jueves, 15 de noviembre de 2018

Conversación con Braulio en el Festival Conga Caliente


Conversación con Braulio en el Festival Conga Caliente

Por Gabriel Cartaya

Entre los regalos que el Festival Conga Caliente ha hecho durante 15 años a la ciudad de Tampa, uno de los más emotivos es la presentación de artistas famosos que, sin este evento, miles de personas no hubieran podido disfrutar en vivo.
Por un lado, porque el carácter popular, abierto y gratuito que ofrece permite a todos acceder a un escenario asequible a  todos y, por otro, porque el alto nivel de apoyo logrado por este festival permite sufragar los gastos que emanan del traslado a Tampa de tan importantes artistas.
Si el año pasado disfrutamos el son y la salsa con Oscar D’Leon, figura cumbre de estos ritmos, en 2018 tuvimos al que alcanza esta estatura en el merengue, el célebre Johnny Ventura, por sólo poner dos ejemplos.
Este año, también nos visitó uno de los grandes exponentes de la canción romántica de las últimas décadas, a quien millones de personas en el mundo identifican cuando se dice solamente Braulio, aun sin saber que detrás del brillante cantautor hay un excelente ser humano, de pensamiento alerta a la sociedad donde vive, que responde al nombre Braulio Antonio García Bautista, nacido en 1945 en Santa María de Guía, Gran Canaria, España.
Como los organizadores del ya imprescindible festival han tenido la meritoria idea de organizar una sala de prensa para que los periodistas podamos dialogar brevemente con los artistas invitados, tuve la dicha de estrecharle la mano a Braulio y sentarme frente a él a conversar un instante, lo que preferí a un cuestionario preconcebido, cuando él terminaba de conmover al público en medio de una tarde de excesivo calor.
Hablo con Braulio sobre Cuba y Canarias
Naturalmente, el primer comentario que le hice fue sobre mi país, pues la canción suya dedicada a su padre, “Mi viejo y Cuba”, alude a las añoranzas que por aquella tierra  tuvo siempre quien lo trajo al mundo. Había leído que en alguna ocasión él confesó haberle prometido que un día iría a conocer aquel pedazo de la Isla donde vivió una parte de su familia paterna. De hecho, quise saber si cumpliría aquella promesa.
–Claro que sí –me dijo–. Con una sonrisa, me comentó que debía apurarse en hacerlo y que, si se creaban las condiciones, iría con mucho gusto, que le interesaba mucho poderlo hacer.
Después hablamos sobre el momento histórico en que se produce la transición de la dictadura a la democracia en España, porque coincidió –comento– con el instante en que él comenzaba a ser famoso como cantante. Dijo que, al igual que todos los españoles, estuvo inmerso en aquel acontecimiento. “Fue un momento muy convulso –recordó–. Hubo un momento en que no se sabía lo que iba a pasar. Había diferentes tendencias, incluso las amenazas de ETA.  Indirectamente, hay que agradecerle algo a los etarras y es que al sentir la acción de ellos, nos unimos más. Habría que darle las gracias, entre comillas, pues muchas fuerzas se unieron ante su amenaza. En realidad, le dimos una lección al mundo y se construyó la democracia”.
–¿Ya habías dado a conocer  “Canto a Canarias?
_Sí, lo hice en el 75 y tuvo mucho que ver con lo que estaba pasando en ese lugar. Fue censurado y,  en parte,  por eso vine para América.
Le comento sobre la expresión de nacionalismo que hay en “Canto a Canarias”, poniéndolo en relación con una confesión suya de no ser independentista, con relación a su tierra natal, claro.
–Yo soy un nacionalista no independentista –afirma Braulio con convicción–. Considero que si Canarias fuera independiente tardaría dos minutos en caer en las garras de Marruecos. Nos tiene en el mapa de sus apetencias. Mi nacionalismo es reivindicativo de nuestra autoctonía, de nuestras raíces, de nuestra idiosincracia. Pero podemos pertenecer a España. Hay autonomías que son muy autóctonas, valga la redundancia. Tenemos un marco de libertades bastante amplia. Si vemos ahora lo que pasa en Cataluña y las divisiones. Porque en Cataluña no todo el mundo es independentista y hay más, digamos, españolistas.
Nosotros tenemos otra posición, otra historia. Si fuera por la geografía, podríamos decir que Canarias tiene más razones para la independencia. Estamos más lejos de Madrid y más cerca de África.
Yo me siento feliz con el estado que tenemos en Canarias y soy nacionalista. En Canarias tenemos que ser nacionalistas. Hay dos partidos hegemónicos en España: el Partido Socialista y el Partido Popular. Si nosotros estuviéramos manejados por ellos, estaríamos manejados desde Madrid, o sea, esperando a que nos llegaran determinadas prebendas. Por eso necesitamos un partido nacionalista canario, que aún no está decidido. Pero tenemos peso, exigimos, votamos, y ganaríamos con eso.
–Lo importante es la gente, que la gente viva mejor –dice Braulio con convicción.
Siento la sinceridad en sus palabras y el compromiso con su tierra natal. Le recuerdo una anécdaota contada por él, sobre la necesidad de ir siempre   a Canarias, y que cuando recorre su tierra baja los cristales de la ventanilla del coche para respirar aquel aire, a riesgo de un resfriado. Se ríe y dice: –Me acaba de pasar.  Los amigos me dicen: te vas a resfriar. Pero necesito respirar ese aire.
Estaría más tiempo conversando con este extraordinario artista, cuyas canciones siempre disfruto, pero otros colegas esperan su turno y me despido de él, convencido de conocerle más por la sinceridad de su expresión y el amor a sus raíces, a su cultura, al ser humano, lo que es menos conocido –y más importante– que los temas a los que no hubo tiempo de mencionar: los premios, las glorias y la fama que ha ganado con su talento y su voz.

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