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viernes, 10 de noviembre de 2017

Entrevista a Albert A. Fox, tenaz defensor de las relaciones entre EE.UU. y Cuba

Por Gabriel Cartaya
 Conozco a Al Fox –como todos llaman a Albert A. Fox Jr.- desde que comencé a trabajar en La Gaceta. En la primera conversación que sostuve con él, comprendí que Cuba constituye para él una pasión desbordada. Ha dedicado más de 15 años a luchar a favor de que las relaciones entre Estados Unidos y la Mayor de las Antillas sean normales, debidamente abiertas como con el resto del mundo, incluyendo países con sistemas políticos de orientación comunista, como es el caso de China o Vietnan.
En ese esfuerzo, en 2001 creó la “Fundación Alianza para una Política Responsable hacia Cuba”, ha visitado numerosas veces  La Habana, ha propiciado los intercambios de delegaciones culturales y empresariales entre la ciudad de Tampa y la Isla, ha influido en la firma de acuerdos de  colaboración  entre  ambos países y fue una figura importante en el acercamiento que se produjo entre los dos gobiernos en el último tiempo del gobierno de Barack Obama.
  Ahora, cuando ha retrocedido el nivel de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, por intereses políticos que desconocen el verdadero latido de ambos pueblos, Al Fox ha vuelto a La Habana con una pequeña delegación de Tampa y Saint Petersburg, insistiendo en su convicción de que lo mejor para los cubanos, para los tampeños, para los estadounidenses y para todo el mundo, es que, respetando la diversidad de pensamiento,  de estructuras políticas y de decisiones nacionales, se fortalezcan verdaderas relaciones de intercambio y amistad entre los dos gobiernos, porque sólo así estarían cumpliendo  con el deseo del pueblo a quien deben representar.
  Para escuchar la opinión de Fox sobre el tema de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y su papel en la búsqueda de normalizarlas, le hago unas preguntas a las que respondió con amabilidad.
 Tampa ha jugado un papel importante en el esfuerzo por normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Especialmente, la Fundación Alianza para una Política Responsable hacia Cuba, que usted fundó en 2001, ha trabajado intensamente a favor de esa política que tuvo logros importantes durante el segundo período del gobierno de Barack Obama. ¿Cómo valora el trabajo realizado durante tantos años a favor de la normalización de las relaciones entre ambos países?
   Me enorgullece mucho haber podido desempeñar un pequeño papel en lograr que Elián González regresara a Cuba y también en la liberación de los llamados “Cinco”, que cumplían en Estados Unidos injustas condenas de prisión. También logramos influir en el  importante papel del senador estadounidense Jeff Flake, quien contribuyó a mejorar  las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Lo llevamos a La Habana por primera vez. Debido a las importantes contribuciones de la “Alianza…” hoy tenemos en Tampa una mayoría en el Concejo Municipal, la Comisión del Condado, la Autoridad Portuaria, la Autoridad Aeronáutica, en medios de comunicación locales y el apoyo de la congresista Cathy Castor, que están llamando a que se ponga fin al embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba.
¿Cómo aprecia el progreso logrado en las relaciones bilaterales a partir de diciembre de 2014?
Del 17 de diciembre de 2014 al 15 de junio de 2017, las relaciones entre Estados Unidos y Cuba cambiaron radicalmente y mejoraron por primera vez, en 55 años. El pueblo cubano ha estado contento con los esfuerzos que hizo la Administración de Obama para restablecer las relaciones diplomáticas. El gobierno cubano ha permitido la venta de propiedades, las pequeñas empresas estaban comenzando a florecer, los cubanoamericanos comenzaron a viajar a Cuba en mayor número y los viajes de estadounidenses a la Isla se facilitaron. Todas las partes estaban entusiasmadas por la mejoría de relaciones.
  Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, comenzó una regresión en los logros alcanzados en esa dirección. ¿A su juicio, qué factores  contribuyen a las nuevas acciones que está tomando la Casa Blanca en relación con Cuba?
  Con la elección del presidente  Donald Trump, las relaciones entre Estados Unidos y Cuba  están volviendo a los días de “La Guerra Fría”. Las nuevas restricciones de Trump hacia Cuba son antiamericanas e inmorales. Los tipos de la “mafia cubana de Miami” deberían estar avergonzados de sí mismos por seguir apoyando una política de guerra fría impulsada por el odio, la venganza y la arrogancia.
  Es repugnante, patético y antiamericano que el presidente Trump haya permitido que una minoría de cubanos extremistas en Miami y Union City, Nueva Jersey, revierta los primeros logros después de 55 años de hostilidad de Estados Unidos hacia Cuba. Anular la política de Trump hacia Cuba tomará cinco años, al menos, después de que éste abandone el cargo, que debe ser en su primer mandato. Él no es el único a quien culpar. Pocas personas entienden que fue durante la presidencia del demócrata Bill Clinton cuando, realmente, se colocó a Estados Unidos en una posición tan terrible con respecto a las relaciones entre este país y Cuba,  mediante la firma de la legislación Burton Helm. Un presidente republicano nunca la habría firmado.
Usted viajó a Cuba recientemente y pudo apreciar el interés del gobierno y el pueblo de Cuba en no dañar lo que se ha avanzado en las relaciones entre los dos países. ¿Cómo evalúa la tensión que se ha creado a partir de los supuestos ataques acústicos contra diplomáticos estadounidenses en La Habana?

Al Fox (der.), en La Habana, en octubre de 2016

  Es triste el comentario que el país con la democracia más grandes del mundo ha creado, con una propaganda de la CIA encaminada a destruir las relaciones entre los dos países. No es una noticia veraz, no hay evidencia de que el gobierno cubano esté perjudicando a los diplomáticos estadounidenses en La Habana. ¡Ni uno! Toda la habladuría sobre “ataques sónicos” es una tontería que parece más bien una película de “James Bond”. Es una mentira total.
  ¿Cómo usted ve el futuro próximo de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba?
  Si los cubanoamericanos no se levantan y muestran su disgusto e indignación con esta nueva política del gobierno, va a llevar años y años para que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba vuelvan al nivel de las que empezaron el 17 de diciembre de 2914.
  Y en Cuba, no vas a encontrar un cubano que apoye la política de Trump o Marco Rubio.

 Publicado en La Gaceta, 10 de nov. de 2017

lunes, 9 de mayo de 2016

Converso con la autora de Esperando en la calle Zapote

Betty Viamontes se dio a conocer en el espacio editorial a través de la novela Esperando en la calle Zapote, que tiene mucho de autobiográfica. Sin embargo, la lectura de la obra no es suficiente para descubrir que la autora constituye un vivo ejemplo de los enormes valores con que una persona de procedencia hispana es capaz de insertarse en la sociedad estadounidense, crecer en ella y retribuir con creces los beneficios recibidos.

En Viamontes hay una multiplicidad de comportamientos enaltecedores de la mujer y, en esencia, de la condición humana. Pero en esta entrevista quiero deneterme en algunos que, complementádose, trazan  rasgos sobresalientes que afloran en su obra literaria y extraliteraria. Entre ellos, la fortaleza de los lazos familiares, la tenacidad en el crecimiento profesional, el ingenio en desentrañar la realidad circundante y la sensibilidad en la reinvención literaria de su propia experiencia, motivan las interrogantes que le propongo.

Llegaste a Estados Unidos siendo niña, recuperando entonces la unidad de una familia quehabía sido fragmentada con el exilio. ¿Cómo influyó en tu formación esa experiencia?

Mi madre llegó a este gran país llena de sueños, pero cuando una pareja está separada por tantos años es difícil recomenzar. Quería mucho a mi padre. Él era una persona feliz, de buen corazón, pero afectado por el vicio, y esa es una fuerza destructiva. Me fui de mi casa a los 18 y comencé mi vida con mi esposo.  Meses después nació nuestro hijo. El pasar trabajo, primero cuando mi padre se fue de Cuba, el crecer sin padre, el ser testigo de la vida de sacrificio de mi madre, y después el ser arrancada de todo lo que conocí a los quince años para empezar una nueva vida en un lugar extraño y sin saber el idioma, fueron eventos que me dieron una gran fuerza para luchar. Yo venía de la nada. Mi madre siempre me enseñó sobre las recompensas del esfuerzo y el sacrificio. Esos principios me empujaron a alcanzar nuevas alturas, a nunca dejar que los problemas me definieran. 
Betty con sus padres y hermanos, antes de salir de Cuba
 
          
Procedes de una familia que llegó a Estados Unidos sin recursos económicos, como la mayoría de los inmigrantes. Sin embargo,  alcanzaste una formación universitaria y eres hoy Administradora de Finanzas en el Hospital General de Tampa. ¿Cómo valoras ese ascenso profesional?

Este ascenso fue el resultado de años de sacrificio y perseverancia, trabajando de día, estudiando de noche, durmiendo pocas horas. Quería sacar a mi hijo adelante y ayudar a mis padres. Esas fuerzas me empujaban y también el recuerdo de lo que es no tener nada. También quería viajar por el mundo. Cuando vivía en Cuba sentía que vivía en una cárcel donde no nos dejaban salir. El viajar me da alas y me hace sentir inmensamente libre. He documentado muchos de mis viajes en cuadernos. Mi escritura es parte de todo lo que hago. 
   
 ¿En qué momento tuviste conciencia de que serías la cronista literaria de la historia familiar?

Desde que llegué a los Estados Unidos mi madre me dijo que un día yo escribiría su historia. Siempre lo supo. Ella era una persona muy espiritual, como muchos cubanos. Me dijo que cuando yo nací una santera la había dicho que yo sería una escritora famosa. Me daba gracia cuando me lo decía. No creo que alcance a ser famosa como escritora, existen escritores con mucho más talento y entrenamiento que yo. Pero, a veces, las expectativas de nuestros padres influyen en nuestros pasos en la vida. 
    
¿Qué novelas habías leído? ¿Influyó alguna en decidirte por este género?

Gabriel García Marquéz es uno de mis escritores favoritos. Me gustó mucho Cien Años de Soledad. Sin embargo, nada de lo que he leído  influyó especialmente en lo que escribo. Tengo mi propio estilo, y mis letras brotan de muy adentro,  en una lucha constante entre la persona soñadora y la realista que existen dentro de mí.
    
Parecen tener poca relación la escritura de una novela y tu trabajo relacionado con las finanzas. ¿Cómo logras la conexión y desconexión entre esos dos mundos tan distantes?

Mi madre siempre me decía que desde pequeña me destacaba en los números y las letras. Me fascina el proceso creativo. Originalmente quería ser médico, pero soy realista, y cuando salí embarazada a la edad de 18 años me di cuenta de que tendría que estudiar algo que me permitiera trabajar y ocuparme de mi familia. Escogí la contaduría y administración de empresas. Mi espíritu creativo me ayuda a automatizar procesos donde trabajo y a identificar soluciones a problemas complejos. La escritura me conecta a mí misma. Ha sido una constante a través de mi vida. 
   
Recientemente, el gobernador del Estado de la Florida, Rick Scott, te propuso ser miembro de la directiva de Hillsborough Community College,  lo que fue aprobado por el Senado de la Florida.  ¿Cómo esperas ayudar a la comunidad desde esta esfera?

Con el respaldo del Dr. Atwater, presidente de HCC, y sus empleados hemos ayudado a educar a los legisladores sobre las necesidades principales de HCC y el cuerpo estudiantil, lo que nos ha permitido lograr objetivos que conllevarán a continuar la expansión de programas que le permitan a los graduados obtener trabajo. He visitado también algunos de los campus para observar el trabajo y dedicación de los estudiantes y profesores, y actualizarme en los programas principales de cada uno, lo que me ayudará más efectivamente a respaldar al Presidente para que se logren las metas trazadas. A la vez, me he reunido con la jefatura de la fundación de HCC para ofrecer mi ayuda en lo que pueda. En mayo estaré presente en las graduaciones de este año, para así felicitar personalmente a todos los estudiantes que con gran sacrificio y dedicación han logrado completar sus estudios.

¿Cómo ha sido recibida tu novela y qué satisfacciones te ha producido?

Mi novela ha sido recibida muy bien, sobre todo entre los lectores de habla inglesa. Las dos versiones, la de inglés y español tienen 4.7 o más estrellas de un máximo de 5 en Amazon. Se ha vendido en cinco países y fue seleccionada por un club de libros de las Naciones Unidas para su lectura de febrero. He recibido muchas cartas y notas de personas alrededor del mundo que han sido impactadas de manera positiva por esta historia. Algunos que la han leído han comprado otras copias para hijos adultos, con el propósito de que conozcan un fragmento de la historia por la que han pasado los cubanos. 

Imagino que desde salir a la luz Esperando en la calle Zapote, un nuevo proyecto literario andará rondando en tu fértil imaginación. ¿Me equivoco?

La escritura creativa ha sido mi refugio desde los seis años, luego de sufrir una experiencia traumática: llegué de mi escuela justamente a tiempo para detener el intento de suicidio de mi madre. Fue el punto más bajo de su vida, pero luego de tratamiento médico, ella se convirtió en la persona más fuerte y determinada que he visto en mi vida, y la más humana, siempre preocupada por otros, valores que le enseñó a sus hijos.
Su decisión fue la culminación de la frustración, bochorno y maltrato que sufrió luego de muchos viajes a inmigración cuando los oficiales que trabajaban allí le aseguraron que ni ella ni sus hijos pequeños podrían salir de la Isla. Cuando al fin logramos irnos, doce años después que mi padre saliera de Cuba, no me permitieron sacar nada de lo que había escrito, aunque, a mis quince años, aquellas letras no tuvieran valor literario. Comencé a escribir de nuevo al llegar a Estados Unidos. Me gustaba escribir poemas e historias cortas. He seleccionado varias historias y poemas que escribí a través de los años y los estoy revisando con la idea de publicarlos.




jueves, 19 de marzo de 2015

Entrevista a Emiliano Salcines

Por Gabriel Cartaya 

Aunque Salcines, en Tampa, no necesita presentación, pues es conocido y querido por todos, me permito cumplir la formalidad de un breve proemio: Emiliano Salcines es jurista, historiador, profesor. Fue Fiscal Federal y Estatal durante muchos años. Ha sido distinguido con diversos premios por universidades, colegios de abogados y por la Ciudad de Tampa. Fue nombrado Caballero por el Rey Juan Carlos, de España, y ha sido invitado más de una vez a la Casa Blanca por el Presidente de Estados Unidos. Es un extraordinario conocedor, divulgador y defensor de la Historia de Tampa. Por estas y otras muchas razones, quise saber sobre su ­aleccionadora historia y él, con su amabilidad característica,  respondió a estas preguntas.
Salcines, su niñez y juventud se desarrollaron en esta ciudad de Tampa que tanto usted ama. ¿Cómo recuerda esa etapa de su vida?
Nací en Tampa, hijo de inmigrantes españoles.  Mis padres vinieron de España, vía Cuba, y se conocieron en esta ciudad. Tampa era una ciudad bilingüe, donde el español era muy dominante. Yo nací en el Hospital del Centro Asturiano y me crié en West Tampa que era, como Ybor, una ciudad tabacalera. Es el lugar donde  transcurre mi niñez y donde vivo todavía.
¿Qué peso tenía la cultura hispana en ese entorno?
La cultura hispana era muy importante aquí desde antes de iniciarse el siglo XX. Había periódicos en español y también teatro, música, funciones, zarzuelas, orquestas, así que la cultura hispana tiene unas raíces muy largas en Tampa.
    Creo que la primera función que se presentó fue en el año 1887, en un lugar que los cubanos conocen bien, porque fue el sitio donde José Martí dio sus discursos famosos. Y en ese pequeño teatro se empezaron a presentar funciones, hasta bufos cubanos, antes de que empezara el siglo XX.
Hábleme de los recuerdos escolares.
Bueno, recuerdo mi niñez, particularmente a las monjas salesianas. Yo estudié en un colegio católico, el San José, de West Tampa. De ahí pasé a un colegio público y más tarde a una academia militar llamada Riverside, en Gainesville, Georgia, donde hice el Bachillerato. Después seguí a la universidad; me matriculé en la Facultad de Derecho. 
¿Que le  hizo optar por la carrera de Abogado?
Esa decisión la hice cuando todavía era muy joven. Yo me ganaba unas pesetas los sábados, como limpiabotas. Un día, un señor que se está limpiando los zapatos me dice:  “Salcines,  tú debes estudiar para abogado”. Y me fui interesando. Hasta visité un tribunal siendo muy pequeño, porque ya me hacía ideas de que no iba a quedarme con la tienda de ropas de mi padre. Yo quería ser abogado y  desde una edad muy temprana me estaba enfocando en esa carrera.
¿Los mejores recuerdos de la universidad?
Muy buenos recuerdos y muy buenos profesores. Me hice mejor estudiante en la universidad. Ya entonces los libros me fascinaban; leía mucho y tenía un padre que también leía bastante. Teníamos unas conversaciones  profundas acerca de distintos temas. A mi padre le gustaba mucho la historia y la geografía. Tengo una memoria muy especial de la época de la Segunda Guerra Mundial. Realizaban ejercicios por la noche, por si acaso los japoneses o los alemanes nos tiraban algunas bombas. Había  unos simulacros y teníamos que apagar todas las luces en la ciudad. Entonces mi padre nos acostaba, a mí y a mi hermano, que era más pequeño, y nos entretenía durante esas horas de oscuridad, preguntándonos cuál era la capital de España, de México, de Cuba y así...de varios países.
A pesar de recibir toda la educación en inglés,  no ha perdido el acento español, por cierto, muy distinguido en usted. ¿A  qué lo atribuye?
Bueno, es gracias a mis padres que insistían en que, aunque en la escuela hablara  inglés, en la casa había que hablar el español. Ellos insistían en que debía hablar bien el español. Si yo decía zapatos,  con ese, mi padre me decía: No,  hijo,  se dice zapatos (pronunciando bien la zeta).  A veces yo le decía: Papá, los muchachos se van a reir de mí. Y él respondía: Aprenda usted a hablar bien el español, que algún día, con esos dos idiomas,  a usted se le van a abrir muchas puertas. Y tenía toda la razón y todos los días le doy gracias a mis padres por la enseñanza de su cultura y de su lengua.
En la práctica como jurista, usted ascendió hasta el cargo de Fiscal del Estado de Florida,   ¿Cómo valora esa etapa de su vida?
Le diré que estoy muy agradecido del pueblo de Tampa. No solamente de la colonia latina, sino de toda la comunidad, pues me dio el privilegio de reelegirme en muchas ocasiones. Fui elegido el Fiscal del Estado en cuatro períodos distintos, es decir, 16 años como el Fiscal electo en este distrito de Hillsborough. Cuando me nombran para ser Magistrado del Tribunal de Apelaciones, mi nombre aparecía también en las elecciones. Y el público votó siempre a mi favor. Estoy muy agradecido del privilegio  de que a un hijo de inmigrantes se le abrieran esas puertas.
¿Cuáles fueron los momentos más dificiles en su labor como jurista?
Bueno,  yo he tenido decisiones muy difíciles, incluso cuando hay que pedir la pena de muerte a un individuo que ha cometido un homicidio espantoso. Esos son casos difíciles y he tenido varios de ellos.
También cuando he tenido que enfrentarme a la discriminación, porque en un tiempo aquí la segregación racial dominaba. Yo tomé la decisión de nombrar al primer Juez Auxiliar de la Fiscalía, de procedencia afroamericana. Eso no fue bien recibido, particularmente dentro del Colegio de Abogados. Yo le abro la puerta y le doy la oportunidad a ese joven destacado. Por cierto, hoy la Corte del Condado lleva su nombre: George  Edgecomb Hillsborough County.
También, más tarde, nombré a la primera mujer que fue Fiscal en el condado de Hillsborough. Ella no sólo hizo una labor extraordinaria, sino que con los años se convirtió en Presidenta de todos los abogados y jueces del Estado de Florida. Me refiero a  Gwenn Young.
En otra ocasión ayudé a un abogado que era impedido físico y realizaba su labor en silla de ruedas. En esa época no existían facilidades en las aceras y en los baños para personas de ese tipo de condiciones físicas. Fueron momentos difíciles para tomar esas decisiones, para que otros comenzaran a mirar que todos los seres humanos  merecen las mismas oportunidades.
Salcines, en 1979, usted fue nombrado Caballero por el Rey Juan Carlos, de España. Hábleme sobre esa experiencia tan excepcional en su vida.

Emiliano Salcines saluda al Presidente Bill Clinton en la Casa Blanca. Al fondo, los Reyes de España 

Yo me supongo que su Majestad tuvo en cuenta que yo era un político que sobresalía por  recordar las raíces hispanas. Lo hacía con discursos lo mismo en español que en inglés. Todavía a muchos les sorprendía oir que no eran los ingleses los primeros en llegar  a lo que es hoy Estados Unidos. Entonces yo les explicaba: los españoles  fueron los primeros en llegar a este territorio, ellos hicieron las primeras leyes, los primeros colegios,  los primeros hospitales. A la sazón, yo había sido electo Presidente de todos los Fiscales en el Estado de la Florida y había llegado a ser Vicepresidente de todos los fiscales de Estados Unidos. Todas esas cosas, creo yo, en algún momento se le presentaron a Su Majestad y me escogió para otorgarme la Condecoración de la Cruz de Isabel la Católica.
    Fue todo muy hermoso, vino el Embajador de España, con el Pergamino y la Medalla, muy bonita. Se presentó aquí en Tampa, en el edificio del Centro Asturiano. Posteriormente tuve el gran privilegio de estar invitado a España, a La Zarzuela. Y cada vez que él ha venido a Florida siempre recibo una invitación de Su Majestad, para ir a Pensacola,  o San Agustín, o Miami. Donde quiera que él esté me extiende una invitación para acompañarle, por ser miembro de la Orden de Isabel la Católica.
Se que Emiliano Salcines ha frecuentado la Casa Blanca y ha compartido la mesa con el Presidente de  Estados Unidos. ¿Qué han significado esos momentos para usted? 
Lo considero como algo muy especial en mi vida, que distintos presidentes de mi país me invitaran a la Casa Blanca. Pero la más especial de todas fue cuando el Presidente Clinton y su esposa  nos invitaron a mi esposa y a mí para una comida de gala, la cena de Estado que se le daba al Rey Juan Carlos y a su esposa la Reina Sofía. Fue una cosa extraordinaria estar compartiendo con su Majestad, el Presidente de  Estados Unidos y otros altos funcionarios.  La cena se sirvió en un salón donde, desde muchacho, yo había visto al Presidente hablar a la nación, donde está la hermosa pintura de Abrahan Lincoln. Durante esa cena, pensé: un muchacho de West Tampa está aquí sentado con el Presidente de los Estados Unidos y con el Rey de España. Dios ha sido muy bueno conmigo.
Emiliano Salcines ha sido profesor y varias universidades le han distinguido con premios por su labor. Creo que sus conferencias y publicaciones dirigidas a la docencia han contribuido a los estudios jurídicos de este país. Podría hablarme sobre esta importante labor.
Bueno, eso ocurrió cuando yo estaba despuntando con mi actividad en la Asociación Nacional de Fiscales de Distrito. Un día, un catedrático muy famoso de la Facultad de Derecho en la Universidad de Northwestern, en Chicago, me dijo: Yo quisiera que usted impartiera clases en los cursos que anualmente ofrecemos en Chicago para los fiscales. Le dije que sí y me pasé 35 veranos viajando por una semana a ese estado, preparando a los profesionales que hoy son los fiscales electos, jueces, magistrados o senadores. Entonces, la Facultad de Derecho en Stetson –que actualmente tiene una sede aquí en Tampa–  me pidió que fuera  Profesor Adjunto y he tenido el privilegio de representar a Stetson en conferencias que he dado en España, Argentina, Colombia y México.
Usted es autor de un Manual para estudiantes de Derecho, ¿no es así?
Sí, es un libro que escribí para ayudar a que el abogado, el letrado que entra a una Sala Judicial, se oriente en cómo presentar las pruebas, tanto de los testigos normales como de los científicos forenses. A su vez, que pueda presentar bien  las pruebas que existen, de forma que cuando los Tribunales de Apelación lo requieran no se presenten problemas con esas pruebas.  Ese libro se sigue usando en muchos estados de la Unión, muchos fiscales aún entran en la sala con ese libro, para guiarse en la presentación de huellas digitales, ejemplares de sangre, de balística, o cualquier prueba forense.
Usted siempre ha estado vinculado al trabajo con la comunidad hispana de Tampa. En 1993 fue nombrado  el Hombre Hispano del Año. ¿Como aprecia esta labor?
Yo nunca me he separado de la comunidad latina de Tampa. Aquí usamos más el término latino que el de hispano, porque tenemos una mezcla de españoles, italianos e hispanoamericanos. Muchos italianos se casaron con mujeres hispanas y viceversa, lo que ha fusionado a las dos procedencias étnicas. Entonces, para no excluir, en Tampa preferimos decir latinos y no hispanos, aunque en los últimos 25 o 30 años la palabra hispano se ha comenzado a utilizar más.
Pero, en fin, yo siempre he estado muy vinculado a la comunidad nuestra. He estado activo en las comunidades regionales, en el teatro hispano,  en musicales, recitales, en todo lo que tenga que ver con la cultura hispana, que siempre me ha fascinado. En la Universidad del Sur de la Florida, y en otras instituciones, he dado muchas conferencias acerca de la presencia hispana en los Estados Unidos.
Es dentro de esa ­integración con la comunidad que se inserta una especie de tertulia sabatina que usted comparte con un grupo de amigos, ­reuniéndose en un restaurante a desayunar y conversar...
En realidad eso empezó con 4 o 5 amigos: “Oye, vamos a tomarnos un café”. Y nos íbamos al 4 de julio, a Arena Plaza, o  al Gallo de Oro. Más de 20 años estuvimos reuniéndonos en El Gallo de Oro y ahora nos hemos trasladado a El Arco Iris, en la calle Habana. Los temas de esa tertulia no tienen una agenda prefijada; lo mismo uno habla de lo que se está leyendo en el periódico del día, que de un acontecimiento que acaba de ocurrir en la Conchinchina. Se habla de literatura, geografía, de cualquier tema. Eso te estimula la mente y siempre aprendes algo nuevo. Yo siempre salgo enriquecido de esas tertulias. Y ahora también nos reunimos los domingos por la mañana; es el grupito que nos vemos en La Oriental, en la calle Columbus. A unos les gusta la historia antigua, a otros la contemporánea, a otros la poesía, pero siempre es muy interesante.
Es evidente su pasión por la historia. ¿No tiene previsto escribir un libro sobre la historia de la ciudad?
Bueno, a mi me lo han propuesto en muchas ocasiones. Y siempre digo:  Lo voy a hacer. Pero no he comenzado a recopilar los muchos estudios que tengo, con temas variados sobre lo que es la rica historia latina de Tampa. Algunos amigos  han escrito libros muy bien documentados sobre la historia de esta población. Y si Dios quiere, y me da la luz,  algún día podré escribir un libro sobre esta fenomenal ciudad que ha sido acogedora de tantos latinos durante más de 150 años.
¿Sobre la familia?
Soy hijo de españoles y me he casado con una chica de apellido Fernández. Ella nació en Tampa, hija de cubano y tampeña y nieta de españoles. De ese matrimonio, que ha cumplido 55 años, tenemos dos hijas: una es Doctora en Química y vive en Tampa; la otra es Licenciada en Óptica y vive en San Antonio, Texas. Tengo dos nietos universitarios: el mayor de ellos está en su primer año de Medicina en Philadephia y la nieta está cursando el segundo año en la Universidad de ­Oregón.
¿Cuáles son sus  distracciones preferidas?
Me gusta muchísimo la música. Ella ha sido parte de mi vida, desde el momento en que yo podía oír los cantares que me hacían mis padres en la cuna; así que la música ha sido para mí muy importante.  Me apasiona mucho el teatro. Y me gusta, como usted ha dicho, la historia; es lo que más me fascina.  Y gracias a Dios que me dio buena retentiva y puedo recordar cosas que tal vez a otros se le olvidan. Así es con la música: yo recuerdo las canciones que escuché de muchacho. También me ha gustado mucho el cine, desde pequeño yo veía películas y conocía a todos los artistas famosos de la cinematografía mexicana, argentina, cubana, española. Recuerdo a los artistas famosos de los años 40, 50 y principios de los 60, porque veía sus películas, repetía frases que decían y poesías que recitaban.
Entonces, visitaba mucho a La Habana con mis padres, a quienes les gustaba mucho la zarzuela y la cabalgata española. Por eso llegué a aprenderme las canciones que disfrutaba en un teatro famoso de La Habana, el Teatro Martí. Muchos artistas venían desde La Habana a Tampa y traían sus espectáculos, que se presentaban en el Círculo Cubano, en el Centro Asturiano o en el Centro Español de West Tampa.  Siempre había cultura, incluso en el círculo de los afrocubanos, en el Club Martí-Maceo. Siempre había cultura, música, teatro... Es lo que me ha fascinado siempre y me ha ayudado mucho.
¿Hay costumbres, manías, hábitos, de los que usted no se ha querido (o podido) desprender?
Le diré que, como soy graduado de una academia militar, aprendí a limpiar y tener bien preparado el fusil. Lo sigo haciendo para ir de cacería con los amigos. Una vez al año nos damos una escapada al monte, a la caza mayor.
Tengo la costumbre de estar siempre involucrado con la comunidad. La manía de ayudar... porque lo que he llegado a ser, es porque otros me ayudaron. Porque mientras tú estas subiendo los escalones, hay que tomar un momento y mirar atrás, para darle la mano al que viene subiendo después de ti, para ayudarlo a que suba también. Es como se hace comunidad, para dejarla mejor de lo que la encontramos.
¿Algún deseo por cumplir?
Ah, muchos deseos... y pido a  Dios una larga vida para hacer todo lo que me falta por hacer. Me gusta mucho viajar y tengo todavía una lista de países donde quisiera ir. Aprendo mucho, pues comienzo a estudiar el lugar antes de visitarlo.
¿Es Emiliano Salcines un  hombre optimista?
Yo he nacido optimista. He sido siempre del Club Optimista de West Tampa. Veo el futuro con optimismo. Me crece esa inspiración cuando voy a distintas universidades a dar charlas. Cuando percibo el ánimo de los estudiantes, veo que el futuro de este país está en buenas manos.
¿Algún mensaje?
La educación es lo más importante que un padre puede legar a sus hijos. El dinero lo puedes perder, el banco puede irse a bancarrota, pero lo que tú tienes en la mente, lo que tú has aprendido, eso nadie te lo va a quitar.
Tener fe en que Tampa, los Estados Unidos y la humanidad, van a vivir en un futuro mejor.
Gracias, Salcines, por el privilegio de poder transmitir en “La Gaceta” el mensaje que viene de una vida ejemplar. Y rogamos a Dios que  sea una vida centenaria.