontrado por obras de calidad, aunque, casi siempre, han tenido el tino de buscar buenos editores, correctores, diseñadores.
     Ediciones Surco Sur se sitúa en un  punto medio: no es la editorial con una base económica que le permita fungir como aseguradora de la selección, corrección, edición, diseño, diagramación, impresión y distribución del libro, por lo que requiere de un pago mínimo del autor para cubrir esos requerimientos; pero sí es responsable de la calidad integral de la obra publicada. Para ello se aleja de una decisión individual, al contar con un equipo editorial formado por especialistas en el idioma español, crítica literaria y artes gráficas, cuyos nombres aparecerán en los créditos de cada obra que se publique.
    El proyecto de Ediciones Surco Sur, que hemos concebido con miembros del mismo consejo editorial de la Revista Surco Sur –la Dra. Madeline Cámara, el poeta Alberto Sicilia, el diseñador Edgar Jerez y quien escribe estas líneas, entre otros–, se acaba de hacer realidad con la salida de su primer libro, que no por azar, sino por  fuerza simbólica, pertenece al género expresivo con que nació la palabra: Poesía.
   El libro ya está en Amazon, con su nombre El camión verde y otros pasajes, ampliado el título con que el poeta Alberto Sicilia publicó en Cuba, en 1994, su primer poemario. Ahora, una selección de aquel texto temprano, más algunos que fueron incluidos en tres libros sucesivos y otros poemas inéditos, conforman esta obra, de la que la profesora Madeline Cámara ha expresado en una luminosa introducción: “He aquí El camión verde y otros pasajes, un poemario que nos habla de Cuba, su gente, sus saberes subversivos, pero también entra en los paisajes interiores del hombre que supo aprovechar la oportunidad de reflexionar sobre su entorno y sobre sí mismo…”.
    Con suma agudeza supo ver la Dra. Cámara estos dos ángulos, que no son los únicos sobre los que llama la atención. Reflexionar sobre el entorno es una mirada constante del autor en los 64 poemas que se juntan en este volumen. Si en el primero de ellos,  “al chofer que mira/ en el silencio alucinante de la carretera”, se condensan ambas, el poeta-chofer y la carretera, desde lo intra y extraliterario de la voz lírica, en el último se ha detenido en un parque de la ciudad en que hoy habita, desde donde observa “al hombre caminar de prisa”, un hombre que “sueña que camina sobre el agua/ y se hunde”. Quién sabe qué temores afloraron al subconsciente del poeta cuando el agua, entorno secular amado y doloroso  de la Isla, fue reencontrada en un parque tan cercano al mar que lo acerca y aleja de su Cabaiguán cubano.
    En todo El camión verde y otros pasajes habita una legítima lírica, donde, por momentos, el tono se hace reflexivo, filosófico, penetrante, proveniente de siglos de incursiones del pensamiento sobre la existencia humana, como “persiguiendo a Ariadna por este laberinto”, pero desde otra pertinencia. “Yo no soy Zaratustra, ni Zoroastro, ni Heráclito”, integra la exégesis de su propia obra, parecida a todas y a ninguna de la que es, por eso mismo,  verdadera poesía. 
    El camión verde y otros pasajes es, como corresponde al género, un  poemario de amor. Si esta declaración no arriesga un peligro de cursilería, es porque los poemas que lo componen expresan a un nivel elevado el sentimiento más legítimo y arraigado que acompaña al ser humano y justifica su vivir.
     Ediciones Surco Sur ha nacido en un momento de Navidad y entra al Año Nuevo con la promesa de dar a conocer nuevos ejemplares y dispuesta a recibir propuestas que le enriquezcan. Y como es una fecha de felicitaciones y obsequios,  ofrece a los amantes de la lectura y la poesía la posibilidad de adquirir, disfrutar y también regalar un libro en cuya portada luce un dibujo creado y regalado al autor por Fayad Jamis –ese grande poeta, aunque muerto, nunca desaparecido– y donde puede leerse, dedicado a Cuba, este enigmático poema de trece –13– versos, como nacido de un pincel infinito:
      Isla curvada
     Oblicua en el ojo del marino:
     Arco para no disparar,
     Arco sin flecha.
    Ola gigante que vigila al norte
    Guardando al sur.
    Isla rumbo a la espuma
    Verde con azul,
    Cielo con montaña,
     Lenguaje de arena si confluyen,
     Isla y ola
     Amargas,
     Misteriosas.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Tampa en la Guerra Hispanoamericana


  Si en una década (1886-1896) Tampa se convirtió en la capital mundial de la elaboración de tabacos –con cientos de fábricas y miles de obreros que dieron impulso al crecimiento de esta ciudad–, en 1898 pasó a ser un escenario de carácter marcadamente militar. Otra vez, en este momento de su historia, Cuba vino a ser la razón que determinó alcanzar aquella condición temporal, con el arribo a sus calles de miles de uniformados.
     Todo giró en torno a la terminación de la Guerra de Independencia cubana, que había encontrado en Tampa el primer momento de su organización con la llegada a ella de José Martí en noviembre de 1891. A partir del 25 de abril de 1898, cuando Estados Unidos declaró la guerra a España con la explicación nunca probada de que en el puerto de La Habana le explotaron al “Maine”, Tampa fue destinada a servir de concentración y salida de las tropas estadounidenses que irían a pelear contra el ejército español en la isla de Cuba.
  En los meses siguientes, por las calles tampeñas caminaban más militares que civiles y la ciudad fue centro de noticias en todos los diarios de la época, tanto locales como nacionales.  Basta con leer algunas de las notas publicadas en importantes periódicos de entonces, para calibrar la dimensión que cobró Tampa en el marco de los acontecimientos que pusieron fin a siglos de dominación española en América.
  El New York Times publicó el 17 de abril de 1898, cuando faltaba una semana para la declaración de guerra, el titular ‘Tampa se prepara para las Tropas’, en que describe:
  “Tampa se prepara para la llegada del Séptimo Regimiento de las tropas, reportadas para llegar aquí. Lo que es bien sabido es que positivamente se van a encontrar en Tampa por algún tiempo indefinido. Lo importante es encontrar áreas convenientes para los campamentos, lo que se ha convertido en una tarea principal para las autoridades. Hay tres áreas disponibles, cercanas a las líneas ferroviarias, las estaciones, al agua potable y a las comunicaciones. Una es un punto alto en la bahía de Hillsborough, conocida como Ballast Point. El segundo lo es el Fuerte Brooke, el que hasta los pasados meses fue propiedad del gobierno, y bajo la presente situación será usada como cuarteles para las tropas. Esta facilidad también cuenta con acceso a las vías ferroviarias de la Central y Peninsular Railroad, las cuales son las líneas principales desde Tampa hacia el norte.
  El tercer sitio disponible lo es el área del Parque De Soto, al norte del pueblo a una milla aproximadamente y el cual posee también agua y rieles. La llegada de la comandancia es esperada en cualquier momento, y cuando la selección sea aprobada se pasará a ocupar inmediatamente por los soldados. Fotógrafos representando los diferentes periódicos se encuentran ocupados tomando fotos del área”.
  El 23 de abril, el mismo diario informa, bajo el título ‘Tampa se convierte en campamento’:
  “Tampa ha cambiado de un callado y productivo pueblo civil en un asentamiento militar. Por donde quiera se pueden ver los uniformes y las medallas. Las calles y todos los rincones del pueblo como los hoteles, clubes y cafés están abarrotados de soldados y oficiales. La comunidad de habla hispana se ha inundado de clientes de habla inglesa. Durante toda la noche han ido llegando los trenes con tropas procedentes del Oeste, Norte y Este; hasta ahora han llegado unos 3 mil hombres bajo el mando del General Wade,  quien junto a sus oficiales se han localizado en el Tampa Bay Hotel, como centro de operaciones. Hasta ahora se cree que ni el General Wade sabe por cuanto tiempo permanecerán las tropas en Tampa”.
  El 28 de abril, señala el New York Times, en ‘Con las tropas en Tampa’:  “Los oficiales militares, quienes están cerca de las fuentes de información oficial, aún no saben por cuanto tiempo las tropas calculadas en unos 20 a 30 mil hombres entre regulares y voluntarios permanecerán en Tampa. Sí se sabe que muchas más tropas llegarán en las próximas semanas”.
  El 3 de mayo, describe el diario neoyorquino: “Hoy en la noche todas las mulas, carretas y equipaje pesado de los campamentos, han sido ordenados a mudarse hasta el Puerto de Tampa; para que esté listo y conveniente para el envío a Cuba. Esto no es conocido fuera de los campamentos. A las autoridades ferroviarias, quienes están a cargo del transporte, se les ha dado instrucciones estrictas de no divulgar ninguna información.
Miles de tropas, artillería e infantería han llegado a Tampa en las pasadas veinticuatro horas y el pueblo se ha convertido en una fortaleza militar con miembros de todas partes de la unión, y todos con la expectación de una temprana invasión a la isla de Cuba. Bien se sabe que unos 200 cubanos que se enlistaron calladamente en Nueva York por el General Julio Sanguily, llegaron a Tampa esta noche. Ellos formaran parte del regimiento de caballería bajo el mando de este famoso general cubano y quienes desembarcarán en Cuba junto a las tropas americanas”.
Soldados en Tampa, en 1898, dispuestos a salir para Cuba
      En 1898, toda la sociedad tampeña se vio envuelta en un ambiente militar, el que alcanzó también a las manufacturas tabacaleras, donde una gran parte de los operarios eran cubanos. Según la publicación “Tobacco Leaf”, del 12 de mayo de 1898: “El enlistamiento de soldados cubanos esta semana ha causado revuelo en las factorías de tabacos. Cerca de unos 300 hombres solteros, se han enlistado y unos 600 a 700 más deben llegar de Nueva York, Cayo Hueso, Jacksonville y otras ciudades. Ellos van a acampar en West Tampa y esperarán ordenes. La mayor parte de ellos son tabaqueros y sus  puestos en las  fábricas se llenaron rápidamente, según se supo su salida”.
  Un impacto especial debió derivarse de la llegada a Tampa de  la flamante caballería conducida por Theodore Roosevelt, quien pocos años después fue presidente de Estados Unidos. El 3 de junio, reportó el New Yor Times: “Theodore Roosevelt y sus ‘Rough Riders’ han llegado a Tampa hoy (…) El regimiento se encuentra en perfecto espíritu de lucha. El coronel Wood y el teniente coronel Roosevelt junto a otros oficiales se encuentran ansiosos por su próxima expedición militar a Cuba. La llegada de los ‘Rough Riders’ causó sensación entre los residentes permanentes de Tampa”.
  Fue un tiempo  breve, entre abril, mayo y junio de 1898, pero Tampa fue centro de las noticias del acontecimiento universal que marcó un cambio de época, con el afloramiento de la fase imperial que extendería la presencia de Estados Unidos en el continente y que lo haría unas décadas más tarde la primera potencia mundial.
  La presencia en Tampa de tropas estadounidenses tuvo también influencia en la vida económica de la ciudad. Según José Rivero Muñiz, en su obra Los cubanos en Tampa, en mayo de 1898 los  soldados acampados en esta localidad recibieron su primer salario, el que ascendió a más de 175 mil dólares, dinero que estimuló el comercio de la ciudad. Dice Muñiz: “Corría el dinero a manos llenas y las ganancias de los mercaderes sumaron miles y miles de dólares”. De hecho, aunque de forma temporal, la avalancha de una población móvil durante algunos meses, marcó la dinámica mercantil, nocturna y aún recreativa de la ciudad.
  Al término de un conflicto bélico que determinó profundas transformaciones en el ordenamiento planetario, Tampa también sufrió significativos cambios. Así lo interpretó  Tobacco Leaf,  cuando el 14 de junio de ese año advirtió, bajo el título ‘Las hostilidades han cesado y un futuro nuevo en Tampa’:
  “La era de exilio voluntario ha llegado a su fin y la oportunidad de regresar a Cuba abre dolorosas alternativas. Muchos han convertido a Tampa en su hogar, lugar de nacimiento de sus hijos y un sitio donde poder tener su casa propia y un lugar de trabajo. De igual forma, este nuevo cambio afectó a los manufactureros tabacaleros y a su vez la economía local por casi seis meses. El viejo estilo de manufactura, usualmente en manos de españoles o cubanos, se va a eclipsar por las corporaciones del norte y los conglomerados tabacaleros, los que están ansiosos por abrirse paso en Tampa. Hoy día la industria tabaquera en Tampa emplea unas 20 mil personas y cuenta con unas 149 fábricas entre los centros laborales de Ybor City y West Tampa”.
  Habría que estudiar hasta dónde la advertencia que hizo el articulista del Tobacco Leaf se hizo realidad en la ciudad, que en las primeras décadas del siglo XX vería eclipsarse el esplendor que alcanzó con su pujante manufactura tabacalera.
  Al término de la guerra, desde el protocolo de paz firmado el 12 de agosto, cientos  de cubanos –especialmente los profesionales (médicos, abogados, periodistas…) regresaron con sus familias a Cuba. Algunas de las personalidades más sobresalientes de la comunidad de emigrados cubanos en Ybor City y West Tampa, se apresuraron en viajar hacia La Habana, a tomar parte del proceso de reorganización de la Isla en aras de la creación de una república, una vez terminara el período de ocupación de Estados Unidos. Así lo hicieron Néstor Carbonell, Ramón Rivero, Fernando Figueredo –algo más tarde–  y muchos más.
  Es verdad que, en los primeros años del siglo XX, decepcionados con la creación de una república que no atendió al “con todos y para el bien de todos” que preconizó José Martí, muchos regresaron a vivir a Tampa, que fue para cientos de familias cubanas –aún lo es– como  una prolongación de la patria.