Arturo Arango Arias es un reconocido escritor cubano, cuyos cuentos, novelas y guiones de filmes como Lista de espera y El cuerno de la abundancia (ambos en colaboración con Juan Carlos Tabío) le han situado entre los autores más destacados de su generación.
Entre sus novelas aparecen El libro de la realidad (Tusquets
Editores, 2001) y Límites y escombros (Verbum, 2023), cuya reciente lectura me
animó a pedirle una entrevista para La Gaceta. Los ensayos de Arango,
especialmente los titulados Reincidencias
(1989), Segundas reincidencias (2002)
y Terceras reincidencias (2013) constituyen una mirada crítica muy aguda sobre la realidad
cubana de las últimas décadas.
Arango, quien fue director de la revista Casa de las
Américas, subdirector editorial de La Gaceta de Cuba y Jefe titular de la
Cátedra de Guion de la Escuela
Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, es miembro de la Academia Cubana de la
Lengua, mientras sigue escribiendo y enseñando.
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| Arturo Arango |
En algunos personajes de Límites y escombros se aprecian
momentos de incertidumbre por el futuro.
Sin embargo, me llamó la atención la mirada al pasado inmediato –el
pasado que ahora no sabemos dónde colocar, dice el narrador–. En la afirmación
citada, ¿hay un sentimiento de pérdida del presente soñado a nivel grupal o
generacional?
Hay ese sentimiento de pérdida, tanto del pasado inmediato
como del futuro que parecía posible. La restauración del capitalismo en Europa
del Este y, en especial, la desaparición de la Unión Soviética dejaron a Cuba
en un desamparo total. En julio de 1991 mirábamos hacia atrás y nos parecía que
nos deparaban décadas de enero de ese mismo año. Curiosamente, se escribieron
cuentos excelentes bajo ese estímulo, por ejemplo “Dorado mundo”, de Francisco
López Sacha, y “Rumba Palace”, de Miguel Mejides. Publiqué en 1994 un libro de
cuentos, titulado La Habana elegante, con tres cuentos que también dan
testimonio, por la vía de la exageración y del absurdo, de ese período. El
ensayista Jorge Fornet nos llamó “la generación del desencanto”, y creo que es
un calificativo acertado.
Como te dije en la respuesta anterior, lo hizo sobre todo
mediante el cuento, y un poco también el cine; me parece que menos la novela.
Desde 1994, tuvimos en La Gaceta de Cuba un concurso de cuentos en el que cada
año participaban decenas de autores. Había tópicos de la época, como los
balseros, los apagones y las jineteras (las prostitutas) que aparecían una y
otra y otra vez. La mayoría de las veces, repitiendo esquemas. Otras, las
valiosas, con cuentos extraordinarios, como los que cité antes.
¿Cuánto hay de Arturo Arango en Marcos, además de la
bicicleta?
Como siempre ocurre, todo escritor habla una y otra vez de
sí mismo, aunque se esconda detrás de sucesivas máscaras. Ese personaje,
Marcos, comparte con Arturo Arango ideas, sentimientos, desconciertos
experimentados durante esos años, aunque las circunstancias concretas de su
vida doméstica y familiar sean muy distintas. Comparten, además, el haber
trabajado en una revista cultural, El Punto, en la novela, La Gaceta de Cuba
en la vida real. La Gaceta se dejó de publicar, por falta de papel, en el 90, pero
afortunadamente ya en el 92 había revivido, y yo ingresé en su equipo de
redacción en el 94, lo que aparta radicalmente esa realidad de la ficción.
El personaje de Omar, que representa la vigilancia del
estado sobre el escritor, se va opacando en la medida que avanza la novela.
¿Podría verse en ello una disminución del ojo de la seguridad del estado sobre
los intelectuales?
No había pensado en esa lectura. En la novela, las
informaciones que da Marcos no son demasiado útiles para Omar. Sin embargo, me
interesaba también insistir en el tema de las amistades y las fidelidades.
Hacia el final, cuando el personaje Alejandro entra en crisis, Omar le manda
con Marcos señales (que Alejandro no atiende) de lo que debe hacer para
salvarse de las acusaciones que se harán en su contra. Omar y Alejandro fueron
amigos muchos años atrás, cuando vivieron peripecias que están narradas en otra
novela, El libro de la realidad, y ahora Omar es fiel a ese pasado.
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| Novela publicada por Ediciones Loynaz, Matanzas, Cuba, 2025. |
La lealtad entre los amigos es un mensaje hermoso en Límites y escombros. Por ello fue tan fuerte la respuesta del grupo cuando uno de sus miembros (Alejandro), tiene un comportamiento inesperado. ¿Cuánto tributas a la amistad?
Tengo entre los tesoros más grandes de mi vida esas
relaciones de amistad con escritores que nos formamos juntos, que hemos vivido
décadas intensas, siempre cuidándonos y queriéndonos. He citado a dos que ya no
están (Sacha y Mejides), a los que puedo agregar muchos más. Ellos son parte de
mi familia. Senel Paz y yo hemos preparado una antología titulada Reunión de
amigos, con varios narradores que nacimos de 1950 a 1955, y es un proyecto que
da cuenta de esas relaciones, que se conservan no importan dónde vivamos. En
ese libro, cuya publicación esperamos con ansiedad, están Abilio Estévez y Luis
Manuel García Méndez, instalados desde hace tiempo en España. Podría también
citar un grupo de poetas a los que me une esa amistad incorruptible.
He dicho alguna vez que esas relaciones de amistad, no ya en el campo intelectual, son uno de los tópicos que recorren la obra de Leonardo Padura, otro de los esos imprescindibles entre mis afectos.
Como escritor y miembro de la Academia Cubana de la Lengua, ¿qué opinas de la literatura que hoy se hace en Cuba?
Lamentablemente, te confieso que no estoy siguiendo de cerca
la nueva literatura cubana, y eso me duele, pero hay que elegir y el tiempo no
alcanza para todo y los años pesan. Porque mientras estuve en La Gaceta de
Cuba, leí mucho a mis contemporáneos, tanto lo presentado en ese concurso de
cuentos que ya mencioné, como en el de poesía, que todavía existe, más todas las colaboraciones que recibíamos,
de ficción o sobre ella. Eso duró hasta 2019, aproximadamente.
Un tanto superficialmente, creo que la novela está en muy
buen momento. Fui jurado del Premio de la Crítica hace unos años, y premiamos
más novelas que libros de poesía, lo cual, en Cuba, es rarísimo.
Probablemente los escritores cubanos de la llamada diáspora
expresen su país desde una memoria fragmentada y con mayor acento en el pasado,
pero en lo más profundo desde su cultura original o heredada. ¿Podría entonces
hablarse de una literatura cubana que incluya a los cubanos de dentro y fuera
de la Isla?
¿Te refieres a obras que traten las dos realidades? Creo que
hay algunas, sin dudas. Este alejamiento de lecturas contemporáneas que te
expliqué antes me impide mencionar más ejemplos, pero me gusta mucho Como polvo
en el viento, de Padura, donde ambos ámbitos están tratados con justeza y
respeto, desde esas afinidades electivas que son la base de la amistad.
Creo que se conoce más en el extranjero a los escritores
cubanos que viven en la Isla, que en ella a los que viven en el extranjero. Voy
a poner un solo ejemplo: se lee más a Leonardo Padura en Miami que a José Kozer
en Cuba. Si compartes esta afirmación, ¿a qué lo atribuyes?
No creo que sea equilibrada la comparación. Padura es el
escritor vivo más promocionado y leído de la literatura cubana. Kozer es, en lo
fundamental, un poeta, que siempre son menos seguidos que los narradores. A él
se le conoce en los circuitos intelectuales cubanos, y en La Gaceta de Cuba y
también en la Revista Unión se publicaron textos suyos y sobre él.
En La Gaceta dimos a conocer, en la medida de nuestras
posibilidades, a escritores cubanos que viven en otros países, en especial a
aquellos que se formaron fuera de Cuba y que aquí eran totalmente desconocidos.
También estoy seguro de que muchos escritores cubanos
contemporáneos, que residen aquí, no se conocen en lo absoluto más allá de
nuestras costas, porque los libros editados en Cuba jamás han tenido
circulación ni difusión internacional, y ahora, para colmo, es muy poco lo que
se imprime, y en tiradas mínimas. Por eso creo que, en verdad, el
desconocimiento es mutuo.
Extraño mucho la labor de Carlos Espinosa, quien llevó
durante años el trabajo de crítica literaria en Cubaencuentro y lo hacía con
una eticidad admirable. Se esforzó siempre por reseñar obras de una y otras
orillas. Para él, que desde mediados de los 80 residió sobre todo en España y
un tiempo en los Estados Unidos, era más fácil obtener libros aparecidos fuera
de Cuba, y nos pedía a sus amigos que le enviáramos lo publicado aquí, para
sostener ese equilibrio.
¿Qué te produce mayor satisfacción como escritor, ver en el
cine una película cuyo guion has escrito, saber que muchos leen el libro que
acabas de publicar o el propio instante de la creación?
Siempre coloco la literatura por delante del cine, aunque el
segundo tenga mucha más difusión. No he dirigido, ni dirigiré, películas, y
tengo muy claro que, cuando me involucro en una, pertenecen al director, aunque
la idea original sea mía. Al firmar un contrato de guion, si la idea original
me pertenece, me reservo el derecho de llevarla a la literatura. El libro de la
realidad lo escribí a partir de un guion que nunca se realizó, al igual que el
relato En la hoja de un árbol. Después de estrenada la película El cuerno de la
abundancia, de Juan Carlos Tabío, imaginé un falso testimonio, publicado
también como una noveleta, donde construyo la investigación para tramar el
guion. Y No me preguntes cuándo está concebida a partir de un guion para el
director mexicano Álvaro Curiel de Icaza. Yo presenté la novela publicada por
Ediciones Matanzas en la Feria del Libro de febrero de 2018, y él estrenó su
película, titulada Marioneta, en el Festival de Cine de Guadalajara, un mes
después.
Obviamente, me satisface mucho más la publicación de un
libro, y muchísimo más cuando una persona que lo ha leído me lo comenta. El
proceso de escritura puede oscilar entre la euforia y la angustia. Creo en la
duda y en la inseguridad porque no hay nada más traicionero que suponer que
todo cuando escribimos es impecable. El instante de dar por terminado un libro
también es de celebración, pero transitorio. Una y otra vez regreso al texto,
retoco, cambio, sigo imaginando situaciones. El punto final se pone solo cuando
el volumen sale de la imprenta.
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El parque Masó, de Manzanillo, en el rostro de una novela de Arturo Arango de próxima aparición. |
Una pregunta imprescindible: ¿qué magia tiene Manzanillo, tu
pueblo natal, para que la literatura haya encontrado allí a tantos y tan buenos
escritores y poetas?
No sé si tiene que ver con el mar y también con su historia.
En Cuba hay varias ciudades costeras que fueron dejadas de lado cuando se
construyó la carretera central, hace cien años, y que dieron a grandes
escritores y artistas. Pienso en Gibara y Guillermo Cabrera Infante, o en Sagua
la Grande y Wifredo Lam y Jorge Mañach.
Crecí en un Manzanillo donde había una vida cultural
importante, sobre todo literaria y musical. En mi familia prevalecía la
profesión del magisterio y se hablaba con mucho respeto del Círculo Literario,
de la revista Orto, de la imprenta de Horacio P. Téllez, donde se
materializaron no pocos de estos sueños. Las personas Luis Felipe Rodríguez,
Gastón Sariol, Manuel Navarro Luna, José Manuel Poveda, que vivió en la ciudad,
entre muchas otras, eran presencia viva en los cuentos que me hacían mis tías
abuelas. Quiero decir con esto que había esa tradición y ese respeto por la
vida cultural de esa primera mitad del siglo XX.
Lo curioso es que algunos nos formamos en otros ámbitos.
Francisco López Sacha y yo, por caminos distintos, estudiamos en La Habana y en
Santiago de Cuba, pero nos supimos siempre parte de ese legado esencial para
nuestra vocación.
Y la tradición permanece. Me siento orgulloso de haber
gestionado la creación de la Editorial Orto, que ahora es el centro de la vida
literaria de nuestro Manzanillo.



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