jueves, 3 de noviembre de 2022

Conversación con Gabriela Valencia, una destacada artista hispana en Pinellas

 En las hermosas ciudades que rodean a la bahía de Tampa hay múltiples artistas que honran con su obra la cultura hispana que se distingue en el estado de Florida como uno de los componentes significativos de su diversidad.

Entre ellos encontramos a Gabriela Valencia, una pintora, educadora y violinista de origen ecuatoriano que fundó en Saint Petersburg su propio estudio-galería y durante los últimos años ha estado involucrada en diversas actividades culturales de su comunidad, entre ellos el Festival Internacional de Cine Latino de Tampa Bay.

Sus obras de arte se han presentado en exposiciones internacionales y aparecen en colecciones y galerías privadas, museos y diversas publicaciones.


Para saber su opinión sobre el comportamiento de algunas manifestaciones de la cultura hispana en la comunidad donde radica, le propusimos una entrevista para La Gaceta a la que accedió con amabilidad.

Gabriela, como fiel exponente de la cultura latina en el condado de Pinellas, ¿cómo aprecias la fuerza de la hispanidad en tu comunidad?

Nuestra cultura y raíces latinoamericanas son la suma de tradiciones, costumbres, conocimientos ancestrales, danzas, arte, música, gastronomía, lenguas, creencias y deportes, que paulatinamente se han ido incorporando en la región de Tampa Bay con más fuerza.

Nuestras voces como inmigrantes o descendientes de inmigrantes son cada vez más relevantes, gracias al esfuerzo, desempeño y aporte de nuestra gente latina en diferentes campos. Considero que en cada fruto que cosechamos vamos abriendo camino a las generaciones venideras, inspirando a dejar huellas que enriquezcan nuestra comunidad.

Estimo fundamental conservar nuestras raíces, ser proactivos y educarnos, contemplando siempre la premisa de aportar a la sociedad y de adaptarnos a los cambios que se van generando,  puesto que somos la minoría con mayor presencia en los Estados Unidos.

Por otro lado, como agente cultural también es necesario promocionar y promover la cultura latinoamericana, a efectos de desarrollar la interculturalidad necesaria en un modelo social justo y tolerante.

¿Cómo describes tu experiencia con Valencia Studio and Gallery?

Desde que decidí emprender mi carrera como artista visual en el área de Tampa Bay, he ido cultivando experiencias en diferentes ámbitos que atañen al ser humano. Hace trece años empecé analizando el ambiente artístico y cultural, el cual lo percibí dinámico, este factor fue motivante, encontré oportunidades como exponer mi obra en street markets, festivales de todo tipo al aire libre, donde numerosos expositores al igual que yo, buscábamos dar a conocer nuestro trabajo. Como una cosa lleva a la otra, estar en ese circuito de ferias, festivales y mercados de arte me abrió las puertas para abrir mi estudio de arte en la ciudad de Saint Pete Beach.

En el mes de abril de 2013, pude hacer uno de mis sueños realidad: crear y dar a conocer mi obra en un espacio físico, el cual, con el paso del tiempo, se convirtió en un espacio de cultura y eventos con y para la comunidad. Como todo tiene su fin y todo se transforma, con la inesperada  pandemia en 2020, no tuve otra opción que cerrar mi estudio de galería.

A pesar de todo, estos siete años de aprendizaje y desarrollo artístico han sido la base para seguir emprendiendo y generando ideas y espacios donde el arte, la educación y la cultura tengan un papel notable en el desarrollo del ser humano.

¿Pudieras hablarme de tu formación y resultados como artista y educadora? 

Continuando con la pregunta anterior –puesto que conecta perfectamente con lo que sigue en la historia de una inmigrante, oriunda de Guayaquil, Ecuador–, hice mis estudios universitarios (publicidad) en Guayaquil, de igual forma culminé los estudios de educación musical/violín en el conservatorio de música; luego de algunos años, tuve profundo interés en los estudios semióticos que han sido esenciales para desarrollar mis habilidades creativas.

 Los conocimientos adquiridos en el bachillerato de arte han sido fundamentales para crecer como una  artista visual  comprometida con la idea de  una sociedad más expuesta a los beneficios de la cultura.

 A nivel profesional, me he desenvuelto en el área pedagógica musical y artística en Ecuador y en el condado de Pinellas. Como violinista, tuve la oportunidad de ser parte de organizaciones que promueven la educación musical en Latinoamérica, entre estas el Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela.

Vamos obteniendo resultados en cada búsqueda, cuando nos cuestionamos qué viene ahora. Tal es así, que encontré fundamental realizar estudios de gestión cultural con la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), con el objetivo de adquirir conocimientos sobre desarrollo y aplicación de proyectos culturales.

Como amante del arte y la cultura, me siento afortunada de contribuir en la educación artística y musical de nuestra población infantil.  Actualmente colaboro como maestra de artes visuales en Classical Christian School For the Arts y como maestra de música en The Tampa Bay International School, esta última es una escuela  de inmersión en español que promueve el bilingüismo en español e inglés a través de un currículo internacional rico en arte y cultura.

Como parte del equipo de organizadores del Festival Internacional de Cine Latino de Tampa Bay, ¿cómo valoras su segunda edición, recientemente concluida?

La comunidad creativa latinoamericana está aportando intensamente a la promoción de la cultura; dicho esto, es importante involucrarse y colaborar con estas causas. Su segunda edición fue un éxito, la selección de las películas abordaron diferentes tópicos que vale la pena reflexionar en este mundo contemporáneo, marcado de matices y cambios incesantes. Mis más sinceras felicitaciones a la directora Iris Reyes, por su gran labor en The Tampa Bay Latin International Film Festival.

Aún así, considero que nuestra audiencia hispanohablante puede ser más partícipe, asistiendo a eventos culturales de esta categoría, los cuales son llevados a cabo mediante el trabajo voluntario de artistas,  colectivos culturales y patrocinadores.

En las manifestaciones artísticas en que participas en la bahía de Tampa –artes plásticas, música, cine–, ¿dónde expresas tus orígenes con mayor fuerza?

Pienso que expreso mis orígenes en cada una de las manifestaciones en las que participo, hasta en el diario vivir. La cuestión radica, en qué medida mis orígenes salen a relucir de manera más orgánica y espontánea. En este caso, diría que en las artes plásticas, puesto que soy yo en un diálogo constante con mis creencias, tradiciones y experiencias.

Recientemente, como participante de la exhibición colectiva de artistas latinoamericanos, en el evento cultural Tercera Edición Mi Gente-Movida, Diáspora Latina, organizado por Mi Gente Mi Pueblo, la muestra artística sigue en exhibición en Studios at 5663, localizado en Pinellas Park. La magia de la expresión artística saca a flote lo que somos y lo que nos define, e incluso lo que vamos descubriendo en todas nuestras facetas.

 

viernes, 28 de octubre de 2022

Un diálogo con el escritor Rolando Lorie

     El reconocido escritor cubano Rolando Lorie, cuyos libros han merecido atención de la crítica, acaba de publicar en Ediciones Classic Subversive –dirigida desde Tampa por el poeta Alberto Sicilia– un hermoso libro de versos. Por ese motivo nos comunicamos con él, para que junto al poemario Eva, la de Adán, aparezcan unas líneas que nos permitan conocer más a su autor.

   Violando las advertencias de tu original poema “Formato guía para el resumé”, quisiera comenzar este diálogo preguntándote acerca de tu formación, títulos, libros y premios, incluyendo “encuentros de renombre internacional”, como ironizas en un verso.

   Dejadas a un lado las advertencias del poema al que aludes, donde le concedo a la imaginación un rol preponderante  como  elemento satírico-irónico, recurro a la memoria para contestarte. Nací en La Habana, un marzo a comienzos de  la década de los cincuenta, en el seno de una familia humilde trabajadora. Al concluir los estudios preuniversitarios, no tenía una vocación definida y al ver que la Licenciatura en Psicología era “selectiva” –debía pasar una serie de pruebas psicológicas y entrevistas personales–, decidí hacer el intento para saldar una apuesta conmigo, estatus que finalmente logré. Concluí mis estudios universitarios en 1974 y desarrollé  mi vida profesional en la especialidad de Psicología Social y del Trabajo En mi labor profesional escribí numerosos artículos y ensayos científicos que aparecieron en revistas especializadas.

Rolando Lorie

En la adolescencia había escrito poemas y relatos cortos, motivado por mi avidez de  incansable lector de los diferentes géneros literarios. En 1994, me radiqué en Miami, Florida. Con el paso de los años en el exilio, retomé la inquietud de escribir y, en la actualidad, atesoro como hijos a varios libros de narrativa y poesía que no me han hecho quedar mal, pues han tenido muchos reconocimientos. De los 14 libros publicados te menciono algunos:        

La solución está en tu mente (2011);  La sangre llama (Narrativa, 2013, 2016);  Notas mías (Poesía, 2013);  Qué  te parece si te cuento  (Narrativa,  2014 ); Realidades (Poesía, 2014); Bajo el ala del sombrero (Narrativa, 2014 ); Las aristas del tiempo (Poesía, 2015); Cuentos y relatos redondos y cuadrados (Narrativa, 2017); Soliloquios (Poesía, 2018); Desvaríos (Narrativa, 2020);   Guajiro ciento X ciento (Narrativa, 2022); y ahora Eva la de Adán, de poesía. También he participado con poemas y cuentos en varias antologías, entre ellas Cada loco con su tema (Cuentos, México, 2013) ; Balseros (Poesía, Miami,  2015);  La Habana convida (Antología poética por el 500 aniversario de la ciudad, Miami, 2019).

He sido finalista en el Concurso Internacional de cuentos breves “Cada loco con su tema” (Categoría Narrativa ficción,  Grupo Editorial Benma, México, 2013) y he tenido varios reconocimientos en el Premio de Literatura en Español “Carmenluisa Pinto”.  

Fui primer lugar en el e1 Concurso Internacional de Poesía “La palabra de mi voz” en ­2014 y      fui seleccionado entre los 35 mejores escritores del IV Concurso Internacional “Cuéntale tu cuento (Revista Digital La Nota Latina, Hispanic Heritage Organization /2017).  Obtuve Primer Lugar en el IV Certamen Literario Internacional “Somos” (Categoría cuento corto, 2018). 018).  

Referente a “encuentros de renombre internacional”, destaco las presentaciones de mis libros en tertulias literarias y en la Feria Internacional del Libro de Miami.                                                                                                                                        

¿Hasta dónde tus estudios de Psicología han influido en el narrador y poeta?

Como escritor, me considero “un psicólogo que intenta la narrativa y la poesía”, de ahí que en mis libros se reflejen las huellas de mis conocimientos profesionales al definir rasgos y características peculiares, emociones y sentimientos de los personajes en los cuentos y relatos, sin llegar a ser tratados y manuales psicológicos. Me guía un constante cuestionar ante la realidad que me rodea, aspecto que define también mi poética, en la cual irrespeto a veces los estándares y normas establecidas. Al igual que todo escritor, plasmo mis vivencias y experiencias personales en lo que escribo.

En una antología poética de 2015 titulada Balseros –publicada en Miami por Ediciones Entre Líneas– se te incluye con el poema “Emigrantes marinos”. ¿Cómo te ha impactado la realidad que provocó esos versos?

Cuando me propusieron participar en esa Antología, lo consideré un deber para con mis coterráneos que han desaparecido y aún  desaparecen en ese Estrecho de la Florida, cementerio marino de nuestros mártires en busca de la ansiada libertad. En los últimos versos del poema “Emigrantes marinos” se resume mi sentir…  “Más de medio siglo/el mundo sigue ignorando/la agonía, el sufrimiento de ese pueblo cubano que es el mío”.                                                                                     Al respecto puedo agregarte que fui protagonista de una fuga clandestina de  la cruel tiranía que impera en mi país buscando esa ansiada libertad, no como balsero, sino como “espalda mojada”; en 1994 crucé a nado el crecido río  Bravo por el Paso, Texas, con intensas lluvias, sin ninguna compañía y enfrentando múltiples riesgos. En esa época, al violar las leyes migratorias por entrar ilegal a Estados Unidos, no me me pude acoger a  la Ley de Ajuste Cubano como le era efectiva a los que arribaban por el mar, por ello, permanecí ilegal dos años realizando múltiples trabajos “por la izquierda”, hasta que un juez de emigración me otorgó  el estatus de asilo político, y pude reclamar a mi esposa y mis dos hijos con los cuales  me reuní  cuatro años después, pues la tiranía me los retuvo como castigo.

Tus cuentos cortos, agrupados en La Sangre Llama y Qué te parece si te cuento han tenido una buena acogida editorial y entre los lectores. ¿Cómo evalúas la actualidad de este género literario?

Dentro de la narrativa, el género del cuento siempre ha representado para mí un reto por su brevedad  –el decir mucho en poco–, reto que disfruto mucho al enfrentarlo; en ese poder de síntesis me he enfocado para lograr la efectividad de mis cuentos; busco que el lector quiera continuar con el texto, que se sienta inmerso con la trama y la vida de los personajes. Para ilustrarte esto, te pongo de ejemplo lo que expresaba Cortázar  hablando en términos boxísticos al comparar el género de la novela con el del cuento,  “la novela gana por puntos y el cuento por fuera de combate”.                                                                                                     

Considero que en la actualidad, la temática del cuento ha ido  diversificándose  y ajustándose a las exigencias en función de la época, y por consiguiente a la evolución del mundo, así como su forma de divulgación y promoción con la era digital. El hombre escribe atendiendo a la realidad y experiencia vivida. No podemos comparar la temática de los cuentos de Poe, Chéjov, Cortázar y otros destacados autores de tiempos pasados, con las de hoy día. No obstante, el cuento como género literario en todo momento requiere de exigentes habilidades  para alcanzar el éxito.

 Ahora estás dando a conocer, en Ediciones Classic Subversive, Eva la de Adán, con el subtítulo “Desvaríos poéticos”. ¿Dónde están los anunciados desvaríos, en Eva, la de Adán; o en Adán, el de Eva?

El título del poemario representa “la manzana” para atrapar al lector. En cuanto a ambos protagonistas, pudiera interpretarse que Eva es la que provoca los desvaríos de Adán como es usualmente presentada en la historia de la humanidad, pero nada más alejado de esa intención.    Eva representa a la poesía y Adán al poeta; es un Adán que desvaría poéticamente en la búsqueda de una verdad que es virtud misteriosa y a veces se encamina mediante incomprensiones y aparentes enigmas como pasa con la poesía misma. Son desvaríos, una forma auténtica de percibir la realidad circundante; definición que funge como piedra angular para recepcionar el mensaje de estos poemas con un toque de comicidad. Un “divertimento”  reflexivo y cáustico donde prima la burla sutil de algunas actitudes seudopoéticas muy al uso en estos tiempos,  al decir del colega prologuista de este poemario, Guillermo Labrit, con la sagacidad de su análisis literario y el buen decir de su lenguaje. Te puedo confesar que comencé a escribirlos por simple ejercicio y los finalicé con sumo gozo. En nota inicial al lector aclaro que cualquier similitud es “intencional”.

¿Cómo aprecias el presente de la literatura cubana dentro y fuera de la Isla?

 Considero que la literatura cubana es una, independiente a su procedencia, no hago exclusiones conceptuales. Podemos diferenciarla en cuanto a posibilidades de publicación y promoción de los autores, participación en concursos, ferias y eventos internacionales, acceso a la información mundial mediante la Internet, etc. En la Isla, conozco muy buenos autores que se ven limitados a publicar por no comulgar con la ideología oficial imperante. Mientras, una “élite  intelectual” de favorecidos, aborda la realidad del país a su conveniencia, con tal de mantener prebendas, factor que no padecemos los que escribimos desde el exterior y nos da ventaja en relación a ellos. Por tal motivo, la literatura cubana no cuenta en la actualidad con todas las condiciones ideales para su desarrollo armónico e integral.

Muchas gracias.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Tony Pizzo en la memoria de Tampa

 Tampa, que es una ciudad de gente agradecida, no olvida a quienes han contribuido a su crecimiento y hermosura. Entre ellos, están sus constructores, en el amplio sentido de un término que incluye tanto el aporte material como espiritual. Por ello, recordamos a Anthony P. Pizzo, que el 22 de septiembre cumplió el 110.° aniversario de su natalicio.

Cuando el 2 de enero de 1994, a los 81 años, Tampa le despidió en el cementerio italiano de la ciudad, había culminado una extensa obra como historiador que prevalece en la rica documentación que fue donada a la Universidad del Sur de la Florida y se conserva en la sala especial de colección de su amplia biblioteca. Hoy, estudiantes, profesores e investigadores que entran a ese recinto, solamente pronuncian su nombre y acceden a figuras y acontecimientos ocurridos en este espacio de Florida, especialmente relacionados con  la cultura italiana y cubano-española tan presentes en la historia de la ciudad.

Tony Pizzo contribuyó como historiador a que la
 ciudad de Tampa se conociera a sí misma
Hijo de los italianos Paul y Rosalia Pizzo, nació y creció en  Ybor City, en una década trágicamente marcada por la Primera Guerra Mundial, pero aún de esplendor por la impronta de la industria del tabaco en su barrio natal. En su niñez, fue de gran importancia para su fomación la influencia de sus padres, al transmitirle  su sensibilidad hacia los orígenes italianos, sino también a la comunidad. De aquellos días, el dejó escrita unas notas insuperables:

“Me gusta pensar en los días de mi juventud en la ciudad de Ybor... recordar las imágenes, los sonidos y los olores que enriquecieron mi infancia. La vida era agradable y despreocupada, a menudo emocionante. Todavía puedo escuchar la charla en español e italiano mientras los trabajadores desfilaban por los largos días de fumar cigarros en las fábricas; el estruendo de los carros y el grupo de cascos de caballos en las calles de ladrillos que entregaban botellas de leche y hogazas de pan cubano antes del amanecer... El melodioso latín parloteaba por las aceras por las noches era un encanto. Todavía puedo escuchar la música de los salones de baile flotando en el aire nocturno durante las ocasiones festivas. Al recordar el inquietante gemido del silbido del tren a lo largo de la Sexta Avenida en medio de la noche, despierta una triste sensación de nostalgia. Las viejas guaridas y los amigos fallecidos capturan mis recuerdos. Era una forma de vida que no volverá. Llenaba los veranos de mi infancia*”.

Pizzo terminó su educación preuniversitaria en Hillsborough High School  y después asistió a la Universidad de Florida. Egresado de ese centro, matriculó Derecho en la Universidad Stetson, pero luego prefirió dedicarse a los negocios. Durante la Segunda Guerra Mundial, se alistó en el ejército y prestó servicios dentro de las tropas estadounidenses. Después, ya como empresario,  fundó la companía de licores  International Brands. Más tarde, ya en la década de 1950, trabajó para la companía de licores House of Midulla, de la que llegó a ser vicepresidente. Entre 1965 y 1971, fue presidente de Rey Del Mundo Cigar Co., afiliada a esta empresa y también con ella fue  gerente general  de Fruit Wines of Florida Inc., la primera bodega que se construyó en Tampa.

Durante este tiempo,  Pizzo viajó muchas veces a  España e Italia, ocasiones en que recopiló una copiosa información relacionada con la emigración desde esos países a la ciudad de Tampa. Con ello, comenzó a desarrollar la vocación de historiador que llevaba dentro, a la que comenzó a dedicar cada vez más tiempo. Pronto alcanzó prestigio en este campo, especialmente por los aportes que incorpora al conocimiento de los orígenes españoles, cubanos e italianos de Ybor City. En 1982, lo nombraron historiador oficial del condado de Hillsborough, cargo desde el que presidió  la Comisión Histórica del Condado para la supervisión de los marcadores históricos en Tampa.

A su vez, el  agudo investigador se desempeñó también como profesor, impartiendo conferencias sobre  los origenes e historia de Tampa en la Universidad del Sur de la Florida, donde fue miembro del Consejo de Presidentes de esa institución. Es cuando, en 1979, la televisión creó la serie “Tony Pizzo’s Tampa”, en diez capítulos,  que obtuvo dos premios de la  Asociación Nacional de Televisión de la Universidad.

Durante la segunda mitad del siglo XX, creo que no hubo un historiador en Tampa que se ocupara con tanta fuerza y profundidad de los orígenes y evolución de la ciudad, preferentemente la de composición latina. Asimismo, estuvo integrado a diversas asociaciones, comités, proyectos e instituciones de la comunidad, por lo que vemos su nombre en la historia de la Cámara de Comercio, en el Centro Asturiano, el Español, el Italiano, en la fundación del Parque José Martí, en la Universidad de Tampa, en el Club Rotario, por sólo mencionar  algunos lugares en que dejó su huella.

Pizzo pudo asistir a muchos de los reconocimientos que mereció. En 1952, el gobierno de Cuba le confirió la Orden Nacional al Mérito Carlos Manuel de Céspedes,  en atención a sus grandes aportes al conocimiento de la historia de Cuba en Tampa. El país de sus ancestros lo nombró en 1974 Caballero Oficial de la Orden del Mérito de la República Italiana. En 1956, fue reconocido como Ciudadano Destacado con el Tampa Civitan Award, el más alto honor que otorga la ciudad.  El Colegio de Abogados del condado de Hillsborough le otorgó el Premio Liberty Bell el Día de la Ley correspondiente a 1990.

He mencionado sólo algunos de los premios que recibió en vida y después de su muerte en la ciudad que ha sido fiel a su legado. En 1998, una escuela primaria de Tampa recibió su nombre, se  ha instaurado el premio Tony Pizzo para investigadores que hacen grandes aportes a la historia y el patrimonio de la ciudad, una estatua perpetúa su imagen en la 9.ª Avenida y la calle 17 de Ybor City, la ciudad que le vio nacer aquel 22 de septiembre de 1912 y que le sigue recordando y agradeciendo.

*Otto, Steve (12.1.1997). “Tribute to historian almost right”. The Tampa Tribune.

Publicado en La Gaceta, 9.23.22

 

 

 

lunes, 19 de septiembre de 2022

Adiós al pintor cubano Cosme Proenza

    Acaba de morir en Cuba, atacado por el coronavirus a sus 74 años, el gran pintor holguinero Cosme Proenza, uno de los artistas plásticos cubanos más sobresalientes de nuestro tiempo. Al preferir vivir en el espacio provinciano en que nació, restringió la publicidad que hubiera podido alcanzar su prodigiosa obra en La Habana, París o Nueva York, pero no disminuyó la riqueza del arte con que expresó su sensible cosmovisión.


   Leí la noticia en la red social que la regó en el mundo, el popular Facebook, donde es posible percibir, a la vez, el impacto causado entre sus polifacéticos navegantes. Tomo, al instante, las primeras opiniones que saltan a la vista:

   -Rufino Pavón: “Ha muerto Cosme Proenza y no es justo darle el fin a su vida. El, como todos los que cumplen con la vida, pasan a ser inmortales. Junto a Carlín, Alejandro Fonseca, Delfín Prat y muchos más de nuestra generación, ha hecho una casa en la eternidad para los que apostamos al amor y la paz creando obras imperecederas que trascienden la vida temporal que se nos ha regalado.  En verdad queríamos tenerlo más tiempo con nosotros. Pero con el tiempo consumido bastó para dejar huellas profundas en nuestras vidas. Hasta luego, Cosme.

   -Alexis Pantoja: Falleció el maestro Cosme Proenza. Mi maestro y padre, al que debo toda mi formación como artista plástico. Falleció el maestro de toda una generación. Descanse en paz. Está en la gloria junto a los grandes del arte cubano y universal. ¡Buen viaje, maestro!

   -Ana Natacha González Garcia: Holguín llora. Ha muerto el maestro. ¡Luz eterna a tu bella alma!

   -Anette Rodríguez: La cultura cubana ha perdido a un pionero del posmodernismo en la Isla, y al más virtuoso y prolífero as del pincel que ha tenido. De la talla de Lam… y más allá, hasta de Goya… y Picasso… ya lo dirá el tiempo, como sucede en la historia de los grandes maestros incomprendidos en su época, yo he perdido más… he perdido a un gran amigo.

   Después encontré la noticia regada por todos los medios de difusión cubanos, oficialistas e independientes. En todos los casos, sobresale el respeto hacia el artista, el aprecio a su obra, una actitud que expresa el valor del arte por encima de las ideologías y los oportunismos políticos, agrandando la figura de quien prefirió embellecer la percepción del mundo desde un compromiso estético coherente y elevado.

San Cristóbal, óleo sobre tela, creado por Cosme Prohenza en 1898 y regalado
al Papa Juan Pablo II en ocasión de su visita a La Habana

   Cosme llegó a la vida en la campiña de Tacajó, cerca de Holguín, en el año 1948. Con vocación hacia las artes plásticas, se alejó del terruño natal sólo para alcanzar la formación académica que requería, la que encontró en la Escuela Nacional de Arte, en La Habana, y, después, en el Instituto de Bellas Artes, en Kiev. Se formó –o, más bien, se perfeccionó– como pintor, dibujante, ilustrador, grabador y muralista. Entonces regresó a su Holguín, pero no sólo a un taller personal de creación, sino a desarrollar, con la misma pasión, una amplia labor como docente e investigador.

   La obra del artista holguinero es conocida en todos los continentes. En más de 60 exposiciones personales y colectivas y diversos murales, sintetizó muchos códigos de la herencia del arte universal, incorporando elementos de su imaginación para recrear ambientes mitológicos, naturales y humanos desde una nueva dimensión de lo bello y lo eterno. Así lo apreciamos en sus series Manipulaciones, Boscomanías, Los dioses escuchan, Mujer con sombrero,  Variaciones sobre temas de Matisse y otras, donde lo simbólico y lo mítico se conjugan con la realidad (re)creada por el artista.

   Pero esta esquela no pretenden acercarse a la crítica que atiende a la obra del pintor que brilló tanto en el arte figurativo como abstracto, sino sólo expresar desde Tampa la pena por la pérdida física del artista cubano.

   Desde La Gaceta, decimos adiós al artista Cosme Proenza, deseando que la  hermosa luz que derramó en sus cuadros le acompañe infinitamente y que goce de paz  su espíritu que sigue acompañando a quienes aman el arte, que es una hermosa manera de amar la vida.

viernes, 9 de septiembre de 2022

El poeta cubano José Ángel Buesa, en su 112 aniversario

 Seguramente todavía viven en Tampa muchas personas que recuerdan el nombre del poeta cubano José Ángel Buesa y no dudo que muchos puedan recitar algunos de sus versos leídos u oídos hace más de seis décadas. Y es que poemas como el del “renunciamiento” y el de la “despedida”, estuvieron entre los más leídos en Hispanoamérica a mediados del siglo XX. Tal vez, sólo Pablo Neruda con los 20 poemas de amor y una canción desesperada logró superarlos en popularidad en aquellos años. Sin embargo, el poeta chileno alcanzó el premio Nobel de Literatura y el cubano, desconocido por la crítica literaria y alejado de su país después del triunfo de la Revolución Cubana, fue quedando en el olvido.

Es verdad que el declarado sentimentalismo en los poemas de amor de Buesa y la aparente sencillez de su construcción le ganaron el calificativo de cursi a los ojos de la crítica literaria marcada de academicismo, pero ello no puede ocultar que fue el poeta romántico más leído de su tiempo en Cuba y que sus versos acompañaron a miles de enamorados cuyos verdaderos sentimientos de amor se expresaron a través de su lírica. Ello es suficiente para que ahora recordemos al poeta nacido en Cruces, Las Villas, el 2 de septiembre de 1912 y quien viviera hasta el 12 de agosto de 1982, cuando murió en República Dominicana, a los 70 años.

José Ángel Buesa (1910-1982)

Se fue de Cuba el mismo año en que fue declarado el carácter socialista de la Revolución, en 1961, y aunque siguió escribiendo poesía, se dedicó fundamentalmente a la enseñanza, especialmente en su tiempo dominicano, pues allí fue catedrático de Literatura en la Universidad Nacional Pedro Enríquez Ureña.

Pero fue en su país natal donde alcanzó la mayor fama a que un poeta pueda aspirar, que es saber que sus poemas se recitan día a día, se aprenden de memoria y se convierten en declaraciones permanentes de amor de toda una generación. Con ello y gracias a las ediciones y reediciones permanentes de sus poemarios –señaladamente Oasis, libro publicado por primera vez en La Habana, en 1943 y reeditado más de veinte veces– el poeta villaclareño consiguió lo que pocos consiguen en este oficio: vivir de sus libros. También ejerció el periodismo, escribió obras de teatro y novelas radiales, pero sus cerca de 20 libros de poesía fueron su principal fuente de ingresos.

A partir de 1961, a nivel oficial fue prácticamente borrado de Cuba, aunque sus poemas siguieron en las voces del pueblo. No fue hasta la primera década del siglo XXI que volvió a publicarse a Buesa en Cuba, gracias a la gestión de Carilda Oliver Labra que hizo una selección de sus poemas y gestionó su publicación. Después, el crítico cubano Virgilio López Lemus preparó una selección de sus versos que tituló Nadie sabe por qué, publicada por la Editorial Letras Cubanas en 2011. En el prólogo, Lemus sostuvo que “cuando se le acusó de cursi y se llegó a decir que no pasaba de versificador fácil, se cometían, más que errores, injusticias, porque Buesa representaba en su poesía la sensibilidad de un sector de la población cubana, sus modos de aprehender y expresar el amor, de ser sentimental, de manifestar elementos emotivos de su identidad”.

Asimismo, el poeta y profesor de origen cubano Gustavo Perez-Firmat, reconoció que en la poesía de Buesa “se oculta una práctica de escritura mucho más complicada de lo que se ha pensado (…) Su logro, su hallazgo, es haber sabido crear una amplia comunidad de lectores mediante la expresión de lo que él llamó ‘emociones compartibles’, en un lenguaje llano que no está exento de artificios, de arte” (Cuban Studies, Universidad de Pittsburgh, Volumen 38, 2007).

¿Como no reconocer en José Ángel Buesa a un poeta para todos los tiempos, si el amor al que cantó es un sentimiento universal y eterno? Si la poesía, más allá de conocimiento es comunicación, ¿qué poeta cubano la ha alcanzado a mayor nivel en el tema amoroso? Bien dijo otro gran poeta cubano, Eliseo Diego, cuando recordó que la poesía, realmente lo es, cuando termina por ser de todos.

Poema de la despedida

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.

Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.

No sé si me quisiste... No sé si te quería...

O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

 

Este cariño triste, y apasionado, y loco,

me lo sembré en el alma para quererte a ti.

No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;

pero sí sé que nunca volveré a amar así.

 

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,

y el corazón me dice que no te olvidaré;

pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,

tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

 

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,

mi más hermoso sueño muere dentro de mí...

Pero te digo adiós, para toda la vida,

aunque toda la vida siga pensando en ti.

 

 

 

 

viernes, 2 de septiembre de 2022

Eduardo Márceles ­Daconte: de Aracataca al mundo (entrevista)

 Conversar con alguien de Aracataca nos lleva a recordar a Gabriel García Márquez, pues el famoso narrador colombiano inscribió en el universo al mítico lugar donde nació. Máxime, si el aludido es también escritor, fue amigo del Gabo y tiene familiares cuyos nombres aparecen entre los protagonistas eternizados en las novelas del Premio Nobel, por lo que es difícil que no aflore en el diálogo esa conexión enriquecedora. Nos referimos a Eduardo Márceles Daconte, quien ha recorrido el mundo como investigador, escritor, profesor, periodista, crítico de arte..., y ha preferido conocer antes de narrar, investigar antes de escribir, vivir antes de contar. Márceles ha residido en diversos lugares de Asia, Europa y América, dejando testimonio escrito de tan asombroso peregrinaje.

Sus libros como crítico de arte han hecho aportes sustanciales al conocimiento de las artes plásticas en el Caribe y una biografía suya sobre la cantante cubana Celia Cruz contiene todo el azúcar que la Reina de la salsa le imprimió. Ahora, viene a Tampa con otro libro que llama la atención: 16 danzas emblemáticas en el Carnaval de Barranquilla, un nuevo aporte suyo a la cultura hispanoamericana. Le pedimos una entrevista y en su respuesta generosa agrega la amistad.

Próximamente presentarás en Tampa tu libro 16 danzas emblemáticas en el Carnaval de Barranquilla, uno de los estudios pioneros sobre las manifestaciones del patrimonio oral e inmaterial del folclor caribeño. ¿Cómo nació esta obra que está despertando tanto interés en el público y la crítica?

La idea se originó en la invitación que recibí de una institución académica de República Dominicana para participar en el simposio denominado Música, identidad y cultura con el subtítulo de Folklore musical y danzario en el Caribe que tuvo lugar en Santiago de los Caballeros (Cibao), en abril de 2013. Entonces escribí una ponencia basada en las danzas tradicionales que conocía desde niño en el Carnaval de Barranquilla. Una vez terminé de leer y explicar cada una de esas danzas, algunas personas se acercaron a conversar y me dijeron que hubiera sido más ilustrativa si hubiera llevado más imágenes y, mejor aún, un documental para conocer mejor la coreografía, el vestuario y la música de esas danzas. Ahí comencé a entretener la idea del libro y de la película documental que está ya editada, sólo falta agregar algunos detalles y corregir unos pasajes para estrenarla ahora que vaya a Miami y Tampa.

A mi regreso a Puerto Colombia, decidí solicitar una credencial de investigador a la Casa del Carnaval para ingresar a los desfiles y presentaciones escénicas de las danzas, así pude durante 4 años tomar más de 4 mil fotografías mientras investigaba en la historia, la coreografía y la música de cada danza. Fue un trabajo agotador pero divertido, entrevisté a los músicos, directores e integrantes de las danzas, viajé a los pueblos y barrios de Barranquilla donde se originan y ensayan, leí una docena de libros sobre sus características generales para escribir sobre esta fiesta popular, fue una experiencia reveladora porque, así como yo, la mayoría de los colombianos, incluso barranquilleros, desconocen el rico contenido folclórico que caracteriza cada danza. 

Por eso el libro ha tenido una acogida fenomenal tanto en Colombia como en otros países, en Alemania, por ejemplo, han adquirido, sólo en Stuttgart, más de 200 ejemplares y en Nueva York me han encargado alrededor de 120. Debo agregar aquí que no obstante la cantidad de información bibliográfica y cinematográfica sobre el carnaval, no había un libro o documental específico que enfocara de manera individual y detallada, tanto en textos como en imágenes (el libro tiene 377 fotografías a color), la trayectoria y características de estas danzas patrimoniales del Caribe colombiano.

Cuando terminé de escribir el primer borrador, escribí el guion para el documental. Recuerda que mientras tomaba las fotografías, de manera simultánea, también filmaba, pero me di cuenta a tiempo que era imposible hacer las dos cosas a la vez, entonces contraté a camarógrafos y después a un editor que hizo un magnífico trabajo. En todo este trabajó me acompañó mi esposa, la artista visual Nubia Medina, sin cuyo apoyo logístico y moral, hubiera sido imposible llevar a feliz término esta iniciativa. Por último, como quiera que he vivido largos trechos de mi vida en EE.UU. y Europa, decidí traducirlo al inglés, un trabajo dispendioso que me llevó a hacerlo más accesible y didáctico para cualquier público de aquí o allende nuestras fronteras.

El escritor colombiano, profesor, crítico de arte, ensayista, editor y otros quehaceres, que ahora recibimos en Tampa por primera vez, ha sido llamado “un trotamundos de la cultura”, ¿a qué debemos tan sugerente nombramiento?

Pues bien, te cuento que he sido un andariego toda mi vida. Salí de Barranquilla con una beca para New York University, donde me gradué en 1970 con un B.A. en humanidades y concentración en economía y ciencia política. Luego ingresé a la Universidad de California en Berkeley para una maestría en Estudios de América Latina con énfasis en historia cultural de la región. Para mi tesis atravesé en una vieja camioneta Volkswagen, durante 6 meses, todo México y Centro América hasta llegar a Colombia donde vendí el vehículo, regresé a Berkeley donde tenía unos amigos asiáticos que me introdujeron en el estudio de religiones orientales tales como el hinduismo, el islamismo, el budismo y otras más, entonces me entusiasmé por el budismo, esa religión que se nutre de las enseñanzas de Buda que no es un dios, sino un ser humano que enseña el camino a la perfección espiritual. Con este bagaje inicial me fui en un largo recorrido por Japón, Hong Kong, Tailandia y Malasia hasta tomar un barco en Singapur que me llevó a Madrás en el sur de India y de ahí pasé a un monasterio en Sri Lanka como monje budista por 6 meses.

Luego viajé por India visitando ashrams y comunidades hinduistas, viví un tiempo en Goa, Benares y Cachemira, atravesé toda Asia Central en tren, bus, camello y elefante hasta llegar a Estambul, de ahí pasé a Grecia donde quería repasar el conocimiento heredado de los clásicos, en especial la mitología griega, por un tiempo viví en el sur de Creta a donde fui tras los pasos del laberinto del Minotauro, Ariadna, Perseo, Dédalo y su hijo Ícaro, también de mi admirado escritor griego Nikos Kazantzakis, viví en una comuna de jipis que habitaban unas cuevas arriba de una playa del mar Mediterráneo. Después de visitar la tierra de mis antepasados, inmigrantes italianos procedentes de Scalea, en la región calabresa, que se radicaron en Aracataca, un pueblo bananero en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, me fui a España.

En Barcelona me desempeñé como traductor de inglés-español para algunas editoriales, regresé a Colombia en 1975 para dedicarme a la literatura, el periodismo cultural y la docencia académica en la Universidad Javeriana de Bogotá, hasta que un estudiante llegado de China a hacer una especialización en la obra de García Márquez me entrevistó para sus tesis de grado y terminó invitándome a enseñar historia cultural de América Latina y asesor del diccionario chino-español. Nos fuimos a la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai en febrero de 1986 con mi esposa y nuestra primera hija Anneli, de sólo 3 años. En vacaciones recorrimos el país desde Beijing hasta Lhasa, capital de Tibet.

Cuando estaba a punto de cumplirse el contrato, me llegó una invitación de la decana de humanidades de Miami-Dade College como Distinguished Visiting Professor para dar conferencias sobre aspectos diversos de la cultura artística de América Latina, incluyendo algunas inquietudes sobre China y su polémica política acerca de las modernizaciones de Deng Xioping, el hijo único y sus consecuencias sociales, la herencia de Mao, el arte tradicional y la literatura contemporánea china.

Cuando estábamos listos para regresar a Colombia, fuimos a pasar la Navidad en NY, 1989, allí conocí un grupo de amigos que querían abrir una galería de arte en Soho y me ofrecieron dirigirla. A pesar de no tener experiencia en ese campo acepté el reto, nos vinimos a NY y durante un año dirigí la galería que se especializaba en artistas de América Latina con énfasis en el Caribe. Cuando la galería cerró, trabajé primero como intérprete en las cortes del seguro social de NY, después como curador de artes visuales en el Queens Museum of Art, hasta que abrieron HOY, un diario en español respaldado por uno de esos grandes conglomerados editoriales del país. Allí me desempeñé como periodista cultural y director de la revista cultural VIDA-HOY, que circulaba como un inserto todos los viernes.

Toda esa experiencia de mis viajes e investigaciones los he puesto al servicio de divulgar y promover las artes visuales, el teatro, la literatura y la cinematografía de América Latina y el Caribe en cada uno de los sitios donde he vivido, de ahí ese título que mencionas de “trotamundos de la cultura” que llevo con mucho orgullo porque me ha costado, además del inmenso kilometraje, el trabajo de investigar, reflexionar, escribir y enseñar sobre esos fascinantes temas. 

Eres oriundo de Aracataca, ese pequeño pueblo del Magdalena colombiano universalizado por Gabriel García Márquez. ¿Qué relaciones tuviste con el Nobel de Literatura de tu país?

Gabriel García Márquez y Eduardo Márceles
Daconte. La Habana, 1981.
Sí, nací en Aracataca, hijo de Imperia Daconte y Carlos Márceles Orellano. Mi mamá era hija de inmigrantes italianos y mi papá desciende de indígenas Mokaná, a orillas del mar Caribe. Mis padres me trajeron a Barranquilla aún niño para estudiar, crecí con mis abuelos paternos porque además era el único nieto. A pesar de que conocía a Gabo por su literatura, había leído primero su novela La mala hora y luego sus cuentos en Barranquilla, pero nunca había experimentado la emoción que sentí cuando leí Cien años de soledad cuando era estudiante en NYU, porque de inmediato reconocí el área geográfica donde se desarrolla la novela.

Lo conocí en persona en el lobby del Hotel Havana Riviera en 1981, cuando Casa de las Américas me invitó a participar en el Encuentro de intelectuales y artistas de América Latina como miembro de una numerosa comitiva. Al día siguiente de llegar, bajé temprano a caminar por el malecón cuando lo vi conversando con el recepcionista, me aproximé, lo saludé, pero cuando escuchó mi nombre, me preguntó si era de la familia Daconte de Aracataca, asentí y él lanzó un grito que asustó a los que estaban por ahí cerca: “Ahora sí se jodió esta vaina, dos cataqueros en La Habana”. Entonces, me señaló un sofá y estuvimos conversando un tiempo largo. Allí fue cuando me reveló que el admiraba y quería mucho a mi abuelo Antonio Daconte porque siempre fue amable y generoso con él y su familia.

Mi abuelo era dueño de una tienda bien surtida con todo tipo de mercancía, incluso importada de Italia, pero más aún del cine del pueblo. Me dijo que mi abuelo lo dejaba entrar gratis a él y a su abuelo, el coronel Nicolás Ricardo Márquez, porque nunca tenían para pagar las entradas, eran pobres de solemnidad como sucede con el protagonista de su novela El coronel no tiene quien le escriba. En señal de gratitud, me dijo que se le ocurrió hacerle un homenaje con el nombre del italiano que llega a Macondo pero el personaje se le fue “volviendo marica”, después corrigió, era un tanto afeminado, entonces lo cambió por Pietro Crespi, un afinador de pianos que él conoció en Barranquilla, pensaba él que mi familia se sentiría ofendida de ver el nombre del patriarca familiar en esas condiciones. A partir de esa fecha nos hicimos amigos.

Son muchas las anécdotas con Gabo, cuando le pregunté por qué había utilizado el nombre de mi tía Elena “Nena” Daconte para la protagonista de “El rastro de tu sangre en la nieve”, me contestó que él había estado enamorado de ella cuando estudiaba en la Escuela Montessori de Aracataca. “Era una niña hermosa con una cabellera rubia que reía y jugaba mucho con todos”, me comentó, recordando que después el padre se lo llevó a estudiar a Barranquilla, pero nunca la olvidó, por eso cuando escribía ese cuento en Barcelona en 1974, le vino su nombre como un relámpago. 

También, una vez que me invitó a almorzar a su casa de Cartagena, cuando escribía El amor en los tiempos del cólera, me preguntó por la familia, le dije que por esos días había muerto mi tío Galileo Daconte. Se puso triste, dijo que había sido su mejor amigo de infancia; luego, cuando leí la novela, encontré que le hizo un homenaje como dueño de un cine de Cartagena ubicado en las ruinas de un antiguo convento de las clarisas. También, como asesor de la Editorial La Oveja Negra, recomendó publicar mi libro Los perros de Benares y otros retablos peregrinos (Colección de Literatura Colombiana), la mayoría de cuyos relatos suceden en India, Afganistán y El Líbano, durante una de las guerras en el Medio Oriente. Tiempo después me pidió prestado el nombre de peregrinos para su próximo libro de cuentos, y así fue, cuando salió su libro Doce cuentos peregrinos (1992) encontré que había cumplido su solicitud. Hace algún tiempo publiqué en el diario El Espectador, de Bogotá, una crónica donde cuento todas estas historias titulado “La familia Daconte en la obra de García Márquez” que se puede leer en Internet en la página del diario bogotano.

Tu obra ¡Azúcar!: La biografía de Celia Cruz, es tal vez uno de tus libros más vendidos. ¿Has seguido escribiendo sobre la cubana conocida como La Reina de la Salsa?

Para mí, ha sido uno de los proyectos editoriales que más he querido, para empezar desde muy joven mis padres eran fanáticos de la Sonora Matancera que escuchaban en onda corta de Radio Progreso en La Habana, yo me sé casi todas las canciones de Celia, me encantan, así que cuando ella murió en julio de 2003, estuve por casualidad en una fiesta de cumpleaños en ­Manhattan donde me encontré con una agente literaria chilena de nombre Leyla Ahuile. Lloramos y lamentamos su ausencia, le dije que me gustaría algún día escribir la biografía de la Reina de la Salsa, el lunes siguiente me llamó por teléfono para decirme –¡vaya sorpresa!- que una importante editorial de NY estaba buscando un autor para escribir su biografía y me la estaba ofreciendo.

Yo me asusté, me corrió una gota de sudor frío por la columna vertebral, le pedí un tiempo, era demasiada responsabilidad, me dijo claro que sí, te doy 10 minutos porque es urgente. Lo pensé un momento, la volví a llamar y le dije que sí. Entonces comenzó un periplo que me llevó a Miami, México, Barranquilla, La Habana hasta que completé la investigación básica. Terminé de escribir la versión final seis meses después, me dieron un tiempo más y se lanzó en el auditorio de NYU, donde asistieron muchos de los músicos y cantantes que la habían acompañado durante su trayectoria musical.

En Miami organizaron una protesta contra el libro cuando se organizó la presentación en el Instituto Cervantes porque menciono la canción que ella dedicó a la Revolución Cubana en 1959/1960 titulada “Guajiro ya llegó tu día”, grabada en Radio Progreso, canción que encontré por azar durante mi investigación, escuchando viejas interpretaciones en emisoras habaneras. Decían que era una calumnia e injuria, un invento intolerable, hasta Pedro Knight y Omer Pardillo me amenazaron con una demanda millonaria, pero envié la grabación en casetes a algunas emisoras y cuando la escucharon, cesaron las amenazas porque era evidente la voz de Celia y la música de la Sonora Matancera. Era, además, el inicio de la transformación revolucionaria y todo el mundo en Cuba estaba optimista, contento, con los cambios que se veían, de manera especial la familia de Celia que era pobre y pasando dificultades sin cuento. Según la editorial Reed Press, del libro se vendieron en español 100 mil y en inglés también 100 mil ejemplares. Estuvo varias semanas entre los libros más vendidos en EE.UU. en las listas del diario The NY Times.

Desde hace como siete años firmé un contrato con una empresa cinematográfica para hacer una película basada en esa biografía, pero se demoró, llegó la pandemia del Covid y sólo ahora parece que están resucitando el proyecto pero es lento y complicado, ya van como tres versiones del guion; yo escribí uno, pero todos han sufrido por diferentes razones, ahora contrataron a Celia María Cody, sobrina de Celia, para que revise su fase final.

Has realizado significativos aportes al conocimiento de las artes plásticas en el Caribe, especialmente con tus libros Recursos de la imaginación, Las Artes visuales del Caribe colombiano, ¿sigues enriqueciendo esas obras para futuras reediciones?

Sí, yo siempre estoy escribiendo reseñas y ensayos sobre la plástica, no sólo de Colombia, a veces me solicitan ensayos artistas de otros países de América Latina y de Estados Unidos. Como curador he organizado exposiciones en EE.UU., ciudades de Colombia, Caracas, Abu Dhabi en Emiratos Árabes Unidos y una vez llevé una exposición de artistas colombianos a Arco, la feria de arte de Madrid (España). Esos libros que mencionas reúnen mi trabajo de investigador de la plástica nacional durante décadas con muchas reproducciones fotográficas de las obras de los artistas mencionados. Se han hecho dos ediciones ya agotadas y aquí siguen preguntando por esos libros.

Como narrador, tu novela El umbral de fuego se asoma al tema del inmigrante colombiano en Estados Unidos. ¿Qué lectura pueden hacer hoy de ella todos los inmigrantes?

Es una novela de la diáspora colombiana que recoge las experiencias de personas que conocí en Miami y NY y la mía personal, aunque no es una novela autobiográfica. Son más bien las aventuras y vicisitudes de un inmigrante ilegal que después de un largo peregrinaje llega a Miami y por casualidad se encuentra con amigos que viven del narcotráfico, sin papeles ni trabajo, se enreda en ese negocio, viaja a NY y allí se dedica al tráfico local como jíbaro o sea la persona más abajo de la estructura narcotraficante, pero es más que nada la vida íntima, social, erótica de un personaje en circunstancias extraordinarias.

La novela ha corrido con suerte porque la edición se agotó, aunque me quedan algunos ejemplares que llevaré a Florida ahora que vamos. El personaje se llama Lorenzo Centeno, un bogotano que huye de las necesidades económicas, comienza en Bogotá durante el gobierno de César Turbay Ayala (1978-1982), es una obra que se puede leer de una sola sentada. Hay un director de cine colombiano que me ha solicitado sentarnos a conversar sobre la posibilidad de llevarla al cine, pero aún no nos hemos puesto de acuerdo.

Volviendo al libro que presentarás en Tampa a principios de septiembre. ¿Hasta dónde esta obra puede ser un modelo para el estudio de otros carnavales caribeños en cuyos pueblos el elemento afroamericano es un componente importante de su sincretismo? 

Sí, es cierto, el libro abre las puertas a proyectos similares en el área del Caribe y otras regiones de América Latina y de manera especial en el Caribe donde se celebran los carnavales, como República Dominicana o la celebración de Vejigantes en Ponce (Puerto Rico), también en Brasil o Bolivia y, en general, las islas del Caribe. No sé si Cuba porque allí el carnaval ha perdido mucho brillo, yo estuve en uno de ellos como jurado de literatura testimonial del premio Casa de las Américas, pero extrañé el esplendor que me han dicho tenía décadas atrás.

Por supuesto, el elemento africano es fundamental en estas danzas, por ejemplo, la Danza de Congos, como indica su nombre, ubica su génesis en la época colonial en Cartagena de Indias entre esclavos que celebraban sus fiestas dedicadas a las deidades africanas; la Danza Son de Negro es la respuesta festiva de los esclavos en los palenques contra sus amos, es una danza de burla que ridiculizaba con muecas y gestos, alguna veces grotescos, la opresión española, aunque también las hay ecológicas como la Danza de Coyongos que nació un 11 de noviembre de 1811, cuando se celebraba la independencia de Cartagena, en la ciudad de Mompox y es una mímica de las aves zancudas que habitan en las márgenes de los ríos caribeños, así sucesivamente, aunque el elemento indígena también está presente en algunas danzas, así como el ingenio y creatividad de artistas populares del mestizaje rural y urbano en barrios periféricos de Barranquilla. Ya las conocerán todas durante la presentación en la Universidad de Tampa.

Mil gracias, Gabriel, tus preguntas me han hecho recordar muchas cosas que tenía extraviadas en el archivo de mi memoria.

viernes, 26 de agosto de 2022

Eduardo Chibás, un amigo de Victoriano Manteiga

 Emiliano Salcines, que siempre está atento a los avisos de Clío, me llamó por teléfono para recordarme que el pasado 16 de agosto se cumplieron 71 años de la muerte de Eduardo Chibás. Conversamos brevemente sobre la presencia del líder cubano en Tampa y de la amistad que sostuvo con Victoriano Manteiga, por lo que recordar a ambos en el centenario de La Gaceta es un homenaje a dos hombres que se insertan en la rica historia de esta hermosa ciudad.

Probablemente, nadie ha realizado una evaluación más alta de Chibás que la sostenida en múltiples ocasiones por Victoriano, quien vio en la limpia figura del cubano al continuador más fiel de José Martí. Tenía 22 años cuando vino a Tampa por primera vez, en 1929, siendo un estudiante universitario enrolado en la lucha contra el gobierno de Gerardo Machado. Entonces conoció a Manteiga, un coterráneo suyo que había fundado siete años atrás el periódico La Gaceta y coincidía con él en la necesidad de enfrentar un gobierno que en Cuba amenazaba las libertades democráticas a que todo pueblo tiene derecho.

El 21 de octubre de 1950, Chibás pronunció un discurso en el parque Cuscaden,
 de Tampa. Vestido de blanco, vemos a Victoriano Manteiga, organizador del acto.

La amistad nacida en aquellos días de 1929 duró para siempre y cuando, en 1950,  volvió a Tampa el fundador del Partido Ortodoxo encontró el abrazo de Victoriano y su apoyo incondicional a una ardua lucha encaminada a que la isla donde ambos nacieron tuviera un gobierno que pudiera cumplir el sueño martiano de una Cuba “con todos y para el bien de todos”.

Las fechas de nacimiento y muerte de Eduardo René Chibás y Ribas se conmemoran juntas, pues el 16 de agosto de 1951, al día siguiente de haber cumplido 44 años, murió a consecuencia de un disparo en la ingle que 11 días antes él mismo se hizo mientras pronunciaba un discurso por la radio, obsesionado con la idea de que ese fuera “el último aldabonazo” contra la corrupción imperante. Se había consagrado a esa epopeya desde la adolescencia, con una capacidad de liderazgo que provocó fuera encarcelado en 1931 y exiliado al año siguiente.

A la caída de Machado regresó a Cuba y formó parte del gobierno de Grau San Martín, el fundador del Partido  que llevó el nombre del creado por José Martí (Partido Revolucionario Cubano), al que se agregó el vocablo Auténtico con el que es más conocido. Chibás creyó en esa fuerza política, de la que se separó al ver que en el poder (1944-1952) no sólo no cumplió sus promesas, sino que intensificó la corrupción político-administrativa que venía padeciendo el país.

Al romper con el Autenticismo, Chibás fundó el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), el 15 de mayo de 1947. A partir de esa fecha, comenzó una frenética batalla contra la corrupción imperante en el gobierno, especialmente desde que Carlos Prío asumiera el poder en 1948. A su vez, creció el prestigio de su partido, convertido en la fuerza política que seguramente habría ganado las elecciones presidenciales de 1952, si un golpe de estado no las hubiese interrumpido.

Chibás, a pesar de sus pocos años de vida, tuvo una intensa participación en la política cubana: fue delegado a la Asamblea Constituyente de 1940, representante a la Cámara y senador de la República. Acusó sistemáticamente a figuras que desde el gobierno cometieron actos de corrupción. Pero no pudo probar la denuncia que hizo contra Aureliano Sánchez Arango, entonces ministro de Educación y en medio de un enardecido discurso radial se disparó en el abdomen, en el afán de mostrar su sinceridad.

Fuera de Cuba, no hubo un lugar en que se aclamara a Chibás con el fervor que se hizo en Tampa, donde con tanto amor se aplaudió a José Martí. Si el Apóstol encontró en esta ciudad amigos del calibre del cubano  Néstor Leonelo Carbonell, Chibás lo tuvo en el también cubano Victoriano Manteiga, como si la historia se repitiera en esa nueva generación. Cuando, en octubre 1950, aquel patriota ejemplar volvió a Tampa, recorrió emocionado los sitios martianos de Ybor City, habló frente al busto del Maestro en el Círculo Cubano y pronunció un enardecido discurso en el parque Cuscaden, en el que dijo, según nos contó Victoriano en el primer aniversario de su inmolación: “Si alguna vez no cumplo las promesas hechas a mi pueblo, con este revólver, que perteneciera al Apóstol Martí, me mataré”.

En varias ocasiones el insigne fundador de La Gaceta escribió sobre el héroe cubano, y quien, como Martí,  “estaba siempre dispuesto para la lucha y el sacrificio en bien de Cuba y la humanidad”.

El 5 de septiembre de 1952, Victoriano recordó en su columna Chungas y no chungas: “Cuando Chibás enarboló la bandera de ‘Vergüenza contra dinero’, en defensa del pueblo y contra los ladrones, nos colocamos a su lado con el cariño y desinterés de siempre. Hace dos años vino a visitarnos y aquí dijo: Los ortodoxos vigorizamos en Tampa nuestra fuerza espiritual”.

Recordarlo ahora desde La Gaceta, donde tantas veces se escribió su nombre, es un tributo tampeño a su memoria y a la de su amigo Victoriano Manteiga.