jueves, 29 de junio de 2017

La Gaceta, 95 años con Cuba


Cuando Victoriano Manteiga fundó, en el Ybor City de 1922, un periódico hispano al que bautizó con el nombre de La Gaceta, seguramente no alcanzó a imaginar que 95 años después su publicación gozaría de buena salud, en manos del nieto a quien contribuyó a formar y cuyo nombre –Patrick–  guarda una sutil asociación con el de patria, a la que tanto el abuelo alentó en su magna obra.
En el momento del 95 cumpleaños de La Gaceta –la más antigua publicación en español de la Florida que vive aún–, me detengo en uno de sus ángulos permanentes: la atención ­detallada a los acontecimientos que proceden de la isla de Cuba. Puede decirse, sin exageración, que este periódico tampeño es un registro de la ­historia de Cuba  durante casi cien años.
La enorme presencia cubana en La Gaceta se adhiere al origen de su fundador y al compromiso constante, de hondo sentimiento patriótico, con que asumió hasta el final de su vida a la tierra que lo vio nacer. Entre 1893 y1982  discurre la existencia fructífera de un hombre inteligente, decidido, valiente, quien puso la palabra y la acción en absoluta correspondencia con las causas de su tiempo que consideró progresivas para la humanidad.

La inserción de Manteiga en el corazón de Ybor City se produce cuando aún la ciudad florecía en torno a las fábricas de tabaco que le dieron esplendor desde finales del siglo XIX, en un ambiente donde cubanos, españoles e italianos marcaron el sello identitario más visible de la pujante comunidad. Él llegó en 1914, en el despuntar de la juventud, con lecturas suficientes para ascender al asiento del lector de tabaquería, donde antes escalaron Dolores Poyo, Ramón Rivero, Bonifacio Byrne y tantos hombres ilustres. Todavía vivían muchos de los que oyeron en el Liceo Cubano los discursos de José Martí y miembros de la primera generación de la república cubana.
Victoriano Manteiga
Los primeros años de Victoriano en Tampa coincidieron con el estallido y terminación de la Primera Guerra Mundial. En 1922, a cuatro años del conflicto bélico, cuando las voces humanistas más profundas del universo comienzan a divulgar los horrores de la guerra con la intención de evitar su repetición, Manteiga decide fundar La Gaceta, que sería una voz más de ese empeño  humanista. Entonces, en Cuba, donde el periodista fija primero su atención, el gobierno estaba en manos de Alfredo Zayas, expresión de los “generales y doctores” que el escritor Carlos Loveira identificara con el caudillismo criollo en que derivó la soñada república nacida en 1902. Desde los primeros números, La Gaceta se ocupó de informar, día a día, todo el acontecer político, económico, social, cultural, deportivo, acaecido en la Isla, con tal abundancia que parecía una extensión  de las publicaciones realizadas en ella.
Así, desde las primeras páginas estuvieron reflejados en ella  los acontecimientos históricos que a partir de la década de 1920 jalonaron el curso de la nación. Al ser imposible en este espacio hacer siquiera un registro sintético de esa presencia, quiero detenerme en uno de sus momentos definitorios: la caída del gobierno de Gerardo Machado, a partir del levantamiento popular contra su dictadura.
He revisado en los últimos días algunos números de La Gaceta correspondientes a días anteriores y posteriores al 12 de agosto de 1933, fecha en que Gerardo Machado abandona el poder y el país, empujado por una huelga general obrera, la oposición creciente de partidos políticos, las luchas estudiantiles y, ­finalmente, el retiro del apoyo de Estados Unidos. El 1.º de julio de 1933, Manteiga escribe en su columna diaria ‘Chungas y no chungas’:   “Los amigos del general  Machado dicen que éste se haya dispuesto a aceptar todas las condiciones que el embajador Welles le imponga, pero a cambio de que se le deje en la presidencia hasta 1935”. Es el momento, anterior a su caída, cuando el embajador estadounidense, Summer  Welles, mediaba entre el gobierno y la oposición en un último intento por resolver la crisis.
La reacción del periodista tampeño, en plena coincidencia con los latidos del pueblo cubano, apunta: “Una cosa no admitirá la oposición y no puede ser admitida: que Machado continúe ‘desgobernando’ hasta 1935.”
En la edición del 6 de julio, unas notas reflejan la sagacidad con que Manteiga advirtió el peligro de una atmósfera donde los ajustes de cuentas personales podrían derivar –como derivaron–  en ajusticiamientos por mano propia, pidiendo que la justicia no fuera mezclada con el crimen. A su vez, indicaba el camino democrático que requería el país:  “Hay que gobernar para todos los cubanos, y arrancar la semilla de la tiranía, distribuyendo la democracia que tanta falta hace, la genuina democracia”.
El 10 de agosto, Manteiga está informando en los cintillos de su Diario, a la par de los periódicos cubanos: “Machado declaró la Ley marcial en Cuba (...) La huelga general se mantiene en toda la isla”, y explicando “…la vigorosa protesta de los trabajadores, abrumados por la miseria y las iniquidades del machadato”.
El 11 de agosto, cuando escribe que ya “…Welles notificó al déspota, indicándole que para bien del pueblo debía ausentarse, nombrando un nuevo secretario de estado,  el Dr. Carlos Manuel de Céspedes”, el periodista, a tono con el fino humor de sus ‘Chungas y no chungas’, se vuelve más irónico: “El ‘gallo’, que pronto cesará de cacarear, tiene que marcharse”.
Ocurrió en las horas siguiente y el 12 los lectores  de La Gaceta pudieron leer en las calles de Tampa: “Ha caído cubierto de fango, y en su desesperación tratando de entregar el gobierno a los soldados americanos, no a un presidente provisional cubano. El ‘animal’ se ha marchado y que Dios le perdone todas la atrocidades de su régimen de violencia”.
El 16 de agosto, Manteiga dio a conocer en su columna una carta que había dirigido al presidente Franklin D. ­Roosevelt en los días previos a la dictadura machadista, en la que describía la situación por la que estaba pasando Cuba y la necesidad de que su gobierno mediara en su solución. “Si usted le pide al presidente de Cuba que devuelva a los cubanos los derechos que les ha arrebatado, el Gral. Machado renunciará y Usted habrá prestado otro servicio a la justa causa de miles de hombres que son acosados por la Dictadura”, le dice en uno de sus párrafos.
Como se hace evidente en las diferentes citas elegidas, la condición informativa del periodista se mezcla con el sentimiento del patriota cubano que siempre fue Victoriano Manteiga. Por ello, a los 95 años de la fundación de La Gaceta, sea el primer homenaje para su insigne fundador.
II
Un ángulo interesante de las intensas relaciones de La Gaceta con Cuba se relaciona con el nivel de cercanía que su fundador, Victoriano Manteiga, desarrolló con personalidades relevantes de la historia de la Isla.  Su intercambio epistolar o conversacional con Eduardo Chibás, Ramón Grau San Martín, Fidel Castro y otras figuras que jugaron roles descollantes en la política cubana a partir de la década de 1920, son pruebas inequívocas de la implicación permanente del periodista de Tampa en las causas cubanas.
Hurgando en las páginas viejas de una publicación que llega a los 95 años con toda vitalidad, encuentro una prueba más de los estrechos vínculos de Victoriano con cubanos ilustres. Esta vez, me refiero a sus lazos con  Fernando Ortiz, el sabio cubano de mayor universalidad en el campo de las Ciencias Sociales, quien como antropólogo, etnólogo, jurista, historiador, geógrafo, arqueólogo, periodista, editor, creó una obra imperecedera. Tantos aportes hizo Ortiz a la cultura cubana, al conocimiento de sus raíces, sincretismos y composición nacional, que se le ha visto como un segundo descubridor de la Isla, un término más exacto que el otorgado a Cristóbal Colón.

En una nota que apenas se propone presentar un intercambio epistolar entre Fernando Ortiz y Victoriano Manteiga, sólo quiero señalar que el intelectual cubano era ya una de las figuras más descollantes del ambiente científico y cultural de la Isla y sus publicaciones  llamaban la atención en Europa y Estados Unidos, cuando conoció al periodista tampeño. Ortiz, comprometido con la lucha antimachadista, vivió exiliado en Washington entre 1931 y 1933, desde donde jugó un papel importante en el derrocamiento de aquella dictadura. En ese ambiente se origina la relación entre Ortiz y Manteiga y las cartas que presentamos son un reflejo del aprecio que sintió el uno por el otro.
Fernando Ortiz
Las misivas fueron publicadas en La Gaceta, el 23 de agosto de 1933, en la sección “Chungas y no chungas” y esta es la segunda vez que se dan a conocer. En esa fecha, Ortiz estaba viajando en barco hacia La Habana, donde se celebraba la huída del tirano Machado. Al darlas a conocer en su periódico, Victoriano ­escribió: “El Dr. Ortiz es una personalidad cumbre en la nueva era republicana y deseamos al noble amigo un regreso feliz”.
Fragmentos de  la carta de Victoriano Manteiga a Fernando Ortiz
Don Fernando: algunos caudillos deseaban la intervención, pero conseguimos evitarla; algunos políticos deseaban ver a los soldados americanos en las calles de La Habana, mas logramos impedirlo, con la decisiva cooperación del Presidente Roosevelt; algunos caudillos prometían para engañar, con la esperanza de que el gobierno de Washington interviniera.
(…)
Ahora, en la República sin tiranía, usted volverá a sus labores, si el pueblo no lo llama a ocupar un alto puesto o el gobierno,  y este periodista tampeño que iniciara su protesta al día siguiente del asesinato de Armando André y la mantuviera hasta la caída del tirano, continuará escribiendo, sin esperar recompensa de Cuba.
(…)
Tampoco usted pide nada por sus afanes y por sus importantes servicios.
Hemos servido a la causa de la libertad y lo hemos hecho como nativos de Cuba y como ciudadanos.
(…)
Para las nuevas luchas que surjan, en honor de Cuba, cuente con nosotros. 
Carta de Fernando Ortiz a Victoriano Manteiga
Washington, agosto 21, 1933
Sr. Victoriano Manteiga
Tampa
Querido amigo:
Unas líneas de despedida. El jueves saldré para Cuba, volviendo por Key West, por donde vine a este Washington, hace unos tres años, a socavar el baluarte de la barbarie que nos envilecía, aquí donde tantas eran las  influencias poderosas coadyuvantes. Me voy para Cuba satisfecho de haber visto la vía por donde nuestro pueblo podrá recuperar plenamente su soberanía, burlada lustro tras lustro por una liga de cubanos y extranjeros, todos unos a explotarnos y traernos a miseria y deshonor. Y crea que me veo muy obligado con usted, que sin conocerme, me acompañó desde su diario, dándome públicamente su apoyo y consejo. He leído ayer su recuerdo. Gracias. Si no fuera apremiante mi regreso a Cuba, no podría disculparme el no llegarme a Tampa para estrechar su manos. Pero ya nos veremos un día… Y no necesitarán colaboraciones, que volverán a juntarnos.
En La Habana me tendrá pronto, en O’Reilly 8, como un abogado vuelto a sus papeles después del “pleito grande”; o en L y 27, Vedado, como un “encuevado” entre librajos y cosas de la tierra, Donde quiera me encuentre, tendrá estas manos abiertas el noble amigo,
Suyo, devoto
     Fernando Ortiz.
Habría que seguir rastreando en las páginas de La Gaceta, para saber si en los años siguientes, en los que Manteiga se mantuvo atento a Cuba,  llegaron a darse la mano estos dos grandes hombres.



jueves, 8 de junio de 2017

Sobre las visitas de Martí a Tampa: las razones de Emiliano Salcines

Cuando en 1999 vine a Tampa por primera vez, in­vitado por la Universidad del Sur de la Florida a impartir una conferencia sobre José Martí, hablé a un grupo de profesores y estudiantes so­bre las 11 visitas conocidas del Apóstol cubano a la Flori­da, desde su arribo a Tampa el 25 de noviembre de 1891, hasta su presencia en Fer­nandina en enero de 1895. En esas 11 ocasiones, estuvo en Tampa más de una vez. En un momento de la charla, un profesor pidió la palabra para decir que un notable aboga­do de la ciudad, apasionado de la historia, sostenía que Martí había estado en Tampa por lo menos 20 veces. Creo que en aquel momento no mencionó su nombre, pero unos años más tarde, ya resi­diendo yo en esta maravillosa ciudad, quiso la vida darme el privilegio de la amistad con el prestigioso letrado, Emiliano Salcines, conocido y respeta­do por tres generaciones de tampeños.

De der. a izg. Emiliano Salcines, Patrick Manteiga, Eusebio Leal y Gabriel Cartaya

Es natural que el tema José Martí haya estado presente en las diversas pláticas que hemos sostenido. Cuando fi­nalmente he leído un extenso artículo que Salcines publicó en La Gaceta, en su edición del 27 de junio del año 1997, titulado “Las 20 visitas do­cumentadas de José Martí a Tampa”, he comprendido que, en la diferencia numéri­ca con que ambos hemos se­guido la presencia de Martí en esta ciudad, la mejor razón es la de Emiliano Salcines.

Hace un tiempo publiqué un artículo en este mismo perió­dico, donde men­cioné la cifra de 17 visitas. Tuve en cuenta, esencialmente, las propias confe­siones conocidas de Martí, otras fuentes primarias y la cronología que el investiga­dor cubano Ibra­hín Hidalgo ha ido actuali­zando durante años, a partir de una acuciosa investiga­ción. A pesar de que incluí las llegadas breves a Tampa cuando regresaba de Cayo Hueso, no consideré algunas por no encontrar mención a ellas en ningún documento.
  
Pero Salcines me ha co­mentado, con una lógica irrebatible, que el viaje del Cayo a Nueva York, a fines del siglo XIX, requería de dos boletos obligados: el pri­mero para el barco que lle­gaba al puerto tampeño y el segundo en ferrocarril para seguir hasta Nueva York. Sólo unos años más tarde, Flagger llegó en tren hasta el sur, a través de los cayos. Con la sexta visita me que­daban dudas, porque, aun­que Hidalgo señala el 7 de noviembre como su salida de Nueva York, debió hacer­lo dos o tres días antes, de los que no hay pruebas rela­cionadas con otra labor suya que lo hiciera imposible. Sa­bemos que se requerían algo más de dos días en ferrocarril de Nueva York a Tampa y 18 horas más en barco para arribar al Cayo, de manera que era im­posible completar la travesía entre el 7 y el 9.

Cuando en mayo de 1893 está regresando de Cayo Hue­so, tampoco se menciona que llegara a Tampa, lo que es inobjetable con el mismo razo­namiento, aunque su última señal en Cayo Hueso pertene­ce al 16 y al 20 su estancia en Nueva York, lo que hace posi­ble su presencia en las calles tampeñas al menos por un día. Lo mismo ocurre con la visita de octubre de 1892, que sólo se considera su presencia en esta ciudad cuando está yendo para el cayo del sur el 3 de octubre, pero se obvia su llegada al regresar, que debió ser el 6 o el 7, porque el 8 se encuentra en Jacksonville, ya camino hacia el norte.
     De manera que a mi cifra de 17, sumándole dos en que regresa del Cayo y otra en ida hacia él, no apuntadas en la documentación conocida, pero justificadas con el cono­cimiento de las vías de trans­porte utilizadas en su tiempo para estas travesías, se jus­tifica el número 20 que ha sido apuntado por Emiliano Salcines.

Y como el encanto de la eterna indagación nos re­serva siempre una sorpresa, una mirada detenida otra vez en nuestro viajero, nos regala una visita número 21: porque si el 5 de septiem­bre de 1893 salió de Nueva York y el 8 lo están recibien­do en Cayo Hueso, hay que sumar esta presencia de Martí a la querida ciudad del “con todos y para el bien de todos”. En­tonces ésta la ano­tamos como número 13 y corremos las siguientes hasta el número 21, favoreciendo a la intuición con que Salcines ha venido sospechando que había algu­na visita más a las anotadas en su excelente artículo.
  
Creo en la verdad del co­razón y con ella, acompaña­da a la lucidez de su pensa­miento, ha mirado Emiliano Salcines la presencia de José Martí en Tampa, una ciudad en la que quiere y es querido y donde también él ha prota­gonizado, como jurista, pro­fesor e historiador, páginas que engrandecen la huella hispana –mejor, la presencia humana— desde esta por­ción del universo. De ma­nera que el artículo de Salci­nes, aparecido en La Gaceta tampeña el 27 de junio de 1997, lo tomamos como una contribución valiosa para se­guir los pasos del gran ame­ricano por nuestra ciudad y damos gracias sinceras a su autor.
Publicado en La Gaceta, el 5 de septiembre de 2014


viernes, 2 de junio de 2017

Momentos de un diálogo con Ariel Quintela, un paladín en el renacer de Ybor City

 “Queremos crear un mundo nuevo”, me dijo Ariel Quintela, en un momento de la grata conversación que sostuvimos la semana pasada, a sólo unos metros de donde, hace más de 125 años, José Martí dijo –en su primer discurso de Tampa– que había encontrado una comunidad “con las manos puestas en la faena de fundar”. Fundar, entonces aludía a la creación de una república libre, democrática y próspera, desde un sitio donde cientos de familias cubanas estaban gestando un  pueblo nuevo –el pueblo de Ybor City–, junto a españoles, italianos,  estadounidenses y personas de otras procedencias.
 Más de un siglo y cuarto después, cuando el tiempo   ha   deteriorado las edificaciones que
vieron florecer a Ybor City entre finales del siglo XIX y principios del XX, la ciudad ha encontrado un apasionado constructor que no sólo sueña con recuperar aquel esplendor arquitectónico, sino que ha puesto manos a la obra para  conseguirlo. Es Ariel Quintela, de origen cubano y habitante de esta ciudad, tan enamorado de su pasado histórico como de la obra de conservación que se empeña en legar al futuro.
 He visto a Quintela con un manojo de fotografías, croquis y mapas en la mano, explicando  a quienes le rodean el origen  de algunos edificios importantes de  Ybor City –los que ha  adquirido junto a Darryl ­Shaw–, señalando el deterioro en que los ha recibido,  la historia que guardan y los pasos de  su recuperación. Es evidente el entusiasmo con que el urbanista, al hablar sobre sus proyectos, imagina estos espacios convertidos en oficinas, restaurantes y, esencialmente, poblados con nuevas familias.  
 ¿Con qué antecedentes te has entregado a una obra de esa envergadura?, quise saber, cuando, haciendo un breve espacio en su ocupada agenda laboral, me recibió en una de sus salas de trabajo.
 Yo no sé si uno nace con eso. Desde pequeño veía a mi padre atareado con materiales de construcción. Me empezó a gustar ese mundo de edificar. Cuando tenía algo más de 20 años, compré una propiedad –con la ayuda de mi padre, claro– . Allí fabricamos 8 apartamentos y dos casas. Entonces no sabía mucho de eso y dependía de los contratistas. Pero comencé a fijarme en todo el proceso de la construcción y notaba que muchas veces las cosas no se hacían como a mi me gustaba. Siendo así, decidí adquirir mi licencia para, en vez de buscar a contratistas, dirigir yo las obras. Así empecé, comprando solares,  comprando edificios pequeños para renovarlos. Como ya había creado mi propia oficina, comencé a buscar a los obreros, los que seguían mis instrucciones en toda la obra de edificación.

 ¿Siempre en Tampa?
 Sí, desde hace más de 25 años estoy construyendo en este lugar.
 ¿Y cómo nació la idea de invertir en edificios viejos de Ybor City?
 ¡Ybor City es un mundo tan diferente y tan hermoso!  Tú miras estos edificios viejos y piensas en quienes vivieron aquí, en quienes estuvieron en este lugar. En tal caso, uno sueña con volverlos a ver como fueron. Esa fue la primera motivación para comenzar a adquirir edificios vinculados a la historia de Ybor City.
 Una motivación importante es la historia, las personalidades que estuvieron aquí, no sólo José Martí, sino todos los que le ayudaron. Por eso los edificios van a recibir el nombre de esas  figuras históricas.
 ¿De qué edificios se trata?
 Uno de los edificios, que pronto vamos a ­inaugurar, tendrá el nombre de “Martí”.   Será un hermoso inmueble, de 130 mil pies cuadrados, con 128 apartamentos para familias y 8 mil pies cuadrados para espacio comercial. Es en la entrada a Ybor City por la Séptima Avenida.
 También está la “Casa Pedroso”, que se llamará así por Ruperto y Paulina Pedroso, en cuya casa se hospedó Martí. Tendrá 7500 pies de espacio comercial y 33 apartamentos para vivienda familiar.
Al lado estará el edificio “Bomberos”, en el mismo lugar donde estuvo la primera unidad de bomberos de Ybor City. Tenemos las fotografías del edificio primario y vamos a recuperar su sello original. Cuando lo terminemos, va a lucir como cuando lo fabricaron, a fines de la década de 1880.
 Otro edificio llevará el nombre de Fernando Figueredo Socarrás, ¿verdad?
 Correcto. Va a ser aquí, al lado de donde está la Casa Martí-Maceo. Lo hemos bautizado como edificio “Socarrás”, pues Fernando fue uno de los que más ayudó a Martí, aquí en Tampa.  Tendrá 18 mil pies dedicados a área comercial y 21 apartamentos.
 ¿Otros proyectos?
 Bueno, está el edificio “Oliva”, de 38 apartamentos, ya está en proceso su construcción. Tendrá 30 mil pies cuadrados en total. En esa obra mantendremos la fachada arquitectónica de la antigua fábrica de tabaco Oliva.
 Estará la “Casa Buchman”, cuyo primer piso tendrá 6 mil pies cuadrados de espacio comercial y habrá 8 apartamentos en el segundo piso.
 Muy pronto se va a terminar el edificio “Don Vicente”, con cuyo apelativo se honra a Martínez Ybor,  quien le dio nombre a este pueblo.  En este edificio, situado en la calle 14, estuvieron las oficinas de Martínez Ybor. Al frente estaba su fábrica, en cuya escalera de entrada se tomó la fotografía de Martí. El mes que viene queda inaugurado.
 También tenemos un edificio que recibirá el nombre de “Juan Gualberto Gómez”,  a quien Martí le envió la Orden de Alzamiento para iniciar la Guerra de Independencia en la Isla. Este será de 21 apartamentos y el primer piso se destinará a un restaurante.
 Queremos crear un mundo nuevo. Un edificio no es importante, ni dos, ni diez edificios –dice Quintela– .  Lo importante es ver a muchas familias viviendo aquí, familias de todas las edades, de todas las culturas, ver que se vuelve a poblar Ybor City y que la ciudad recupera el esplendor que tuvo en otro tiempo. Eso es lo importante.
 La conversación con Quintela se extendió a otros temas relacionados con la historia de Ybor City, con anécdotas sobre las figuras que él ha privilegiado para que sus nombres identifiquen estos espacios.
 Al final, miro al rostro del tenaz urbanista, en el que adivino sinceridad. Entonces, uso una broma para decir lo que pienso sin lastimar la evidente sencillez –verdadera grandeza– de un hombre que llegó a Tampa siendo un niño de diez años y hoy, dado su talento y voluntad,  hace inversiones millonarias que enriquecen a la ciudad: en Ybor City –le digo–, un edificio del futuro podría llamarse Ariel Quintela, en honor a quien le devolvió el esplendor a esta ciudad.
 Sonríe y le doy la mano, hasta una nueva conversación.
Publicado en La Gaceta, el 2 de junio, 2017

jueves, 25 de mayo de 2017

Entrevista a José Ramón Cabañas, embajador de Cuba en Estados Unidos

Por Gabriel Cartaya

El pasado 12 de marzo, el embajador de Cuba en Estados Unidos, Sr. José Ramón Cabañas Rodríguez, realizó una visita a la ciudad de Tampa, momento que aprovechó para visitar Ybor City, especialmente los sitios vinculados a la presencia de José Martí en la ciudad. En un momento, le expresé el deseo de que me respondiera algunas preguntas para el periódico La Gaceta,  a lo que no sólo accedió, sino que con gentil prontitud respondió a ellas.
   
Después de más de 50 años del cierre de la Embajada de Cuba en los Estados Unidos, a usted le correspondió el papel histórico de ser nombrado el primer Embajador  en su ­reapertura. ¿A qué antecedentes se debió  la confianza ­depositada en usted para tan alta responsabilidad?

 Somos producto de la Revolución Cubana y de las oportunidades que ella creó para todos nosotros. Fui el primer miembro de mi familia que tuvo acceso gratis a una educación universitaria de alta calidad. Mi Alma Mater es el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García, donde ha estudiado la inmensa mayoría de los diplomáticos cubanos actuales. Los graduados de esa alta casa de estudios participaron en las negociaciones que trajeron la paz a Angola, la Independencia a Namibia y el fin del Apartheid a Sudáfrica. Durante muchos años combatieron los intentos de aislar a Cuba en los organismos internacionales y más recientemente han contribuido al proceso de Paz en Colombia, por sólo mencionar algunos momentos descollantes de la diplomacia cubana. Respecto a las relaciones con Estados Unidos, hemos aprendido del verbo y la experiencia de Fidel y de Roa, de las infinitas negociaciones en que participó Ricardo Alarcón, de la habilidad extraordinaria de Ramón Sánchez Parodi como primer Jefe de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington. La reapertura de las embajadas se produjo como resultado de un proceso de negociaciones dirigido por nuestro presidente Raúl Castro, supervisado por el ministro Bruno Rodríguez y bajo el liderazgo de la compañera Josefina Vidal y en el que participaron muchos funcionaros que no han tenido un reconocimiento público. Llegamos a este momento gracias a la lucha de once millones de cubanos educados, orgullosos y saludables. Nosotros somos uno más.

 En los últimos días, representantes del gobierno encabezado por Donald Trump han hecho declaraciones que indican que el actual Presidente de los Estados Unidos ha pedido una revisión de las relaciones con Cuba. ¿Hasta dónde esos pronunciamientos crean incertidumbre sobre el futuro próximo de esas relaciones?

Se nos ha informado oficialmente que tiene lugar un proceso de revisión de la política hacia nuestro país, algo que es normal cuando un nuevo gobierno entra en funciones. Ha habido especulaciones al respecto, pero la actual Presidencia aún no se ha pronunciado sobre eso y, por lo tanto, habrá que esperar. Mejorar las relaciones con Cuba tiene el apoyo del 75% del electorado de Estados Unidos y apoyo similar entre cubanoamericanos. Demócratas y republicanos apoyan ese cambio, es decir, no se trata de un tema que divide al país, sino que lo une.
  En los dos últimos años hemos firmado 22 memorandos de entendimiento en una diversidad de áreas para beneficio mutuo, que van desde la Salud y el restablecimiento de los vuelos directos, hasta la protección del Medio Ambiente y la colaboración entre agencias responsables en la Aplicación de la Ley. El Acuerdo Migratorio del 12 de enero pasado ha llevado a cero la migración ilegal por mar desde Cuba hasta Estados Unidos. A pesar de las restricciones de viaje, crece en un 118% la cantidad de visitantes a Cuba desde Estados Unidos. En los últimos meses he tenido la posibilidad de reunirme con muchos políticos y ciudadanos en Illinois, Michigan, Ohio, Kentucky, Florida; otros funcionarios nuestros han visitado Texas, California, Filadelfia, Arkansas y lo que vemos son más y más personas felices de poder participar en una relación de nuevo tipo con Cuba. Honestamente, no hemos encontrado a nadie que quiera retroceder.

Entrada al Parque "Amigos de José Martí", en Ybor City
 Algunos observadores creen que el número de visitas de estadounidenses a Cuba va a ir creciendo, hasta alcanzar unos dos millones anuales para el 2025. ¿Es usted optimista con relación a este pronóstico?

 Los viajes a Cuba se están incrementando al ritmo que ya mencioné, algunos observadores dicen que la cifra de dos millones podría lograrse mucho antes, aún con las restricciones de viaje hacia Cuba que están vigentes. Llegar a esos totales significaría también que se expanden las relaciones no sólo con las principales líneas aéreas y las líneas de cruceros, sino con aquellas agencias de viaje que dan el servicio a los pasajeros y le brindan información sobre los destinos. Estamos trabajando para ello. Lo lógico sería devolverle la libertad al ciudadano estadounidense de poder viajar a Cuba libremente.

Raúl Castro ha confesado que en el 2018 termina su responsabilidad en la dirección máxima del gobierno cubano. ¿Qué figuras del liderazgo revolucionario cubano están en condiciones de sustituirlo en la presidencia del país?

El próximo ciclo electoral en Cuba comenzará el próximo mes de octubre con la elección de delegados a nivel de circunscripciones. En Cuba, se eligen además delegados del Poder Popular para asambleas en 169 municipalidades y después para asambleas en 15 provincias. A continuación serían las elecciones a la Asamblea Nacional, esta elige al Consejo de Estado y este a su Presidente. Es por tanto muy temprano para hablar de candidatos y de sustitutos. De lo que no deben caber dudas es de que el liderazgo electo estará comprometido con el programa de modernización de nuestro sistema político-económico, basado en un debate popular previo que fue refrendado en ley y con las metas que nos hemos propuesto para el 2030. La Revolución Cubana de 1959 es una continuación del Grito de Independencia de Carlos Manuel de Céspedes de 1868 y de la Guerra Necesaria de 1895, es un proyecto de 150 años que no se detendrá. Los cubanos no hablamos en términos de sucesiones, sino de continuidad.

 ¿Creé usted que el capital privado se irá incrementando en Cuba en los próximos años, aun cuando los principales medios de producción mantengan la propiedad estatal?

 Ya se ha producido un movimiento importante de trabajadores que han ido del aparato estatal o de empresas estatales a formas productivas, o de servicios, privadas y cooperativas. Los acuerdos y documentos a los que me refería en la pregunta anterior recogen claramente los espacios económicos en los que se desarrollará esa actividad, mientras que el Estado se encargará de las ramas estratégicas. Hay un sector de la población que obtiene ingresos que puede reinvertir en esas formas productivas, pero no considero que sea de una magnitud como para hablar de un capital privado doméstico significativo en la economía. Hay un capital privado extranjero que ha tenido y tiene un papel importante en nuestra economía, a la luz de los cambios que se han hecho en nuestra legislación y de proyectos tan significativos con la Zona Económica de Desarrollo en el Mariel, provincia de Artemisa. Hay varias áreas de nuestra economía abiertas a la inversión extranjera y tenemos no sólo nuevas empresas de todos los continentes llegando a Cuba, sino que se registra ya la reinversión de aquellos que están en el país después de 20 o 25 años.

Es evidente el apoyo del pueblo estadounidense a las relaciones de su gobierno con Cuba, como lo es el del pueblo cubano a favor de la amistad entre los dos países. ¿Sería esa voz popular determinante en el fortalecimiento de la relaciones entre los dos países?

 Esa voz ha sido determinante hasta ahora y lo seguirá siendo. Como dije antes, mejorar las relaciones con Cuba tiene el apoyo de al menos el 75% de la población estadounidense. Cada vez que un ciudadano o residente de este país viaja a Cuba regresa diciendo exactamente los mismo: “Cuba no es lo que me habían dicho”. Es innumerable la cantidad de vínculos bilaterales que han establecido los artistas, los científicos, los líderes religiosos, los deportistas, los jóvenes a título personal. Muchas personas han visitado La Habana y otras ciudades cubanas en las que son recibidos con hospitalidad, lo mismo sucede con los ciudadanos cubanos que vienen a Estados Unidos. El bloqueo que Cuba ha sufrido por 55 años no ha logrado impedir que nuestros dos pueblos se identifiquen y se relacionen.

 Finalmente, al periódico La Gaceta, de una estrecha relación con Cuba desde hace casi 100 años, le gustaría ser portavoz de unas palabras suyas al pueblo de Tampa.

 Como dijera el historiador de La Habana, Dr. Eusebio Leal Spengler, en una visita que realizara en el 2015, Tampa y especialmente Ybor City es un lugar de peregrinaje obligado para los cubanos. Los ciudadanos de esta ciudad saben que son los protectores de un patrimonio histórico inmenso para explicar la historia común de nuestros países. Aquí se siente todavía hoy la presencia revolucionaria de José Martí y de muchos otros patriotas cubanos, se respira el sudor de los tabaqueros que apoyaron  la guerra por la independencia de Cuba, se percibe la solidaridad de una población que se siente cercana a nuestro país y que quiere tener una relación más directa con la Isla. En los archivos de La Gaceta se atesora una de las colecciones más impresionantes de documentos cubanos. Les agradecemos a todos su constante acompañamiento y su amistad.
Publicada en La Gaceta, el 26 de mayo, 2017.

viernes, 19 de mayo de 2017

El 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos: “en peligro de dar mi vida”

Por Gabriel Cartaya

El domingo, 19 de mayo de 1895, José Martí madrugó con el contento de saber que aquel largo campamento se estaba terminando y al fin podría seguir hacia las tierras de Camagüey.  Amaneció más protegido que nunca, pues al otro lado del río, en Vuelta Grande, está  Bartolomé Masó con unos trescientos hombres armados. Llegaron a Dos Ríos al oscurecer del sábado y después de saludar a Martí y a los 10 o 12 hombres que le acompañaban, siguieron hasta La Vuelta Grande, al otro lado del Contramaestre, donde acamparían y sostendrían, al día siguiente, la necesaria conversación.
   Casi una semana llevaba Martí en la finca La Bija, en la casa campamento  de Rafael Pacheco. La razón de  la  demora se explica  por la necesidad  de reunirse con Bartolomé Masó. Este se había desplazado hasta  Sabana Hato del Medio, cumpliendo una citación de Antonio Maceo para una concentración de  fuerzas que al final fue suspendida; pero cuando Martí y Gómez pasaron por aquel lugar, suponían al General manzanillero en sus propios predios. El día 12, al saber su destino, le escriben citándolo a Dos Ríos. Tres días después, a falta de noticias suyas, vuelven sendas cartas del General y el Delegado para reiterarle la urgencia del encuentro: “Para seis días va ya que andamos buscándolo (...) en estas tierras de donde creímos que andaría cerca”.
 Mientras esperaba por Masó, Martí escribe la extensa “Circular A los Jefes y Oficiales del Ejército Libertador”, donde se ajustan medidas, comportamientos, principios, que seguramente no se habían elaborado antes porque se preveía  la creación pronta del gobierno que se ocuparía de ello. Pero ante la demora de la proyección  constitutiva, se tornaba imprescindible establecer la política de la guerra. El resto de la semana, a más de las ocupaciones  propias de campamento –con el placer del baño en  el río Contramaestre–, el Maestro y sus ayudantes estuvieron reproduciendo la Circular para que llegara a todos los jefes y oficiales de la manigua.
 El 18 de mayo fue un buen día, aunque sin tiempo para reflejarlo en el Diario de Campaña. Probablemente iba a escribir en  él  cuando  terminara  la carta a su amigo Manuel Mercado, pero ni ésta pudo concluir. De todos modos, en su última epístola escribió pronunciamientos ideológicos tan concluyentes, que muchos la  consideran un testamento antimperialista: “Cuánto hice hasta hoy, y haré, es para eso: impedir a tiempo que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Pero también, la carta al amigo da luz sobre sus próximos pasos, demeritando opiniones a veces delirantes sobre una posible salida suya del escenario de la guerra, o  una motivación suicida en la coronación de un viacrucis predestinado.
Obra de Alberto Nuevo,
  Manzanillo, Cuba, 2001
 Cómo creer en una evasión del héroe, cuando afirma, el 18 de mayo, que al terminar la entrevista con Masó “seguimos camino al centro de la isla”.
 Todo lo que habla de ese  viaje a Camagüey –anunciado a Salvador Cisneros Betancourt desde Dos Ríos–,  tiene que ver con la formación del gobierno, porque valora la posibilidad de que a fines de julio ya estén creadas las condiciones para la reunión de la Asamblea Constituyente. Por ello dice al hermano mexicano: “Puede  aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno”.   Después de su muerte este proceso se dilató y vino a materilizarse en septiembre de aquel año, en Jimaguayú. Iba a extenderse en la carta a Mercado, a quien no le escribía hacía mucho tiempo. Ya iniciaba confesiones más íntimas, “puesto delante lo de interés público”,  cuando la pluma se levanta de la palabra “honestidad”, ante el sonido de una caballería que no le dejó terminar la frase: ¡Al fin, Bartolomé Masó!
 También fue buena la noche. Tanto sabía el Maestro del Héroe de Bayate que, al abrazarlo, siente como si lo conociera de toda la vida. Conversaron, de taburete a  taburete, en  el  bohío  campesino de  La  Bija, alumbrándose con velas la primera parte de la noche. Después de un diálogo de comprensión, el ilustre manzanillero volvió a su montura para llegar a la Vuelta Grande,  al otro lado del río. Sin embargo, José Martí no tuvo  calma ni tiempo para volver a la escritura. Se acostó un poco. Todavía dormían los gallos en Dos Ríos cuando él, a orillas del caballo ensillado, garabateó una hoja de papel extraída de las alforjas, para que alguien  corriera a Gómez con la noticia:  “Como a las 4 salimos, para llegar a tiempo a La Vuelta a donde pasó desde las 10 la fuerza de Masó. [...]  No estaré tranquilo hasta  no verlo  llegar  a Ud”.  
 Al filo del mediodía Martí estaba tranquilo y eufórico.   Gómez lo anotó en su  Diario:  “Pasamos  un  rato de verdadero entusiasmo (...) Martí habló con verdadero ardor y espíritu guerrero”.  A un lado se veía la inmensa plaza de  hierba verde, al otro la floresta copiosa, atajada por la corriente desbordada del Contramaestre, silenciada ante  la voz que se fue desgranando en la tribuna telúrica de sus márgenes; en el cielo unas nubes oscuras dieron sombra un instante a la sabana, para que los trescientos hombres que aplaudían pudieran ver bien la luz que acompañaba al tribuno, con una voz nunca oída: el  Apóstol diciendo que él iría hasta la cruz para ver libres a los hombres y a la patria.  A Manuel Piedra Martel, que estaba oyendo, le pareció ver  “a Moisés en el desierto, guiando a los judíos hacia el país de Canaán y trasmitiéndoles los Diez Mandamientos escuchados  en las teofonías del  Sinaí”.    
 El fuego del sol, pasado el cenit, estaba  en el pecho de los hombres –mientras cambiaban las miradas de Martí a Gómez, de éste a Masó, a Borrero y otra vez a Martí–, cuando de repente una voz gritó que se acercaba una tropa española. El temperamento  del  Viejo  –a casi veinte años de sus últimos combates– fue más rápido que su cerebro de jefe militar. Al trueno de su voz, los hombres saltaron a unos caballos que fueron puestos a todo galope, pero a los pocos kilómetros supieron que la tropa española no estaba en ese lado del  río, donde habrían dado una magnífica carga de caballería.
 En aquel momento, los españoles habían acabado de llegar, bajo el mando del Coronel Ximénez de Sandoval, por el camino de Remanganaguas.  No era este su destino, pero los atrajo la información de que en este lugar acampaban, con poca gente, los más grandes jefes insurrectos. Preparó a su tropa en escalones oblicuos, para cubrir todos los senderos por donde podía avanzar la caballería cubana, incluyendo el paso del Salvial, por donde los lugareños cruzaban el río.
 Máximo Gómez no sabía la ubicación enemiga, ni cuántos eran, aunque él nunca miró si las fuerzas contrarias triplicaban las suyas a la hora de arremeter. Cuando llegó al paso de Dos Ríos, vio que su vanguardia eludía la creciente, buscando un paso mejor. Lanzó su alazán al peligro de la creciente, con el Estado Mayor detrás y un grupo de valientes que le secundan. ¡Allí iba José Martí!, dijeron después varios testigos: Gómez –aun cuando sus versiones son varias y contradictorias–, Dominador de la Guardia, Marcos del Rosario,  Manuel Piedra Martel, Enrique Céspedes Romagoza, Masó Parra y el mismo Angel de la Guardia –su único compañero en el trance final.
 A poco más de un kilómetro de vadear el río, chocan  con la avanzada enemiga, la que fue aniquilada. Algunosos españoles caen, otros huyen. Es el momento en que el Generalísimo, en el ardor de la primera arremetida victoriosa, ordena la táctica del combate:  A Paquito Borrero, que con unos hombres avance por el flanco derecho, pegándose al río. Él se abrirá por el flanco izquierdo, para entrar por la retaguardia enemiga.  Masó y los suyos atacarán por el centro. En aquel instante, al mirar a Martí transfigurado, tal vez le gritó que se quedara  atrás, como él dijo después haberle ordenado. Pero todavía, soltando las bridas, le pidió a un soldado desconocido –Ángel de la Guardia– que acompañara al Delegado.
 Por un instante, Martí tuvo a su caballo enfrenado. ¿Cómo podría obedecer a Gómez? Había llegado la hora de entrar a la caballería. Mira al soldado de veinte años,  sin saber  su nombre: Vamos a la carga, joven. Tal vez pensó que cortando espacio, en la línea recta, podría alcanzar al grupo de Borrero. Mira hacia la casa de Rosalío Pacheco, con las puertas cerradas.  Atraviesa la talanquera, seguido de Angel. Volvió a espolear, aflojando las bridas. A un lado ve temblar la piel cuarteada de un dagame, al otro mecerse a una jatía y más allá unos maniguazos ocultando el trillo del Salvial. Lo alumbra un rayo de sol que atraviesa las nubes, cuando un plomo le rompe el pecho, otro le corta un verso en la garganta, y cae a la tierra enrojecida.  
 (Tomado de mi libro inédito Domingos de tanta luz y publicado en La Gaceta, el 19 de mayo, 2017)


viernes, 28 de abril de 2017

Dos libros del profesor Matt A. Casado

Por Gabriel Cartaya

  La semana pasada, el historiador Matt A. Casado me hizo llegar sus dos últimos libros publicados: California hispana: descubrimiento, colonización y anexión por los Estados Unidos y La guerra hispano-estadounidense de 1898: versión norteamericana de la contienda. En ambos casos, son textos de algo más de doscientas páginas, con una exquisita presentación, cuyos títulos llaman la atención sobre dos temas que se insertan en las relaciones e impacto de Estados Unidos con la hispanidad. El interés en ese vínculo histórico y cultural, descrito con agudeza, tal vez subsista en la propia condición del autor, español de origen y radicado en Estados Unidos durante cuatro décadas, donde se desempeña como  Profesor  Emérito en la  Universidad del Norte de Arizona.

  California hispana es un estudio que parte desde el propio descubrimiento de esa región por los españoles, cuando en 1542 Juan Rodríguez Cabrillo entra en la bahía de San Diego y Monterrey. De esa fecha hasta que  el vasto territorio pasa a ser un estado más de la Unión Americana, en 1850, hay  tres siglos de historia que son  atendidos por la mirada inquisitiva del profesor Casado, que permite captar la propuesta que el autor nos indica en el pórtico de su libro:  “la epopeya del pueblo hispano en Alta California”.
  El libro de Casado sobre la era española de California ofrece múltiples beneficios al lector, tanto al historiador que requiere de una confiable base documental y bibliográfica, bien manejada por el autor;  al geógrafo en la ubicación de un extenso territorio que se fue demarcando entre México y Estados Unidos;  a los estudiosos de las misiones religiosas en América, especialmente la  presencia de jesuitas y franciscanos; a los etnógrafos, antropólogos, señaladamente en el impacto de la cultura europea en las comunidades autóctonas y aportando a la antroponimia los nombres anteriores a los que hoy designan a diversos pueblos de ese estado. Pero el libro no sólo beneficia al estudioso de estas disciplinas, pues se abre, con un lenguaje claro y accesible a todos los que se interesan en la historia de la formación de  los Estados Unidos, en la riqueza aportada por la cultura hispana  a esta nación, en el conocimiento de la compleja hibridez con que, violenta o pacíficamente,  se han entremezclado en esta región las culturas creadoras de la California actual.
  El segundo libro que el generoso autor me hizo llegar en el mismo sobre –con una portada donde el título me ayuda a identificar al acorazado Infanta María Teresa–, es La Guerra hispano-estadounidense de 1898: versión norteamericana de la contienda, también es significativo. En algo más de 230 páginas, Casado profundiza en los antecedentes que determinaron la intervención de Estados Unidos en la Guerra de Independencia de Cuba, dando lugar al conflicto que algunos llaman Guerra hispano-cubano-americana, otros Guerra hispano-americana y a la que el autor nombra con el título señalado.
  Casado ofrece una cronología inicial en su libro que permite ubicarse en  cada momento determinante de los acontecimientos previos y hasta el desenlace del conflicto, que él sitúa entre el 24 de febrero de 1895, con el inicio de la guerra de independencia en Cuba, hasta el 10 de diciembre de 1898, cuando culmina el conflicto sin presencia cubana a la hora de los acuerdos entre potencias imperiales, aunque agrega dos fechas que se salen de la promesa del título: el inicio de la guerra estadounidense contra los rebeldes filipinos, el 4 de febrero de 1899 y la muerte del presidente McKinley, asesinado el 14 de septiembre de 1901.
 
Cuando nos estamos acercando al 120 aniversario de los acontecimientos que se narran en este libro, el profesor Casado ha hecho un aporte parcial a su entendimiento, al exponer  el movimiento de las tropas estadounidenses y españolas, –centradamente navales– en los hechos que llevaron a la rendición de España y la toma de sus últimas posesiones en América por Estados Unidos.
  Casi no existen referencias en el libro a la presencia del Ejército Libertador de Cuba en el marco de estos acontecimientos, la fuerza independentista que estaba ganando la guerra cuando se produce la intervención de Estados Unidos. En la cronología sólo se apunta la batalla de las Guásimas, sin reflejarse todo el impacto de la expedición de los mambises hacia occidente. Si no otros momentos de la actuación de los libertadores cubanos en el acto de la rendición de España,  debió destacarse por lo menos la actitud del Mayor General Máximo Gómez ante el desenlace de la guerra, o el apoyo del Mayor General Calixto García a las fuerzas interventoras en su empuje por tierra para la toma de Santiago, incluída la humillante postura de la dirección estadounidense al escamotearle su participación a la hora de recibir la ciudad liberada. En el epígrafe “Avance del ejercito Americano sobre Santiago” se menciona que “El general rebelde Castillo participó con sus tropas” (pag. 150) sin escribirse su nombre completo (Demetrio Castillo Duany) y de Calixto García que “se ordenó a García avanzar por el camino del Caney” (pag. 156).
  Probablemente, la bibliografía con que contó el autor influyó en la escasa presencia cubana en los acontecimientos narrados. En las 26 fuentes señaladas, no sólo está ausente la autoría cubana, sino también la española.
  Con las carencias que toda obra de esta naturaleza alberga, esta vez más en lo factual que en lo analítico, el libro de Casado se suma a la extensa bibliografía con que se ha expuesto, desde diversas posiciones teóricas e ideológicas, el acontecimiento que inauguró la expansión de Estados Unidos por las Antillas. De todos modos, el autor nos promete en el prefacio entregarnos una descripción donde  se “narra la epopeya” , lo que consigue con una escritura muy digna de nuestro idioma.



jueves, 6 de abril de 2017

Il Volo en Tampa por segunda vez

 Por Gabriel Cartaya

El pasado jueves, la Sala Morzani del Straz Center, en Tampa, llenó sus 2610 butacas con un público que con gran entusiasmo recibió por segunda vez a tres jóvenes cantantes que se han convertido en ídolos de la ciudad, como lo son a nivel internacional.
 Con aplausos prolongados fueron recibidos el barítono Gianluca Ginoble y los tenores Ignazio Boschetto y  Piero Barone, a quienes todo el mundo conoce como Il Volo, lo que en nuestro idioma se traduce como El vuelo.
    El público estadounidense conoce a este trío casi desde su aparición, en 2009, pues su primer album “Il Volo” fue grabado entre Los Ángeles, Roma y Londres. Sus temas “O sole mio”, “Il Mondo”, “Un amore cosi grande” y otros de factura latinoamericana como “El reloj”, de Roberto Cantoral, han sido repetidamente aplaudidos en decenas de escenarios del mundo y al llegar a Tampa, por segunda vez, encontraron un apasionado auditorio que coreó y ovacionó sus interpretaciones.

 Por eso, cuando iniciaron el espectáculo con la canción “Nessum dorma”, que por su impacto es casi siempre un número de finalizar, ellos pudieron sentirse, a su vez,  amados por la concurrencia de esta ciudad.
 Una razón especial para la identificación de Tampa con Il Volo, más allá de la excelencia de sus interpretaciones, procede del triángulo idiomático de sus letras, frente a un público en cuyas raíces el inglés, el español y el italiano se mezclaron desde el siglo XIX, como pudo constatarse en la presencia de asistentes de estas tres procedencias en el Straz Center, aplaudiendo canciones en cada uno de estos idiomas.
El concierto ofrecido por Il Volo en Tampa, el pasado 30 de marzo, es parte de la gira mundial que realizan en homenaje a los tres grandes tenores –Luciano Pavarotti, José Carrera y Plácido Domingo–  y que incluye a 15 ciudades estadounidenses, entre las que Tampa ha tenido la dicha de ser elegida. En estos conciertos incluyen canciones del disco que dedicaron a esos míticos antecesores suyos y que nombraron “Notte magica: a tribute to the  three tenors”, que recientemente ocupó el primer lugar en la lista de música clásica de Billboard.
 Los jóvenes tenores de Il Volo, que han expresado desde nacer honda admiración por Pavarotti, Carreras y Domingo, han logrado un nivel de interpretación digna de esas figuras que le sirvieron de inspiración, como pudo apreciarlo el público tampeño una vez más. En ello, es justo decirlo, jugó un papel significativo el acompañamiento musical, a cargo de una orquesta que ejecutó a la perfección cada ritmo requerido por las voces de los jóvenes cantantes.
 Para acrecentar la alegría entre una y otra interpretación musical, los jóvenes artistas mantuvieron un diálogo animado con el público, con anécdotas, chistes y frases que, entre risas y aplausos, consiguieron una noche delirante vestida de buena música, maravillosas canciones y mensajes positivos.
 Al final, los organizadores del espectáculo propiciaron un diálogo más íntimo entre los cantantes virtuosos y parte de la audiencia, para entre fotos y palabras dejar grabado en el recuerdo de los asistentes una noche de verdadero arte. A su vez, para que Gianluca, Ignazio y  Piero, reunidos en Il Volo, escucharan decir, en italiano, español e inglés, que en Tampa siempre les esperamos.