viernes, 2 de octubre de 2026

El patrimonio fotográfico en la historia de un pueblo

 Recientemente visité al historiador y antropólogo José Jiménez Santander, en su apartamento de Madrid. Pepe, como le llaman sus familiares y amigos, fue mi alumno en Niquero, Cuba, cuando cursaba la secundaria básica. Graduado de la universidad trabajó en el Instituto de Antropología de Cuba y lleva ya varios años radicado en España. He seguido en los últimos años un grupo que fundó en Facebook con el nombre Patrimonio Fotográfico de Niquero, de  cuya fuente principal ha publicado dos libros y tiene un tercero en preparación.

Al apreciar la larga investigación que realiza para desentrañar la historia detrás de las imágenes, aprecio el valor que asume su obra como legado historiográfico y como modelo metodológico para quienes, a partir de fotografías de su propio pueblo –lugares, personas–,  entienden que la defensa de la memoria colectiva es imprescindible para la preservación de la identidad y cultura a la que pertenecemos.

Le pedí a Jiménez Santander responder unas preguntas para La Gaceta, de Tampa, pues no es ajeno a ninguna ciudad exponer lo que en cualquiera de ellas se hace a favor del cuidado de su historia.

Con Yeyé, en la casa de Pepe, en Madrid.

Sé que eres un apasionado niquereño y aunque llevas muchos años lejos de tu pueblo, este siempre está en ti. ¿Qué te motivó a coleccionar tantas imágenes de Niquero y juntarlas en una obra que ya tiene dos libros publicados?

Nací allí, un precioso pueblo a orillas del mar Caribe, en le región oriental de Cuba, a 100 km al suroeste de Bayamo,  180 al oeste de Santiago de Cuba, y  esa misma distancia al norte de Montego Bay, en Jamaica.

Variadas fueron las motivaciones, la primera la fuerte incidencia que recibí de mi entorno familiar. Nací del clan de los Morín, cuyo patriarca había fundado en 1917 el primer gran centro cultural del pueblo: el Teatro Morín, que por décadas fungió como el epicentro cultural del pueblo. Era mi única familia, mis dos abuelas, la materna y la paterna eran hermanas e hijas del patriarca y ambas se casaron con españoles, cuyas familias nunca conocí.

Al morir el fundador (1952) (mi abuela paterna recibió como herencia un tercio de las acciones del teatro y le rogó a mi padre que comprara a mis tíos los dos tercios restantes, en una acción que salvara la impronta cultural de la familia, más como una acción de salvamento que por los beneficios económicos,

Seis años después (1958), con mi padre consolidado al frente de la institución cultural, llegué a este mundo y a esa cotidianidad familiar. El cine fue el patio y la extensión de mi casa, mi primera escuela, allí heredé estas pasiones por la patria chica, o la matria como la llaman algunos.

Fotografía tomada del grupo Patrimonio Fotográfico de Niquero

La Patria me llegó por la matriarca, la bayamesa Caridad Frías Figueredo, (la bisabuela), al frente de la crianza de sus 10 hijos, con una mayor incidencia sobre las seis hembras, (todas de armas tomar), donde estaban mis dos abuelas Irene y Emelina. Caridad descendía de dos familias mambisas con muchos de sus miembros asentadas en el pueblo, entre ellos sus hermanos: Francisco y Eugenio Frías Figueredo, emparentada además con Perucho Figueredo, autor del Himno Nacional de Cuba.

En el campo espiritual este amor a Niquero quedó santificado por las alabanzas de nuestro eterno Maestro Espiritual, Juan Bautista Lavie (Francia 1884 – Manzanillo 1945). De él es la bella frase: “Niquero de mis amores”.

La fotografía me llegó por mi madre, que a principios de los años 60 compró una cámara fotográfica 120 (de cajón) con la que se obtenían excelentes resultados, pero ante nuestra atracción la familia adquirió una muy buena cámara alemana que resultó la consagración de mis sueños.

La atracción por la Historia, la memoria y la fotografía abrieron la puerta para que en 1973, con 15 años, comenzara oficialmente a generar una obra para enaltecer aquella memoria de cómo tantos clanes familiares se fusionaron para dar paso a un sello único, Niquero.

Utilizo el término clanes para identificar a las familias, porque en un período de 10 años aproximadamente –entre 1895 y 1905– se generalizó la presencia de empresas norteamericanas en Cuba, cuando la ciudad era aún un pequeño caserío de pescadores. Terminada la guerra en el 1898 y finalizado el colonialismo español, se fabricaron nuevas industrias, muchas de azúcar, con la necesidad de contratar mano de obra especializada y del día a la mañana irrumpieron en el pueblo varias familias, con sus linajes, rangos y que con los años se mezclaron.

Hace unos años todavía, al conocerte te preguntan: ¿de qué familia eres? Entonces debo decir: de los Morín, ¡Ah, de los Morin!, sin tilde, te responden, cada clan tenía su nombre y su apodo. Una vez que el clan de los Morín se fue mezclando y perdiendo actualidad, ahora cuando alguien del pueblo me pregunta ¿de qué familia eres?, debo responder: de los Santander, cuyo patriarca fundador fue Casimiro Santander, de origen cántabro, porque no existe uno de los Jiménez.

Te confesaré además que el apodo de los miembros del clan Santander es “Tres aceites”; otros son Los gatos, los Camellos, los Cangrejo, los Mantequilla, los Mata de coco y otros muchos, incluso algunos peyorativos.

¿A que dificultades te has enfrentado en este propósito?

Muchas dificultades he tenido que enfrentar, algunas demoledoras, pero ninguna que con sumo amor no pudiera ser rebasada. Lo más complejo ha sido enfrentar las verdades y los sesgos defendidos desde trincheras construidas en ambos lados.

Razones pueden sobrar, pero no es el sitio para ello, se ha de proceder con inteligencia; la rabia fomenta el odio, la incomprensión, lo contrario de la memoria que es amor, es de todos y para todos, independientemente de su filiación política o religiosa.

En la iglesia se habla de Dios, en la familia de amor, en la oficina de trabajo, en el partido de política, lo contrario te excluye. Un alto por ciento de los grupos de Facebook entre cubanos colapsó o ha perdido su esencia ante la frenética progresión de insultos entre radicales.

Algunos celos he tenido que enfrentar, atacantes, o “francotiradores” que, ante un pequeño detalle, un apellido, una fecha, un nombre, pretendieron devaluar un amplio tratado.  Los conversé con amor, pero los enfrenté con rigor; no los bloqueé.

Otra dificultad, no menor, que tuve que controlar y resolver fue velar por el respeto irrestricto a las opiniones de todos los miembros sin permitir ofensas ni vejaciones. Prohibí el uso de apodos, muy comunes en el pueblo, pero muchas veces denigrantes, más en Niquero donde familias enteras arrastran un mote.

De 11 mil miembros, me he visto en la obligación de bloquear a menos de diez, ninguno por diferencias políticas o religiosas, en todos los casos por incumplir reiteradamente las normas de la página.

Las redes sociales, especialmente Facebook, han sido de vital importancia en la recuperación del material gráfico que presentas en Remembranzas de mi pueblo. ¿Cómo ha reaccionado la comunidad niquereña ante el conocimiento de una obra que realizas des de Madrid?

Por la riqueza del material que tenía acumulado sabía que el resultado y la aceptación iba a ser muy elevada, pero todas mis expectativas fueron insuficientes, la reacción y la aceptación han sobrepasado por miles cualquier idea que tuviera al inicio.

Me siento realizado y feliz, escribir para mi pueblo, que me sigue, ha sido mi mayor éxito en 40 años de vida profesional como historiador. Otra sorpresa ha sido como se ha comprometido la inmensa mayoría del pueblo en el proyecto del patrimonio fotográfico de Niquero, incluso aportando imágenes que nadie conocía.

En tu libro se destaca tu formación como historiador y antropólogo, al aportar criterios novedosos y análisis al conocimiento de Niquero. ¿Podrías referirte a algunos de ellos?

Tomé como estrategia realizar profundas investigaciones en los temas que más han motivado a toda la ciudad. En el primer tomo abordé el origen del nombre de Niquero –que no proviene del vocablo nigüero, como muchos dicen– y los mitos y verdades sobre el apresamiento del general mambí Ramón Leocadio Bonachea en ese lugar. En el segundo tomo, propongo la fecha real del arribo de Cristóbal Colón al Cabo de la Santa Cruz el 14 de octubre de 1494 y no el 3 de mayo como se ha sostenido.  Y en un tercer tomo la definición de los fundadores del pueblo y la fecha de fundación.

¿Que ha significado para ti, desde la distancia de Madrid, el enriquecimiento de tus relaciones con niquereños de varias generaciones a partir de tus libros?

Ha sido la consagración de mis sueños, el éxito final, el premio a 50 años estudiando su historia. Mil gracias, niquereños.

¿Crees que esta obra puede ser un referente para que otros realicen un trabajo similar con su propia ciudad? ¿Qué le dirías a quienes tengan esta aspiración?

Sin dudas que la obra se ha convertido en un referente y ya se repite en varios pueblos de Cuba utilizando o reajustando el proyecto a su realidad. Algunos se han comunicado conmigo, otros han tomado la metodología y mi deseo es que a todos les vaya bien. ¿Qué les digo a los que se comunican conmigo? Primero, que no duden en hacerlo, nuestros pueblos y ciudades necesitan de este tipo de proyectos de enriquecimiento patrimonial. Que se realce la historia local, que no la subestimen, que la antepongan a la historia nacional e internacional, este es su espacio y todo análisis debe partir de hechos locales y después relacionarlos con todo lo acontecido.

No descartar ninguna imagen, todo depende de la calidad de la descripción y de las opiniones que van surgiendo. Nunca convertir a las personas con defectos físicos o enfermedades nerviosas o psiquiátricas como ganchos de popularidad, si se incluyen se comenta incluso con mayor respeto que a los demás.

Es imprescindible, además: referenciar cada criterio, comentario, aporte, rectificación, ese respeto por la autoría de cada opinión es de vital importancia para propiciar la participación. Confeccionar archivos para llevar el más estricto control de propiedad de cada imagen a modo de expediente: “Enviadas por”, “Publicada por” con archivos digitalizados de cada nombre, donde se ha de incorporar un archivo de texto con las explicaciones del propietario.

¿Qué ha significado para ti vivir lejos de tu pueblo natal?

El que nace en un pueblo periférico  –como Niquero– y tiene aspiraciones de salir adelante en cualquier disciplina, necesita acercarse a los altos centros educativos, a las grandes ciudades, convencido de que después podrá  enaltecer, apoyar, hacer visible a aquellos que quedaron. Las personas viven orgullosas de encontrar un ingeniero, un maestro, un médico, un investigador,  quien será de su pueblo viva donde viva. Somos muchos por todo el mundo, somos los embajadores de nuestras raíces. No conozco un solo niquereño que no diga con orgullo: yo soy de Niquero.

Así que nunca he vivido lejos de Niquero. Está en mí, respira, me inspira, viaja conmigo, está en mi mente, en mi corazón. Niquero está en cada uno de los niquereños dispersos por el mundo, es un manantial que fluye y se porta en el pecho. “Patria es humanidad”, es mi preferida frase del Apóstol.

Muchas  gracias, Pepe, y felicidades por tu hermosa obra.

 

Chucho Valdés, en sus 85 años

 Por Gabriel Cartaya

Con Chucho Valdés, después de disfrutar de
su concierto  en el Straz Center de Tampa

El próximo 9 de octubre Chucho Valdés cumple 85 años y los celebra a plenitud con tres conciertos que dan fe de su vitalidad artística: el primero será en Miami el 3 de octubre y los otros dos en la institución Jazz at Lincoln Center, en Nueva York. En ellos le acompañarán prestigiosos músicos de distintas generaciones, entre los que se encuentran Marcus Gilmore, John Patitucci, Joe Lovano, Terence Blanchard y Roberto Jr. Vizcaíno.

Podríamos decir con satisfacción que a esos tres conciertos le antecedió el que pudimos disfrutar en Tampa el sábado pasado, cuando en el Straz Center se reunió un nutrido público que le ovacionó junto a los tres músicos que forman su nombrado Cuarteto Real: Roberto Vizcaíno en las tumbadoras, Armando Gola en el bajo y Horacio Hernández en la batería.

Sin necesidad de una letra que identificara el mensaje, el jazz afrocubano en las teclas del piano de Chucho, enriquecido con los instrumentos de sus acompañantes, creó la magia que brindó a cientos de  espectadores una atmósfera de plena conexión emocional, entendimiento y disfrute de un regalo de jazz al más alto nivel.

Chucho Valdés es un cubano de pura cepa, como decimos para afirmar  la plena correspondencia entre el comportamiento de la personalidad y la cultura a la cual corresponde. Sus expresiones, gestos, apegos, así lo muestran, pero lo es esencialmente en lo más profundo de su expresión musical. Es de las raíces cubanas y de lo hondo africano y español de donde proceden sus primeros ritmos sinfónicos, enriquecidos en el mundo del jazz a escala universal. Su genialidad, como la de los grandes creadores, está en tomar y enriquecer, en absorber y agigantar el patrimonio heredado.

Con Chucho Valdés y la bailarina Ivone Lemos

La grandeza de Chucho Valdés como músico no se mide en Grammys recibidos, con tal de ser el cubano que ostenta una cifra mayor, como no es grande un escritor por tener un Nobel de Literatura, si bien el premio es un reconocimiento. Lezama y Borges no lo recibieron y están en la cúspide de la literatura hispanoamericana. La grandeza de Chucho descansa en el instante en que varias generaciones, donde se reúnen diversas culturas, lenguas, color de piel y profesión, se levantan a fundir el aplauso con una nota musical suya aún viva en el aire. Y desde ese instante, al legado imperecedero de su creación.

En una  grata conversación telefónica con Chucho previa a su última visita a Tampa, le comenté que si, por sus 80 años, había dado a conocer  la Suite Olodumare, dedicada a la influencia africana en Cuba y el Caribe. Entonces le pregunté si tendríamos algún estreno por los 85.

–Bueno, lo que tengo ahora para los 85 es como un retorno a la primera etapa de mi vida, dentro del jazz, sobre los primeros temas que yo aprendí de jazz de la mano de mi papá. Entonces hice una selección para un concierto que voy a repetir tres o cuatro veces con músicos norteamericanos invitados con Joe Lovano, Terence Blanchard, Etienne Charles, John Patitucci y Roy Haynes, que va a estar en la batería. Imagínate, eso sería como volver a tomar, retomar aquello de mis 19 o 20 años.

- Década del 50, La Habana...

- Exactamente.

 ¿En Tropicana, verdad?

-Ahí se reunía todo el mundo.

-Sí, bueno, estaremos esperando, porque saldría un disco de ahí, ¿verdad?

-Salió un disco de piano hace pocos días, también por los 85. Se llama UNCUT. Se grabó todo continuo, sin ediciones, sin repetir temas ni nada, salió así todo fluido, de una sola vez a piano solo. Ya está en todas las plataformas.

Al saludar a Chucho al final de un emotivo concierto donde fue largamente ovacionado, le oí decir con entusiasmo que, en la primera oportunidad que se le presentara, volvería con mucho gusto a  visitar la ciudad de Tampa.