jueves, 21 de diciembre de 2017

José Lorenzo Fuentes, uno de los grandes escritores cubanos, acaba de morir

  Allá, donde habitan José Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante y Alejo Carpentier, a esa constelación etérea de escritores cubanos del siglo XX, llega ahora José Lorenzo Fuentes, al despedirse del mundo en que habitó. Murió en Miami el pasado lunes, 18 de diciembre, con 89 años de edad, en paz con su espíritu elevado y creador.
     Conocí a José Lorenzo personalmente hace unos cinco años. Conversamos largamente, mientras compartíamos una cena y buen vino con mis amigos Ángel Velázquez y Ángel Lago, en la casa de mi hijo Ernesto. A pesar de tener entonces sus 84 años, lo recuerdo en toda su lucidez, contándonos anécdotas de su vida, de su amistad con Lezama, de su tiempo en la diáspora, de su obra literaria. Nosotros, calmando la facundia, callamos todo lo posible para oírlo a él,  conscientes del privilegio que nos regalaba su presencia. Entonces, yo estaba preparando el número 7 de la revista Surco Sur y le pedí unas páginas suyas. Me entregó el cuento “El hombre verde”, que vino a enriquecer la publicación.
José Lorenzo Fuentes conversa con Gabriel García Márquez
  Hoy, cuando en diversos sitios de Internet encuentro la noticia del fallecimiento de José Lorenzo Fuentes, aparto la página recién concluida para estas Líneas de la memoria, buscando los momentos más sobresalientes del periodista, ensayista y escritor,  para sumar este espacio al homenaje que merece quien fue considerado por Gabriel García Márquez como “un grande escritor de nuestro tiempo”,  por Cabrera Infante “un novelista considerable” y en quien Manuel Díaz Martínez  vio  “un autor de una insoslayable obra narrativa, en la que destaca su colección de cuentos Después de la gaviota, uno de los libros más célebres y valorados de la literatura cubana del siglo XX”.
  José Lorenzo comenzó a escribir donde nació, en la ciudad de Santa Clara, al centro de Cuba. Él ha contado que uno de sus primeros escritos lo enseñó al poeta Emilio Ballagas, quien le dijo: “Excelente, siga escribiendo”, motivo suficiente para  no dejar de escribir más nunca. Siendo muy joven llegó a La Habana y comenzó a colaborar con las revistas Carteles, Bohemia y otras relevantes publicaciones cubanas. Enseguida, en 1952, en uno de los más prestigiosos concursos literarios del país, en cuyo jurado estaban Fernando Ortiz, Juan Marinello y Jorge ­Mañach,  ganó el premio de cuento con “El lindero”.
  Así empezó la obra literaria de Fuentes, considerado  desde la década de 1950 por José Lezama Lima, Cabrera Infante, Lino Novás Calvo y los grandes escritores cubanos de ese tiempo, como una promesa de las letras cubanas. Desde esa época, comienza a desempeñarse en las dos variantes escriturales que le acompañarían toda la vida: el periodismo y la literatura.
  Su primera novela, Viento de enero –Premio Nacional de Novela, en 1967–, recibió una favorable opinión de Lezama Lima, quien advirtió: “Ahora la novela se vuelve americana porque todo concurre a dos líneas trazadas en un esclarecimiento universal. Y en esa línea está trabajada y lograda la novela Viento de Enero”. Después de otras obras, en 1968 aparece su emblemático libro Después de la gaviota, un clásico imprescindible de la cuentística nacional, que llamó la atención a Jorge Edwards  por su “fantasía auténtica y manejo del lenguaje”.
  Inmerso en las profundas transformaciones que se produjeron en Cuba  con la Revolución de 1959, José Lorenzo es un participante activo de ellas, como lo fueron la gran mayoría de los intelectuales. En una entrevista que concedió a la revista Otro lunes, él sintetizó este proceso: “Mi vida ha estado sembrada de acontecimientos complejos y a veces contradictorios, propios de una persona de índole aventurera. Como la gran mayoría de los jóvenes de mi generación, aunque sin militar en ningún partido político, estuve guiado por las ideas revolucionarias, participé junto al Che en la batalla de Santa Clara y durante casi dos años me desempeñé como periodista personal de Fidel Castro, pero también sufrí el presidio político y finalmente tuve que salir al exilio”.
  Así, en pocas líneas, asistimos al profundo drama que acompañó a  diversos escritores y artistas que no se sumaron incondicionalmente al proyecto ideológico de la Revolución Cubana y que tuvo en el llamado Caso Padilla, en 1971, un momento definitorio de la intelectualidad internacional con la Revolución Cubana.
  Heberto Padilla escribió sobre el autor que acaba de morir en Miami: “José Lorenzo Fuentes ocupa un lugar de excepción en la literatura cubana. Siento por su obra una gran admiración”. A la larga, uno y otro fueron condenados por asumir una posición ideológica y política discordante con la directriz impuesta por la dirección revolucionaria y se vieron obligados a abandonar el país propio, sin desamor a él.
  José Lorenzo Fuentes escribió varios libros, entre los que se destacan:   El sol, ese enemigo, 1963; Viento de enero, 1967; La piedra de María Ramos, 1986; Brígida pudo soñar, 1987; Los ojos del papel, 1990;  Las vidas de Arelys, 2011; El cementerio de las botellas, 2012; Hierba nocturna, 2014 y Mandala, 2015. En el año 2009 publicó el libro Cinco grandes, con las entrevistas que hizo a Julio Cortázar, Cundo Bermúdez, Gabriel García Márquez, Alfonso Grosso y Wifredo Lam.
  En los últimos años, Fuentes escribió mucho sobre temas relacionados con la parasicología, la alquimia y el misticismo. Con una fuerte influencia del budismo, publicó el libro Meditación, que ha sido traducido al inglés, ruso, checo, portugués e hindú.
  Le vejez le alcanzó, y le venció, fuera de Cuba. Con todo, nunca olvidó a su patria. Cuando  los periodistas  Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco le preguntaron, ¿cómo consuela la tristeza que impone la lejanía?, respondió: “Durante años he combatido la nostalgia con la esperanza repetida de que algún día se me haga posible regresar a mi país”.
  Ya no regresará físicamente, pero el espíritu de José Lorenzo Fuentes tendrá un lugar en Santa Clara, en la Isla toda, y cada vez que alguien lea uno de sus cuentos, novelas o crónicas –y seguramente el número de lectores irá creciendo al reencontrarse con la legítima cubanía del autor– le llamará a su lado, el lado humano que está más allá de cualquier temporalidad ideológica de factura política.


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