Recientemente visité al historiador y antropólogo José Jiménez Santander, en su apartamento de Madrid. Pepe, como le llaman sus familiares y amigos, fue mi alumno en Niquero, Cuba, cuando cursaba la secundaria básica. Graduado de la universidad trabajó en el Instituto de Antropología de Cuba y lleva ya varios años radicado en España. He seguido en los últimos años un grupo que fundó en Facebook con el nombre Patrimonio Fotográfico de Niquero, de cuya fuente principal ha publicado dos libros y tiene un tercero en preparación.
Al apreciar la larga investigación que realiza para
desentrañar la historia detrás de las imágenes, aprecio el valor que asume su
obra como legado historiográfico y como modelo metodológico para quienes, a
partir de fotografías de su propio pueblo –lugares, personas–, entienden que la defensa de la memoria
colectiva es imprescindible para la preservación de la identidad y cultura a la
que pertenecemos.
Le pedí a Jiménez Santander responder unas preguntas para La
Gaceta, de Tampa, pues no es ajeno a ninguna ciudad exponer lo que en cualquiera
de ellas se hace a favor del cuidado de su historia.
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| Con Yeyé, en la casa de Pepe, en Madrid. |
Nací allí, un precioso pueblo a orillas del mar Caribe, en le región oriental de Cuba, a 100 km al suroeste de Bayamo, 180 al oeste de Santiago de Cuba, y esa misma distancia al norte de Montego Bay, en Jamaica.
Variadas fueron las motivaciones, la primera la fuerte incidencia que recibí de mi entorno familiar. Nací del clan de los Morín, cuyo patriarca había fundado en 1917 el primer gran centro cultural del pueblo: el Teatro Morín, que por décadas fungió como el epicentro cultural del pueblo. Era mi única familia, mis dos abuelas, la materna y la paterna eran hermanas e hijas del patriarca y ambas se casaron con españoles, cuyas familias nunca conocí.
Al morir el fundador (1952) (mi abuela paterna recibió como herencia un tercio de las acciones del teatro y le rogó a mi padre que comprara a mis tíos los dos tercios restantes, en una acción que salvara la impronta cultural de la familia, más como una acción de salvamento que por los beneficios económicos,
Seis años después (1958), con mi padre consolidado al frente de la institución cultural, llegué a este mundo y a esa cotidianidad familiar. El cine fue el patio y la extensión de mi casa, mi primera escuela, allí heredé estas pasiones por la patria chica, o la matria como la llaman algunos.
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| Fotografía tomada del grupo Patrimonio Fotográfico de Niquero |
La Patria me llegó por la matriarca, la bayamesa Caridad Frías Figueredo, (la bisabuela), al frente de la crianza de sus 10 hijos, con una mayor incidencia sobre las seis hembras, (todas de armas tomar), donde estaban mis dos abuelas Irene y Emelina. Caridad descendía de dos familias mambisas con muchos de sus miembros asentadas en el pueblo, entre ellos sus hermanos: Francisco y Eugenio Frías Figueredo, emparentada además con Perucho Figueredo, autor del Himno Nacional de Cuba.
En el campo espiritual este amor a Niquero quedó santificado por las alabanzas de nuestro eterno Maestro Espiritual, Juan Bautista Lavie (Francia 1884 – Manzanillo 1945). De él es la bella frase: “Niquero de mis amores”.
La fotografía me llegó por mi madre, que a principios de los años 60 compró una cámara fotográfica 120 (de cajón) con la que se obtenían excelentes resultados, pero ante nuestra atracción la familia adquirió una muy buena cámara alemana que resultó la consagración de mis sueños.
La atracción por la Historia, la memoria y la fotografía abrieron la puerta para que en 1973, con 15 años, comenzara oficialmente a generar una obra para enaltecer aquella memoria de cómo tantos clanes familiares se fusionaron para dar paso a un sello único, Niquero.
Utilizo el término clanes para identificar a las familias, porque en un período de 10 años aproximadamente –entre 1895 y 1905– se generalizó la presencia de empresas norteamericanas en Cuba, cuando la ciudad era aún un pequeño caserío de pescadores. Terminada la guerra en el 1898 y finalizado el colonialismo español, se fabricaron nuevas industrias, muchas de azúcar, con la necesidad de contratar mano de obra especializada y del día a la mañana irrumpieron en el pueblo varias familias, con sus linajes, rangos y que con los años se mezclaron.
Hace unos años todavía, al conocerte te preguntan: ¿de qué familia eres? Entonces debo decir: de los Morín, ¡Ah, de los Morin!, sin tilde, te responden, cada clan tenía su nombre y su apodo. Una vez que el clan de los Morín se fue mezclando y perdiendo actualidad, ahora cuando alguien del pueblo me pregunta ¿de qué familia eres?, debo responder: de los Santander, cuyo patriarca fundador fue Casimiro Santander, de origen cántabro, porque no existe uno de los Jiménez.Te confesaré además que el apodo de los miembros del clan Santander es “Tres aceites”; otros son Los gatos, los Camellos, los Cangrejo, los Mantequilla, los Mata de coco y otros muchos, incluso algunos peyorativos.
¿A que dificultades te has enfrentado en este propósito?
Muchas dificultades he tenido que enfrentar, algunas
demoledoras, pero ninguna que con sumo amor no pudiera ser rebasada. Lo más
complejo ha sido enfrentar las verdades y los sesgos defendidos desde
trincheras construidas en ambos lados.
Razones pueden sobrar, pero no es el sitio para ello, se ha
de proceder con inteligencia; la rabia fomenta el odio, la incomprensión, lo
contrario de la memoria que es amor, es de todos y para todos,
independientemente de su filiación política o religiosa.
En la iglesia se habla de Dios, en la familia de amor, en la
oficina de trabajo, en el partido de política, lo contrario te excluye. Un alto
por ciento de los grupos de Facebook entre cubanos colapsó o ha perdido su
esencia ante la frenética progresión de insultos entre radicales.
Algunos celos he tenido que enfrentar, atacantes, o
“francotiradores” que, ante un pequeño detalle, un apellido, una fecha, un
nombre, pretendieron devaluar un amplio tratado. Los conversé con amor, pero los enfrenté con
rigor; no los bloqueé.
Otra dificultad, no menor, que tuve que controlar y resolver
fue velar por el respeto irrestricto a las opiniones de todos los miembros sin
permitir ofensas ni vejaciones. Prohibí el uso de apodos, muy comunes en el
pueblo, pero muchas veces denigrantes, más en Niquero donde familias enteras
arrastran un mote.
De 11 mil miembros, me he visto en la obligación de bloquear
a menos de diez, ninguno por diferencias políticas o religiosas, en todos los
casos por incumplir reiteradamente las normas de la página.
Las redes sociales, especialmente Facebook, han sido de
vital importancia en la recuperación del material gráfico que presentas en
Remembranzas de mi pueblo. ¿Cómo ha reaccionado la comunidad niquereña ante el
conocimiento de una obra que realizas des de Madrid?
Por la riqueza del material que tenía acumulado sabía que el
resultado y la aceptación iba a ser muy elevada, pero todas mis expectativas
fueron insuficientes, la reacción y la aceptación han sobrepasado por miles
cualquier idea que tuviera al inicio.
Me siento realizado y feliz, escribir para mi pueblo, que me
sigue, ha sido mi mayor éxito en 40 años de vida profesional como historiador.
Otra sorpresa ha sido como se ha comprometido la inmensa mayoría del pueblo en
el proyecto del patrimonio fotográfico de Niquero, incluso aportando imágenes
que nadie conocía.
En tu libro se destaca tu formación como historiador y
antropólogo, al aportar criterios novedosos y análisis al conocimiento de
Niquero. ¿Podrías referirte a algunos de ellos?
Tomé como estrategia realizar profundas investigaciones en
los temas que más han motivado a toda la ciudad. En el primer tomo abordé el
origen del nombre de Niquero –que no proviene del vocablo nigüero, como muchos
dicen– y los mitos y verdades sobre el apresamiento del general mambí Ramón
Leocadio Bonachea en ese lugar. En el segundo tomo, propongo la fecha real del
arribo de Cristóbal Colón al Cabo de la Santa Cruz el 14 de octubre de 1494 y
no el 3 de mayo como se ha sostenido. Y
en un tercer tomo la definición de los fundadores del pueblo y la fecha de
fundación.
¿Que ha significado para ti, desde la distancia de Madrid,
el enriquecimiento de tus relaciones con niquereños de varias generaciones a
partir de tus libros?
Ha sido la consagración de mis sueños, el éxito final, el
premio a 50 años estudiando su historia. Mil gracias, niquereños.
¿Crees que esta obra puede ser un referente para que otros
realicen un trabajo similar con su propia ciudad? ¿Qué le dirías a quienes
tengan esta aspiración?
Sin dudas que la obra se ha convertido en un referente y ya
se repite en varios pueblos de Cuba utilizando o reajustando el proyecto a su
realidad. Algunos se han comunicado conmigo, otros han tomado la metodología y
mi deseo es que a todos les vaya bien. ¿Qué les digo a los que se comunican
conmigo? Primero, que no duden en hacerlo, nuestros pueblos y ciudades
necesitan de este tipo de proyectos de enriquecimiento patrimonial. Que se
realce la historia local, que no la subestimen, que la antepongan a la historia
nacional e internacional, este es su espacio y todo análisis debe partir de
hechos locales y después relacionarlos con todo lo acontecido.
No descartar ninguna imagen, todo depende de la calidad de
la descripción y de las opiniones que van surgiendo. Nunca convertir a las
personas con defectos físicos o enfermedades nerviosas o psiquiátricas como
ganchos de popularidad, si se incluyen se comenta incluso con mayor respeto que
a los demás.
Es imprescindible, además: referenciar cada criterio,
comentario, aporte, rectificación, ese respeto por la autoría de cada opinión
es de vital importancia para propiciar la participación. Confeccionar archivos
para llevar el más estricto control de propiedad de cada imagen a modo de
expediente: “Enviadas por”, “Publicada por” con archivos digitalizados de cada
nombre, donde se ha de incorporar un archivo de texto con las explicaciones del
propietario.
¿Qué ha significado para ti vivir lejos de tu pueblo natal?
El que nace en un pueblo periférico –como Niquero– y tiene aspiraciones de salir
adelante en cualquier disciplina, necesita acercarse a los altos centros
educativos, a las grandes ciudades, convencido de que después podrá enaltecer, apoyar, hacer visible a aquellos
que quedaron. Las personas viven orgullosas de encontrar un ingeniero, un
maestro, un médico, un investigador,
quien será de su pueblo viva donde viva. Somos muchos por todo el mundo,
somos los embajadores de nuestras raíces. No conozco un solo niquereño que no
diga con orgullo: yo soy de Niquero.
Así que nunca he vivido lejos de Niquero. Está en mí,
respira, me inspira, viaja conmigo, está en mi mente, en mi corazón. Niquero
está en cada uno de los niquereños dispersos por el mundo, es un manantial que
fluye y se porta en el pecho. “Patria es humanidad”, es mi preferida frase del
Apóstol.
Muchas gracias, Pepe, y felicidades por tu hermosa obra.




