domingo, 26 de noviembre de 2023

Diego Rivera: Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central

 Como esta página tiene una motivación medularmente histórica –la afirmación de la memoria colectiva– es lógico que las efemérides constituyan una fuente de motivación en la selección del contenido que continuamente compartimos. Esta vez, observamos que el 24 de noviembre de 1957 se produjo la muerte del pintor mexicano Diego Rivera, uno de los artistas mexicanos más reconocidos, esencialmente por ser un pionero del muralismo, movimiento artístico iniciado en México a principios del siglo XX, a partir de pinturas realistas y monumentales creadas en espacios públicos.

Cuando se habla de pintura mural, extendida en el mundo con un fuerte contenido social, se piensa en las figuras fundadoras más relevantes, como David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, pero es Diego Rivera quien primero llega a la memoria, tal vez tanto por su obra como por la relación sentimental que sostuvo con  Frida Kahlo, también pintora de renombre universal.

¿Qué decir, en pocas líneas, acerca de una obra tan fructífera como la de Diego Rivera? Sus datos biográficos, desde el  nacimiento en la Ciudad de México el 8 de diciembre de 1886, se inician con un nombre particularmente extenso, como queriendo advertir con el bautizo (Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez) que su vida sería abarcadora.


Desde entonces, hasta el deceso en la fecha que conmemoramos, hay en su vida un ascenso hacia el pináculo del arte hispanoamericano y desde este al universal, en el que múltiples obras dan fe de su riqueza estética. Entre su  primer mural, en 1922, al que llamó La creación, en el interior de un anfiteatro en la Universidad Nacional de México, y El Niño del Sputnik, una obra que dejó inconclusa al morir con 70 años,  hay un mural en el que he concentrado la atención de esta página, cuyo título es tan hermoso como la obra:  Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.

Aunque en otros murales pone el acento en la historia de su país –Epopeya del pueblo mexicano (1929-1935) , por ejemplo–, hay en el Sueño de una tarde… una síntesis de la evolución de México desde la época de la conquista hasta el siglo XX, expuesta a través del rostro de decenas de figuras históricas en cuyo centro se alza una silueta  mítica, La Catrina, un símbolo sobresaliente en el Día de los Muertos y  que Rivera refleja con una estola de plumas, como evocando al dios Quetzalcóatl. La Catrina, en el mural, sostiene con su mano izquierda a un niño en el que Rivera se representa a sí mismo y, curiosamente, entre los rostros que continúan  a su izquierda se destaca el de José Martí, quien es también parte de la historia mexicana y a quien el artista le da un gran relieve, como le otorga a Benito Juárez,  Miguel Hidalgo, José María Morelos y otros próceres de su país.

Seguramente Rivera, quien estuvo varias veces en La Habana y conocía sobre el tiempo mexicano del poeta cubano –el pintor era amigo de Justo Sierra, quien fue en su juventud amigo de Martí– pudo imaginarse al joven desterrado caminando frente a aquella Alameda Central, conversando enamorado con la hermosa mexicana Remedios de la Peña, con el amigo pintor Manuel Ocaranza, o con Carmen Zayas Bazán al iniciar el noviazgo con la camagüeyana. De todos modos, el realce que en esa obra de  4.17m x 15.67m le da a Martí, justamente el primero a su derecha –detrás tiene a Frida Khalo con una mano sobre su hombro infantil– muestra la admiración que debió tener por el autor de los Versos Sencillos.

También,  el artífice de Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, sintió una profunda atracción por la ciudad de La Habana, a la que visitó muchas veces. Hay múltiples referencias   a ello, como prueban sus palabras en una entrevista que le hizo Antonio Martínez Bello en 1950: “Yo fui por primera vez a La Habana cuando tenía diez años –es decir, que debió ser alrededor de 1896–. Tuve, pues, la gran suerte de conocer La Habana de calles entoldadas, con volantas ocupadas por bellas damas (…) Más tarde, mucho más, cuando la revolución contra Machado (1933), yendo para Nueva York, desembarqué para ir a almorzar arroz blanco con tasajo y boniato y beber guanábana en refresco, que adoro. Cuando lo hacía acompañado de Frida, mi mujer, oímos unos pistoletazos de automática y pocos momentos después dos chicos entraron, y saludando dijeron: Compañero Rivera, le hemos servido de postre a Magriñat”.

Tal vez fuera una broma, pero en la expresión se nota la complacencia por el ajusticiamiento de Pepito Magriñat, quien había participado en el asesinato de Julio Antonio Mella en México y el mismo que vino a Tampa con el fin de preparar un atentado contra Victoriano Manteiga por ser antimachadista, como lo fue Mella, con quien Rivera tuvo amistad.

De manera que en esos tejidos insondables de la historia que tan profundamente conmovieron la conciencia del pintor mexicano, a quien recordamos en el 66.° aniversario de su desaparición física, una obra como Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central es, más que un sueño, una memoria americana hacia el mejoramiento del universo.

 

 

viernes, 17 de noviembre de 2023

El pensador, en el aniversario de Auguste Rodin

 Mi amigo Alberto Sicilia acaba de regalarme una copia en bronce de El pensador, tal vez la creación más distinguida de Auguste Rodin. Por esos intersticios del azar, recibo la escultura en miniatura (si hay miniaturas para las obras grandes) de manos de un rapsoda –El Poeta fue el nombre inicial que recibió esta obra– y, sorpresivamente, en la misma fecha en que se cumple el 183 aniversario del natalicio del célebre escultor francés, felizmente ocurrido el 12 de noviembre de 1840. A esa concurrencia se agrega que la presente edición de La Gaceta coincide con el 106 aniversario de la muerte del artista, pues su deceso se produjo a los cinco días de haber cumplido 77 años, el 17 de noviembre de 1917.

Ante esta antojadiza sincronía, nada mejor que escribir el agradecimiento en unas líneas que rindan homenaje al artista inmortal, con acento en la escultura de la que recibo una copia, en cuya pequeñez material se concentra su profunda belleza simbólica y espiritual.

Auguste Rodin está inscrito en la historia del arte como un fundador de la escultura moderna, al romper con los moldes tradicionales de un arte que exponía una figuración imitativa de la naturaleza, para abrir paso a una interpretación de la realidad en la que también participara el espectador. 

Aunque desde los 14 años Rodin asistió a la Escuela Imperial Especial de Dibujo y Matemáticas, donde aprendió a modelar y dibujar de memoria bajo técnicas tradicionales, no tuvo éxito las tres veces que intentó entrar a una Escuela de Bellas Artes, lo que lo llevó a completar sus estudios de forma más autodidacta, tanto en anatomía,  modelado escultórico, como en otras disciplinas relacionadas con sus inquietudes artísticas.

Hacia los 15 años ya modelaba con arcilla en el Museo del Louvre y dos años después comienza a participar con esculturas decorativas en la  reconstrucción urbana de París. A los 20 años realiza la primera escultura que se conserva, dedicada a su padre: el Busto de  Jean-Baptiste Rodin, dando paso al estilo neoclásico del que iba a ser uno de sus más grandes exponentes.

Sin embargo, para él su primer gran escultura fue La máscara del hombre de la nariz rota, donde se abre a una estética propia, lo típicamente rodiniano. El salón de París de 1865 la rechazó, como muestra de la resistencia ante lo nuevo. La obra no representaba a una reconocida figura histórica o legendaria, sino a un hombre pobre de un barrio parisino y tuvo que esperar diez años (1875) para ser aceptada por la Academia.

En la década de 1880, época que corresponde a El pensador (incluído en el grupo escultórico bautizado como La puerta del infierno, ya Rodin es un escultor ampliamente reconocido. En este tiempo crea  Los Burgueses de Calais, otro conjunto que se estudia entre sus obras más relevantes. Esta década cierra con la exposición que la Galería Georges Petit le dedicó, con una exposición de treinta y seis esculturas,  junto con setenta lienzos del pintor impresionista Claude Monet,  la que describió Octave Mirbeauión como “un evento colosal, de un aplastante éxito (...) Son ellos los que, en este siglo, encarnan de la forma más gloriosa, de la forma más definitiva, estas dos artes magníficas: la pintura y la escultura”.

Sobre la obra que destacamos, Rodin escribió al crítico Marcel Adam: “El pensador tiene una historia. En los días pasados, concebí la idea de La puerta del Infierno. Al frente de la puerta, sentado en una roca, Dante pensando en el plan de su poema. Detrás de él, Ugolino, Francesca, Paolo, todos los personajes de la Divina comedia. Este proyecto no se realizó. Delgado, ascético, Dante, separado del conjunto, no hubiera tenido sentido. Guiado por mi primera inspiración concebí otro pensador, un hombre desnudo, sentado sobre una roca, sus pies dibujados debajo de él, su puño contra su mentón, él soñando. El pensamiento fértil se elabora lentamente por sí mismo dentro de su cerebro. No es más un soñador, es un creador”.

Inicialmente,  esta escultura fue nombrada El poeta, en alusión a Dante.   Vino a ser en la exposición Monet-Rodin de la Galería George Petit en 1889 –ya separada como obra autónoma del conjunto referido–, al exhibirse la figura con sus dimensiones originales, que Rodin dejó de identificarla con ese nombre y la tituló El pensador. La razón del bautizo la dio el mismo creador: “Lo que hace que mi pensador piense es que él piensa no solo con su cerebro, piensa con su ceño fruncido, con sus fosas nasales distendidas y sus labios comprimidos, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con su puño apretado y sus dedos de los pies agarrados”.

 La primera fundición en bronce de El pensador se efectuó en 1884. En 1902, el artista decidió agrandar la escultura y alcanzó una altura monumental de 183.6 centímetros x 97, la que se expuso en el Salón de París en 1904. En abril de 1906,  fue instalada frente al Panteón de París y permaneció ahí hasta 1922, cuando fue trasladada al Museo Rodin (en el VII Distrito de París), donde se encuentra en la actualidad. 

El pensador es una de las obras escultóricas más reproducidas en el mundo, tanto, que a mi casa del Beverly Hill  floridano ha llegado la copia que, gentilmente, me ha obsequiado un poeta amigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 10 de noviembre de 2023

Entrevista al Dr. Antonio Cobo, prestigioso médico forense cubano

 Conocí al doctor en Medicina Antonio Cobo en 1995. Un día, al anochecer, llegó a mi casa de Manzanillo detrás de una noticia que le había dado Joel James, entonces director de la Casa del Caribe de Santiago de Cuba. Yo le había comentado a Joel que el médico forense que hizo la autopsia a José Martí estaba enterrado en el cementerio de Manzanillo, según me había mostrado el único hijo sobreviviente de quien tuvo la responsabilidad de hacer la primera exhumación de los restos del Apóstol.

Entonces el Dr. Cobo, médico forense que entre otros méritos profesionales contaba con el de haber exhumado en el cementerio de Santiago de Cuba los restos del último galeno de Napoleón Bonaparte, salió inmediatamente para la ciudad del Guacanayabo. A las dos horas de conocernos ya estaba armado el plan de trabajo del día siguiente: visitar a Rodolfo Acebal, hijo extramatrimonial de Valencia que llevaba el apellido del padrastro, hacer los trámites requeridos en Medicina Legal y el Gobierno de la ciudad y, con ello, proceder a la exhumación de los restos del Dr. Pablo de Valencia y Forns, cuyo estudio y preparación para su conservación realizó el Dr. Cobo con tanta pericia como pasión.

Antonio Cobo, como tantos especialistas cubanos de enorme prestigio, está viviendo en Miami, donde acaba de publicar dos libros que tuvo la generosidad de enviarme: Memorias de un médico forense y Francois Antommarchi: el médico que lucró con la muerte de Napoleón. Al leerlos, le propuse entrevistarlo para La Gaceta, para que muchos le conozcan cuando visite nuestra ciudad.

Memorias de un médico forense nos trae una muestra de una literatura poco común: la experiencia de un médico con esa especialidad y de una extensa ejecutoria. ¿Qué te motivó a escribir  esta obra?

Mostrar que la medicina forense es algo más que encontrar evidencias criminales en un cadáver como piensan muchos, incluso hasta los propios profesionales de la salud. Fue la manera de hacer llegar lo importante y estimulante que resulta explorar el universo de las Ciencias Forenses atendiendo a las necesidades socio-culturales y científicas de tu entorno, argumentados con los resultados concretos obtenidos en los aspectos socio culturales en la provincia de Santiago de Cuba. 

Cuba tuvo en Fernando Ortiz un pionero en la aplicación de la medicina forense a la antropología, especialmente con su libro La Medicina Legal y la Criminología, ¿te inspiró su obra de alguna manera?

El doctor Ferrando Ortiz Fernández, desde el inicio en nuestra especialidad fue una fuente inspiradora por el estudio de nuestras raíces culturales históricas afrocubanas y la visión criminológica de las mismas, constituye una lectura casi obligada en la práctica forense cubana, por la necesidad de interpretar ciertos comportamientos criminales en determinados ritos religiosos africanos y donde radican sus diferencias. Indudablemente sus aportes contribuyeron a nuestra formación integral, sobre todo en la interpretación de crímenes acompañados con rituales de origen africano.

La práctica médico forense en la región oriental, donde confluyen raíces africanas de orígenes haitiano y jamaicano, debido a su transculturación se hace imprescindible el conocimiento de estos aspectos y donde mejor que de la mano del doctor Ortiz, que mantienen su vigencia por sus aportes antropológicos, resultando ser una fuente de inspiración en la criminalística cubana

En la introducción a tu libro, se describen 18 procederes médico-forenses relevantes de interés local o nacional. ¿Cuál de ellos te resultó más impresionante y por qué?

En el servicio médico forense, durante años contaba con no más de cinco a seis médicos y se terminaba el año con más de setecientas autopsias realizadas, por lo que cada médico en particular realizaba un promedio de cien procedimientos anuales. De ellos, escogí efectivamente los más significativos para mí, en las diferentes ramas del derecho en que se desempeña el trabajo médico forense: en lo criminal, el más impresionante por su sadismo extremo fue el desollamiento, desmembramiento y antropofagia ritual de un niño, con fines religiosos.

En lo civil, por lo sui géneris del caso, presentó un conflicto de paternidad de unos gemelos monocigóticos, que uno de ellos fue accidentalmente cambiado después de nacido en la sala de neonatología y que al cabo de diez años fue reconocido por su padre biológico en la vía pública al confundirlo con su gemelo, al cual le había prohibido estar tan lejos de su casa.

En lo referente a lo socio-cultural, el más significativo e impresionante fue el hallazgo, después de una semana de excavación, de un aborigen [protoagricultor] en un sitio que se orientaba al asentamiento arqueológico por la Academia de Ciencias de Cuba. Hasta ese momento no se había encontrado en el país los restos óseos completos correspondientes a esta cultura aborigen que antecedió a los aborígenes agricultores en Cuba (taínos).

En tu labor de investigación de tantos años, ¿qué inconvenientes –si los hubo– te resultaron más desafiantes?

Existieron muchos contratiempos durante años en el trabajo médico forense y desarrollo de la especialidad, con excepción quizás de la capital. A nuestro juicio, por lo siguiente: el servicio médico forense en Cuba, administrativamente le responde a los tribunales de justicia, pero por ley en 1965 pasó a ser atendido por el Ministerio de Salud Pública, cambio que fue considerado como un gran error por especialistas de la época.

El poder judicial tenía ­creadas las instalaciones necesarias y una infraestructura sólida para garantizar el trabajo pericial, en oficinas y consultas equipadas para exámenes genitales dentro de los tribunales, así como la construcción de necrocomios en los cementerios. ¿Qué ocurrió? Al pasar el servicio médico al Ministerio de Salud, estas instalaciones se fueron desvaneciendo con los años por falta de atención administrativa, hasta no existir ninguna en la actualidad. Salud Pública nunca reclamó, ni mostró interés por esos inmuebles y esto ha ocasionado serias dificultades en el desarrollo de la especialidad, acompañado con el deterioro sistemático de algunas actividades médicas, entre otras, las autopsias en cadáveres que presentan signos evidentes de putrefacción y se tienen que realizar al aire libre, en condiciones higiénico sanitarias deplorables. 

Los inconvenientes más significativos estuvieron presentes tanto en el trabajo diario, como para las investigaciones por falta de apoyo económico y de sensibilidad en la mayoría de los funcionarios de salud, quizás por el desconocimiento del universo de esta especialidad o porque no les representaba nada para sus evaluaciones administrativas.

Todo sucedió por lo que explicaba sobre el paso del servicio médico forense a Salud Pública. Siempre ofrecieron resistencia a tener que enfrentar los gastos que este servicio generaba, tanto en la localidad como fuera del municipio. El administrador de salud, quien recibía el producto del trabajo, era quien debía asumir los gastos. Por ello, siempre nos mantuvimos en un limbo administrativo que perturbó el desarrollo de la especialidad, por lo que debíamos de asumir los gastos o sensibilizar a organismos afines para lograr algún objetivo individual o colectivo.

Te refieres en tu libro Memorias de un médico forense al “cálculo de la muerte al aire libre en Cuba”. ¿Qué significa esa expresión?

En cadáveres que son encontrados al aire libre, la pregunta obligada es: ¿qué tiempo lleva el cuerpo en ese sitio? Eso solo es posible por cambios que se van sucediendo en el cadáver relacionados al tiempo de fallecido, en muertes recientes, o sea, con menos de 24 horas estos cambios post mortem son fácilmente identificados por el profesional médico en sentido general. Sin embargo, después de transcurridas las primeras 24 horas al aire libre, estos sufren estos cambios putrefactivos, porque sobre ellos inciden la acción de factores climáticos, geográficos y biológicos [fauna] presente en el lugar. Para poder ofrecer la data o fecha de muerte más acertada, entomólogos y médicos forenses extranjeros realizaron estudios al respecto y confeccionaron sus tablas tanatológicas (cambios post mortem) y entomológicas para el cálculo de la muerte al aire libre en sus respectivos países, que no son tropicales.

Estas tablas fueron sugeridas y utilizadas para el trabajo médico forense en Cuba, por muchos años. Al comenzar nuestro trabajo en 1967, observamos la falta de correlación entre estas tablas sugeridas y los hallazgos post mortem en cadáveres encontrados al aire libre, afectando así la data de muerte y por ende a las investigaciones criminales. Por lo que decidimos, como trabajo de Grado realizar una investigación al respecto, creando tres centros de exposición cadavérica al aire libre por 30 días, por dos años (a partir de 1977) en las provincias de Santiago de Cuba, Guantánamo y Bayamo. Se utilizaron cadáveres reportados sin familiares, ni allegados, describiendo las alteraciones tanatológicas que iban presentando, tomando los datos meteorológicos registrados en el lugar [temperatura, lluvia y humedad relativa], así como recolección de la fauna cadavérica presente, identificadas por entomólogos nacionales. A través de este estudio se pudieron confeccionar las tablas tanatológicas y entomológicas tropicalizadas para el estudio del cálculo de la muerte al aire libre en Cuba.

En 1995, tuve la oportunidad de estar a tu lado, en el cementerio de Manzanillo, durante la exhumación de los restos del Dr. Pablo de Valencia y Forns, el médico que hizo la autopsia a José Martí. ¿Qué representó aquel trabajo para ti?

Después de leer el dictamen confeccionado por el doctor Pablo A. de Valencia y Forns, sobre su actuación médico forense en Remanganaguas aquel 23 de mayo de 1895, donde se describen las lesiones presentes en el cadáver de Martí. Me preguntaba quién era ese joven galeno, natural de La Habana, de veintitrés años de edad, graduado en España y especializado en práctica forense que en esos tiempos era todo el alcance de la medicina forense en Cuba. Además, su presencia en Santiago de Cuba y que fuera designado con su corta vida pericial a una actuación tan importante para el ejército español como fue exhumar, identificar, realizar el reconocimiento y el embalsamamiento del cadáver de José Martí para su trasladado a la ciudad de Santiago de Cuba, así como su traslado a la ciudad de Manzanillo, después de haber participado en estos acontecimientos.

Me dispuse a conocer más sobre la trayectoria personal y profesional del doctor Pablo Aureliano de Valencia y Forns, y fue entonces que conocí al profesor Gabriel Cartaya, investigador incansable quien me ofreció la ayuda necesaria para poder lograr el objetivo propuesto. Cartaya resueltamente me llevó a conocer al único hijo del doctor Valencia que aún quedaba vivo, el señor Rodolfo Enrique Acebal López.

En el cementerio de Manzanillo: Gabriel Cartaya,
Rodolfo Acebal y el Dr. Antonio Cobo

La visita a Rodolfo fue un encuentro con la historia personal de su padre, su vida familiar y profesional que se desarrolló entre las ciudades de Manzanillo y Pilón. Con toda la información necesaria, se realizaron las coordinaciones pertinentes para que en el centenario de la caída de Martí en Dos Ríos se reparara la bóveda que guardaba sus restos y se realizara la exhumación de sus restos con el objetivo de preservarlos y sellarlos a la perpetuidad en su nicho familiar en el cementerio de Manzanillo. Rodolfo nos acompañó a la identificación de la bóveda de su padre con orgullo y satisfacción reflejados en su rostro. Efectivamente, en aquella pequeña morgue del cementerio de Manzanillo fue un reencuentro con la historia al estructurar la osamenta del doctor Valencia, en ­especial sus manos, lo que no pude evita que, por varios minutos, me trasladara a los momentos vividos por él en Remanganaguas aquel 23 de mayo de 1895, cuando esas manos examinaban el cadáver de nuestro Apóstol. Fue como retroceder en el tiempo. Posteriormente, se develó una tarja en reconocimiento a su participación aquellos hechos históricos.

En el libro François Antommarchi: el médico que lucró con la muerte de Napoleón, ofreces una amplia información acerca de esa figura histórica cuyos restos fueron exhumados por ti en el cementerio de Santiago de Cuba para su estudio y preservación. ¿Qué repercusión tuvo ese trabajo?

En 1994, en el Festival de la Cultura Caribeña realizado en la ciudad de Santiago de Cuba y que fuera dedicado ese año a los países francófonos del Caribe, se buscaron las diferentes manifestaciones culturales francesas y su impronta en la ciudad, identificando, entre otras, el actuar profesional del doctor François Antommarchi, que vivió y murió en Santiago de Cuba.

Se me solicitó realizar la búsqueda de sus restos, su exhumación y preparación para sellarlos a perpetuidad. Después de realizada la preparación de los restos, se esculpió en el mármol de dicha bóveda un escrito en reconocimiento a su desempeño profesional durante su estancia en Cuba, que fue develado por el embajador francés acreditado en el país.

Pienso que el haber realizado la exhumación de los restos mortales del doctor Antommarchi fue la motivación para seguir investigando sobre su vida, en la que pude conocer más sobre su trayectoria profesional hasta llegar a América, así como sus medias verdades sobre todo lo que presumía, la mascarilla mortuoria de Napoleón, la autopsia de Napoleón, entre otros acontecimientos poco éticos que se fue adjudicando para alimentar su ego. Me sentía comprometido en exponer los resultados de la investigación y mostrar cómo este profesional de la medicina lucró con la muerte de Napoleón Bonaparte.

¿Qué satisfacciones te ha producido el largo tiempo dedicado a la medicina forense,  la historia y la antropología?

En estos años dedicados al estudio y práctica de las Ciencias Forenses, interioricé y disfruté todo lo que hice por la especialidad con profunda satisfacción, trabajé con honestidad, disciplina y el amor que ella demanda. Fue una gran fuente de inspiración, experiencias y emociones acumuladas que enriquecieron mi vida profesional. Encontré durante mi vida profesional algunas contradicciones laborales y administrativas por mi personalidad y convicciones, las cuales enfrenté resueltamente. Nunca criterios de terceros apagaron mi fuerza interior, por el contrario, me ayudaron a reafirmarme y fortalecer mi resiliencia como única alternativa para preservar mi intelecto.

En estos momentos, siento haber cumplido con mi legado durante mi vida profesional y experimentar la satisfacción de haber recibido el reconocimiento a mi trabajo por profesionales cubanos destacados, instituciones, colegas, amigos y familiares. Siento, además, la satisfacción familiar de haber inspirado en mis hijas y nietos la vocación por las Ciencias Médicas, en las que se desempeñan hoy. Pretendo conservar la fuerza mental, anímica y espiritual para continuar transmitiendo la motivación hacia las investigaciones médico forenses.

 

 

viernes, 27 de octubre de 2023

Mercedes de las Revillas y Salmonte, la digna esposa de Vicente Martínez Ybor

 Para Rafael Martínez Ybor, biznieto de Mercedes que vive en Tampa, donde mucho se le quiere.

Cuando se habla de las mujeres cubanas que desde Tampa contribuyeron a la Guerra de Independencia de Cuba, generalmente se recuerda a Paulina Pedroso por el apoyo que prestó a José Martí, especialmente cuando, tras un intento de envenenamiento, lo llevó a reanimarse en su casa, lugar donde hoy tenemos el parque “Amigos de José Martí”.

Algunas veces se menciona a Carolina Rodríguez “La Patriota”, cuyo nombre en el epistolario martiano la hace inolvidable. En algunas páginas, generalmente archivadas, encontramos nombres femeninos en  los clubes revolucionarios que se crearon para contribuir a la organización, estallido y desarrollo de la gesta bélica antillana reiniciada en 1895, pero no se ha hecho justicia histórica al papel desempeñado en aquellos acontecimientos por la Sra. María Mercedes Evarista de las Revillas y Salmonte, la digna esposa de Vicente Martínez Ybor, a la que Cuba y Tampa tienen tanto que agradecer.

Sabemos lo que significó su esposo para Tampa, desde que en 1885 decidió trasladar su fábrica de tabacos de Cayo Hueso a este lugar, iniciando con ello el desarrollo de una industria de fabricación de puros que devino en inusitada prosperidad para esta localidad. Es merecido el reconocimiento al valenciano emprendedor, como a todos los que le secundaron, pero hay que significar que al lado del gran hombre estuvo la gran mujer que le acompañó, alentándole y participando del crecimiento de su obra. Ello sería razón suficiente para recordar a Mercedes. Sin embargo, ahora nos fijamos en un ángulo no suficientemente observado: el patriotismo con que aquella cubana –nacida en Guanajay, Pinar del Río, el 26 de octubre de 1841– se sumó al llamado martiano de luchar por la conquista de una patria donde la construcción de una república democrática, próspera y justa evitara que los cubanos tuvieran que buscar su progreso en el extranjero.

La hermosa Mercedes, perteneciente a una familia propietaria de tierras en una de las villas más prósperas de la región de Vueltabajo, se casó con Martínez Ybor a los 25 años, cuando  el español triunfante en La Habana ya gozaba de prestigio como dueño de la floreciente fábrica de tabacos El Príncipe de Gales, cuyos tabacos ya eran codiciados hasta en las más encumbradas cortes europeas. Había enviudado cuatro años atrás, con cuatro hijos que se sumaron a los siete que aportó el vientre de la segunda esposa, nacidos en Cuba, Cayo Hueso Nueva York y finalmente en Tampa.

Existen muchos testimonios sobre el carácter afable y la naturaleza generosa de Mercedes, en cuya hermosa casa de Ybor City, a la que nombraban La Quinta o La Hacienda (esquina de la Avenida 12 y Calle 17) atendían con  cariño a los amigos, entre ellos obreros, intelectuales, artistas, sin distingos de clase, raza, religiosos o filosóficos. Pienso que en aquel hogar debieron reproducirse conductas como la que impresionó a Martí al ver sentado a un obrero en la silla que correspondía, en su oficina,  a Martínez Ybor.

Pero en la brevedad de estas líneas prefiero recordar a Mercedes, al cumplirse el 182 aniversario de su natalicio, como una patriota cubana, como la mujer que se sumó a su pueblo en el escenario de Ybor City, cuando la patria llamó a sus hijos desterrados a conquistar una república propia. Hay que imaginarla dentro del Liceo Cubano –nacido del edificio que fue la primera propiedad de su esposo en Tampa y que con tanto altruismo regaló a sus trabajadores–, aplaudiendo  las palabras del inigualable Maestro, aportando de su dinero a los recursos requeridos para la gesta independentista y sumándose a las filas de la organización que encabezó aquella epopeya. La historiadora cubana Nidia Sarabia, cuya obra historiográfica es reconocida, escribió para la revista Bohemia el 26 de enero de 1956: “Mercedes de las Revillas de Martínez Ybor fue fundadora y miembro del Partido Revolucionario Cubano al ser creado por Martí en 1892. Ella asistía a todos los  mítines y a las juntas que fueron presididas por el propio Maestro, quien tuvo su principal tribuna en la fábrica de Martínez Ybor”.

Una vez iniciada la guerra en Cuba el 24 de febrero de 1895, muchos de los expedicionarios que salieron desde Tampa –y fue el lugar del que salió un mayor número de expediciones– dejaron testimonios sobre las atenciones que recibieron en la casa de Mercedes. Entre ellos, elijo el ofrecido por Orestes Ferrara en sus memorias, a las que tituló Una mirada sobre tres siglos. El italiano, que llegó a Tampa para enrolarse en una expedición que lo incorporara a las tropas independentistas cubanas, recordó que fue Mercedes quien lo salvó de las penurias que padeció en el primer hospedaje que le brindaron en Ybor City. Confiesa Ferrara que “como ángel tutelar apareció inesperadamente la Señora de Ybor, viuda de aquel honorable ciudadano que había dado su nombre al pueblo. Era una cubana de vieja estampa, rodeada de numerosa familia: patriota por añadidura y de suprema bondad y cortesía. Al enterarse de nuestras quejas, nos ofreció una de sus casas, a la que nos trasladamos y donde pasamos confortablemente el mes o poco más que todavía perdimos en Tampa”.

Hay muchas razones para incluir el nombre de Mercedes de las Revillas en la lista de las patriotas cubanas que contribuyeron a conquistar la independencia de la Isla y en la fundación de la República en 1902. Su cercanía a estas filas, puede verse en el matrimonio de su hija Amalia Elena, casada en 1900 con Carlos García Vélez, hijo del Mayor General Calixto García.

Mercedes, quien enviudó en 1896 a los 55 años de edad, fue profundamente fiel a su familia, al entorno social –que es ser fiel a la humanidad– hasta el final de su fecunda existencia. Murió en abril de 1931 en La Habana, a los 89 años  –en la casa de su hija  Jenny, donde vivió sus últimos 14 años–,  siendo socia de honor de la Asociación Nacional de Emigrados Revolucionarios, lo que muestra su activo dinamismo social hasta el final de su vida.

El ejemplo de aquella mujer cubana e yborciteña, como el de tantas que en su época contribuyeron a hacer un mundo mejor, ha de seguir siendo un paradigma permanente para nuestro tiempo y el venidero.

 

 

miércoles, 25 de octubre de 2023

La Bayamesa, el himno de todos los cubanos

En la mayor de las Antillas, cada 20 de octubre se celebra el Día de la Cultura Cubana, debido a que ese día, en 1868, en la ciudad de Bayamo se cantaron por primera vez las estrofas que se convertirían en Himno Nacional. La letra, escrita por Pedro Figueredo (Perucho) sobre el lomo de su caballo, nació en medio de la efervescencia que provocó la liberación de la metrópoli española de esa importante ciudad, ante un pueblo animado por la primera victoria de las fuerzas guiadas por Carlos Manuel de Céspedes, quien diez días antes dio la libertad a sus esclavos en La Demajagua y declaró el inicio de la Guerra de Independencia. Los bayameses tomaron la ciudad aquel 20 de octubre y en medio de la plaza central cantaron las letras que exhortaban a correr al combate, acopladas  a la música que en agosto del año anterior había compuesto el mismo autor. Por ello, y ser entonadas en esa ciudad, inicialmente se le llamó La Bayamesa, aunque el bautismo aludía también a La Marsellesa, entonada por los franceses desde 1795 como un canto contra la tiranía. 

Los cantos así nombrados se remontan a los antiguos griegos, identificados en la literatura como “himnos homéricos”, los que remiten a poemas épicos consagrados al nacimiento de los dioses y cuya autoría se le atribuyó a Homero. Ya en la Edad Media, los poetas latinos cristianos le incorporaron un valor litúrgico  y comenzaron a difundirse como cánticos religiosos. Desde entonces, las figuras más prominentes de la Iglesia católica, incluidos pensadores como Santo Tomás de Aquino y pontífices como   Inocencio III o San Gregorio, se sintieron ellos mismos compulsados a escribir himnos.

Más tarde, los himnos salieron a la vida política: “Dios salve al Rey/Reina”, dado a conocer en 1619, sigue siendo el cántico que identifica al Reino Unido; así como La Marcha Real, adoptada por la monarquía española en 1770 y retomada como himno nacional en1936, sigue siendo el que entonan los españoles.

Este tipo de composición musical se extendió en América a inicios del siglo XIX,  cuando diferentes países, en medio de sus luchas de liberación nacional, alentaron  a sus tropas con himnos de combate que se convertirían, junto a la bandera, en un símbolo patrio. Se considera que el argentino fue uno de los primeros, correspondiente a 1913; el de Chile es de 1819, mientras el de México, de 1854,  es posterior a su Guerra de Independencia. El de Guatemala, curiosamente, fue escrito por el cubano José Joaquín Palma en 1879, un bayamés que estuvo  al lado de Perucho Figueredo en Bayamo  cuando éste compuso el que sigue siendo himno nacional cubano. Por su parte, el himno nacional de Estados Unidos, The Star-Spangled Banner, fue aprobado por el Congreso estadounidense en 1931, aunque su letra, atribuida a Francis ­Scott Key, se sitúa en 1814.

Volviendo a Cuba, aunque durante la Guerra de los Diez Años  se entonó La Bayamesa con variaciones en sus letras transmitidas oralmente, a pesar de  haberla publicado  El Cubano Libre desde el 27 de octubre de 1868, la partitura inicial fue recuperada en 1912, cuando la señora Adela Morell la entregó al Museo Nacional a través de Fernando Figueredo, sobrino de su autor.  Ella, siendo casi una niña y en medio de la Guerra Grande, durante una visita de Perucho a la provincia de Camagüey, le solicitó el canto patriótico y éste le hizo una copia que ella conservó y en la que se  han basado todos los arreglos musicales que se le hicieron posteriormente.

Conociendo el poder movilizador de aquella marcha patriótica, José Martí la tuvo en cuenta durante la organización de la Guerra de 1895. Por ello, el 25 de agosto de 1892, la publicó en su periódico Patria bajo el título  La bayamesa, himno revolucionario cubano de Pedro Figueredo”. Para su divulgación entre los cubanos emigrados, el Apóstol contó con el apoyo del camagüeyano Emilio Agramonte, quien le hizo un excelente arreglo musical, seguramente la que se cantaba en Tampa durante los actos patrióticos cubanos.

En 1898, se le encargó al compositor y director de banda José Antonio Rodríguez Ferrer orquestar e interpretar el Himno de Bayamo, con cuya ejecución se recibió en La Habana al primer contingente militar cubano que llegó a la capital al terminar la guerra. Esa fue la versión que la Banda Municipal de La Habana, bajo la dirección del insigne maestro Guillermo Tomás, interpretó en la Convención Constituyente  de 1900–1901, momento en que es declarado oficialmente como Himno Nacional de Cuba, como  sigue siendo hasta la actualidad.

 

 

 

viernes, 13 de octubre de 2023

Alberto Sicilia habla sobre la Primera Feria Internacional del Libro en Tampa

 Como hemos anunciado en anteriores apariciones de esta columna, se está desarrollando un proyecto en la ciudad para dar apertura a la Feria Internacional del Libro en Tampa, la que se concibe con una edición anual y cuya ­inauguración está prevista para la segunda semana de marzo de 2024. Para su organización  y desarrollo se creó  una comisión presidida por el poeta Alberto Sicilia, quien ha sido el principal impulsor de esta idea. Por ello, conversamos con él con el propósito de que quienes reciben La Gaceta  conozcan sobre este evento, pues seguramente, como permanentes lectores, se sumarán a este regocijo literario que enriquecerá la cultura de una ciudad donde los lectores –desde aquellos de las tabaquerías– son una fuente de saber y construir.

Desde hace varios años, venimos conversando acerca de que la ciudad de Tampa, por su historia y dinamismo cultural, debería tener una Feria Internacional del Libro. En este momento, a través de una comisión organizadora que presides, se están dando importantes pasos para que el próximo marzo podamos dar apertura a un espacio cultural de esa envergadura. ¿Qué estructura organizativa se ha creado para convocar, organizar y dirigir este evento?

La Feria del Libro ha sido un sueño nuestro y de otros amigos, artistas, empresarios y lectores de la ciudad. Para convocar el evento creamos Tampa Lector Consortium, una compañía con un equipo multidisciplinario y diferentes comisiones de trabajo. Es importante destacar que Tampa Lector se abre a la colaboración con todas las instituciones que decidan apoyar el evento, a partir de  la comisión que se encarga de presentaciones hasta el equipo de mercadeo, pasando por el personal encargado del aseguramiento y las finanzas.

Patrick Manteiga, Kenya Dworkin y Alberto Sicilia

En una ciudad que floreció gracias a las fábricas de tabaco, donde la figura del lector de tabaquería fue un impulsor de la cultura, es lógico que una fiesta del libro remita a la memoria de ellos. ¿Como se expresaría durante la Feria del Libro ese reconocimiento?

Nuestra primera Feria estará dedicada al lector de tabaquería y queremos rememorar ese oficio que dignifica los orígenes de Ybor City y significó para Tampa un sello de identidad cultural y un símbolo del conocimiento para la libertad. Por esas razones, estamos convocando a la mayoría de los dueños de fábricas, grandes y pequeños establecimientos de venta de habanos, sobre todo en el área de Ybor, para participar en una expo venta suigéneris, un performance para el día inaugural de la Feria, donde los actores sean torcedores de las distintas marcas que progresan en la ciudad y los lectores un selecto grupo de autores invitados, vestidos a la usanza de la época. Con el aplauso peculiar de las chavetas, queremos abrir la Primera Feria Internacional del Libro en Tampa, en el mes de marzo, el mes dedicado a la mujer, que tendrá una presencia significativa en el evento.  

A quiénes reunirá Tampa en el Círculo Cubano de Ybor City durante esos tres días de la Feria Internacional del Libro?

Editoriales y autores independientes han mostrado interés en participar, de igual manera extendemos las invitaciones a universidades, centros de estudios y escuelas de toda la región. Queremos que la diversidad, característica de la ciudad y del país, esté representada por los escritores más importantes que conforman el crisol de nacionalidades, en inglés y  español.  También hemos recibido mensajes de entusiasmo de otras regiones del mundo y ofreceremos una sala virtual para aquellos que no puedan viajar por distintos motivos.   

Además de su objetivo central –el libro y la lectura– tienen previstas otras actividades?

Estamos consolidando un programa general que comenzará con actividades previas desde el 1.° de marzo, con presentaciones online, una peña cultural, programas de radio y televisión, trasmisiones en vivo desde diferentes espacios, que tendrán por objetivo dar a conocer detalles de los principales autores y sus obras, un conocimiento más cercano de la historia de Tampa y especialmente de Ybor City, West Tampa y el lector de tabaquería. Los interesados podrán asistir a un encuentro especial dedicado a las relaciones entre autor y editor y también entre autores y traductores. Tampa Lector Consortium aspira a seguir desarrollando eventos relacionados con la cultura, fomentar las negociaciones entre distribuidoras de libros, bibliotecas y centros de estudios del mundo.

¿Como se insertan las instituciones culturales de la ciudad –universidades, escuelas, bibliotecas y otras– en el desarrollo de este evento del libro?

Algunos profesores de la Universidad del Sur de la Florida y la Universidad de Tampa han brindado su apoyo a la organización del evento. El Círculo cubano de Tampa abrirá sus puertas para consolidarse como la sede central. Organizaciones, fundaciones y compañías se han sumado a la iniciativa, pero esperamos que la mayoría de los líderes y personalidades representativas de la ciudad  tengan una presencia decisiva en la Primera Feria Internacional del Libro. Es un acontecimiento inclusivo que debe germinar como fiesta de la unidad y del entendimiento humano. 

¿Cómo colabora la ciudad a la realización de un hecho cultural de tanta significación?

Algunos lideres de las comunidades han manifestado su voluntad de despertar el entusiasmo en el gobierno de la Ciudad. Esperamos que llegue el reclamo como un eco del rescate de la historia y de las tradiciones fundacionales. Tampa es una ciudad en ascenso, un enclave paradisiaco no solamente por la cercanía de las playas, por su hermosa bahía, lo es también por su identidad cultural, por su singularidad histórica, por su patrimonio tangible e intangible del que forma parte el lector de tabaquería, el sándwich cubano, los edificios antiguos y algo más importante: su gente, esa mezcla de España, Italia, Cuba y otras comunidades e idiosincrasias. 

Seguramente la Feria Internacional del Libro de Tampa tendrá una edición anual, a la espera de cada primavera. ¿Qué contribución puede dar esta oferta intelectual al crecimiento y acervo cultural de la ciudad?

Tengo la certeza de que más allá de un evento donde los lectores tengan un acercamiento a sus autores favoritos, la Feria del libro abre puertas a una ciudad en crecimiento, espacios que enamoran e invitan al progreso. Las nuevas generaciones tendrán a buen resguardo una parte trascendental de sus orígenes y cada año podrán renovar su memoria y crear sobre esa base de conocimiento y cultura, su propia historia y su propia identidad.

Nota del editor: Tampa Lector Consortium está recibiendo donaciones para cubrir los gastos de la Feria del Libro. Agradecemos cualquier donación, por pequeña que sea. Para ello, escriba al email tampalector@tampainternationalbookfair.com o llame al teléfono 813-370 0759.

Publicaremos en La Gaceta los nombres de todos los contribuyentes. Puede ver la página web con información: https://tampainternationalbookfair.com.

viernes, 6 de octubre de 2023

“Preservando voces”, un hermoso proyecto desde la Universidad de Tampa

 “Preservando voces” es el nombre con el que los profesores Jaime López  y Denis Rey, de la Universidad de Tampa (UT), han bautizado un ambicioso proyecto que aspira –y va logrando– recuperar artículos, reseñas, epistolarios, poesía –voces, en fin– que fueron publicadas a fines del siglo XIX en la prensa cubana dispersa en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa, donde lo más profundo del latido cubano exiliado se orientaba hacia la consecución de la independencia de su país frente a una caduca y férrea dominación española. Pruebas irrefutables de ese sentimiento, vertido en diferentes publicaciones y desde los más diversos géneros y estilos,  han permanecido ocultas en los fondos documentales que atesoran algunos archivos de la geografía indicada, sin abrirse al espacio público en que pueden contribuir no solo al conocimiento del pasado, sino, esencialmente, a explicarnos los caminos de nuestra identidad en función de responder, con esa fuerza, al tiempo que nos corresponde vivir y desde el cual contribuir a cimentar el de mañana.

El proyecto encabezado por López y Rey, desde la ­dirección del Centro de Estudios José Martí (CJMSA) fundado en 2016 en la Universidad de Tampa, al encontrar financiamiento en algunas entidades, ha logrado reunir a diversos especialistas, en su mayoría profesores de nivel superior  procedentes de diferentes universidades estadounidenses,  quienes ya han ido ofreciendo los frutos del empeño y pasión con que se han sumado a tan edificante obra.

Un elemento interesante y original de esta recuperación de escritos periodísticos, ha sido la propuesta de grabar fragmentos de ellos, para que la voz reavive el rostro, el sentimiento, la pasión con que fueron concebidos y no solo conmovieron, sino que movilizaron a toda una generación en aras de un ideal común de patria. Oírlos hoy, en la voz de Emiliano Salcines, Maura Barrios, Kenya Dworkin, por mencionar a algunos, es no solo sentir la voz de nuestros antepasados, sino también su convocatoria a enfrentar los desafíos actuales.

Se han planificado cuatro conferencias gratis, abiertas al público a través de Zoom, con el fin de  exponer los primeros éxitos. La primera disertación tuvo lugar el 3 de octubre, con una segunda prevista para el 8 de noviembre, a las 7:00 p.m. En la convocatoria a estos eventos, López y Rey han sintetizado el propósito con palabras que cito textualmente:

“El proyecto ‘Preservando voces’ se esfuerza por reestablecer la tradición y el talento teatral del lector de tabaquería. Como aquellos que alguna vez leyeron a los trabajadores tabaqueros de Key West, Ybor City, West Tampa, Nueva York y más allá, nuestros distinguidos lectores muestran sus talentos al interpretar ensayos y artículos claves publicados en la prensa de la emigración cubana de la segunda mitad del siglo XIX. Además de su importancia histórica, estos artículos suelen ser vivaces y fascinantes en estilo y sustancia, y transmiten una profunda pasión, un fuerte compromiso social, una elegancia sorprendente y una visión profética. Gracias a una generosa subvención del Florida Humanities Council y el National Endowment for the Humanities, el Centro de Estudios José Martí de la Universidad de Tampa (CJMSA) ahora puede comenzar a revivir estas importantes voces, ofreciendo una forma nueva y entretenida de descubrir estas fascinantes comunidades”.

En la primera conferencia, el CJMSA desarrolló de forma virtual el primer programa público. Dentro de este,  la Dra. Kenya Dworkin leyó “El cambio de sistema es inevitable”, aparecido en el periódico La Libertad, el 15 de septiembre de 1882;  el Dr. Lisandro Pérez eligió “Miedo a la anarquía”, publicado por La Revolución el 8 de junio de 1870; el Dr. Jaime Lopez leyó “De Tampa”, dado a conocer en El Yara el 19 de junio de 1886 y presentado por Gerald E. Poyo, bisnieto de José Dolores Poyo, fundador de aquel periódico en Cayo Hueso y que durante algunos meses de 1887 fuera el primero en publicarse en Ybor City, antes de regresar al Cayo con su dueño.

Son estas las últimas actividades desarrolladas por el CJMSA, que en pocos años ha presentado serios aportes históricos e identitarios. Entre ellos, observamos la conferencia “West Tampa: cubano hasta la médula”, impartida por Maura Barrios el pasado 10 de julio en el teatro Teatro Charlene A. Gordon de la Universidad de Tampa; la charla del Excmo. Emiliano J. Salcines  “José Martí en Tampa: 20 visitas documentadas”, el 27 de junio de 2023 en el Teatro Reeves, Centro Vaughn, Universidad de Tampa; la presentación de la novela One Brilliant Flame, por su autora Joy Castro, el 25 de enero de 2023 en  el Centro Ferman para las Artes, de la Universidad de Tampa; la conferencia ofrecida el 11 de marzo de 2022 por el Dr. Denis Rey, vía Zoom, desde la Universidad de Quebec en Montreal, la que nombró “Reconstrucción de la vida de los inmigrantes cubanos a través de periódicos recuperados, 1868-1900”.

Por esta permanente y fructífera actividad de preservación de la memoria histórica, el CJMSA de la Universidad de Tampa hace honor a su nombre, al cumplir con aquella frase que escribió el Apóstol cubano a Máximo Gómez en 1877: “Las glorias no se deben enterrar sino sacar a la luz”.

Nota: Se puede acceder a los programas públicos, así como a los artículos originales y traducidos, mediante el siguiente enlace: www.ut.edu/preservingvoices.