viernes, 15 de diciembre de 2017

Elizabeth Dortch Barnard


   Hoy, es común que en cualquiera de las más de 40 mil oficinas de correos que existen en Estados Unidos,   seas recibido por una mujer. Pero cuando, a principios del siglo XX, la joven Elizabeth Dorth Barnard  se presentó a  la dirección del Departamento de Correos de Tampa a solicitar trabajo, la respuesta del ejecutivo que la atendió fue tajante: allí no había ocupación para mujeres.
  En una época en que no era posible el voto de la mujer para elegir a los gobernantes, el mismo hecho de aspirar a la última posición de aquel departamento era un atrevimiento. Pero Elizabeth era una mujer tan atrevida como insistente y en 1907 logró que la admitieran para un puesto de taquígrafa. Tenía entonces 26 años, dos hijos y, siendo tan joven, ya cargaba con el infortunio de la viudez.    
Aunque nació en Bradenton, se mudó a Tampa al contraer matrimonio con Ulysses Barnard, en 1899, noticia que apareció en el Manatee River Journal, el 28 de  septiembre de ese año: “El sábado 23, al mediodía, el reverendo IS Patterson ofició la boda del Sr. UG Barnard y la señorita Lizzie Dortch, quienes  se unieron en matrimonio (…) sus numerosos amigos les desean mucha felicidad en su nueva relación en la vida. Ellos abordaron el barco a vapor en Manatee, y están pasando el resto de la luna de miel en Tampa. El Sr. Barnard es el segundo oficial en el barco de vapor de Plant Line Olivette, que necesitará una residencia en Port Tampa City”¹.

  Es muy probable que Lizzie ­­­–como llamaban a Elizabeth–  oyera mencionar en aquellos días el nombre de  Mabel ­Williams. Recién había culminado la guerra en Cuba y en su último capítulo el puerto de Tampa –y el Olivette en que trabajaba su esposo– habían desempeñado un rol de primer nivel en los viajes de ida y vuelta de los soldados que participaron en ella. Seguramente la Oficina de Correos de Port Tampa nunca estuvo tan activa como en aquellos días e, increíblemente, una mujer, Mabel, estuvo a la vanguardia de los servicios prestados al país por ese departamento. Probablemente ese recuerdo  impulsó a Lizzie a insistir en aquel empleo, aunque le reiteraran que era para varones.
De hecho, los orígenes y siglos de existencia de esa noble profesión estuvieron en manos de los hombres. Tal vez en los inicios, mucho más en los pies, pues había que correr largas distancias para llevar el mensaje, de hablado a escrito, a las distancias menos imaginadas. De allí surgió la voz correo, derivada del acto de correr a cumplir una misión en la que, muchas veces, iba la vida. De los pies humanos pasó a los equinos, a los famosos caballos de posta, pero al entrar Elizabeth en la profesión ya las cartas viajaban en trenes o barcos, a decenas de kilómetros por hora.
  En las primeras décadas del siglo XX, cuando resultaba difícil para una mujer acceder a un puesto laboral que a principios del siglo XX estaba en manos de  los hombres, es admirable apreciar como Lizzie pudo convertirse  en directora del Departamento de Correos de Tampa, no sólo a pesar de su condición femenina, sino también compitiendo con eficaces ejecutivos que debían ambicionar esa posición federal, con el agregado atractivo de ser bien pagada. Se ha mencionado que durante el tiempo en que ocupó ese cargo, Elizabeth fue la mujer mejor remunerada en el sistema de correos de toda la nación.
Durante diez años, ella  se mantuvo en esa ocupación, en el marco de un crecimiento dinámico de ese sector, animado con el auge que estuvo experimentando en ese tiempo la ciudad. Ella recibió el departamento con 19 carteros y lo entregó con un total de 113,  con 16 nuevas oficinas postales creadas en ese tiempo.
  No fue el azar quien determinó la inserción del nombre de Elizabeth Barnard en la historia de Tampa. Fue su fortaleza de ánimo, capacidad de sacrificio, perseverancia,  carácter y talento, quienes le permitieron salir airosa ante el deber primario de criar sola a sus hijos y desempeñar un cargo de primera importancia en la comunidad. Horas de estudio y trabajo, como cuando asistía al Tampa Business College, días de continuo esfuerzo en  el aprendizaje  y la enseñanza, hicieron de ella una mujer adelantada a su tiempo y un ejemplo para todas las generaciones siguientes,  para nuestro tiempo y el por venir.
  No hay mucha información relacionada con su actividad posterior a 1933, año en que termina su liderazgo en el sistema de correos de Tampa. Vivió hasta los 79 años y valdría la pena buscar testimonios de su labor hasta 1960, cuando murió en la ciudad de Jacksonville. De todos modos, el ejemplo que nos lega en su papel de primera mujer al frente del Departamento de Correos de Tampa, es suficiente para que su busto en bronce haya sido incluido entre quienes, desde ese altar patrimonial, transmiten a quienes pasean por Tampa River Walk – y desde ellos a todos– el espíritu de los que hacen crecer el entorno en que viven.
  Citas:

  1. https://www.findagrave.com/memorial/26039404.
Publicado en La Gaceta, 15 de diciembre, 2017

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