viernes, 10 de abril de 2026

Una carta inédita de Ramón Rivero Rivero

 Eduardo Yero fue un destacado periodista y patriota cubano nacido en Bayamo en 1852. Fundó en Santiago de Cuba el semanario El Triunfo, en apoyo al independentismo. Contribuyó a la preparación de la guerra de 1895. Perseguido, emigró a Nueva York en 1896 y colaboró con el periódico Patria y las labores del Partido Revolucionario Cubano (PRC), convirtiéndose en secretario de Tomás Estrada Palma.

La carta de Ramón Rivero ofrece valiosa información  no solo sobre la vida de quien fue Presidente del Cuerpo de Consejo del PRC en Tampa, sino sobre las publicaciones que desde aquí dirigió y del trabajo revolucionario desarrollado en la ciudad a favor de la independencia de Cuba.

Esta carta, inédita,  es parte de la correspondencia de Ramón Rivero que encontramos en el Archivo Nacional de Cuba y que estamos preparando para su publicación.


Tampa, 4 de enero de 1897.

Sr. Eduardo Yero, Nueva York.

Mi estimado amigo y compañero:

Su grata del 31 del pasado diciembre ha llegado a mi poder.

Héchome cargo de su contenido, paso a contestarla.

Agradezco en cuanto vale la buena opinión que disfruto en esa respetable Delegación y el acuerdo tomado en vista de mi solicitud respecto al apoyo material para dar cima, cuanto antes,  a mi propósito  de publicar tres veces a la semana mi periódico, reconocido por la voluntad de los correligionarios de Tampa como órgano oficial de nuestro Partido en esta circunscripción. Pero así como es mi deber agradecer el acuerdo de la Delegación en favor de este propósito patriótico, útil, si no necesario,  en una localidad tan  heterogénea y especial como esta;  también tengo la obligación, como patriota y como hombre honrado,  de hacer a Ud., para que a su vez tenga la bondad de transmitir a quien corresponda, algunas observaciones que estimo pertinentes al objeto de mi solicitud.

Es ello indicar que no se trata en  mi reclamo  de remuneración alguna por mi trabajo periodístico, que vale bien poco y al cual he estado consagrado desde hace más de diecisiete años; mi vocación por la faenas del periodismo en defensa de los ideales patrios y de la clase humilde de los desheredados de la fortuna, constituyen en mi algo así como una segunda naturaleza. Quiero decir que tanto en Key West a donde me llevó mi madre de edad de dieciséis años, arrancándome de la escuela; como en Tampa, cuya población vine a formar con Don Vicente Martínez Ybor he procurado sostener periódicos devotos de esos principios a los cuales he sido fiel ya que, por faltarme una pierna y tener catorce personas cuya subsistencia depende de mí trabajo en el taller donde funjo como lector, me han privado de la honra que a otros ha cabido, de derramar la sangre por mi Patria.

De acuerdo con esto debo decirle que este periódico “Cuba” que antes tuvo distintos nombres, fue fundado por mí el año 1886, cuando la fe estaba entibiada, el patriotismo adormecido y no se vislumbraba asomo alguno de revolución.

Cuando en la emigración no había otro órgano revolucionario que “El Yara”  de Key West, era solo este periódico  mío el que, con el nombre de “Revista de Florida”, que usted recibía en Santiago de Cuba y que muchas veces supo elevar su nombre a la altura que merece, la única voz de los hijos del trabajo que se levantaba para reanimar los espíritus llamando a la Patria a reivindicar sus derechos.

La labor no fue infecunda: constituimos clubs, liceos, sociedades revolucionarias, hasta  llamar a esta a Martí, donde se echaron los cimientos de nuestro Partido que supo organizar, unir,  encender la hoguera purificadora de nuestras libertades y consumar la revolución.

Lea Ud., querido Sr.  Yero, el libro de Trujillo últimamente publicado, libro al que yo no califico, pero el cual tiene páginas honrosas para mí,  cual es la de haber propuesto contra la voluntad de muchos que temían a los autonomistas la fundación del Partido que más tarde fue formado por el talento de José Marti, y cuyas resoluciones propuestas por mí y por mí defendidas ha consignado Trujillo en su libro.

Esto quiere decir que yo soy emigrado desde el año 69, que siempre he procurado, como Ud., y otros cubanos de Cuba y de le emigración, cumplir con mi conciencia, sin esperanza de recompensa alguna.

Pero al haber aquí una colectividad a la que es preciso alentar constantemente; al tener que  contrarrestar cierta corriente anarquista que puede perjudicar los intereses de la revolución; al  ver en este pueblo la lucha que existe entre el capital y el trabajo, de lo cual se derivan grandes males para nuestra causa; teniendo que el “Cuba” se sostiene con los sacrificios pecuniarios míos, pues fuera de Tampa el periódico es enviado gratis a Cuba, Puerto Rico,  Santo Domingo y a todos los centros de emigración cubana; por todo esto,  y de acuerdo con el parecer de ilustrados compatriotas es que intenté publicar mi periódico  trisemanal, creyendo llenar así una importante misión. No tenía recursos y he apelado a esa Delegación, no solicitando un sueldo para mí, sino un apoyo material para el órgano más antiguo después del Yara de la causa de Cuba en el extranjero que, me figuro yo, ha de dar a los fondos de la revolución, con sus trabajos, más cantidad de dinero que aquella ínfima cantidad por mi solicitada para ayudar a cubrir más de sesenta pesos semanales que importa el presupuesto de gastos,  en el caso de que hubiera sido negada en concepto de hacer economía.

De lo dicho debe deducirse que es mi intención aceptar con agradecimiento lo acordado por esa Delegación; pero como premio a mis pobres servicios que no creo que valgan cosa alguna, sino como un gasto útil en servicio de la patria, cuyo periódico en Tampa, pobre como su fundador,  y redactor, necesita para hacer  menos embarazosa su situación, de ese pequeño apoyo que solo por llenar mejor un deber político se ha atrevido a solicitar.

Ahora bien, yo no sé si mi propósito se podrá realizar con ventaja y si llegaré a la meta de mis aspiraciones, pero lo que sí me figuro es que no se perderá el tiempo. Solo deseo de Ud., y demás personas de esa respetable Delegación que pesen mis razones, estudien mi plan y hagan las debidas deducciones, para dejar sentado que el auxilio que he pedido no ha de perderse para la causa, sino que ha de ser en extremo beneficioso.

Usted me indica que esos quince pesos semanales serán con carácter temporal, hasta que se encauce la marcha de la publicación.

Debo decirle respecto a este asunto la verdad y ella es que, lejos de vislumbrar en esta ciudad un mejoramiento económico inmediato, se siente cada día el malestar por la falta de trabajo constante en las fábricas, merced a la escasez de ramas con motivo de la orden de Weyler y lejos de mejores tiempos, todo indica la aproximación de tiempos calamitosos.

De esto mi petición, de aquí mi súplica pidiendo apoyo; que si yo tuviera la esperanza de salir airoso con mis propios esfuerzos no habría molestado a esa Delegación, ni distraería a la Patria una cantidad que, aunque pequeña, hiciese falta para pólvora y balas.

Así, pues,  yo le ruego, Sr. Yero, a Ud.  que es antiguo periodista, que sea intérprete con el Sr. Estrada Palma de estas razones, para que quede sentado de un modo claro que si pido es para sostener o ayudar a sostener este órgano de Cuba libre, y no para que se me remuneren mis servicios y que si la subvención es temporal, desearían saber qué máximo de tiempo se fijaría para ello, para entonces, de acuerdo con su respuesta inmediata, dar comienzo a la publicación del trisemanal y cuando no pudiera continuar volver al semanario, el cual, mientras yo trabaje en el taller, no dejará de publicarse tan humilde como hasta aquí, pero sin ceder en patriotismo al que sea más patriota y más ilustrado.

Le ruego una respuesta inmediata.

Sin más le desea prosperidad su adicto S.S.

Ramon Rivero y Rivero.

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