Por Gabriel Cartaya
No a todos los cubanos les
resulta familiar el nombre de Juan Padrón. Pero si dices Elpidio Valdés donde
te oiga un hijo de la Mayor de las Antillas,
especialmente si ha vivido en ella en las últimos cuatro décadas,
inmediatamente emerge la imagen del dibujo animado con el rostro del mambisito
que protagonizó las más increíbles aventuras en la guerra por la independencia
de Cuba. Porque, en este caso, como ocurre con un Sherlock Holmes más famoso
que Arthur Conan Doyle, el protagonista de ficción se hizo más popular que su
creador.
En los últimos años, por los homenajes recibidos,
entrevistas y reseñas aparecidas en diversas publicaciones, se ha hecho más
familiar su nombre, aun cuando ha estado en los créditos de los cortos y
películas que han desfilado por las
pantallas de cine y televisión por más de cuarenta años.
El viernes de la semana pasada, cuando llegó a Tampa
por primera vez, acompañado de su esposa Alberta y su hijo Ian –también cineasta–
tuve el placer de acompañarle en un recorrido por los sitios históricos de Ybor
City, donde se inició la organización de la gesta armada que él recreó con
tanta sensibilidad y humor en su muñequito mambí. Por un momento, al verlo en
la escalinata donde José Martí se tomó la fotografía rodeado de tabaqueros y de
importantes figuras del independentismo cubano, creí ver en su rostro sonriente
y bonachón al propio Elpidio, al término de una de sus increíbles proezas en la
manigua cubana.
Cuando me refiero a que el nombre de Elpidio se
identifica con más prontitud que el de su autor, excluyo el mundo del arte y
especialmente su ámbito cinematográfico, donde el nombre de Juan Padrón es
sumamente conocido y respetado, no sólo en los límites de la Isla sino también
en muchos países. A ese nivel de reconocimiento ha llegado por la excelencia de
sus dibujos animados y su extensa obra como ilustrador, historietista, guionista y director de cine.
Padrón nació en la provincia cubana de
Matanzas, en 1947, se graduó de
Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de La Habana y, aunque ya
había publicado sus primeros dibujos en diversas revistas y periódicos de la
Isla, fue la creación de Elpidio Valdés –aparece por primera vez en la
revista Pionero, en 1970–, quien le
consagraría como el autor de uno de los personajes de ficción más
queridos del pueblo cubano.
Del papel, el simpático muñequito saltó a la
pantalla, cuando a mediados de la década de 1970 Padrón se convierte en
director de dibujos animados del Instituto Cubano de Arte e Industria
Cinematográfico (ICAIC). El primer animado inspirado en el astuto mambí fue
exhibido en 1974, al que Padrón llamó “Una aventura de Elpidio Valdés”. Desde
entonces, no sé cuántas sagas fueron apareciendo –Clarín mambí, Elpidio Valdés
encuentra a Palmiche, Elpidio Valdés y Palmiche contra los lanceros, y tantas–
para deleite del espectador de todas las edades.
En 1979, ya Elpidio ocupa la pantalla grande en un
largometraje, para 70 minutos de entusiasmo. Pero el cineasta no se limita a su
personaje más famoso. En 1985 dirige “Vampiros en La Habana”, en cuya ficción
dos bandas de vampiros –Capa Nostra, en Estados Unidos, y Grupo Vampiro, en
Europa– luchan por una fórmula que les inmunice del sol. Mereció diversos premios,
en Cuba, Latinoamérica y Europa y estuvo elegido entre los mejores 30 filmes de
animación por el Consejo Cultural del Instituto de Cine. A su vez, el
inagotable creador de dibujos animados da vida a “Filminuto”, que surge en
1980. Poco después, a dúo con el dibujante argentino Joaquín Lavado (Quino),
dieron a conocer la serie que denominaron “Quinoscopio”.
Asimismo, Juan Padrón ha enriquecido el personaje de
“Mafalda”, concebido por su amigo argentino. En la exposición “El mundo de
Mafalda”, realizada en España en el V Centenario de la llegada de Colón a
América, el genial cubano hacedor de historietas presentó un corto donde el
Gran Almirante, al llegar a tierra americana, se encuentra con Mafalda. El enorme éxito de aquella presentación
motivó al rioplatense a llevar su personaje a la pantalla, logrando que la TV
Autónoma de Cataluña y otras dos televisoras españolas se interesaran en el
proyecto, para producir 104 cortos animados de Mafalda que contaron con la
dirección de Juan Padrón y la música del pianista cubano José María Vitier.
En la extensa creación artística de Juan Padrón, de
excelencia reconocida por la crítica, hay muchas obras más, por las que ha
merecido múltiples galardones, entre ellos el Premio Nacional de Cine de Cuba
en 2008, ocho premios Coral del Festival de Cine Latinoamericano.
Ojalá en la ciudad de Tampa se presente una exposición personal suya y
podamos contar con su presencia en una edición del Festival de Cine Gasparilla,
que viene creciendo en esta ciudad. Quién sabe si a Juan Padrón se le ocurra
que a la extensa lista de expediciones que salieron de Tampa para la Guerra de
Independencia en Cuba se le sume una más, conducida victoriosamente por Elpidio
Valdés.
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