viernes, 2 de octubre de 2026

Chucho Valdés, en sus 85 años

 Por Gabriel Cartaya

Con Chucho Valdés, después de disfrutar de
su concierto  en el Straz Center de Tampa

El próximo 9 de octubre Chucho Valdés cumple 85 años y los celebra a plenitud con tres conciertos que dan fe de su vitalidad artística: el primero será en Miami el 3 de octubre y los otros dos en la institución Jazz at Lincoln Center, en Nueva York. En ellos le acompañarán prestigiosos músicos de distintas generaciones, entre los que se encuentran Marcus Gilmore, John Patitucci, Joe Lovano, Terence Blanchard y Roberto Jr. Vizcaíno.

Podríamos decir con satisfacción que a esos tres conciertos le antecedió el que pudimos disfrutar en Tampa el sábado pasado, cuando en el Straz Center se reunió un nutrido público que le ovacionó junto a los tres músicos que forman su nombrado Cuarteto Real: Roberto Vizcaíno en las tumbadoras, Armando Gola en el bajo y Horacio Hernández en la batería.

Sin necesidad de una letra que identificara el mensaje, el jazz afrocubano en las teclas del piano de Chucho, enriquecido con los instrumentos de sus acompañantes, creó la magia que brindó a cientos de  espectadores una atmósfera de plena conexión emocional, entendimiento y disfrute de un regalo de jazz al más alto nivel.

Chucho Valdés es un cubano de pura cepa, como decimos para afirmar  la plena correspondencia entre el comportamiento de la personalidad y la cultura a la cual corresponde. Sus expresiones, gestos, apegos, así lo muestran, pero lo es esencialmente en lo más profundo de su expresión musical. Es de las raíces cubanas y de lo hondo africano y español de donde proceden sus primeros ritmos sinfónicos, enriquecidos en el mundo del jazz a escala universal. Su genialidad, como la de los grandes creadores, está en tomar y enriquecer, en absorber y agigantar el patrimonio heredado.

Con Chucho Valdés y la bailarina Ivone Lemos

La grandeza de Chucho Valdés como músico no se mide en Grammys recibidos, con tal de ser el cubano que ostenta una cifra mayor, como no es grande un escritor por tener un Nobel de Literatura, si bien el premio es un reconocimiento. Lezama y Borges no lo recibieron y están en la cúspide de la literatura hispanoamericana. La grandeza de Chucho descansa en el instante en que varias generaciones, donde se reúnen diversas culturas, lenguas, color de piel y profesión, se levantan a fundir el aplauso con una nota musical suya aún viva en el aire. Y desde ese instante, al legado imperecedero de su creación.

En una  grata conversación telefónica con Chucho previa a su última visita a Tampa, le comenté que si, por sus 80 años, había dado a conocer  la Suite Olodumare, dedicada a la influencia africana en Cuba y el Caribe. Entonces le pregunté si tendríamos algún estreno por los 85.

–Bueno, lo que tengo ahora para los 85 es como un retorno a la primera etapa de mi vida, dentro del jazz, sobre los primeros temas que yo aprendí de jazz de la mano de mi papá. Entonces hice una selección para un concierto que voy a repetir tres o cuatro veces con músicos norteamericanos invitados con Joe Lovano, Terence Blanchard, Etienne Charles, John Patitucci y Roy Haynes, que va a estar en la batería. Imagínate, eso sería como volver a tomar, retomar aquello de mis 19 o 20 años.

- Década del 50, La Habana...

- Exactamente.

 ¿En Tropicana, verdad?

-Ahí se reunía todo el mundo.

-Sí, bueno, estaremos esperando, porque saldría un disco de ahí, ¿verdad?

-Salió un disco de piano hace pocos días, también por los 85. Se llama UNCUT. Se grabó todo continuo, sin ediciones, sin repetir temas ni nada, salió así todo fluido, de una sola vez a piano solo. Ya está en todas las plataformas.

Al saludar a Chucho al final de un emotivo concierto donde fue largamente ovacionado, le oí decir con entusiasmo que, en la primera oportunidad que se le presentara, volvería con mucho gusto a  visitar la ciudad de Tampa. 

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