jueves, 25 de agosto de 2016

El Dr. José A. Mijares, a los 96 años de plena lucidez

Por Gabriel Cartaya

 Cuando la semana pasada Andy Celeiro me dijo que el fundador del Hospital de Town and Country era un médico de origen cubano, de más de 90 años, y que era recordado por muchas personas en Tampa por la generosidad con que atendía a pacientes que no tenían dinero para pagar una consulta, quise saber su nombre y una manera de llegar a él. Al instante, Celeiro oprimió un número en su teléfono y coordinó con un familiar del doctor para que yo pudiera visitarle.
 Dos días después, acompañado de mi hijo Pedro Gabriel, que gusta de ayudarne con la cámara, toqué en la puerta del Dr. José A. Mijares y una hija suya me dio la bienvenida. Estaba sentado frente a una mesa llena de libros y papeles, con una sonrisa en los labios y una mirada atenta al visitante, en la que descubrí el brillo de su inteligencia.
 Ya sabía que, además de su consagración a la Medicina, había dedicado mucho tiempo a escribir. Sin embargo, no sospechaba que hubiera elaborado una obra de más de mil páginas sobre la Revolución Francesa, un tema tan alejado de la profesión que desempeñó toda su vida. De manera que, apartando el breve cuestionario que concebí para una entrevista y recordando el comentario que me hizo el  respetado Sr. Celeiro sobre la atención gratuita prestada por el Dr. Mijares a personas que sólo podían pagar con la gratitud,  comencé preguntándole:
 ¿Qué ha disfrutado más, el ejercicio de la Medicina o la publicación de libros de Historia?
 –La Medicina, claro–, respondió sin pensarlo.
    Entonces, me cuenta que se graduó en la Universidad de La Habana, en 1943. Al recibir el título tenía 23 años acabados de cumplir, pues nació en Santa Clara en septiembre de 1920. En ese momento, cuando el presidente constitucional de Cuba era Fulgencio Batista, la atmósfera internacional estaba ensombrecida con la Segunda Guerra Mundial. Desde el año 1941, Estados Unidos había entrado  en  el conflicto bélico, declarando la guerra a  la Alemania nazi,  acto que secundó la República de Cuba. El joven médico Mijares se incorpora a la lucha contra el fascismo, prestando servicios como cirujano a bordo de barcos cubanos que hacían operaciones de vigilancia, en apoyo a la Marina de Guerra estadounidense.
 Volvió a servir a Estados Unidos en medio de la Guerra de Corea, en 1951, lo que recuerda con toda lucidez.
 -Sí, trabajé en el Hospital Naval de Portsmouth, en Virginia, donde trasladaban soldados que habían sido heridos en la guerra con Corea.
Alrededor de su mesa llena de papeles, converso con el Dr. Mijares
  Como médico militar, escaló hasta la posición de Comandante, en la Marina de Guerra de su país. Me sorprende cuando me cuenta que fue él quien diseñó los planos para la construcción del Hospital Militar de La Habana,  donde fue cirujano, con la misma intensidad que me sorprendió ver el libro suyo La Revolución Francesa. Pero es que Mijares es un hombre de una inquietud, voluntad e inteligencia sorprendentes.
 En un momento en que, hablando de su profesión, yo pronuncio la palabra médico, él precisa al instante: -Médico cirujano. Entonces me habla de la la incontable cantidad de operaciones que salieron del bisturí manejado por sus manos. En algún momento, no estuvo satisfecho con  el instrumento que le alcanzaban  y  su cerebro no descansó hasta  crear el que requería.
 –Se llama “Mijares Allis Forceps”–, confiesa, explicándome que la motivación que lo llevó a crear la abrazadora quirúrgicafue la necesidad de encontrar una herramienta que no causara el más mínimo daño a los órganos del paciente.
¿Se usa todavía?–, le pregunto. 
–Claro-, me dice, con una sonrisa de satisfacción.
El Dr. Mijares vivió en Cuba hasta 1959. Hasta el año anterior fue Jefe de Cirugía de un hospital habanero, pero el rumbo del “gobierno comunista” lo apartó del país. Cuando le pregunto las razones de elegir este sitio para vivir, me dice:   –Unos amigos me trajeron a Tampa y me ha gustado mucho este lugar.
 Le digo que fue una suerte para Tampa y él sonríe con humildad. Pero lo dicen los hechos. En 1966, adquiere la Licencia del Estado de la Florida para ejercer como médico y en 1970 es certificado por el Consejo de Cirugía de Estados Unidos.  Y hoy todo el que pasa frente al Hospital de Town and Country, mira la placa que distingue a sus fundadores, encabezada por José A. Mijares MD, acompañado de Mercedes M. Miranda, MD, Antonio J. Senra, MD y Robert  G. Sherrill, Jr. MD., con una distinction: “Gracias al esfuerzo, tenacidad y perseverancia del Dr. José A. Mijares fue creado este hospital”.
 Su desempeño como médico en Tampa fue extenso y eficaz, ejerciendo en el Hospital Saint Joseph, en el Tampa General Hospital y especialmente en el creado por él.
 Ha sido miembro de  asociaciones importantes relacionadas con su profesión, como el Colegio Americano de Cirujanos,  la Asociación Americana de Medicina y la Asociación Militar de Cirujanos de Estados Unidos, entre otras.
 De la Medicina pasamos a la Historia. ¿Por qué el interés en la Revolución Francesa?
 Toma el grueso libro en sus manos y me dice, mostrándome el subtítulo: –Porque fue la primera revolución comunista. Entonces  me explica sus criterios sobre ese sistema, cuya práctica en los países  donde ha sido ensayado, incluída Cuba, no comparte.
  Me regala un ejemplar y su hija Ada, solícita, le acerca una pluma, donde escribe mi nombre con una  precisión privilegiada para su edad, con una palabra de afecto que agradezco. Cuando escribo esta letras, ya he tenido tiempo de leer unas cuantas páginas, admirando la coherencia descriptiva de la obra, atenta a detalles aparentemente nimios sobre el acontecimiento más trillado de los tiempos modernos.
 Como para colmar mi asombro, al verme hojear La Revolución Francesa, me dice:
 –Estoy terminando el tomo número dos.

Entonces vuelvo a mirar la mesa repleta de papeles, libros,  anotaciones, y reverencio la grandeza del hombre que a los  96 años, desborda un optimismo al que me sumo, sugiriéndole que escriba las memorias de su extensa y extraordinaria vida.
Publicado en La Gaceta, 19 de agosto, 2016

viernes, 19 de agosto de 2016

El amor al terruño en el libro Puerto Real del Manzanillo

Por Gabriel Cartaya

  Quien no sienta amor por la tierra donde nació, tal vez nunca  logre amar al lugar donde le lleve el destino, porque el espacio del alma que afirma en la niñez la riqueza del entorno primigenio se cultiva en el hogar congénito y desde el barrio de la infancia se abre a lo universal.
 El libro Puerto Real del Manzanillo, de José Miguel Remón Varela,  me confirma esta creencia, pues el autor que evoca en sus páginas la ciudad en que vino al mundo, no vive en ella desde los 13 años. Sin embargo, cruza en las páginas por sus calles, esquinas, edificaciones, parques, malecón, clubes, como si nunca hubiera estado lejos del paisaje donde tuvo sus primeros asombros,  juegos y amigos. Mucho ha de querer a su familia y a la ciudad de Tampa, donde vive, quien a los 36 años de distancia de los recuerdos que narra ha dedicado tan amoroso y desinteresado empeño en plasmar la riqueza de esa ciudad cubana enclavada en el Golfo del Guacanayabo.      
 El libro, claro está,  contiene un significado especial para los habitantes y descendientes de ese lugar, vivan hoy donde vivan. Esta preciosa obra, enriquecida con 170 postales a color sobre un excelente papel cromado, desborda el interés legítimo de quienes son manzanilleros, porque ese mensaje de amor al terruño original emerge como un referente sentimental al sitio de cada quien, simbolizado en un espacio íntimo que se asume como pueblo de la niñez.
 El autor de Puerto Real de Manzanillo, sin requerir las herramientas metodológicas del historiador, ha incursionado en los momentos más relevantes de los anales de la ciudad, consultando acríticamente una amplia bibliografía, sin la pretensión de una monografía académica,  sino con el interés en situar los acontecimientos que dieron origen y evolución a una ciudad que en las primeras cinco décadas del siglo XX se convirtió en un modelo singular de florecimiento cultural, a pesar de su distancia física de la urbe cosmopolita del país. Asomarse a la riqueza del Grupo Literario de Manzanilo y a la relevancia continental de la revista Orto, dan fe de ello.   
El autor junto a su libro
 La actividad del puerto manzanillero, el desarrollo del comercio y la industria local, el fulgor de sus calles, el eclecticismo arquitectónico, la belleza de sus parques  –especialmente la emblemática glorieta en el Parque Central–, sus parroquias, hoteles, estatuas, litoral, y tantas personas célebres o simplemente cercanas al autor, dan testimonio en este precioso libro, tanto en la escritura como en sus fotografías históricas, del esplendor que alcanzó Manzanilo en la etapa republicana de una isla que pudiera pluralizar el nominativo de Perla del Caribe, pues una de las que la componen –la ciudad del autor– es bien llamada Perla del Guacanayabo.
 Desde lo autoral-personal, emergen los juegos de la infancia, el embrujo ante el campo y el mar, y desde esos recuerdos el libro se abre hacia el tejido social que se expresa en la escuela, en el carnaval, en la vuelta al parque donde ellos y ellas estrenan la adolescencia caminando en sentido inverso para facilitar una mirada, una sonrisa, una ivitación a sentarse en uno de sus bancos, donde nació el amor de tantos. Desde esta focalidad, el comportamiento humano de la ciudad va alcanzando una dimensión ecuménica.
 Naturalmente, Remón Varela ha visitado Manzanillo en los últimos tiempos. Ha indagado en los archivos, conversado con sus historiadores y poetas, con sus pintores y músicos, con la gente del pueblo, y ha percibido con enorme sensibilidad el murmullo que nace del alma de una ciudad que no olvida el esplendor de su belle époque: la ansiedad de recuperar el color y embellecimiento del tiempo en que Benny Moré cantó a su esplendor: Noche de luna de Manzanillo, brillo de plata sobre la mar…
 Es verdad que entonces había ricos y pobres, como puede apreciarse en los censos de la época. Hoy son menos los ricos, pero los pobres se han multiplicado alrededor de los edificios depauperados, cuyo deterioro provoca lástima cuando se compara con el fulgor que muestran en las postales de este libro.
 El autor se propuso “contribuir a rescatar del olvido al Manzanillo de nuestros ancestros”, como dice en el prólogo, lo que logra sobradamente al llamar la atención sobre el pasado floreciente de la ciudad,  sin  convocar tanto al raciocinio que explique las causas de la decadencia, como a la emoción de los sentimientos que impulsen su restauración, para que Manzanillo recupere la belleza que la convirtió en Perla del Guacanayabo.


viernes, 5 de agosto de 2016

Conversación con la cantante Alina Izquierdo y el músico Dennis Torres

Por Gabriel Cartaya
  Alina Izquierdo y Dennis Torres son dos músicos cubanos muy familiares en Tampa. En los casi tres años que viven entre nosotros, miles de personas han aplaudido la voz maravillosa de la cantante y el acompañamiento instrumental de su esposo, disfrutando de una propuesta artística balanceada entre diversos géneros musicales. Lo mejor de la música cubana –folklórica, son, bolero, salsa,  rumba– junto a ritmos latinoamericanos y también estadounidenses, se  enriquece desde la prodigiosa y versátil garganta de Alina, cuando el sonido de la tumba, el bongó, el timbal u otro instrumento –incluso el piano-, en las manos de Dennis, se suma a una voz de registros tan armoniosos como sorprendentes.
      Saber que el músico, compositor, arreglista y productor Dennis es graduado de batería y  percusión de la escuela de arte “Ignacio Cervantes”, en La Habana, donde también fue profesor y que Alina educó la innata voz de intérprete al lado de grandes músicos cubanos, como Pablo Milanés, junto a la manera sencilla –cualidad que corresponde a la verdadera grandeza- con que desde Tampa proponen al mundo su creación musical, incluido su último disco, es razón suficiente para motivarnos a solicitarles una entrevista, a la que accedieron con gentileza.
En los últimos años, miles de personas en Tampa han disfrutado de la música y la voz con que ustedes animan diferentes espacios. ¿Qué razones les animaron a elegir esta ciudad para vivir, cuando se hubieran podido radicar en Nueva York, Miami u otra gran ciudad de Estados Unidos? 
Alina: Tampa es una ciudad preciosa, con un potencial enorme. Aquí está mi familia de crianza y muchos amigos que formaron parte de mi infancia y mi juventud. Por  tanto, tengo la parte familiar y afectiva cerca. Un artista lo es sin importar el lugar donde vive, lo es donde quiera que esté. Yo estoy muy contenta de estar en esta ciudad, que es también parte insoslayable de nuestra historia y tradición cubana. A la Gran Manzana y a otras ciudades importantes desde el punto de vista artístico,  como Las Vegas,  iremos próximamente a actuar. Eso está dentro de nuestros planes y pienso que en cualquier parte de Estados Unidos hay grandes oportunidades.
  Dennis: Elegir a Tampa para vivir es algo que vamos a agradecer toda la vida a la familia de crianza de Alina. Aquí ya tenemos amigos y muchas personas que nos quieren.
 Alina, en Cuba te hiciste muy popular desde que, en el año 1992, triunfaste en el concurso de la OTIS (Organización de Televisión Iberoamericana), con la hermosa  canción “Para el nuevo año”, que fue aplaudida por todo el país y es recordada hasta hoy. ¿Qué caminos se te abrieron a partir de esa fecha?
Evidentemente, ser parte de un concurso tan importante, como es el de la organización de televisión iberoamericana, que específicamente ese año fue en Cuba, resultó una gran oportunidad. Aunque, por el grado de politización reinante en la Isla, no fue fácil para mí lanzar una canción nueva, esperanzadora, y con un estilo muy revolucionario para la época.
Pero Cuba en ese momento representaba más que nunca un bastión artístico y un bastión de resistencia artística, porque desgraciadamente también en nuestro país no habían casas discográficas extranjeras  y los músicos cubanos, siendo de los mejores del mundo, estaban muy marginados. Esta canción surgió también en un momento histórico muy importante, donde sufríamos la carencia de todo, desde alimentos hasta medicinas. ­
   Evidentemente, si hubiera llegado al concurso en España, pienso que “otro gallo cantaría”,  como decimos nosotros los cubanos y hubiera puesto el nombre de Cuba a un altísimo nivel, junto al de otros artistas que se dieron a conocer a partir de la OTI,  como es el caso de Julio Iglesias y el gran José José.  Pero bueno, soy alguien que no se conforma y que lucha siempre y el talento, como digo en mi programa de televisión, siempre se impone. Aquí estoy  comenzando una nueva etapa de mi vida, y de mi vida artística en los Estados Unidos, un país al cual amo y defiendo, pues estoy muy agradecida por todas las oportunidades que me está dando. El sacrificio se ve plasmado en la obra que uno hace, como esta reciente grabación de un disco con la producción de Dennis Torres, tan extraordinario músico como productor.
Dennis,  eres hijo del músico cubano Juan Pablo Torres,  reconocido mundialmente como uno de los grandes intérpretes del jazz.  ¿Hasta dónde esa jerarquía ha influido en tu obra?
   Mi papá siempre está presente en cada momento, en cada obra de la música, de mi profesión. Es una responsabilidad muy grande. Juan Pablo Torres fue catalogado entre los cinco mejores trombonistas del mundo. El trombón es un instrumento deficitario, a diferencia de la trompeta. Cuando se habla de trompetistas,  se reconoce a  Arturo Sandoval, Dizzy  Gillespie, Winston Marsalis, Maina Ferguson y otros, pero del trombón no se habla mucho. Mi papá trabajó con músicos de la talla de Astor Piazzola, George Benson, Pino Daniele, Steve Gadd, Marcello Mastroianni, Tito Puente, Celia Cruz, Paquito de Rivera, Arturo Sandoval, Chucho Valdés, Benny Moré, Gato Barbieri y muchos más. Siento mucho orgullo de él.
    En Cuba, mi padre fundó “Estrellas de Areíto”, catalogado como el primer “Buena Vista Social Club” del mundo, dónde reunió a las figuras más importantes de la música cubana. Él creó un instrumento y un método para estudiar el trombón y debido a su prematura desaparición física no se pudo dar a conocer en el mundo. Fue un músico autodidacta y a los 11 años ya tocaba el trombón en la banda de música de Puerto Padre, en la actual provincial de Las Tunas. Es el lugar donde yo nací, también un orgullo, pues allí nacieron grandes deportistas como Teofilo Stevenson y artistas como Emiliano Salvador,  entre otros.
  ¿Cómo se produjo la unión entre el excelente instrumentista y la maravillosa cantante?
  Alina: Nos conocimos en La Habana por casualidad,  gracias al maestro Juan Pablo Torres, el padre de Dennis. Primero fue una llamada telefónica y después fuimos a un ensayo. Allí nos conocimos personalmente y pienso que fue amor a primera vista. Debo decir que Dennis ha sido toda mi vida: mi dirección, mi maestro, mi compañero, mi amigo, y, por supuesto, el amor de mi vida
  Dennis: Sí, mi papá fue el responsable de nuestra feliz unión. Le daré gracias toda la vida. Un día me llamó por teléfono y dijo:  Denis, te voy a pasar aquí a una muchacha muy bonita, con una voz increíble, ella va a empezar a trabajar con nosotros y la conocerás. Cuando la vi por primera vez, desde ese momento me enamoré de ella para toda la vida.
  Ustedes vivieron muchos años en Italia, donde  cosecharon triunfos que se extendieron más allá de las frontreras de ese país. ¿Cómo valoran esa etapa en su historia personal y profesional?
  Alina: Realmente fue una etapa muy importante de nuestras vidas. Imponerse en Europa no es nada fácil porque los europeos, y sobre todo los italianos, tienen una norma muy exigente para difundir a los artistas. Hay artistas millonarios, de mucho éxito, que aquí en Estados Unidos no se conocen, como es el caso del gran Pino Danielle, con quien el maestro Juan Pablo Torres tuvo la oportunidad de compartir muchas veces escenarios muy importantes. Sin embargo, nos abrimos paso, Dennis como compositor para música de Mediaset y de la RAI (Radio Televisión Italiana) y como músico de la orquesta de los hermanos La Bionda y del maestro Augusto Martelli. En mi caso,  tuve éxito como participante en programas estelares de la radio y televisión italianas, con presentadores de la talla de Paulo Limiti. También realicé un vídeo virtual, un regalo de la RAI, con la cantante más importante de todos los tiempos de Italia que es la gran Mina.
  Pero como somos personas que no nos conformamos, vinimos a Estados Unidos, a buscar otros espacios, cantar en nuestra lengua, expresar nuestras raíces y defender los valores de la tierra que nos vio nacer. Como este es un país heterogéneo, formado por muchas razas, por muchas culturas, pues bueno,  aquí estamos intentándolo de nuevo y es muy bonito porque no te cansas, no te sientes viejo ni aburrido, nos renovamos siempre, como una espiral que no se detiene.
  ¿Desde cuándo están en Estados Unidos y cómo evalúan este tiempo?
Alina: Bueno, dentro de poco serán tres años y realmente valoramos este tiempo como muy positivo, porque ha sido  muy  fructífero.  En dos años hemos hecho tantísimo y éste es sólo el inicio, así que esperamos conquistar otros escenarios. Estamos ya conquistando Miami y esperamos conquistar otros escenarios tan importante como Las Vegas, New York y también llegar a otros países de América Latina, como Colombia, Panamá, Puerto Rico y otros. Por ejemplo,  un evento muy importante que vamos  a hacer próximamente es un concierto en Ybor City, el 18 de septiembre, acompañando a Tony Succar en la celebración de la Herencia Hispana.
  Dennis: Ya hace más de dos años que estamos aquí en Estados Unidos y realmente creo que hemos avanzado mucho. Hemos logrado espacios de presentación en muchos lugares de la ciudad. La  experiencia de vivir ya en otro país y continente, sin venír directamente desde Cuba,  nos enseña que no podemos perder tiempo.  Ya aquí nos hemos dado a conocer, actuamos sistemáticamente en diversos lugares, tenemos un programa de televisión y acaba de aparecer nuestro tercer disco, aquí en Tampa. Y lo más importante, nos hemos ganado el cariño y respeto de los tampeños.
  ¿Alina, qué significó para ti, cuando apenas comenzabas a darte a conocer, unir tu voz a la de Pablo Milanés, uno de los músicos cubanos más grandes de todos los tiempos?
  Fue un gran honor y un gran orgullo para mí trabajar con Pablo Milanés, quien a los pocos días de mi premio en la OTI me llamó a la casa, para pedirme que formara parte de la escudería de artistas que estaban en la fundación que él había creado, la fundación “Pablo Milanés”.
  Trabajar con él me abrió muchas puertas, no sólo en Cuba, sino también en muchos países de América Latina y Europa. Sin dudas, Pablo es un mito de la poesía y la canción, de la música cubana. Para mí es uno de los cantantes más importantes de nuestro país, un cantante extraordinario.
  He oído varios calificativos para evaluar la extraordinaria voz de Alina Izquierdo y me parece muy bien el de “La voz de diamante de Cuba”, aunque yo la extendería a “Voz Latina de Diamante”, por la diversidad de géneros musicales de esta cultura que cultivas. ¿Cómo te sientes con esta consideración?
  Alina:  Me siento muy orgullosa y muy honrada. Espero que continué siendo así, porque latinos somos todos y el término latino es más universal, es más grande. Estoy realmente muy satisfecha, muy contenta, muy orgullosa de que pueda ser así.
  Dennis: “La voz latina de diamante” está muy bien. Pienso que en mi país, al igual que con otros artistas, con Alina el Ministerio de Cultura perdió un gran potencial. Considero que con el potencial que ella tiene debieron trabajar y hacer un lanzamiento a nivel mundial,  como por ejemplo se hizo aquí con la salsa de nuestra Reina, Celia Cruz.
  ¿Qué significó para ustedes lanzar el disco “Sólo por la música”?
  Alina: Fue un disco de jazz muy bonito y debido a la muerte prematura del maestro Juan Pablo Torres,  pienso que también quedó un recuerdo hermoso, por compartirlo con él,  con el rey del timbal Tito Puente, con Giovanni Hidalgo, uno de los percusionistas más grandes del mundo y con Chucho Valdés, también uno de los pianistas más importantes del mundo, con tantísimas nominaciones y premios Grammy. También estuvieron en el disco Ed Calle, Héctor Martignon, y, por qué no decirlo, el joven músico Dennis Torres, excelente percusionista, compositor y arreglista
  Dennis: Sólo por la música el disco fue la realización de un sueño, compartir con músicos tan importante como Tito Puente, Giovanni Hidalgo, Chucho Valdés, Juan Pablo Torres, entre otros, fue un sueño hecho realidad.
  Recientemente dieron a conocer el tercer disco de su producción, con el título prometedor de “Un poquito más”. ¿Qué satisfacciones han tenido con esta nueva realización?
  Alina: Muchas satisfacciones, sobre todo con la promoción que estamos dándole en Miami. En la radio de allí ha tenido mucha aceptación y tenemos previsto que el sencillo “Un poquito más” lo vamos a presentar a los “Grammy” del próximo año, así que esperen muchas sorpresas con este disco.
  Dennis: Con la producción “Un poquito más” estamos muy contentos, por los resultados obtenidos y por la participación de músicos tan importantes como Ramón Sánchez Audinot, Tito de Gracia, Pedro Jesús, Kevin Pagán, Edwin Lebron, Tony Alicea y muchos más. Todos son músicos importantes y es otro sueño hecho realidad. Teníamos muchos deseos de grabar un disco de salsa y ya es una realidad.  Tiene mucha calidad, a la que me he acostumbrado trabajando con Alina.
  ¿Qué proyectos tienen en mente para el futuro próximo?
  Alina: Bueno, ya estamos inmersos en nuestra nueva producción discográfica y tenemos varios conciertos en Miami. El 18 de septiembre se realizará el lanzamiento de la producción discografica “Un poquito más” en Ybor City, en el evento de la Herencia Hispana. Para esa ocasión, tenemos como invitado especial  a Tony Succar con su orquesta. Así que les invitamos a ese concierto.
Gracias, Alina y Dennis. Y les deseamos mucha suerte.

   Publicado en La Gaceta, el 29 de julio y el 5 de agosto de 2016.

jueves, 21 de julio de 2016

Entrevista exclusiva al Dr. Ivan A. Shulman

Por Gabriel Cartaya

  Resulta difícil resumir el extenso currículum vitae del Dr. Ivan A. Schulman. Su historial académico se ha enriquecido con seis décadas como profesor de Español y Literatura Comparada, permanentes estudios, investigaciones y ejercicio docente en diversas universidades de Estados Unidos y Latinoamérica, la producción de una vasta obra que alcanza una diversidad de libros de su autoría o coautoría, decenas de ensayos en revistas especializadas, e infinidad de artículos y ponencias en eventos internacionales.
 El profesor Schulman es reconocido internacionalmente por sus grandes aportes a los estudios sobre el modernismo,  así como a la comprensión de la obra de José Martí y de otros escritores hispanoamericanos. Su producción intelectual es de obligada consulta en los estudios académicos y su presencia sigue siendo un privilegio en los foros más exigentes donde estos temas se llevan a discusión.
  Aunque es breve el espacio para presentar al entrevistado, que con gran gentileza accedió a responder algunas  preguntas para La Gaceta, es necesario mencionar algunos libros suyos que han contribuido a renovar y profundizar los estudios sobre el modernismo:  Símbolo y color en la obra de José Martí (1960), Génesis del modernismo:  Martí, Nájera, Silva, Casal ( l968), El modernismo hispanoamericano (l969), Martí, Casal y el modernismo (l969), Relecturas martianas: narración y nación (1994), El proyecto inconcluso: la vigencia del modernismo (2002), Vigencias: Martí y el modernismo (2005). Estos y otros textos suyos, han situado a Schulman entre los autores imprescindibles para entender el significado del modernismo en la literatura hispanoamericana.

  ¿Qué significó para usted el profesor Manuel Pedro González, ese gran investigador de la obra de José Martí tan desconocido actualmente en Cuba?

  Después de terminar mis estudios subgraduados en la Universidad Nacional Autónoma de México, seguí mis estudios universitarios en la Universidad de California (Los Ángeles).  Conocí a  Manuel Pedro González durante mi primer semestre, pues escogí un seminario sobre el modernismo hispanoamericano que él enseñó.  Me asignó un trabajo sobre Manuel Gutiérrez Nájera, y parece que le gustó mi trabajo, y me invitó a ser su Research Assistant.  Trabajamos juntos sobre la obra de Martí que luego publicamos en forma de libro: Esquema ideológico de Jose Martí.  Fue mi primer libro y seguimos trabajando juntos y fue él quien dirigió  mi tesis doctoral: Símbolo y color en la obra de José Martí, que la Editorial Gredos de Madrid publicó.
  Manuel Pedro fue primero mi maestro y luego mi colega y amigo.  No nació en Cuba sino en las Islas Canarias. Pero hizo todos sus estudios universitarios en La Habana.  No es una figura desconocida en Cuba.  Perteneció a un grupo distinguido de intelectuales como Juan Marinello, Raúl Roa, y luego Cintio Vitier y Fina García Marruz.
Ivan A. Schulman

 ¿Fue el entusiasmo temprano que le causó la figura de José Martí –a quien dedicó el primero de sus libros, convertido en un clásico para la comprensión de los símbolos en la obra del cubano– quien le llevó a los estudios sobre el modernismo, o los estudios de ese movimiento literario le llevaron a José Martí?

  Con Manuel Pedro empecé mis estudios sobre Martí y el modernismo.  Trabajé con él para rectificar la cronología del modernismo hispanoamericano.  Y junto con Ricardo Gullón y Angel Rama, cambiamos el concepto cronológico sobre la iniciación del modernismo, es decir, que fueron Martí y Gutiérrez Nájera los que iniciaron el modernismo en América y no Rubén Darío, cuya egolatría acostumbrada le llevó a atribuirse la iniciación del modernismo hispánico.

 Probablemente el proyecto intelectual más ambicioso que usted se ha propuesto como investigador literario ha sido el de afrontar una reevaluación del modernismo, en medio del debate entre la llamada crítica tradicional y la progresista, de la que es usted uno de sus mayores representantes. ¿Cómo han influido en la evaluación actual del modernismo los argumentos defendidos por usted?

  De acuerdo. Mis proyectos más importantes fueron, y han sido la rectificación de la iniciación del modernismo, y la definición del concepto literario y cultural del modernismo en América y la importancia de Martí en la evolución de ese proyecto.  Pero, mi concepto del modernismo fluye de la idea de Jürgen Habermas, o sea, que el modernismo es un proyecto inconcluso, evolutivo: título de uno de mis libros: El proyecto inconcluso; la vigencia del modernismo, Universidad Nacional Autónoma de México y Siglo XXI, 2002.
  Pero he escrito y publicado sobre muchos temas hispanoamericanos, desde la Colonia hasta lo contemporáneo, sobre figuras y temas de Cuba, México, Nicaragua, Argentina, Puerto Rico, Chile.

 ¿Qué jerarquía tiene la figura de José Martí dentro de los exponentes del modernismo?

  Martí tiene una jerarquía única entre los modernistas.  Durante una vida muy corta vivió exilado en varios países hispanoamericanos, y luego 15 años en los Estados Unidos.  La última edición de sus obras, que es  la edición crítica del Centro de Estudios Martianos de Cuba, tiene más de 20 volúmenes.  Martí fue poeta, prosista, cronista. Vivió la experiencia de la primera etapa de la modernidad capitalista en los Estados Unidos y escribió para periódicos y revistas de América sobre la vida nueva en comparación con la de los “países azules” como él llamaba a los países de Hispanoamérica, recomendando la necesidad de transformar, de modernizar la vida americana, pero evitando los defectos de la vida política y social de los Estados Unidos, que él entendió mejor que ningún latinoamericano de su época, defectos que vivimos en los Estados Unidos en este momento: terrorismo, corrupción política, racismo, violencia social.  Fue un escritor visionario, mucho más  que ningún otro modernista; un escritor que sabía leer el futuro, como hemos observado con tino Cintio Vitier y yo.

 En Nuevos asedios al Modernismo, usted encuentra en ese movimiento literario “un fenómeno sociocultural multifacético”, ¿Se podría conectar la actitud de algunos modernistas como una respuesta espontánea a  la exclamación martiana de  “no habrá literatura hispanoamericana hasta que no haya Hispanoamérica”?

 Definitivamente.  En su ensayo sobre la naturaleza de la “Revista Venezolana”, Martí explica la necesidad de una “voz” genuinamente americana.  Se trata de un exorcismo social que tendría el efecto de producir una literatura hispanomericana.  Pero esta búsqueda, sin embargo, no excluye la presencia del pasado, ni de las novedades del presente, incluyendo las técnicas pictóricas que modernistas como Martí y Darío supieron utilizar en su obra para crear una modernidad americana auténtica.
 Aunque se ha abusado mucho de la frase “vigencia de Martí”, con distintos propósitos ideológicos, hay una expresión suya de una particular intensidad: “A diferencia de algunos escritores modernistas de su época, Martí tiene una voz en sus escritos que pertenece a nuestro tiempo”. Desde esa invocada presencia, ¿cómo se equilibra la preocupación estética y el deber ético del ser humano ante la sociedad donde le corresponde vivir?

 Entre otros críticos de Martí y del modernismo, he defendido el concepto de la vigencia martiana.  No hay duda: Martí es un escritor cuyas obras abarcan el pasado, el presente y el futuro.  Es que Martí tenía una visión muy intensa y muy amplia, con una preocupación ética y estética. Limitándonos a sus crónicas de los quince últimos años de su vida, es decir, las crónicas sobre los Estados Unidos que publicó en varios países de Hispanoanérica, se puede comprobar la vigencia de sus escritos: si cambiamos los nombres de los detalles históricos de esas crónicas, se  pueden  leer como crónicas de los acontecimientos de nuestro momento histórico.   Martí escribió para relatar lo que pasaba en los Estados Unidos, pero también con la intención de que los países de su América aprendieran técnicas nuevas, y, al mismo tiempo, que evitaran los defectos de la modernidad capitalista.

 ¿Cómo evalúa el concepto de posmodernidad?

 Nunca he tratado de definir lo que muchos llaman la posmodernidad, sencillamente porque no existe una sola definición del término, como no existe una sola versión de la definición del modernismo.  Lo que sí creo es que hay lo que yo llamaría enlaces, es decir, elementos variados de estilos del pasado y del presente, y la presencia de las técnicas de distintas artes en la expresión literaria.  Martí y Darío, por ejemplo, utilizaron elementos del pasado literario y distintas técnicas expresivas que no son exclusivamente literarias.  Es decir, escribieron, por ejemplo, con técnicas pictóricas. La imposibilidad de definir la posmodernidad termina, entre algunos críticos, en el uso del vago término de la pos-pos-modernidad.

Entre el autor y su obra, cuando hablamos de Ivan A. Schulman, tal vez conocemos más la obra (más de diez libros  e infinidad de artículos y ensayos en diversas publicaciones) que al autor. Por ello me gustaría preguntarle sobre su vida:   
¿Dónde nace y crece?

 Nací en Brooklyn, Nueva York, donde viví y estudié hasta cumplir tres años de estudios universitarios.  Después, en México, California, Missouri, Florida y Puerto Rico.

 ¿Cómo nace la motivación por la lengua y cultura hispana?

 De joven deseaba hacer estudios de medicina.  Pero, como mis padres eran de clase media baja, sin mucho dinero, y como me gustó el estudio de las lenguas extranjeras y la literatura, me decidí por una carrera de profesor universitario. La decisión de estudiar la cultura y la literatura hispana se debió al hecho de que gané una beca para terminar mis estudios subgraduados en la Universidad Nacional Autónoma de México.

¿Qué ha disfrutado más, la investigación o la enseñanza?

La ensenanza y la investigación me han gustado mucho a través de mi profesión como profesor universitario.  Pero siempre me ha gustado más, creo, trabajar con los estudiantes de nivel doctoral y ayudarlos a escribir la tesis doctoral y luego iniciarlos en la profesión de investigadores a nivel universitario.

¿Cuál ha sido el mejor lugar para vivir?

 Mi lugar favorito para vivir fue, y es,  Nueva York, por la actividad cultural de la ciudad.

¿Cuál manifestación del arte es su preferida?

 No tengo preferencia por una manifestación particular del arte. Soy un ecléctico.

De todos los viajes que ha realizado, ¿cuál recuerda con mayor emoción?

De todos mis viajes alrededor del mundo, mis preferencias o favoritos han sido: México, Cuba, Buenos Aires, Italia y Tailandia.

 Es conocida la frase de que los libros son como hijos para el autor. ¿Siente predilección especial por alguno de sus libros? ¿Por qué?

  Si tuviera que escoger dos libros predilectos, diría que Símbolo y color en la obra de José Martí, porque representa el comienzo de mi carrera como investigador y porque la figura de Manuel Pedro Gónzalez está presente siempre cuando pienso en el libro.  El título fue una sugerencia de él, pero me dejó campo libre para elaborar los temas. El otro libro es El Proyecto inconcluso, libro que representa mis ideas maduras sobre el tema del modernismo y lo que significó para la historia literaria y cultural de Hispanoamérica.

 ¿Qué piensa del nuevo camino que están tomando las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?

 Me entusiasma el camino que están tomando las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Desde mi primer viaje a Cuba, hace 50 años, Cuba ha sido un lugar favorito y ha sido un placer para mí trabajar con investigadores como Cintio Vitier, Fina García Marruz, Ibraím Hidalgo, Pedro Pablo Rodríguez, Ana Collazo, y tantos otros.

 ¿Cómo ve Iván Schulman el futuro próximo de la humanidad?

 Me deprime lo que está pasando ahora en el mundo, sobre todo, el terrorismo y la violencia racial. ¿El futuro?  Tengo, desgraciadamente, una visión pesimista de lo que está pasando en el mundo.  Pero tengo fe en la humanidad.  Mi fe está relacionada con la visión martiana de un mundo de paz y alegría.  Si los seres humanos re-piensan sus experiencias del pasado, sus errores, será posible construir un mundo mejor.  He trabajado recientemente con el pintor y fotógrafo John Rusnak, sobre  un proyecto colaborativo de arte y literatura, “Temor de Nostalgia”, cuya idea es que la humanidad necesita reflejar los errores del presente y del pasado.  El proyecto se exhibió por primera vez en Cuba, y luego en Brasil, Chicago y Los Ángeles.

 Seguramente sus estudiantes están regados por el mundo, muchos de ellos con doctorados que fueron tutoreados por usted. ¿Qué sugiere a los jóvenes que empiezan, a los que sueñan con la investigación, el doctorado y la magia de convertir en libro la hoja en blanco?

  Sí, tengo discípulos regados por todo el mundo, incluyendo a Tampa.  Para ayudarlos con el comienzo de su carrera siempre he recomendado que lo más importante es estudiar con cuidado los textos de un ensayo o de un libro, porque, a fin de cuentas, creo sinceramente que el texto tiene que hablar al investigador, y que se debe evitar la aplicación de las ideas o las teorías que en un momento dado estén de moda. Si no se deja que la materia hable al investigador, el producto intelectual sería defectuoso.  Y la otra cosa que recomiendo es que tengan  en mente que la novedad es un elemento constante.  Y que no se debe repetir lo que los otros ya han descubierto y publicado.

Publicada en La Gaceta, Tampa, 15 y 22 de julio, 2016

miércoles, 13 de julio de 2016

La cercanía de las banderas de Cuba y Puerto Rico




La cercanía de las banderas de Cuba y 
Puerto Rico

Por Gabriel Cartaya
                     A Maribel Sánchez-Pagán y Rafael Pagán

Las banderas de Cuba y Puerto Rico guardan una similitud que se entrelaza con el poema de Lola Rodríguez de Tió: “Cuba y Puerto Rico son/de un pájaro las dos alas”. Ambas fueron concebidas con cinco franjas horizontales, un triángulo equilátero a la izquierda y una estrella de cinco puntas dentro de él. Poseen los mismos colores, variando sólo su distribución.  Las dos franjas blancas interiores se corresponden, diferenciándose las  restantes, que en el emblema cubano son azules y rojas en el puertorriqueño. El triángulo en la bandera de la mayor de las Antillas es rojo, mientras la isla hermana lo prefirió azul, pero la estrella en ambas goza de la misma blanca claridad.

La historia de cada una tiene un camino propio, construido de sueños, esperanzas, quebrantos, rupturas, fracasos y triunfos, y en su especifidad identitaria se acercan, fortaleciendo la solidaridad derivada de la raíz común, en la sangre y en la bandera.

La cubana procedió, en 1850, de un sueño anexionista, cuando Narciso López la desembarcó en Cárdenas con el propósito confeso de arrancar a la Isla de España y sumarla a los estados de la Unión Americana. Sin embargo, 19 años más tarde se hizo independentista, aprobada por la Asamblea de Guáimaro como bandera cubana de los mambises.

La puertorriqueña nació de un esfuerzo independentista antillano, en 1892, dentro del proyecto que reunió a sus mejores hijos y a los cubanos junto a  José Martí en el Partido Revolucionario Cubano (PRC). Pero fue derivando, en la historia compleja y apasionada de una ínsula bien poblada que España entregó a Estados Unidos, hacia las posiciones que concibió Narciso López para la cubana. Por esas paradojas eternas de la historia, la originalmente anexionista se erigió independentista en una larga guerra, para flamear en nombre de una nación independiente en 1902. En tanto, la de brotación independentista se fue replegando y readaptando, una y otra vez, hasta conseguir una legitimidad, en 1952, donde el 50 por ciento del concepto libre se compartió con el de asociado.

Las precisiones sobre el  origen de las dos banderas son diversas. La cubana, como hemos dicho,  que ideó López en Estados Unidos bajo la influencia de los colores y símbolos de esa nación,  fue  diseñada por el poeta  Miguel Teurbe Tolón, quien contó con la mano costurera de su esposa Emilia para verla nacer,  alrededor del entusiasmo del escritor  Cirilo Villaverde,  José Aniceto Iznaga Borrell,  Juan Manuel Macías y otros cubanos desterrados en Nueva York.

Sobre los orígenes de la bandera puertorriqueña han subsistido dudas acerca de su autor y fecha exacta de creación.  Como la cubana,  es en Nueva York donde vino a la luz, cuando José Martí está organizando el PRC, en cuyo primer artículo de sus Bases incluyó la independencia de las dos islas. Hubo una gran cantidad de puertorriqueños en ese proyecto independentista. Muchos de ellos ocuparon cargos cercanos a Martí, como Sotero Figueroa y  Antonio Vélez Alvarado, con quien se ha identificado la creación del estandarte similar al cubano. 
José Martí en Jamaica, en octubre de 1892. Al fondo las banderas de Cuba y Puerto Rico
Es realmente en ese  ambiente que surge la idea de la bandera puertorriqueña. Siempre se menciona a Vélez Alvarado, José de la Matta Terreforte,  Manuel Besosa y al poeta  Francisco Gonzalo (Pachín) Marín, como el grupo creador de la bandera.  Las imprecisiones crecieron cuando, en 1923, Terreforte, ya anciano ( estuvo junto a Betances en el Grito de Lares, en 1868)  declaró que fue Pachín quien le envió una carta, desde Jamaica, con el diseño que tendría el blazón independentista de su patria. Me resulta dudoso, porque el poeta Pachín ya estaba en Nueva York en 1891, trabajando en la imprenta de Vélez, y parece ser en este ambiente, mezclado de cubanos y puertorriqueños apasionadamente independentistas, donde afloró  este símbolo.

Muchos historiadores de Puerto Rico sostienen que la bandera se izó en Nueva York, por primera vez, el 22 de diciembre de 1895, durante una ­reunión de la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano,   que tuvo lugar en el Chimney Corner Hall de esa ciudad.

Parece ser que en la isla de Puerto Rico se estrenó su enseña, por primera vez, en 1897, durante el intento independentista que se produjo en Yauco. Pero existe una prueba inequívoca de que los puertorriqueños emigrados la venían mostrando desde 1892. Es la fotografía de José Martí en Jamaica, en octubre de ese año, donde aparece junto al Cuerpo de Consejo de Kingston, escoltado por las dos banderas.

La foto expresa, a mi ver, el más alto poder simbólico: cubanos y puertorriqueños juntos, al lado del gran antillano, definiendo el propósito de ver libres a las islas que la poetisa miró como dos alas de un ave maravillosa del Caribe.

En Tampa, identifico el origen de muchos hispanos por la bandera que llevan en el auto.  Sin embargo, muchas veces he tenido que acercarme para saber si es cubano o puertorriqueño, pues a primera vista parece el mismo estandarte. Al final, el símbolo también nos define y hermana.


jueves, 30 de junio de 2016

A diez años de la proeza de Galia Moss

Por Gabriel Cartaya

Como en todos los grandes acontecimientos de la humanidad, el nombre de la mujer también aparece en las legendarias hazañas marinas  que registra la historia.  Ya en el siglo V a.n.e., Herodoto se refiere a la corsaria Artemisa I de Halicarnaso, quien para el rey persa Jerjes era uno de sus mejores capitanes en sus campañas contra los griegos.
  En los umbrales de la modernidad, cuando a partir de los llamados  grandes descubrimientos geográficos la piratería se convirtió en la gran aventura de alta mar, se  suman los nombres de mujeres como Jeanne Clisson, cuyos atrevidos abordajes se convirtieron en espanto para muchos corsarios y piratas y  en tormento para el propio rey Felipe VI.
  Pero ha sido a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando encontramos a diversas mujeres ante el reto de cruzar grandes distancias marítimas sin acompañantes, en embarcaciones pequeñas. El fenómeno es conocido con el nombre de noseve (navegación solitaria en pequeños veleros), siendo Ann Davison, en 1952,  la primera mujer en atravesar el Atlántico, desde Inglaterra hasta Nueva York.

Galia Moss
 Sin embargo, esta reseña es para llamar la atención hacia la primera latinoamericana en conquistar esa proeza, tanto por el significado del acontecimiento en sí, como por las derivaciones humanitarias con que la autora acompañó su acción legendaria.
  En el mes de junio de 2006, hace justamente diez años, Galia Moss anotó una página heroica al velerismo mundial, cuando llegó a la costa de Quintana Roo, en su México natal, a los 41 días de haber salido del Puerto de Vigo, en España, sin más compañía que la férrea voluntad de atravesar el Atlántico. A la hora de coronar la hazaña, Galia tenía 31 años, de los que había dedicado más de un lustro a prepararse para cumplir el sueño y con él servir a la humanidad.
 Desde muy temprana edad, Galia sintió atracción por el deporte, practicando atletismo, gimnasia, natación, yoga. Cuando empezó a experimentar el velerismo, concibió la idea de atravesar el océano Atlántico, sin contar con nada más que su pasión, voluntad y optimismo, pues  ni siquiera sabía de dónde saldrían los recursos para armar su ­excursión solitaria. 
  En el décimo aniversario de la travesía histórica de Galia Moss, quiero llamar la atención hacia las acciones humanitarias con que esta joven mujer concibió y ejecutó su marca deportiva. Habría sido suficiente la travesía, para probar a todos lo que es capaz de lograr un ser humano cuando se propone alcanzar un sueño. También, en una época donde la mujer reivindica más que nunca su capacidad de ser par del hombre, la epopeya marina de Moss es un símbolo de equidad de género. Y, todavía, regaló a Latinoamérica el orgullo legítimo de  sumar otra página en el registro de las grandes hazañas de la humanidad.
  Pero, por encima del valor simbólico contenido en los elementos señalados, está la acción altruista de convertir la titánica empresa en beneficio social, al concebir que cientos de familias fueran favorecidas con la repercusión de un acontecimiento que atrajo a la prensa, instituciones,  negocios, patricinadores.  El proyecto de realización de la travesía trasatlántica, en coordinación con tres organizaciones sin fines de lucro, programó que por cada 8 millas náuticas vencidas se recibiría una donación para construir una casa a una familia mexicana que viviera en extrema pobreza. Un total de 644 nuevos hogares dieron gracias a Galia por su aventura de mar.
 Después de ver cumplida esta ilusión y convertirse en la primera mujer latinoamericana en atravesar el ­Atlántico timoneando un velero, sin una voz humana alrededor, Galia ha seguido transformando su pasión por el velerismo en beneficio de los más necesitados. En 2011 concluyó una travesía sin acompañantes desde Veracruz hasta las Islas Azores, y las 4250 millas náuticas del viaje, con el compromiiso de que la “Fundación Televisa” y la organización “Un kilo de ayuda” entregaran un paquete nutricional bisemanal a 708 niños durante dos años y medio.
 Galia ha contado su apasionante aventura en su libro Navegando un sueño  y ha apadrinado a cientos de niños de su país. También, ha ofrecido becas educativas y contribuído a la construcción de escuelas, dando múltiples pruebas de que su gran corazón bombea buena sangre al cerebro para emprender obras tan memorables.
    El pasado 8 de junio, Galia Moss escribió en Facebook unas bellas palabras de homenaje al mar: “Hoy, en el Día Mundial de los Océanos le agradezco dejarme pasar sobre sus aguas en cada una de las travesías que he logrado sola y en tripulación. Agradezco su calma, su rudeza, su belleza y sobre todo su enseñanza”.