martes, 22 de agosto de 2017

Entrevista a Juan Castillo, sobrino nieto de Wilfredo Lam

Por Gabriel Cartaya

Hace unos días recibí un correo electrónico de Juan Castillo, en el que me anunciaba sobre su próxima visita a Estados Unidos, para inaugurar una exposición con obras del más universal de los pintores cubanos: Wifredo Lam.
Sabía que Castillo es sobrino nieto del autor de “La Jungla”, pues la última vez que nos vimos, a mediados de la década de 1990, fui a saludarlo al Centro Cultural que lleva el nombre del distinguido artista, en La Habana Vieja y, claro, hablamos sobre este tema. Pero no conocía que era dueño de una importante colección de dibujos de su famoso ­ascendiente, la que se ha presentado en diversos países y que ahora, por primera vez, va a ser exhibida en Estados Unidos.
Aprecié en la noticia una ­buena razón  para invitarle a  que me respondiera un cuestionario, no sólo para asomarnos a uno de los más destacados pintores hispanoamericanos de todos los tiempos, sino también como un oportuno homenaje al artista cuya desaparición física se produjo un 15 de septiembre, hace casi 35 años. A su vez, pudiera ser el anuncio de la disposición de Castillo a presentar en Tampa esa rica colección   de Wifredo Lam, a la que no hemos accedido.
El próximo 30 de agosto vas a presentar un grupo de dibujos del pintor Wifredo Lam en LUAG Main Gallery, Zoellner Arts Center,  Pensilvania. ¿Qué significa para ti ser el propietario de una colección de obras de arte de esa magnitud?
Para mí, ha sido siempre un gran honor y una enorme responsabilidad liderar esta colección de obras de Wifredo Lam. Viene de esas circunstancias que surgen en la vida de manera inesperada, ante las cuales uno debe asumir posiciones de principios. En consecuencia con ello, durante más de veinte años hemos promovido la vida y obra del pintor cubano Wifredo Lam, especialmente exponiendo estas obras.
¿Qué lazos te unen a Wifredo Lam?
Wifredo fue mi tío abuelo,  hermano de mi abuela Eloisa. Ella fue quien lo crió, pues era de sus hermanas mayores, entre ocho hermanos de los que Wifredo era el menor. El hijo único de Eloisa, Juan, nació seis años después que Wifredo, en la misma casa de Sagua la Grande, en la provincia de Santa Clara. Siendo esos dos niños los únicos varones,  crecieron como hermanos, durante muchos años bajo el mismo techo. Juan era mi padre, Juan Castillo.  Con el  decursar de los años, no obstante haber transcurrido la vida de Lam fundamentalmente fuera de Cuba, siempre mantuvo estrecha comunicación con su familia cubana y en particular con mi padre.
¿Tienes recuerdos personales de Lam?
Muchos. Mi infancia y adolescencia las viví en el interior del país. Visitaba La Habana durante las vacaciones de verano y mi mayor agrado era visitar la casa estudio de Wifredo, situada en aquel entonces frente a la pista de aviación del campamento militar  “Columbia”,  enclavado en el municipio de Marianao. Ver despegar y aterrizar los aviones desde la azotea de esa casa era, de niño, mi más agradable atracción. Mi tía abuela Agustina, hermana de Wifredo,  a la que yo acompañaba en cada ocasión durante las vacaciones de verano, era la encargada de preparar y llevar cada dos días la comida a los perros y gatos de Wifredo y Helena, que se encontraban generalmente fuera del país.
Para llegar a la azotea, debía atravesar toda la casa,  cuyas paredes estaban llenas de grandes lienzos. Allí había obras importantes, como “Belial, emperador de las moscas”. Había diversas esculturas de máscaras, cabezas reducidas y hachas de piedras africanas, que impregnaban un olor muy peculiar y un ambiente de fantasía embrujada a aquel lugar. Al recorrer su  interior me erizaba de pies a cabeza y me impresionaba mucho cada vez que lo hacía. Estos recuerdos me han acompañado a lo largo de mi vida, así como los pocos encuentros familiares que de niño presencié entre Wifredo y mis padres.
Wifredo Lam felicita a Alicia Alonso, en París, por la presentación de Giselle.
Al centro, aparece Juan Castillo. Fotografía de Osvaldo Salas, 1966.
Ya siendo adulto conversé con él en varias ocasiones, una de ellas en París. En 1966, en ocasión del Salón de Mayo en La Habana, cuando ya él estaba convaleciente de su hemiplejía, tuvimos la última reunión ­familiar en casa de mis padres, en 1981. Desde siempre fue el paradigma de la familia.
¿Hay referencias familiares en los dibujos de la colección que atesoras?
Los dibujos de la colección que poseo eran parte de los fondos del propio archivo de Wifredo. A principios de 1958, cuando decide no continuar manteniendo su casa estudio, dejó estas obras a la familia. Era un excelente retratista. De las décadas de 1920 y 1930 hay varios autoretratos y un dibujo de su padre, Lam Yam. En los años cuarenta, son famosos sus retratos de H.H., inspirados en su  segunda esposa, Helena Holzer. Fuera de las obras mencionadas, no conozco otra de su vasta creación que se refiera a algún familiar.
Tu ascendencia, que es la de Lam, es una mezcla de sangre china,  africana, española y tal vez amerindia. ¿Considera la crítica que el reflejo de esa mezcla es la influencia más poderosa en la obra de Lam?
¡Absolutamente, sí!, Mi ascendencia, que es la de Lam, como dices, es un sello inconfundible del mestizaje, como lo es la cubanía. En la obra de Lam, a través de su propia iconografía, de finales de los años 30 y a partir de los 40, se refleja su visión del hombre y la naturaleza, en medio de los conflictos históricos, políticos y sociales de la época. En todo ese proceso, a mi juicio,  influyó también su interacción con Picasso. Me atrevo a decir que como ningún otro artista reflejó, de una manera muy original, la imagen  de esa mezcla. La obra cumbre de Lam, “La Jungla”, que se exhibe en el Museo de Arte Metropolitano de New York (MOMA), es la expresión más fehaciente de esta afirmación. Sobre ella, expresó el afamado escritor y crítico de arte francés Alain Jouffroy: “Fue el primer manifiesto plástico del tercer ­mundo”.
La colección de dibujos que vas a presentar en Pensilvania corresponde a una etapa en que Wifredo Lam vivió en Cuba, entre 1940 y 1955, un período de intensa creación para el pintor,  al que corresponde  “La Jungla”  (1943),  la serie “Canaima” (1945-1947) y “Umbral”, (1950), por solo citar algunas. ¿Hasta dónde influyó temáticamente la cultura cubana en la realización de los dibujos que presentas en esta exhibición?
Hay que decir que la explosión creativa de Wifredo se produce a su regreso a Cuba en 1941. Es a lo largo de los años 40 que realiza sus más importantes obras. Me contaron mis hermanas y mi prima Ana, que vivieron junto a él en  la casa de Panorama #42 y después en la avenida 8va.,  que trabajaba infatigablemente, dibujando y pintando primero sobre papel y cartulina,  y después cuando pudo contar con lienzo, utilizando ese soporte. Las obras de esta muestra de pequeño formato que se exhibirán en LUAG, son fundamentalmente creaciones, en las que presenta dibujos usando tinta china y colores para darle forma a sus extraordinarias plasmaciones.  Muchas de estas obras muestran una iconografía que sirvió de base a Lam a modo de bocetos para proyectar las figuras que aparecen en las obras mayores que realiza en esa etapa. Entre estas, a diferencia de las mencionadas, debo distinguir por su singularidad la denominada “Animal de cuatro Patas”, pues es la única obra con un amplio texto de Wifredo, relacionada con la situación política de Cuba en el momento que la realiza y la figura central no se repite en obras posteriores.
       La edición en español del libro de poemas Cuaderno de un retorno al país natal, de Aimé Césaire (1943), presentado en Cuba por Lydia Cabrera, incluye dibujos realizados por Wifredo Lam, ¿hay alguno de ellos en tu colección?
       No, aunque la colección sí tiene varias obras que sirvieron para ilustrar publicaciones de la época de otros artistas amigos. Sin embargo, hay algunas piezas de nuestra colección que reflejan en su iconografía gran similitud con las que sirvieron para ilustrar el poemario de Aimé Cesaire. A propósito, en el año 2002 celebramos el Centenario del nacimiento de Wifredo Lam, y tuvimos el privilegio de llevar a Martinica nuestra colección con 70 piezas, estando aún con vida Aimé Cesaire, quien nos visitó y disfrutó de la exposi­ción, contándonos anécdotas personales de su primer en­cuentro con Helena y Wifredo, cuando arribaron a esa isla en 1941.
      ¿Qué divulgación internacio­nal ha tenido la colección de dibujos que vas a presentar?
      Esta muestra de dibujos forma parte de nuestra Co­lección, que cuenta con 70 piezas. En su totalidad fue expuesta en la Sede del Con­sejo Regional de Martinica, en 2002, con motivo del Centena­rio de Wifredo Lam. Se presen­tó con el título “Wifredo Lam, testimonios de intimidad”. Además, ha tenido la siguien­te itinerancia internacional:
En España: Wifredo Lam. Cartografía íntima, Madrid, Círculo de Bellas Artes / La Coruña, Ayto. de A Coruña, Kiosko Alfonso / Tenerife, Cír­culo de Bellas Artes / Cuenca, Fundación Antonio Pérez / Santillana del Mar, Sede de Exposiciones del Palacio Caja Cantabria, 2003 / Salaman­ca, Fundación Salamanca, Ciudad de Cultura, Sede de Exposiciones Santo Domingo, 2004 / Alcalá de Henares, Sede Instituto Cervantes Al­calá de Henares.
También hemos presentado esta exposición en Berlín, Bruselas, Génova, Estocolmo, Bucarest y junto con obras del Museo de Bellas Artes de Cuba en el Museo Arte Mo­derno de Monterrey, México, en el 2008. Y ahora la presen­taremos, por primera vez, en Estados Unidos.
       Sabemos que la obra de Lam incursiona en diferentes cam­pos de la plástica –pintura, dibujo, grabado, escultura, litografía, mural–. Pero no co­nozco de su poesía. Por eso me llamó la atención saber que en la apertura de la exposición vas a leer un poema suyo. ¿Es inédito? Me gustaría publicar ese poema en La Gaceta.
    Que yo conozca sólo existe un poema de Lam, al que te refieres. Te lo enviaré próxi­mamente.
     Hace poco tiempo, se incau­taron en España varias obras atribuidas a Wifredo Lam que eran falsas. Se dijo que los cua­dros falsificados, localizados en colecciones privadas, procedían de Cuba. En el esclarecimiento de la verdad participó Eskil Lam, hijo del artista. ¿Hubo contactos de las autoridades española con el centro Cultural Wilfredo Lam, de Cuba, a favor de la investigación?
     No tengo conocimiento, no creo haya sido necesario. Tengo relaciones frecuentes con los hijos de Lam, en par­ticular con Eskil Lam que es el encargado de la SDO de W.Lam (Sociedad de Defensa de la Obra de Wifredo Lam) y dirige y ad­ministra todo lo relacionado con el derecho de autor (co­pyright) de su obra.
     Los falsifi­adores que hay en diver­sos países , generalmente toman como base las obras que reflejan una iconogra­fía y fecha en su firma que las enmarcan como supues­tamente he ­chas en Cuba, algunas pue­den haber sido c o n f e c c i o n a ­das aquí. Son por tanto de la época mejor valorada de su creación. Las autoridades del Registro de Bienes Culturales del MIN­CULT y aduanales cubanas han ocupado decenas de pie­zas falsas atribuidas a Lam y a otros artistas.
       Espero que en Tampa, donde hay tanta cercanía con Cuba, se exhiba en algún momento la colección de dibujos de Wifre­do Lam, ¿te parece bien?
      Para la familia cubana de Wifredo Lam y para mí, en particular, sería un gran honor mostrar nuestras obras en Tampa. Espero y deseo pueda concretarse.

Publicado en La Gaceta, 11 y 18 de agosto, 2017

1 comentario:

  1. como saber si una serigrafia de wilfredo Lam es autentica de una obra de 1947, es la numero 22 de 131 que se hicieron. por favor a quien le pueda interesar como puedo sabe

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