Por Gabriel Cartaya
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| Con Chucho Valdés, después de disfrutar de su concierto en el Straz Center de Tampa |
El próximo 9 de octubre Chucho Valdés cumple 85 años y los celebra a plenitud con tres conciertos que dan fe de su vitalidad artística: el primero será en Miami el 3 de octubre y los otros dos en la institución Jazz at Lincoln Center, en Nueva York. En ellos le acompañarán prestigiosos músicos de distintas generaciones, entre los que se encuentran Marcus Gilmore, John Patitucci, Joe Lovano, Terence Blanchard y Roberto Jr. Vizcaíno.
Podríamos decir con satisfacción que a esos tres conciertos
le antecedió el que pudimos disfrutar en Tampa el sábado pasado, cuando en el
Straz Center se reunió un nutrido público que le ovacionó junto a los tres
músicos que forman su nombrado Cuarteto Real: Roberto Vizcaíno en las
tumbadoras, Armando Gola en el bajo y Horacio Hernández en la batería.
Sin necesidad de una letra que identificara el mensaje, el jazz afrocubano en las teclas del piano de Chucho, enriquecido con los instrumentos de sus acompañantes, creó la magia que brindó a cientos de espectadores una atmósfera de plena conexión emocional, entendimiento y disfrute de un regalo de jazz al más alto nivel.
Chucho Valdés es un cubano de pura cepa, como decimos para
afirmar la plena correspondencia entre
el comportamiento de la personalidad y la cultura a la cual corresponde. Sus
expresiones, gestos, apegos, así lo muestran, pero lo es esencialmente en lo
más profundo de su expresión musical. Es de las raíces cubanas y de lo hondo
africano y español de donde proceden sus primeros ritmos sinfónicos,
enriquecidos en el mundo del jazz a escala universal. Su genialidad, como la de
los grandes creadores, está en tomar y enriquecer, en absorber y agigantar el
patrimonio heredado.
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| Con Chucho Valdés y la bailarina Ivone Lemos |
La grandeza de Chucho Valdés como músico no se mide en Grammys recibidos, con tal de ser el cubano que ostenta una cifra mayor, como no es grande un escritor por tener un Nobel de Literatura, si bien el premio es un reconocimiento. Lezama y Borges no lo recibieron y están en la cúspide de la literatura hispanoamericana. La grandeza de Chucho descansa en el instante en que varias generaciones, donde se reúnen diversas culturas, lenguas, color de piel y profesión, se levantan a fundir el aplauso con una nota musical suya aún viva en el aire. Y desde ese instante, al legado imperecedero de su creación.
En una grata
conversación telefónica con Chucho previa a su última visita a Tampa, le
comenté que si, por sus 80 años, había dado a conocer la Suite Olodumare, dedicada a la influencia
africana en Cuba y el Caribe. Entonces le pregunté si tendríamos algún estreno
por los 85.
–Bueno, lo que tengo ahora para los 85 es como un retorno a
la primera etapa de mi vida, dentro del jazz, sobre los primeros temas que yo
aprendí de jazz de la mano de mi papá. Entonces hice una selección para un
concierto que voy a repetir tres o cuatro veces con músicos norteamericanos
invitados con Joe Lovano, Terence Blanchard, Etienne Charles, John Patitucci y
Roy Haynes, que va a estar en la batería. Imagínate, eso sería como volver a
tomar, retomar aquello de mis 19 o 20 años.
- Década del 50, La Habana...
- Exactamente.
¿En Tropicana,
verdad?
-Ahí se reunía todo el mundo.
-Sí, bueno, estaremos esperando, porque saldría un disco de
ahí, ¿verdad?
-Salió un disco de piano hace pocos días, también por los
85. Se llama UNCUT. Se grabó todo continuo, sin ediciones, sin repetir temas ni
nada, salió así todo fluido, de una sola vez a piano solo. Ya está en todas las
plataformas.


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