viernes, 30 de enero de 2026

Dominó de dictadores, una novela histórica de Alfredo Antonio Fernández

 Cuando se habla de novelas sobre dictadores en América Latina, se cita, en el orden de aparición: Tirano Banderas (1926), en la que Ramón del Valle-Inclán expone a un dictador excéntrico en Hispanoamérica, el general Santos Banderas, ubicado en una república ficticia de América del Sur;  El Señor presidente (1946) de Miguel Ángel Asturias, donde se alude al régimen dictatorial  de Manuel Estrada Cabrera en Guatemala; El recurso del método (1974) de Alejo Carpentier, inspirada esencialmente en el gobierno cubano de Gerardo Machado; en Yo, el Supremo (1974) Augusto Roa Bastos narra la etapa en que el gobierno de Paraguay estuvo bajo el poder del Supremo y Perpetuo José Gaspar Rodríguez de Francia; El otoño del patriarca (1975), de Gabriel García Márquez, satiriza el poder absoluto de autócratas caribeños  y, en  La fiesta del Chivo (2000) Mario Vargas Llosa refleja el comportamiento tiránico de Trujillo en República Dominicana.

Si bien, obras como La novela de Perón (1985), de Tomás Eloy Martínez; Tiempos recios (2019), de Vargas Llosa y La sombra del caudillo (1929), de Martín Luis Guzmán, también reflejan el aire dictatorial hispanoamericano –esta vez en Argentina, Guatemala y México–, también develan los engranajes, públicos y ocultos, de las dictaduras en el continente. De los autores, tres obtuvieron el Premio Nobel de Literatura y uno (Carpentier), el Premio Miguel de Cervantes, lo que indica el peso que ha tenido este tema en nuestros grandes escritores.

Estas novelas abordaron el tema de las dictaduras desde protagonistas reales o imaginarios, de lugares concretos o ficticios, pero siempre desde referentes históricos hispanoamericanos. Por eso llama la atención la novela Dominó de dictadores, del escritor de origen cubano Alfredo Antonio Fernández. La obra, de más de 400 páginas, fue publicada por Ilíada Ediciones, Berlín, en 2019, con una advertencia en contraportada que afirma ser “una novela histórica que incorpora la técnica del thriller cinematográfico de forma singular en la narrativa”, lo que  se explica al saber que el autor es también guionista y ha publicado importantes libros sobre el llamado séptimo arte, como  A través del espejo: EL cine hispanoamericano contemporáneo (2013).

Sin embargo, el hecho de ser historiador (graduado en la Universidad de La Habana), le da a Alfredo las herramientas para la acuciosa labor de investigación que debió realizar para cumplir fielmente con el segundo aviso de la contracubierta: “La trama sigue de forma paralela cuatro hechos históricos que conmovieron al mundo entre 1930 y 1961: el ascenso de Hitler en Alemania, las dictaduras de Batista y Trujillo en el Caribe y el desarrollo episódico de la revolución cubana”. En el  caso cubano,  la figura del dictador puede verse en la continuidad Machado-Batista-Castro.  Cómo unir en una trama común, con vínculos trasatlánticos que se urden a  la vista pública o en la sombra,  las ambiciones, actitudes, traumas y enfermizas egolatrías que se mueven en el ejercicio político ostentado por los líderes que dominaron dictatorialmente su país y, en el caso de Hitler, aspiraron a dominar el mundo.

El historiador Alfredo Fernández, conocedor de cientos de libros, ensayos y artículos sobre las dictaduras en América Latina, procesa las diversas interpretaciones teóricas y conceptuales alrededor de este tema y aprehende, como escritor, que solo las herramientas de la  literatura le permitirán develar la profundidad de los rasgos antropológicos, psicológicos, el telos, la subjetividad, la historia profunda; en fin,  el complejo mundo que se oculta detrás de su brutal dominación.

Y aunque Alfredo es también profesor, no pretende educar a través de Dominó… Él lo ha dicho en una entrevista: “Como autor no quiero demostrar nada (preceptiva), solo quiero mostrar (descriptiva)”. A pesar de esa declaración,  es mucho lo que enseña en esta novela, no solo por la exposición de acontecimientos reales y ficticios que se amalgaman al exponerse en una trama donde se juntan la mentalidad del tirano y todo el ambiente de falsedad, corrupción, ambición y egocentrismo desenfrenado que les hace pariguales aunque se autoproclamen  Führer, Egregio, Benefactor de la Patria, Hombre Fuerte o El Comandante, identificados con el fascismo alemán, machadato, trujillismo y finalmente,  revolución cubana, develados desde una propuesta donde la narración y el lenguaje  alcanzan tan altos quilates como la apasionante historia que se entrecruza entre los personajes, imaginarios o históricos.

Fernández  ha confesado el origen de esta novela: “En la investigación, se me hizo evidente que el marco de tiempo de la novela (1930-1961), hacía necesario vincular a las dictaduras imperfectas del Caribe con las dictaduras ejemplares del fascismo europeo: Hitler (Alemania) y Franco (España). Por medio de una veintena de personajes (reales y ficticios) y una férrea estructura narrativa dividida en dos libros (1930-1945-1961), deseché el proyecto investigativo inicial (Dios y Trujillo) y se impuso, primero como impulso inconsciente y luego con conocimiento de causa, la escritura de una novela no sobre una sino sobre cuatro revoluciones y dictaduras en América y Europa (Dominó de dictadores)”.

La agudeza narrativa con que el novelista intercala las historias de amor en el marco de acontecimientos históricos relevantes examina la naturaleza de los personajes principales, bien en la legitimidad del sentimiento, la hipocresía del comportamiento, los imperativos sexuales, las ambiciones políticas o, en muchos casos, en la contradicción entre exposición pública y la intimidad. Que en los entresijos de las pasiones discurran planes macabros de espionaje, componendas en que se deciden acciones de repercusión mundial, planes de vida y muerte sobre oponentes políticos y hasta el clímax del sexo entre el estruendo de ametralladoras,  hacen de la novela una película donde la tensión del acto acompaña a la de los protagonistas que desfilan en  las páginas.

La novela está estructurada en dos partes y aunque el libro Primero, como el Segundo, indican el mismo tiempo (1930-1945-1961) y ambos empiezan y terminan en El Caribe (Cuba, Santo Domingo), hay una diferencia temática entre ellos, pues el primero, aunque parte de Bahia de Cochinos en medio de la bárbara balacera tras la invasión de Playa Girón, inscribe desde el tercer capítulo a la figura de Hitler y los hombres que le rodeaban en camino al poder. En retrospectivas continuas, desfilan acontecimientos trascendentales de la historia de Cuba, de Europa y de Santo Domingo en una variedad de protagonistas, masculinos y femeninos, que se engarzan en la historia que explica el arribo dictatorial en cada uno de esos escenarios.

En este comentario, que no aspira a ser de naturaleza crítica sino la impresión de un  lector, no daré señales de los hilos dramáticos que la hacen apasionante, a partir de figuras históricas o ficticias que calzan la historia, pero me permito algunas opiniones. La primera es en torno a la clasificación (todas son inexactas): considerar novela histórica o historia novelada la que tengo delante. Si, como sugieren muchos, en las primeras prevalece la ficción y en la segunda la historia, entonces Dominó… pertenece a esta última. Sin embargo, no es historia, aunque ella esté viva en la novela. Si Fernández hubiera querido escribir historia sobre estas figuras y acontecimientos, lo hubiera hecho, pues tiene todas las herramientas del historiador. Prefirió la ficción para escribir la historia. Y lo hizo bien. Creo yo, que también soy historiador, que se aprende más con esta novela que con muchos textos de historia sobre estos temas. Y no solo porque estas páginas ayudan a conocer –y condenar– desde la exposición de los hechos, sino porque también contribuyen a juzgar desde la movilización de los sentimientos. Ya sé que no fue el propósito del autor, pero, quiéralo o no, la calidad de los diálogos, la elección y descripción de los escenarios, el tono y el ritmo que mantiene a través de toda la narración, la dramatización de cada uno de los diversos conflictos –o del conflicto general con el poder que acompaña al dictador consigo mismo–, el ambiente de verosimilitud que alcanza la novela en cada uno de sus capítulos, hacen de Dominó de dictadores una novela ejemplar. Milán Kundera sugería que la novela debía examinar la existencia, no la realidad, pero Alfredo Fernández nos ha ofrecido en esta obra una prueba de que el examen de la realidad nos permite entender la existencia en toda su maravillosa complejidad.

 

viernes, 23 de enero de 2026

Homenaje a José Martí en el 173 aniversario de su natalicio

 Este 28 de enero se cumplen 173 años del nacimiento de José Martí, uno de los grandes hombres de América y cuya vida, interrumpida a los 42 años, sigue siendo un referente en el campo de las letras, el pensamiento, la pedagogía, la política y, esencialmente, un ejemplo de la plena correspondencia entre la palabra y la acción. En Tampa, donde estuvo tantas veces, se le recuerda con devoción y varias imágenes suyas lo eternizan en diferentes puntos de la ciudad. El miércoles, nos reuniremos a las 6 de la tarde en el Círculo Cubano de Ybor City, donde se depositará una ofrenda floral frente a un busto suyo y se pronunciarán algunas palabras de recordación. Asimismo, se presentará el libro Luz al universo, en el que intento mostrar las profundas y complejas relaciones del héroe con su madre, marcadas por la distancia, la pobreza y la promesa reiterada que llega hasta su última carta: “¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de Ud., con mimo y con orgullo”.

Aunque en una salida anterior de esta columna incluí unos fragmentos de ese libro, para esta elijo otros que se relacionan con la fecha que conmemoramos: el nacimiento de José Martí el 28 de enero de 1853.



 -La Habana, m’ijo, la del amor con tu papá.

 Entonces le contaba del nerviosismo el día en que lo conoció, cuando lo sorprendió mirándola fijamente en un salón de baile, creía que en el Escauriza, y por su culpa de no apartar los ojos a tiempo, él se animó a acercarse y dirigirle la palabra, escueta, pero tan nítida y segura que logró electrizarla. Ella tenía entonces veintitrés años y estaba linda, con su vestido blanco apretado en el talle. Él le llevaba en edad, trece años le adelantaba, supo enseguida, y le pareció imponente con ese color trigueño, alto, fuerte y fibroso, con un bigote negro y espeso, y de una pulcritud que hacía creer al instante en su palabra. Por la compostura intuyó que era militar, y cuando él se lo confirmó, con la noticia de ser Sargento Primero del Real Cuerpo de Artillería en La Cabaña, ella tuvo la sospecha de que podía conocerlo su papá, recientemente jubilado de aquella misma plaza, con la ventaja de que estimaría, a la primera mirada, los merecimientos del pretendiente valenciano.

No se equivocó. Claro que al hablarse de boda ella sabía más cosas de él que las contadas de sí misma. Es que era más preguntona, y del continuo inquirir conocía no solo que era soltero y sin descendencia, sino también las novias pasajeras de su vida y que había nacido el 31 de octubre de 1815, en Valencia, gracias al enlace legal de Vicente y Manuela Navarro, quienes tuvieron diez hijos además de él. La confesión del número de hermanos le advirtió el riesgo de que Mariano resultara tan fértil como su padre, pero no se amilanó. El hombre contó que había aprendido la manufactura de cordelería y algo de sastrería siendo apenas un niño, porque debía apoyar a la extensa familia, pero el llamado a quinta para ingresar en el Ejército de Su Majestad en servicio obligatorio, lo condujo sin vocación al uniforme militar. Y que se alegraba mil veces de haber extendido el tiempo de cumplimiento, porque esa eventualidad le abrió el camino a La Habana, donde había tenido la suerte de conocer a la más bella de todas las canarias. Con los escalofríos inconfesados de aquellos halagos, ¿cómo iba a esperar por la mayoría de veinticinco años para casarse?

Los padres de la novia otorgaron la licencia para el matrimonio, y entonces empezó la carrera de los trámites y los preparativos. A Mariano lo representaron sus superiores, una vez apuntada la formalidad de que la prometida era tan limpia de sangre, vida y costumbres, como cumplidora de los deberes cristianos. Entonces le pidieron depositar la suma de quinientos pesos para la dote y, cumplidas todas las diligencias, decidieron que el día 7 de febrero de 1852, conforme a las leyes de los hombres y a las de Dios, tendrían a bien bendecir desnudos su primera noche de amor. Que fue pleno, cuando al fin, después de rezar, comulgar y consentir, dejaron atrás la iglesia de Monserrate, a los presbíteros don Francisco de Paula Gispert y don Tomás de Sala que oficiaron la ceremonia; a los padrinos don José María Vázquez y doña Marcelina Gutiérrez; a los testigos don Esteban Aguado y don Pedro Nolasco; a los amigos y a la familia, para encerrarse, por fin, en la casa número 41 de la calle de Paula, en La Habana intramuros, donde empezaron a vivir.

Leyendo la carta del 25 de marzo, casi a la ida del sol, apretaba los ojos para sentirlo de nuevo, como en el alba de aquel 28 de enero, a los once meses de casada, cuando oyó el llanto de la criatura que nació de sus entrañas y levantó en vilo ante los ojos felices de Mariano, para comprobar, primero su condición de varón y, ya satisfecha, reconocerle la piel blanca, los ojos glaucos, las manos finas y la frente ancha, como de inteligencia y porvenir. Con ningún otro parto experimentó aquel desgarramiento, ese rompimiento de volcán; no sabía si atribuirlo a que los otros siete partos fueron de hembra, o si fue elegida por Dios para alumbrar a un predestinado que irrumpió de su vientre con fuerza de mundo.

Si es que desde pequeño la asombró. ¿Qué más pedían a la vida ella y Mariano, humildes y honrados, que el hijo les saliera bueno? Esto es, cariñoso, obediente, trabajador. Pero tenía unas ensoñaciones frente al horizonte, sobre todo cuando contemplaba el sol perderse en la bahía, y una mirada tan fija ante cada detalle de la cotidianidad más exigua, que la asustaba más lo inquirido por el hijo con la vista perdida en la distancia, que las preguntas atrevidas para las que ella no tenía una clara contestación.

También eso le ocurría a su pobre papá. Un domingo regresó de un paseo por el puerto con un comentario que la alteró: el niño se había contraído de dolor al mirar que golpeaban a un negro. En más de una ocasión, adelantó un paso infantil para oponerse al atropello de un infeliz. El padre, aunque era poco comunicativo, tenía en ella su único desahogo:

–No me extrañaría un día verlo defendiendo la libertad de esta Isla.

–¡Por Dios, Mariano!

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Nota: Luz al universo. José Martí desde Leonor,  de 96 páginas, ya está disponible en Amazón.

viernes, 16 de enero de 2026

Desde una conversación con el pintor Vicente Castro

 Vicente Castro Morales es un pintor y escultor experimentado, con una sólida formación académica y varios años ejerciendo su profesión artística. Tanto sus pinturas como obras escultóricas muestran no solo un alto nivel estético y técnico, sino también originalidad y pensamiento. Tanto en las que predomina el arte figurativo como el abstracto, hay claridad en la transmisión de ideas, perceptibles incluso en las de mayor contenido simbólico. 

Si bien en Cuba  Vicente es un artista conocido, con obras monumentales en diversos lugares públicos y premiaciones que le distinguen, en Tampa apenas se está dando a conocer. Sin embargo, el próximo 6 de febrero tendrá en Ybor City su primera exposición, en la que los tampeños podrán valorar por sí mismos el alto nivel del artista que, con su obra en ascenso, enriquece la cultura artística de la ciudad.

A manera de invitación a la muestra, les damos a conocer un breve diálogo con el artista, al que pueden conocer personalmente en la presentación anunciada.

Vicente junto a su obra El regalo de un secreto (48X30 pulgadas)

El próximo 6 de febrero se realizará en Ybor City una exposición de tu obra, creo que la primera que realizas en Tampa. ¿Qué significa para ti?

Esta exposición representa un momento muy importante en mi trayectoria. Es, por un lado, el cierre de un proceso largo de adaptación personal y artística desde mi llegada a Estados Unidos y, por otro, la apertura a un nuevo diálogo con el público de la ciudad donde hoy vivo. Exponer en Ybor City tiene un valor simbólico especial: es un espacio marcado por la historia, la mezcla cultural y la memoria colectiva, elementos con los que mi obra conecta de manera natural.

En tu formación como artista plástico, ¿qué te aportó la Escuela profesional de Arte en Holguín?

 La Escuela Profesional de Arte en Holguín fue fundamental en mi formación. Allí adquirí una base técnica sólida en dibujo, escultura, composición y estudio del volumen, pero también una ética de trabajo muy rigurosa. En Cuba, la formación artística exige disciplina, constancia y respeto por el oficio, y esa enseñanza ha marcado definitivamente mi manera de enfrentar cualquier proceso creativo.

¿Cómo se desarrolló tu vida profesional como pintor y artista en Cuba? Háblame de logros, tropiezos, expectativas.

 Mi vida profesional en Cuba estuvo marcada por el trabajo constante y la creación en condiciones complejas. Participé en exposiciones y desarrollé esculturas ambientales y proyectos vinculados al espacio público. Hubo logros importantes, pero también muchas limitaciones materiales y estructurales. Esas dificultades me obligaron a desarrollar soluciones creativas y a entender el arte como una práctica esencial, ligada a la vida cotidiana.

Entre tus obras realizadas en Cuba, veo que tiene un peso la escultura ambiental. ¿Es el encargo social o una sensibilidad hacia la naturaleza quien determina la propuesta artística?

 La presencia de la escultura ambiental en mi obra responde tanto a una realidad social como a una sensibilidad personal. En Cuba, el arte público tiene una fuerte carga social, pero en mi caso siempre existió también una relación directa con la naturaleza y el entorno. Me interesa que la obra dialogue con el espacio y no se perciba como un objeto aislado.

Obra en relieve Donde Ybor habita (48X96 pulgadas)

¿A que dificultades te has enfrentado en EE.UU. para desarrollar tu labor como artista?

 La principal dificultad en Estados Unidos ha sido comenzar de nuevo: adaptarme a otro sistema cultural, a un idioma distinto y a una dinámica artística muy competitiva. A esto se suma la necesidad de atender las exigencias de la vida diaria. Sin embargo, estas dificultades también han generado nuevas preguntas y han enriquecido mi mirada artística.

A pesar de los obstáculos, has creado diversas esculturas y pinturas de un alto nivel estético. ¿Cómo lo logras?

 He logrado mantener mi producción artística gracias a la disciplina y la constancia. Para mí, el trabajo creativo no depende únicamente de las condiciones externas, sino de una necesidad interior. Incluso en momentos de escasez de tiempo o recursos, siempre busco la manera de seguir investigando, produciendo y creciendo como artista.

Aunque tienes obras típicamente figurativas y otras donde prevalece el abstraccionismo, en muchas se juntan formas reconocibles e indefinidas. ¿Es una intención razonada o la subjetividad quien prevalece en el momento creativo?

Encuentro sin pasado (lienzo,48X30pulgadas)

 La convivencia entre figuración y abstracción en mi obra es una decisión consciente, aunque abierta al proceso. Me interesa ese punto intermedio donde la forma aún puede ser reconocida, pero comienza a transformarse. No busco una lectura cerrada; prefiero que la obra mantenga una ambigüedad que permita al espectador participar activamente desde su propia experiencia.

¿Qué movimientos artísticos y qué figuras han tenido mayor influencia en tu labor creativa?

 Me han influido el expresionismo, la abstracción y la escultura moderna y contemporánea. Más que referencias específicas, me interesan los artistas que trabajan desde la materia, el gesto y la emoción, y que conciben el arte como una experiencia física, espiritual y humana al mismo tiempo.

¿Cómo equilibras el color, la textura, la composición y la emoción en la producción de una obra?

 El equilibrio entre color, textura, composición y emoción surge durante el proceso de trabajo. En ocasiones es la textura la que guía la forma, en otras el color introduce una tensión emocional que transforma la composición. Trabajo de manera intuitiva, apoyado en una base técnica que me permite tomar decisiones conscientes sin perder espontaneidad.

¿Qué obras veremos en la exposición?

La exposición reúne una selección de pinturas y esculturas recientes que reflejan mi investigación actual sobre la figura humana, la abstracción y la materialidad. Son obras donde conviven la experiencia vivida, la memoria y una búsqueda constante de síntesis y expresión, marcando una etapa importante de mi trabajo actual.

Muchas gracias.

 

viernes, 9 de enero de 2026

Luz al universo, José Martí desde Leonor

 Recientemente, fue publicado por Classic Subversive mi libro Luz al universo, con un subtítulo que avisa su contenido: José Martí desde Leonor. Se trata de una reedición del ya publicado en 2006 por Gente Nueva, La Habana, con correcciones y adiciones del autor y, fundamentalmente, en un formato que posibilita adquirirlo en redes de distribución como Amazón, sea impreso o para leer en  dispositivos electrónicos.

El texto, escrito en la década de 1990, se propone entender  las  relaciones  entre José Martí y su madre, la canaria Leonor Pérez Cabrera. La comunicación entre ellos, a veces tensa sin perder la ternura, es la de dos seres profundamente sensibles, azotados por la distancia y por la entrega de él a un ideal que privó a los padres, en su pobreza, del apoyo material que esperaron del hijo.

El relato –entre el lenguaje novelado, biográfico e histórico–, viene a ser un híbrido narrativo que contiene, más que una clasificación de género literario, una mirada amorosa a esa relación madre-hijo, siempre conmovedora. Mediante la ficción, el texto arranca de un instante en que Leonor, en La Habana, está leyendo la carta de despedida que le envía el hijo desde Montecristi cuando va a salir para la guerra en Cuba. Aunque entrelaza diálogos posibles e imaginación, todo es biográfico, historia, vida.

He elegido el inicio y final del texto, como un adelanto para quienes se motiven a leerlo.

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Nunca sus ojos contuvieron más tristeza premonitoria que aquel día de abril de 1895, a sus sesenta y seis años, cuando, casi apagados, se afanaron en deletrear las líneas de despedida que le envió su hijo desde Montecristi, en vísperas del dramático viaje de entregarlo a la guerra. Repasarlas una y otra vez, mientras crecía la noche, era reconstruir la vieja historia de la relación entre ellos, nacida cuarenta y dos años atrás, en la madrugada del 28 de enero de 1853. Fue el día de su primer y único alumbramiento de varón, a quien bautizó, en sacras ceremonias, con el nombre que le abriría las puertas del universo: José Julián Martí Pérez, quien ahora le pedía, por última vez, la bendición.

Que sin cesar el hijo pensaba en ella, lo había sentido siempre, aun cuando la cólera del amor materno, enceguecido, lo zahiriera dolorosamente, en el inútil esfuerzo por apartarlo del sacrificio de su vida.

Lo inesperado de la carta fechada el 25 de marzo en ese Monte Cristo, como lo nombró Colón al impresionarse con un morro montañoso que se le pareció al Gólgota, lo justificaba apartando la mente de presentimientos invasivos, cuando podía legitimar la naturaleza heredada en la raíz canaria, española, ancestral, telúrica, que dieron savia, desde ella, al ser de él. Nací de Ud. era, entonces, el develamiento raigal de ambos. Si en Abdala se cumple la profecía del hijo, ahora ella, Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera, podría asumirse desde una visión insondable de Espirta: ¿cómo ahogar en el amor de madre, el amor a la patria?   Convertía la esterilidad del llanto retenido en resignación participativa, trascendente, ¡porque si nubias son, también son madres! Así, el gentilicio derivaba en sucesiones incluyentes hacia un horizonte mayor: nubia-canaria-cubana-humanidad. Entendiéndose, intentaba entenderlo: una vida que ama el sacrificio.

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El domingo 19 de mayo no salió el sol en la calle habanera donde ella aliviaba su dolor. Un sofoco adelantado, bajando del mediodía, la llevó al abanico. Al moverlo, el aire lo traía a él, al lado de los amigos que se lo obsequiaron donde el único calor fue el de los abrazos. Desde entonces, solo lo abría en días de cumpleaños, porque desde sus varillas salía la brisa de su voz. Sintió en la ventisca que no era día de santos y salió a la ventana buscando claridad. En la calle, repentinamente apenada, las voces se perdían entre rumores que no alcanzaba a descifrar, mientras sus dueños se apresuraban a guarecerse de una sorpresiva tolvanera que les envolvió. Sintió que la llamaban. Era la voz del hijo, su misma voz de la niñez. Fue un sacudimiento, un temblor que la abrazó en un relámpago que venía del oriente y se detuvo un instante para que ella lo despidiera. Pero ni a esa hora de soledad, ni nunca, le diría a nadie que lo vio  envuelto en aquella luz, elevándose, elevándola.

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El libro se encuentra en Amazón. También puede escribir al autor (cartayalópez@gmail.com o llamarle al 813-849 8113.

 Gracias.