viernes, 30 de enero de 2026

Dominó de dictadores, una novela histórica de Alfredo Antonio Fernández

 Cuando se habla de novelas sobre dictadores en América Latina, se cita, en el orden de aparición: Tirano Banderas (1926), en la que Ramón del Valle-Inclán expone a un dictador excéntrico en Hispanoamérica, el general Santos Banderas, ubicado en una república ficticia de América del Sur;  El Señor presidente (1946) de Miguel Ángel Asturias, donde se alude al régimen dictatorial  de Manuel Estrada Cabrera en Guatemala; El recurso del método (1974) de Alejo Carpentier, inspirada esencialmente en el gobierno cubano de Gerardo Machado; en Yo, el Supremo (1974) Augusto Roa Bastos narra la etapa en que el gobierno de Paraguay estuvo bajo el poder del Supremo y Perpetuo José Gaspar Rodríguez de Francia; El otoño del patriarca (1975), de Gabriel García Márquez, satiriza el poder absoluto de autócratas caribeños  y, en  La fiesta del Chivo (2000) Mario Vargas Llosa refleja el comportamiento tiránico de Trujillo en República Dominicana.

Si bien, obras como La novela de Perón (1985), de Tomás Eloy Martínez; Tiempos recios (2019), de Vargas Llosa y La sombra del caudillo (1929), de Martín Luis Guzmán, también reflejan el aire dictatorial hispanoamericano –esta vez en Argentina, Guatemala y México–, también develan los engranajes, públicos y ocultos, de las dictaduras en el continente. De los autores, tres obtuvieron el Premio Nobel de Literatura y uno (Carpentier), el Premio Miguel de Cervantes, lo que indica el peso que ha tenido este tema en nuestros grandes escritores.

Estas novelas abordaron el tema de las dictaduras desde protagonistas reales o imaginarios, de lugares concretos o ficticios, pero siempre desde referentes históricos hispanoamericanos. Por eso llama la atención la novela Dominó de dictadores, del escritor de origen cubano Alfredo Antonio Fernández. La obra, de más de 400 páginas, fue publicada por Ilíada Ediciones, Berlín, en 2019, con una advertencia en contraportada que afirma ser “una novela histórica que incorpora la técnica del thriller cinematográfico de forma singular en la narrativa”, lo que  se explica al saber que el autor es también guionista y ha publicado importantes libros sobre el llamado séptimo arte, como  A través del espejo: EL cine hispanoamericano contemporáneo (2013).

Sin embargo, el hecho de ser historiador (graduado en la Universidad de La Habana), le da a Alfredo las herramientas para la acuciosa labor de investigación que debió realizar para cumplir fielmente con el segundo aviso de la contracubierta: “La trama sigue de forma paralela cuatro hechos históricos que conmovieron al mundo entre 1930 y 1961: el ascenso de Hitler en Alemania, las dictaduras de Batista y Trujillo en el Caribe y el desarrollo episódico de la revolución cubana”. En el  caso cubano,  la figura del dictador puede verse en la continuidad Machado-Batista-Castro.  Cómo unir en una trama común, con vínculos trasatlánticos que se urden a  la vista pública o en la sombra,  las ambiciones, actitudes, traumas y enfermizas egolatrías que se mueven en el ejercicio político ostentado por los líderes que dominaron dictatorialmente su país y, en el caso de Hitler, aspiraron a dominar el mundo.

El historiador Alfredo Fernández, conocedor de cientos de libros, ensayos y artículos sobre las dictaduras en América Latina, procesa las diversas interpretaciones teóricas y conceptuales alrededor de este tema y aprehende, como escritor, que solo las herramientas de la  literatura le permitirán develar la profundidad de los rasgos antropológicos, psicológicos, el telos, la subjetividad, la historia profunda; en fin,  el complejo mundo que se oculta detrás de su brutal dominación.

Y aunque Alfredo es también profesor, no pretende educar a través de Dominó… Él lo ha dicho en una entrevista: “Como autor no quiero demostrar nada (preceptiva), solo quiero mostrar (descriptiva)”. A pesar de esa declaración,  es mucho lo que enseña en esta novela, no solo por la exposición de acontecimientos reales y ficticios que se amalgaman al exponerse en una trama donde se juntan la mentalidad del tirano y todo el ambiente de falsedad, corrupción, ambición y egocentrismo desenfrenado que les hace pariguales aunque se autoproclamen  Führer, Egregio, Benefactor de la Patria, Hombre Fuerte o El Comandante, identificados con el fascismo alemán, machadato, trujillismo y finalmente,  revolución cubana, develados desde una propuesta donde la narración y el lenguaje  alcanzan tan altos quilates como la apasionante historia que se entrecruza entre los personajes, imaginarios o históricos.

Fernández  ha confesado el origen de esta novela: “En la investigación, se me hizo evidente que el marco de tiempo de la novela (1930-1961), hacía necesario vincular a las dictaduras imperfectas del Caribe con las dictaduras ejemplares del fascismo europeo: Hitler (Alemania) y Franco (España). Por medio de una veintena de personajes (reales y ficticios) y una férrea estructura narrativa dividida en dos libros (1930-1945-1961), deseché el proyecto investigativo inicial (Dios y Trujillo) y se impuso, primero como impulso inconsciente y luego con conocimiento de causa, la escritura de una novela no sobre una sino sobre cuatro revoluciones y dictaduras en América y Europa (Dominó de dictadores)”.

La agudeza narrativa con que el novelista intercala las historias de amor en el marco de acontecimientos históricos relevantes examina la naturaleza de los personajes principales, bien en la legitimidad del sentimiento, la hipocresía del comportamiento, los imperativos sexuales, las ambiciones políticas o, en muchos casos, en la contradicción entre exposición pública y la intimidad. Que en los entresijos de las pasiones discurran planes macabros de espionaje, componendas en que se deciden acciones de repercusión mundial, planes de vida y muerte sobre oponentes políticos y hasta el clímax del sexo entre el estruendo de ametralladoras,  hacen de la novela una película donde la tensión del acto acompaña a la de los protagonistas que desfilan en  las páginas.

La novela está estructurada en dos partes y aunque el libro Primero, como el Segundo, indican el mismo tiempo (1930-1945-1961) y ambos empiezan y terminan en El Caribe (Cuba, Santo Domingo), hay una diferencia temática entre ellos, pues el primero, aunque parte de Bahia de Cochinos en medio de la bárbara balacera tras la invasión de Playa Girón, inscribe desde el tercer capítulo a la figura de Hitler y los hombres que le rodeaban en camino al poder. En retrospectivas continuas, desfilan acontecimientos trascendentales de la historia de Cuba, de Europa y de Santo Domingo en una variedad de protagonistas, masculinos y femeninos, que se engarzan en la historia que explica el arribo dictatorial en cada uno de esos escenarios.

En este comentario, que no aspira a ser de naturaleza crítica sino la impresión de un  lector, no daré señales de los hilos dramáticos que la hacen apasionante, a partir de figuras históricas o ficticias que calzan la historia, pero me permito algunas opiniones. La primera es en torno a la clasificación (todas son inexactas): considerar novela histórica o historia novelada la que tengo delante. Si, como sugieren muchos, en las primeras prevalece la ficción y en la segunda la historia, entonces Dominó… pertenece a esta última. Sin embargo, no es historia, aunque ella esté viva en la novela. Si Fernández hubiera querido escribir historia sobre estas figuras y acontecimientos, lo hubiera hecho, pues tiene todas las herramientas del historiador. Prefirió la ficción para escribir la historia. Y lo hizo bien. Creo yo, que también soy historiador, que se aprende más con esta novela que con muchos textos de historia sobre estos temas. Y no solo porque estas páginas ayudan a conocer –y condenar– desde la exposición de los hechos, sino porque también contribuyen a juzgar desde la movilización de los sentimientos. Ya sé que no fue el propósito del autor, pero, quiéralo o no, la calidad de los diálogos, la elección y descripción de los escenarios, el tono y el ritmo que mantiene a través de toda la narración, la dramatización de cada uno de los diversos conflictos –o del conflicto general con el poder que acompaña al dictador consigo mismo–, el ambiente de verosimilitud que alcanza la novela en cada uno de sus capítulos, hacen de Dominó de dictadores una novela ejemplar. Milán Kundera sugería que la novela debía examinar la existencia, no la realidad, pero Alfredo Fernández nos ha ofrecido en esta obra una prueba de que el examen de la realidad nos permite entender la existencia en toda su maravillosa complejidad.

 

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