viernes, 26 de febrero de 2021

Tampa en el 24 de febrero cubano de 1895

 

Decir que empezó en Tampa la organización de la Guerra de Independencia de Cuba, desatada el 24 de febrero de 1895,  no es una exageración apasionada  de alguien que vive y ama a esta ciudad floridana. Es una realidad histórica avalada por diversos elementos.

   El primer paso que hizo posible el estallido armado de esa fecha en Cuba fue la creación de una organización que cohesionara a los independentistas de la Isla y a los de la emigración y desde su dirección se organizara el alzamiento. Es lo que hizo el Partido Revolucionario Cubanao (PRC), cuyo incubamiento se produjo con la primera visita de José Martí a la ciudad, entre el 26 y el 28 de noviembre de 1891.

Puerto de Tampa en 1895, como lo conoció José Martí

   Una vez que, en esta ciudad, se discuten y aprueban las ideas centrales que darían cauce a la nueva organización revolucionaria, redactadas por Martí y dadas a conocer como Las Resoluciones de Tampa, estuvo claro para el líder que desde aquel momento arrancaba la preparación segura de la gesta armada. El paso siguiente era repetir en Cayo Hueso la jornada tampeña. Para ello viajó otra vez a Florida, llegando a Tampa por segunda vez el 23 de diciembre de 1891, no sólo por la obligatoriedad de tomar en el puerto tampeño el barco que lo llevaría al Cayo, sino también porque sabía la importancia de llegar a aquel lugar acompañado por los principals líderes que aquí ya habían aprobado las nuevas ideas organizativas de la revolución cubana. De manera que el segundo paso en la creación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), encontró en Tampa su primer peldaño, cuando el joven Eligio Carbonell, el veterano Juan Arnao y otros, se sumaron a las primeras reuniones de Martí con los líderes del Cayo.

   En las dos semanas que Martí y sus compañeros de Tampa estuvieron en Cayo Hueso –entre el 25 de diciembre de 1891 y el 8 de enero de 1892– se discutieron los documentos de creación del PRC –las Bases y Estatutos–  y se acordó, en ejemplo de democracia sin precedentes, que debían ser aprobados por los clubes revolucionarios compuestos por los emigrados cubanos en Tampa, Cayo Hueso y Nueva York. Al regreso, desde llegar a Ybor City, se reunieron los miembros de los clubes  Ignacio Agramonte y de la Liga Patriótica Cubana y el día 8 de enero son aprobados por primera vez los documentos que dieron nacimiento a la nueva organización.

   Desde entonces y hasta el estallido de la guerra el 24 de febrero de 1895, todo lo que se hizo en Tampa a favor del triunfo del proyecto martiano estuvo en la primera línea de la consagración al ideal de la independencia de Cuba, en la misma que estuvieron Cayo Hueso, Nueva York, Jacksonville, Ocala, y otras localidades en Estados Unidos, ­Centroamérica, El Caribe. Pero en Tampa, es justo decirlo, es donde menos trabas encontró el plan martiano de organizer la guerra y no hacerla estallar hasta que todas las condiciones fueran favorables. En El Cayo, con toda su grandeza, encontró diversos obstáculos, los más graves procedentes de jefes militares que intentaban alzamientos prematuros por su cuenta. En Nueva Yor enfrentó ataques de independentistas que no coincidían con sus formas organizativas y que encontraron tribuna en periódicos como El Porvenir, de Enrique Trujillo. En Centroamérica, se vio obligado a decidir entre dos grandes líderes militares –Antonio Maceo y Flor Crombet– para organizar la expedición que los llevaría a la guerra; en la propia Cuba, tuvo contradicciones con líderes que le atacaron cuando estaba naciendo el PRC, como la carta ofensiva hecha pública por el coronel  Enrique Collazo.

   En Tampa no tropezó con esos escollos, ni en veteranos de la Guerra Grande como Néstor Carbonell, Juan Arnao o Ramón Cabrera; ni en periodistas como Ramón Rivero, ni en jóvenes intelectuales u otros profesionales. Encontró en ellos y en los tabaqueros tampeños, en primer lugar –fueran de la vieja o la nueva generación, blancos, negros y mulatos, en hombres y mujeres–, una entrega absoluta para que se hiciera posible la gesta armada que se inició el 24 de febrero de 1895 en Cuba, porque ese máximo sacrificio era la única vía para que en aquellas condiciones se pudiera lograr, con la independencia de la Isla, la aspiración de construir una república donde la libertad y la democracia incluyeran a todos sus habitantes.

   En los días previos al alzamiento en Cuba, al que debían incorporarse los principales dirigentes políticos y militares que estaban en el exterior de la Isla,  se desarrolló en Tampa una notable actividad de apoyo a su consecución. Es aquí donde primero llega Gonzalo de Quesada –enviado por Martí que había salido para Santo Domingo a reunirse con Máximo Gómez y juntos embarcar hacia territorio cubano–, a reunir los recursos necesarios para sufragar las expediciones a Cuba, cuando había fracasado el gran plan conocido como La Fernandina. Aquí se torció el tabaco que ocultó el mensaje con la Orden de Alzamiento enviada clandestinamente a la Isla y en breve plazo se entregó a Gonzalo el dinero recaudadado para hacer posible la llegada a Cuba de los Maceo y otros líderes que estaban en Costa Rica. En el periódico Patria se publicó el 11 de marzo de 1895, con el título “Tampa en su puesto” un artículo que expresa el entusiasmo que desató en su población el 24 de febrero: “Tampa, resplandeciente, ha dicho a la luz del mundo que aquí, en este sitio donde se dio comienzo a la obra gigantesca de la formación del PRC (…) los cubanos saben estar en su puesto”.*

*En el libro Tampa en la obra de José Martí, pp. 494-495. Si desa adquirir este libro, puede llamar al 813-849 8113 o escribir al email cartayalopez@gmail.com. También está en Amazón.

 

 

 

 

viernes, 19 de febrero de 2021

Mis recuerdos de Peggie, Madre en La Gaceta

 Conocí a Peggie  Schmechel en junio de 2014, cuando commencé a trabajar en La Gaceta ocupando la posición de editor en espanol. En un pequeño colectivo laboral, compuesto mayoritariamente por miembros de la familia Manteiga y donde  todos hablan  únicamente inglés, mi dificultad para comunicarme en ese idioma parecía ser el inconveniente principal que tendría que enfrentar. Excluyendo esta limitación, las relaciones de trabajo en este lugar han sido positivas.

   En esas circunstancias, la presencia de Peggie me resultó grata y solidaria. Ya tenía más de 80 años cuando la conocí y, con diligencia, llegaba cada mañana a su trabajo, manejando su auto, y entraba saludando a todos con un cariño especial que se le notaba en la mirada. Ser la madre de Patrick –el dueño de esta empresa familiar que pronto llegará a un siglo– no le hacían considerarse con un privilegio especial en su jornada de trabajo; pienso que fue así  cuando era la esposa del anterior propietario –Roland–, y, seguramente, en sus primeras relaciones con esta publicación, como nuera de Victoriano Manteiga, el legendario fundador.

   Pero los largos años, el corto cabello blanco, las nobles arrugas de su rostro bondadoso, el andar pausado por los espacios del edificio que alberga a La Gaceta –apoyándose en un bastón– sí le daban con amplitud la primacía entre el pequeño grupo laboral. Se notaba en la deferencia con que todos le cedían el paso, en la manera de escucharle un mínimo comentario, en el modo de acercarse  a su mesa de trabajo a recibir de sus manos un encargo, el cheque semanal o un caramelo, en abrirle la puerta al advertir su llegada, en la paz que su cercanía callada enriquecía.

   Si para todos era agradable tenerla alrededor y comentar con ella la última noticia pública o familiar, para mí se duplicaba el significado de su atención, pues valoraba el esfuerzo disimulado con que ella intentaba comprender una respuesta al hacerme alguna pregunta. Y lo hacía siempre con una naturalidad que me despertaba confianza, por su manera de entenderme con los ojos o, tal vez, con el corazón. Muchas veces se acercó a mi mesa, a traerme el pago de la semana, un papel, un dulce o, simplemente, a saludar. Pero, a diferencia de otros que cumplen ese gesto sin palabras, ella me preguntaba o comentaba algo, encontrándole significado a mi comentario, por baladí que fuera y quién sabe cuántas veces aparentando que me había comprendido. Otras, cuando ella conversaba con alguien cerca de mí –casi siempre con Leonardo Venta– a cada instante me miraba, incluyéndome en la plática, queriendo lograr con la afabilidad de su rostro que me sintiera parte del diálogo. Pocas veces he visto ese esfuerzo de inclusión conversacional hacia alguien de otro idioma que, de antemano, se sabe no puede alcanzar el nivel discursivo de quienes le rodean. 

   Recuerdo a Peggie, especialmente feliz cuando daba regocijo a otros. Nunca participé en las fiestas que ella organizaba ofrecía año en su casa para los días de Halloween, pero imagino sus ojos radiantes de alegría ante el desfile de niños a quienes prodigaba un aluvión de caramelos. La rememoro, en cambio, en el día de diciembre que La Gaceta destina a celebrar La Navidad entre sus trabajadores, colaboradores y amigos. Peggie recorría mesa por mesa, con un regalito a cada quien, sonriente y cariñosa, como una Diosa que rinde cuentas de un año vivido y desea a todos que el siguiente sea venturoso.

   Así recuerdo a Peggie, voluntariosa y buena. El pasado 10 de febrero le tocó finalilzar su presencia física entre nosotros, a los 88 años de edad. Aunque en los últimos meses no estaba viniendo a su acogedora mesa de trabajo, creía que en algún momento llegaría a vernos. Ahora sé que no vendrá más, pero desde aquí, donde tanto bien hizo, la seguiremos viendo a través de  la obra humana a que amorosamente contribuyó, sentada en la eternidad y bendecida por quienes la seguiremos llevando en el recuerdo del corazón.

viernes, 12 de febrero de 2021

El Super Tazón, un regalo a la bahía de Tampa

 Un evento deportivo del domingo pasado colocó a nuestra ciudad en el noticiero mundial, cuando “Los Bucaneros de la bahía de Tampa” conquistaron el Super Bowl –super Tazón para los hispanos– imponiéndose a Kansas, quienes el año anterior habían cconseguido el principal lauro de la NFL. En el momento de la alegría expandida por todos los rincones que rodean a la ancha bahía, muchos comentaron que este año difícil en que nos azota la pandemia del coronavirus, el deporte nos ha traído grandes satisfacciones a los habitantes de tan bello lugar, pues también nuestros Lightning se proclamaron nuevos campeones de la Copa Stanley de la Liga Nacional de Hockey sobre Hielo y los Rays llegaron a la final de la Serie Mundial de Béisbol.

Tom Brady consiguó su séptimo anillo de oro y llevar
al triunfo a los Bucaneros

Con todo, la mayor emoción se vivió ahora, pues el fútbol americano es un deporte que despierta grandes pasiones en Estados Unidos y alcanza la concurrencia más abundante. Su historia se remonta en el país a mediados del siglo XIX, como una versión libre de los estadounidenses al rugby inglés, especialmente con los cambios que en el juego  introdujo Walter Camp, para muchos el padre del fútbol americano.

 Aunque este juego comenzó siendo casi exclusivo de las universidades, ya a principios del siglo XX se había convertido en una atracción y práctica dominante en la población. Los historiadores de este deporte consideran que un antecedente de su profesionalismo se remonta a 1882, cuando se pagó 500 dólares a “Pudge” Heffelfinger para que jugara con “Allegheny Athlectic Association” un partido contra el Club Atlético de Pittsburgh. Pero es en 1920 que se crea la Asociación Americana de Fútbol Profesional, la que dos años después cambió su nombre a Liga de Fútbol Nacional (NFL), como la conocemos hoy, donde un jugador puede ganar 35 millones en una temporada, como es el caso de Russell Wilson, el quarterbackde de Seattle Seahawks.

En 1960 surgió otra asociación en este deporte, nombrada  Liga de Fútbol Americano (AFL). Sin embargo, más tarde se fusionan y crean el llamado Super Bowl, el evento más visto anualmente en Estados Unidos.

Como en todos los campos de la cultura estadounidense, la presencia hispana también se ha hecho sentir en el fútbol americano y no sólo en la celebración con sus asados, cantos y aplausos, sino en el propio campo de juego. En 1927, el cubano Ignacio Saturnino “Lou” Molinet se convirtió en el primer jugador hispano en la NFL;  Anthony Muñoz, elegido como el liniero ofensivo del año de la NFL en 1981, 1987 y 1988, era mexicano; de allí eran los orígenes de Jeff García, aunque nació en California, quien en 2007 y 2008 fue mariscal de campo titular con los Bucaneros y varias veces estuvo en el Juego de las Estrellas. El mexicano Efrén Herrera fue el primer hispano nacido fuera de Estados Unidos en obtener un anillo de campeón, conseguido en el Super Bowl XII, Dallas Cowboy, en 1977.  Ron Rivera está en la historia del fútbol americano, como jugador y entrenador. Así, podríamos señalar decenas de figuras de procedencia hispana que han dado brillo al deporte más practicado en Estados Unidos.

La entrada de Tampa en la Liga Nacional sólo tiene 45 años, pues se produce en 1976, a los dos años de fundado su equipo professional, Los Bucaneros. De entonces a la fecha, ha logrado seis títulos de división (tres NFC Central y tres NFC Sur), dos campeonatos de la NFC y el Super Bowl XXXVII de 2003, donde derrotaron a los Oakland Raiders y el Super Bowl LV de 2021 que acaban de ganar en su propio estadio, el Raymond James, lo que no había ocurrido a otro equipo en la historia de estos juegos.

Aunque todo triunfo en el deporte de equipos corresponde a la totalidad de sus jugadores y hay que mencionar a Rob Gronkowski, Mike Evans, LeSean McCoy, Leonard Fournette, Ndamukong Suh (hijo de inmigrantes), un lugar especial merece Tom Brady quien, a los 43 años, fue el gran héroe del juego, logrando el séptimo anillo de campeón en su historial.

El equipo de los Bucaneros de Tampa Bay, quienes a lo largo de su historia han incluido en el Salón de la Fama a jugadores como Lee Roy Selmon, Steve Young, Randall McDaniel y Warren Sapp, nos regala ahora la extraordinaria alegría de traer a Tampa la Copa del Superbowl.

 

 

viernes, 5 de febrero de 2021

Unas palabras con el escritor Sindo Pacheco

 Gumersindo Pacheco, a quien todos prefieren llamar con las dos últimas sílabas de su nombre, estuvo en la ciudad de Tampa hace unos días, invitado por el poeta Alberto Sicilia. En esa ocasión lo conocí personalmente y, entre brindis, le oí leer uno de sus cuentos cubanos.

Sindo Pacheco en Ybor City
   Fue un regalo para quienes le rodeamos, pues se trata del autor de varias novelas y libros de cuentos, con una depurada escritura que ha sido muy estimada por la crítica. Una de esas narrativas –María Virginia está de vacaciones– recibió el premio Casa de las Américas en 1994. Al año siguiente, el Premio de la Crítica a la mejor obra publicada en Cuba en1994, también laureó a esta novela.

Sindo Pacheco, nacido en Cabaiguán en 1956, es uno de los escritores cubanos más sobresalientes de la generación de los 90, bautizada como “Los novísimos”. Entre sus libros también aparecen, entre otros muchos, Oficio de hormigas (Letras cubanas, 1990), Las raíces del tamarindo (España, 2001), Mañana es Navidad (Estados Unidos, 2010), Retrato de los tigres (Estados Unidos, 2011). La fina ironía con que describe el mundo que le circunda desde su adolescencia y la calidad de su escritura, lo hacen ser uno de los narradores cubanos imprescindibles de nuestro tiempo. Por esa razón, queremos compartir en La Gaceta unos breves comentarios suyos.

 Alguna vez, refiriéndote al escritor Carlos Victoria, dijiste que era un hombre bueno. Esas dos palabras, de extrema sencillez, encierran toda la grandeza humana. ¿Hasta dónde tu obra busca exponer esa virtud?

Ese asunto es bastante relativo. Nunca me propongo moraleja alguna en mis obras. Simplemente expongo una historia. La grandeza humana, las enseñanzas o las reflexiones vienen después. Lo que más me preocupa es que la historia sea sincera.

En 1994 obtienes el prestigioso premio Casa de Las Américas, con tu novela María Virginia está de vacaciones. ¿Qué puertas editoriales se te abrieron con una distinción que habían alcanzado José Soler Puig, Virgilio Piñera y Eduardo Galeano, por sólo mencionar tres grandes escritores de nuestra América?

Realmente no han sido tantas, unas cuantas ediciones en Estados Unidos, Puerto Rico, Cuba, y ahora, Colombia. Antes se divulgaban más los premios Casa, porque casi automáticamente eran reproducidos en el llamado campo socialista. Creo que fue el excelente escritor Sergio Ramírez quien dijo que no le interesaba escribir best sellers sino long sellers. En ese caso, estoy satisfecho. Casi treinta años después, María Virginia y otros libros míos, se siguen reeditando.

De la generación del 90, a la que llamaron Los novísimos, ¿quiénes han llegado a escribir una obra que goce de reconocimiento internacional?

En eso no estamos muy bien, apenas unos pocos autores han llegado a las grandes editoriales. El mercado del libro se ha ido restringiendo. Cada vez se lee menos. Durante su existencia, el libro ha tenido muchos rivales. Primero, el cine; luego, la radio; más tarde, la televisión. Para colmo, llegó la Internet, y con ella, el Facebook, los videojuegos, etc.

¿A qué atribuyes que los escritores cubanos cuya obra se inició después de 1959, no han logrado la jerarquía alcanzada por muchos de las generaciones precedentes, como Lezama, Carpentier, Dulce María Loynaz, José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda?

Esta pregunta, un poco está respondida en la anterior. Cada vez escasean más los lectores puros. Cuando uno va aquí a una presentación de libro, se aparecen, en el mejor de los casos, unas veinte o treinta personas, y el 99 por ciento de ellos también son autores. Nos estamos cocinando entre nosotros mismos.

Creo que no se corresponde la densidad demográfica de cubanos en Miami con su producción literaria. De compartir este criterio, ¿a qué atribuyes la pobreza creativa en este campo?

En Miami se producen muchos libros, más bien lo que ocurre, creo yo, es la divulgación y la promoción; creo que el libro en general está en una situación de crisis. Producir un libro cuesta mucho esfuerzo y mucho tiempo. Si el tiempo que los autores dedican a crear una obra se le retribuyera con la mitad del salario mínimo, estuviéramos muy bien.

¿Dónde te has sentido mejor atendido por los duendes que acompañan al escritor?

He logrado escribir en tres países: Cuba, Costa Rica y Estados Unidos. Resumiendo tu pregunta, me he sentido bien en Cabaiguán, Cuba; San José, Costa Rica; y Miami, Estados Unidos.

¿De todas las novelas escritas, cuál se te dio mejor?

De las publicadas, la que más rápido se me dio –muy intensa, pero al mismo tiempo muy sufrida– fue Retrato de Los tigres. La escribí en San José durante la Navidad de 1996.

¿Con qué proyectos de creación vives ahora?

Estoy escribiendo la cuarta novela de la saga de El beso de Susana Bustamante. Vamos a ver en qué termina todo esto.

Finalmente, unas palabras sobre Tampa.

Apenas conocí la parte de Ybor City. Me impresionó mucho el recorrido martiano que tú nos hiciste por esa zona. Pensar que por esa zona anduvieron los pies de José Martí y de tantos otros patriotas cubanos. Me impresionó también el tranvía que atraviesa sus calles. Me pareció estar como metido en otra época. Gracias por ese recorrido.

 

 

viernes, 29 de enero de 2021

Breve entrevista al historiador Ángel Lago Vieito

    El periodista, profesor e historiador cubano Ángel Lago Vieito nos visita en Tampa esta semana. Como es uno de los investigadores que ha realizado aportes significativos al estudio de la obra del sabio cubano Don Fernando Ortiz, consideré oportuno hacerle una brevísima entrevista, recordando que el mejor antropólogo de la Isla fue amigo del fundador de nuestro periódico.

   En la década de 1930, cuando Ortiz se vio obligado a exiliarse en Estados Unidos por su participación en la lucha antimachadista, sostuvo  un intercambio epistolario con Victoriano Manteiga, a quien le agradeció su apoyo a la causa democrática cubana.

   Al caer el gobierno de Machado, el 12 de agosto de 1933, cuando Ortiz se dispone a regresar  a la Isla,  Manteiga  lo invita a visitar la ciudad de Tampa y desde ella salir para Cuba. No pudo ser, pues Ortiz viajó de Washington a Cayo Hueso a fines de agosto de 1933, pero le escribió una hermosa carta de despedida a su amigo de Tampa.

   Aprovechando que publicaste el libro Fernando Ortiz y sus estudios acerca del espiritismo en Cuba (2002), veamos algunos elementos que remiten al prestigioso etnólogo y a esta práctica religiosa.

   ¿Por qué a Fernado Ortiz se le llamó el tercer descubridor de Cuba?

   Aunque se ha cuestionado, con certeras razones, el término “descubrimiento” para ­describir la llegada de los ­europeos a América, tradicionalmente se considera a Cristóbal Colón el primer descubridor de Cuba, en 1492; al sabio Alexander von Humboldt, a inicios del siglo XIX, como el segundo; y corresponde al polígrafo cubano Fernando Ortiz (1881-1969) ser llamado el tercer descubridor.

   ¿Cuáles son sus aportes principales a la cultura cubana?

   Don Fernando fue un gran humanista, estudioso de las raíces históricas, el folklor y las expresiones religiosas de la población de origen negroide, como parte indisoluble de la sociedad cubana. Enfocó su mirada investigativa y divulgativa en la reivindicación y la plena integración nacional de los portadores de esa herencia cultural.

   ¿Qué llevó a Fernando Ortiz a estudiar el espiritismo de cordón en la región cercana a Bayamo?

   Las primeras referencias sobre esa formación sincrética del espiritismo –que apareció primeramente en la actual provincia cubana de Granma– las recibió Ortiz de Pablo de la Torriente Brau, quien, formando parte de las brigadas internacionales cayó combatiendo durante la Guerra Civil en España; y tambien del poeta manzanillero Manuel Navarro Luna.

   A mediados del pasado siglo, Ortiz viajó a la región oriental, y como resultado de su trabajo investigativo describió prolijamente lo referente al cordón, los rituales, los cantos, las invocaciones, las posesiones, los despojos, la caridad. Asimismo, se refirió a la decoración de los centros, los elementos materiales utilizados en la ceremonia, la composición social, racial y de género de los practicantes y, en general,  sus diversas caracteríticas.

   ¿Cómo se manifiesta hoy el espiritismo de cordón en la región oriental estudiada por Ortiz?

   Las raíces del espiritismo de cordón provienen de expresiones religiosas populares del período colonial, las que encontraron una sustentación teórica en la doctrina espírita codificada por el francés Allan Kardec  en la segunda mitad del siglo XIX, y que se formalizaron institucionalmente a principios del XIX.

   Desde finales del siglo XX, el espiritismo de cordón en el Oriente de Cuba ha experimentado influencias de organizaciones espíritas internacionales de disímiles tendencias, y ha logrado un mayor nivel de organización de sus miembros en asociaciones que los agrupan.

   Aunque se mantiene practicamente intacta la forma original, con una gran riqueza de cantos y movimientos danzarios que ejecutan los asistentes formando un cordón o cadena, y persiste su sustentación teórica, tambien han penetrado en mayor medida formas del denominado espiritismo cruzado, con influencia de las religiones sincréticas de antecedentes africanos.

  ¿Encuentras componentes de ese espiritismo en comunidades cubanas en Estados Unidos, particularmente en Miami?

   Actualmente existe un centro espiritista en la ciudad de Miami y otro en Venezuela, formados por emigrados cubanos, que son extensiones del centro de Los Letreros, de Manzanillo, y que practican la llamada “marcha triunfal”, una variante específica muy impregnada con elementos del catolicismo.

 

 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

El poeta Alberto Sicilia entrevista al escritor Sergio Ramírez

Hace unos días, el poeta cubano Alberto Sicilia, radicado en Tampa, hizo una entrevista al escritor nicaragüense Sergio Ramírez, a quien conoció personalmente en NIcaragua hace varios años. Su intención expresa fue publicarla en su revista Classic Subversive y extenderla a La Gaceta, como le fue comunicado al autor de la novela Margarita, está linda la mar, único escritor centroamericano que ha sido laureado con el premio de Literatura Cervantes, el más preciado que se otorga en lengua española.

A continuación, la entrevista de Alberto Sicilia a Sergio Ramírez:

¿Cómo se equilibran la calma que se percibe en su expresión y la pasión al abordar los temas que le preocupan?

Ese equilibrio viene desde la infancia. Yo aprendí a hacer esto entre la personalidad de mi padre y la de mi madre. Mi madre era una mujer muy serena, muy reposada, ella había sido educada en la religión evangélica, en un colegio Bautista en Managua. Mi abuelo materno era un hombre de recursos, era cafetalero, pudo educar a todos sus hijos en el recién instalado colegio Bautista por la misión evangélica que había llegado desde Alabama. Era una enseñanza bilingüe y nueva en Nicaragua, laica, evangélica y un colegio de alta calidad. Mi madre, que era profesora de Literatura, tenía ese carácter reposado, desapasionado, severa, muy severa, mientras que mi padre, por el contrario, era todo entusiasmo, mi padre no le tenía miedo al diablo; había sido alcalde del pueblo, si tocaba bailar en público, en una fiesta patronal, él bailaba, mi madre se echaba para atrás. Quizás yo soy el fruto de esa combinación, que me da un equilibrio. No abandonar los temas de la vida pública, que me preocupan, junto con los temas literarios, pero tratar de reflexionar mientras hablo, sin apresuramiento, ni pasiones desmedidas. Siempre he creído que la única manera que lo escuchen a uno, es dejando hablar a los demás y por lo tanto, tratar siempre de establecer el diálogo, en contra del carácter que tenemos los nicaragüenses, y quizás suceda bastante en Cuba, que unos se arrebatan las palabras a los otros y por lo tanto es muy difícil establecer un diálogo en que de repente, dos o tres o cuatro personas hablando al mismo tiempo, como si se fueran a matar, simplemente están discutiendo entusiastamente sobre un tema, pero esa manera de no escucharse es muy caribeña.

A los 14 años, ya usted había publicado su primer cuento. ¿Cuáles fueron las principales influencias literarias y artísticas en sus años de formación?

Cuando yo publiqué... lo que pasa es que uno hace ese tipo de cuentas según más le conviene, ¿no? Mi cuento publicado en septiembre de 1956, en el diario La prensa, era un cuento dominado por los temas a los que yo estaba más aficionado, que era los temas vernáculos, de las leyendas populares, los cuentos de camino, los cuentos de miedo que se le contaban a los niños, los cuentos orales que se transmitían de voz en voz, entonces yo hice una recreación de esos cuentos vernáculos, folklóricos digamos, y la mandé al periódico y ahí el periódico lo publicó sin conocer... el director del periódico, que era Pablo Antonio Cuadra, poeta, sin sospechar que edad tenía yo. Entonces él le puso un subtítulo, una entrada al cuento, diciendo: “Leyenda de la carreta náhuatl”, versión de Masatepe, como que era la versión de un folklorista, ¿no? Y era un cuento que yo había inventado... pero realmente el cuento que yo escribí, con la voluntad de hacerme cuentista, se llama “El estudiante” y se publicó en la revista Ventana, que creamos en la Universidad, apareció en el primer número de dicha revista, que se publicó en junio de 1960, de manera que mi historia literaria yo, a veces, generalmente empiezo a contarla a partir de ese cuento, no a partir del cuento de 1956.

El rey de España, Felipe VI, entrega el premio
Cervantes al escritor Sergio Ramírez

Paralelo a su desarrollo literario, sus inquietudes sociales lo llevaron a la lucha contra Somoza. Conocí y conversé con algunos de los integrantes del frente Sandinista en 1988, como Omar Cabezas, por ejemplo. ¿Estaban ellos entre su círculo de amigos o compañeros?

Ellos son de otra generación posterior, yo pertenezco más bien a la generación que se llamó de la autonomía, porque yo vivía en la universidad en 1959, recién conquistada la autonomía universitaria, y el gran rector nuestro, rector de la universidad pero rector espiritual era Mariano Fiallos Gil, quien había luchado por la autonomía, era un humanista, un liberal y era un maestro en todo sentido. Pero coincidió que en el año que yo vivía en la universidad, el ejército de Somoza masacró una manifestación de estudiantes en la que yo participaba, el 23 de julio de 1959 y entonces esta generación se llamó también 23 de julio, los que fuimos sobrevivientes de esa masacre; al año siguiente se fundó el frente estudiantil revolucionario, que fue el semillero del frente Sandinista posteriormente, pero la verdad es que me fui a Costa Rica cuando me gradué de abogado, a trabajar en el consejo de universidades de Centroamérica, y yo no participé nunca en la lucha armada, esa fue otra corriente, en la que no tuve nada que ver. Yo me incorporé al frente Sandinista, ya en 1976, cuando regresé de Alemania, porque el Frente Sandinista se había abierto a la participación de aquellos que no cargaban armas, de aquellos que no aceptaban irse a la lucha clandestina, etc. Entonces yo entré como un intelectual a las filas del Frente Sandinista, eso sería, como te decía, a finales de 1976.

El hecho de abandonar la política activa y dedicarse a la literatura ocurrió avanzada la década del 90. Aun así, usted mantiene un activismo desde las páginas de su blog El boomeran, invitando a la reflexión y haciendo un análisis de la sociedad y sus problemas más acuciantes. ¿Considera que es una manera de combatir contra la desidia contemporánea, una enseñanza para sus lectores más jóvenes, o ambas?

Creo que a las alturas que estamos del siglo XXI, estamos algo avanzado, llegando al primer cuarto del siglo XXI, todo esto que a finales del siglo XX, o cuando yo me involucré en la revolución, asumíamos como el compromiso del escritor ha cambiado mucho, se ha diluido bastante, o su naturaleza ha variado y antes era casi inaceptable que un escritor no expresara sus opiniones, o no se afiliara públicamente en contra de la opresión, de la dictadura. Pues como yo me formé en aquellos años, siempre he seguido considerando que para mí hay dos espacios de escritura, de reflexión, de acción y de palabra, que son el de mi propia obra creativa, de invención literaria y el de mi voz pública, que yo me siento obligado a alzar como ciudadano. Es decir, no soy de esos intelectuales, y no estoy deslegitimizando a nadie, me parece que es perfectamente legítimo no opinar en política y escribir bien, sino que simplemente yo vuelo con esas dos alas, soy a la vez ciudadano y a la vez escritor, con el cuidado de que mis opiniones o creencias políticas no intervengan abiertamente dentro de la literatura y terminen por arruinar el discurso literario, por encaramar encima el discurso político; esas aguas me parece que deben siempre permanecer separadas, pero vivimos en situaciones tan frágiles, tan complejas, tan anormales en América Latina, que yo siempre siento que hay algo que decir, y es lo que hago.

Su obra ha sido galardonada con los premios más importantes, transitando desde la memoria íntima y familiar a la ficción. En ella concurren diferentes géneros y subgéneros, como el policiaco, el humor negro y la aventura. No obstante pertenecer a una generación que abunda en recursos que complejizan el discurso literario, su escritura mantiene el lirismo y legado de la literatura clásica. En sentido general, ¿cómo ha sido el proceso de selección de sus temas y personajes a lo largo de su carrera como escritor?

El proceso de selección para mi comienza del interés que yo tenga en un personaje o un tema por su singularidad, porque me parezca que ese personaje o esa situación, inventada o no, merecería la pena ponerlo delante de los ojos del público, porque se sale del común, para mí la literatura es una lucha permanente por convertir personas en personajes y convertir situaciones de la vida real en situaciones novelescas, y darle el tinte de novela a lo que en la vida real toman por común y corriente. En América Latina, tenemos esa virtud, digamos, de que no nos asusta lo que pasa a diario porque nos parece que lo extraordinario y lo anormal es tan corriente que hasta que uno no lo ve en las páginas de una novela, no dice, esto parece novelesco o esto es novelesco. Entonces existe el tránsito de esa realidad a través de la imaginación para que una vez puesto en la letra impresa, se convierta en novela... no estoy hablando de todas las situaciones, la imaginación es muy rica, pero siempre parte de un punto de la realidad.

Hemingway decía mis modelos y cuando decía mis modelos, se refería a sus contemporáneos, a la gente que él conocía, conocía bien por dentro y que ocupaba para insertarlos dentro de sus novelas, con sus complejidades anímicas psicológicas, etc. Me parece que de eso se trata, se trata de insertar dentro de la novela a uno mismo por supuesto, que uno se conoce a sí mismo antes que a nadie, a la gente que lo rodea, a las situaciones que conoce, dándole los distintos disfraces que la novela permite.

¿Qué ha significado para usted la lejanía geográfica de su país natal y el hecho de enfrentar la continuidad de su obra con otros desafíos?

Creo que la mayor complejidad que uno se impone con un libro, con una trilogía como va a ser esta, porque estoy terminando la tercera novela de esta serie, es la contemporaneidad de estos temas y de estos personajes. Mi personaje comienza sus aventuras después de la derrota del frente Sandinista en las urnas, en los años 90, la siguiente es avanzados los años 2000, y esta es en el hoy, pero tan contemporáneo, que estoy hablando de hace 2 años, entonces la mayor complejidad es como escaparse de lo contemporáneo para que se convierta en ficción y que la realidad no lo siga corrigiendo a uno. Ahí está la gran dificultad de este libro, es decir, cerrar cronológicamente en determinado momento para que la realidad no te siga aturdiendo, en la medida en que yo lo que pretendo es ir haciendo un relato del día a día.

El 5 de agosto del 2022 se abrirá en el Instituto Cervantes la caja de seguridad 1475 que contiene una carta manuscrita de Rubén Darío y otra de Augusto Cesar Sandino. Coincidiendo con ese hecho usted llega al 80 cumpleaños, ¿con qué satisfacciones e ilusiones espera ese momento?

Bueno, no hay muchas ilusiones de llegar a los 80 años, uno no puede estar muy entusiasmado, pero creo que la vida hay que vivirla en la medida que avanza. Al llegar a los 80 años, yo recapitulo el camino andado, pero siempre tengo energías para seguir adelante, es decir, mis energías yo las concentro en lo que quiero escribir. Mi programa de escritura siempre es muy amplio y no voy a decir nunca, este fue mi último libro que escribí y ahora me siento a descansar, eso sí es la muerte. Entonces yo agradezco a la providencia, manos y cabeza, que son mis instrumentos. Terrible sería que yo me empezara a olvidar, entonces sería un mal final del camino, pero mientras yo tenga imaginación, memoria y dedos para pulsar, pues esa será mi vida y me sentiré muy feliz.

Recuerdo que usted tenía una disciplina o la tiene, porque su disciplina es mítica, de levantarse bien temprano a escribir. ¿A qué hora acostumbra a comenzar a escribir?

La idea del escritor que no tiene nada más que escribir es un mito porque el escritor siempre tiene que hacer algo adicional porque si no, no sobrevive. O es periodista o es profesor universitario generalmente. También hay escritores que son hasta médicos como William Carlos William, como el doctor Chejov, o que son funcionarios bancarios como T.S. Eliot, pero uno es algo además de ser escritor, entonces lo importante, y eso se lo digo siempre a los muchachos cuando trabajo talleres con ellos, es apartar las horas o el tiempo diario que uno le va a dedicar a la escritura siempre que uno esté hondamente convencido de la necesidad de escribir. Si uno no tiene esa necesidad, pues se puede dedicar a otra cosa, tranquilamente, pero para pagarse esa necesidad, hay que pagarla con obras de escritura, no importa la hora que sea, lo que tú me recuerdas es porque en los años 80, yo tenía muchos compromisos en la vida pública, entonces para poder escribir tenía que levantarme a las 4 de la mañana, pero el asunto es que yo no renunciaba a hacerlo, porque de no escribir, uno deja de ser escritor, eso es una ley de la vida; pasa el tiempo y uno no escribe, los dedos se ensarran, se va olvidando la escritura y después retomarla se vuelve muy complicado. Hoy en día yo me siento feliz, de que no tengo nada más que hacer que escribir, hoy yo puedo decir, bueno, mi principal dedicación o mi dedicación única es la escritura y lo que está alrededor de la escritura, las tareas que están alrededor de la escritura, una de ellas, viajar, cuando se podía viajar, a congresos, festivales, presentaciones de libros, todo lo que sea. Eso siempre lo he considerado parte de mi trabajo literario y luego, la parte administrativa de la escritura, la correspondencia, los agentes literarios, las editoriales, etc. Pero todo eso centrado en que yo, en las mañanas, estoy escribiendo, a partir de las 7:30, 8 de la mañana yo estoy sentado aquí, en este mismo asiento, escribiendo hasta la hora del almuerzo, y eso lo hago todos los días del mundo.

En la comunidad hispana de los Estados Unidos se encuentra una parte de sus lectores. ¿Podría darles algunos consejos para los que se inician en el camino de la creación literaria y unas palabras para sostener la esperanza de los hombres y mujeres que sueñan con sus países de origen? 

Primero resumir lo que te he dicho. No hay escritura sin escritor y no hay escritor sin escrituras. Si uno habla en serio de escribir tiene que hacerlo, no importa que sea una paginita diaria, y el día que no pueda, que siente que no imagina nada pues corregir, volver sobre la página, uno en la escritura, algo siempre tiene que hacer, pero no abandonarla, ese es el peor camino. Y siempre insistir, insistir en que si uno es escritor tiene que respetar el oficio escribiendo. Y por otro lado, yo a los jóvenes les digo, nunca hay que dejar de leer porque esa es otra cara de la escritura. Uno aprende a escribir leyendo, uno no aprende con un manual de gramática ni con un manual de estilo, aprende leyendo a otros buenos escritores, eso es esencial.

Y respecto a las diásporas, parte larga de mi vida yo he sido parte de una diáspora. Estuve en el exilio 14 años, tanto en Costa Rica como en Alemania, y a un escritor la ausencia del país no lo envenena nunca, siempre es un recurso creativo, la nostalgia es un recurso creativo, pero uno nunca puede perder la esperanza de regresar. Es decir, el que se va es como una ola, la ola siempre tiene que buscar como volver a la playa. Y de esa esperanza vive alguien en la diáspora sino no viviría. Uno no escoge el exilio, uno es siempre forzado al exilio por una u otra circunstancia, ya sea política, ya sea económica, pero nadie se va de su país por gusto. Nadie se va porque como se dice en Nicaragua, sea pata de perro, porque le guste andar los caminos, uno se va porque es forzado a hacerlo; y estas grandes corrientes migratorias que vemos hoy en día, las que van de Centroamérica hacia la frontera con Estados Unidos, que antes llegaban hasta la frontera mexicana con los Estados Unidos, hoy esa frontera está cerrada. México se convirtió en la policía migratoria de los Estados Unidos y los migrantes sólo llegan hasta el río Suichate. Y estas grandes olas migratorias en el medio oriente, es así, que van hacia las costas de Europa, estas son dramáticas, son dramáticas porque son masivas y para verlas de la perspectiva de la literatura pues uno tiene que fijarse, no en los miles de personas que van atravesando el desierto o metidos en una patera atravesando el mediterráneo, sino los individuos que forman esa colectividad donde están las historias, donde está el drama de la vida, donde están los motivos de las personas que tienen que alejarse de su país y los sufrimientos que pasan en ese alejamiento, luego las vidas que buscan fuera de su país, que es otro drama y otro motivo literario, de manera que esta sensibilidad nunca hay que perderla, de ver al inmigrante como alguien que fue forzado a salir de su tierra pero que siempre espera que podrá volver.

Feliz y próspero Año Nuevo

   La llegada de un nuevo año reviste siempre una especial emoción y se saluda invariablemente con deseos de bien a los familiares y amigos. La mayoría de las postales que se le consagran incluyen el vocablo próspero, asociado a lo venturoso, favorable, propicio.

    Ese instante en que despedimos y a la vez recibimos 365 días del calendario gregoriano tiene su primer referente en el dios Jano de los romanos –quien dio nombre a enero–, una deidad que al poseer dos caras, una mirando adelante y otra hacia atrás, fue  adorada como guía de las entradas y salidas. Así miramos a un diciembre que va al pasado irrepetible, mientras recibimos a enero con la eterna esperanza de mejoramiento.

En la mitología romana, el Dios Jano mira al
 pasado y al futuro

   Esa esperanza fue muy golpeada en el 2020 que acabamos de vivir. El año se abrió con las primeras noticias sobre una pandemia que en los primeros cintillos de la prensa mencionó un vocablo casi desconocido: coronavirus. Poco a poco, en la medida en que se fue extendiendo de China a Europa, supimos su nombre propio, Covid-19, y comenzamos a entender el peligro que se cernía sobre toda la humanidad.

  En pocos meses, en la medida en que fueron llegando las cifras escalofriantes de contagiados y fallecidos, comprobamos que estaban amenazadas nuestras costumbres, empleos, escuelas, hogares de ancianos, seguridad y nuestra propia vida. 

   En Estados Unidos, cuando alguien pronosticó la posibilidad de 200 mil muertes, creímos que la hiperbólica cifra tendría un matiz político. Sin embargo, ahora que sobrepasamos los 330 mil y sabemos que uno de cada mil estadounidenses ha muerto por este virus, nos impactan las declaraciones de los especialistas cuando advierten que se avecinan unos días más lóbregos. Así, al desear un Feliz Año Nuevo a quienes queremos, incluimos en lo más recóndito de la esperanza el pedido a que esquiven el contagio y, para ello, le pedimos que usen mascarillas, que obseven la distancia social, que se cuiden, como si estas previsiones constituyeran el mejor regalo que podamos ofrecerles.

   Ha terminado un año difícil para toda la humanidad, no sólo por la pandemia que ha llegado a casi todos los rincones del universo, sino también por las hambrunas, las catástrofes naturales, las guerras, las revueltas sociales, las crisis económicas y las respuestas represivas a las ansias de justicia en tantos lugares del mundo.

   A pesar de ello y sin olvidar el sufrimiento que en 2020 han padecido millones de seres humanos, hay lugar para la esperanza y la gratitud, debidas especialmente a las permanentes muestras de solidaridad con que los sentimientos humanos se comportan frente a la pandemia, a los desastres naturales y otras manifestaciones adversas. Muchos ejemplos conocemos cada día de médicos, enfermeros y otros trabajadores de la salud que arriesgan su vida diariamente para salvar a los enfermos; personas que llevan alimento gratuito al necesitado, otros que cosen mascarillas hasta la madrugada para brindar a quien las necesite.

   Hay otras buenas noticias del 2020. El pasado 25 de agosto se declaró la erradicación de la poliomielitis en África y se logró controlar la expansión del ébola que afectaba mayormente al Congo. En República Dominicana, este año, se logró que la legislación pusiera fin al matrimonio infantil;  en Argentina, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, desde el entendimiento de que “el aborto legal es un imperativo de justicia social, de justicia reproductiva y de Derechos Humanos”. A su vez, en Dinamarca, el Gobierno accedió a reformar el Código Penal para incluir que el sexo sin consentimiento es violación.

   Es lamentable que el Covid-19 haya mostrado  tanta rapidez para expandirse, pero es alentadora la premura con que la ciencia ha dado respuesta a su agresión para lograr que antes de finalizar el 2020 haya millones de personas vacunadas contra él.  Asimismo, reconforta la noticia de que una estudiante de 14 años, Anika Chebrolu, haya descubierto una molécula que dificulta que el virus  SARS-CoV-2 penetre e infecte las células, lo que representa un gran paso hacia la cura del Covid-19.  Esta alumna del estado de Texas, que ganó el 3M Young Scientist Challenge con su descubrimiento, sueña continuar con el desarrollo de fármacos sobre su cura.

   Si seguimos buscando  buenas noticias del 2020 vamos a encontar cientos que nos asombran por su contenido humano y voluntad hacia el mejoramiento de nuestro planeta y la vida en él. Es verdad que cuando abrimos el televisor, la radio o el periódico prevalecen noticias desalentadoras, aunque no falten a esa hora sucesos relevantes a favor del bien. Si  aquellos, por una explicable razón, despiertan más atención, es seguramente porque desde tiempos inmemoriales se requirió un oído más atento al daño que a la virtud. Mas la bondad nos enriquece desde la sincera expresión Feliz y próspero Año Nuevo.