lunes, 26 de febrero de 2024

La escritora puertorriqueña Yolanda Arroyo estará en la Feria del Libro de Tampa

 Yolanda Arroyo Pizarro es una escritora puertorriqueña que goza de un gran prestigio internacional y sus textos se estudian en diversos centros académicos europeos, latinoamericanos y estadounidenses. 

Entre sus primeros libros se encuentran Vimbi Botella, Origami de letras y Los documentados, novela que ganó el Premio PEN Club 2006. Después publicó el libro de cuentos Ojos de Luna,  seleccionado por el periódico El Nuevo Día como uno de los mejores del 2007.  Ese mismo año  fue elegida como  una de  las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39, un evento convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá.

En 2013, Arroyo Pizarro publicó las Negras, en cuyas narraciones propone una recuperación de la memoria histórica de la población afrofemenina de Puerto Rico y, por extensión, a todas las afroamericanas que han sido víctimas de la violencia contra su raza y género. La autora que recibiremos en Tampa ha sido publicada en varios países y en muchos de ellos aparece en antologías.

Cuando invitamos a Yolanda a venir a la Primera Feria Internacional del Libro de Tampa accedió cariñosamente, como lo hizo para responder unas preguntas para La Gaceta, cuyas respuestas acompañamos de unos fragmentos que nos hace llegar sobre su obra las Negras.

Después de algunos comentarios sobre su origen y evolución como escritora, le comenté que su coterránea Luisa Capetillo vivió un breve tiempo en Tampa, donde fue lectora de tabaquería. Sobre ella afirmó la escritora: “Soy admiradora de esta mujer cuyo pensamiento liberador nos inspira. Actualmente estoy escribiendo un libro sobre su huella, inspirada en las noticias publicadas en el periódico La Gaceta de Puerto Rico, la que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha digitalizado. Me hace mucha ilusión saber que voy sobre los pasos de Capetillo, de su reivindicación femenina y feminista, para liberar a muchas más mujeres a través de un pensamiento afrofeminista”.

Al preguntarle si en una hipotética clasificación a los escritores solo se les permitieran salvar uno de sus libros, respondió con toda seguridad: “Salvaría el libro las Negras,  porque es un recuento de mi propia historia y la de mis ancestras. Este libro es un “Herstory” de las cimarronas que nacieron con los apellidos Arroyo-Pizarro. Me gustaría que las futuras generaciones le conocieran y que mis futuras nietas y biznietas se sintieran tan orgullosas y dignas como me siento Yo”.

La autora, quien ha publicado Afroqueridades, Golpes de gracia, Violeta y varios más–,  también fundó en Puerto Rico una editorial que ha enriquecido los espacios de publicación en su país. Al inquirirle sobre ello, contestó: “Me impulsó a fundar la Editorial Boreales el deseo de aportar saberes literarios a mi cultura. Luego, en 2015, cuando Boreales se convierte en la Cátedra de Mujeres Negras Ancestrales, ese sueño se agrandó. La Cátedra de Mujeres Negras Ancestrales es un proyecto de creación literaria, que responde a la convocatoria promulgada por la UNESCO de celebrar el Decenio Internacional de los Afrodescencientes (2015-2024).  El objetivo de la Cátedra es estudiar la historia de la negritud y la afrodescendencia desde una óptica antirracista. Los textos creativos hacen énfasis en la presencia de las mujeres negras que ha sido invisibilizada a lo largo de la historia”.

Evidentemente, debíamos comentar sobre la próxima Feria del Libro en Tampa, ciudad a la que Yolanda llegará por primera vez, motivada por el evento. Entonces ella afirmó: “Para mí es un gran honor participar en esta Feria del Libro de Tampa y de todas las Ferias a las que he sido invitada, como la de Guadalajara, la de Bogotá, la de República Dominicana y las de Puerto Rico. Cada celebración ferial es un diálogo hermoso que se abre con los lectores de esas metrópolis”.

A su vez, aprovechó para enviar un mensaje especial a los asistientes:

“A los lectores, gracias por hacerme visible entre ustedes. Gracias por ver mis hermosos colores, mi lucha feminista, mis anhelos, mi deseo de acercarme a ustedes desde  las palabras. Es un orgullo y un honor. Ustedes me demuestran que hay esperanza para vivir en un mundo ideal que puede ser construido desde la manifestación más óptima de la justicia social”.


Yolanda Arroyo habla sobre la escritura de las Negras:

Por eso cuando me senté a las 3:00 a.m. aquella vez, a escribir el primer párrafo de las Negras en 2003, supe que quería resaltar el femenino de la negritud. Supe que deseaba que el título de mi libro empezara con la minúscula del artículo y le siguiera la mayúscula del sustantivo. Quise que la adjetivación de aquel sustantivo, o la sustantivación de aquel adjetivo, fuera protagonista. Fuera prietagonista. Por eso en 2003, ante el dolor del fallecimiento de mi abuelamadre, solo me restó entrar en trance…, escribir las historias que Petronila me había contado, escuchar el dictado de las mujeres de mi casta en la voz de la memoria de mami Toní.

Tengo en la memoria el recuerdo de mi abuela haciéndome estas historias de sus propias abuelas. Las negras que llegaron en barco, las negras que labraron la tierra, las negras que fueron comadronas, las negras que pavimentaron los caminos, que fueron castigadas, amonestadas, que se vengaron, que envenenaron captores. Abuela me hacía dictados cuando estaba viva, en presencia, en carne y hueso, y luego de fallecida también me hizo dictados en mis sueños, en mis recuerdos, en mis alucinaciones, porque yo alucinaba de tanto llorarla, y de tanto necesitarla, y de tanto extrañarla.

Por eso aquel día de 1978 cuando la monja enseñó la foto del risueño indio taíno y el gallardo conquistador español junto al encadenado y “feliz” africano que llevábamos semanas “aprendiendo” como parte de la historia de nuestra Isla, yo convoqué a mi “espíritu de contradicciones” y altanera articulé a lo Petronila: “nadie encadenado puede ser feliz”. Acto seguido el salón estalló en risas, alborotos y griteríos que como era de esperarse, culminaron con mi visita a la oficina de la principal del Colegio San Vicente Ferrer. Sor Soledad recomendó la escritura en cursivas en la pizarra, de una sentencia amonestadora como castigo infalible y frente a todos: “Debo respetar la autoridad”. Y yo así así lo hice. Escribí con tiza blanca en aquella plataforma verde, mis letras caligrafiadas a la perfección, mientras recitaba “la autoridad es mi abuela Petronila”.

Nadie encadenado puede ser feliz. Por eso en el ejercicio de mi libertad, resucito a mi abuelamadre cada vez que me da la gana, cada vez que la sueño, cada vez que la alucino, cada vez que la escribo. Cada vez que ustedes leen “las Negras”.

viernes, 9 de febrero de 2024

Kenya Dworkin habla sobre la Feria Internacional del Libro de Tampa

 La pasión de la Dra. Kenya Dworkin por Tampa se adivina por el brillo de sus ojos cada vez que alguien le menciona esta ciudad, algún fragmento de su historia o el nombre de alguna figura relevante de su pasado o presente. Si la alusión se vincula al teatro, entonces esa vehemencia se desborda en exposición erudita sobre sus orígenes y evolución, porque lo ha investigado durante años.

Por ello, uno se extraña de que la Dra. Dworkin no sea profesora en la Universidad del Sur de la Florida o en la Universidad de Tampa, sino en la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, Pensilvania, donde enseña desde 1993. Nació en La Habana, creció en Nueva York, hizo su doctorado en California y, sin embargo, declara que es Tampa su segunda patria, de la que ha escrito “Creación de lugares latinos a finales del siglo XIX y principios del XX: los emigrantes cubanos y su impacto transnacional en Tampa”, y “Tablas sin fronteras: ‘leyendo a Cuba’ en el teatro cubano de Tampa en los 1920”, entre otros ensayos. 

Hace algunos años conocí a Kenya en un restaurante de West Tampa, conversando animadamente con un grupo de tampeños de la tercera edad, entre los que sobresalía Emiliano Salcines. Por los cuentos y anécdotas que hacía entre gestos y risas, me pareció que únicamente podía ser cubana o tampeña, o, mejor, cubana-tampeña. Y lo es de corazón sin vivir en ninguno de estos dos lugares, lo que acaba de demostrar al sumarse a la organización de la Primera Feria Internacional del Libro de Tampa. Por esa razón le pedí una entrevista, pues su opinión –como su acción–es valiosa cuando estamos a un mes de celebrar este acontecimiento importante para la cultura de nuestra ciudad.

Es manifiesta la alegría de Kenya cuando llega a la bahía de Tampa

Es significativo que tú, sin vivir en Tampa, eres una de las más entusiastas organizadoras de su primera Feria Internacional del Libro. ¿Cómo lo explicas?

Bueno, a decir la verdad, a pesar de no residir en Tampa, considero que esta ciudad, y sobre todo las partes más antiguas de ella, sea como mi segundo hogar. En marzo de 2024 habrán pasado exactamente 30 años desde que disfruté por primera vez el privilegio de conocerla por medio de los ojos y recuerdos de orgullosos nativos de aquí. Eso, y el conocer la larga y rica historia de la conexión entre Cuba y Tampa, el importantísimo rol que tuvieron los cubanos de aquí en la gesta de independencia de la Isla, lo inquebrantable de los lazos que unieron y siguen uniendo a los dos pueblos y el abundante calor humano que he recibido aquí, fácilmente me convirtieron en fiel y orgullosa hija de esta ciudad hasta el día de hoy, tanto así que he dedicado la mayoría de mi labor académica a recuperar, interpretar y diseminar su historia cultural para que reciba el reconocimiento que amerita.

Como profesora universitaria y académica con una vasta experiencia en el mundo editorial, ¿qué significado le atribuyes a la realización de una Feria Internacional del Libro en Tampa?

Es de saber que esa no será la primera feria del libro en Tampa y la zona, pero sí es la primera feria internacional con la intención de traer física o virtualmente a autores de diversos países y continentes a concurrir en una ciudad donde históricamente coexistían una amplia variedad de idiomas en un solo espacio, es decir, no solo el español, sino el siciliano e italiano, inglés, alemán, yídish, rumano y cantonés. La feria también hará eco de esto y también de la gran cantidad de multilingües periódicos y otras publicaciones que se producían, imprimían y leían aquí y, sobre todo, de la fascinante tradición de la lectura que se hacía en las fábricas de tabaco. Los famosos lectores, contratados y pagados por los trabajadores mismos, no solo se valían de esta prensa multilingüe para informar a sus oyentes, sino que también los llevaba a otros mundos y experiencias leyéndoles traducciones de los más importantes escritores de países como Francia, Inglaterra y Rusia. Con esa lectura se consagró entre los trabajadores y sus descendientes la importancia de los libros y de leer cómo una manera de conocer al mundo y la condición humana, y de alimentar ideas y valores. La Feria constituye un intento de unir el pasado con el presente y al mundo con Tampa y sus ciudadanos, tanto los muy arraigados como los nuevos.

En el campo de la investigación histórica, has dedicado mucho tiempo a desentrañar los orígenes y evolución del teatro en Tampa, ¿habrá presencia de estos aportes en nuestra fiesta del libro?

Que yo sepa, por el momento, no. Pero sí habrá algunas presentaciones que harán eco de personajes que sí produjeron obras teatrales, Luisa Capetillo, la única mujer que sirvió de lectora en una fábrica, por ejemplo, y también actividades de carácter algo teatral, como lecturas de poesía la noche del viernes, 8 de marzo, en el teatro del Círculo Cubano, cuando se celebrará el Día Internacional de la Mujer, y en la carpa Yborín en el patio de HCC, con juegos y otras actividades y presentaciones para niños. Pero, volviendo a tu pregunta, espero que para el año que viene ya esté publicado el libro que estoy terminando ahora sobre ese teatro que mencionas.

Converso en La Gaceta con la Dra. Kenya Dworkin

¿Qué opinas sobre la organización de este evento, nacido más de la pasión y voluntad que del soporte económico para instaurarlo?

Es una pregunta un poco difícil porque como bien señalas, sin pasión y voluntad sería casi imposible llevar a cabo esta enorme y complicada iniciativa. Y, sí, para lograrla hace falta capital, pero el amor a los libros y a los que aman la literatura puede ser más fuerte que el interés en lucrar. Sin duda, esta primera experiencia con la Feria y su organización nos enseñará mucho. Aprenderemos de nuestros traspiés, pero más importante aún es que el esfuerzo atraiga bastante público y que se unan más y más socios –autores, lectores, editoriales, maestros, profesores, negociantes, oficiales– para que cada año que se organice crezca más y más en calidad e impacto, con la mirada siempre puesta en la razón de su existencia: celebrar la tradición del lector y la lectura, unir a la comunidad, enriquecerla y, sobre todo, fomentar la lectura, la literatura y la escritura.

¿Qué esperas de la primera Feria Internacional del Libro de Tampa?

Lo que espero es mucho trabajo, mucho corre corre, sin duda, pero trabajo que nos va a dejar con una sensación de satisfacción y de logro. En lo práctico, la Feria me dará motivo para viajar a Tampa una vez más, en medio de mi semestre universitario, y de escaparme un poco del frío de Pensilvania. Pero en lo personal, me siento muy privilegiada al tener la oportunidad de pasarme una semana en un lugar que amo, y con seres a quienes también amo, y sobre todo porque voy a tener la oportunidad de conocer a decenas de autores de diversos países, presenciar y enriquecerme con numerosas presentaciones y lecturas por personas cuya producción literaria no conozco, compartir ideas sobre posibles proyectos de traducción y publicación y regresar a casa muy cansada, sí, pero con una enorme satisfacción que realmente no tiene precio. Y con numerosos nuevos amigos y libros, sin duda.

viernes, 2 de febrero de 2024

Alberto Sicilia nos habla de la Primera Feria Internacional del Libro en Tampa

 Entre el 7 y el 10 de marzo de 2024, tendremos en Tampa la Primera Feria Internacional del Libro, hecho que hemos venido anunciando en esta columna por la trascendencia que le concedemos a un evento de esa naturaleza y cuyo significado, si se establece anualmente como se avizora, se inscribirá en los anales de la historia cultural de nuestra ciudad. Por ello, conversamos con el poeta Alberto Sicilia, quien a su vez preside Ediciones Classic Subversive, ha merecido con su dedicación al nacimiento de esta fiesta literaria, ser quien presida el Comité Organizador que la hará posible.

Eres el presidente del Comité Organizador de la Primera Feria Internacional del Libro en Tampa. ¿Como nació y cobró cuerpo este proyecto?

Desde el año 2014, cuando tuve el honor de conocerte, comenzamos a pensar en proyectos culturales y comunitarios que aportaran un tiempo de calidad para todos. Tampa merece una Feria Internacional del Libro que tendrá características exclusivas por toda la historia que atesora y por representar un crisol de nacionalidades que mantienen viva la memoria de sus mayores.

En un patio de HCC, Campus de Ybor, Mario Javier (izq.)
Larissa  y Sicilia definen los lugares para la Feria del Libro.

Nosotros, tú y yo, junto a un grupo de amigos, enamorados de la ciudad de Ybor City y su gente, nos dimos a la tarea de unir voluntades y pensar el futuro. Entre esos amigos es importante mencionar al Honorable Emiliano Salcines J.r,  Kenya Dworkin, Patrick Manteiga, Madeline Cámara, Carlos Camargo, Fernando Valdivia, David Morales  y Ariel Quintela, a los que se sumarían otros destacados artistas e intelectuales. Una mención de honor para el Dr. Antonio Bechily por su contribución a la organización de la empresa y su apoyo financiero.

¿Que institución convoca un evento de tanta relevancia para la ciudad y en qué otras han encontrado apoyo y, de hecho, participan en la organización de esta Feria del Libro?

En 2023, fundamos Tampa Lector Consortium como entidad organizadora de la Feria y también como empresa promotora y distribuidora.  Nuestros esfuerzos están encaminados a servir de enlace entre autores, editores, traductores y artistas en general con el sistema de bibliotecas públicas, centros de estudio y plataformas de promoción y distribución global. Hemos recibido el apoyo incondicional del HCC de Ybor City, la Universidad de Tampa y del Instituto de estudios de América Latina y el Caribe de USF. En las últimas semanas se han incorporado muchos colaboradores de manera independiente o representando a organizaciones e instituciones.

¿Con qué soporte económico se enfrenta esta convocatoria?

Gabriel, sabes que es la parte más difícil e importante de cualquier proyecto. Las vías para consolidar el soporte financiero de la Feria están abiertas a todos, trabajamos para un evento que le dará a la ciudad de Tampa un nuevo aire, una nueva iluminación en el sentido poético y abrirá nuevas oportunidades económicas, un punto de apoyo para el mejoramiento social de la población y quizás la primera gran batalla por recuperar el amor por los libros y el conocimiento en contra de los males que acechan a las nuevas generaciones.  Se están recibiendo algunas contribuciones y existe un programa de patrocinio con niveles de beneficios, es preciso seguir insistiendo y distribuyendo ese documento para que todos puedan aportar un granito de arena a esta fiesta de los libros y la lectura.

En el Círculo Cubano, Ybor City, será la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Tampa.

¿Qué reacción ha encontrado en el mundo del libro (editoriales, escritores) la invitación a participar de una feria del Libro que no tiene antecedentes en la ciudad de Tampa?

Hasta el momento, hay más de veinte editoriales confirmadas y alrededor de trescientos autores invitados. Tenemos cuatro espacios de presentación, entre ellos un pabellón para niños y adolescentes que tendrá su inauguración el viernes 8 de marzo a las 6 p.m. y estará dirigido por la Dra. Liliana Villavicencio. Las llamadas, mensajes y correos electrónicos llegan de todo el mundo y hay un entusiasmo creciente por las distintas ofertas que presenta el programa general. Habrá firmas de libros, tiempo para encontrar tu autor favorito como lector o un evento donde podrás encontrar un editor, traductor, o asesor literario para el libro que estás escribiendo o piensas escribir.

Háblame sobre el Comité Organizador de la Feria Internacional del Libro en Tampa.

El Consejo Organizador está conformado por intelectuales y personalidades de la Ciudad. Nuestra Asesora General es la Dra. Kenya Dworkin, que desde la fría Pensilvania trabaja junto a todo el equipo y organiza la documentación necesaria, entre otras tareas importantes. Hemos creado comisiones de trabajo independientes para diferentes áreas, a saber: Comité Ejecutivo, Personal de Apoyo, Finanzas, Publicidad, Redes Sociales, Programa Yborín para niños y adolescentes, Diseño y desarrollo Web, Logística, entre otras. Desde las instituciones que apoyan el evento es importante mencionar distintas personalidades: Dra. Larissa Baia,  profesor Mario Javier Pérez, Dra. Beatriz Padilla, Dr. Jaime López, Dr. Pablo Brescia entre otros.  


¿Qué actividades tienen concebidas para el programa de la Feria del Libro, entre el 7 y el 10 de marzo de 2024?

Es un programa muy amplio que tendrá algunas actividades artísticas, una gala inaugural con invitados de primer nivel y la dirección de Yoshvani Medina, un performance dedicado al Lector de tabaquería donde cambiaremos nuestros aplausos por el sonido de las chavetas, las habituales exposiciones y ventas de libros con ofertas para todas las edades y gustos. Tenemos una actividad especial el viernes 8 de marzo, en horas de la noche, que estará dedicada al Día Internacional de la mujer. Por cierto, hemos hecho un esfuerzo considerable porque la presencia femenina sea mayoritaria: editoras, autoras y traductoras. Esperamos que sea una fiesta para la familia y extendemos la invitación, desde la generosidad de La Gaceta, a todos los suscriptores y lectores, que generación tras generación le han imprimido una ilustración excepcional a nuestra comunidad. Agradecemos el apoyo brindado por Patrick Manteiga en representación del Círculo Cubano de Tampa.

¡Gracias a todos!

viernes, 26 de enero de 2024

Diálogo con Larissa Ruiz Baía, presidenta de HCC Ybor City

 Larissa Ruiz Baía preside el campus que tiene en Ybor City el Hillsborough Community College, espacio universitario que refleja el crecimiento cultural de este pequeño pueblo fundado por tabaqueros a fines del siglo XIX y en cuya historia apasionante aparecen nombres como el de José Martí.

Antes de conversar con ella,  sabía que al aceptar la responsabilidad de dirigir este campus, ya había sido presidenta de Lakes Region Community College (LRCC) en Laconia, Nuevo Hampshire. Allí, también fue  Vicepresidenta de Servicios Estudiantiles y Gestión de Inscripciones y trabajó en la administración de educación superior en instituciones públicas y privadas.

Con un doctorado en Ciencias Políticas, una maestría en Estudios Latinoamericanos, otros estudios y varias publicaciones,  Larissa eligió a Tampa para vivir y desde llegar a la ciudad se unió a la directiva de la Cámara de Comercio de Ybor City y a la Coalición de Aprendizaje Temprano del condado de Hillsborough.

Apasionada con la comunidad, el ambiente estudiantil y la población inmigrante, encabeza el entorno cultural más avanzado de Ybor City y, desde este, ahora está apoyando la realización de la primera Feria Internacional del Libro que esperamos celebrar entre el próximo 7 y 10 de marzo y, gracias a su entusiasmo,  en espacios de la institución que ella dirige.

En nuestro encuentro, hablamos de la Feria del Libro. Y como el  Día Internacional de la Mujer coincide con la fecha de ese evento, creí oportuno exponer, a través de una entrevista, el ejemplo de una ejemplar mujer.

Dra. Larissa Ruiz Baía en su oficina de trabajo. Foto/Gabriel Cartaya

¿Cree que sus orígenes dominicanos han influido en su actitud de apoyo a los inmigrantes y refugiados? Cuénteme sobre su mirada hacia este creciente grupo poblacional en Tampa.

Estoy segura de que mis orígenes caribeños han tenido influencia en lo ideológico, pero también prácticamente en mi trabajo. Yo nací y me crié en St. Croix, US Virgin Islands. St. Croix es una de tres pequeñas islas que pertenecen a los Estados Unidos al oeste de Puerto Rico. Mis padres son dominicanos, pero emigraron y vivieron en Puerto Rico antes de mudarse a St. Croix. Mi abuela materna era puertorriqueña y mi abuelo paterno era cubano. El Caribe, aun antes de ser colonizado por los europeos, era un lugar donde había movimiento e intercambio entre las tribus indígenas que habitaban la zona.

Mi familia refleja ese movimiento entre islas. Por eso siempre he visto la migración como un patrón normal. Claro, entiendo que hay circunstancias/eventos políticos, económicos, sociológicos que influyen en los movimientos migratorios involuntarios. Pero, independientemente de la razón que nos lleva a dejar nuestro hogar, pienso que debemos tratar a todo ser humano con dignidad y respeto. Las circunstancias que resultan en una migración forzada no deben justificar el maltrato o la denigración de los inmigrantes por el país recibidor. A través de mis experiencias personales y profesionales he tenido la suerte de conocer a un sinnúmero de inmigrantes y dos de las características que los une son el deseo de superación y el agradecimiento que sienten por el país que los recibe. Siempre trato de tener esas experiencias en mente.

Veo que tiene una Maestría en Estudios latinoamericanos, ¿qué le atrae más de ese campo de estudio?

Comencé a tomar clases de política latinoamericana en Brandeis University y eso abrió mi interés por la política e historia latinoamericanas. Por eso decidí hacer la Maestría. Mi curiosidad en parte era por mis vínculos personales a la región, pero también por el deseo de aprender sobre cómo se desarrollan diferentes sistemas políticos en diferentes ambientes.

El programa de la Universidad de la Florida aconsejaba a todos los estudiantes a hacer investigación de campo. Esa oportunidad fue fundamental para mí.


En su vida profesional, la educación aparece en un lugar primordial y antes de dirigir HCC lo hizo en un college de Nuevo Hampshire. ¿Cómo aprecia la participación hispana en este nivel de enseñanza?

A nivel nacional solo un 33% de los presidentes de instituciones de alta enseñanza son mujeres. De ese porcentaje, la mayoría son mujeres blancas. Solo aproximadamente un 8% se identifican como hispanas o latinas. Los números mejoran cuando nos enfocamos solo en “community colleges” (colegios comunitarios que otorgan grados asociados primordialmente). Los datos nos indican que desgraciadamente todavía hay mucho camino por delante para llegar a un nivel de paridad donde el liderazgo de nuestras instituciones de alta enseñanza refleje a nuestros estudiantes.

En su labor como presidenta de HCC, ¿qué es lo más difícil y lo más agradable para usted?

Primero, aclaro que soy la presidenta del recinto de Ybor City de HCC. El presidente de HCC es el Dr. Ken Atwater. Lo más agradable es ser testigo del desarrollo (personal y profesional) de nuestros estudiantes y el impacto positivo que ese desarrollo tiene no solamente para ellos individualmente sino también para sus familias. Una de las cosas difíciles es conocer los obstáculos que algunos de nuestros estudiantes traen con ellos: el hambre, el no tener hogar, el ser víctima de abuso o sufrir de una enfermedad mental, entre otras cosas. Nosotros intentamos proveer apoyo para facilitarles el camino académico, pero muchas veces no tenemos los recursos necesarios.

¿Qué significa para usted dirigir un centro educacional en un lugar como Ybor City, de tan hermosa historia?

Yo estoy muy agradecida de las oportunidades que tuve en el estado de New Hampshire. Lakes Region Community College me permitió servir como presidenta por primera vez y trabajar con un gran equipo de trabajo, al cual extraño. Sin embargo, yo sabía que quería servir a una población más diversa y específicamente trabajar más de cerca con poblaciones minoritarias. Yo escogí a HCC Ybor City Campus porque llenaba esos criterios, incluyendo su designación federal como Hispanic Serving Institution (HSI). ¡La historia de Ybor City fue como se diría en inglés “the icing on the cake” o la cereza del postre! Yo había visitado Ybor City anteriormente, pero no tenía mucho conocimiento sobre el comienzo de este lugar y la importancia que tuvo en el desarrollo de la ciudad de Tampa y el estado de Florida. Ha sido gratificante el conocer esa historia tan de cerca y aún más a las personas e instituciones (incluyendo, por supuesto, al periódico La Gaceta) que la mantienen viva.

Sé que está prestando un valioso apoyo a la organización de la Primera Feria Internacional del Libro en Tampa, que situará a HCC en el centro de ella. En su opinión, ¿qué representa esta fiesta del libro para la ciudad?

Espero que la feria llegue a ser un espécimen central de los muchos eventos culturales que hoy son reconocidos como parte de la cuidad de Tampa. Como institución académica para mí es lógico que HCC Ybor City Campus sea sede de este evento. Aún más, como HSI, nos toca apoyar a los estudiantes hispanos o latinos que son casi el 40% de nuestra población estudiantil.

Para mí, no hay mejor lugar para la feria que el recinto de HCC en Ybor City, donde primero llegaron los inmigrantes cubanos, españoles, italianos, etc, quienes establecieron y levantaron las fábricas de tabacos que dieron a conocer a Tampa internacionalmente. ¡Estoy orgullosa de ser parte de esta feria inaugural y confío en que será todo un éxito!

 

viernes, 19 de enero de 2024

Luis Mosquera, un ejemplo de inmigración positiva

 En el crecimiento económico y cultural de Estados Unidos, la inmigración ha jugado un papel relevante desde antes de crearse la nación. La primera gran oleada de europeos hacia territorio norteamericano se produjo en el marco de la colonización española, inglesa y francesa, desarrollada a fines del siglo XVI y principios del XVII. Tres siglos después, al empezar el XX, se considera que más de 30 millones de europeos se establecieron en este lugar.

A la inmigración de aquellos siglos,  hay que agregar el traslado brutal de casi 400 mil africanos a servir como esclavos en lo que hoy es EE.UU. A fines del siglo XIX, durante todo el XX y en lo que va del XXI, la inmigración  en Estados Unidos está vinculada al desarrollo económico, social y cultural de la nación. Sin embargo, nunca antes hubo una mirada tan polarizada hacia este fenómeno como en nuestro tiempo, incrementada con el uso político de su comportamiento en los discursos electorales, más que con la aprehensión de la naturaleza intrínseca del comportamiento de los patrones migratorios. 

Naturalmente, en las complejidades del mundo contemporáneo, frente a la abrumadora desigualdad entre los países desarrollados y los pobres, así como el incremento de los flujos migratorios hacia los primeros, deben existir políticas regulatorias hacia el movimiento de personas y defenderse la inmigración legal y segura.

Sin embargo, el debate actual en torno a este fenómeno está permeado por dos opiniones excluyentes: los que  se pronuncian por un muro que impida la entrada de inmigrantes, relacionándolos con el incremento de drogas y violencia, y los que se fijan en el aporte de ellos a este país junto a los ingredientes humanos que se le suman (reunificación familiar, huida de la represión y la miseria, ansia de superación).

Desde esta segunda perspectiva, llamo la atención con un ejemplo recientemente conocido. El cubano Luís Mosquera llegó a este país hace solo siete años. Hoy es codueño de la compañía  LMWI, junto a William Ibern. La empresa, dedicada a la construcción de gabinetes (www.Designer-Cabinetry.com), da empleo a más de diez trabajadores y cuenta con una carpintería cuyas modernas herramientas de trabajo facilitan y hacen muy productiva la jornada laboral, además de contar con varias camionetas cerradas para el traslado e instalación de los muebles a solicitud de una clientela en crecimiento.

Luis Mosquera (primero a la izq.), junto a algunos de sus trabajadores

Cuando visito los talleres de trabajo de LMWI –ubicados en 5555 W Linebaaugh Ave., Tampa, Fl 33624– me llama la atención, en medio de la entrega de los trabajadores a su labor, el rostro de satisfacción que muestran. Son todos hispanos y la mayoría cubanos que no llevan mucho tiempo en este país. Pero han encontrado en los talleres de Luís un ambiente que tal vez contradice la imagen que se habían creado sobre el trabajo en las factorías capitalistas estadounidenses. Se exige respeto a la puntualidad y calidad en el trabajo, como debe ser, pero se atiende el componente humano en su rica diversidad.

De la puntualidad, el contenido de trabajo, de los servicios que presta la compañía (gabinetes, puertas, mesetas, construidas e instaladas) me habla Luís, pero del trato que reciben me hablan los trabajadores, sin que los oiga él: que siendo una compañía pequeña y reciente, les paga vacaciones, así como días feriados; que cuando alguien ha tenido un problema familiar no ha disminuido su ingreso semanal por faltar unas horas; que cuando   alguno ha concluido más temprano su desempeño se incorpora a otra labor, con lo que diversifica la capacitación y completa la jornada laboral.

Pero, de todos los ejemplos, uno me conmovió. Un trabajador que apenas lleva dos meses en la compañía, sirviendo como carpintero, tiene la madre muy grave en Cuba. Debía ir a acompañarla en el final inminente de su vida. Hacía solo unos días le habían entregado el uniforme al operario, con la sigla en el pecho: LMWI. Cuando entró a la oficina de Luís, ya este sabía la pena que le aquejaba, pero no que se iría por tiempo indefinido.

El empleado, incapaz de pedir que le reservaran su puesto,  puso el uniforme encima de la mesa, cuando exclamó: Me tengo que ir. Luís se puso de pie, lo abrazó como a un hermano, le devolvió el uniforme y le dijo: Cuando regreses, al día siguiente vienes para acá, este es tu trabajo.

Luís es un inmigrante afirmativo, que coadyuva al crecimiento de este país, como habría contribuido al suyo de haber tenido las condiciones que en este le han hecho progresar. Y como en el mundo donde habitamos señalar el bien es un modo de alimentarlo,  exaltar el caso de él es situarse al lado de quienes, al entender el provecho de la inmigración positiva, encomian lo mejor de la conducta humana. 

 

 


viernes, 12 de enero de 2024

Dulce María Borrero, en el 79 aniversario de su muerte

 El 15 de enero de 1945 murió en La Habana Dulce María Borrero, a los 61 años de edad. Aunque es una figura imprescindible en la historia de la literatura y  pedagogía cubanas, apenas aparece su nombre –y mucho menos sus propuestas pedagógicas– en el ámbito escolar de las últimas décadas, cuando su utilidad formativa debería no solo aprovecharse en su país, sino desbordar sus fronteras.

Probablemente, hacia las décadas de 1970-80 los maestros cubanos escucharon más el nombre de Nadezhda Krúpskaya –ajena a la tradición pedagógica de la Isla– que el de Dulce María Borrero,  cuando ella ocupó un lugar muy visible en el ámbito pedagógico de la primera mitad del siglo XX de su país. La también poetisa y bibliógrafa nació en La Habana el 10 de septiembre de 1883, en una familia de reconocidos intelectuales, como lo fue su padre Esteban Borrero (médico, pedagogo, poeta, narrador) y su hermana Juana Borrero (poetisa modernista y pintora).

Dulce María, al nacer en un ambiente en que sus padres simpatizaban con la independencia de la Isla, tuvo que salir al exilio muy temprano y a los 12 años   está viviendo en Cayo Hueso, donde se integra a la efervescencia patriótica  que caracterizó a sus compatriotas emigrados. Allí, en revistas cubanas  dio a conocer sus primeros versos. Más tarde se trasladó con la familia a Costa Rica, donde vivió hasta el regreso a La Habana en 1899, recién concluida la  Guerra de Independencia.


Durante las primeras décadas de la República nacida en  1902, Dulce María tuvo un ascendente papel en la cultura de su país. En 1908, recibió el primer premio de los Juegos Florales del Ateneo de La Habana y en 1910, al crearse la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba, la hicieron miembro de número. Después fue codirectora, junto a Miguel Ángel Carbonell, de los Anales de esa institución. En 1935 ocupó la dirección de Cultura del Ministerio de Educación y en 1937 fundó la Asociación Bibliográfica de Cuba. En medio de estas responsabilidades, escribió una extensa obra poética y en prosa, destacándose sus escritos relacionados con la educación, aunque también de gran valor y muy adelantadas  para su época sus consideraciones cívicas, sociales y, llamativamente, su defensa de los derechos femeninos, lo que se aprecia en artículos suyos como  “La fiesta intelectual de la mujer: su actual significado; su misión ulterior” (1935) y “La mujer como factor de paz” (1938).

Asimismo, fue reconocida como una genial  bibliógrafa, tanto por sus aportes a la ciencia del estudio general del libro,  como en sus recomendaciones para el ordenamiento y dirección de una biblioteca.

Aunque sobre cada una de las vertientes en que se destacó Dulce María Borrero pudiera escribirse un extenso ensayo,  nos detenemos en el ámbito pedagógico por la trascendencia de su ideario. En el proceso de creación  de un sistema de enseñanza en Cuba a inicios de la República, el nombre de Dulce María fue sobresaliente.  Cuando, en 1916, los miembros de la Sociedad Cubana de Estudios Pedagógicos estudiaron cómo adaptar las corrientes educativas internacionales a la realidad cubana, ella tuvo un papel destacado. Entre  ellos, se tomó el ejemplo de la llamada Escuela Nueva, con el concepto del pedagogo estadounidense John  Dewey sobre la autonomía del escolar, enfatizando que solo se podría alcanzar una plena democracia  a través de la educación y la sociedad civil. Bajo esta influencia, Borrero propuso que el niño fuera tratado como sujeto del aprendizaje y de la educación al servicio de la vida. En una conferencia dictada en 1938, titulada “Nuevo sentido de la misión del maestro en la escuela renovada”, consideró a la Escuela Nueva como una reacción positiva contra el atraso de la metodología pedagógica tradicional, y se pronunció por la reforma de las Escuelas Normales cubanas, nacidas en 1916.

Como expresó Dimas Castellanos en su escrito “La pedagogía de Dulce María Borrero: el único remedio a nuestros males”, ella “manifestó la admiración por las ideas de Pestalozzi acerca de que los niños deben aprender a través de la actividad, ser libres de perseguir sus propios intereses y deducir sus propias conclusiones. En la Revista de Instrucción Pública, de la cual fue redactora entre 1926 y 1928, publicó textos como: ‘Misión suprema y supremo deber del maestro’, ‘Las Escuelas Normales de verano’, ‘La vida del niño campesino de Cuba’, ‘Viajes de instrucción a los maestros’, ‘La ornamentación de la escuela’, ‘Instrucción complementaria del maestro’, ‘La cooperación de los maestros y los padres de familia’ y ‘La vocación y la escuela’. Todos conforman un compendio de observaciones, criterios y propuestas para elevar el nivel de la pedagogía cubana”.

La labor de ella en defensa de la escuela pública, del papel del maestro en la sociedad y sobre el carácter formador de la escuela, resultan una fiel continuidad y adaptación a su tiempo de los grandes pedagogos cubanos del siglo XIX como fueron el padre Félix Varela y José de la Luz y Caballero. Deberían, por tanto, ser un antecedente legítimo a la pedagogía de nuestro tiempo.

Mucho hay que agradecerle a aquella exquisita poetisa, a quien debemos también la iniciativa de celebrar en Cuba el Día de los Padres, hecho realidad el 19 de junio de 1938. Con ello los padres, como los educandos, bibliófilos, mujeres, amantes de la poesía y de la cultura en general, podemos agradecer a aquella inteligente y sensible mujer, en este 79 aniversario de su ausencia física, toda la luz que trajo al mundo.

viernes, 5 de enero de 2024

Los Reyes Magos del 6 de enero

 En estos días se recuerda a los Reyes Magos, de los que siempre se hablará porque están afincados en lo más profundo de la cultura cristiana. Sin embargo, la percepción que hoy los niños pueden tener sobre ellos es diferente a la que correspondió a generaciones anteriores. Décadas atrás, aún persistía el encanto infantil de que el buen comportamiento sería premiado en el amanecer de cada 6 de enero, cuando aparecerían los reyes Melchor, Gaspar y Baltazar a introducir subrepticiamente, en alguna esquina de la casa (preferentemente debajo de la almohada) el ansiado juguete que deseábamos.  No siempre coincidía el regalo recibido con el anhelado, muchas veces indicado en una cartica cariñosa a los mejores reyes de los niños, cuando los menores del hogar no relacionábamos la humildad del premio con la pobreza de nuestros padres.

Adoración de los Magos. Leonardo da Vinci, 1491.

En cambio, más allá del valor consustancial al objeto físico en que se representa el quehacer de los adultos y con el que los niños comienzan a ejercer en juego sus oficios, la alegría infantil se desbordaba cada 6 de enero porque, en general, era el único día del año en que se recibían los juguetes. Hoy, cuando las tiendas están repletas de ellos los 365 días del año –excesivamente mostrados en los países más desarrollados desde una motivación comercial– y cuando es frecuente que se complazca al hijo cada vez que levanta la mano hacia uno de los anaqueles donde se exhiben, es difícil sostener el atractivo misterio de que tres hombres barbados atraviesan en camellos llanuras, desiertos, nieve, montañas,  para  hacer realidad el sueño de pilotear aviones de juguetes o abrazar a una princesa en la hermosa muñeca recibida.

Tanto se ha perdido aquella fascinación del 6 de enero, que ahora nos resulta difícil seleccionar el juguete adecuado para regalar. A la hora de elegir, ya no nos preguntamos qué juguete le gustará, sino, qué juguete no tendrá. Tanto se ha abusado de atiborrar a muchos niños con ellos, que la habitación en que viven semeja más una juguetería que un dormitorio. Por momentos, parece que existe una especie de competencia no anunciada entre parientes y amistades, para ver cómo se sobrepasa al hijo del prójimo en el alcance de ese tesoro infantil que, por su exceso, pierde esa condición.

Es verdad que la vida cambia y siglos de civilización han impuesto continuas transformaciones que modifican las costumbres. No podía ser diferente en la asunción de la festividad bíblica del 6 de enero, originada en el mito que cuenta de aquellos tres magos que, guiándose por una estrella milagrosa, arribaron a Belén a bendecir al niño Jesús ­cuando fueron avisados de que en él se cumplía la profecía de la llegada del hijo de Dios. Entonces, los Magos le regalaron oro, incienso y mirra –según el Evangelio de San Mateo–, pero con el tiempo y ya nombrados Melchor, Gaspar y Baltasar, ese día se convirtió en la fecha ideal de regalar juguetes a los niños de la cristiandad.

Que se haya perdido la magia de la existencia de los Reyes Magos no entraña un peligro cognoscitivo, porque, simplemente, se trata de una aprehensión del mito.   En realidad, en la Biblia no aparecen como reyes, ni sus nombres, ni que eran tres, pues solo se les menciona como magos (magós, que en griego significa hombre sabio). Fue posteriormente cuando se fue construyendo el mito y vino a ser hacia el siglo III de nuestra era que se les llama reyes.  El nombre de cada uno se cuenta después, identificándolos como Bithisarea, Melichior y Gathaspa, como se les presenta en una crónica del siglo VIII conocida como Excerpta latina barbari. Ellos serían nuestros Baltasar, Melchor y Gaspar, supuestamente reyes de Arabia o Etiopía, Persia y la India, en ese orden, por lo que siempre se dijo que venían del Oriente.

Seguramente el número de reyes –afirmado por el papa León I en el siglo V– fue determinado por el número de regalos, pues uno llegaría con el oro, otro con el incienso y el tercero con la mirra. Hay una leyenda que alude a un cuarto Rey Mago, un tal Artabán, pero éste llegó tarde a Judea y quedó excluido de la leyenda, lo que da fuerza al refrán que acuñó William Shakespeare: “Mejor tres horas demasiado pronto que un minuto demasiado tarde”.

Lo triste del presente 6 de enero es saber que este año los niños de Belén no están esperando a los Reyes Magos, porque el miedo a los bombardeos cercanos apenas les impulsa a invocar un solo regalo: que termine la guerra para poder jugar en paz.